"Munr."

Por B.B. Asmodeus.


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Fandom: How to Train Your Dragon, 1 & 2, Dragons: Riders/Defenders of Berk, Novelas de Cressida Cowell.

Parejas: Hiccup/Toothless, Tuffnut/Snotlout, Astrid/Camicazi, Ruffnut/Cloudjumper, y Eret/Stormfly.

Rating: Mature.

Categorías: Romance, Humor, Drama, Suspenso, Temas Espirituales, Hurt/Confort, Semi-Fusión con los Libros, Acción/Aventura. Lemon heterosexual, yaoi y entre humano/dragón. Uso de mitología y lenguaje Nórdico.

Sinopsis: Post-HTTYD 2. Justo cuando Hiccup y Astrid están a punto de contraer nupcias, un ritual de una vieja espiritista vikinga expone una dura realidad a la pareja—el alma de Hiccup ya le pertenece a alguien más. Sin embargo, el aceptar Hiccup este hecho, tan sólo será el inicio de su nueva aventura.

Notas importantes: Como mucho pudieron notar, tuve maratón de la segunda temporada de Defenders of Berk, y puede que me haya vuelto algo loca con el episodio de Scauldy xD.

Advertencia: Ruffnut tiene necesidades, ¿está bien? No la juzguen, matafokas.


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XVII.

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"Tuve un sueño donde moría,

pero no encontré a nadie allí."

-Vaults.

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Fishlegs no comprendía cómo había terminado en el papel de mensajero, de nuevo.

Quizás todo había sido culpa de la terquedad de la Princesa. Hiccup había ofrecido vaciar una choza para su estancia personal, pero su invitación había sido rechazada, puesto que "Para un UG, no hay mejor asilo que su propia nave, Señor Haddock."

Era así como Fishlegs ahora se encontraba volando encima de uno de los Hobblegrunt de Valka. Rodeaba la superficie del enorme barco real, indeciso sobre cómo presentarse.

"Vamos, chico, terminemos con esto." Extrañaba a su querida Meatlug, pero Fishlegs prefería que estuviera descansando, a someterla a más trabajo pesado. Cuando el Hobblegrunt comenzó su aterrizaje lentamente, los guardias se alertaron al instante, levantando sus lanzas en advertencia. El cuero purpura bajo sus palmas, pronto cambió a un alarmante rojo. Fishlegs actuó rápido. "¡Oi, oi! Calma—calma. Ve-Vengo en nombre de Valka y Hiccup III. Me han mandado a escoltar a la Princesa Tantrum al lugar de la Ceremonia."

"¿Y quién eres tú?"

"Mi nombre es Fishlegs. Fishlegs Ingerman."

Uno de los guardias, uno con bastantes arrugas y canas en su barba, expresó su escepticismo. "Primera vez que te oigo. ¿Cuál es tu estatus?"

"¿Estatus? Buen, soy in jinete oficial—"

"¡Bah! ¿Quién no lo es en esta presuntuosa Isla? ¿Eres un Duque? ¿Un General? ¿Un Consejero?" Una sonrisa vil alargó los bigotes del guardia, mientras barreó a Fishlegs de pies a cabeza. "¿O el cocinero?"

Oh, que original. Bromas sobre su peso. Fishlegs entrecerró sus ojos en mirada amenazante. "Repito: he sido mandado por la misma Jefa de Berk, Valka I."

"¿Por qué no vino ella en persona? ¡Qué falta de respeto, mandar a uno de sus plebeyos!"

"¡Oye, no hable de la Sra. Haddock con ese tono tan incivil, soldado! Nuestra Jefa tiene muchas obligaciones que la están manteniendo ocupada en estos momentos. Y no soy un—"

"Puedo hablar de quien me dé la gana, de la manera que—"

"Basta, Branwen."

Fishlegs tuvo la satisfacción de presenciar como toda la espuma se bajada de la barba del soldado al reconocer la voz interruptora. Inmediatamente, Branwen cerró su pico y bajó su lanza. De las profundidades de la compuerta inferior del barco, la silueta elegante de Tantrum O'Ugerly fue apareciendo.

Fishlegs tragó saliva, al verse deslumbrado por la nueva presencia.

La mujer pelirroja era… una especia totalmente diferente a Ruffnut.

No era una revelación particularmente nueva. Pocos habían sido los individuos que no habían jadeado detrás de la pelirroja desde su llegada. Durante el tour que Hiccup había obligado a dar, Fishlegs había tenido que recurrir a tácticas poco dignas (que habían incluidos más de un recipiente de agua fría) para evitar incidentes que llevarían a una guerra con la Tribu Uglithug. Las caderas de la Princesa conjuraban su propia brujería, y los únicos inmunes parecían ser Gobber, Camicazi, Astrid y Valka (porque hasta Hiccup había sido cachado en vistazos furtivos, de vez en cuando).

Podía ser que Fishlegs pudiera tener más autocontrol que los demás. Pero...

... hombre vikingo, era al fin.

"Señor Ingerman. Que gusto volver a verlo." Tantrum sonrió, tan educadamente como lo había hecho durante su recorrido juntos. Su voz se ofreció con la misma dulzura, y con la misma confianza de aquel encuentro. "Si ha venido a cumplirme aquella amenaza de obligarme a montar un dragón, me temo que tendré que rechazarlo. Mi atuendo no es del todo adecuado para la ocasión, verá."

Cuando Tantrum gesticuló hacia los finos materiales que le cubrían, los ojos de Fishlegs se fueron con ella. Un embutido vestido azul esbozaba su silueta despampanante, haciendo parecer que el profundo índigo del mar polar se había envuelto en su figura. Ornamentos de gemas preciosas la acompañaban, atrayendo brillo adicional a su resplandeciente pose, mientras que la planicie de su pecho era rodeada por las cadenas que mantenían su abrigo grisáceo en correcto lugar. Su rostro había hecho un trato en favor de lucir su atiendo, siendo un lienzo atenuado con la simple belleza natural que ya existía. Su cabello corría suelto, libre y salvaje.

"Mi lady." Fue instinto inclinarse frente a ella. Inevitable. Algo que Fishlegs hizo con gusto y alta reverencia. "He sido mandado para escoltarla personalmente a la ceremonia por la Jefa de mi tribu. Me temo que aquello involucrará adelantar nuestras prometidas clases—¡pero no se preocupe! ¡Lenny es un buen chico! Sería mucho más rápido de esta manera, se lo aseguro. Casi… casi llega el atardecer, después todo."

Branwen tenía muchas cosas que decir al respecto. "¿Esperas que nuestra princesa se monte en esa bestia? Debes de estar loco."

Tantrum, sin embargo, se acercó curiosa a donde el dragón se encontraba. Branwen quiso agregar más protestas, pero al ver la mano alzada de Tantrum, tuvo que tragárselas de regreso. Lenny torció su cabeza con igual interés, olfateando la esencia a lavanda que llegó hasta a las narices de Fishlegs.

"Déjeme ver sí recuerdo bien, Señor Ingerman." Con una sonrisa, Tatrum lentamente estiró su brazo hacia la trompa del dragón.

Fishlegs aguardó a que el proceso fuera cometido con inminente éxito. En cuanto la trompa del Hobblegrunt presionó por el contacto de la Princesa, sin embargo, dejó salir su gemido de emoción. "¡Muy bien, Princesa! ¡No puedo creer que lo haya recordado! Ah, quiero decir, hablamos de tantas cosas el día del recorrido…"

Tantrum pestañeó lánguidamente en su dirección. "Estaba escuchando a lo que me decía, ¿ve?"

Oh, genial. Sin querer, había insultado a una Princesa. "¡No—No fue mi intención implicar lo contrario! Pero, estoy consciente que a veces mi divagación llega a marear. No la hubiera culpado—"

"Señor Ingerman. Suficiente." Con una cuidadosa caricia sobre el mentón, ahora amarillo, del que sería su medio de transporte, Tantrum pareció llegar a una decisión. "Está bien. Ya es hora de que descubra si todos aquellos maravillosos versos poéticos de Camicazi sobre volar… sostienen algo de verdad."


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Era un eco del pasado. Un acto que no debió de haberse repetido tan pronto.

Hiccup se posicionó después de su madre y Gobber, seguido de Snotlout, Eret, los mellizos, y por último, Fishlegs. En el último minuto, Astrid extrañamente había escogido el otro extremo de la larga fila de vikingos en espera. Encabezaba el frente derecho, arco y flecha entregados a la digna causa.

Hiccup odiaba verla en aquella posición, pero ahora fue Camicazi la que lideró la ceremonia funeraria, un paso más adelante que todos, dividiendo a los habitantes de Berk de los sobrevivientes de las Islas Bog-Burglar. A pesar de tratarse de infantes, de victimas aún más jóvenes que Hiccup cuando éste había tumbado a un Night Fury de los cielos, todos y cada uno de los hermanos de patria de Camicazi, portaron arco y flecha, maestros de armas diseñados para adultos.

La Princesa Tantrum se acomodó a lado de Valka en última estancia. Hiccup y su madre la saludaron con una breve inclinación de mentón. Camicazi entonces, liberó el inicio de la ceremonia. "Maldigo a los Dioses. Puesto que su sentido de justicia no tiene sentido."

Todos guardaron silencio. Hiccup no bajó su mirada, como muchos lo hicieron. Cuando Camicazi se asomó por sobre su hombro hacia él, Hiccup asintió. -Puedes hacerlo.

Camicazi encajó la punta de su flecha en la urna de carbones encendidos.

"¿Qué te he dicho sobre esperar justicia de seres invisibles?"

Hiccup aspiró. Cuando volteó hacia sus espaldas, todo vikingo y vikinga se le unió.

Apoyada de Spitelout y Bucket, Grandísima Bertha se partió camino entre los invitados. Implacable y más grande que la vida misma. Con tan sólo tres pasos más, la mujer descartó el auxilio de los dos vikingos. Las contusiones de su rostro todavía no sanaban totalmente, pero ciertamente lució diez veces mejor que cuando la habían traído de regreso de Berserk. Orgullosamente, la mujer vestía un camisón de Stoick como si fuera el mejor escudo de una guerrera. Un ceñido corsé de piel rodeaba su torso, resaltando sin escapatoria el elemento de su cuerpo que había causado el "Grandísimo" en Bertha. Sus botas aun tenían rastros sangre seca, y había agujeros pequeños en sus pantalones.

"Mamá." Por un momento, el arco se resbaló de las manos de Camicazi. Todo aquel porte de dureza, de valentía inquebrantable, se desmoronó. La niña resurgió al ser enfrentada por la persona de la que había estado huyendo todo este tiempo. "¡No deberías estar levantada!"

Bertha le arrebató el arco a Spitelout, quien lucía bastante intimidado. No era para menos. Bertha era una mujer robusta, ancha de piernas y brazos, un poco más alta que Valka. Y claro, no se podía omitir que tenía los senos más grandes del archipiélago, superando a los de la misma Princesa Tantrum. Además, su belleza no había sido pasada a su hija en vano. Su larga melena dorada contaba la historia de sus batallas, dividida entre múltiples trenzas.

"Hubiera sido un deshonor no ser invitada al Funeral de mi propia tribu." Cuando Bertha rozó cerca de Valka y Hiccup, la mujer inclinó su mentón. "Para la suerte de todos, Stoick crio a un hijo consciente, capaz de identificar cuando no se debe enfurecer a una Bog-Burglar."

Hasta Valka se mostró sorprendida por la revelación. Hiccup se mantuvo firme, recibiendo el agradecimiento encubierto en las palabras de Bertha con la solemnidad que se debía. Camicazi lucía traicionada—De nuevo. Sin embargo, Hiccup no pudo sumar energías para sentirse culpable. Nunca se arrepentiría de haber hecho esto. Cami todavía tenía una madre, ya era hora que dejara de aislarse.

Además, em, sí, ¿lo último que quería Hiccup? Era provocar la ira de Bertha. Era protocolo que su presencia fuera requerida en esta Ceremonia. Por supuesto que había tenido que invitarla.

"Mentón arriba, Camicazi." Berta ladró conforme se le unió a su hija al frente. "El pasado no se puede rehacer. Lo único que tenemos es el presente. Significa que estás viva. ¡Levanta tu arco!"

Camicazi tardó unos minutos en reaccionar. Cuando lo hizo, su espíritu pareció levantarse de las cenizas. Postura firme, frente en alto. Obedeció a su madre, y dentro de poco ambas mujeres parecieron gemelas, ambas apuntando hacia el horizonte con llamas besando las puntas de metal de sus flechas.

"En el Mar nace un Bog-Burglar." Bertha soltó la primera flecha, encendiendo la primera balsa. "Al Mar debe regresar para encontrar su camino al Valhalla."

Hiccup dio la señal para que la red que había estado atrapando a las balsas en una zona segura, fuera derribada, permitiendo que las olas comenzaran a arrastrar las ofrendas.

"Porque el Mar es nuestro Hogar. No hay nada que temer." Camicazi le siguió, liberando la segunda flecha más importante de toda la ceremonia. Dio justo en la misma balsa que su madre había enganchado.

Bertha volteó hacia Valka. La contempló por un momento, para luego, en impulso tomar otra flecha. "¡Y esta va para el idiota de Stoick y su ineptitud para mantenerse con vida! ¡Que desde el trono del mismo Odín, vea que nuestra alianza está siendo reformada!"

Hiccup tragó saliva, nunca perdiendo de vista la perfección con la que la flecha se adueñó de una de las balsas. Sin más, se apresuró a flexionar su propio instrumento. Valka, Eret, Snotlout, Tuff, Ruff, Fishlegs—Astrid, los pequeños Héroes de la caída Bog-Burglar, la Princesa Tantrum, el pueblo de Berk en entero—todos se unieron, conjugándose en el ritmo de un sólo latido.

Fuego masivo iluminó el horizonte. Fuego encarnizado cayó en la marea.

Tantas fueron las flechas de tributo, que faltaron balsas para cubrir la alta demanda. El Mar se tuvo que encargar de aceptar la purificación del fuego, llevándose con él las almas de roble de tantas, y tantos, Bog-Burglars.

Toothless rugió de las alturas de las rocas del muelle. Todos los demás dragones le siguieron.


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Desde la borda de su drakkar, Alvin escupió el piso de nave. Observó el espectáculo a solas, en silencio. Lo odió.

Lo odió, porque lo hizo real. La negación ya no era posible. Desde que había escuchado lo sucedido, Alvin no se había permitido reaccionar a la noticia. Había tapado sus sentidos. Ahora, la realidad era inescapable.

"Maldito cabeza dura." Cogió su arco. Tanta fue la fuerza que utilizó para lanzar su flecha, que la madera se quejó, amenazando con partirse. "Por lo menos en mis manos, hubieras tenido una muerte más digna."

Finalmente, dijo adiós a un viejo amigo, su flecha siendo devorada por el abismo del anochecer.


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Camicazi dejó que las lágrimas corrieron por sus mejillas. Sin embargo, no recurrió a dramáticos llantos para demostrar la tribulación en su corazón. Se concentró en el majestuoso panorama, pidiéndole perdón a cada una de las balsas que simbolizaron a una de las gentes.

La mano de su madre la acogió del hombro.

"Perdiste tu Llave."

Camicazi resopló una risa amarga. "Perdí más que eso, créeme, madre."

"La recuperaremos. Una Bog-Burglar nunca debe permanecer sin su Llave Maestra."

"La recuperaré cuando le rompa el cuello a ese desgraciado."

Bertha levantó su mano solidaria para colocarla en la parte trasera de la cabeza de su hija. Sus dedos acariciaron sus cortos mechones, y aunque Camicazi hizo una mueca, el regaño nunca llegó. Bertha no le reclamó, por la deshonra de su apariencia.

Ambas permanecieron de esa forma.

Hasta que el fuego estuvo tan lejano, que sólo los hilos de humo fueran el único rastro.


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Lo primero que Ruffnut hizo al terminar la lúgubre ceremonia, fue dirigirse a la playa donde los hombres de Alvin estaban regresando.

Necesitaba celebrar lo opuesto a lo que acaban de realizar.

Primer paso: establece una relación.

Nombra a tu dragón.

Ser Señor X para los ojos de Ruff, no había servido de nada.

Ruffnut era torpe. Y nunca la había molestado. No era hasta ahora, que aquel rasgo de su persona se convertía en un problema.

"Estás muy nerviosa." Valka había intentado calmarla de miles de formas. Había tenido más paciencia que su propia madre. "Recuerda que ya has volado con Cloudjumper antes. Ustedes dos ya se conocen. No hay nada que temer."

Segundo paso: establece contacto físico.

El problema era que Cloudjumper estaba fusionado con Valka. Ambos se movían como una sola criatura. Valka se colgaba de su cabeza de búho sin temer a caer, utilizando su bastón en maneras imposibles. Verlos actuar en completa sincronización, había resultado más intimidante que enfrentarse con Scauldy por primera vez.

Cántale para tranquilizarlo.

Björk había sido de los pocos soldados con facciones apuestas y decentes, del todo el bonche de Exiliados. Ruff lo había conocido en la taberna el día que habían regresado a Berk. Había sido el encargado de llevarla con la curandera.

Desde la primera vez, Ruffnut había deseado hacerlo a él, cantar.

No se necesitó hablar. Con una simple sonrisa, el mensaje fue mandado, recibido y reciproco. Björk la había estado esperando.

El silencio de Cloudjumper durante toda la sesión no había ayudado. Aquel dragón con torcido sentido de humor se había marchado durante el entrenamiento, bloqueando a Ruffnut de todo intento de comunicación.

Ruffnut lideró el encuentro. Robó a Björk de su vigilia, llevándoselo a donde algo de privacidad fuera posible. Sin embargo, Björk mostró ser útil además de apuesto. El muchacho vació una carpa de su propio campamento, corriendo a unos cuantos Exiliados ebrios a la noche fría.

Sus esfuerzos fueron recompensados. Ruffnut lo arrojó en el lecho de pieles tiradas suelo, montándosele encima en segunda instancia.

Ver a Tuffnut en la arena le había recordado que aún le debía una plática a su hermano, antes de marcharse. No podían quedarse así. Aunque la ira se había sosegado, verlo la había afectado. Más tensión se había apoderado de su cuerpo, trabándola. Por más que Valka la invitara a trepar la cola del Stormcutter, Ruffnut no había deseado una repetición de la dolorosa pisada en las escamas, que ya había provocado con anterioridad.

Una exhalación partió de sus labios cuando sus cuerpos se ensamblaron. Björk peló sus dientes en ardiente aprobación. Pronto, ambos estuvieron inmersos en algo que no se podía entrenar, una danza que estaba escrita en su sangre, inalterable, desde su nacimiento.

Duerme, duerme, pequeño Stormcutter

Cerrando sus ojos, y abriendo su boca, Ruffnut aceleró el ritmo, galopando con una locura que bordeó en demencia Berserker.

-¿Alguna vez has bailando a mi manera? Fue el pensamiento, el reto que cruzó su mente, gimiendo cuando Björk la tumbó sobre el suelo boca abajo, escogiendo tomarla por detrás. -Deberías, Señor X. Te haría bien soltarte. Tal vez así no serías tan juzgón.

Porque así se había sentido. Juzgada. Ojos amarillos observándolo en hermético silencio, blancos de emoción.

Björk terminó antes de que Ruff pudiera llegar a su delicioso clímax, erupción de semilla invadiéndola, sin previo aviso. Ruffnut gruñó con decepción. Cuando el hombre gimió su envidiable placer, Ruffnut roló sus ojos. Desencajó sus cuerpos de inmediato, fastidiada con los húmedos rastros de líquido corriendo por sus muslos. Björk exclamó una protesta burda, el beso de Freyja entumeciéndolo.

Ruffnut salió de la carpa sin mirar atrás.

-Qué bonita manera de terminar este apestoso día.

Estúpido Björk. Ahora tendría que buscar té de raíz de algodón, y eso implicaba caminar a su choza a pie. Extrañó a Barf más que nunca, entonces. El dragón siempre la hacía sentir mejor con una explosión de épicas proporciones siendo provocado por su gas y la chispa de su gemelo.

Y tendría que caminar con pantalones mojados, además. Aaaaaaach.

Estúpido Björk.

"¡No puedes pedirme algo así, Alvin!"

Ruffnut se avispó enseguida. Conocía esa voz.

"¿Por qué? ¡Tienes suerte que no esté tratando de invadirte justo en este momento, chiquillo! ¿Ya olvidaste que siempre he querido Berk para mí?"

"Esto es porque quieres ver a mi madre, ¿verdad? Estás algo viejo para esta clase de caprichitos, Señor Exiliado—"

"La insolencia. Oh, Odín, la insolencia."

"¡No te daré una de las tres Islas Bog-Burglar a cambio de tu ayuda! Estás soñando, Alvin. S-O-Ñ-A-N-D-O. Toma lo que quedo del terreno Berserker, y considérate pagado por tus servicios."

"No voy a tocar esa tierra. Está maldecida."

Ruffnut abrió parte de la cortina de la carpa apestosa justo a tiempo para ver a Hiccup jalarse los pelos. "Ya teníamos un trato, Alvin. ¿Por qué andas cambiando de parecer a tan poco tiempo de zarpar? ¿Qué pasó?"

"No has pensado en que después de la masacre en Berserk, me pueda importar el bienestar de los pocos hombres que me quedaron, Hiccup? ¿Eh? No todo se trata de ti, muchacho—"

Desde su asiento en la silla lateral al trono hecho de piel de yak de Alvin, Hiccup dio señal de estar considerando lo dicho. Ruffnut levantó su ceja con curiosidad. ¿Acaso…?

"Aun si permitiera que te integraras a Berk junto con tus hombres, ambos sabemos que no funcionaría. No quieres paz. No te gusta obedecer a otra autoridad. Tus intereses, Alvin… simplemente no concuerdan ya con los nuestros. No duraríamos ni un día."

"Si quieren más tierra, yo sé dónde pueden encontrarla." Se agregó una voz varonil que Ruffnut conocía muy bien, pero de la que no se había percatada por falta de alcance. Entremetió sus narices con más interés. Pronto, las puntas de las bota de Eret acostadas sobre la mesa de Alvin se hicieron visibles.

"¿Lo sabes?"

"He sido pirata toda mi vida. Por supuesto que sé—"

"¡Guarda silencio, Haddock! Quiero escuchar a un verdadero mercenario, para variar."

"¿Se te perdió algo, mi lady?" La pregunta rozando su oreja, fue seguida de la opresión de algo puntiagudo sobre la espalda de Ruffnut. La chica enseguida se congeló, atrapada en la obra. "¿Espiando en conversaciones ajenas? Vamos, Ruff. Algún día te cortaran la cabeza por tu falta de atención."

Ruffnut rodó sus ojos. Rápidamente se giró en sentido contrario. "Idiota, me sacaste un susto." Recordó que sería conveniente hablar en voz baja.

Snotlout le dio una mordida a su plátano. "A diferencia de ti, yo sí fui invitado a esta reunión de gente importante—Oh, rayos. Ruff. Apestas."

"Cállate."

"Lo haré, si me prometes no acercarte más." Colocando una mano frente a su casta persona, el idiota de Snotlout pensó que estaría a salvo. "No pudiste esperar, ¿eh? Por Odín, Ruffnut…"

"No me digas que no pensabas en hacer lo mismo." Ruffnut puso distancia entre la carpa de Alvin y Snotlout, negándose a sentir vergüenza. Había sido natural buscar por vida, cuando la muerte había estado a flor de piel. Era la manera de toda vikinga sana, de carne, sangre y hueso. "Oh, olvídalo. Olvidé que te has convertido en un frígido aguafiestas."

"Por lo menos yo no apesto peor que un Exiliado. Lánzate al mar, por lo menos. Te queda más cerca que tu casa."

Ruffnut le sacó su lengua. "Vete a tu junta aburrida, Sra. Alvin."

Fue hilarante ver el rostro de Jorgenson llenarse de calor culposo, tartamudeos nerviosos rompiéndose de su mentón redondo, y fue con tan gozosa venganza que Ruffnut decidió retomar su camino. Que Hiccup lidiara con su enredosa política…

Recuerda, jinete. Una vez que te has ganado la confianza de un dragón…

En resumen, el entrenamiento había sido un desastre total. Cualquier magia que la había enlazado con el Stormcutter en encuentros pasados, se había roto en un torbellino de pisadas, codazos, caídas, resbalones y palabras sucias. Por el bien de todos, la mejor salida a este desastre sería renunciar mientras que Cloudjumper tuviera una cola y Ruffnut sus huesos en perfecto estado. No sería la primera vez que un Thorston se daba por vencido.

Sin embargo.

Abrazándose, Ruffnut se escondió en las sombras de la noche. Ahora que la frustración había esclarecido con la entrega de su cuerpo, sus instintos parecían tener diferentes planes.

Suspiró. Se rascó la cabeza, para entonces darse cuenta que había olvidado su casco con Björk.

Valka había murmurado exhausta, al final de la sesión. "Mañana lo intentaremos en una localización diferente. El ambiente debe de estar afectándolos…"

Mañana.

Ruffnut sonrió. Recordó a Scauldy, en cómo cuando todo había parecido perdido, había escogido permanecer a lado del Scauldron.

no hay nada que ese dragón no hará por ti.


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Frío.

El Invierno había llegado.

Caminó hacia la orilla del acantilado de roca. La dura nieve trataba de empujarlo hacia atrás. No podía sentir su rostro.

Al asomarse a lo que descansaba debajo, primero no comprendió lo que estaba observando.

Fuego. Antorchas. Vikingos armados.

Naves. Drakkars, zarpadas en las orillas de la bahía. Nieve cubría la tierra infértil.

Enemigos. La hora de la venganza.

Asedio.

La visión no fue del todo nítida, borrando las identidades de los rostros, y modificando las voces que se le fueron dirigidas.

Detrás de sus espaldas, la identidad de su aliado fue revelada. Dagur escuchó los gruñidos múltiples de las bestias acompañando a los guerreros—puesto que no había dragón vivo inmune a las cicatrices que aquel hombre había causado.

Luego, una carcajada sopló su nuca. La ultima sensación después de la traición.

Cuando Dagur bajó su mentón, miró el otro extremo de una lanza atravesando su pecho.

Dagur despertó.

Lanzó su casco hacia el otro lado de la choza abandonada, tanteando desesperadamente la planicie de sus pectorales. "Mierda de Skrill."

No había sido la visión que había pedido, no obstante, fue justamente la que había estado necesitando para confirmar sus sospechas.


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"¿Gallinas?"

"Ya."

"¿Cantimploras con agua?"

"Ya."

"¿Abrigos para el invierno?"

"…¿Ya?"

"¿Postres para el camino?"

"Tuffnut, ¿a dónde crees que nos dirigimos? Tienes que aprender a priorizar, no nos iremos de vacaciones—"

"Ya te explique esta parte cinco ocasiones, Eret: Sin postres, no hay azúcar, sin azúcar, me aburro, y si me aburro, me quedo dormido, y si—"

"¡Está bien, está bien! Ya. ¡Ahí van!" Y la mochila que supuestamente contenía paquetes de postres fue acomodada en el drakkar de Eret. "Por favor, dime que esta lista tuya llega a ser productiva en el algún punto."

Tuffnut cruzó sus piernas con aire herido, sentado en un dormido Skullcrusher con naturalidad. Por un momento, Eret fue recordado de aquellas doncellas francesas que había conocido durante sus viajes. Tuffnut tenía cierta gracia de la clase alta que ni Ruffnut podría manifestar en sus mejores días. Que peculiar descubrimiento. Los mellizos no eran tan idénticos, después de todo. "Está bien, lo siento. Odias interrupciones. Continúa, Sir."

"Gracias, caballero." Inflando su pecho, el rubio alzó el pergamino por encima de su cabeza, acercando la linterna de petróleo hacia el material. "Ehem. Como decía… ¿Mapas?—¿Ves? Algo aburrido, por fin."

Sonriendo, Eret le dio una palmadita su abrigo. "Ya."

"De acuerdo. ¿Comida para los dragones? Muy importante, hombre. No querrás volar con un dragón hambriento, toda clase de situaciones gaseosas suceden cuando—"

"Ya. Te lo ruego, pasa al siguiente."

"¿Cómo estamos en las armas?"

Eret hizo inventario en su cabeza. "Tenemos suficientes espadas y escudos de repuesto, pero cada quien es responsable de las armas que cargue en su persona."

"Ah, hablando de repuestos, cuidado con ese morral de terciopelo, contiene material extremadamente valioso para mí."

Eret picoteó dicho morral, situado entre los víveres comestibles y el escudo de la Casa Thorston. Su dedo se hundió en el suave relleno. "…Es tu ropa interior, ¿verdad?"

"Bueno, bueno. ¡Siguiente pendiente!"

"Se roza fácilmente si permanece con los mismos calzoncillos más de tres horas."

"¡No es verdad! Soy un vikingo higiénico, ¿algo malo con eso?" El reclamo del mellizo perdió empuje al comprender que tal observación no había venido de Eret. "Si quieres hablar de pieles rosadas, Jorgenson…"

Eret miró detenidamente a Snotlout acercarse al rubio hasta recargarse sobre el lomo de su dragón, su rostro levantado hacia el mellizo. "¿Sí? ¿Qué sabes de mi delicada piel? ¿Más chismes de tu hermana?"

Tuff se encogió de hombreras picudas. "He escuchado cosas…"

"¿Oh? ¿Solías escuchar mucho de mi entonces?"

"¿Eh? Bueno, Ruff lo consideraba tortura, así que no tenía exactamente, una escapatoria…"

Eret se recargó sobre el drakkar, encontrando de lo más interesante el lenguaje corporal de Jorgenson. El chico había plantado una mano sobre la bota colgante de Thorston, mientras las palabras se le habían limitado al secretario. La satisfacción en su rostro hablaba de que había sido un movimiento intencional. Snotlout quería que Tuffnut fuera afectado por sus insinuaciones y la cercanía entre los dos.

"¿Ya terminaste con Alvin?"

Jorgenson parpadeó. Giró hacia Eret, algo confundido. "Oh. Sí, sí. Todo está firmado. El nuevo trato ya no puede ser modificado." Lentamente, Snotlout regresó a su eterna contemplación de la cara tapada de mapa. "…Están listos para irse." Ni una pizca de broma se asomó para tal anuncio. Hechizo roto por la realidad de los hechos, Snotlout soltó la bota de Tuffnut, con una palmadita de despedida. "Hablando de eso… ¿Por lo menos tomarás otro dragón, rebelde-sin-causa?"

Finalmente, el mapa fue descendiendo de un frustrado Thorston. "Nah. Estoy bien así. Además, Hiccup está acaparando todos los buenos."

"Pero…" Sin embargo, el mismo Jorgenson se detuvo en sus quejas. "Como quieras."

Eret pretendió hacerse cargo de asegurar sus "maletas" con soga, aunque de reojo, no perdió de vista el intento de Tuffnut por tranquilizar a su amigo: la bota que había sido acosada, se estiró hasta colisionar con el costado de Snotlout en jugueteo.

"Oye. Mi padre me dejó llevarme su escudo y su espada. ¿Qué tan genial es eso?"

"Bastante genial." Y Snotlout hizo un buen esfuerzo por comunicar entusiasmo. "No te he visto entrenar."

"Pues yo te vi a ti… ¡Woah, Snot! ¿Dónde demonios tenías a ese animal escondido? ¡Barriste la arena con Camicazi!"

La sonrisa fue más auténtica, en esta ocasión. Jorgenson, predeciblemente, floreció bajo el cumplido.

Eret aclaró su garganta. "¿Algo más en la lista, Tuffnut?"

Dicha lista fue reajustada hasta que las narices del muchacho estuvieran traspaso el pergamino. "Eh, nop. Espera—No. Esta es una mancha de jugo. ¡Todo en orden, Capitán!"

"Perfecto." Eret asintió para sí, una vez que el drakkar estuviera preparado para su exigente gusto. Brincó de regreso al muelle, sacudiendo sus manos. "Ahora sólo queda avisarle a Hiccup que todo está en orden."

Eret sólo esperaba que los Romanos no lo estuvieran, de igual manera.


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Estaba de pie en un lugar irreconocible.

Alfombra de tonalidad verde, cubría una serie de escalones de piedra. Escalones que ascendían a un destino predecible.

Un trono.

No podía moverse. Deseaba hacerlo, pero una fuerza intangible lo detenía en su lugar. Creyó escuchar su nombre ser llamado—Pero, estaban equivocados, él no era ningún Hiccup—Una persona se levantó del trono.

Le resultaba conocido.

Sangre-carne-familia-padre.

Padre.

Una corona de oro rodeaba la cabeza del hombre. Un objeto tan pequeño. Tan delatador.

Tan delatador como reconocer aquella espada suya, siendo desvainada a mano del Rey. Padre.

Traidor.

"No habrá paz, hijo mío." Aquellas barbas negras se partieron con la sentencia en sus labios. "Nunca habrá paz entre nosotros y ellos."

Incomprensión pronto dio a lugar a… terror puro.

La sangre corrió por la alfombra verde—color de los bosques donde había crecido—marcó la piedra con una historia que sería escondida, nunca contada. La sangre chispeó los rincones, se escurrió del filo de la espada de Grimbeard, y tatuó un irremediable desenlace…

Estaba muriendo.

Y Furious estaba muriendo junto con él…

Snotlout despertó de golpe sobre su cama, un grito de incontrolable sufrimiento desgarrándose por su habitación. Jaló de su camisón de dormir hasta que piel desnuda fuera lo encontrado. Snotlout rasguñó su torso en violencia inmensurable, mejillas humedecidas por una pérdida que le era ajena—y a la vez, no.

Divisó la espada, descansando con inocencia en la silla frente a él. Esperaba por un nuevo día. Un nuevo día donde sería utilizada.

Snotlout se paralizó, reconociendo el arma como la causante del asesinato de sus sueños.

Stormblade.

La espada del mismísimo Rey Grimbeard.


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Fin de Parte XVII

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NdA: Yeaaaaaah. Tal vez muchos de ustedes ya sospechaban lo de la espada. Tal vez no. Aquí está, sin embargo. Hiccup no será el único envuelto con los fantasmas del pasado. :B ¡Me menciona tanto entrar de lleno a mis planes con él! Y no me refiero sólo al Snotuff. Lo siento si perciben que el ritmo de la historia va muy lento. Sin embargo, no me parece enriquecedor entrar a batalla donde vidas puedan perderse, sin haber establecido relaciones y/o interacciones con verdadero significado entre los personajes, primero. Uno tiene que primero agarrarles cariño a los personajes/amistades/ships/etc. para entonces sentir las consecuencias emocionales de la trama. La acción se aproxima, sean pacientes. Pero yo no pienso "hacer" parejas de la nada o como arte de magia. (Sólo con el Toothcup porque esos son retefacilotes xD).

¡Galletas para todos! De antemano, gracias por leer. Y ya saben, friggs, gracias por sus hermosos reviews que me alegran el día.

P.D. PERDÓN POR LOS CUERNOS CLOUDJUMPER, PERO UNA CHICA TIENE NECESIDADES Y TÚ ANDAS BIEN MAMÓN (Y MÁS MAMÓN TE PONDRÁS CUANDO DESCUBRAS LO QUE TU CHICA ANDA HACIENDO).

YA ME VOY A HACER MIS FICS DE SAN VALENTIN, LO PROMETO.