"Munr."
Por B.B. Asmodeus.
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Fandom: How to Train Your Dragon, 1 & 2, Dragons: Riders/Defenders of Berk, Dragons: Race to the Edge y Novelas de Cressida Cowell.
Parejas: Hiccup/Toothless, Tuffnut/Snotlout, Astrid/Camicazi, Ruffnut/Cloudjumper, Eret/Stormfly & más.
Rating: Mature.
Categorías: Romance, Humor, Drama, Suspenso, Temas Espirituales, Hurt/Comfort, Semi-Fusión con los Libros, Acción/Aventura. Lemon. Uso de mitología y lenguaje Nórdico.
Sinopsis: Post-HTTYD 2. Temporada 2 de Munr. Wodensfang había visto el futuro, y Wodensfang sabía que el más grande enemigo que Hiccup Horrendous Haddock III tendría en su vida, no sería ningún Seadragonus Giganticus Maximus.
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INICIO DE SEGUNDA TEMPORADA
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Parte
XXIV.
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"Algo en la oscuridad,
Se aproxima."
-The Rasmus.
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"No." Camicazi respingó, todavía incrédula a lo que había salido de la boca del Berserker.
"Levántate."
Dagur permaneció de rodillas, ambas manos postradas en su nuca en perfecta sumisión.
No se levantó.
"¡Levántate!" Camicazi se impulsó sobre el otro vikingo, pateando el costado de Dagur.
"¡Levántate y pelea, gusano!"
Dagur continuó sonriendo. "¿Qué parte de 'Me rindo', no comprendiste?"
Camicazi no titubeó. Tener a Dagur de rodillas facilitó arrojarle un puñetazo en su estúpido rostro. "¿Vas a dejar que una niñita te patee el trasero? ¡Ponte de pie!"
Lentamente, Dagur ladeó su cabeza de regreso a su primera posición. No se inmutó a las patadas que le siguieron a los insultos. Dagur no explotó. No peleó. No elevó sus puños.
Todo lo que hizo, fue bostezar, ante los asaltos inútiles a su persona.
Cuando Camicazi destapó una de sus dagas de su cinturón, sintió una mano ajena detenerla.
"Digo que se rendía." Fishlegs era fuerte. Su mano fue firme. "Por la ley vikinga, tienes que mostrar honor cuando un enemigo se rinde."
Camicazi estaba furiosa. Hilar palabras no le fue posible en aquel momento.
Su alarido le hizo temblar hasta las hebras de sus cabellos. Su daga fue lanzada en dirección contraria, clavándose en la hierba. Por un momento, sus oídos bloquearon todo sonido. Su visión perdió nitidez, roja y húmeda del coraje. Las risas de Dagur seguían cazándola; seguían burlándose de ella.
La lluvia reinició, más feroz que antes.
Luego, de golpe súbito, todo regresó a la vida. Los gruñidos aun viniendo de la batalla, los jalones de Fishlegs para hacerla reaccionar. La sonrisa de satisfacción de Dagur.
"¡La batalla aún no termina, Princesa!" Fishlegs lució indeciso entre regresar a apoyar a su gente o permanecer con ellos. Camicazi le facilitó la elección.
"¡Ingerman! ¡Refuerza la muralla! ¡Dile a Astrid que este Berserker se ha rendido!"
"Pero…" Fishlegs intercambió un rápido vistazo a Dagur.
Apretando sus dientes, Camicazi escupió justo lo que Ingerman deseaba escuchar. "Descuida. El gusano continuará respirando, te doy mi palabra. ¡Ahora, ve! ¡Rápido!" Al retornar su atención a dicho gusano, Camicazi achicó su mirada. "Ordena a tus hombres rendirse."
Dagur rodó. "No soy mis hombres. Técnicamente, sólo obedecen a un amo. ¡Peeeeero, no lo veo por aquí! ¡Que tragedia!"
"¿A qué te refieres? ¿Quién es su amo?"
"Drago Bludvist." El Berserker se asomó hacia sus alrededores como si estuviera esperando a que el hombre apareciera mágicamente. "Nop. No lo veo por ninguna manera. Tendrás que hacerlo la manera difícil, Su Majestad. ¡Esos tipos no se detendrán, te lo digo desde ahorita! ¡Fueron creados para asesinar, asesinar, asesinar!" Lo siguiente fue un murmullo cómplice. "¡En serio, no creo que los haya visto tomarse cinco minutos para orinar!"
La lluvia estaba complicando la batalla. Vikingos se estaban resbalando en el lodo por doquier tratando de resistir el constante ataque de la Armada de Bludvist. Astrid estaba a la cabeza, ordenando a las arqueras seguir soltando ataques, pero las municiones estaban agotándose rápidamente.
Camicazi tomó su cuerno de su cintura—
—Un rugido ajeno al de la guerra rodeándolos, interrumpió sus intenciones.
El resto del ejército Uglithug apareció a la retaguardia del conjunto de Bog Burglars y Hairy Hooligans.
Camicazi sonrió.
Sí.
La inminente victoria fue hermosa de atestiguar.
Fuego reemplazó la lluvia. El Stormcutter reinó desde los cielos a mando de Valka, delineando un círculo de fuego alrededor de los sobrevivientes del ejército enemigo. Atrapados, no hubo hacia donde huir ante la derrota aplastante.
Por un momento, hubo silencio y calma mientras Valka aterrizó a pies de Camicazi.
No duró.
El primer alarido de victoria vino de Ruffnut Thorston.
"¡GANAMOS! ¡WHO-HOO!"
Infectados, sus amigos cercanos se levantaron del suelo, armas todavía en sus manos. Astrid estaba siendo cargada por Ingerman a los cielos en festejos. Camicazi la divisó a la distancia. Regida por impulso—como siempre—la Bog Burglar se abrió camino entre sus compatriotas, torpe con cansancio, pero desesperada por alguien con quien compartir esta…
...endemoniada felicidad.
Muda, jaló del brazo de Fishlegs para indicarle que bajara a Hofferson de su hombro.
"¡Por Thor, Cami! ¡Lo hiciste!" La cara de Astrid estaba más hinchada que la última vez que la había tenido enfrente. Aun así, su sonrisa fue radiante al recibirla.
Camicazi no perdió aliento. Decidió mejor robarse el de Hofferson, su boca cubriendo la suya.
Sonidos de sorpresa se manifestaron con la muestra pública de algo que pocos conocían. Camicazi no les prestó atención. Besó con ternura la boca todavía ensangrentada de la guerrera en sus brazos, saboreando la herida, al mismo tiempo que intentó brindarle consuelo. Los brazos de Astrid permanecieron tiesos los primeros minutos.
"Mujer loca." Astrid susurró, sus narices picoteándose. Chispas brotaron y eventualmente la Hairy Hooligan se le echó encima con todo el entusiasmo.
"¡VICTORIA!"
Diferentes tipos de porras hicieron eco por la llanura. Risas, abrazos, hasta una que otra lágrima de alivio. Camicazi se carcajeó al ser aplastada por un abrazo colectivo entre múltiples Hairy Hooligans, Ruffnut deslizándose en medio de Astrid y su persona para aullar como loba a la luna llena. Fishlegs las apretó a todas juntas, retacándolas de su cariño y parcialmente de los sesos todavía colgando de su enorme cuerpo.
Victoria.
Por fin.
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"Lo sacrificaremos a los Dioses."
El veredicto de Bertha causó furor alrededor del campamento.
Valka, de pie y cuidando la retaguardia de la Jefa, suspiró, nada sorprendida. A las Bog Burglars le gustaban sus rituales sangrientos.
"¡Mañana comenzaremos la marcha a la Isla Uppsala para festejar a Odín y a Freyja nuestra victoria! ¡Tendremos un banquete! ¡Y yo misma beberé ale de la cabeza de Dagur El Desquiciado!"
"Una decisión obviamente civilizada." Valka murmuró.
"¿Dijiste algo, Valka-Viuda-de-Stoick?"
De inmediato, las miradas de cada Bog Burglar en el aposento de Grandísima Bertha se fijaron en Valka, reproche inmediato en sus caras. La mujer aspiró con firmeza, sabiendo que este debate no estaba en su poder.
"Me perdonará, Jefa Bertha. Creo que he visto demasiado sangre por un día, y se me dificulta juntar las ganas de ver más derramada tan rápido. Sin embargo, esta forma de justicia queda solemnemente en sus manos. Lo respeto." Inclinándose ligeramente frente al pequeño consejo que se había armado a lo largo de la mesa de roble, Valka creyó más prudente hacer su retirada.
Antes de meter su bota en su boca una vez más, en estilo Haddock.
Al salir, Valka miró las estrellas. La primera noche de victoria.
Armar el campamento en el corazón de la Isla Mayor había sido inmediato. Y los pocos dragones que habían incluido en la travesía había facilitado levantar carpas y crear fogatas para comenzar a cocinar.
Atender a los heridos había sido el siguiente paso.
Valka visitó el área donde los amigos de su hijo habían escogido para acampar. El olor a estofado le despertó un hambre inmediata, y pronto descubrió que Fishlegs estaba en turno de cocinar, batiendo la olla acomodada en la fogata.
Cuatro carpas habían sido levantadas para cada uno de los respectivos jinetes.
"Buenas noches, Fishlegs."
"¡Jefa Valka! Justo a tiempo. El Caldo reparador de Siete Mares está por llegar a su mejor punto. ¡Debe probarla! Verá, se trata de mi Receta Secreta."
Sonriendo, la mujer se dirigió hacia las carpas. En la primera, encontró a Ruffnut roncando, vendada de su torso. Pieles de osos la rodeaban. En la segunda carpa, encontró sólo sombras. La espada y el escudo descartados, dieron indicación de que la dueña del aposento era Astrid.
"No se preocupe. Astrid sólo salió de patrullaje. No debe tardar." A su regreso, el joven ya tenía listos dos platos hondos con caldo hirviendo. "La pobre llegará exhausta, pero ya la conoce. Tan testaruda como siempre."
Valka le dio vueltas al caldo con la cuchara de madera, todavía pensativa. "Han tomado una decisión respecto al destino de Dagur El Desquiciado."
De reojo, miró a Ingerman dejar de succionar su cena. "¿Qué le harán?"
Valka repitió, palabra por palabra, lo que Bertha había dictado.
Fishlegs lució aterrorizado. "¿Sacrificarlo? ¡Pensé que esas prácticas estaban pasadas de moda!"
"Nunca con las Bog Burglars, al parecer."
"Debemos decirle a Hiccup." Fishlegs se apresuró a dejar su plato entre las piedras. Corrió a su propia carpa, saliendo inmediatamente después con pergamino y una pluma con tinta. "Estaba por mandar un Terrible Terror para avisarle de nuestra victoria, ¿pero esto? ¡Hiccup tiene que saberlo!"
"Excelente idea, Fishlegs." Valka había estado tan ocupada coordinando el campamento, que no había pensado en utilizar su nuevo método de correspondencia en práctica. "Indícale que nos encuentre en Uppsala. En lo alto de las montañas, donde se encuentra el Templo Sagrado de los Dioses. Partimos mañana al amanecer."
Fishlegs asintió apresurado, escribiendo el reporte con sus dedos rechonchos.
Valka recordó lo sucedido con Drago. El mar arrastrándolo a su fin.
Le pesó. Lo que había hecho, le pesó.
Sin embargo, Valka ya había decidido que aquel sacrificio sería sólo suyo. "Dile que se apresure. Su gente lo necesita."
Sus amigos. Su madre. Berk.
Astrid regresó al campamento a pie, justo a tiempo para ver a Fishlegs liberar al Terrible Terror a los cielos. La pobre chica lució como un fantasma, arrastrando sus botas del cansancio. Su ojo derecho se había hinchado, y un aro púrpura lo remarcaba. El resto de sus heridas habían sido vendadas al igual que las de Ruffnut. La vikinga se mostró tan muerta en vida, que sólo gruñidos primitivos fueron su forma de saludo.
Sin gastar saliva tampoco, Fishlegs le invitó otro plato de caldo. Hofferson no parpadeó. Comió sin titubear lo que su amigo le colocó enfrente.
Cloudjumper voló sobre ellos, encontrando un lugar para adecuarse por la noche entre los árboles cercanos.
"¿Creen que estén bien?" La voz tímida de Ingerman se coló, después de un largo rato de quietud. "¿Los chicos? ¿Hiccup?"
"Más les vale que sí." Hofferson masculló en pleno bostezo colosal.
"No te preocupes, Fishlegs." Valka colocó una mano en el hombro del joven al levantarse de su asiento para retirarse a su propia carpa. "Las malas noticias vuelan aún más rápido que las buenas. Ten fe en tus amigos."
Fishlegs inclinó su cabeza en aceptación. No lució del todo convencido.
Desafortunadamente, Valka estaba demasiado extenuada como para ofrecer un consuelo más profundo en significado. En noches como ésta, uno no podía aferrarse a nada más a que sus propias creencias. En su corazón, Valka sabía que Hiccup seguía con vida. En su cabeza, sospechaba que más problemas le perseguirían a su hijo a su retorno. Porque ése parecía ser el destino de Hiccup.
Al acostarse en su carpa, Valka no logró conciliar el sueño fácilmente. Fantasmas le cazaron, incluido el de su esposo.
En el transcurso de la madrugada, escuchó los ronquidos de Ingerman unirse a los de Ruffnut. Escuchó canciones ebrias de vikingos y vikingas a lo lejos.
El poco sueño que logró atrapar fue ligero, frío e incómodo.
Por la mañana, el cuerno de Bertha los despertó, dando la primera señal del inicio de su viaje a Uppsala.
Valka pastoreó a los miembros de su tribu para que deshicieran las carpas y se prepararan para su nuevo destino. Astrid, por su parte, coordinó el vuelo de los dragones para facilitarles transporte de una isla a la otra, acompañando a muchos de los habitantes que habían estado enjaulados bajo el mando de Drago. Muchas de sus heridas iban más allá de lo físico, y Bertha había insistido en llevar a toda su gente al Templo Sagrado a restaurar su espíritu.
El último en ser trasladado, fue el prisionero estrella de la tribu de Bog Burglars.
Amarrado a un poste de madera en la parte trasera de la carpa de Bertha, Dagur le sonrió en recibimiento.
Estaba cubierto en lodo, heces de dragón, lluvia, y probablemente también de otras sustancias que habían tenido el propósito de castigar y humillar.
No que Dagur se mostrara afectado, claro.
"¡Oh, pero si no es nada más, y nada menos que mi querida tía Valka! Levantándose del Inframundo, ¿eh?" Dagur escupió un pedazo de hueso de su boca. Probablemente de las sobras de su desayuno. "Nunca lo hubiera pensado. Ooooh, recuerdo como Stoick lloriqueó en tu funeral. Y digo, ¿cómo no hacerlo? Sin esposa, sin dignidad, ¿y aparte tener que criar a ese Abadejo, él solo? Hasta yo derramo una que otra lagrimita de desesperación. ¡Pero, en fin! ¡Estás viva! Tú simplemente... quisiste abandonar a tu familia por elección propia. ¡Ouch!"
Detrás suyo, Cloudjumper aterrizó, gruñendo.
Dagur silbó. "Linda bestia. Mejor dotado que cualquier Hairy Hooligan que conozca."
Por Todos Los Dioses.
Le costó a Valka cada onza de su autocontrol para no reaccionar visiblemente a todas las flechas que Dagur le clavó directo en sus inseguridades.
Había conocido a este muchacho desde su nacimiento, y eras bizarras las circunstancias actuales, donde Valka averiguaba el destino de cada uno de aquellos descendientes de tribus vecinas que había visto nacer. El padre de Dagur había sido un hombre listo, aunque algo ingenuo al querer cambiar el hambre por el caos de su gente con nociones paz y tranquilidad. La madre de Dagur—No había sido la mejor opción, obviamente. Se demencia había su más poderosa herencia a su hijo.
"Te tomaremos a Uppsala." Valka cortó la soga para liberarlo del poste. Tuvo que cubrir su boca ante la colección de olores. "Cloudjumper."
Enseguida, el dragón utilizó su garra para aprisionar a Dagur a su voluntad.
"¡Oigan, cuidado con los ojos! ¡Sólo me queda uno!"
Cloudjumper fue veloz en tomar vuelo. Volaron sobre el campamento con propósito; cuerpos lejanos se movieron de su camino, otros apuntaron con asombro, todavía no acostumbrados a convivir con dragones. Las piedras arrojadas en aberración, sin embargo. Eso fue nuevo.
Valka suspiró, y ordenó a Cloudjumper subir altitud. Su cargamento no llegaría con vida, de lo contrario.
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"Siempre son las calladitas, ¿eh?"
Astrid, encima del dragón de carga que había tomado prestado para su último traslado, sintió el control salirse de sus manos por un momento, al oír el tono pícaro de Ruffnut acariciarle la oreja.
"¡As-trid y Ca-mi sentados en un árbol!" Ruffnut prosiguió a cantar. "¡Dándose besitos! ¡Muak, muak! ¡Y unas nalgaditas, oh sí!"
"Te lo juro, Ruffnut, una palabra más, ¡y te aviento al mar!"
Fishlegs apareció a su costado, montando a otro Gronckle macho que no había tardado en encantar a su conveniencia. "¡As-trid y Ca-mi pateando trasero de Berserker! ¡Muak-muak!"
"¡Los odio!" La euforia se entremezcló con su irritación. Astrid quiso permanecer ofendida, pero una risa salió de su propia boca. "¡A los dos!"
Ruffnut aflojó sus brazos alrededor de la cintura de Astrid. "¡Nah, nos amas!"
"¡Astrid! ¿Cómo sucedió? ¿Por qué no nos dijiste?" Fishlegs estaba sonriendo, gentileza acompañando la comedia brillando en sus ojos. "¡Por Odín! ¿Viste las caras de todas esas Bog Burglars cuando te besó frente a todos? ¡Fue épico!"
"¡Eso sucede cuando se subestima el poder de seducción de una Hairy Hooligan! ¡Ouch!" Ruffnut volvió a sujetar de la cintura de Astrid, por fin dándose cuenta que sus heridas no apreciaban tanto revoloteo.
"Cuidado, ya casi llegamos." Astrid murmuró. "¿Estás sangrando de nuevo?"
"...No."
"Ruffnut."
"¿Quizás? No lo sé."
"¿Como no puedes estar segura?"
"¡De acuerdo!... Un poco." La confesión se manifestó con voz quieta, casi pegada al tímpano de Astrid. "No importa. ¡Me siento genial!"
Astrid no quiso mostrar su preocupación de manera obvia. Pero, sabía que Ruffnut ocuparía regresar a Berk lo más antes posible. Nadie mejor que Gothi podría ayudarle a sanar de este tipo de heridas. Esas heridas que sólo otra mujer podía comprender. "Deja de moverte tanto."
"Sí, mamá."
Astrid resopló por sus narices. "¡Ya quisieras!"
"Oh, sí, lo olvidaba. ¡Camicazi es la única que puede llamarte así!"
Fishlegs explotó en carcajadas.
Astrid rodó sus ojos. "¡No es para tanto!"
Pero, la tortura apenas comenzaba. Con ojos saltones, su amigo se tornó hacia ellas, sonriendo de oreja a oreja. "¡Oooooh! ¡Esperen a que HICCUP se entere!"
Ruffnut jaló del brazo de Astrid. "¿Puedo estar allí cuando se lo digas? ¿Sí, sí, sí?"
-Como si le fuera a importar. "Absolutamente NO." A sus amigos, Astrid guiñó el ojo que no quería salirse de su cuenca de lo hinchado que se encontraba. "Ese placer será TODO mío."
"Frío, Hofferson, frío." El aliento de pescado de Ruffnut volvió a rozar cerca de su oreja. "¡Me encanta!"
El viaje a Uppsala fue relativamente rápido con la ayuda de los dragones. Valka no haba bromeado al indicar que el Templo se encontraba en lo más profundo de las montañas. De cierta manera, el lugar había sido protegido por su localización. No había rastro de fuego alrededor de la zona que sobrevolaron, siguiendo la figura de Cloudjumper en la distancia.
"¡Vaya!" Fishlegs fue el primero en desmontar a su dragón al aterrizar. "Luce más pequeño que la última vez que vine con Hiccup."
"Duh. Porque era un niño, Fishlegs." Ruffnut brincó de su transporte -y de Astrid- con torpeza. Tuvo suerte que Fishlegs estuviera cerca para evitar que se rompiera otra costilla en la caída. "¡Ugh! ¡Apesta a zorrillo!"
Astrid sobó su frente. "¡Por Odín, Ruff! Es incienso. Ten cuidado que los Monjes no te escuchen. Si los llegas a insultar, te ganarás una maldición de los Dioses de por vida."
"Pfff. ¡Loki me protegerá!"
"Hasta Loki tiene límites." Fishlegs murmuró, mientras comenzaron a caminar juntos. Se ganó una risa de parte de Astrid, y un codazo de Thorston. "Chicos. Ya en serio... ¿Qué piensan de lo que quieren hacer con... Dagur? ¿Les parece... justo?"
"Depende. ¿Quieren a Dagur asado a las brasas, o hecho pedacitos?"
"¡Ruff!"
"¿Qué? ¡Es una pregunta justa! ¡Puedo ayudar con las brasas!"
Fishlegs se tornó a Astrid, algo que la chica había temido. "No lo sé, Fishlegs. No suele ser el estilo de Berk tener sacrificios humanos, lo sé... pero no nos incumbe meternos en sus asuntos, ¿no crees? Debemos respetar sus costumbres. ¿No es lo que siempre dices?"
Obviamente, no fue lo que Fishlegs quería escuchar. "Hiccup no lo aprobaría."
"Hiccup no está aquí." Astrid enfatizó. "Y por el bien de su amistad con Camicazi, aunque estuviera aquí, tendría que callarse la boca. Hay líneas que ni él puede cruzar."
Fishlegs sólo sonrió. "Has conocido a Hiccup Horrendous Haddock III, ¿qué no?"
El hombro de Astrid golpeó el costado de su amigo en aire juguetón. "Ya sabes a qué refiero."
Llegaron a la entrada oficial del terreno de Uppsala a paso lento. Bog Burglars, Uglithugs y Hairy Hooligans por igual, se conglomeraron a su alrededor, empujándolos para apresurarse a atravesar el marco de madera que indicaban que todas las almas eran bienvenidas, en antiguo nórdico. El Templo consistía en una parroquia en el fondo del bosque, no tan desigual en arquitectura a las chozas de Berk. El techo de la parroquia brillaba amarillo, casi dorado con los rayos del sol. Diferentes estandartes adornaban el perímetro del territorio, vistiendo colores de acuerdo a cada Dios y Diosa.
"¿Es verdad que te pueden conceder un deseo?" Astrid susurró, algo intimidada con la atmosfera pesada que le cautivó, al dar sus primeros pasos al territorio de Odín.
"Si otorgas el sacrificio correcto." Fishlegs extrajo su bitácora de viajes de su cinturón, haciéndola sonreír. "Por ejemplo, muchas mujeres ofrecen sacrificios a Frejya para quedar encintas. Y navegantes como Eret suelen hacer ofrendas a Njörðr para tener viajes exitosos en el mar. Supongo que es una mezcla de fe, y mucha suerte que tu deseo se cumpla a la precisión."
Siempre un vikingo dedicado a lo que podía tocar, medir y experimentar con sus propios ojos, ése Fishlegs. La mirada de Astrid viajó hacia los cuatros puntos cardinales del Templo, sintiendo un jalón en las cuadras direcciones.
"¿Qué hay de un deseo para alguien más? ¿Para alguien quien no pudo estar aquí con nosotros?"
"¿Oh?" Intrigado, Fishlegs agachó su rostro a su altura. "¿A qué te refieres?"
"Nada. Olvídalo." Sonrojada, Astrid sacudió su cabeza. En su mente, Stormfly pió demandante, de seguro ya vuelta loca por la separación. La extrañaba inmensamente también. Y por ello deseaba poder hacer algo especial por su amiga. Aunque no tenía la menor idea de cómo, o qué exactamente, ofrecerle a los Dioses...
Una vez más, fue hora de acampar en las afueras de la parroquia, mientras los sacerdotes de la Tribu Uglithug que la Princesa Tantrum había tenido a bordo, se dedicaban a coordinar la ceremonia de Inauguración y posteriormente, prepararse para el sacrificio que culminaría en la media noche. Por más que Astrid intentó encontrar alguna pista de Camicazi por el campamento, no le fue posible distinguirla.
A pesar del alboroto al respecto, el beso que habían compartido, no había cambiado nada.
Por lo menos, así Astrid, se sintió.
Camicazi era un enigma cuando se trataba de sus más privadas emociones. Cuando estaba de buen humor, le buscaba. La atraía, la tenía, la disfrutaba, y luego... Nada. Si la chica no lo deseaba, no compartía nada más allá. Y dejaba a Astrid con preguntas, y poca lógica.
Era inevitable no comparar lo que tenía con la relación que había tenido con Hiccup. Por lo menos con él, Astrid siempre había sabido qué esperar. Hiccup era transparente. Sus sentimientos, sus pensamientos, sus intenciones... Hasta sus ideas más estúpidas.
Camicazi era frío y calor, un estado o el otro, pero nunca una combinación de ambos. Y nunca podías saber qué lado te tocaría.
Ahora que la guerra con Dagur había sido ganada, Astrid estaba confundida. ¿Qué seguía? ¿Qué haría ahora, Camicazi? ¿Quedarse en las Islas Bog Burglars de planta? Lo más probable.
-¿Y qué, si eso pasa? Astrid se renegó a sí misma, mientras auxiliaba a levantar una de las carpas, a lado de Fishlegs. -Nadie morirá. El cielo no se caerá, Hofferson. Seguirás adelante, como todo el tiempo.
La resignación le fue una sensación familiar. Astrid ya se estaba acostumbrando; a resignarse a que había cosas que no se podían cambiar. Camicazi tenía responsabilidades. Astrid podía respetarlas. Inclusive si... por una sola vez, le gustaría...
Ser la primera opción de alguien más.
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"¡Gloria a los Aesir y a los Vanir!"
Sangre de ciervo fue esparcida ligeramente en el rostro de cada uno de los rostros de los visitantes. Todavía estaba caliente. Valka observó los diferentes tipos de muecas que los amigos de Hiccup manifestaron con el ritual de bienvenida, y escondió su sonrisa de la vista ajena para evitar insultar a los Altos Sacerdotes. El Ritual de Iniciación extrajo de Astrid una tonalidad verde de sus usuales mejillas rosadas. Ruffnut prosiguió a embarrar las gotas por su tez, como si se tratara de pintura facial de batalla. Y Fishlegs—¡Oh, pobre Fishlegs!
Por lo menos, Ingerman tuvo la decencia de salir corriendo del templo antes de vomitar. Berk probablemente hubiera sufrido la furia de los Dioses si aquel estofado hubiera manchado los pies del sacerdote.
"Esto es divertido. ¿Qué sigue? ¿Un tour por esta choza?"
"Ruff—"
"Whoa, Astrid. ¿Te sientes bien? Estás pareciéndote un poco a Barf."
"Estoy... perfectamente... bien."
Valka se interpuso entre ambas chicas, tomándolas de sus hombros para empujarlas lejos del altar. Las encaminó hacia el centro del templo, donde el monumento de piedra del Señor Odín se encontraba. Era una larga columna de piedra, incrustada en el medio de un estanque de agua de lluvia. Para llegar a la columna, tenías que usar los peldaños que resaltaban del estanque. Así lo hizo Valka, para dar el ejemplo.
Su palma tocó la piedra.
Permaneció unos segundos así, recordando el último deseo que Odín le había cumplido.
- "Por favor, Padre Odín... Que la guerra termine. Que Stoick vea que los dragones no son nuestros enemigos."-
Esta vez, se limitó a mandar una oración de buena fortuna en el nombre de Berk. No se sintió con ningún derecho de pedir por otro milagro—Como pedir de vuelta a su esposo.
"Ahora, es su turno, chicas. Sólo concéntrense."
No le sorprendió ver a Ruffnut pasar primero que Astrid. La vikinga abrazó el pilar con todas sus fuerzas y murmuró algo privado que sólo Odín escucharía, antes de partir y regresar a lado de Valka, bastante satisfecha.
Astrid se mostró titubeante, al saber que era su turno.
Valka apuntó hacia las demás esculturas de piedra que representaban a los Dioses, como Frejya y Thor. "¿Qué tal si nos adelantamos, Ruffnut? Démosle a Astrid un momento a solas."
"Seguro pedirá convertirse en Princesita Bog Burglar." Ruffnut limpió sus uñas en su piel de cordero para sacarles brillo. "O una nueva hacha. ¡Es lo que yo pedí!"
"Una chica práctica, entonces." Valka sonrió, permitiendo que la rubia siguiera adelante sin ella. Se tornó hacia Astrid, de manera irresistible, todavía inquieta por la incertidumbre proviniendo de alguien tan temeraria.
"Su nombre es un castigo." Una voz ajena, rasposa, se deslizó a sus espaldas. "Puesto que siempre sufrirá ceguera ante el verdadero amor."
Valka tragó alivio. No se tornó hacia el sacerdote, sabiendo que sería considerado una falta de respeto. "¿Es ése... un mensaje de los Dioses?"
Una pausa.
"Los Dioses son caprichosos. Más en los asuntos de sentimientos y pasiones. Astrid Hofferson es considerada una anomalía. Freyja no la comprende. Así que, la castiga." Las palabras fueron delgadas agujas sobre los hombros de Valka, conforme absorbió su significado. "Con ceguera."
Algo parecido a simpatía le oprimió el pecho. "No puedo comprender qué Astrid hizo para merecer un castigo así."
"Mm." Las cadenas de plata cantaron clink-clink-clink, al momento que un brazo del sacerdote se extendió hacia la línea de visión de Valka. Al extender su mano hacia ella, Valka capto el mensaje y se apresuró a besar los nudillos en reverencia. Era considerado un gran honor; ser elegida para una leída de fortunas por parte de un Alto Sacerdote.
La mano regresó a su dueño. Valka siguió la trayectoria de aquellos dedos sumergirse en un pequeño costal de terciopelo rojo. Clink-clink-clink, vino de sus adentros.
"Freyja la rechaza. Y otras deidades pelean por las riendas de su alma. Quizás quien gane... será más misericordioso."
De vuelta a la vikinga en cuestión, Astrid se tomó su tiempo para colocar su palma en el monumento a Odín, palma a la piedra. Valka la observó con detenimiento, esperando que algo especial sucediera. Pero, nada fuera de normal se manifestó. La misma Astrid se miró inafectada por alguna sensación sobrenatural. Algo decepcionada, la chica se apartó del pilar para regresar a la muchedumbre. Valka la miró abrirse camino rápidamente hacia la salida del templo.
Finalmente, el puño del sacerdote extrajo tres runas de oro de su saco de terciopelo. "Mn."
"¿Qué dicen las runas?"
El Sacerdote arrojó las tres monedas al lago de Odín.
"Un peor destino." Valka sintió su mentón colgar, presenciando vapor saliendo del cuerpo acuático, al mero contacto de las runas. "Astrid Hofferson skal aldri dø."
Valka no pudo despegar su mirada del vapor, del tono rojizo que paulatinamente fue cobrando vida en el agua. La profecía no tuvo mucho sentido, pero las palabras retumbaron en las costillas de la mujer. Como el impacto continuo de un tambor.
-Astrid Hofferson nunca morirá.
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El banquete de Inauguración en Uppsala fue un éxito.
Uno que involucró mucha cerveza.
Y hongos alucinógenos.
Fishlegs se vio obligado a adherirse a Ruffnut para evitar que la chica a) no se acercara a dichos hongos alucinógenos, y b) no terminara integrándose a una de las orgías naciendo alrededor del campamento, en honor a la Diosa Frigga.
"Agua-¡Hic!-fiestas." Ruffnut eructó.
Fishlegs le alimentó otra tira de uvas, una de las mejores tácticas de distracción que conocía. Ruffnut, acostada sobre la maleza con su cabeza en la rodilla de Fishlegs, recibió la uva directo a su bocota. El contenedor de ale había rodado lejos de ella desde hacía rato. ¡Gracias a los Dioses!
"Apenas puedes caminar en dos pies, no estás en estado de montar a ningún Marginado—Ejem, quiero decir—a ningún dragón."
Ruffnut eructó de nuevo.
Una chica desnuda les pasó por enfrente, riéndose y ebria. En acto seguido, un soldado Uglithug le siguió, afortunadamente todavía vistiendo sus pantalones. Fishlegs suspiró. El Uglithug le recordó a cierta Princesa pelirroja que no había divisado en todo el día.
-Paciencia. Pronto la verás. "Ya casi es medianoche." Ciertamente, la emoción en el ambiente era palpable. Todos estaban al filo de la ansiedad, queriendo averiguar que sería del destino de Dagur El Desquiciado . ¿Lo partirían en pedacitos? ¿Lo alimentarían a un dragón? ¿Lo convertirían en brocheta humana? ¿Lo arrojarían al mar?
Fishlegs tenía la sospecha que tendría que ser una sentencia bastante mortal, porque Dagur había comprobado una y otra vez, que no era fácil de asesinar. Siempre encontraba la forma de regresar.
"Demonios." Fishlegs murmuró. "No puedo negar que Dagur sea la peor persona en el Archipiélago, pero... Aun así, no me sienta bien lo que piensan hacer con él. No deja de ser el hermano de Heather."
Ruffnut empezó a roncar.
Fishlegs suspiró. Acarició los mechones de la chica para ayudarle a relajarse. La acomodó sobre su abrigo de oso para mantenerla caliente. Al levantarse de la maleza, se percato por primera vez de la presencia de Cloudjumper, colgando de uno de los arboles cercanos. Vigilándolos, al parecer.
Por millonésima ocasión, Fishlegs extrañó a Meatlug. "Cuida de ella, ¿de acuerdo? Necesito caminar un rato."
Un ojo ámbar parpadeó, suspicaz.
Fishlegs le sonrió en conspiración, para después impartir camino hacia el norte del campamento. Donde el altar a los Dioses estaría ya listo. No fue el único con la misma atracción. Bog Burglars, Hooligans y Uglithugs comenzaron a caminar hacia la dirección del templo, anticipando el inicio de la medianoche.
Nervioso, Fishlegs frotó juntas sus manos. A unos metros del templo, divisó una enorme fogata, y a su vez, una plataforma construida en madera y piedra frente al Templo. La multitud se amontó. Los susurros excitados comenzaron.
A la plataforma, subió Camicazi.
El publico enloqueció.
Fue oficial, entonces.
Era la media noche.
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Por primera vez en mucho tiempo, Dagur se permitió flaquear en duda.
Sus visiones solían convertirse en realidad. Hasta ahora, nunca le habían fallado.
Pero, tampoco eran lo más claro del mundo vikingo. No venían con un maldito instructivo, ni mucho menos, sostenían garantía. Dagur, por naturaleza, no era un Berserker de fe; sin embargo, la sangre de Seadragonus lo había cambiado. Dagur lo sentía todo el tiempo - el jalón. La sangre plateada se estaba convirtiendo en un timón, llevándolo a su antojo. Hasta ahora, Dagur no había mostrado oposición, porque la sensación era tan deliciosamente poderosa...
Dagur había escogido rendirse, porque no había querido morir a manos de Drago.
Ahora, siendo jalado hacia el pedestal por sucias Bog Burglar, Dagur entró en pánico. Sus talones se aferraron a la tierra en instinto automático, al ver la enorme hoguera que habían encendido frente al pedestal. Fuego. Dagur odiaba el fuego.
Su amado pajarito le esperaba, su rostro pintado de rojo y negro, al igual que las llamas. Su cabello había sido amarrado con trenzas de cabellos ajeno para re-crear su antigua melena, típica de las mujeres de su pueblo. No lució como la chiquilla que había tenido en sus calabozos, llena de mocos y pucheros. Si Dagur no estuviera tan concentrado en liberarse de la soga alrededor de sus muñecas, hubiera lanzado uno que otro piropo. Sólo para arruinarle el momento a la engreída cara de cerdito.
"¡Esta noche, nuestra gente recibirá justicia!"
Dagur rodó sus ojos ante los gritos de júbilo. ¡Todos y cada uno podían besar su trasero!
"Dagur El Desquiciado." Cami-Oink-Oink le jaló de su armadura para movilizarlo lo que restaba de los escalones, su meta siendo subirlo al pedestal. "¡Te sentencio a muerte! ¡Esta noche, serás ofrecido a los Dioses en Sacrificio!"
Dagur lo había visto. Había visto el pedestal. Había visto a la Princesa jadeando con anticipación sobre su rostro. Había visto al publico y sus sonrisas.
No había visto la hoguera, sin embargo. Ninguna visión había involucrado maldito fuego.
Dos guardias lo sometieron hasta tenerlo de rodillas frente a todos. De reojo, Dagur observó a Camicazi Bog Burglar desvainar su sable.
Mierda de yak.
La hoja acarició su oreja. Dagur le sonrió. Intentó morderla como perro rabioso.
Recibió una patada en su costado por su ocurrencia.
"Te cortaré la cabeza, maldito."
"¡No!" Vino del gentío. "¡Camicazi, espera!"
"Espero que hayas afilado bien esa cosa." Dagur gruñó. "¡De lo contrario, estaremos aquí toooooda la noche!"
"Después, echaremos tu cuerpo al fuego. Quizás así, tu alma podrá ser purificada y obtendrás permiso de entrar al Valhalla."
Dagur se carcajeó. "Creo que para eso ocuparé mi cabeza, cerdita."
-Vamos. Pensó, maníaco con impaciencia. -Vamos, vamos, vamos, vamos. ¿A qué horas se te antojará aparecerte para salvar a tu querido hermano?
"¿Algunas últimas palabras?"
Dagur se preguntó si su sangre explotaría roja o plateada, cuando su cabeza fuera mochada de su pescuezo. "Claro... ¡Espero le atines a la primera!"
"¡Es una locura, Camicazi! ¡Déjame pasar! ¡Vamos, muévanse! ¡Cami, hay otras maneras de obtener justicia!"
"¡Fishlegs, aléjate! ¡Guardias, sosténgalo!" A Dagur, la rubia le echó un último vistazo. A pesar de sólo tener un ojo, Dagur reconoció duda en su semblante. La Princesita no era tan brava como quería aparentar. Ugh. Que decepción. El sable fue erguido a los cielos en preparación. "¡Que Hel te reciba!"
No puedo evitarlo. En instinto, Dagur cerró su ojo. Esto iba a doler.
WHOOOOOSH.
CLINK.
Silencio.
Dagur abrió su ojo lentamente. Primero, le costó trabajo distinguir lo que estaba sucediendo.
Una figura estaba interpuesta entre la Princesa y su persona...
...y en su mano derecha, una espada hecha de fuego estaba sosteniendo el peso de la hoja de hierro.
Dagur sonrió.
"Hola, hermano."
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Fin de Parte
XXIV.
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NdA: Este capitulo va dedicado a todas y todos mis friggs. Gracias por esperar y no parar de echarme porras para continuar.
