"Munr."

Por B.B. Asmodeus.


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Fandom: How to Train Your Dragon, 1 & 2, Dragons: Riders/Defenders of Berk, Novelas de Cressida Cowell. (Sí, por fin he caído.)

Parejas: Hiccup/Toothless. Eventualmente, habrá: Eret/Stormfly, Tuffnut/Snotlout, Ruffnut/Cloudjumper, y Astrid/Camicazi. Están advertidos.

Rating: Mature por violencia.

Categorías: Romance, Humor, Drama, Suspenso, Temas Espirituales, Hurt/Comfort, Semi-Fusión con los Libros, Acción/Aventura. Lemon, en algunos capítulos, pero no de una manera tradicional. Uso de mitología y lenguaje Nórdico.

Sinopsis: Post-HTTYD 2. Justo cuando Hiccup y Astrid están a punto de contraer nupcias, un ritual de una vieja espiritista vikinga expone una dura realidad a la pareja—el alma de Hiccup ya le pertenece a alguien más. Sin embargo, el aceptar Hiccup este hecho, tan sólo será el inicio de su nueva aventura.


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XIII.

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"No puedes enmendar las cosas que has hecho

Sé que es demasiado tarde para detener el atardecer

Ves las sombras en la luz distante

Y las cosas nunca volverán a estar bien."

-HURTS.

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Por el resto de la mañana, la tripulación de la Princesa se instaló en el puerto de Berk, en perpetua espera.

En el Gran Salón, todos desayunaron huevos con tocino en forma de celebración. ¿Y cómo no ser así? ¡Puesto que aquel platillo era el favorito de todo Hairy Hooligan!

Infectados con el presagio de próxima batalla, todo vikingo o vikinga se encontraba tragando con la fuerza de diez osos, desde ahora.

Aunque, tal espectáculo, no era algo bonito de presenciar.

Hiccup estaba rodeado de sus amigos y familia, de bullicio; estaba envuelto en un nuevo aire de expectación. Desde el fracaso de su noviazgo, Hiccup apreciaba, de nuevo, a una Astrid aligerada de su ira, robándole tocino a Snotlout de su plato, para después burlarse de él en su cara. Justo como en los viejos tiempos.

Cuando sus miradas se intercalaron a través de la mesa, el nudo en la punta del estómago de Hiccup se relajó. Entendió que no estaba perdonado, exactamente, pero tampoco se encontraba como el centro de la atención de la chica.

Su ex estaba logrando superarlo.

Hiccup… no supo cómo reaccionar ante eso.

Una parte de él estaba aliviado, por supuesto, pero al mismo tiempo, ser superado por tu primer amor dejaba un mal sabor de boca, sin importar la lógica o que tan hipócrita fuera su postura. Su niño interior pataleó en berrinche. Fue inevitable. Amar a Astrid y amar a Toothless habían sido dos diferentes procesos, pero ninguno menos importante que el otro.

"Apenas has tocado tu desayuno, hijo."

Hiccup bajó su mirada hacia su plato, casi en acusación. "Comí un poco pan. No estoy tan hambriento ahora mismo."

"Mmm." Fue la respuesta meditativa.

Hiccup se torció en su asiento—Luego hizo una mueca. Auch. No era exactamente el mejor de los momentos para hacer eso. Su posterior todavía estaba resintiendo parte de los efectos de lo sucedido la noche anterior.

Tosiendo dentro de su puño, Hiccup trató de no enfocarse mucho en aquellos recuerdos.

"¿No apruebas mi decisión, Hiccup?"

Hiccup respiró hondo antes de susurrar una respuesta. "No es eso, Ma'. El problema soy yo."

"¿A qué te refieres?"

"No creo que sea buena idea que me involucre en esta pelea."

"Mmm." Fue la repetición. "Acaso, ¿te estás refiriendo a las consecuencias, que no aun no haz compartido conmigo, acerca de lo sucedido en Berserk?"

Ahora sí, el heredero empujó su plato lejos de su persona. "Necesito hablar contigo a solas. Contigo, con Gobber y los demás miembros del Consejo."

Valka cortó una porción de sus huevos fritos antes de asentir, permitiendo que el tabú de aquella futura conversación llegara a un desenlace. "Seré honesta contigo, hijo mío: tengo miedo de escuchar lo que tienes que compartir."

Hiccup se encogió en su asiento, las palabras golpeándolo con discriminación. -Haces bien.

El tema fue dejado por la paz después de aquel intercambio. Hiccup se dedicó a seguir observando a sus amigos divertirse entre bromas asquerosas. Después de Astrid, una sonriente Ruffnut picoteaba el costado de su gemelo con su tenedor, quien gruñía malhumorado ante su tarro de ale. A pesar de haber sido un día exhaustivo el de ayer, todos lucían despiertos, resistentes, brillando con la emoción de ser futuros héroes. Hasta Snotlout había dejado atrás su tono azulado de piel, sus mejillas robustas regordetas con pan, yema y tocino.

-Los héroes de Cami. Hiccup sonrió para sí.

Rara vez se daba cuenta su amiga que tanto le importaba a otros su bienestar. Camicazi estaba acostumbrada a hacer las cosas por sí sola, bajo sus términos, y se cegaba ante el hecho de que otros querían seguirla en sus aventuras. Ahora que estaba en un estado tan indefenso, la chica no tendría otra opción más que dejarse apapachar.

Consciente de que Camicazi y Fishlegs no se encontraban entre los invitados, Hiccup se puso de pie. Acarició parte de la trenza de su madre entre su viaje fuera del comedor, suavemente.

No tuvo que buscar muy lejos. Al cruzar uno de los pasillos, se detuvo en seco. Camicazi estaba acorralada contra uno de los pilares. Y además, estaba… ocupada.

"¡Oh, lo siento por interrumpir!" Escandalosamente, Hiccup fingió su mejor expresión facial de sorpresa, pausando en su camino. La responsable de tener a Camicazi sin salida alguna, brincó con la interrupción, y mientras aventaba una mirada asesina en su dirección, Camicazi se le escabulló de sus brazos.

"Nah, no pasa nada interesante por aquí, flacucho." Tantrum UG generó de entre sus labios anchos un sonido insatisfecho, nada contenta con que su ex prefiriera huir a lado de Hiccup. "Tantrum sólo quería saber la dirección de la arena de entrenamiento."

Si a Hiccup le agradara más la doncella, se ofrecería para llevarla él mismo, pero Hiccup tenía mejores cosas que hacer. No era como si Tantrum fuera tan agradecida, además.

Afortunadamente—o desafortunadamente, dependiendo del punto de vista—justo en ese momento, Fishlegs hizo acto de presencia. Hiccup sonrió con sabor malicioso en su lengua. Le chifló a su amigo, y Fishlegs no dudó dos veces en acercárseles, sin duda, hipnotizado por la belleza de la princesa. Tal vez en esta ocasión, el rubio pensaba que le ganaría una a Snotlout. "¡Oye, Hiccup, busqué en todas partes por los pergaminos que me mencionaste!"

Hiccup lo jaló de uno de sus brazotes. "No te preocupes por eso ahora, Fishlegs, todavía tenemos tiempo para continuar nuestra pequeña investigación. Tengo una misión más urgente para ti."

"¿Ah, sí?" No por nada, el otro vikingo lo conocía muy bien, y en lugar de emocionarse, lo miró con sospecha con justa razón. "Pensé que habías dicho que los pergaminos eran más urgentes."

Hiccup le dio un codazo para cortar su verborrea. "Mi madre te ha asignado con la tarea de darle un tour a nuestra invitada de honor." La misma Tantrum ha pedido comenzar con la ubicación de la arena donde entrenamos en nuestros dragones. Después de eso, deberías llevarla a los establos también, ¿no crees? ¡Que conozca todas las novedades!"

A pesar de aparentar estar succionando un limón agrío, Tantrum no se opuso a la idea como Hiccup había esperado. Lució resignada a su destino de ser distraída, aunque sus miradas de reproche persiguieron a Camicazi hasta que Fishlegs se animó a llevársela del salón. Cuando la mujer les dio la espalda, Fishlegs se distrajo un momento viendo aquellas curvas oscilando tal sensual péndulo, y ¿quién podía culparlo? Ni Hiccup era tan insensible.

"Me debes una." Hiccup cantó empalagosamente su gran hazaña.

Camicazi no perdió el ritmo. "Una patada en tu trasero, querrás decir. Eso te puedo pagar cualquier momento que desees."

"¡Te salvé!" Hiccup chilló. "Estabas a punto de ser sexualmente atacada frente a todos en el comedor, si no hubiera sido el único valiente en atreverse en intervenir." Mordió su labio, pretendiendo meditar. "Oh, tal vez me equivoqué y leí toda la situación mal. Contigo nunca se sabe, Freyja sabe que tienes unos gustos tan extravagantes—"

"—eres el último indicado para llamar mis gustos extravagantes—"

Ignorándola, Hiccup rascó un mechón de su propia cabellera. "¿Sabes? Nunca me contaste como fue que tú y ella..."

Camicazi se cruzó de brazos. "… ¿Ajá?"

"Tú sabes…"

"No, en verdad no lo sé…"

Hiccup roló sus ojos. "Como fue que no funcionaron las cosas entre ustedes dos."

Cami se encogió de hombros frescamente. "No hay mucho que decir. Es una niña consentida."

"¿Y tú no?"

"Exacto. Sólo había lugar para una princesa en esa relación."

A lo que Hiccup recordaba, aquel romance había nacido de la rebelión de ambas chicas, deseando sacarles canas verdes a sus respectivos padres. Había funcionado por un tiempo, pero poco después, cuando se habían fortalecido las alianzas entre los clanes, la relación se había comenzado a desmoronar. Hiccup recordaba haber recibido la invitación de la boda de la misma mano de Stoick—Tan lejos habían llegado los preparativos—Y aunque Astrid había hechos caras fastidiadas en aquel entonces, ante la mera idea de atender, el clan Hooligan había afirmado su asistencia al evento.

En lo personal, a Hiccup se le había dificultado bastante el imaginar a su amiga casada, atada, sellada para siempre con otra persona. Y para empeorar la situación, la presión de seguir los pasos de Camicazi había sido añadida a su persona. Había sido a partir del anuncio de la boda de la heredera Bog Burglar, que Stoick había sido imparable con sus insinuaciones de compromiso con Astrid. Hiccup había sido acorralado por todos los ángulos posibles durante estos últimos años. Y ahora que lo pensaba mejor, había un verdadero milagro que Hiccup no hubiera reconsiderado la idea de huir de Berk para nunca regresar.

A causa de todo aquel embrollo, cuando se había anunciado la cancelación del compromiso entre Camicazi y Tantrum, Hiccup había sido el primero en sentir vengativa dicha.

"Nunca me gustó para ti, de todas formas." Hiccup rodeó los hombros de la rubia con su brazo. Camicazi le ofreció una sonrisa sabionda.

"Estuvimos a mano, entonces."

Hiccup sacudió su cabeza. "Nunca he entendido esta constante riña entre Astrid y tú. ¿Qué me perdí? ¿Stormfly orinó tu barco cuando nadie estaba prestando atención, o algo igualmente poco honorifico?"

Camicazi perdió el buen humor que había estado sembrando en su semblante. Algo más neutro se apoderó de las líneas de sus labios. "Es ella la que siempre ha tenido un problema conmigo."

Hiccup frunció su ceño. "Que gracioso. Eso es exactamente lo que Astrid siempre ha dicho."

Camicazi lo miró directo a la cara, escudriñándolo con precisión. Hiccup, siempre dispuesto a desafiar, levantó sus cejas. "…No me sorprende. Hofferson siempre ha sido una pésima detectora de enemigos."

Era verdad, pero Hiccup no comprendió que tenía que ver con la conversación actual. "Supongo…"

Camicazi se tomó otro momento para analizarlo, su silencio obteniendo más peso que el ruido del comedor. Ninguno despegó su mirada del otro. Cuando la mano de su amiga se entrelazó entre la de Hiccup, el chico la apretó automáticamente, más extrañado que antes. "No importa, olvídalo. Ni yo sé de lo que estoy hablando ya. Esas hierbas raras de Gothi deben estar haciendo efecto."

Hiccup continuó rascando su mentón aun después de ser abandonado en el medio de la multitud, en favor de un plato de caliente desayuno.

Ugh, mujeres. Eran tan extrañas.


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Estaban presumiendo el motín con tal descaro que Snotlout se miró obligado a jalar de las orejas a los hombres de Alvin, él mismo. No tenía idea de cuando se había convertido en las niñeras de los hombres de Alvin, pero no había nadie más que se pudiera encargar del puesto. Hiccup no tenía vida además de Toothless y esconderse de Valka, y sólo ellos dos conocían el origen de los tesoros, que ahora el ejército de Alvin, presumía a la luz del sol.

"¿Están rellenos de aire en sus cabezas, o qué? ¡Guarden eso!" Snotlout le arrancó una bolsa de monedas de oro del puño de Alustav, uno de los soldados de mayor rango. "¿Quieren comenzar una guerra en el medio de Berk o qué? ¡Nadie sabe de dónde salieron estas ganancias!"

"¿Quién es el cangrejo rechoncho?" Otro soldado rezongó desde su asiento en la arena de la playa. "¡Díganle que se calle, trato de dormir!"

"Ven aquí y cállame." Snotlout infló su pecho en desafío, pero la caravana de piratas se carcajeó en su cara. "¿Dónde está Alvin?"

"El Jefe no dice a donde va o a donde viene, niñito." Las monedas fueron jaloneadas de su puño, y Snotlout las dejó ir con un gruñido. "Regresa por donde viniste antes de que decidamos aventarte a ti también a la fogata."

Snotlout estuvo a punto de hundir su puño en el primer mequetrefe que se le atravesara, pero después de unos segundos, pensó que sería más efectivo hablar con Alvin en persona, respecto al asunto. Hablar con esos idiotas sólo sería un desperdicio de su tiempo…

Estuvo a punto de darse la media vuelta, arena revolcando sus botas en medio giro—Cuando entonces el resplandor de metal llamó su pupila. El sol del cercano medio día besó la fina hoja plateada, yaciendo sobre la roca humedecida por el mar. En cuanto Snotlout posó sus ojos en el artefacto de batalla, todo sus demás planes desaparecieron de su mente.

La espada era sencilla. Su empuñadura no era gran cosa, libre de joyas escandalosas que hablaban de avaricia, en lugar de confiabilidad. En sí, era fina, y los elegantes gavilanes de plata rodeando el mango, eran muestra suficientes. Su hoja de doble filo, sin embargo, era amplia, grande, y mortal. Enterrada en la arena aparentaba que podía atravesar hasta el más duro de los cráneos.

Como había sucedido cuando había trepado a Hookfang por primera vez, la espada… lo llamó.

Snotlout lo supo al instante: tenía que tenerla.

Lástima que otros no compartían la misma opinión.

Al primer paso que Snotlout dio en la dirección del tesoro, su camino fue obstruido por un apestoso puño, empujándolo de su pecho. "Oh, no. Eso no te pertenece, enano."

Snotlout levantó su rostro al hombre que se había atrevido a ser el primer obstáculo. "Tócame de nuevo, y te arrepentirás."

Una sádica sonrisa abrió los dientes amarillentos del otro hombre. Por supuesto, que lo siguiente que hizo fue estirar uno de sus dedos hacia el costado de Snotlout, y encajarlo con malicia…


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Una hora después, Eret estaba silbando con admiración desde el estribor de su drakar. "Por Freyja, ¿de dónde sacaste esa hermosura?"

Más satisfecho de lo que podía contener en su ser, Snotlout continuó modelando diferentes poses frente al ex-pirata. "Me sienta bien, ¿no lo crees? Combina con mis ojos."

Eret abandonó sus lijas para detener la hoja de metal entre dos de sus dedos, congelando a Snotlout en plena pirueta. Desde el otro extremo de Snotlout, el filo fue examinado con cuidado. "Que extraño. A primera impresión, parece ser una espada de piratas, acostumbrada a la batalla sucia, pero los grabados de la hoja son demasiados pulcros."

"¿Huh? ¿Grabados?" Snotlout casi terminó encajándose la punta de la espada en su bota, al intentar encontrar dichos grabados. El pulgar de Eret señaló hacia el inicio de la hoja plateada, donde diminutos símbolos marcaban el arma con misterio. "¿Qué es eso? No es nórdico." O por lo que podía distinguir, suponía que no era nórdico. La corta inscripción era demasiado diminuta para traducirla a algo comprensible.

"Deberías llevársela a Fishlegs, o a Gobber. Leer espadas no es una de mis especialidades, me temo." Con su natural encanto que Snotlout encontraba para nada encantador, el enorme hombre concluyó de satisfacer su curiosidad lo suficiente para regresar a su previa tarea. No eran exactamente amigos, y Snotlout no tenía idea de cómo había terminado en la compañía de Eret en primer lugar, pero se tenía que admitir que por ser el mayor de todos, existía cierto llamado a buscar por su opinión. Eret no era abierto para contar sobre su pasado, pero por lo que Hiccup y los demás habían asumido hasta ahora, Eret había tenido una vida más difícil que todos ellos—¿Quién sobrevivía trabajar para Drago tantos años, después de todo?—Probablemente era ese saber, lo que atraía a Snotlout ahora, buscando por la opinión que lo superaba en experiencia. Era extraño, pero inclusive aun con Ruffnut babeando por el tipo desde un principio, Eret nunca se había ganado el rechazo de Fishlegs o de Snotlout. "Pero, de todas formas, felicitaciones. Esta será una excelente arma. Y justo a tiempo la conseguiste, por lo que he escuchado."

"Vendrás, ¿cierto?" Snotlout preguntó, mientras regresaba la espada a su vaina de cuero.

Para su sorpresa, el hombre no contestó con la inmediata energía que se había esperado. Eret lijó unos momentos el costado de su drakar con gentileza, sin levantar su mirada. Cuando respondió, fue un gruñido más que nada. "No es mi pelea."

Snotlout se mordió su lengua con la súbita indignación que lo invadió. "¿Cómo puedes decir algo así, después de haber visto lo que Dagur hizo, en carne propia?"

Aquellos ojos marrones se elevaron, con su mera intensidad pidiéndole que cerrara la boca. "Precisamente por eso. Tuve suficiente para durarme una vida. Les toca a ustedes, Equipo Estrella."

"Pero—Pero—Pero, ¡todo Berk se embarcará en esta pelea!"

Los enormes hombros del pirata comunicaron indiferencia con sus ondulaciones. "Y me parece pésima idea dejar la isla totalmente desprotegida, ¿pero quién soy yo para decirle a Valka cómo hacer su trabajo?" Eret suspiró. "Por lo menos, Hiccup tendrá algo de respaldo."

"¡¿Hiccup?! ¡Hiccup vendrá también!"

Con un sonido dudoso, Eret descansó de su labor para arreglar unos hilos de cabellos despeinados. "No apostaría en esa posibilidad. ¿No viste su cara cuando su madre hizo el gran anuncio? Se puso más blanco que la misma nieve. Créeme, ese chico no va a ir a ninguna parte con ustedes."

Snotlout no podía creer lo que escuchaba, y su mentón colgante lo demostraba. Primero Eret, ¿y ahora Hiccup desertando? ¿En qué demonios estaban pensando? Hiccup tenía que ir. ¡Era prácticamente su obligación! Snotlout recordó como Hiccup lo había querido frenar una noche interior, pero las cosas habían sido diferentes entonces. Esta mañana, Valka había cambiado las reglas, y con su aprobación, no debería interponerse nada entre la venganza y el maldito de Dagur. ¿En qué estaba Hiccup pensando? ¿Tan asustado se sentía de aquel monstruoso dragón llamado Furious, que ahora no podía encontrar sus cojones de vuelta?

Snotlout cacheteó su propia frente, al darse cuenta de una importante revelación: Desde ahora en adelante, los cojones de Hiccup le pertenecían a Toothless. ¿Cómo se había podido olvidar de eso?

"Como sea. ¡Hagan lo que quieran! Vengan o no vengan, Dagur necesita ser detenido, y lo haremos sin su ayuda."

Como toque final, Eret le sonrió con galanura. "Diviértanse." Agregó unos giros de sus dedos en dulce despedida a todo el acto, para después continuar con su carpintería. Snotlout roló sus ojos a los cielos de Odín, bastante decepcionado con el mundo. Su puño izquierdo se apretó alrededor del mango de su nueva adquisición, sin embargo, y cuando lo hizo, no se sintió tan inseguro respecto a lo que se aproximaba. Quería cortar la cabeza de Dagur él mismo, y sabía que esta espada sería la destinada a hacerlo. Era como una canción vibrante que se desprendía del acero pulido: Muerte-muerte-muerte.

"Snotlout."

El aclamado brincó al piso del malecón primero. Luego se dignó a darse la vuelta hacia Eret. "¿Qué quieres?"

El muchacho lo observaba detenidamente desde la parte frontal del drakar. "Entrena bien con esa espada antes de zarpar a Bog Burglar. Tienes que acostumbrarte a ella y ella a ti, antes de usarla formalmente en combate. No te confíes."

Snotlout haló de la comisura inferior de uno de sus ojos en mal humor. "¡Duh! ¡Claro que ya sabía eso, Señor-Preocupón!" Era lo más básico del entrenamiento de esgrima.

"Lo digo en serio, Jorgenson."

Snotlout aplacó su rostro a un nivel similar de solemnidad. "Yo también, Eret." Justo en aquel momento, Snotlout tuvo una idea sobre la persona perfecta con la cual podría practicar. "Ten algo de fe, ¿quieres?"

"Les prestaré mis mejores drakkars para su batalla." Eret declaró. "Es lo mejor que puedo aportar a su causa."

La dedicación a terminar el presente barco tuvo más sentido, al escuchar la confesión. Algo de su decepción desapareció, al enterarse. Snotlout sonrió con nuevo vigor. Con su consejo dado, como elusivamente Snotlout lo había deseado, Eret dio la visita esporádica por terminada. Asintió en su dirección, y Snotlout se despidió con un puño en el aire, saltando en sus puntas de pie como niño. Estaba emocionado hasta las hebras de sus cabellos.

Hacía tanto tiempo desde que Berk no se unía de esta manera, tanto tiempo desde que Berk no tenía un propósito tan fijo e inquebrantable como este. Desde que los dragones habían sido considerados amigos, Snotlout suponía. Desde entonces, Hiccup había insistido en paz y tranquilidad, apagando algo del vigor que constituía el alma de todo vikingo.

Se sentía como si una nueva etapa se estuviera acercando.

Infectado con la ambrosía de las vísperas, Snotlout decidió dar otra escala, antes de ir a visitar a Camicazi.

Llamó por Hookfang, y aunque la chica lo hizo esperar un buen rato antes de dignarse a aparecer, eventualmente se dirigieron a la panadería del pueblo. Una vez desmontado, Snotlout tragó saliva antes de entrar al establecimiento. Compró una docena de aquellos bollos dulces que tanto les gustaban a los niños. Eran únicos en su favor, ya que en su interior guardaban relleno de fruta, y encima vestían una cortina de pasas.

Abrazando la bolsa a su pecho, Snotlout dejó la panadería para caminar hacia la residencia Thorston, más nervioso de lo que debería sentirse.

Estuvo tentado a dejar la bolsa de paja en la entrada del recibidor. Pero, los Jorgenson no eran cobardes.

Podía escuchar los gritos entre los hermanos desde el interior de la choza—siempre en duelo, esos dos—y cuando su puño derecho se levantó para un buen golpe en la madera, la puerta se abrió por sí sola.

Ruffnut estaba creciendo tan parecida a su madre con cada día que pasaba, que Snotlout pensó primeramente que se trataba de la Sra. Thorston. Luego, Ruffnut hizo una mueca obscena en la dirección de su mellizo y la confusión se desvaneció. La vulgaridad de Ruffnut era inconfundible. "¡No seas tan llorón! Perdiste limpiamente, y este era el trato: tú te encargas de las armas, yo voy a afilar las hachas—Mmmmm, ¿que huele tan rico?"

Snotlout estiró la cesta lejos de las manos metiches de la chica justo a tiempo. "¡Áh, áh, no son para ti!" De reojo, notó que ninguna hacha estaba colgando de las manos de la chica, a pesar de haber aclamado lo contrario. Tramposa, tramposa, Ruff.

Una risa boba salió de la rubia al captar lo que no estaba diciendo. Snotlout creyó que la peor de las humillaciones comenzaría justo en aquel momento, pero para su sorpresa, Ruffnut se limitó a lamer sus labios, saboreándose el contenido de la cesta, sus cejas bailando con vileza. "No me dejes detenerte en tu misión, entonces, grandote." Al rozar un costado de Snotlout, la chica aspiró profundamente el aroma a pan recién hecho. "Mmm, vaya que eso mejorará su mal humor."

Sonrojado, y sintiéndose algo sucio con tal sólo esa interacción entre los dos, Snotlout sacudió su cabeza antes de introducirse a la residencia. Estaba oscuro adentro, así como desordenado. Había armas acomodadas en mantas de piel sobre el piso, junto con los mejores escudos adornando las esquinas de la cocina Thorston. Obviamente, el padre de los mellizos estaba preparándose para la guerra. Bien. Muy bien.

"Si buscas a la lagartija, se acaba de ir con la cola entre las patas."

Snotlout giró hacia arriba, donde Tuffnut estaba estirándose para alcanzar otro escudo. El de su padre.

"Es otra lagartija a la que vengo a buscar." Se acercó hacia donde el otro se encontraba, apretando su ofrenda entre sus brazos. La silueta de Tuff se detuvo en sus ejercicios mortales que casi lo tumbarían fuera de la silla en la que estaba parado. Volteó hacia sus espaldas, y si Snotlout pudiera ver mejor, estaría seguro que encontraría sospecha. Aclaró su garganta. Decidió que escupir sus razones de un solo golpe sería mejor: "Toma."

El cesto de pan fue presentado sin elegancia, de repente tapando el rostro de Tuffnut, justo en el segundo que el rubio se daba la vuelta para verlo mejor. Fue un colapso total: la brusquedad de Snotlout fue la responsable de que las piernas de Tuff perdieron su equilibrio. En lugar de que el pan fuera apreciado, los deliciosos postres salieron volaron por doquier, seguido de una larga y pronunciada grosería vocal de parte del vikingo. Snotlout actuó en instinto—últimamente, una costumbre cuando estaba cerca de Tuffnut, debía admitir—sus manos se anclaron a las caderas—Pff, ¿cuáles? ¡Esta lagartija era puro hueso!—y sostuvieron a su dueño en el aire.

-Olvida lo de lagartija. Es ligero como una pluma. Con razón, Tuffnut se ocupaba de compensar su ligereza con casco, botas, púas y una tonelada de actitud. Sin más, Snotlout llevó el peso completo de Thorston al firme piso, en completo silencio. En el proceso, las propias yemas del mellizo habían encontrado agarre en la suavidad del abrigo de Snotlout.

Y aun rescatado, Tuffnut no lo dejó ir. Snotlout esperó a que el chico lo enfrentara cara a cara, una solemne y dura expresión en todo su rostro. "Estamos a mano, ahora, ¿entonces?" Woah. Hola, sarcasmo. Ruff había tenido la razón: Tuffnut estaba de mal humor. "¿O será mi turno otra vez, para la próxima?"

Snotlout apretó sus labios por un momento. Quitó sus manos del vikingo. "Sólo acepta mi agradecimiento y ya, ¿quieres?"

"¿Y si no quiero tu estúpido agradecimiento?"

Gruñendo sin entender, Snotlout regresó al cuerpo de Tuffnut magnéticamente, esta vez para sacudirlo de sus costados. "¿Qué demonios pasa contigo?"

"¡No lo sé!" Con la misma intensidad, Tuffnut rugió en su cara, algo de saliva lloviendo en la punta de la nariz de Snotlout. Fue su turno para querer librarse, sus cubre-brazos alcanzando a raspar las mejillas de Snotlout en su forcejeo. Cuando fue finalmente soltado, el chico se dirigió hacia donde yacía la cesta. Se dedicó a recoger su recompensa, cascarrabiando, y a mordidas pasajeras de los panes que se le atravesaran. "Eres malagradecido hasta para dar agradecimientos—Actúas como si hubiera disfrutado hacerlo—" Mordida. "¿Crees—?" Mordida. Pausa. Atraganto. "¿—que lo disfruté? ¿Ser tu niñera?" Otra desgarre que pan. "Estabas agoni… agoni…¡Estabas azul!"

Snotlout caminó hacia el vikingo, deteniéndose al ras de las espaldas de Tuff, mientras éste se hincada en la madera fría.

"¡Y luego, te pones tus moños hasta para escoger a quien te ayuda! Ya sé que hubieras querido que fuera Ruffnut salvándote el trasero—"

Snotlout se dejó caer al piso robándole el resto de un pastelillo al rubio. "Estoy aliviado de que hayas tú."

Ruffnut resopló por su nariz con incredulidad. "Oh, sí, se nota por tu gran muestra de entusiasmo con la tarea, Snotlout. Si no era lo que querías, no hubieras venido. No te pedí nada a cambio."

Snotlout sabía que todo este gran malentendido era su culpa. Si hubiera venido antes, tal vez todo esto no se vería tan forzado y falso. Tuffnut tenía razón. En ningún momento había presionado por Snotlout por un agradecimiento o un regreso del favor. Había sido Ruff la entrometida. Suspirando con un pesar exagerado, Snotlout giró sus ojos al techo. "Eres más dramático que yo, y eso sí no lo creía posible." Pero antes de que una enorme protesta ofendida se materializara, Snotlout retiró el casco del rubio súbitamente. Los dedos de su mano izquierda se acoplaron a la curva del mentón de Tuffnut, mientras los dedos de su otra mano delinearon una mejilla, hinchada con pan en su interior.

Siguiendo uno de los rituales más antiguos de su cultura, Snotlout siguió los pasos de sus antepasados. Dio el beso de la bendición de Tyr, sus labios presionándose en la frente de su héroe, momentáneamente. Su hermano de guerra. "De todos nosotros, eres tú del que siempre podré estar seguro me cubrirá las espaldas, Tuff. Por eso te dejé venir conmigo a Berserk, ¿sabes?"

Tuffnut estaba tieso, pero su boca no se detenía aun así. "¿Dejarme? Yo escogí ir por mi cuenta, presumido."

Snotlout regresó el casco a donde pertenecía. Incómodo con las sensaciones resultantes de tan íntimo gesto, se puso de pie. "Somos un buen equipo. Admítelo." Sacudiendo sus manos pulsantes y cosquilludas, Snotlout dejó más sinceridad salir de sus labios. "Tal vez es como dices. Yo te salve el trasero en el bote, luego fue tu turno—Tal vez, terminamos salvándonos porque nadie más puede hacerlo." Había creencias espirituales sobre el significado de salvarle la vida a un compatriota vikingo. En especial cuando se trataba de salvar a alguien en pleno combate. Solía decirse, que el que salvaba, siempre sería el responsable del bienestar de la otra persona. Si era verdad, entonces ahora Snotlout y Tuffnut eran mutuamente responsables del otro. "Cuando estaba… dormido, o como quieras llamarlo… todavía podía escucharte." Alguien había estado sosteniendo su mano, y aunque en el momento había creído tratarse de Ruffnut, ahora se daba cuenta de algo sumamente importante. "No me dejaste… ir muy lejos… Regresé, sí. Pero, no lo hice solo."

La atmósfera se sofocó unos momentos, el silencio accediendo a que Tuffnut asimilara la verdadera naturaleza de la gratitud de Snotlout Jorgenson.

Snotlout continuó recogiendo el resto de los panecillos, y no fue hasta que todos estuvieron de regreso al cesto, que Tuffnut volvió a dirigirle la palabra.

"¿Cómo supiste que me gustaban?"

Snotlout sonrió, sentándose frente a Tuffnut en el piso. "Siempre hueles a ellos." Bueno, en los mejores días, cuando los mellizos no apestaban a aceite de pescado o a cosas más asquerosas.

Tuffnut sonrió recíprocamente, su usual entrecejo sobrecargado, relajándose paulatinamente. Se reacomodó también, sus rodillas terminando entrecruzadas. "Le dices a alguien más y te mato en tu dormir."

"Por supuesto." Que al poderoso heredero de la Casa Thorston le gustara un panecillo dedicado a satisfacer tiernos infantes de la villa, podría verse como una gran amenaza para su reputación, después de todo. Aunque, si le preguntabas a Snotlout, la honra Thorston había estado perdida desde hacía mucho tiempo.

"Wow, ¿de dónde sacaste eso?" Tuff apuntó a la cintura del otro, donde la espada de Snotlout por fin llamaba la atención.

Y claro, hablar de su nueva belleza, fue justamente lo que Snotlout necesitaba para cambiar de tema y de ambiente…

Lástima que la cabeza de Hookfang, derribando la puerta de la choza, interrumpiera con sus planes.

"Oye, chico, ¿qué pasa contigo? ¡Toca primero!"

Algunos elementos de la residencia pagaron por el regaño, reducidos a cenizas. Tuffnut se jaló sus rastras con angustia, lloriqueando que su padre lo matarían por el daño.

"¿Estás bromeando? ¡Sácalo de aquí!"

Snotlout comenzó a empujar el hocico del Nightmare. "¡Hookfang, te dije que esperaras afuera!"

Y sabes que odio esperar. Pareció verse reflejado en los enormes ojos amarillos frente a él.

"¡Chicos, chicos, esperen, yo lo mandé!" Fishlegs asomó su rostro orondo por entre el umbral y el pescuezo de Hookfang.

"¡¿Para qué?!" Snotlout y Tuffnut unieron sus ansias por darle a Fishlegs un coscorrón, ambos tronando sus puños.

"Oigan, oigan. ¡No me vean así, no maten al mensajero!" Retrocediendo un poco, Fishlegs colocó sus manos frente a su persona para frenarlos. "¡Hiccup nos quiere ver a todos en la sala del Consejo lo más pronto posible!"

Snotlout compartió una mirada poco entusiasmada con Tuffnut. Por supuesto que Hiccup les querría arruinar el día, tan pronto, con sus charlas aburridas.

"¿Ah, sí? Pues, dile a su majestad." Tuffnut renegó con sarcasmo. "¡Que tengo otras cosas que hacer, aparte de obedecerle como perrito faldero!"

"Sí, y como Hiccup anticipó esa reacción de su parte, me pidió recordarles que sí no asisten a las juntas, tendrán que limpiar los establos por un mes." Triunfante, Fishlegs cruzó sus brazos, sonriendo deleitado al escuchar sus gruñidos fastidiosos. "Entre más nos tardamos, más días recogiendo estiércol, chicos…" Tronando sus dedos, Ingerman se movió al mundo exterior. "¡Muévanse!"

Hookfang fue trepado por Snotlout de inmediato. Le ofreció una mano a Tuffnut.

Y si por casualidad, mientras volaban con destino a High Point junto con Fishlegs y Meatlug, la cicatriz sobre el abdomen de Snotlout, comenzó a arder, casi como si estuviera advirtiendo de un mal presagio…

Snotlout la ignoró. La ignoró, en favor de empuñar el mango de su espada.


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Fin de Parte XIII.

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NdA: Feliz Año Nuevo, friggs. Sé que todos andaremos ocupados por la festividad, asa que quise publicar esto lo más pronto posible. Siento que debo disculparme por tanto SNOTLOUT en este capítulo… Nah, Snotlout también merece protagonismo. Y además, ¡Snotlout/Tuffnut for the win! Amo esa pareja, tanto, tanto, tanto. Sé que lo suyo está sucediendo lentamente, pero es porque quiero hacerlo bien. Como ellos lo merecen. En cambio, no sé si Camicazi me lo vaya permitir, porque esa chica es terca cuando sabe lo que quiere… Supongo que lo veremos en el siguiente capítulo…

Para los que no saben, ya hice un segundo volumen del fanmix de Munr n.n Por PM les puedo mandar el link de descarga o en el grupo de FB "Caldo Toothcup para el Alma" lo pueden encontrar también.

Para los No Logueados:

Hellgrave: Lo sé, recuerdo que solo tenía planeado escribir un one-shot con Soul-Sex XD Ahora tengo un monstruo en mis manos. He decidido expandir este fic para ser el santuario de aquellos que se quedan queriendo más de las películas. Todavía falta mucho para acabar Munr, y aunque me tarde, amo escribir este fic. Amo que he conocido a tantas personas grandiosas debido a él, y sé que lo terminaré eventualmente, porque siempre me estarán jalando las orejas. Y porque Dreamworks seguirá metiendo la pata. XD ¡Gracias por leer, y gracias por tu review! ¡Felices fiestas!