"Munr."

Por B.B. Asmodeus.


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Fandom: How to Train Your Dragon, 1 & 2, Dragons: Riders/Defenders of Berk, Novelas de Cressida Cowell. (Sí, por fin he caído.)

Parejas: Hiccup/Toothless, Tuffnut/Snotlout, Astrid/Camicazi, Ruffnut/Cloudjumper, y Eret/Stormfly.

Rating: Mature.

Categorías: Romance, Humor, Drama, Suspenso, Temas Espirituales, Hurt/Comfort, Semi-Fusión con los Libros, Acción/Aventura. Lemon. Uso de mitología y lenguaje Nórdico.

Sinopsis: Post-HTTYD 2. Justo cuando Hiccup y Astrid están a punto de contraer nupcias, un ritual de una vieja espiritista vikinga expone una dura realidad a la pareja—el alma de Hiccup ya le pertenece a alguien más. Sin embargo, el aceptar Hiccup este hecho, tan sólo será el inicio de su nueva aventura.

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XVIII.

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"Cuando estoy sola contigo, me haces sentir."

-Lissie.

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Tuffnut era el único Thorston en la sala de la choza, aborreciendo los ronquidos de su hermana. En su regazo, la cabeza de Belch resoplaba entre profundos sueños, acurrucado y disfrutando de sus últimos momentos con su jinete. Barf también recibía masajeos ocasionales, murmurando entre colmillos puntiagudos, sobre el colchón que Ruffnut había rellenado de plumas de ganso, especialmente para él.

Cuando los urgentes golpes hacia su recibidor lo rompieron de su trance, su casco se resbaló de su cabeza. Gruñó en sobresalto, intercalando miradas con los enormes ojos amarillos del Zippleback.

Los golpes se repitieron, más escandalosos que antes. Tuffnut no tuvo alternativa más que levantarse, temiendo que su padre despertara. ¿Estarían bajo ataque, o qué?

No había esperado a Snotlout del otro lado. Mucho menos desaliñado, en su blusón de dormir, y sin su casco.

"¿Qué? ¿Qué sucedió? ¿Por qué esa cara?"

Snotlout le empujó, omiso a sus preguntas, para insertarse a la residencia Thorston. Fue curioso que el chico escogiera el rincón más lejano para pegarse a la pared, su mirada en la pira. Tuffnut cerró la puerta. Contempló con alerta el estado bizarro de Snotlout. Comenzó a acercársele lentamente, sus manos realzadas. "¿Snotlout?"

"No sabía a donde más ir."

Tuffnut frunció su ceño. Snotlout nunca se permitía lucir tan perturbado frente a otros. Lo preocupó al instante. "Nah. Está bien. No estaba durmiendo."

"Estuviste allí conmigo, por eso… Estuviste ahí." Los puños del muchacho se flexionaron ante sus propios ojos, desnudando sus palmas. Tuffnut tuvo el presentimiento de que el vikingo estaba mirando algo más en ellas, algo invisible para el mellizo. "Tuffnut, creo que regresé averiado."

Una broma lo primero que quiso venir a su lengua, pero Tuffnut se frenó justo a tiempo. "¿Por qué dirías algo así?"

Snotlout talló su rostro. "Porque he estado perdiendo la razón desde que desperté. Ni importa si estoy despierto o dormido, ¡no me deja en paz!"

"¿Quién? ¿Quién no te deja en paz?"

"Deja de preguntarme, y tal vez así puedas averiguarlo." El rezongo fue más del estilo de Snotlout. Tuffnut roló sus ojos, pero le invitó a continuar con cejas expectantes. Snotlout respiró profundamente. "Es la sangre de Seadragonus que Dagur me hizo ingerir, estoy seguro… Era plateada, ¿sabes? Ahora, todo lo que veo es plata." El lomo del muchacho se resbaló por la pared hasta que su trasero tocó el piso. "Puedo estar despierto, y de repente una estúpida neblina llega a mi mente, y ya no puedo ver más."

Tuffnut rascó su mentón, totalmente atónito. No creyó tener las capacidades para lidiar con Snotlout en crisis existencial. Esa área era más de Hiccup. Con pies descalzos, caminó hasta Snotlout, acomodándose a su costado cuando no hubo objeción. Procuró dar la cara en dirección opuesta a vikingo, puesto que Snot' fácilmente podría sentirse acorralado.

Snotlout agachó su rostro hasta tenerlo entre sus propias palmas. Cuando habló, fue con voz distorsionada. "Soñé que mataba a Hiccup."

"Vamos, ¿quién no?"

"Pero, no era yo-yo… ni tampoco nuestro Hiccup. Era otro Hiccup… y… mi espada… Por Thor, ¿qué estupideces estoy diciendo?"

Tuffnut se arrastró un poco más. "Así que fue una pesadilla. No es algo fuera de lo normal. Todos las tenemos. Una vez soñé que Barf—"

"No son sueños o pesadillas. Eso lo sé. Vi lo que Hiccup nos acababa de contar en su estúpida junta. Sobre el asesinato de Hiccup II." Ojos añiles se asomaron de entre dedos entrelazados. Snotlout buscó por el rostro de Tuffnut por su propia cuenta. "Vi como Grimbeard atravesó el corazón de su hijo usando mi espada."

"¿Tu espada? ¿Tu nueva espada?"

Fue el momento para que el temperamento explosivo de Snotlout hiciera aparición. "¡Sí, sí, esa maldita espada del demonio que no volveré a tocar!" El vikingo se puso de pie para saltar hasta el otro lado de la sala. Tuffnut no lo persiguió.

Estaba hartándose de estar persiguiendo a Snotlout.

"¡Lo vi todo! ¿Qué tan loco es eso? Lo vi con lujo de detalles. Lo sentí como si hubiera sido yo el partido a la mitad—Sé que no fue un sueño, ¡de eso sí estoy seguro!"

"¡Shhhh!" Tuffnut colocó su dedo frente a sus labios. "Mi papá está dormido, ¿quieres que nos degollé? Cálmate, Snot'."

El regañado bufó por sus narizotas justo como su Nightmare. Dio unas cuantas vueltas por la sala, y Tuffnut estuvo agradecido de los pies desnudos del chico, evitando estruendos que levantarían a Tuffnut I como resorte.

Finalmente, Jorgenson retornó a su punto de inicio por sí solo, dejándose caer a lado de Tuffnut tras la zanja que dejó en su piso. "… ¿Me crees?"

"Mmm." Tuffnut recargó su cabeza sobre la pared. Cruzó sus piernas y descansó sus manos unidas sobre su regazo. Sintió la mirada de Snotlout posarse sobre él. "Veamos, ¿qué sí creo que estás teniendo visiones raras de tus antepasados, por culpa de la sangre de dragón que Dagur te hizo probar?"

"Bueno, cuando lo pones de esa forma—"

"Te creo."

Cuando Tuffnut giró su rostro en dirección del otro, se encontró con un mentón semi-abierto y alivio filtrándose por el perfil de Snotlout. Tuffnut sonrió. "¿Qué? Nos han sucedido cosas aún más extrañas. Después de ver esferas mágicas salir de Hiccup y Toothless, todo es posible a estas alturas."

Snotlout masticó aquella fresca perspectiva con ojos saltones y brazos cruzados. "Huh."

La fogata crujió. Ruffnut berreó entre ronquidos. Barf y Belch gorgorearon.

"También veo un trono. Un trono abandonado. Desde que volvimos a Berk, no he parado de soñarlo. No tenía idea de quien podría ser… hasta esta noche."

Tuffnut torció su nariz. "¿Piensas que es el trono de Grimbeard El Gastly?"

Snotlout achicó sus ojos sospechosamente. "¿Siempre has sido tan listo?"

"Ah, sip. Así nací." Tuffnut levantó su mentón. "Que sirva para dejar en claro quién de los dos mellizos es el más inteligente, Jorgenson."

Snotlout sonrió hasta que sus dientes se aparecieron. Las telarañas de sus pesadillas no indicaron tener tanta influencia en él. "Mm. Si tan sólo lo hubiera sabido antes…"

Por una razón desconocida, el corazón de Tuffnut dio una voltereta.

Maldito idiota.

Tuffnut carraspeó su garganta. "Mejor deberías hablar con Hiccup. Puede que yo sea increíblemente listo, ¿pero espadas embrujadas? Son más del callejón de Hiccup o Fishlegs. O quizás hasta Gothi pueda tener algún remedio…"

"Nah." La sonrisa de Snotlout se minimizó a una suave curva de labios. "Vine justo con la persona que necesitaba."


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El festín en Honor a los Caídos perduraba vivo hasta la profunda madrugada. Sólo los valientes podían admirarse en asistencia, celebrando por la vida cuando la muerte había tocado en sus corazones. Los vikingos habían dicho adiós, pero ahora la hora de celebrar la bienvenida que Odín les daría a sus hermanos y hermanas en el Valhalla.

O al menos, ese fue el sentimiento que Bertha comunicó en sus discursos infectados de ale y tónicos medicinales.

"Rayos de Thor, ¡amo esa canción!" La mujer marcó su entusiasmo en un golpe de su tarro sobre la mesa. A tan sólo dos lugares después de la Jefa Bog-Burglar, Hiccup despertó de su ligera siesta con el sorpresivo escándalo, y Camicazi escupió parte de su ale al verlo saltar como becerro asustado. Se carcajeó con un ánimo restaurado, invitando a Valka y al resto de los invitados a reírse junto con ella. "¡Deseo bailar con un vikingo de verdadero aguante! ¿A dónde se fue aquel joven de brazos anchos y tenor encantador?"

Hiccup estaba en pleno catapultaje de uvas en contra de Camicazi, cuando se dio cuenta que la pregunta se le había sido dirigida a él. "¿Ah? Oh, ¿se refiere a Eret, Jefa Bertha?"

Su borrachina madre asintió. "¡Ese mismo! ¿En dónde se ha metido?"

La respuesta provino de Tantrum, quien recién llegaba con nuevos tarros de ale para todos. "Me temo que se encuentra en lista de espera, Bertha. Alguien más ya lo está ocupando."

Cualquier decepción que Bertha hubiera podido sentir se desvaneció en cuanto miró a la pelirroja. "Ah, Tantrum." Una sonrisa de honesto placer hizo resaltar las mejillas coloradas de su madre. Camicazi observó el cariño con el que la mujer acogió una mano de la Princesa. "Soy tan feliz de que ustedes dos hayan logrado encontrar su camino de regreso."

Oh, no. Camicazi tosió ale por sus narices. Los estúpidos dientes malformados de Hiccup se abrieron en completo deleite, ante el desastre que se aproximada.

"Ah, mamá—"

"Nunca perdí la esperanza de que una reconciliación fuera a ser posible. Sé que Camicazi suele ser tan cabeza dura—"

"MAMÁ—"

"No podría pedir por una mejor cuñada." Y para cerrar el contrario demoniaco, Bertha besó los nudillos de la Princesa Uglithug.

Camicazi botó de su silla, la corrección a mitad de camino de su boca—sin embargo, nunca esperó que Tantrum se le adelantara.

"Bertha." La mujer tomó la mano de Bertha, retirándola de su persona con educación. "Está equivocada. Camicazi y yo permanecemos como hermanas de guerra. Siempre lo seremos." Epicúreos hombros subieron y bajaron en neutra concesión. "Sin embargo, hasta allí yacen los límites de nuestra afiliación."

Bertha parpadeó. Su ceño rubio se arrugó en absorción de lo dicho. Cuando su mirada se clavó en su hija, Camicazi asintió, reafirmando lo dicho. Bertha achicó sus labios en una mueca poco grata. Sin palabras continuó con el contenido su tarro, su desaprobación palpable en la atmosfera.

Hiccup no cesaba de voltear hacia cualquier otra dirección que no lo involucrara a su mesa, y la llegada de su Night Fury fue la distracción perfecta. ¡Oh, pero que lástima Toothless no luciera en humor de coquetear! Desinflado por ser mandando al carajo en favor de una larga siesta, Hiccup no tuvo otra opción más que otorgar devotas caricias a la cabeza acurrucada a los pies de su asiento.

"Aun así, pusiste tu armada a los pies de mi tribu. ¿Cuál es tu motivación para hacer esto, entonces, Princesa?"

Camicazi giró hacia su madre en imprevista suspicacia. Todo rastro jovial de Bertha había disminuido a cortés apreciación. Tantrum había estado por tomar asiento al lado opuesto de la Jefa, cuando la pregunta la hizo parpadear como gorrión.

"Mi alianza con su tribu permanece intacta, Jefa Berta, eso nunca cambiará." Gruesas pestañas rizadas descendieron en contemplación. Cuando aquellos azul-violetas se alzaron en directa conexión con los suyos, emoción tenue brilló en ellos. "Camicazi siempre será mi hermana valquiria. Si me necesita, allí estaré… Siempre."

Algo que Tantrum no era, para la decepción de su padre, era mentirosa.

Camicazi liberó un suspiro estremecedor, aquellos hilos de sentimiento de antaño removiéndose entre su pecho. Tantrum tenía razón, claro. Si los roles estuvieran invertidos, Camicazi sería la vikinga ofreciendo apoyo. Las circunstancias de su separación no importarían. Levantó su tarro de licor en honor, y en profundo agradecimiento, ladeando su cabeza en dirección de la Princesa.

Bertha resopló por su boca, tomando turnos en observar a su hija y a Tantrum. "Probablemente este sería mi momento de mencionar algo involucrado con fuego y cenizas. Sin embargo, tengo miedo de que Camicazi disloque la rodilla buena que me queda por debajo de la mesa." Todo lo que tenía que ver con Bertha era de grandes proporciones. No había quietud con ella. Su tarro golpeó la mesa, su silla tronó al ser despojada como choza vieja, y el eructo que escapó de su boca, silenció la música del festín. "Sólo queda decir que mi baile con Grandote Eret será en otra noche, preferiblemente cuando tenga la cabeza de Dagur como copa para continuar festejando. Por ahora, me retiro. Sospecho que mirar triple es mi señal para—" Otro eructo. "—irme a dormir."

Camicazi rascó parte de su cabeza, exasperación mezclándose con alivio. Su madre había tomado suficiente para desmayar a un oso, pero mañana Camicazi la querría ver. Su cuerpo aún no se recuperaba al completo, y éste se vengaría, más temprano que tarde. "Iré con ella."

La mano de Valka la serenó. "Yo lo haré, Princesa. Es tarde, y también debería irme a descansar. Me encargaré de que Bertha llegue a salvo a la choza de mi hijo."

Era gracioso, Camicazi continuaba olvidando la existencia de la madre de Hiccup. Todavía le costaba acostumbrarse a ver a la mujer en el lugar de Stoick. Ni siquiera había chismeado con Hiccup al respecto. "Gracias." Gruñó, por el rabo de su ojo captando a Tantrum ocupando el asiento que Bertha había desocupado.

"Deberíamos hablar sobre nuestra estrategia." Salió de Tantrum, en cuanto quedaron a solas.

"¿Estrategia?"

"Zarpamos en cuatro días, y no hemos hablado al respecto." Tantrum apuntó hacia Hiccup. "Todos los Comandantes están aquí. Aprovechemos la oportunidad."

Camicazi delineó la apertura de su tarro. "Hiccup no vendrá con nosotros."

Tantrum alzó sus cejas. Cuando se tornó al Hairy Hooligan en persona, Hiccup estiró sus piernas sobre la mesa, ahora que no estaba Valka para regañarlo. "Tengo… otra misión que necesitaré ejecutar primero. Los alcanzaremos después."

"Más te vale." Camicazi reiteró, con un trago dulcificando su amenaza.

"Oh, bien." Tantrum aceptó el nuevo descubrimiento mejor de lo esperado. "Entonces, con mayor razón, necesitaré tu opinión Hiccup."

"¿En serio?"

"Claro." Tantrum declaró con una obviedad que no era tan obvia, excepto a sus ojos. La pirata dejó su ale a un lado. "Verás… Necesito escoger tres Comandantes para mi armada. En un tipo de ataque como este, me parece prudente que el comando se divida entre las tres tribus. Inspirará confianza entre las tropas."

Hiccup y Camicazi se miraron a través de los lados puestos de la mesa. Hiccup se encogió de hombro. "Suena justo. Pero, todavía no me queda claro…"

"Necesitaré una recomendación tuya, Hiccup. Supongo que tus jinetes se harán cargo del ataque aéreo, ¿cierto? No tengo objeción al respecto, pero aun así, se necesitará uno de los tuyos en tierra firme, peleando con nosotros. En lo personal, a lo que he observado, pensaría que la Señorita Hofferson—"

"¿Astrid?"

"¿Para qué?"

Tantrum pausó en pleno discurso, sus ojos danzando en direcciones opuestas. Luego, la doncella tomó aire, dirigiéndose hacia la persona que había hablado al último. "Estoy al tanto de que la Hairy Hooligan ha sido la Segunda en Comando de Hiccup por un tiempo ya, Camicazi. ¿Por qué su posición debería cambiar en esta batalla? Estoy segura que está preparada."

Camicazi apretó el puente de su nariz, repitiéndose no-reacciones-no-reacciones-no reacciones. No había manera de que la mención de Astrid fuera tan casual como Tantrum había querido representar.

Tantrum… sabía.

¿Cómo? Sólo Thor lo sabía. Pero, la mujer ya estaba enterada más de lo que Camicazi hubiera deseado.

"Bueno…" Hiccup fue el primero en recuperarse de la sorpresa. Con sus usuales manerismos extraños, el muchacho vistió distintos mohines de curiosidad. "No puedo negar los hechos." Risa nerviosa se coló por sus dientes chuecos. "Astrid… efectivamente ha demostrado ser una Segunda en Comando eficiente. Más que eficiente, me atrevo a decir." Hiccup torturó las cutículas de sus dedos mientras las palabras salían de su boca. "Sin embargo, ella no sería mi única elección. Mi primo, Snotlout Jorgenson, también cuenta con experiencia en batalla que compite la de Astrid. Es un buen estratega, un vikingo valiente, y capaz de liderar cualquier ataque, venga del aire o de la tierra firme."

Camicazi peló sus ojos.

Hiccup rio. "¿Qué? ¿Me lo vas a negar? ¡Acabas de entrenar con él, Camicazi!"

"Oh, sí, no lo he olvidado. No niego que no sea verdad… Sólo que nunca esperé que algún día llegaras a admitirlo en voz alta."

Las risas de Hiccup se ablandaron a una de aquellas sonrisas juveniles que habían sacado varios suspiros de Hofferson, pecas resaltando por el rubor de sus mejillas. "Ni yo."

Tantrum intervino, de nuevo. "Entonces. ¿El Señor Jorgenson será el elegido?"

"Nominaría a Tuffnut Thorston también, pero el mellizo me acompañará en mi misión. Tiene la mente fría que a Ruffnut todavía le falta desarrollar. Fishlegs está fuera de la lista por default. Eh, liderar no es lo suyo, a menos que no haya otra alternativa. Eret—Ups, me llevaré a ese también, heh. Mmmm… sip, regresamos a Astrid y a Snotlout. Elija el que quiera, Princesa. Aunque, le recomendaría hablar con ellos personalmente, antes de tomar una decisión."

"¿Qué hay de tu madre?" Camicazi se estaba aburriendo rápidamente con la conversación. Dejó caer su cabeza sobre el respaldo de su silla con completo desdén. "Pensé que se haría cargo del ataque en el aire."

"Ella le hará compañía a tu madre en mi nave." Tantrum usurpó a Hiccup. "Bertha y Valka serán apoyo de respaldo. Permanecerán ocultas, según tengo entendido."

-Stoick no haría eso. El pensamiento surgió, y no lo pudo barrer de su consciencia. Camicazi mordió su labio. No dejaba de ser verdad. Stoick El Vasto siempre había enfrentado a sus enemigos puño contra cara. "Ahí está tu estrategia, entonces. ¿Contenta?" Tomó una de las nueces ya semi-destrozadas que Valka había dejado en la mesa, y la dejó caer a su garganta, masticando escandalosamente su premio. Tantrum hizo una de sus tantas malas caras, al ver su falta de modales.

"Deberías tomar esto más seriamente, Camicazi."

La rubia rodó sus ojos en blanco. "Y tú deberías de dejar de hacer planes. Pensé que ya habías aprendido, que cuando la muerte viene por ti, Odín se limpia el trasero con tus planes."

Tantrum no respondió. Tensión hizo un grandioso regreso. Hiccup frunció su ceño en reproche, y hasta se atrevió a juzgarla con su mirada aguafiestas. Camicazi sacó su lengua, no pudiendo creer que Hiccup saliera a la defensa de Tantrum. ¡Ni siquiera le agradaba!

"A mí me gustan los planes." Fue lo que salió del tonto. Cuando Tantrum volteó hacia él, confundida, Hiccup trató de animarla con otra boba sonrisa. "Puede que Cami-Bruta tenga razón, y que algunos fenómenos sean inevitables, pero yo no creo que esa sea excusa para que nos sorprendan con los pantalones abajo."

Camicazi golpeó una nuez con su puño. "Linda analogía."

Hiccup talló uno de sus ojos. "Tal vez si no estuviéramos a dos horas del amanecer y con menos ale en mí, podría sacar algo más profundo de mi cabeza… Oh, Princesa, ¿se retira?"

Tantrum estiró una mano para frenar el intento de Hiccup por seguir protocolo ante la despedida de una Princesa. "Me ha recordado de las clases de esgrima de las que estaré a cargo mañana—quiero decir, hoy." Sacudiendo las curvas de su vestido prestigioso, Tantrum evitó conectar mas miradas con ambos vikingos. "Disfruten del resto de la fiesta."

Cuando la mujer los desertó, hubo un momento de silencio. Luego, el dedo estirado de Hiccup lo arruinó.

"¡Ve tras ella!"

"¿Para qué?"

"Para disculparte. Dioses, Camicazi, ¿qué pasa contigo? ¡Hasta yo puedo admitir que la mujer no se merecía tu actitud! Ve. Tras. Ella."

Odiaba admitir que Hiccup estuviera la razón. Pero, el remordimiento ya había comenzado a invadirla desde el momento que había visto el cuerpo de Tantrum girarse en retirada. No hacía unos momentos, habían estado festejando su alianza, y con tan sólo una frase, Camicazi había embarrado mierda de caballo por la buena atmósfera. No sabía por qué, pero con el tiempo, aquel talento se había convertido en una especialidad suya. "No es mi culpa que sea tan sensible."

Hiccup únicamente continuó juzgándola con su mirada.

"¡Agh! ¡Como quieras! ¡Pero no lo estoy haciendo por tus sermones, Haddock!"

"Miéntete todo lo que quieras, sólo discúlpate. Bruta."

El impertinente se mereció el bofetón en su cabezota. "Vuelve a tu siesta abadejo. Acurrúcate junto a tu querido dragón como haz querido hacerlo todo la noche."

Tantrum no fue difícil de encontrar. Había sido interceptada por un ebrio Fishlegs, quien no hacia otra cosa más que recitar poesía sin sentido a la perturbada mujer.

"—no que las rosas no pudieran ser rojas, pero el punto es que ninguna flor podría rivalizar con su cabello."

"Que dulce de su parte, Señor Ingerman, pero…"

Camicazi aprovechó la canción que recién habían comenzado con tambores y flautas. Escurrió una mano por el antebrazo de Tantrum, llevándosela lejos del enamoradizo vikingo, y justo al corazón de la pista de baile. Fue la colisión de cuerpos que Camicazi había estado temiendo, y la cercanía que Tantrum había estado pidiendo con sus profundos ojos violetas.

"Esta es la parte donde me disculpo por mi bocota."

Tantrum elevó su rostro del suelo. Fue fría con su ira, pero simultáneamente, llameante con un mosaico de emociones. "Los Dioses son unos desalmados al hacerme amar a alguien tan egoísta como tú."

Camicazi permaneció callada.

"Desconozco como funcionas, Camicazi. Desconozco cómo pudiste amarme un día, y dejar de hacerlo, al siguiente. Ha transcurrido más de un año desde la última vez que te vi, y aun así… Estoy aquí, respirando frente a ti… y todavía ardo por ti. Mis adentros se queman por ti." Aquellos bellos ojos se cristalizaron. "¿En serio, tú no? ¿En serio no ardes por mí en igual forma? ¿Ni siquiera, un poco?"

Camicazi manipuló su mano hasta tener el mentón de Tantrum capturado. "Una parte de mí siempre arderá por ti, Tantrum. Mis manos, siempre tendrán curiosidad por tocarte. Mis labios, siempre se lamerán en nostalgia, recordando tu sabor… ¿Pero, amor? Ese es otro asunto. Siempre fue otro asunto, ajeno a nosotras."

Cuando la primera lagrima cayó, trazo su camino tan rápido, que culminó en las yemas de Camicazi. "¿Crees amar a esa chiquilla?"

"No sé lo que es amar." No había mujer u hombre en esta tierra que no se arrojara a los lobos en honor a aquel sentimiento. Sin embargo, lo más cercano que Camicazi podía comparar a la experiencia, era una obsesión. "No sé si… pueda. O que lo tenga en mí, Tantrum… No sé."

Tantrum se zafó de sus manos. "Hofferson no sabe en el duelo que se está involucrando. Nada la preparará para tu inmadurez."

Camicazi recorrió su dentadura frontal con la punta de sus dientes, pensando seriamente en la acusación. "Ese es el detalle con Astrid: le das batalla, ella te la devuelve."


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Valka tomó la mano de Ruffnut. "Tranquila. Es un ejercicio de confianza, recuerda. No permitiré que salgas lastimada."

"Si no hay chipote con sangre, no es divertido." La venda imposibilitando su visión no derribó el buen humor de la chica, y Valka sonrió. Definitivamente su espíritu había mejorado desde el fracaso del día anterior.

Cloudjumper atendió al llamado por su atención. Sin embargo, aprovechando que Ruffnut no podía verlos, Valka hizo muecas que claramente comunicaron un COOPERA O CUELLO. Cloudjumper se limitó a gruñir. "Toma cinco pasos hacia el frente, Ruffnut. Lentamente, no te preocupes. Así, muy bien. Al quinto paso, quiero que te relajes. Soltaré tu mano, pero será por un periodo de tiempo tan breve que no lo percibirás. No temas, no te caerás."

"Uuuh, de acuerdo…"

Valka alzó sutilmente la unión de su mano con la de la chica. Justo como lo habían planeado, una de las alas superiores de Cloudjumper se dirigió hacia la mancuerna, de manera que la garra superior de su apéndice voladora, reemplazara la mano de Valka rápidamente. Cuando se hizo el intercambio, nada indicó que Ruffnut se hubiera percatado. "Excelente, Ruffnut." Valka guiñó su ojo derecha al dragón, manos en la cintura. "Permanece en esa posición por un momento. Blanquea tu mente. Concéntrate en los sentidos que no tienes privados."

Valka estaba consciente de que a esa edad, blanquear su mente era tan difícil como pedirle a Hiccup no subirse a un dragón. La juventud tenía tantas desventajas como ventajas. La madre de Ruffnut, además, sólo había podido heredar atributos predispuestos al movimiento, a la búsqueda por caos y ataque. Durante su adolescencia, Valka nunca hubiera imaginado tener algo en común con la prometida de Tuffnut I…

Sacudió su cabeza. No era el momento para divagar. "Dime qué sientes bajo tus dedos, Ruffnut."

"Eeeeh. Pues…" Las yemas de la joven exploraron el apéndice esponjoso. Valka sonrió cuando las otras alas de Cloudjumper parecieron estremecerse. "… tiene manos muy secas, Jefa."

Silencio.

Cloudjumper nunca se había mostrado más ofendido. Valka tapó su boca para guardarse sus risillas. "Está bien. ¿Qué más?"

El rostro cubierto de Ruffnut se tornó en dirección del dragón, sin saberlo. Cloudjumper no necesitó ser ordenado esta vez. Por su cuenta, fue acercando su cabeza hacia la rubia. "Su mano es demasiado dura... y, ¡oh!" los dedos de Rufnut descubrieron el doblez del gancho de piel carmín a si disposición. "No es su mano, ¿verdad?"

"No te tenses, Ruff—¿Puedo llamarte Ruff?—Bien. No te preocupes, vas bien. Cloudjumper no tiene problema con que estés contacto con él, ¿cierto?" Una cadena de renuentes gorgoteos la respaldaron. "Respira hondo. Relájate."

"¿Estoy apretándote, Señor X? Porque—"

"No lo estás haciendo, Ruffnut. No te preocupes." Cuando Cloudjumper mostró estar paralizado por las constantes caricias a su ancla rojiza, Valka suspiró. "Que no te importe. Cloudjumper no es ningún dragón delicado. Es diez veces más resistente que cualquier vikingo. Sujétate bien. Lo más importante de esta lección está por suceder."

Ruffnut la buscó a ciegas, guiándose por la dirección de su voz. Valka apretó uno de sus hombros en apoyo. "No aprendí de la noche a la mañana a volar con él. Nadie nace experto, Ruff. Esto es lo que pasará: Cloudjumper te levantará lentamente con su ala, pero tienes que confiar en que te atrapará."

"Más bien en que no me dejará caer, ¿no?"

Valka intercaló mirada con el dragón que la había invitado a dejar vida de vikinga, años atrás. "No, Ruffnut. Caer es necesario en la vida. Es con las caídas que conocemos de lo que realmente estamos hechos."

A una lenta cuenta regresiva, el Stormcutter fue elevando su ala, una vez que Ruffnut se sujetó con más seguridad de su gancho. Cuando el piso dejó de apoyarla, las piernas de la chica patalearon en primera reacción. Sus brazos se flexionaron hasta que musculo compacto brotó de ellos. Valka observó a su dragón con detenimiento.

-Nunca pensé que viviría para ver esto. Cloudjumper solía ser una criatura tan independiente, tan privada… Raramente solía poner de su parte a la hora de crear nuevos lazos de amistad. Si Hiccup y Toothless no fueran literalmente, parte de su familia, Valka dudaba que el Stormcutter se permitiera sacrificar tanto de su tiempo para el beneficio personal del Alfa y su jinete. Valka todavía recordaba la promesa que había extraído de su fiel compañero, antes de la huida a Berserk.

"Cloudjumper ya ha salvado tu vida con anterioridad. No deberías dudar de que lo hará otra vez." Valka indicó desde su posición inferior al cuerpo flotante de la vikinga. Cuando se dirigió a la fuente de soporte de la joven, Valka tronó sus dedos para conseguir la atención del dragón. "Lo mismo contigo, Cloud'. Fue tu idea auxiliar a la Señorita Thorston de esta manera. Ella no será una réplica de mi persona, y no puedes esperar lo mismo. Ruffnut hará su mejor esfuerzo para no pisar tu cola, o jalar tus bigotes… Pero, cada jinete es diferente. Cuando ella aprenda a domarte, lo hará bajo sus propios términos. Bajo sus propias reglas. Deberás respetarlas."

El Stormcutter no dio impresión positiva al respecto. Le estaba costando amoldarse a otra persona, y Valka sabía que tanto. Sus ojos amarillos parpadearon sin sincronía, y su cabeza se sacudió en asimilación de lo dicho.

Aun así, cuando el consentimiento se materializó en voz y encías desnudas, Valka no dudó de la persistencia del dragón.

"Trataré."

Justo como Valka había explicado antes de comenzar la lección, justo cuando Ruffnut estuvo en sus límites, el ala inferior de Cloudjumper se extendió en salvavidas, colocándose debajo del cuerpecillo a su cargo, amortiguando.

"A la cuenta de tres, Ruffnut, deberás hacer lo que te estoy por ordenar. No debes dudar. Nunca debes dudar de lo que un dragón hará por alguien. ¿De acuerdo?"

Ruffnut resopló por sus narices, pero asintió con un gemido resignado. "Mmmh-hmm."

"Bien. Comenzaré. Uno…"

El cuerpo de la vikinga había comenzado a aflojarse, ya fuera de manera intencional o por instinto. Sus piernas fueron hojas sueltas al viento, mientras que su cabeza se permitió colgar ligeramente de su cuello.

"Dos."

Cloudjumper tenía a la joven como foco de atención. No se distrajo, aun con los sonidos de otros vikingos llegando a la arena.

"Tres."

Valka sonrió. "Suéltate, Ruffnut. Suéltate ya."

Ruffnut lo hizo.

La figura esbelta cayó en momentánea picada, sus extremidades suavizadas en rendición—fue acogida de inmediato, envuelta en cuero traslucido, una malla que aprenderá a protegerla de fuego, hielo o acero, a su debido tiempo.

Cloudjumper ladeó su ala, y Ruffnut rompió en risillas divertidas cuando fue resbalada de regreso al piso, justo de pie, como si no hubiera sucedido nada de lo anterior.

"Puedes retirar tu venda."

Cuando fue obedecida, Ruffnut estaba sonriendo, su boca ladeada hacia un extremo. Su mirada estaba clavada en Cloudjumper, y la acción estaba siendo replicada. El ala del Stormcutter no se alejó, todavía acariciando las espaldas de la rubia en continua vigilancia. Cuando Ruffnut se dejó caer por voluntad propia en segunda ocasión, ni el dragón o Valka lo esperaron.

"¡Woo-hoo! ¡Eso fue divertido, Cloud'!"

Valka miró la larga barbilla coloreada de azul de Cloudjumper ondularse en mímica al alegre veredicto de la joven: una sonrisa. Suavizó la ansiedad que Valka había estado guardando, al presenciar el potencial de lo que humana y dragón podrían explotar, una vez que los obstáculos emocionales fueran superados por completo.

"Excelente. Buen trabajo. Ahora…" Valka giró hacia sus alrededor, decidiendo que ya era hora para dar el segundo paso a su lección de hoy. La arena estaba llenándose de vikingos en entrenamiento, y necesitarían paz y tranquilidad. "Ahora, mis queridos pupilos, veremos que tan bien podemos volar los tres fuera de aquí."

Las risillas y los gorgoteos embelesados se congelaron. Cuatro ojos incrédulos se tornaron hacia ella.

Ruffnut tragó saliva. "Algo me dice que debí de haber hecho ese arnés tamaño jumbo, después de todo."


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Hiccup no quería despedidas.

Era mejor así, de forma tan imperceptible como la ocasión anterior, cuando habían tenido que escurrirse de Valka y sus condiciones.

Eret decía que estaban listos. Alvin estaba listo.

Acarició la piel que Toothless no podía dejar de rascar. Aplicó el aceite que Gothi le había recomendado. Toothless suspiró con enorme alivio. "Deja de rascarte tanto, ¿quieres? Ya tiene una marca, tontín."

No puedo evitarlo!"

Hiccup agregó algo de sus propias habilidades, trayendo más alivio a las escamas irritadas de su Night Fury. "Esto ayudará, Tooth.' No te preocupes." Cuando el cuello del dragón se estiró sin impedimentos, Hiccup embarró más aceite en sus palmas, cubriendo el pecho en entero. No les convendría que la comezón distrajera a Toothless en pleno vuelo. "Cuando regresemos tendremos que checarte esta sarna tuya si es que continua."

Toothless le dio un colazo en el trasero. "¿Sarna, yo?"

"¿Interrumpo?" Y Eret sonaba a que realmente, no quería estar interrumpiéndolos. "¿Qué es ese olor?"

"Extracto de jazmín." Hiccup inhaló de la botella en risueño sobreactuado. "Sólo lo mejor para mi dragón."

Eret se ocupó de terminar de cargar a su Skullcrusher. "Par de raros."

"Con eso será suficiente." Hiccup se secó las manos con el mismo lomo de su Munr, causándole cosquillas. Una buena ronda de lamidas le prosiguieron, las protestas de Hiccup perdiéndose entre sus propias risas. Cuando la tortura acabó, Eret saltó lejos de la pareja para evitar residuos de baba.

Ninguno había esperado la llegada sorpresiva de una Deadly Nadder al establo de dragones.

Con paja revuelta en su cabeza, y saliva tóxica en su cara, Hiccup se reincorporó justo a tiempo para ver algo… totalmente espectacular.

"¿'Fly? ¿Andas buscando a Astrid?" Eret le recibió a la dragona de vibrantes tonos con una sonrisa, y una mano extendida sobre su trompa. "Está afilando sus hachas en el taller, pequeña traviesa."

Hiccup parpadeó.

Y parpadeó.

Y parpadeó.

El panorama no cambió.

Stormfly cerró sus orbitas, ondulándose contra la mano del hombre, sin titubeo alguno. "Supe que te Ibas."

Eret aún no aprendía el idioma de los dragones, así que la confesión no fue más que un ronroneo para él. Hiccup sintió un nudo en su garganta.

"Oye, ¿qué pasa? ¿Estás bien?" Eret levantó el mentón cabizbajo de la Nadder con gentileza—ingenuo, inocente, ciego.

"Vino a despedirse." Hiccup se obligó a traducir. "Está afligida por no ir contigo en esta misión."

Eret torció de perfil hacia el jinete, sus cejas morenas frunciéndose. "Oh."

Hiccup retrocedió hasta que Toothless estuviera a su alcance. "No estoy seguro de lo que estoy… viendo."

Toothless achicó su mirada, pupilas minimizadas. Agachó su rostro y orejas, para continuar en susurros. "Yo Sí."

Diablos. Por todos y cada uno de los demonios. ¿Cómo era posible? "Pero…" ¿Por qué no se había enterado de esto, con anterioridad? Hiccup sabía que Eret y Stormfly no estaban involucrados en algo más allá de simple amistad. Eret ni siquiera estaba enterado todavía de la relación existente entre Hiccup y Toothless. "¿Sabías…?"

"Primera vez que los veo Juntos."

Y Eret había estado en el otro lado del Archipiélago, mientras Hiccup había peleado en Berserk. Si las semillas de este acontecimiento ya habían estado orquestándose en su ausencia, Hiccup no había tenido oportunidad de presenciar los resultados. Justo como Toothless lo había indicado, esta era la primera ocasión que tenía a pirata y a dragona interactuando justo frente a sus ojos.

La Sál de Stormfly era una mariposa, titiritando con alas de arcoíris, colores cambiando conforme sus sentimientos eran expuestos crudamente ante ellos.

Eret no podía verla, por supuesto. Para él, únicamente piel rugosa fue la que se estremeció bajo sus caricias. "Oí que te quedarás a cuidar la villa. Está bien que le hagas compañía a tu pequeña, Stormfly."

"Entre más deseo volar contigo de nuevo, más lejano se vuelve la oportunidad de hacerlo." Stormfly acurrucó su hocico por todo el pecho de Eret, el anhelo en sus gruñidos siendo algo papable en la atmósfera. Eret no pudo comprender la extensión de lo que la Nadder quería comunicarle. Fue un sordo.

-No. Hiccup se corrigió. –Ni tan sordo. Podía ser que físicamente, Eret manifestara neutralidad ante el llamado del alma de Stormfly.

Espiritualmente, sin embargo, el llamado estaba siendo recibido, captando, e inútilmente tratando de ser replicado con su propia Sál. Una Sál que tenía consistencia acuática, transparente entre el escondite de la cueva de su pecho. Apenas se distinguía entre las pieles peludas vistiéndolo, un puño pulsando con resplandor sobrenatural, piando tenuemente versos que Stormfly tampoco podía escuchar.

"Son Munr."

Hiccup respiró hondo. "Y no lo saben."

No era el tiempo adecuado para darle frente a algo como esto. Hiccup tenía que tomar una decisión. Y rápido.

Eret y Stormfly necesitarían Comunión, una vez que se les fuera explicado lo que estaba sucediendo con ellos. Necesitaría lo mismo que Toothless y su persona habían necesitado. Tiempo.

Toothless inclinó su quijada, aceptando en silencio lo que necesitaba hacerse.

Hiccup aclaró su garganta. "Estaremos de regreso entre menos lo esperes, Stormfly. Mientras, eres la Jefa del Pueblo, chica." Con una sonrisa forzada, Hiccup le dio una palmadita al Night Fury, antes de treparse a su arnés. Conectó sus piernas, y le indicó a Eret hacer lo mismo con su dragón. "Prometo que cuidaré bien de tu vikingo preferido."

Con un guiño y una sonrisa, Eret se despidió de su otra mitad, sin saberla ni temerla. Stormfly sacudió sus alas, librándose del conjuro de su cercanía con Eret. Su Sál se desvaneció, pero Hiccup nunca olvidaría el deseo que marcó las alas de aquella mariposa multicolor, queriendo volar hacia Eret pero siendo detenida, ni siquiera a la mitad de su trayectoria.

Hiccup no sabía si sería perdonado, cuando la verdad saliera a la luz. No sabía que les esperaba en el Fuerte Sinister, o en las Isla Bog-Burglar. No sabía con certeza, si su promesa de regresar a Eret sano y salvo, podría ser cumplida. Tantas cosas podían salir mal en plena batalla… Hiccup no tenía ningún derecho de privarles a la pareja de algo que él y su Munr—muy bien—habían gozado.

Aun así… "Es hora de irnos. Tuffnut dijo que nos alcanzaría en los muelles."

Eret lo siguió, con una convicción de la que Hiccup estaba dispuesto a aprovecharse.


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Porque Snotlout había pasado la noche en la choza Thorston—roncando junto con Barf y Belch—cuando Eret había pasado a avisarle a Tuffnut de su temprana retirada de medio día, el muchacho había estado también presente.

Y no se limitó con sus lloriqueos. "Pero—Pero, ¡todavía falta un día más para que se vayan! ¡Ese fue el trato! Hiccup no puede cambiar de parecer, así nomás."

Tuffnut terminó de despedirse del Zippleback. Endureció sus hombros y salió de su hogar con Snotlout pisándole los talones. "Es Hiccup del que hablamos, claro que hace lo que se le da la gana." Ya había sospechado que dejarían Berk antes de lo previsto por medio del inventario de anoche. En lo personal, a Tuffnut no le molestaba. Entre más temprano terminaran con los romanos, más rápido podría unírsele a Ruffnut en las Islas de Camicazi. Lo único que no le sentaba bien en la punta de su estómago era que no había podido hablar con su hermana, antes de marcharse. La chica tendría otro ataque histérico cuando se enterara.

Snotlout lo frenó con una mano sobre el escudo de su antebrazo. "Espera, espera, espera…" Tuffnut alzó sus cejas. "No tengo mis botas."

Tuffnut resopló por su nariz. "Pues ve por ellas."

Snotlout mordió su labio inferior. "No te vayas todavía." Le amenazó con un dedo. "Vayamos a mi choza, así podré darte un aventón junto con Hookfang, ¿de acuerdo? ¡Vamos!"

Cualquier excusa para no caminar hasta los malditos muelles sonaba excelente para los oídos de Tuffnut. Cedió ante los jaloneos de Snotlout. Spitelout no estaba presente, pero cuando acompañó a su amigo a su habitación, la espada causante de las pesadillas de Jorgenson, sí. Tuffnut se colocó frente a ella, casi retándola desde su posición en la silla.

Era… sólo una espada. No podía entender el miedo que causaba.

Snotlout estuvo a punto de salir sin ella, pero Tuffnut lo detuvo en seco. "Llévala contigo. Si es verdad que ha matado, con más razón deberías utilizarla."

El otro vikingo no reaccionó. Tuffnut roló sus ojos. Recogió el arma sin pensarlo dos veces, ignorando los gemidos ridículos de Snotlout. La llevó hasta el chico, ofreciéndola abiertamente. "¿De qué te preocupas tanto? Estará en mejores manos, ahora, ¿no? Ya no matará a nadie sin buena razón."

Un suspiró partió la mandíbula ligeramente cubierta de barba. Snotlout se hizo tonto unos momentos más, pero se resignó a su destino con un refunfuño. Tomó la espada de Tuffnut y la aseguró junto con su cinturón alrededor de su ancha cintura.

Tuffnut hizo un sonido de aprobación. Como fuera, no se podía negar que la espada le quedaba a Snotlout. Encajaban juntos. Y después de ver a Snotlout entrenar con ella, sabía que serían grandiosos en combate. –Tendré que apurarme para poder verlos en acción.

Hookfang tardó en responder a los chiflidos de su jinete, pero justo cuando Tuffnut estaba resignándose a caminar, el Nightmare aterrizó con flameante estilo. El vuelo a los muelles fue hecho en silencio, con Tuffnut mirando el lomo tenso de Snotlout todo el camino.

Hiccup fue el que los recibió, y para variar, no estaba en los mejores humores. "¡Vaya, por fin! ¿Por qué tardaste tanto?"

"No es su culpa que tu estés completamente loco." Snotlout rezongó, en defensa de algo que no le correspondía. "¿Qué demonios, Hiccup? ¿Cuál es la prisa?"

Tuffnut se perdió de la contestación del pelirrojo en favor de saludar a unos cuantos de los soldados de Alvin, que solían disfrutar de sus chistes. Aventó su mochila al drakkar de carga de Eret, y palmeó el lomo duro del acomodado Skullcrusher en simple Hola. Los tres serían los únicos tripulantes.

Se dio la vuelta, cuando escuchó pasos a sus espaldas. "… Buena suerte con cortarle la garganta a Dagur."

Snotlout ajustó su casco. Luego, permaneció en perpetuo silencio. Sus puños se abrían y cerraban. "Buena suerte… con esquivar flechas que se dirijan a tu cara."

-Oh, que buenos tiempos aquellos. Tuffnut sonrió. "Nos vemos, Snotlout." –Por favor, cuídate el trasero.

Viendo que Snotlout no agregaba más, Tuffnut se dio media vuelta y se introdujo al drakar.

Las dos naves de los Exiliados fueron las primeras en zarpar. Su retirada llamaría la atención, pero cuando todos los demás se percataran, ya estarían lejos de Berk. Tuffnut dudaba que fueran a ser perseguidos para ser regañados por Astrid o Ruffnut. Estaban demasiado ocupadas con su propio entrenamiento.

Eret se les unió. Skullcrusher estiró sus alas de escarabajo. Luego, se impulsó a las alturas, las sogas amarradas a su arnés llevándoselos hacia su nueva aventura.

Hiccup voló por sobre ellos, su máscara bien puesta. Fue la señal definitiva de adiós.

Tuffnut se recargó en el dragón esculpido de la parte frontal del barco, observando la silueta de Snotlout, todavía pasmado en la plataforma del muelle, inmóvil.


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Snotlout no había esperado tener otra visión tan pronto, y justo en medio de ver a la mitad de su equipo partir sin él.

Observó a Tuffnut esperando por algo más de su parte, sólo para después suspirar y meterse a su barco. Snotlout había sido paralizado por la neblina, incapaz de actuar de la forma que en verdad quería.

"La historia tiene una rara tendencia a repetirse." La voz que se había adueñado de sus sueños, pesadillas, y ahora realidad, vibró dentro de su cabeza. "Lo viste. Tienes que enmendar el pasado."

Snotlout miró el trono otra vez. Seco de sangre, pero sepultado en algas y en el olvido. Ahora, ya sabía a quién le había pertenecido. "¿Quieres que… encuentre este trono?"

"Sí. Sí-sí-sí."

"No puedo." Snotlout susurró. "No puedo. Es una locura. No tengo ni la más menor idea de donde esté."

"Si no lo haces, nada cambiará. Y la historia tiene una rara tendencia a repetirse."

"¡Ya dijiste esa parte!" Snotlout sostuvo su frente. "Y yo ya te dije que no sé—"

El trono se transformó en un mapa, en una serie de imágenes que cruzaron su mente demasiado rápido. Vi el mar, vio el sol, vio una fortaleza de piedra, vio globos de vigilancia, vio—

—romanos.

"No." Fue su respuesta. "No puedo. Quiero ir con Camicazi. Tengo que volver a ver a ese maldito desgraciado…" Después de haberle reprochado a Hiccup y a Eret su desvinculación de la batalla en honor a las Bog-Burglar, ¿con qué cara Snotlout se atrevería a hacer lo mismo?

"No es tu lugar el de otorgar venganza." La neblina regresó, tan brumosa e inestable como Snotlout se sintió. "Venganza fue la caída de tus antepasados."

De Grimbeard.

Stormblade pareció hipnotizar sus dedos, llamándolo hasta ser empuñada. Snotlout recordó la sangre, los gritos, y la inmensa tristeza de Hiccup II, mientras había cesado de existir.

La niebla se fue, lo dejó tan impredeciblemente como había llegado. Snotlout se reincorporó sin tanta dificultad, ya acostumbrado a sus perturbadores episodios.

Hookfang le empujó con su cabeza hasta casi tumbarlo del muelle. Tan violento con su preocupación como siempre. Snotlout se sujetó de uno de sus cuernos.

Ni siquiera tenía provisiones…

Snotlout conectó miradas con su dragón. Su puño permanecía en Stormblade.

-Mentiroso. Ahora fue su propia voz, amonestándole. –Ya tienes todo lo que podrías necesitar.


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Tuffnut se había acostado encima de las maletas y costales, ya aburrido dentro de los primeros quince minutos de su viaje.

Su delicioso baño de sol fue interrumpido bruscamente, y Tuffnut abrió sus ojos, así como boca, para ordenarle a Toothless mover su ancho trasero de su cara—

—Excepto, que la última vez que Tuffnut se había fijado, un Night Fury no podía prenderse en llamas a sí mismo.

"¿Jorgenson?" Fue Eret quien le arrebató el nombre de la garganta. "¿Qué haces aquí?"

"¿Qué crees?" Con una voltereta experta de Hookfang, Tuffnut pronto se encontró con Snotlout justo frente a sus narices. Cuando el jinete sonrió, el gesto fue dedicado solemnemente al rubio. "Entre más musculo vikingo se agregue a la causa, más pronto nos podremos dedicar a la verdadera batalla." Entonces, su prepotencia se domó a un semblante más tímido, aunque igual de valiente. Estiró una mano hacia el Thorston. "Entonces, ¿qué dices? ¿En serio preferirás viajar en ese vejestorio, o en algo de lujo?"


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Fin de Parte XVIII

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NdA:

i. Nueva pareja Munr descubierta, ya.

ii. Hiccup siendo un c*lero egoísta, ya.

iii. Lecciones Ruffjumper, ya.

iv. Sorpresivo giro de circunstancias que permitirán que el Snotuff se alargue mucho más, ya.

LISTO, ME VOY A DORMIR. DEJEN SU REVIEW DESPUÉS DEL BEEP.