"Munr."

Por B.B. Asmodeus.


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Fandom: How to Train Your Dragon, 1 & 2, Dragons: Riders/Defenders of Berk, Novelas de Cressida Cowell. (Sí, por fin he caído.)

Parejas: Hiccup/Toothless, Tuffnut/Snotlout, Astrid/Camicazi, Ruffnut/Cloudjumper, y Eret/Stormfly.

Rating: Mature.

Categorías: Romance, Humor, Drama, Suspenso, Temas Espirituales, Hurt/Comfort, Semi-Fusión con los Libros, Acción/Aventura. Lemon. Uso de mitología y lenguaje Nórdico.

Sinopsis: Post-HTTYD 2. Justo cuando Hiccup y Astrid están a punto de contraer nupcias, un ritual de una vieja espiritista vikinga expone una dura realidad a la pareja—el alma de Hiccup ya le pertenece a alguien más. Sin embargo, el aceptar Hiccup este hecho, tan sólo será el inicio de su nueva aventura.

Advertencias: Mmmm. Muerte de personaje. Sip. Sorry.


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XIX.

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"Todo lo que me mata, me hace sentir vivo."

-One Republic.

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"Sólo digo, que siento que el grupo se está desintegrando."

"Fishlegs, concéntrate."

"¿Qué había de malo en decir adiós? Fue grosero de su parte. No puedo creer que Hiccup—"

"Fishlegs."

"¡Y Tuffnut dejó a Ruff hecha una valquiria!"

"FISHLEGS."

Un hacha dirigida a su cabeza, fue suficiente para callarlo. Fishlegs miro la dirección del hacha de Astrid y como esta choco con una roca. Luego tragó saliva. Cuando se reincorporó en una posición de defensa, Astrid suspiró en alivio.

"Deja de preocuparte. Todavía somos un equipo, Fishlegs. Hiccup no quiso hacer un alboroto porque no quería alterar al pueblo. Entre más rápido se fueran, más pronto regresarán para apoyarnos en la batalla de las Islas Bog-Burglar."

Fishlegs suspiró con aquella desilusión infantil que tanto lo caracterizaba. "Todo está cambiando. Nosotros estamos cambiando. No estoy seguro de que me guste."

Astrid relajó su posición de combate. Se acercó a su amigo con una sonrisa igual de insegura. Apretó un grueso antebrazo. "Mi mamá solía decir que cambiar es inevitable. Sólo así crecemos."

Fishlegs tomó su mano con la suya. Ambos permanecieron quietos en medio del bosque, absorbiendo el sentido de solidaridad. "Es sólo… ¿Nunca piensas en que tal vez nuestro destino yace más allá de Berk?"

Astrid no supo cómo responder. "No lo sé. ¿Por qué lo dices?"

"No lo digo en mi caso. Pero, desde que Stoick murió. Siento… Siento que Hiccup y Snotlout están destinados para cosas más importantes. Y no hablo de ser Jefes de la villa. No sé cómo explicarlo. Hasta Ruffnut está desesperadamente buscando por algo que Berk y su dragón no le pueden dar. Los veo… los veo insatisfechos con lo que tienen. Inquietos."

Astrid no había notado nada de ello. A sus ojos, Hiccup siempre estaba en búsqueda de aventuras por su infinito miedo a la responsabilidad. Sin embargo, a Snotlout siempre lo había considerado un punto fijo. Predecible. Enterrado en Berk bajo la dirección de Spitelout. Ruffnut… Bueno, Astrid nunca había sido cercana a la otra vikinga. Se respetaban, y podían llegar a aliarse para divertirse contra los chicos, ¿pero amigas? No era exactamente así. Astrid tenía una vínculo más fuerte con Stormfly, Eret, o hasta con Heather. Pero, suponía que Fishlegs ya había llegado a tener un conocimiento profundo de la melliza y Jorgenson, a fruto de su extraña relación.

"No seas tan preocupón." Astrid empujó su hombro contra un costado de su compañero de entrenamiento. "Tal vez tengas razón, tal vez no. ¿Pero sabes qué? Yo no tengo ningún plan de irme. Berk siempre necesitará de tu conocimiento de dragones, y yo siempre haré todo lo posible por proteger a mi gente." La vikinga levantó el mentón de Fishlegs. "Y si esos tres llegan a quererse ir muy lejos, los jalaremos de regreso, ¿de acuerdo? Sabemos que estarían perdidos sin nosotros, Fishlegs."

Ingerman tardó unos momentos para digerir los intentos de Astrid por animarlo. Una pequeña sonrisa le mostró agradecimiento. "Tenía miedo que tú serías la primera en querer marcharse. Ya sabes, por… Bueno, pero no lo hiciste. Es lo que importa."

Astrid asintió, incómoda con el tema. "¿Qué tal si tomamos un descanso?"

El resto del día, Astrid prefirió practicar arquería con Fishlegs en lugar de combate cuerpo a cuerpo. Por lo menos de esta forma, tuvo oportunidad de compartir bromas con el chico y distraerlo de sus inseguridades. Lo había negado en primera, cuando había escuchado de la huida de Hiccup y Eret, pero Astrid ciertamente se había sentido algo lastimada.

Sabía que Hiccup no le tenía que rendir cuentas, ¡pero por lo menos Eret se hubiera molestado con un Hasta Luego! Stormfly estaba actuando tan extraña últimamente, y Astrid tenía sus sospechas sobre la raíz del asunto. Tendría que hablar con ese grandulón, en cuanto regresarán. Seguramente, Eret no podía ser así de ciego, ¿cierto?

Cansada de andar metida en líos de casamentera, Astrid terminó su tarde con un almuerzo repleto de cordero y té de yerbabuena. Después de un largo baño en su choza, la vikinga se retiró a su dormitorio.

Esperó encontrar a Stormfly acurrucada en su usual nido, pero éste estaba vacío. Luego, Astrid recordó sobre las nuevas responsabilidades de la Nadder, y como patrullar se extendería hasta la madrugada.

"Supongo que sólo seré yo esta noche." Astrid suspiró. Se sentó sobre su cama, cabello suelto y todavía húmedo cayendo de sus hombros.

Astrid no soportó el silencio. Saltó de su cama con un sonido de impaciencia. Tomó una frazada para cubrir sus hombros y parte de su torso. Se colocó sus botas apresuradamente, sin molestarse en atarlas de manera correcta.

Conocía el camino a la choza Haddock, como la palma de su mano.

Grandísima Bertha y Camicazi estaban devorando su cena cuando Astrid se dejó entrar a la residencia. Camicazi sonrió al verla, pero su madre fue una historia diferente. Inspeccionó la llegada de Astrid con ojos sospechosos, así como con opiniones trituradas entre dientes y porciones de pollo frito. Tras saludarlas adecuadamente, Astrid tomó asiento en la banca de la Bog-Burglar más joven. Camicazi tenía salsa picante en las comisuras de su boca. Astrid no pudo evitar usar la orilla de su manta para limpiarle tan siquiera una fracción del desastre.

"Madre, recuerdas a Hofferson, ¿cierto? ¿La vikinga que junto con Eret, Hijo de Eret, acudió al auxilio de nuestra gente?"

Los ojos engrandecidos de la mujer demostraron que, efectivamente, Astrid no había estado en su lista de gente que importara. Sin embargo, si Camicazi había creído que eso sería suficiente para impresionar a su madre, estuvo equivocada. "Bueno saber que Fearless Finn no terminó de arruinar el nombre de tu familia, entonces." Bertha dio por terminada su cena con tan rebosante referencia al pasado. La mujer examinó a Astrid de pies a cabeza antes de marcharse, pero la vikinga nunca rehuyó de sus ojos juzgones.

"¿Has hablado con Tantrum el día de hoy?"

Astrid esperó a que la madre de Camicazi se retirara por completo de la sala. "No. ¿Por qué debería?"

Camicazi jugó con su tomate cerezo, en lugar de comérselo. "Te pedirá ser Comandante de su Armada. Pensé que ya lo había hecho."

Astrid golpeó la mesa con sus puños. Todos los platos volaron al aire por el entusiasmo. "¿Comandante de su Armada? ¡¿Estás hablando en serio?!"

Camicazi miró la sopa derramada correr hacia el piso con tan terrible tristeza en su rostro, que Astrid manoteó su hombro para recabar su atención de regreso. Camicazi le regresó los manotazos. "¡Sí, sí! Hiccup te recomendó la noche del festín."

¡Por Odín! "¡Más le vale! Es lo menos que debería de hacer, después de todos los aprietos de los que he lo he sacado." Totalmente emocionada con el prospecto, Astrid se levantó del comedor para caminar hacia el centro de la sala, donde el fuego de la fogata iluminaba el lugar. ¿Comandante? ¡Ni siquiera en Berk había sido nominada para un puesto de ese tipo! Stoick no era afín de recompensar a sus escuderas. Y al ser Spitelout el Comandante de Defensa, todo el crédito iba para su hijo y su apellido. "Pero—¡Rayos de Thor! Tal vez se arrepintió y por eso no me ha preguntado todavía."

"¿Porque tendría que arrepentirse? No tienes tantas opciones por escoger. O ninguna, de hecho."

"Tantrum me visitó el otro día. ¡No tenía cosas muy agradables que decirme!"

Camicazi renunció a su cena al escucharla. Siguió el rastro de Astrid con ceño fruncido. "¿Qué te dijo?"

Astrid batió una mano a los aires. "¿Qué crees tú? Cosas obvias de una ex que recién se acaba de enterar de que pasó la noche conmigo."

"Tantrum, Tantrum… haciéndole justicia a su nombre." Camicazi flexionó sus brazos detrás de su nuca. Se recargó en la pared más cercana a Astrid. "Sus celos son los peor de ella. Siempre le ganan."

"¿Es por eso que ustedes dos no funcionaron?"

"En parte. Aburridas responsabilidades, fueron más lo que le quitó el chiste a lo nuestro. En cuanto nuestros padres se enteraron de nuestra relación, estuvieron encima de nosotras con la idea de matrimonio y alianzas, bla bla bla. Entre menos lo pensé…" La Bog-Burglar miró el techo. "…ya no sentía nada. Ni interés, emoción. Nada."

Astrid se posicionó justo enfrente de la vikinga. Cruzó sus brazos. "Déjame ver si entiendo. Hubo la oportunidad de darle a tu pueblo una mejor vida al aliarse con los Uglithug—una verdadera oportunidad de enriquecer la posición de la tribu Bog-Burglar y expandir tu poder por el Archipiélago—y decidiste mandarlo todo al agujero más apestoso de Loki, porque no te gustaba la idea de tomar verdadera responsabilidad como Jefa." Bufó en humor retorcido. "Wow. ¿A quién me podrás recordar?"

El rostro de la pirata se calentó con rubor e instante coraje. Por fin, dejó de contar las telarañas del techo para enfrentarla. "¿Así que, piensas que Hiccup tuvo que haberse casado contigo, a pesar de que sólo Night Furies lo emocionan de la cintura para abajo, y muy probablemente hubiera garantizado infelicidad para los dos?"

"¡Tantrum es posiblemente la mujer más hermosa del Archipiélago! Discúlpame si me cuesta creer que hubiera sido trabajo duro estar con ella, por el bien de tu gente."

"Vaya, eso contestó mi pregunta."

"Hiccup lo ofreció." Astrid subió de volumen su voz. Porque, siempre que se trataba de ese imbécil, algunos tornillos se salían de la cabeza de Hofferson. "Trató de hacerlo funcionar entre nosotros y Toothless en un principio. Quiso que continuáramos con nuestro compromiso a pesar de que su alma—y de la cintura para abajo—nunca sería mío. Fue una opción, una oferta. Pero, no porque le importaba el bien de su gente, sino porque estaba siendo egoísta. El idiota glotón no quería perder a ninguno de los dos. Por lo menos, quedarte con Tantrum hubiera sido por razones más nobles."

Camicazi dio los pasos necesarios para que su respiración fuera percibida en el rostro de Astrid. "Pero no aceptaste, en final de cuentas. Hiciste lo mismo que yo. Cortaste la mala hierba desde la raíz."

"Y a veces…" Esta sería la primera vez que Astrid le daría voz a este pensamiento. "me pregunto si me equivoqué."

-Me siento tan sola, a veces. La plática con Fishlegs le había revuelto viejos miedos a Astrid. Ingerman tenía algo de razón. Todos parecían estar independizándose, encontrando su propio lugar en Berk. Hasta Tuffnut. Astrid había creído que su lugar había estado a lado de Hiccup, apoyándolo con la Academia, remediándole sus metidas de pata, dándole soporte con sus próximos deberes como Jefe. Pero, en un parpadeo, Astrid había perdido todo eso. Hiccup nunca la había necesitado, en primer lugar.

Hiccup sólo necesitaba a Toothless. Hiccup sólo pensaba en Toothless.

"No te equivocaste, tonta." El insulto se desató en un susurro de complicidad, suave. Cuando las manos callosas de la pirata sobaron sus antebrazos. "Porque tú y yo sabemos, que cuando se aprecia a alguien honestamente, es mejor dejarlo ir. Precisamente porque lo último que quieres, es terminar odiando a esa persona."

Astrid cerró sus ojos. Ahí iba Camicazi, dando justo en el blanco. "Ven a mi choza." Se dio media vuelta antes de pensar en arrepentirse. Desde Hiccup, no había invitado a nadie a su hogar. Tener a Camicazi en su territorio, significaba mucho, aunque de qué forma, Astrid todavía no lo tenía claro.

No tuvo que preocuparse si Camicazi le obedecería. Parecía ser que la chica nunca se cansaría de andar detrás de Astrid. Tener esa seguridad, le dio una inyección de caliente adrenalina a sus entrañas, que Astrid no había sentido desde su primer vuelo con Hiccup.

Fue un juego al inicio. Astrid jaló de la oreja de la Bog-Burglar justo cuando cerraban el portón de la casa Haddock, para después salir corriendo, risas divertidas saliendo de su pecho.

Se sintió como niña de nuevo. Por las risas de Camicazi, asumió que la sensación estaba siendo compartida.

La atmosfera cambió una vez dentro de la residencia Hofferson-Stormfly. Las risas fueron perdiendo eco conforme se fueron acercando a la habitación principal. Al dormitorio que Astrid había dejado momentáneamente, para ir en buscar de alguien que llenaría el vacío.

Ambas jadeaban al término de la carrera. Camicazi se encargó de sellar la puerta con pasador, mientras Astrid se quitaba sus botas al pie de la cama. Con la tarea concluida, Astrid respiró hondo para tranquilizarse.

Al momento que su pecho ascendió, éste robó la atención de Camicazi.

La apertura de su camisón de dormir dejaba tendida sólo tentación. Los dos listones blancos que deberían estar amarrados, fueron jalados lentamente por los dedos de la Bog-Burglar, cuando la vikinga terminó con la distancia entre las dos. El ligero entrelazado fue deshecho en un instante. Las dos franjas del camisón se expandieron aún más.

Labios partidos, aspiración profunda y deliberada, volvió a inflar la clavícula de Astrid. La joven esperó, con una paciencia que no era innata de su naturaleza, sino aprendida… Esperó a que Camicazi decidiera el comienzo de este encuentro.

Camicazi se acercó tanto, que cuando una parte del camisón fue descubierto, su respiración fue lo primero que acarició un pezón desnudo de Hofferson. Éste se endureció al instante.

Ambas compartieron una mirada, antes de proseguir. Luego, la boca de Camicazi descendió sobre su seno, besando una parte de Astrid, que era nueva para ella.

Astrid gimió. Todo lo que Camicazi le hacía, traía un nuevo tipo de placer. Todo lo que Camicazi infligía en su piel, le hacía perder la cordura.

"Espera." Astrid le empujó apaciblemente. Camicazi estaba sonrojada hasta las puntas de sus orejas. Sus pupilas eran canicas negras, que perdieron aún más tinte azul, cuando Astrid desnudó su cuerpo entero de la bata de dormir. Encajó sus dedos en los mechones despeinados de la pirata para volverla a atraer a su cuerpo…

No hubo más palabras, una vez que los labios de Camicazi se reencontraron con el valle de sus pechos. Sólo sonidos de crudo descubrimiento. Llantos de inesperado éxtasis, cuando los dedos de Camicazi se hundieron en su interior. Crujidos de la cama, cuando ambas se tumbaron sobre ella, exasperadas por desnudar a la Bog-Burglar.

Hubo sólo los llantos de Astrid, los gruñidos de Camicazi…

… y los píos totalmente desconcertados de Stormfly, cuando la Deadly Nadder escogió el momento más equivocado para regresar a dormir.


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Las cadenas lo ataban a la tierra en contra de su voluntad.

Cuando ellos—Pisspeople, con franjas de cuero de ternera y láminas de acero cubriéndolos—lo sacaron del calabozo, fue a jaloneos. Acostumbrado a la lobreguez de su cautiverio por tanto tiempo, sentir la agudeza de las radiaciones del sol, lo cegó momentáneamente al ser extraído.

Primero pensó lluvia-lluvia-lluvia. Lluvia cayendo del firmamento. Pero no.

El estruendo de una marea de clap-clap-clap, tuvo como origen el impacto de múltiples apéndices humanas. Manos.

Aplausos.

"¡Vamos, pájaro de pacotilla!" Se le fue escupido en su proximidad, reproducido en una lengua más dura que la de los hombres natales. Fue jaloneado con más fuerzas hasta el centro de una explanada de arena. Un humano oloroso a sudor. El olor le causó nervios. "¡Cuervo de mierda! ¡No te rompas antes de comenzar!"

Cuando el mencionado Cuervo levantó su cabeza, éste chilló suavemente en terrible confusión. ¿Qué querían los piss-people ahora? ¿No era suficiente que lo tuvieran encerrado por tanto tiempo, rodeado de aullidos de dolor y terror-terror-terror?

Del otro lado de la arena, justamente en sentido opuesto de donde había sido sacado, yacía otra compuerta de filosas espinas de hierro. De ella, salió otro grupo de hombres-pisspeople, halando a uno de los Capturados.

El doble de grande de lo que era él mismo, el Rumblehorn que se les unió rugía con la vida que Cuervo ya no sentía en sus cuatro patas.

Hasta muy tarde, fue que se percató del propósito de su presencia en este extraño lugar—en esta extraña plataforma donde Hombres-Plata gritaban desde lo alto. Donde el olor a putrefacción llenaba sus narices.

Hasta muy tarde, se percató de que los restos de otros Capturados, era lo que adornaba la arena sucia. Garras arrancadas. Sangre seca, llamando a moscas y gusanos. Tarde, reconoció el látigo yaciendo en el puño del robusto Hombre-Plata interponiéndose entre Él y el Rumblehorn—El Alfa de esta raza—como una cola de piel corrugada, aun vistiendo las escamas secas de lo que había sido un Mood Dragon.

"¡No sobrevivirá el invierno, así que más vale darle un uso, antes de que este pica dientes se pudra en las celdas!"

Ante las carcajadas del Hombre-Alfa, los piss-people sujetándolo, lo tomaron como señal para soltar sus cadenas.

"¡Esto no durará mucho! ¡Déjalos ir ya!"

Ante otro rugido del dragón frente a él, Cuervo agachó su cabeza en sumisión, temeroso-temeroso-confundido-confundido-Por qué-Por qué.

Las demás fueron removidas del Rumblehorn.

Los clap-clap-clap-clap subieron tanto de intensidad, que lo aturdieron.

La arena tembló ante los cargados pasos del dragón comenzando la arremetida en su dirección.

Cuervo no quería luchar.

Pero, sabía que moriría si no se defendía. Cientos, ya habían perecido de esta manera.

Cuervo no quería luchar. Las largas cicatrices cubriendo los costados del Rumblehorn, así como las perforaciones en sus alas, mostraban que tan víctima de los Hombres-Plata el otro dragón, también era.

Cuervo no quería morir.

Torpemente, intentó estirar sus alas. Sus tendones rechinaron. Cayeron como hojas, débiles por la pobre alimentación y el inexistente ejercicio.

Si Cuervo alcanzó a evitar la embestida del enorme cuerpo del otro Capturado, no supo ni cómo, exactamente.

El público de metal y faldas de cuero, marearon, con sus voces coléricas.

"¡Vamos, estúpido bicho! ¡No aposté todo lo que me quedaba de denarious, para quedar en ridículo!" El Hombre-Alfa hizo tronar su látigo desde la compuerta de su dragón preferido. "¡Levántate, y mata a ese pájaro de una vez!"

A pesar de su sobrenombre, Cuervo no se consideraba un ave. Sus plumas tenían mese sin crecer de manera uniforme. Sus escamas estaban secas, opacas. No se sentía como ningún ser vivo que pudiera volar.

El Rumblehorn era bueno en esconderlo, pero el dragón también estaba afectado por la malnutrición, el sol, y la pesadez de sus cadenas. Tardó en preparar otro arremate.

Cuervo había sido conocido, hace mucho, mucho tiempo, por su velocidad. Aparentemente, todavía le quedaba algo de ella, porque justo cuando más lo necesitó, Cuervo pudo deslizarse del camino del peligro una vez más.

No quería morir.

No había esperado las pedradas cayendo de las alturas. Humanos de metal enfurecidos, queriéndolo vencido. Más allá que atado a la tierra, enterrado bajo ella.

"¡Basta de juegos! ¡Termínalo, escarabajo! ¡Atácalo con fuego!"

Cuervo gimió en temor. Ante el fuego, no podría defenderse. Cuervo era débil. Era rápido, pero sus escamas se derretirían.

El calor naciendo de la trompa del Rumblehorn le avisó de lo que se avecinaba.

Cuervo cerró sus ojos. No quería morir. Pero, no miraba otra escapatoria.

No quería morir, pero a su vez, se sentía tan-tan-tan cansado. Ahora que podía ver el sol de nuevo, sabía que moriría si volvía a la penumbra de su celda.

BOOM.

Los clap-clap-clap cesaron.

BOOM. BOOM. BOOM.

Cuervo abrió sus ojos. Bajo sus patas, miró los diminutos granos de arenas moverse con cada BOOM.

Los Hombres-Latas se mostraron tan confundidos como Cuervo y el Rumblehorn, quien había detenido su ataque.

Silencio.

Luego… justo cuando los ecos de lejanos gritos llegaron a las sensibles orejas de Cuervo, el Hombre-Alfa gritó con renovado vigor.

"¡ESTAMOS BAJO ASEDIO!"

Los humanos espectadores comenzaron a esparcirse fuera de los podios. BOOM BOOM BOOM.

Un rugido, ajeno al Rumblehorn frente a Cuervo, alcanzó a distinguirse por las orejas de Cuervo. Un rugido que prometí algo completamente nuevo e imposible.

"¡Cónsul Gaius! ¡Cónsul, son los vikingos!" Comenzó a esparcirse por cientos de voces humanas. "¡Según reportes del tesserarius, han derribado los globos de vigilancia! ¡Están atacando la torre principal!"

El Hombre-Alfa no entró en pánico como sus compatriotas. Para su sorpresa, el humano se tornó hacia Él, flexionando su látigo con ambos puños. "Vienen por ellos."

Cuervo no comprendía.

El hombre-Alfa reiteró lo anterior, ahora en grito de comando. "¡Vienen por los dragones!"

Entonces, el caos descendió sobre la arena.

Humo espeso cubrió todo a su alrededor.

Cuervo olfateó. No. No humo.

Gas.

Una secuencia de explosiones.

Cuervo cubrió su cabeza con sus patas frontales, perdido en los fuertes sonidos de destrucción y los gritos de agonía de humanos encendidos. No miró las llamas, pero concibió el calor que invadió cada rincón. Olfateó el sabor del fuego.

Escuchó aquel rugido de nuevo. Un rugido de comando firme, aunque libre de crueldad.

"No sólo venimos por los dragones." Vino de una fuente misteriosa, traducida para sus oídos en idioma del hombre natal, aunque oculta entre el escudo de fuego.

Cuervo estornudó a causa del humo. La acción de sacudir su trompa le otorgó una vista clara de cuando el cuerpo del Hombre-Alfa derrumbó al suelo, enredado en una telaraña de red gruesa.

"Venimos por ustedes también."

No fue claro que era otro Humano lo que cruzó las nubes oscuras, hasta que una máscara fue removida. Cuervo conoció un rostro pequeño, insertado en una silueta de delgadas proporciones, vestida de cuero y una estructura de metal reemplazando una de sus piernas. De sus brazos, increíblemente, se extendían dos alas.

Cuervo, ciego ante su temor de ser víctima de otro nuevo Hombre, comenzó a retroceder del corazón de la arena, buscando por las compuertas en vez de intentar volar—Esconder sería lo más seguro que podría hacer…

"¡Oye, espera!"

Era automático obedecer ante un comando de ese tipo. Los Hombre-Metal no le habían dejado alternativa. Sus patas se inmovilizaron. Su rostro se congeló en pleno giro de evasión.

"Espera. No tienes que temer. No huyas. Eres libre, amigo."

¿Libre?

Cuervo parpadeó. El humo se había esparcido lo suficiente para mostrar a su previo adversario, Rumblehorn, ahora inclinado sobre la arena, sometido ante el poder de otro Alfa. El Alfa responsable de aquellos rugidos con mensajes revolucionarios.

Un Night Fury.

"Oh, wow. Mírate, nada más."

Había una suavidad en aquella voz, que más de convencerlo de seguir sus órdenes, despertó en Cuervo una… curiosidad. Una curiosidad que había creído extinta ya.

Cuando Cuervo estiró su largo cuello en dirección del Humano-Suave, se encontró con un brazo flexionado, lentamente acercándose hacia él. En aquellas facciones jóvenes, lisas de señales de maldad, una curva de labios le llamó. Una sonrisa humana que no estaba siendo alimentada por un satírico placer.

"Asombroso. Ma' me había descrito a los de tu clase—Pero, wow, nunca me había encontrado a alguien como tú, con anterioridad. Digo, ¿qué otro dragón tiene plumas en sus alas? Tienes que ser uno de ellos—"

Cuervo agachó su trompa gradualmente, siguiendo los movimientos cautelosos del Humano-Suave cuando éste se arrodilló frente a él. Su mano actuó de manera hipnotizadora. Cuervo olfateó la dulce esencia de dragon-nip emanando de la palma de piel blanca. Tuvo que seguir su rastro. Tuvo que acercársele al Humano…

"Sí, así es… Ven aquí, pequeño. No temas. Te lo juro… Nunca volverás a sentir miedo. No dejaré que te sigan lastimando…Por Thor, ¿en verdad esas son tus costillas?"

Cuervo hizo contacto con el Humano.

Su trompa acarició la mano delicioso-hambre-comida-tripasduelen-delicioso

Ojos verdes-verdes-verdes como el dragon-nip se conectaron con los suyos.

"Hola, chico."

El Hombre-Plata decidió despertar en ese momento, rompiendo con la conexión. "¿Qué piensas lograr con esto, sucio vikingo? ¡Ese cuervo debilucho ni siquiera puede volar!"

Cuervo quiso huir, pero los dedos acariciando sus secas escamas lo mantuvieron en su lugar. El Night Fury reapareció cerca de ellos, gruñendo al Hombre-Pisspeople, mientras se posaba sobre su cuerpo amarrada en red.

"¿Así que los Romanos son tan estúpidos como Camicazi dice?" Cuervo parpadeó en sorpresa. El Vikingo conocía el idioma de los Hombres-Plata. "Lástima, parte de mí esperaba encontrarme a alguien racional por aquí. Supongo que cualquiera que solía trabajar con Drago…" Una pausa. "No sabes del tesoro que tenías en tu poder. Este dragón no es ningún… cuervo, o cómo sea que lo llames… ¡Es un Dragón! ¿Y adivina qué? No hay dragón en este mundo que tarde o temprano, no pueda volar." Otra mano se unió a la que ya sujetaba sus escamas. Humano-Suave acercó su propia cara hacia Él, continuando su discurso en un tono bajo, un susurro mortal que cambió su mundo. "¿Verdad que sí, pequeño Windwalker?"


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Snotlout aterrizó a lo que quedaba de la arena justo a tiempo para ver a Hiccup hacer pudín a otro pobre dragón en necesidad de mimos. Había un romano enredado a la merced de Toothless, humo dispersándose por doquier, y un Rumblehorn confundido. "Siento la interrupción, oh querido líder, pero tenemos un problema."

Hiccup, hincado frente al dragón victimizado a su lado, giró su rostro hacia él. "Tenemos muchos problemas, Snotlout."

"¿Recuerdas aquella parte que Camicazi mencionó, sobre como los dragones no huían de sus jaulas a pesar de que estas fueran derrumbadas?"

Hiccup les echó unas buenas maldiciones a los Dioses. "Toothless tienes que convencerlos, convertirse en su nuevo alfa para liberarlos de la influencia de Furious."

Snotlout se encogió de hombros. "Perfecto. Vamos, patas a la obra—"

"¡No, espera!"

Hiccup se puso de pie. Tenía su cara ESTOY PENSANDO, bien puesta. Con una mirada, le comunicó a Toothless dejar al romano y acercarse a ellos. Se juntaron en la cercanía de la cabeza de Hookfang. "Estos dragones no pueden volar, necesitan ser llevados a bordo de las naves lo más pronto posible. Pero… están demasiado asustados. Dudo que vayan a confiar en cualquier gente extraña."

"Pues miré a ese amiguín bastante encariñado contigo."

Hiccup sonrió brevemente. "Exacto. Yo me encargaré de transportarlos con la ayuda de Eret. Tú encárgate de vaciar todas las celdas que puedas, Snotlout."

Snotlout estaba por abrir su boca—

"Toma a Toothless contigo."

Hasta al Night Fury se le saltaron los ojos, al escuchar a Hiccup.

"¿Grrrr?"

"¿Qué dijiste?"

"¡Chicos, no pongan esas caras! Entrenamos para esto una docena de ocasiones, ¿recuerdan? Snotlout, las palancas de Toothless están adaptadas para ti, no hay nada que temer."

"Bueno, sí, pero eso era en caso—"

"¿De que no pudiera volar con Toothless? ¿En caso de una emergencia?"

Si Snotlout creyó que Hookfang tendría alguna tendencia posesiva por sacar a luz en estos momentos, fue terriblemente decepcionado. "¡Está bien, no te pongas sabiondo conmigo! Montaré a tu noviecito, si tanto lo quieres. Pero, después, cuando empiecen a correr los rumores…No vengas a llorar conmigo."

"Oh, por favor." Hiccup roló sus ojos. "Dudo que seas del gusto de Toothless. Tu virtud estará a salvo."

Toothless murmuró algo muy similar a un "¿Qué tal de MI virtud?" que Snotlout prefirió omitir de su limpia y pura mente. ¡Malditas lecciones forzadas de dragonese! Algunas veces, la ignorancia era una verdadera bendición.

A los cielos, Hiccup usó de sus tantos inventos para liberar una bengala de color rojo, llamando por el resto del equipo. "Usaré a Hookfang para transportar a este pequeño. ¿Alguna objeción?"

Fue extraño. A pesar de la mutua aprensión entre jinete y dragón, Snotlout montó a Toothless con un sólo salto. Su cuerpo se amoldó al cuello del Night Fury con la misma facilidad de la primera ocasión, años atrás en la Isla de Alvin. "Espero traigas calzones a prueba a fuego, si planeas viajar en él."

Eret se les unió en un remolino de humo, y tosidos. "Veo que Alvin y sus locos, no son los únicos que se están divirtiendo con brochetas de romanos."

Hiccup se despidió de Toothless con una caricia sobre su rostro, y un gruñido. Fue menos empalagoso de lo que Snotlout había temido. "¿Qué tal vamos?"

Snotlout ya había despegado, para cuando Eret estaba por responder, algo que ya se podía dar por hecho: Fuerte Sinister estaba siendo tomado con éxito.

A comparación con Berserk, Fuerte Sinister era una isla de menor tamaño, compuesta de una flora sencilla y limitada. No había selva que pudiera ofrecer asilo, o niebla que pudiera confundir al enemigo. Por ello, todos habían estado de acuerdo en un ataque directo. Sin preámbulos. Por aire, por tierra y por agua, no habría escapatoria. Alvin se concentraría en saquear las fortunas de los Romanos y su Legión, mientras Hiccup y los demás jinetes, se concentrarían en liberar a los dragones que Camicazi había intentado ayudar.

Pan comido.

-¿Entonces, porque estoy nervioso? Volar con Toothless tomó unos minutos para ser una danza efectiva. Para recordar que agachar su cabeza y torso ayudaba en la velocidad del Night Fury. Debajo de ellos, se podía observar la centuria de romanos rompiendo formación en plena batalla con Marginados. Tenían disciplina, Snotlout tenía que admitirlo. Lo que les faltaba de corazón, los romanos parecían compensarlo con inteligencia en el campo de batalla. Eran organizados, cuando los Marginados vivían para hacer caos. Lamentablemente para los guardianes del Fuerte, Alvin los superaba en número, y Toothless, con su habilidad de robarles a todo dragón bajo sus narices romanas.

Al llegar al corazón de los calabozos de piedra, Snotlout le indicó a Toothless mandar a volar tres romanos que se interponían en su camino. El blast hizo el truco. Volaron dentro la cueva de esclavitud hasta donde les fue posible. Snotlout saltó de Toothless, sacó su daga, y la levantó con atine hacia la nuca de un centurión que había planeado emboscar a Tuffnut por detrás.

Las compuertas de las celdas estaban abiertas—todas y cada una de ellas—pero ningún dragón se dignaba a aprovecharlo. Era frustrante. Era horrible.

Era triste.

Tuffnut no le agradeció la ayuda, pero Snotlout no lo tomó a mal. El joven Thorston tenía un centurión que partir en dos, con su hacha.

"¿Ves?" Snotlout le apuntó a Toothless hacia las celdas. "Hora de hacer magia, grandote."

Toothless levantó sus orejas en cautela, acercándose a olfatear a sus compatriotas en primera. Algo en la esencia le provocó gruñir ferozmente. Snotlout retrocedió para darle espacio, por si las dudas.

Tuffnut tenía un ojo morado. Snotlout lo notó al conectar miradas, un romano ahogándose en su propia sangre en el piso de piedra. El rubio estaba limpiando su hacha con la falda del enemigo.

-Luces como tu hermana. Fue lo que no dijo en voz alta, guardado para sí con una sonrisa. -Estaría orgullosa, si te viera.

El rugido repentino de Toothless le sacó el susto de su vida, la caverna tembló junto con su casco. Tuffnut corrió hacia la entrada de la cueva para seguir limpiando de romanos el área, mientras los dragones eran convencidos de su libertad.

Toothless… estaba azul.

Snotlout recordó la batalla contra Drago. –Espero sea una buena señal.

"¿Cómo se ve el panorama?" Le preguntó a Tuffnut, una vez afuera, dejando al Night Fury hacer su trabajo.

"¡Vamos ganando!" Con sus puños al aire, Tuffnut festejó con unas ondulaciones ridículas de sus caderas. "Sólo tenemos que sacar a esos dragones de aquí, y estaremos de vuelta en Berk en menos de lo que canta—"

Una fila de dragones de distintas especies escogió salir volando de la cueva en pleno anuncio. Snotlout se apresuró a atrapar a Tuffnut de las espaldas antes de que el vikingo terminara resbalándose en el piso. Rojo, verde, amarillo, azul, purpura, rosa. Rumblehorns, Gronckles, Deadly Nadders, Scuttleclaws, hasta Monstruos Nightmares. Otros precipitadamente, otros con todavía desconfianza… pero paulatinamente, las celdas se fueron vaciando.

Con sus manos todavía sosteniendo los hombros de Tuffnut, Snotlout sonrió a labios abiertos. Cuando el rubio dobló su rostro hacia el suyo, ambos rieron.

Sangre ajena se había secado en el cuello de Tuffnut, así que Snotlout la trató de rascar. Le disgustó ver la sangre de aquella escoria romana en su amigo. Cuando rascar no funcionó, Snotlout lamió sus dedos para retirar la marca más fácilmente.

Tan compenetrado estaba en su misión, que cuando se percató de las intenciones de Tuffnut al darse la vuelta, ya fue tarde para evitar el beso que se le plantó en su boca.

Humillantemente para el ego de Snotlout, Tuffnut le ganaba en altura (por ahora), y no le dejó opción más que aceptar sus labios. No pudo girar su cabeza en otra dirección, ni retroceder.

Después, todo terminó. Tan súbito como había empezado.

Tuffnut estaba jadeando, aunque su voz fue firme. "Puedes dejarme el otro ojo morado, si quieres… aun así, no me arrepiento."

Snotlout oprimió los dedos que se sujetaban de las hombreras de Tuffnut. Tragó saliva, todavía sintiendo el rastro de la nariz redonda del vikingo respirando contra su mejilla. Clavó su mirada en Tuffnut, en el desafío de su ceño fruncido, en la mancha de sangre que seguía manchando la piel del vikingo.

Snotlout lamió sus labios. "Apenas lo sentí. ¿En serio llamas a eso un beso?"

Indignación pura estaba destellando en los ojos azules de su camarada, cuando Snotlout movió sus manos para sostener la nuca de Tuffnut. El resto de sentimientos reflejando en el rostro del rubio, fueron una vista que Snotlout se perdió—todo a favor, de darle a Tuff una buena lección.

Todo a favor de que Tuffnut supiera, que a Snotlout le gustaban sus besos con boca abierta, mucha lengua, y con algo de dolor físico en el asunto.

A su alrededor, el aleteo siguió indicando la circulación de dragones. Irónicamente, el mismo Snotlout sintió un peso aligerarse de su pecho, conforme un gemido se forjó entre sus labios. Descubrió que Tuffnut era inexperto, como muchos de ellos habían sospechado. Eso no le restó a la dedicación del vikingo. Tuffnut se entregó al beso con dientes desesperados, lengua torpe, y un ligero descuido de las tantas cosas puntiagudas en su atuendo que terminaron picoteando el rostro de Snotlout, cuando el Thorston quiso rodearlo del cuello con sus brazos.

"Ow, ow, ow." Snotlout gimió en pleno intercambio de besos, admitiendo que necesitaba respirar. Guio su boca a la mejilla del chico, al unísono que sus manos empujaron del pecho de Tuffnut. "Entiendo tu desesperación por un pedazo de mí, en serio, pero no tienes que rebanarme—"

Un ataque de plasma de Toothless volando por sobre sus cabezas, lo dejó mudo. El ataque derribó a un grupo de romanos que se habían estado dirigiendo hacia ellos.

Snotlout se tornó hacia sus espaldas, donde un Night Fury bastante escéptico los observaba. Sus orejas se alzaron en cuestionamiento, mientras que sus ojos suspicaces parecieron estarse riendo de la situación en la que los había atrapado.

"Ups." Tuffnut se separó de Snotlout con manos alzadas y rostro enrojecido. "Peleando a muerte con hombres en faldas, ya me acordé, Señor Alfa."

"Oh, vamos, él es el último que tiene algún derecho a juzgarnos." Snotlout, sin embargo, se apresuró a limpiar su boca y a ajustar sus pantalones, lo más sutil posible, antes de treparse a Toothless. "¿Todos salieron de sus jaulas?"

Toothless negó con su mentón. "No Todos. Heridos. Demasiado débiles."

"¡Vamos por refuerzos, entonces!" Snotlout estiró una mano a Tuffnut para darle un aventón. Tras aclarar su garganta más de tres veces, el mellizo finalmente aceptó la oferta. Snotlout lo acomodó frente a él, acercando su boca a su cuello. "No te preocupes, puedes hacerme emparedado en el camino de regreso."

Tuffnut soltó un gruñido. "Por el bien de la comodidad de este vuelo, pretenderé que no te escuché."

Alvin y su ejército ya se había encargado de disminuir el número de enemigo a casi inexistente a estas alturas. Había sido un asedio relativamente corto. Hasta aburrido. Snotlout tenía que admitir que intercambiar saliva con Tuffnut probablemente sería lo más emocionante que podría contar de esta aventura. Los romanos ya tenían tiempo planeando una retirada del Fuerte, según la información recababa por Eret y sus contactos. Los soldados menos deseados de Roma, eran lo que eran enviados a este retirado punto más bien como castigo. Además, habían sufrido una gran pérdida productiva ante la muerte de Drago. Ahora, con la alianza con los Berserkers rota, los romanos estaban pereciendo en recursos, tanto como los pobres dragones agonizando en esas malditas celdas.

-A final de cuentas, ni siquiera me necesitaron. Snotlout chilló internamente. –Sabía que ir a las Islas Bog-Burglar sería el verdadero lugar para mí. Sin embargo, cuando arribaron a la nave principal de los Marginados, y Snotlout observó a Eret dejar caer a un vulnerable Gronckle sobre la superficie, la misión recuperó más sentido. El Gronckle había perdido sus patas traseras, y cuando intentó desenredarse de la red que lo había cargado con ayuda de Skullcrusher, fue como ver a un bebé indefenso.

Snotlout sólo podía agradecerle a Odín, por la ausencia de Fishlegs. Después de ver lo que los calabozos habían estado guardando, Ingerman no hubiera sido el mismo.

"Esto es patético. Deberían terminar su miseria de una manera dignificante." Alvin opinó, no mucho tiempo después de que Snotlout se bajara de Toothless junto con Tuffnut, para ayudar a Eret.

"Nunca." Snotlout gruñó directo en la cara del hombre. "¿Años de ser prisioneros, para después ser sacrificados peores que animales? No opinarías lo mismo si se tratara de ti."

Alvin estaba bañando en sangre y sesos. Presumía de su nueva adquisición en artillería con buen humor, a pesar del tema a tratar. "Cuida tu bocota, muchacho. Me caes bien, pero cortaré tu lengua, si se va alargando conmigo."

"Entonces, no opines donde no te llaman." Snotlout sacó su lengua descaradamente. Hacía mucho tiempo que le había perdido miedo a Alvin. El brillo en la mirada del robusto vikingo le decía que en verdad ni siquiera estaba molestado. A diferencia con su relación con Spitelout, Alvin era un viejo divertido con quien interactuar. "Deja que nosotros nos preocupemos por lo dragones, ¿está bien? Usted luzca bonito en ese nuevo juego de espada y daga alrededor de su cintura."

Alvin se rompió en carcajadas. "¡Por las barbas de Odin! Mocoso insolente, ya verás—"

El resto de lo que había estado por seguir a aquel reclamo, fue cortado de un solo estacazo.

La nave entera se ladeó con el impacto. Alvin no tuvo tiempo de expresar alguna sorpresa. Afortunadamente, tampoco algún manifestación de dolor.

Porque, cuando aquellas enormes mandíbulas se encerraron alrededor de su cuerpo, Alvin El Traidor, Líder de los Marginados, fue tragado de un sólo bocado.


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Fin de Parte XIX.

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NdA: Saben quién lo hizo. Lo saben. Lo siento por el alboroto en FB, pero Alvin es de mis favoritos y por eso lloraba, aun cuando otros ni le hagan caso… Simplemente por ser descendiente de Grimbeard, el hombre ya tenía un blanco en la espalda, sin embargo. Ahora, Snotlout con esa espada, si Furious la llega a reconocer… ¡Corran todos!

Y hablando de Snotlout… SNOTUFF FOR THE WIN. YOU GO, TUFFNUT. YOU GO.

Otra vez tuve que cortar el Camicastrid, pero el tiempo simplemente no se me da. ¡Me urgía subir el capítulo! Más no preocupéis, que un especial de Orgia Vikinga se aproxima. Una vez que todo este desmadre de Romanos y Dagur se resuelva.

SI NO SABES QUIEN ES WINDWALKER, TE ESTOY JUZGANDO DURAMENTE. CORRE A WIKIPEDIA SI NO SABES DE LOS LIBROS.