"Munr."

Por B.B. Asmodeus.


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Fandom: How to Train Your Dragon, 1 & 2, Dragons: Riders/Defenders of Berk, Novelas de Cressida Cowell. (Sí, por fin he caído.)

Parejas: Hiccup/Toothless, Tuffnut/Snotlout, Astrid/Camicazi, Ruffnut/Cloudjumper, y Eret/Stormfly.

Rating: Mature por SEXYTIMES.

Categorías: Romance, Humor, Drama, Suspenso, Temas Espirituales, Hurt/Comfort, Semi-Fusión con los Libros, Acción/Aventura. Lemon. Uso de mitología y lenguaje Nórdico.

Sinopsis: Post-HTTYD 2. Justo cuando Hiccup y Astrid están a punto de contraer nupcias, un ritual de una vieja espiritista vikinga expone una dura realidad a la pareja—el alma de Hiccup ya le pertenece a alguien más. Sin embargo, el aceptar Hiccup este hecho, tan sólo será el inicio de su nueva aventura.


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XV.

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"Corriendo con mis raíces levantadas,

me tomaron de sorpresa para que pudieran cortar

lo que quedaba de amor en mí."

-Marina & The Diamonds.

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Más que ganas de romper en llanto, Ruffnut quería tomar su hacha y tumbar un árbol.

Así que, eso fue lo que hizo.

Excepto, que en lugar de tomar venganza con la naturaleza que Fishlegs amaba tanto, se sintió más placentero hacerlo con un objeto que le perteneciera a su hermano.

Ante el primer encaje del filo de su arma contra el soporte de la cama de Tuffnut, Ruffnut comprendió mejor la fascinación de Astrid por la destrucción de propiedad ajena. ¡Oh, que liberador se sentía! De ambos, Tuff había crecido con más afinación por el orden personal, así que su venganza se sintió más rica de lo normal. Aquel flacucho era taaaan limpio, y taaaan creativo, a la hora de decorar su lado de la recámara. ¡Se creía un verdadero artista!

Pues, toma esto!

Conforme ambos habían necesitado de más privacidad, tener una barrera física había sido inevitable, así que Tuffnut había recurrido a colocar una cortina (cocida a mano, porque así de aburrido, Tuff podía llegar a ser), justo a la mitad de su territorio compartido.

Decir que Ruff se había divertido un sin número de veces al destruir dicha cortina de diferente maneras, era decir poco. Parte de la existencia de Ruffnut, consistía en provocarle corajes a su hermano.

"Ni siquiera paso las noches aquí ya, ¿para qué necesitas esa cosa?" Ruffnut recordó haber reído, ebria en hormonas, y en la cima del placer con su enredo con Snotlout y Fishlegs. Había dicho la verdad—Y hasta ahora, podía entender por qué su hermano había parecido enojarse más con la burla. "Deberías aprovechar mi ausencia, Tuffnut. ¿Qué tal si tienes algo de diversión a mis expensas? Aprovecha las dos camas—Y no, no me refiero a que las uses para Barf y Belch, ¡idiota!"

¡Idiota, idiota, idiota!

Por mucho tiempo, Ruffnut había deseado que su hermano aprendiera a divertirse como ella, pero sin ella. Había querido para él, la misma experiencia pasional e intenso entretenimiento, que un amante podía proporcionar. Después del duelo con Drago, y en pleno inicio de algo nuevo, Ruffnut no había podido escapar de la culpa, cuando en lugar de regresar a su choza por las noches, los susurros seductores de Snotlout en su cuello y los masajeos dulces de Fishlegs sobre sus pechos, la habían convencido de lo contrario. La distancia había sido inevitable. Una vez que Ruffnut había descubierto que tan extasiante podía ser el sabor de la independencia, sus ansias por más y más, sólo habían aumentado. Había extrañado a su hermano, pero al mismo tiempo, lo había resentido por su patética inadecuación.

-¿Por qué no haces lo mismo? Búscate a alguien y deja de verme con esos ojos caídos. Ruffnut había pensado, durante pasadas sesiones de entrenamiento, ambos sobre sus Zippleback, pero fuera de sincronía. -¡Véngate de mí, para que deje de sentirme tan mal!

Ruffnut había, por fin, obtenido lo que había querido tan vehemente.

Aquí estaba Tuffnut, tratando de hacer algo con su vida, algo por su propia cuenta, y totalmente aparte de los intereses de su hermana.

Los Dioses debían estar riéndose de ella.

Cierto, aquellos previos anhelos, habían sido antes de que Snotlout comenzara a escabullirse por las mañanas antes del amanecer, Ruffnut alargara su apetito sexual con nuevos participantes, y Fishlegs intentara incluir nociones románticas a su relación de tres, cuando no había lugar para ellas—resultando en la terminación fatal de su aventura juntos.

Había sido antes de que Ruffnut cayera en cuenta del daño colateral que le había estado causando a su hermano.

"Idiota." Ruffnut suspiró, tirándose sobre el piso en rabieta. La cama estaba partida en dos, pieles y almohadas incluidas. La furia se fue desvaneciendo poco a poco, conforme Ruff se fue concentrando en la resolución viniendo de Tuffnut en la junta de Hiccup. Había trascurrido mucho tiempo desde que el rubio había lucido tan determinado.

Tuffnut había aprendido a tener agallas. A desafiarla.

Quien lo viera…

-¿Quién cuidará de ti? Todos sus sentimientos se reducían a esa simple incertidumbre. Ruffnut era mejor guerrera. Era más inteligente. Lo había demostrado en Berserk. Se había encargado de cuidarle las espaldas a Tuffnut, porque el imbécil había estado ocupado cuidando del malagradecido de Snotlout. Su hermano adicionalmente, era más fácilmente cegado por sus emociones. Fishlegs le había contado sobre su desesperación por encontrarla en pleno combate. Mantener un temple frío, no era el fuerte del otro Thorston.

¿Quién cuidaría de él?

Súbitamente cansada, Ruffnut abrazó sus rodillas contra su pecho, acomodándose contra el pie de la cama destrozada.

Su madre nunca había sido una de las madres más efusivas, o cariñosas. Y eso era contando los días que la mujer se encontraba compartiendo el mismo techo con ellos. Aun después de contraer nupcias con Tuffnut I, Valhallarama había seguido con sus aventuras lejos de Berk, zarpando en su drakar inclusive después de haber dado a luz. Nada, ni nadie, la detenían. No obstante, ser el solemne responsable de ellos dos, no había hecho de su padre un reemplazo más enriquecedor. Solía consentirlos con regalos y buenas historias heroicas de sus antepasados, pero siempre—siempre—habían sido los mismos mellizos, los encargados de sus mutuos bienestares. Cuando los regresos esporádicos de Valhallarama los solía obligar a convivir, lo único que los cuatro tenían en común era un interés en el combate vikingo, el entrenamiento (antes, cacería empedernida) de dragones, y las historias increíbles que su madre tenía listas para compartir.

Tal vez, Tuffnut necesitaba aprender a caer por sí solo. Era lo que quería, ¿no? Prácticamente, había dicho que no necesitaba a Ruffnut.

Tal vez, ambos tenían algo de Valhallarama en ellos, que por años habían querido reprimir.

En ese preciso momento, fue cuando Ruffnut consideró por primera ocasión, el origen de esta insistente sed dentro de ella. Esta incesante hambre que la vida Berk no satisfacía, ¿podría venir de su madre?

…Por las barbas de Loki.

Si era así, ¿cómo luchar contra su naturaleza?

Herida y exhausta en los muelles de Dagur, Ruffnut había pensado en Tuffnut I y en sus piezas de sabiduría: No temas a morir.

No había pensado en su madre, y en el mensaje contradictorio que Valhallarama representaba en cuerpo y alma: No temas a vivir.

Huh.

Si pensar en un día normal le causaba dolor de cabeza, pensar por un largo rato en su madre, amenazaba con partir la cabeza de Ruffnut. ¡Esta era la razón por la que ni siquiera platicaban de ella! Todo era demasiado complicado con la mujer.

En un rebote, Ruff se levantó, dejando su hacha en el piso, junto con su más reciente obra de arte. Se dirigió hacia la salida de la choza, en busca de aire fresco…

…y cuando abrió la puerta, se encontró con un péndulo gigante colgando del techo.

"¿Qué demonios?"

El péndulo puntiagudo se ladeó rítmicamente, escamas rojizas y azules resplandeciendo con la luz de la luna.

-Espera, ¿escamas? Ruffnut se apresuró a alejarse del umbral, torciendo su cabeza hacia arriba.

Cloudjumper se le adelantó. En un parpadeo, su cabezota intercambió lugar con la punta de su cola. Ambos se contemplaron con curiosidad.

"Uh… ¿Hola?"

El amarillo de los ojos del dragón parecía resaltar con el fondo de la noche estrellada a sus espaldas. Hubo otro preludio de silencio, antes de que el compañero de Valka correspondiera el saludo.

"Bue-nas no-ches, Ruff-Nut."

El saludo fue tan incómodo, casi forzado de entre las mandíbulas del Sr. X, que Ruffnut no pudo evitar torcer sus labios en simpatía por la marcada pronunciación. "No estoy tan retrasada en mis lecciones de dragonese, ¿sabes? Conozco lo básico. Hiccup nos hubiera matado, de lo contrario." Barf y Belch no eran muy conversadores, al contrario de Stormfly, pero desde que Valka había llegado a Berk, Hiccup los había obligado a aprender lo que se pudiera del lenguaje dragonese de la mujer. Ruffnut solemnemente creía que en una tarde, Barf le había preguntado por la hora, así que, se consideraba una buena alumna hasta ahora.

Cloudjumper lucía sorprendido con la aclaración. Sus seis bigotes pelirrojos se alzaron. Le recordó a Ruffnut a un gato sobrealimentado.

"¿Se te ofrece algo, vecino? ¿Una taza de azúcar? ¿O haz perdido tu camino a casa, pajarito?" El melodioso flirteo que Ruff utilizaba automáticamente con tipos apuestos, fue un desperdicio de su tiempo. Cloudjumper continuó parpadeando en misterio y silencio. Ruffnut roló sus ojos. ¡Este tipo podría competir con la cabeza dura de Eret! "Bueno, sólo porque me caes bien, te permitiré seguir con tu siesta en el techo de mi casa. Mientras tanto, me iré conseguir un buen tarro de—"

"No dormía."

Oooooh. X tenía lengua, después de todo. "¿Ah, sí?"

Cloudjumper rectificó su posición inversa con un sigiloso salto del techo a la tierra firme. Una vez frente a ella, el dragón agachó su rostro hasta la altura de la rubia. "Te vi salir del Gran Salón hace un rato. No lucías… Bien."

Ruffnut mordió sus labios para esconder su sonrisa. No quería asustar al grandote, cuando éste estaba haciendo un enorme esfuerzo por tener una conversación. "¿Te preocupaste por mí? Aww."

"Además, Tooth-less me mandó. Hemos decidido que el Zipple-back tuyo y de tu hermano Tuff-Nut permanecerá en Berk durante su viaje."

Típico. Toothless era tan agua fiestas como su marido. "No íbamos a llevarlo con nosotros de todas formas. Tuffnut y yo… iremos a dos lugares diferentes. Nadie puede volar con ellos aparte de nosotros, así que…" Sin remedio, Ruff se encogió de hombros. "Ya que estamos en el tema. ¿A dónde irás tú? ¿Roma o Bog-Burglar? Seguramente, tu Alfa ya te chismeó el cambio de planes, ¿cierto?"

Cloudjumper inclinó su cabeza. "Mis órdenes son dirigirme a las Islas Bog-Burglar con la Princesa Camicazi."

Ruffnut sonrió con genuino gusto. "Genial. Vendrás a la mejor de las dos fiestas, ¡te lo aseguro!" En impulso, se acercó a su gigante acompañante. Con sus manos en sus caderas—porque tenía, sin importar lo que Snotlout dijera—Ruffnut le guiñó un ojo, dejando su dolor de cabeza lentamente en el olvido. Cloudjumper se había convertido en la distracción menos esperada, pero igual de necesitada. "Aquí entre nos', Señor X, me pregunto si no tendrá entre sus conocidos, ¿algún dragón que me pueda prestar? Sin Barf, tendré que tomar otro dragón para volar. Considero los barcos demasiado lentos para mi gusto. Tal vez, ¿un Shivertooth que tengas por ahí? Algo azul. ¡O verde! Son los colores más adecuados para mi piel, verás…"

"¿Rojo?"

Ruffnut se auto interrumpió fuera de sus caprichosas visiones del futuro. "¿Rojo? Supongo que el rojo también va conmigo. ¡Es el color de la sangre! Buena sugerencia." Cuando Cloudjumper solamente permaneció en perpetua quietud, la chica rascó su nuca. "Em. ¿Hay… Shivertooths rojos?"

"No." Pero, hubo cierto aire de expectación viniendo del dragón que le colocó presión a Ruffnut. Algo estaba perdiéndose de la conversación.

Cloudjumper se apiadó de ella. "Podrías montarme."

"Aaah—Er. Mmmm." Sus rodillas casi se doblaron con el efecto causando por el suave gorgojo. Ruffnut tragó saliva más de una vez, antes de intentar de nuevo. "Digo, em, ¿montarte? No lo sé, apenas estamos conociéndonos—"

"Si necesitas un dragón como medio de transporte, estoy disponible." Al verla todavía trabada, Ruffnut pudo haber jurado distinguir sus quijadas moverse en secreta diversión. Ah. ¡X no era tan inocente! "Claro, si no fue de tu agrado humano volar conmigo anteriormente, puedo encontrar a otro dragón para la tarea."

"¿Y Valka? ¿No volarás con ella?"

"Ella acompañará a la Jefa de nombre Bertha, en uno de las drakkars. No me necesitará, hasta la hora de la batalla."

Oh.

Súbitamente tímida con la oferta, Ruffnut enredó sus brazos detrás de su espaldas, sus dedos jugando con el materia de sus cubre-brazos purpuras. "No—No me incomodó volar contigo. Por supuesto, había perdido mucha sangre en ese momento y no puedo decir que recuerde bien el viaje—Por cierto, ¿no te he agradecido por salvarme, verdad? Dioses, y yo aquí fastidiando a Snotlout para que aprendiera modales…"

"No se requiere agradecimiento. Tu hermano estaba preocupado por ti. Por él, fui a buscarte."

El mentón de Ruffnut se detuvo en plena verborrea.

Tuffnut. Indirectamente, su hermano había cuidado su trasero.

Ruffnut sonrió. Tal vez, Tuff no sería un caso perdido sin ella. La revelación inocente de Cloudjumper pareció ser lo que había necesitado para llegar a una conclusión, en todo este revuelo. Su timidez retrocedió, a favor de un nuevo brote de confianza. Ruffnut estiró uno de sus brazos para colgarse del extremo derecho de uno de los cuernos horizontales del Stormcutter. "Aun así. Gracias, grandote." Aquellas irises ambarinas desaparecieron, las pupilas oscuras tragando todo color. "Sería genial volar contigo cuando esté en mis cinco sentidos."

Cara a cara, dragón y humana se midieron cuidadosamente, cada uno meditando en sus motivaciones personales, detrás de la invitación.

X extendió sus alas en preparación de vuelo. "Bien. Mañana temprano, nos vemos."

De nuevo: ¿Aaah, Er, Mmmm? "¿Eeeeh? ¿Mañana? Pero, todavía faltan preparaciones para que sea hora de irnos, ¿o no me digas que Valka y Hiccup adelantaron el día para irnos?"

"No. Pero, antes de zarpar, necesitarás entrenar."

"Duh. Siempre entreno, X. No necesitas recordármelo, soy vikinga—"

"Entrenar conmigo. Para volar conmigo."

Ruffnut se sintió de lo más tonta, entonces. "Ooooooh. ¡Ya entiendo! Entrenar, claro. Entrenar. Sip. Porque eres gigante, y la última vez, casi salgo volando de tu lomo. ¡Sí, recuerda esa parte porque fue dolorosa!" Probablemente, debería dejar de reír con tantos nervios, pero la mirada de Cloudjumper era demasiada intensa, desde la corta distancia. "Pero, no puedes culparme. No es mi culpa de que no tengas un arnés como los demás dragones."

"Si la necesitas, puedes hacer una." Y con eso, X cortó contacto entre los dos, de un sólo impulso, despegando al firmamento. "Mañana. Temprano."

"Sí, jefe." Ruffnut refunfuñó, una vez a solas, y más confundida que antes. "Lo que usted diga, señor mandón. Haré una silla de la noche a la mañana, ¡por arte de magia!" Tendría que acosar a Hiccup para que la ayudara. O pagarle a Gobber. Valka probablemente tendría las medidas de su dragón al alcance. Pfff. ¿Qué diría la mujer de todo esto? ¿Se molestaría? Ruffnut lo dudaba. Si Valka había dejado a Cloudjumper ir con ellos a Berserk, entonces no podría ser muy posesiva de su dragón, ¿verdad?

Ugh. Era muy tarde para pensar en esto. Ruffnut estiró sus brazos sobre su casco. Si había necesitado de un buen tarro de ale antes, ahora con mayor razón.

Sólo uno, para evitar resaca.

Sólo uno y después se iría a dormir.

Sólo uno, porque mañana tendría que levantarse temprano.


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"La infección está bajo control. Mi hermana ha reaplicado los ungüentos de sábila junto con las vendas nuevas. La fiebre está bajando."

Camicazi asintió al diagnóstico de una de las curanderas. La de nombre Ragna, si mal no recordaba. La mujer estaba secando sus manos en su mandil mientras caminaba hacia el comedor. Camicazi le permitió a la mujer checar sus heridas, para que las tres fueran dejadas en paz, lo más rápido posible. Sus propios moretones habían sanado bellamente hasta ahora, y sus puntadas habían permanecían sin rastros de infección.

"Tu madre despertó en más de una ocasión, mientras la atendíamos. Le dije que estabas aquí, pero no creo que me haya tomado en serio. Deberías visitarla."

Valkyria descansaba en la cama de Toothless en el segundo piso. Desde su regreso a la choza, Camicazi había optado por mantener su distancia de Bertha. Acostarse a lado de su dragona toda la tarde, había sido una opción más atractiva. No podía negar que tan sólo con los ronroneos de la Nadder contra su mejilla, Camicazi había encontrado verdadero descanso desde su llegada a Berk.

"Gracias por cuidar de ella." Camicazi era una Princesa, así que sus modales eran parte del paquete. Aunque, eso no significaba que la chica fuera fan de la etiqueta. "Tomaré su consejo en consideración, curandera Ragna, hermana de Gothi."

Ragna alzó sus cejas por la formalidad, pero no añadió más. Después de revendarla, la mujer fue por su hermana para retirarse a cenar. Cuando fue la Bog-Burglar abandonada finalmente, silencio fue su único acompañante. Las velas en la cocina estaban por acabarse, pero Camicazi no tenía idea de donde Hiccup guardaba los repuestos.

Apretando su bata de lana con más ansias sobre su pecho, Camicazi suspiró. Sus entrañas gruñeron. Tenía hambre. Pero tenía flojera de salir. Además, no quería encontrarse con Tantrum por ahora. Se sentía tan impredecible en estos momentos, tan necesitada del calor de otra persona—demasiada débil, ante la cara de la tentación—que temía cometer una horrorosa metida de pata. Si Tantrum olfateaba su miedo, sabría hasta qué punto presionar para romper las defensas de Camicazi.

Si llegaba a caer en esa antigua trampa, si llegara a ser seducida por la UG, Camicazi no estaba seguro si podría lidiar con el resultado.

No había esperado que Ragna volviera a la choza tan pronto, así que, cuando la puerta principal tronó, Camicazi roló sus ojos en fastidio.

El olor a caliente, y viscosa sopa de tomate la hizo parpadear con renovado interés. Una figura estaba empujando la puerta con sus hombros, manos ocupadas en una bandeja de metal. No fue hasta que la figura rotó hacia su dirección, que Camicazi recibió otra sorpresa.

"Traje cena para tu madre y para ti." Astrid anunció, algo incierta. Aunque alborozada. Cuando no recibió la respuesta que había querido, Astrid sonó más como ella misma. "Algo de ayuda sería agradable."

Camicazi se apresuró a obedecer, caminando descalza hasta la entrada. Tomó la bandeja de la chica, todavía no procesando bien lo que sucedía. Astrid se encargó de cerrar la puerta. "¡Dioses, está más oscuro aquí que allá afuera!"

"No sé dónde Hiccup tenga más velas."

Por supuesto, que Astrid sí sabía. Aun en peligrosas sombras, la rubia se apresuró en abrir compartimentos de la cocina con destreza. Para cuando Camicazi tenía bien acomodada la bandeja en la mesa, Astrid había agregado tres velas más sobre el comedor, y había reemplazado las más derretidas. ¡Oh, pero que buena esposita! Domesticada, y para nada. Qué lástima. Camicazi inhaló profundamente su plato de sopa. Olía delicioso, pero por ahí parecían haber trozos que algo verde que no parecía ser tomate. Había escuchado las historias de terror de Snotlout y Fishlegs…

"No te preocupes." Vino el informe envuelto en sarcasmo de Hofferson. "Yo no fui la cocinera. Valka hizo esta cena especialmente para ustedes. Es sopa de verduras."

Eso explicaba los trozos verdes. ¿Brócoli? "No puedes culparme por mi reparo. No sobreviví a Dagur sólo para ser terminada por una sopa de tu creación."

Astrid había estado en el proceso de tomar asiento, cuando su cabeza giró hacia ella en total sorpresa. Una parte de Camicazi se retorció con remordimiento al ser tan grosera, pero la otra parte, la parte que había sido irritada por las preguntas de Hiccup aquella mañana, era más fuerte.

Camicazi estaba en busca de un buen pleito para sacar toda su frustración. Quería pelear.

Astrid, siempre había sido su oponente preferido.

"¿Está tu mamá despierta? Debería comer también."

Camicazi sonrió. -Áh, áh. No huyas. "¿Por qué te importa tanto? Algo tarde para ganar puntos con tu suegra, ¿no crees?"

Los labios de Astrid se retorcieron en inminente presagio. Aunque tomó asiento, Astrid clavó su mirada en la pared opuesto a Camicazi. Sus puños cerrados fueron lo que Camicazi necesitaba para proseguir.

"No necesito tu lastima, Hofferson."

"¿Por qué?" Fue el susurro rompiendo con la tensión. "¿Por qué siempre tienes que ser tan cruel?"

"Sólo quiero saber qué quieres ganar con este repentino acto de linda enfermera—"

"Desde el día que Hiccup nos presentó, siempre te has comportado de esta manera conmigo. Literalmente, la primera palabra que salió de tu boca fue un insulto. Por muchos años traté de llevar la paz contigo, ¡en verdad lo intenté! Si querías quedarte con Hiccup con tanto afán, debiste—"

"Nunca he querido a Hiccup." No había tenido la intención de dirigirse a este punto en la conversación. Pero, todo estaba transpirado rápidamente. Camicazi podía sentir su piel erizarse con el poder del momento. Astrid no lo sabía, no tenía idea de la lata de gusanos que estaba abriendo, y honestamente, Camicazi estaba harta de mantenerla cerrada. Si este era el momento para que la verdad por fin saliera…

-Que así sea.

"Nunca he querido a Hiccup." Reiteró, mientras empujaba el plato con sopa lejos de la zona de peligro. Las mejillas de Astrid estaban colorándose como dos manzanas, maduras y siempre listas para tentar. Tentar-Tentar-Tentar. Era todo lo que Hofferson hacía. Camicazi quería destrozarla en pedacitos, y al mismo tiempo, la quería por entero, sólo para ella. "Sé que es lo que siempre has pensado—esa vulgar pirata está tratando de robarse a mi hombre, ¡oh no!—y yo no nunca me he ocupado de desmentirte. ¿Sabes por qué? Porque ha sido divertido verte perder la cordura con tus dudas paranoicas. Te has sentido amenazaba por mí desde el primer momento, porque en el fondo, siempre lo has sabido: Hiccup no era para ti. Nunca lo fue… Me imagino que resentir a Toothless nunca ha sido una opción, así que, ¿por qué no odiarme a mi mejor? Más fácil, más eficaz, y no te metes en problemas con tu noviecito, ¿cierto?"

El bofetón sobre su mejilla, fue esperado. Fue hasta recibido con gusto.

Camicazi saboreó la sangre, su rostro doblado por el impacto. Cuando se reincorporó, Astrid estaba de pie, pero no lucía satisfecha. Todo lo contrario. Como si su mano la hubiera traicionado, Hofferson torció sus dedos en confusión. No, no, no, no. Camicazi no quería que a Astrid le creciera una consciencia justo ahora.

"Nunca he querido a tu preciado Hiccup, Astrid."

Camicazi no aguantó más—Años de ver y no tocar, por respeto a su mejor amigo. Años de sólo acudir a sus fantasías para satisfacerse. Años donde los mechones rojos de Tantrum habían sido imaginados de otro color—Aprovechando que Astrid estaba perdida en sus intentos de pedir disculpas, Camicazi arremetió en su contra.

Se abalanzó hacia la chica sin contemplaciones, con poderío, empujándole hasta acorralarla con la dureza de la mesa. La boca de Astrid ya estaba agrietada en palabras sin sentido, así que, fue sólo necesario tomar lo que quería.

Lo que realmente había querido, todo este tiempo.

Cuando Astrid tragó aire, Camicazi lo percibió. Cuando un sonido de sorpresa se escapó de sus comisuras, Camicazi se lo tragó. Besó aquellos labios que primera vista, no eran mucho. Pequeños, cuando los de Tantrum eran inmensos. Tímidos, cuando los de Tantrum eran manipuladores con sus trucos. Suaves, tiernos, y capaces de escupir fuego, cuando se le presionaban los botones adecuados. Astrid había sido una espina clavada entre sus costillas desde el primer encuentro, y por fin, Camicazi estaba sacando las astillas.

Ardió.

Oh, por Freyja, vaya que ardió.

Rastros de ale fueron recogidos del suave paladar. Camicazi ladeó su rostro, explotando los minutos robados que los Dioses le brindarían. Los gozó, porque serían los únicos. Lamió los secretos escondidos entre labios desarmados, los suspiros conmocionados, los escalofríos que hicieron temblar el cuerpo a su merced.

Las manos de Astrid permanecían flotando en el aire, trepidando cerca de los hombros de la Bog-Burglar, pero sin aterrizar sobre el material de la bata. No estaba correspondiendo al beso, pero tampoco rechazándolo.

Camicazi no soportó la neutralidad.

Sabiendo bien que la acción podría ser lo último que disfrutaría, Camicazi tomó el riesgo. En sigiloso desliz, sus manos recorrieron el torso de Hofferson. Barrieron la longitud de su cintura hasta acabar en las calaveras decorativas de su falda. Succionando el labio superior de Astrid, Camicazi se escabulló entre los tirantes de cuero y metal, buscando por el cofre que guardaba el verdadero corazón de toda mujer. Sus dedos se anclaron al nexo entre las piernas cubiertas de pantalón azul, y cuando el cuerpo entero de Astrid se llenó de tensión y sobresalto, las yemas de Camicazi pellizcaron descaradamente.

Fue arrojada lo más lejos posible, las manos por fin reaccionando. Riendo, Camicazi cayó al suelo, un hombro desnudándose en accidente.

Astrid estaba jadeando. Cuando sus miradas se unieron, Camicazi introdujo sus dedos deliberadamente a su boca. Los ojos de la pobre chica siguieron la acción, totalmente atónita. Sólo sus manos sosteniéndose de la madera de la mesa evitaron que terminara uniéndosele en el piso.

-Que apropiada imagen. A sus pies, como me ha tenido por tanto tiempo.

"Ahora, lo sabes. ¿Contenta?"

"Tú… Tú…" Camicazi estaba sorprendida que sólo palabras estuvieran siendo arrojadas a su personas. Había estado lista para los puños. "¿En verdad... en verdad esperas que me crea que tú… que he sido yo…?"

Camicazi se acomodó sobre su costado, presentando una careta de insolencia que no sentía, realmente. "Hacerte enojar era la única forma con la que me prestabas atención. Hacerte enojar, fue lo más seguro que me permití hacer." Las sopas se estaban enfriando. Camicazi tendría que pedirle a Valkyria que las recalentara. "Pero, ahora que tú y Hiccup ya no están juntos. ¿Qué tengo que perder? Querías respuestas, ya las tienes."

Astrid cubrió su boca con la santidad de una virgen. Camicazi casi se rio en su cara al ver tanta sorpresa. ¿Cómo habían sido los besos de Hiccup, entonces? Sin embargo, la risa se quedó atorada en su garganta. No quería cruzar más líneas. Suficiente había hecho ya. Astrid no tenía la culpa, después de todo. No había pedido por las semillas de obsesión que se habían sembrado en el pecho de Camicazi, en el momento que había puesto ojos en la vikinga. Lo más seguro, era que después de esto, Hofferson ni siquiera se atrevería a asistir en la batalla contra Dagur. ¿La acusaría con Hiccup? Quizás. Todo cambiaría, a partir de este incidente.

Cuando Astrid se dio la vuelta y comenzó a caminar a la puerta, Camicazi no pudo ver más. Rodó en la posición contraria, cruzando sus piernas desnudas debajo de su cuerpo. Ignoró el coraje robándole el aliento en su pecho. Ignoró lo pequeño que su corazón se sintió. -Sabías que terminaría así. Siempre lo has sabido. Astrid escogería dejarla a solas con la cena fría, una madre que no la perdonaría por la muerte de su gente, una dragona traumatizada, y sus infantiles sueños rotos. Porque Astrid Hofferson estaba hecha de otro material. Era de otro tipo de vikinga, de esas que sólo se humedecían por encantadores jinetes de dragones y navegantes galanes portadores de músculos.

Se escuchó el rechinado del portón. Camicazi contó los segundos que duró en indecisión. A los siete conteos, la puerta se selló firmemente.

Camicazi cerró sus ojos. Estaba hecho. Había exorcizado este demonio. Cuando Hiccup viniera a reclamarle, la culpa ya no pesaría.

Luego, sus parpados se abrieron en desconcierto.

La presión sobre sus hombros le indicó que alguien estaba detrás suyo, sujetándola. No podía ser Bertha. La rechoncha mujer era escandalosa hasta para estirar los dedos de sus pies.

"Siempre hubo otras formas de llamar mi atención."

Camicazi dobló su cuello, buscando por la imposible realidad. Aquella nariz de conejo que conocía muy bien, apareció en su línea de visión. Los labios que había asaltado, le siguieron. Luego, esos pómulos rellenados de rubor natural se asomaron. Por último, aquellos ojos azules se encontraron con los propios. Esos ojos que le recordaban tanto al mar que solía navegar.

Nadie podía sostenerla como responsable de sus actos, si lo siguiente que Camicazi hizo, fue agarrar aquel rostro en otra colisión de carne, aliento y gemidos frágiles.

Fue una experiencia completamente distinta, con Astrid respondiendo bajo su beso. Hofferson sostuvo la nuca de Camicazi con fuerza, dejando lo dócil en el pasado. Sus rostros buscaron por ángulos más desgarradores, ambas gimiendo cuando sus lenguas se encontraron en delicioso descontrol. Las manos de la Bog-Burglar tomaron vida propias, curveándose alrededor las colinas blandas en el pecho de Astrid. Las presionó con satisfacción, y Astrid dejó salir un resoplido por su nariz.

"Deshazte de esto." Camicazi ordenó, hundida en cuello pálido y cabellos platinados. Astrid olía a salsa de tomate y orégano, picante. Aunque se había referido al gorro de pelusa que la chica tenía colgando desde su clavícula, Astrid desabrochó más que eso. Sus hombreras metálicas chocaron ruidosamente en el piso. Los forros de sus brazos, hechos de cálida piel de oso, fueron descartados a jaloneos torpes. Entre las dos, la tarea fue ejecutada con mayor eficacia.

Astrid lucía asustada. Emocionada. Excitada.

En espera.

Camicazi la acostó sobre el piso, saliva al filo de escurrirse de su boca. Sus manos temblaron cuando volvieron bajo la falda de Hofferson, implorando que el material de sus pantalones fuera fácil de romper. Lo fue. Bajo sus dientes, todo lo fue.

Ah. Camicazi aspiró el sabor de la victoria, cuando su tabique fue guiado directo al núcleo de sus deseos. Camicazi carcajeó contra el sensible apéndice de carne y rizos dorados.

¿Quién lo hubiera imaginado?

Astrid podía humedecerse hasta por dementes Bog-Burglars.


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El mundo había cambiado.

El océano sabía diferente. La tierra era más áspera. El mero aire que inhalaba, tenía una cualidad contaminada.

El número de sus hermanos y hermanas, había disminuido. Dagur El Berserker no había sido el único en cazar a su raza. Habían existido muchos otros, durante su aprisionamiento. Aun existían.

Enemigos, que necesitaban ser eliminados.

Sin embargo, el Reino del Hombre había sido reestructurado. Territorios habían sido divididos, cambiados de nombre. El Archipiélago Barbárico ya no era el mismo.

"Necesitamos ir al Sur." Furious gruñó. Múltiples cabezas dragonianas se inclinaron ante su comando. La isla en la que habían decidido descansar había sido limpiada de todo rastro vikingo, y algunos de sus hermanos todavía se alimentaban de los restos.

Furious sentía el jalón hacia el Norte, hacia los fantasmas del pasado. Pero, Furious no los escucharía. Ya llegaría la hora para visitar Berk.

"Iremos al Sur, a rescatar al resto de nuestros hermanos y hermanas." Intercambiaría los fantasmas de su pasado, por los de su presente. Les había prometido, a muchos de los tantos prisioneros que habían desfilado por Berserk, que Furious los encontraría de nuevo. Que los liberaría. Un Seadragonus no rompía sus promesas.

"Iremos al Sur."

Hacia los humanos que no eran Vikingos, pero herederos de otro título.

Romanos.


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Fin de parte XV.

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NdA:

(1) Como Dreamworks no aprovechó a Valhallarama, yo sí lo haré. Ella es la madre de Hiccup en los libros, pero en este universo la transferiré a los mellizos Thorston. ¡Es la madre perfecta para ellos!

(2) Seth Kiryu: ¡Que gusto saber de ti! ¡No te preocupes, hacer ropa en otro país suena muuuuuucho más interesante! ¡Bien por ti! Pediste escena con Furious, pues aquí está, *risa malévola* Oh, Furious, la ironía. Tu qué quieres alejarte de Hiccup…

(3) Esta reunión la tenía planeada desde que hice el segundo fanmix, y si se fijan, el track Fallen Army tiene una mención de Reunión en Fuerte Sinister. Muajaja.

(4) Pues, no sé qué más decir, espero hayan disfrutado el Camicastrid. No fui explicita porque no queremos asustar a Astrid tan rápido, ¿verdad? Pero habrá cierta continuación a esta escena, no se preocupen. ¡Y RuffCloud! Son tan tontos estos dos, me dan ternura. Esas clases que se aproximan, serán de terror. Todos lo sabemos XD.

(5) ¡Próximo capítulo: TODOS A ENTRENAR, FLOJOS! ¡ADEMÁS: SNOTLOUT Y TOOTHCUP!

(6) De nuevo, sus reviews son lo más hermoso de este mundo, ¡no me priven de tener más! ;)