"Munr."

Por B.B. Asmodeus.

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Fandom: How to Train Your Dragon, 1, 2 & 3, Dragons: Riders/Defenders of Berk, Dragons: Race to the Edge y Novelas de Cressida Cowell.

Parejas principales: Hiccup/Toothless, Tuffnut/Snotlout, Astrid/Camicazi (menciones), Eret/Stormfly sin resolver. Eret/Astrid sin resolver. Pre-Ruffnut/Cloudjumper y más.

Advertencia general: Relaciones románticas entre dragón/humano.

Advertencia en este capítulo: Muerte de personaje. No revelaré el spoiler de la identidad del personaje, pero es un personaje principal. Lean con cautela, en sus pijamas favoritas, con chocolate caliente. Esta muerte ha sido pensada con anticipación y es un paso mayor para la sub-trama de esta temporada. Por favor, no se enojen. Por favor, no sean viles y digan que les alegra la muerte. Por favor, sean pacientes para ver como la trama se desenvuelve alrededor de este suceso.

Recomendación: Por favor dénse otra vuelta por el Interludio III: Anguilas con Tocino, antes de continuar con este capítulo. Les ayudará a refrescar su memoria, lo prometo.

Rating: Adult. Por descripciones gráficas de violencia.

Categorías: Romance, Humor, Drama, Suspenso, Temas Espirituales, Hurt/Comfort, Fusión con los Libros, Acción/Aventura. Lemon. Uso de mitología y lenguaje Nórdico.

Sinopsis: Post-HTTYD 2, Pre-HTTYD 3. Temporada 2 de Munr. Relaciones serán puestas a prueba para decidir de cuál lado estará cada Tribu en el Archipiélago Vikingo en la Guerra contra Furious.


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Parte

XXVII

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"Nacimos juntos.

Vivimos juntos.

Morimos juntos."

-Ruffnut/Tuffnut, Race to the Edge.

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Organizar el trayecto de vuelta a Berk fue una tarea apresurada, a la mañana siguiente.

Por alguna razón, Hiccup quiso dejar las Islas lo más rápido posible. Y Hiccup, siendo Hiccup, citó una junta con la Jefa Bertha para compartir las noticias poco después del amanecer. Aunque somnolientos y de mal humor, Astrid y el resto del equipo mostraron sus caras desveladas cuando Hiccup lo ordenó.

Fue así, con sus ojos resecos y su trenza despeinada, que Astrid escuchó que Camicazi regresaría con ellos a Berk.

Astrid se sintió tonta—y mucho más despierta—al no haber previsto una decisión así de parte de la Princesa.

¡Claro que Camicazi necesitaría regresar a Berk! Valkyria se encontraba allí con Stormfly, junto con los niños y mujeres sobrevivientes del primer ataque de Dagur a las Islas.

No hacía la situación menos incómoda.

"Eh." Hiccup compartió una mirada con Astrid al escuchar la decisión del Consejo de la Tribu de Bog-Burglars. Lució igual de inquietado. "Por supuesto. Aunque no veo la necesidad. Podemos mandar a Valkyria y al resto de tu gente después, con una escolta de jinetes."

"Eso tomaría tiempo." Camicazi, levantándose de la mesa, rodó sus ojos. "A diferencia de ti, yo sí tengo cosas importantes que hacer."

Hiccup bufó por sus narices. "Con esa actitud, puedes nadar el regreso a Berk tu sola, Señorita Rabietas."

"Hiccup, por favor." Valka empujó a Hiccup para que retrocediera con Astrid y sus amigos. "Sería un honor. Jefa Bertha, prometo regresar a tu hija lo más rápido posible. Estoy segura que la necesitarán para las reconstrucciones."

Bertha no lució muy impaciente por tener a su retoño de regreso.

"Como otra prueba de buena fe entre nuestras tribus, quisiera informarle que hemos decidido obsequiarles dos de nuestras naves, previamente utilizadas por los hombres de Alvin."

Astrid comenzó a deslizarse por los cuerpos del grupo, queriendo pasar desapercibida. Obtuvo unas cuantas miradas de extrañeza de Fishlegs y Snotlout.

"No necesitamos regalos nacidos de lástima, Valka."

"No lo es. Cuando tu pueblo se haya recuperado pueden regresar estos dos navíos a Berk. Así, ambas tribus mantendrán su honor intacto. ¿No lo crees así, buena amiga?"

Por la falta de una respuesta negativa al ofrecimiento, Astrid asumió que los términos de negociación habían sido aprobados.

"Decidido." La voz de Camicazi le siguió hasta las afueras de la carpa. "¡Vámonos ya, Hiccup-bobo!"

"¡Oh, wiii! ¡Divertidísimo!"

No por primera ocasión, Astrid sintió el sarcasmo de Hiccup reflejar sus propios sentimientos.

Para el mediodía, Fishlegs y Ruffnut ya se habían encargado de alimentar a los dragones rescatados de Sinister para prepararlos para el viaje. Mientras tanto, Valka coordinó a los Marginados para cargar provisiones a los dos barcos restantes, que por ahora, Valka había tomado para la utilidad de los Hairy Hooligans.

Fue fácil, sin Alvin de por medio.

Cuando se encontraron listos para zarpar, Hiccup la citó junto con Fishlegs en la nave en la que habían arribado a Uppsala. Hiccup ya los estaba esperando para cuando se apuraron a acudir al llamado.

"¿Reporte, Fishlegs?"

Fishlegs dejó de tallarse sus ojos desvelados. "¡Ah! Ah, sí claro—Los dragones están alimentados y listos."

Hiccup pareció tachar ese pendiente de su lista mental. Junto con un pensativo Eret en la cabina de juntas de la nave, trazó la ruta que los llevaría de regreso a casa sobre el mapa extendido en la mesa.

"Como ya saben, mi madre decidió cederles dos de las tres naves de Alvin a la Tribu de Grandísima Bertha para no dejarlas desprotegidas. Lo que no saben es que nos encargamos de que el motín que los Marginados habían hurtado de la Isla Berseker, ha sido puesto de regreso en las naves sin su conocimiento. Por lo menos, lo que pudimos recuperar."

"Son grandes noticias, Hiccup." Fishlegs apreció, sonriéndole a su líder. "Bien pensado, además. De esa forma creerán que el motín fue olvidado por los Marginados. Un golpe menos para su ego."

"Exacto." Hiccup sonrió de vuelta. "La Princesa Tantrum me envió un cuervo esta mañana. Zarparon antes del amanecer, ¿cierto? Lo siento."

"¡Oh, no!" Fishlegs rebuscó en su cinturón, hallando un rollo pequeño de pergamino. "No te preocupes, Hiccup. Nos prometimos permanecer en contacto… ejem…" Notando las miradas de sus amigos, Ingerman tosió. "Quiero decir, para mantenernos al tanto de cualquier imprevisto en la que la Princesa pudiera auxiliarnos en el futuro."

"Lo mencionó. A decir verdad…" Hiccup extrajo su propio pergamino, mencionado con anterioridad. "Esta carta es un juramento firmado de lealtad a nuestra tribu. Es oficial. La Princesa se ha jurado nuestra aliada en tiempos de guerra. Bien hecho, Fishlegs."

Astrid frunció el ceño. -¿Bien hecho?

Hiccup bajó la mirada al mapa. "Regresando a la estrategia. Mi madre volará con Cloudjumper. Tuffnut volará junto conmigo y Toothless en Windwalker. Lideraremos por el cielo con todos los dragones."

"¿Wind… walker?" Astrid parpadeó.

"¡Oh, sí! No los he presentado. Eh, lo haré después, no te preocupes. Por ahora, ¿dónde me quedé? Oh, sí. Snotlout permanecerá en la nava para coordinar la vigilancia de Dagur."

"¿Crees que sea buena idea?"

Hiccup frunció su ceño. "Confío en Snotlout para que mantenga a los Marginados en raya."

"Pero—"

"Fishlegs, ayuda a Eret a mantener el control en esta nave, ¿por favor? Muy bien, gracias. Entre más rápido zarpemos, mejor, chicos. ¿Duda? ¿Sugerencias? ¿Quejas? ¿Nop? ¡Manos a la obra, entonces! A orden de mi querida madre, debo recoger cierta Princesita Bog-Burglar de la bahía."

Incertidumbre llenó a Astrid de cabeza a botas. "¿ transportarás a Camicazi?"

Hiccup suspiró, cargando su casco en su cadera. "Aye, aye. Mi madre lo llamó un pequeño ejercicio en diplomacia. ¡Ah! Eret, no olvides a despertar a Ruffnut del camerino para que ayude a los chicos en turnarse para vigilar a Dagur."

"Seguro." Eret enrolló el mapa, guardándolo en su cinturón momentos. Ya saliendo de la cabina, pausó a lado de Astrid con una ceja alzada. Astrid mordió su labio inferior.

La súbita repartida de roles provocó que su cabeza girara. "Hiccup, espera. Necesito decirte algo."

"¿Alguien murió? De lo contrario, Astrid, puede esperar."

Hiccup fue rápido en escabullirse de la cabina detrás de Eret, la gallina.

"¡Hiccup, espera!"

Incrédula, Astrid lo alcanzó en la proa, justo cuando Toothless saltaba del mástil principal para aterrizar frente a ellos. "Hiccup, ¿cuál es la prisa? No es como si fuéramos a—Freya me pellizque, Tuffnut y Snotlout están besándose."

"¡Pensé que te gustaría el descanso!" Se escuchó detrás del casco bien puesto. Luego, al notar a una estupefacta Astrid, Hiccup liberó una risilla. "¿Qué? Traté de advertirte anoche. ¿Cómo ves? Eso sucedió."

"Se están… besando." Astrid parpadeó. La imagen no cambió. Tuffnut estaba enredado en Snotlout con la fidelidad de una sanguijuela. "¿Tuffnut… y Snotlout?"

"Ajá."

"La mano de Snotlout está tocando… el trasero de Tuffnut."

"Ugh." Hiccup se estremeció. "¡Chicos, ya córtenle a su despedida! ¡Tenemos prisa!"

Tuffnut gruñó entre dientes—Su bocota aun pegada a la de Snotlout. Sus gruñidos se transformaron a un gritillo agudo, sin embargo. Todo gracias a la nalgada juguetona que Jorgenson le brindó.

A sus espaldas, Tuffnut tenía en espera a un dragón que Astrid no había visto antes, vistiendo una silla de montar más grande de la talla que le correspondía. Probablemente una improvisación de Hiccup. El dragón se mostró tímido; analizando cada movimiento que se producía en la borda. Era una especie que Astrid no había visto antes, y la consideró estéticamente hermosa.

"Ya oíste al Jefe, fuera de aquí, hambriento vikingo." Snotlout viró directamente hacia su audiencia, tras quitarse a Tuffnut de encima.

Astrid, abochornada, se volteó en la dirección opuesta.

"¡Pensaré en ti, dulce enano oloroso a pan con mantequilla!" El alarido melodramático de Tuffnut causó risas de su alrededor. Astrid supuso que los Marginados a bordo se habían familiarizado con este nuevo nivel de locura.

"Hablo en serio, Tuff. ¡Ya vete!"

"¡Oh, la tragedia de decirnos adiós!"

Hiccup se había aprovechado de la distracción. Astrid lo encontró ya encima del Night Fury, al reincorporarse de su shock inicial. Frustrada, la vikinga le persiguió de nuevo. Se movió con agilidad para frenarlos, sosteniendo el arnés de Toothless antes de que tomaran vuelo.

"Por las barbas de Odín, Hiccup. Dije espera."

Hiccup alzó la tapadera de su casco. "Astrid, no tenemos tiempo. Estoy seguro que lo que sea que quieres platicarme, puede esperar."

"No." Astrid gimió frustrada, sobando su frente con cierto bochorno. Esta sería posiblemente la conversación con su ex más incómoda de sus vidas. "No creo que pueda."

Por fin, Hiccup pareció tomarla en serio. Cesó todo movimiento de su flacucho cuerpo en atención.

Astrid tragó saliva para armarse de valor. Tenía que contarle a Hiccup la verdad antes de que comenzara el viaje con Camicazi. ¿Qué tal si la chica le rompía las noticias en el camino, sólo para sacarlo de quicio?

Astrid sabía que era ahora, o nunca.


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"Sostente."

"No te tocaré, Haddock."

"De acuerdo. No te sostengas. Sal disparada por los aires, si es lo que quieres."

"¡Hmp!"

Momentos después, Hiccup sintió las palmas de Camicazi tomarlo de mala gana de la cintura. Sonriendo con malicia, Hiccup le indicó a Toothless despegar de la playa.

Las despedidas con los miembros de la Tribu Bog-Burglar no fueron tan emocionales como uno hubiera pensado. Su Jefa, Grandísima Bertha estaba muy ocupaba coordinando el viaje de vuelta a la Isla norte, para prestarles atención a los Hairy Hooligans dejando sus tierras.

Toothless se unió al grupo de dragones que ya se les había adelantado. Al tomar su lugar a la cabeza de la formación, Hiccup sintió profundo alivio.

Por fin, regresarían a casa.

"¡No lo olvides! Si en algún momento sientes tu trasero entumecerse, con todo gusto puedo bajarte a la nave de Eret." —Y dejarla allí.

"Hmp."

Hiccup rodó sus ojos. "Bueno, ¿qué tal algo de conversación? El camino a Berk todavía cuelga—"

"No tengo nada que decirte."

"Difícil de creer." Hiccup murmuró. "Mira, Camicazi… ¿En serio seguirás guardándome rencor?"

El silencio fue bastante directo.

"¡Por Odín, como si en verdad hubiera querido besarte!"

"¡Ooooiiii!"

Hiccup sintió su cabellera siendo jalado de la manera más dolorosa posible. "¿Acaso tu boca no tiene ninguna clase de escrúpulo, Hiccup Haddock? ¡Por una sola ocasión, me gustaría que lo cerraras!"

"¡No puedo evitarlo! ¡Es una falla de nacimiento!"

"¡Hablas, hablas, y hablas, con toda la seguridad del Archipiélago, esperando que todo vikingo se ponga tu disposición! ¡Así no funciona la vida real, abadejo! ¡No eres nadie importante! ¡Ni siquiera eres el Jefe de tu propia tribu! ¡Sólo un niñito que le gusta pelear por causas dementes!"

"¡Wow, para alguien que no quería conversar, vaya que estás luciéndote!"

Un gruñido feroz hizo temblar el firmamento mismo. Hiccup sintió su cabellera siendo liberada, y el chico se apresuró a sobar su pobre cabeza. Sentir que tan divertido Toothless estaba encontrando la escena no ayudó la situación.

Al echar un vistazo por su hombro, encontró a Camicazi de espaldas, cruzada de brazos como la Princesa mimada que bien conocía.

"Siempre te tienes que entrometer donde no te llaman."

Hiccup tuvo suficiente.

"Si no me entrometiera… ¡Las cosas no cambiarían! Mi padre hubiera seguido cazando dragones, Toothless estaría muy posiblemente muerto. Valkyria, Stormfly, Meatlug, Barf, Belch, Hookfang. ¡Todos hubieran sido asesinados desde hace tiempo! Sí, cometo errores, Camicazi, pero al menos INTENTO HACER LO CORRECTO. Tomo riesgos que sé otros no quieren tomar, porque ALGUIENtiene que hacerlo. ¡Por Odín! Te presté a mi propia gente y negocié para que parte de los Marginados te ayudarán a recuperar tu hogar. Lo menos que pudiste haber hecho cuando te pedí que me cedieras a Dagur, fue darme el beneficio de la duda."

Hiccup jadeó tras el largo desahogo.

Sin embargo, aún no terminaba.

Tras carraspear su garganta, Hiccup prosiguió. "Lo siento mucho si te has tomado todo este debate tan personal. Pero como a todos mis amigos les ha encantado aconsejarme últimamente: ya madura, Camicazi."

Listo.

Hiccup se reacomodó sobre el arnés de Toothless, concentrado en la vista al frente, donde alcanzaba a divisar a los dragones dirigidos por su madre y Cloudjumper. Detrás de ellos, la nave de Eret los seguía a un ritmo más lento. Hiccup lo prefirió así. No quería a su gente viajando por separado, por más que deseara ya llegar a casa.

"Okaaaaaay. Eso fue incómodo."

Hiccup hizo una mueca. "Tuffnut, ¿nadie te ha enseñado en no husmear en riñas ajenas?"

"Al contrario. Mi madre siempre lo dijo: si no se tratan de ti, mucho mejor. Especialmente me gustó la parte sobre Camicazi siendo algo ingrata, y tú algo tonto para tomar decisiones."

"Nunca dije que fuera un tonto para—"

"Papas y tomates, amigo. Papas y tomates."

Windwalker voló, ligero y compacto, sobre Toothless, sus cuatros patas delgadas estiradas como si estuviera flotando por las nubes. Una de sus garras frontales permanecía vendada.

"No entendí ni un cuarto de lo que acabas de decir." Hiccup rodó sus ojos.

Tuffnut lució bastante relajado, extendido sobre Windwalker con una familiaridad algo precipitada. "¡Thor está jalándose las barbas con ustedes dos! ¿Por qué no se dan otro besito y hacen las paces?"

Como era de esperarse, Tuffnut se rió de su propia broma.

Hiccup sacudió su cabeza, una ligera sonrisa formándose en su rostro. "Ya qué estás aquí perdiendo el tiempo, dame un reporte sobre las tropas."

Entre gruñidos aburridos, Tuffnut reportó nada fuera de lo normal. Los dragones volaban a buen ritmo. A este paso, llegarían a Berk al anochecer. Hiccup aceptó el pronóstico, todavía algo distraído con el solemne silencio que seguía de parte de Camicazi.

Hubo un silencio enredoso en cuanto Tuffnut le dio su reporte y no hubo otro tema de conversación para seguirle. No obstante, si algo que el mellizo no soportaba era no poder llenar los silencios incómodos.

"Eh, Hiccup. ¿Por qué no le dices que ocupamos a Dagur para sanar a Snotlout y ya?"

Hiccup relamió sus labios con saliva. "Intenté decírselo en su momento, pero le interesó más insertarme su espada entre las costillas."

"¿Qué le pasa al cabeza dura de Jorgenson?"

Oh. Así que, ahora sí quería la Princesa saber. Hiccup alzó sus narices con actitud. "Es una larga historia."

Tuffnut bostezó. "Uh, ni tanto, Dagur le dio tomar a Snotlout sangre de Seadragonus Locus cuando fuimos a rescatar a Valkyria. Desde entonces, Snotlout ha tenido toda clase de alucinaciones y sueños excéntricos—"

"¡Tuffnut!" Si Hiccup estuviera más cerca, le daría un manotazo para callarlo. "No es nuestro lugar entrar en detalles. Snotlout no quiere que su condición se sepa por toda la villa."

"Uh, duh. Camicazi es nuestra amiga, ¿qué no? ¿Por qué tanto alboroto?"

"¿Para qué ocupan a Dagur?"

Hiccup suspiró. Por lo menos, Camicazi estaba dirigiéndole la palabra. "Sólo Dagur podrá conocer sobre un posible antídoto. No es como si pudiéramos preguntarle al mismo Dragón Furious, ¿o sí?" De repente, Hiccup estaba cansado de riñas innecesarias. "Nunca saldrá de su boca, claro, pero Snotlout… está realmente asustado. Hay otros… efectos… aparte de alucinaciones. En verdad necesita ayuda, Camicazi. Le prometí que encontraríamos una forma de curarle, y pienso cumplir mi palabra."

"Hmmm."

-¿Hmmm? ¿Eso es todo? Era oficial. Hiccup no comprendía a las mujeres.

A su flanco derecho, Tuffnut estaba pelando un mango. Las tripas de Hiccup gruñeron al instante. "Wow, hasta ahora recuerdo que me brinqué el desayuno."

Mostrándose extrañamente generoso, Tuffnut sacó otro par de mangos de su costal personal de víveres. Hiccup lo atrapó, al igual que Camicazi. Hiccup cortó la piel de la fruta con su navaja de bolsillo. Se devoró la pulpa dulce con gusto. Cortó un trozo mediano y lo arrojó al aire. Toothless lo capturó de un brinco, casi provocando que Hiccup perdiera el mango entero en el proceso.

"Oye, con más cuidado, lagartija." Hiccup quejumbró, succionando jugo de la fruta de sus dedos, pronto sintiendo la piel pegajosa.

A sus espaldas, escuchó maldiciones salir de Camicazi. Hiccup se tragó su carcajada. "¿Todo bien allá atrás?"

"Come lodo."

Hiccup sonrió para sí, cortando otro trozo y saboreándolo instantes después. "¿Con esa boca besas a las exes de otros?"

No hubo victoria más recompensante que ver el mango de Camicazi dar un salto traicionero hacia el mar.


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"Quiero dormiiiiir."

Ruffnut se colgó de las rejas frontales de la jaula de Dagur. Ruffnut le hizo una mueca, y se rió al ver la expresión de desagrado del Berserker.

"Ruff, no te le acerques tanto." Snotlout ladró desde su asiento en un costal de papas, relajado, y bastante interesado en la pieza de madera que moldeaba con su navaja.

"¿Qué se supone que debo hacer para divertirme, Snotlout? Hiccup me dio la peor asignación de todas. ¡Preferiría estar en la cubierta, mapeando el piso!"

"No me dejes detenerte."

"Augh." Ruffnut se dio la vuelta, todavía apoyada en la jaula. Se cruzó de brazos. "¿Qué mosca te picó a ti, Señor Responsabilidad?"

"Si, Snotty. Usualmente no te para la bocota." Dagur insertó desde las espaldas de Ruff. "¿Hiccup te cortó la lengua? ¿Los cojones? ¿O ambos?"

"Uuuh, esa estuvo buena."

"Silencio, los dos. Ruff, no te rebajes al nivel de ese pedazo de excremento de yak."

"Oye. Al menos, el tonto en la jaula tiene mejor sentido del humor que tú."

"¡Porque está demente!" Snotlout se levantó de su costal, caminando hacia Ruffnut con su cara rechoncha roja de la frustración. El Buen Snotlout que Ruffnut había querido de regreso. "Nueva regla. Nadie se acerca a la celda del Maníaco sin supervisión de otro adulto. Y no, tú no cuentas como adulto. ¿Entendido?"

La vikinga se dejó empujar lejos de la jaula, pero frenó sus botas al recordar que las mismas manos que la tocaban en esos momentos, ya habían sido contaminadas con las manoseadas a su mellizo. Se liberó de Jorgenson con unos atinados manotazos. "¡Thor te viera, Snotlout! Imitar a Astrid nunca es divertido. En especial la Astrid que ama sermonearnos por no afilar las hachas... O por no darle mantenimiento a nuestras sillas de montar… O por no escucharla en general. Heh. Oye, ¿recuerdas la vez que pegamos la silla de Fishlegs al revés en el lomo de Meatlug? ¡Te reíste tanto que no pudiste contener tu jugo de moras! Luego Hookfang quiso secarte los pantalones, pero los hizo cenizas por accidente. ¡Fue geeeeniaaaaaal! Hiccup casi—"

"¡Ruffnut!"

"¿Qué?"

"Déjala que termine la historia, Snotnuckles."

"Thor, dame fuerzas." Snotlout talló su rostro con sus manotas. Ruffnut le picoteó las costillas en represalia a su interrupción. "¿Sabes qué? ¿Por qué no vas a la cubierta para ver si Eret te tira por la plancha? Estoy seguro que, a los treinta segundos de estar en tu compañía, encontrará una buena razón para ello."

"Uy, uy, qué sensible." En vez de hacerle caso al otro jinete, Ruffnut optó por robarle su lugar en el costal de papas, acostándose a lo largo y ancho. Mmm. No tan cómodo como Snotlout lo hacía ver. "Así no se comportan los buenos vikingos que me deben una cuenta."

"Oooh, ¿YO te debo algo a TI?" Snotlout le aventó de regreso, sarcasmo tan fino como el de su primo. "Esto sí lo tengo que escuchar."

"Por supuesto." Ruffnut sonrió con dulzura. "Si no fuera por mi noble naturaleza, no hubieras regresado con nuevo noviecito de… donde sea que haya sido que se fueron."

"La Isla Sinister."

"Como sea."

"Hubiera pensado que tengo nuevo novio porque tu hermano escogió el momento más épico en la historia para plantarme un beso, pero continua, por favor."

"¡Exacto! ¿Quién crees que fue la que alentó a Tuffnut a sacarse la cabeza de su trasero de negación? ¡El chico no se armó de valor por sí sólo, Snotlout! ¿Por qué crees que rompí contigo?"

"YO rompí CONTIGO, Ruffnut."

"Detalles. Lo que quiero decir, es que siempre sospeché que mi querido hermanito quería brincarte los huesos, pero era muy cobarde para aceptarlo. Luego obtuve mi confirmación cuando empezamos la Era FishRuffLout—"

"Pensé que nos habíamos decidido por la Era Que No Debe Ser Nombrada Nunca Jamás."

"—Tuffnut comenzó a quemar mis vestidos por las noches porque decía que apestaban a salmón vomitado por Barf. ¡Alas! Menos mal, que mi intuición femenina es más desarrollada que la de Astrid y lo supe enseguida. Tuffnut odiaba que llegara por las noches… ¡apestando a ustedes! Obviamente Fishlegs no es su tipo, así que sólo quedabas tú como opción en mi cabeza. Como la excelente hermana que soy, puse sus sentimientos por ti en consideración."

"Suena lógico."

"Ahí lo tienes, entonces. ¡De nada!"

Snotlout no aparentó sentirse agradecido, sin embargo. Miraba a Ruff' con boba incredulidad. "¿Qué?"

"¿Qué de qué?"

"¡No explicaste tu punto, mujer!"

Por las barbas de Loki. ¿Por qué los chicos eran tan lentos? "Duh. ¡Te lo acabo de decir!"

Jorgenson dejó salir tremendo gruñido por la cabina. "¿Sabes qué? Olvídalo."

Ruffnut frunció el ceño, de repente regida por enojo. Se puso de pie, y en tres pasos, tuvo a Snotlout de pecho a nariz. "Oi, escúchame bien."

El enano tuvo la decencia de guardar silencio para dejarla hablar.

"Tuffnut es mi hermano. No hay nada en el Archipiélago que no haría por él, Trompón. No importa que no compartamos un dragón; no importa que no vayamos en las mismas aventuras. ¡Ni siquiera importa que comparta mi increíble mal gusto en hombres! Es mi hermano, y si llegas a romper su corazón, Snotlout Gary Jorgenson, te desollaré yo misma como jabalí. ¡No sólo eso! Te haré comerte tus propios intestinos después. ¡Ooh, y además, haré brochetas de tus orejas! ¡Mientras todos miran! Y después de eso—"

"De acuerdo, capté el mensaje." Snotlout resopló por su nariz. "Si rompo su corazón, tienes mi permiso de hacer todo eso. ¡Hasta más! ¿Feliz?"

Ruffnut sonrió. "Así me gusta."

"Aw, que lindo momento." La voz de Dagur se oyó conmovida, aunque hasta Ruffnut sabía que era un acto. "No que vaya a importar a la larga, claro. Con eso de que, en un año, todos seremos reducidos a cenizas por mi Bestia. Aun así, buena escena. Puede que la intente con mi propia dulce hermanita." Aun amarrado, el pelirrojo se encogió de sus hombros. "Cuando la llegue a ver de nuevo."

Ruffnut rodó sus ojos. "Por favor. ¡Tenemos más dragones que nunca! Cuando ese tal Furioso—"

"Furious."

"—venga, le patearemos el trasero de regreso a otro Archipiélago. ¿Cierto, Snotlout?"

Le sorprendió que Snotlout no se le uniera a su amenaza. Al voltear a verlo, a Ruffnut no le gustó la inseguridad de su larga carota. "Pfff. ¡Ya verán!"

"No le hagas caso." Snotlout le frenó del brazo con suavidad. "Tenías razón. No necesitas estar en la bodega con nosotros, cuando podrías aprovechar el sol de afuera para perfeccionar tu bronceado. Ve, Ruff."

"¡No me mandas!" Ruff arrancó su brazo. "No les tengo miedo. Ni a Dagur, ni a esa lagartija tamaño XL." Pausó. "Y si decido irme, es porque yo quiero."

Snotlout sonrió. "Por supuesto, miladi."

"Admitámoslo, esta cueva no es lugar para una dama como yo." Con una mueca, Ruffnut se dirigió a las escaleras.

A la mitad de su ascenso, tuvo un presentimiento. Se detuvo, se rascó su nariz y tras no pensarlo por mucho tiempo, regreso a la parte baja de la bodega.

"…visto todo. No hay manera de curarte."

"Estás mintiendo. Como siempre. ¡Todo lo que haces es mentir, mentir, mentir, Dagur!"

"Uno por uno, caerán, Snotface. Al final, únicamente quedaremos él, tú y yo."

"Otra mentira. Porque en ese caso, te mataría yo mismo."

"Bah. No tienes lo que se ocupa para hacer algo así. Eres blando en el fondo. ¡Como un panecillo, jiji! Blando, blando, blando. ¡Con corazón de puré de papa!"

Ruffnut se aplanó contra la pared de madera antes de ser vista por Snotlout. Sabía que si se daba cuenta que había regresado, el tonto detendría la conversación tan suculenta.

Cuando volvió a escuchar la voz de su amigo, le costó creer que proviniera de Jorgenson.

"Lo haré. La próxima vez, mataré a Furious."

La piel de sus brazos desnudos se enchinó con escalofríos. -Holaaa, Sexy y oscuro Snotlout.

"Mmm." La voz de Dagur se escuchó pensativa, menos burlesca que momentos atrás. "¿Fui sólo yo, o escuchaste un aullido?"

"No cambies el tema. Te rescatamos para que nos des un antídoto a lo que me hiciste, y eso es lo que harás. Fin de la historia."

Ruffnut tapó su boca cuando le dieron ganas de estornudar. Se aguantó hasta la respiración.

"Wow, déjame seguir bostezando."

"¡Ugh! Eres una víbora, Dagur."

"¡Aw, gracias! ¡Lo tomaré como cumplido!"

Se escucharon pasos acercarse a la puerta de entrada, poco después. En pánico, Ruffnut se apresuró a alejarse de la pared y llevarle la delantera a Snotlout en los escalones.

Esta vez, no se molestó con regresar, o con cerciorarse si Snotlout le seguía. Subió las escaleras con tanta velocidad que cuando arribó a estribor, estaba jadeando.

"¿Ruffnut?"

Thorston caminó hacia las hamacas dispersas por el área de descanso, curiosa por escuchar su nombre. Había Marginados durmiendo en otras hamacas y otros jugando Hnefatafl en el piso. Aun así, le costó averiguar de dónde había provenido el llamado.

Luego, la voz regresó.

"¿Estás bien?"

En una de las hamacas más cercanas a la entrada, la cabeza de Astrid se asomó. Ruffnut suspiró de alivio, dejándose caer su torso sobre una de las hamacas vacías, todavía queriendo recuperar su aliento.

"Llegaste como si viniera una manada de Rumblehorns detrás de ti. ¿No deberías estar haciendo guardia con Snotlout?"

Ruff terminó de acomodarse en la hamaca con gusto. Cuando se sintió más capacitada, simplemente batió una mano en la dirección de Astrid. "El… Comandante Snotlout… es tan generoso… ¡que me dio un receso! Sabe muy bien… que ocupo mi siesta reparadora del medio día."

"Está atardeciendo." Astrid insistió. "En fin, no falta mucho para que sea mi turno."

A pesar de lo dicho, la vikinga no se movió de su hamaca. Ruffnut giró su rostro en la dirección de Astrid, quedando sus perfiles justo a la par.

"¿Qué dices? Hiccup te dio un descanso, ¿aun así quieres pasarlo trabajando? ¿Sabes cuál es tu problema? Necesitas divertirte más, Astrid."

"Excelente consejo, Ruffnut."

Ruffnut presionó sus labios en un puchero. "Claro, ¿en qué estaba pensando, al creer que la Grandiosa Astrid Hofferson podría considerar lo que le digo, en serio? Olvidé que todos nosotros somos inferiores a usted, Su Majestad. ¡La Comandante Hofferson, teniendo todo siempre bajo control!"

Esta era la parte donde usualmente Astrid se levantaba indignada.

Ruffnut esperó. El arranque de ira nunca vino. Astrid permaneció acostada, sólo la punta de su nariz y su fleco a la vista de la melliza. Ruff rascó su propia nuca.

"Bah. ¡No quieres unirte a esas guardias aburridas con Snotlout! ¿Dónde está tu hacha? Podemos jugar a que soy Hiccup, y que quieres castrarme."

Al principio le costó reconocer el sonido. Rebuznos suaves. Exhaladas entrecortadas.

Confundida, Ruffnut se levantó de la hamaca para ver a Astrid mejor.

Abrazándose a sí misma, Hofferson lloraba de manera quieta.

Ruffnut tragó saliva. "Whoa, whoa, Astrid. ¡Estaba bromeando! De nuevo. No tengo que ser Hiccup. ¿Qué tal Snotlout, eh? Podemos re-crear la ocasión que pintó todos tus jubones de rosa por accidente. ¿Eh, qué dices?"

Fue perturbador no poder alejar su mirada de algo que Ruffnut no tenía ni idea de cómo abordar. Usualmente, cuando Tuffnut lloriqueaba, Ruffnut lo consolaba con comida. Algo le decía que no funcionaría con Astrid.

-Piensa, piensa. ¿Qué es lo que más le gusta a Astrid, aparte de volar con Stormfly? Ruffnut indagó en sus recuerdos por algo de valor. Sólo le vinieron a la cabeza las ocasiones que la rubia que odió a los mellizos por interrumpir sus descansos cerca del lago de Raven point.

"O podríamos acostarnos… juntas… en silencio… Te gusta el silencio, ¿cierto? Y tranquilidad. Sí, podríamos hacerlo."

Hubo una pausa.

"…Me agrada la idea."

El susurró fue ronco. Frágil. Todo lo contrario, a Astrid Hofferson.

"¡Genial!" Ruffnut se detuvo y carraspeó su garganta para modular su voz. Cuando volvió a hablar, fue imitando los susurros de Astrid. "Geniaaaaal. Hagamos eso."

Ruffnut prosiguió a contar el pasar del tiempo en ovejas.

Una oveja, dos ovejas, tres ovejas, cuatro ovejas, cinco ovejas…

"De momento… No siento que tenga… nada bajo control, Ruffnut."

La vikinga jugó con sus propios pulgares en un duelo a muerte. "Estoy segura que Camicazi podrá visitar Berk a menudo, si se lo pides."

Seis ovejas, siete ovejas, ocho ovejas.

"No, Ruff. No creo que pueda."

"Oh. Bueno. Entonces, nosotros podemos visitarla."

Se produjeron sonidos involucrando mocos de su lado derecho. Ruffnut sacó uno de sus pañuelos de piel de su chaleco de inmediato, aventándolo en dirección de Astrid. La vikinga no tardó en sonarse la nariz ruidosamente. "No, si en verdad quiero sanarme de esta enfermedad… llamada el rebote."

Ooooh. "Huh. ¿Tú también?"

El rostro de Astrid se levantó, rojo como un tomate por tanto llorar. "¿Quieres decir…?"

Ruffnut se encogió de hombros.

Astrid lució intrigada, a pesar del moco todavía corriendo por una de sus fosas nasales. "¿Cuándo sabes por seguro… que lo sacaste de tu sistema?"

Ruffnut pensó en lo que había relatado al tonto de Snotlout hacía un rato. Sobre poner los sentimientos de su hermano sobre los suyos. No había estado mintiendo. En cuanto había descifrado hacia donde los gustos de Tuffnut habían estado inclinándose con sus berrinches y ataques de celos, Ruffnut había dejado de hacerse ilusiones.

Tal vez, le había gustado Snotlout un poco más que Fishlegs, en aquél entonces. Tal vez.

Tal vez, Ruffnut había tenido que sacárselo de su sistema con más dificultad de lo imaginado. Con la ayuda de muchos Marginados.

"Supongo… Mmm. Veamos… ¿Cuándo lo ves, todavía se te retuerce la parte baja de la panza, como si hubieras desayunado un huevo podrido?"

Astrid se recostó de nuevo, todo apuntando que estaba considerando su pregunta. ¡Un milagro de los Asir mismos!

"N-No."

"De acuerdo. Cuando lo ves, ¿todavía deseas dejar de hacer lo que estás haciendo para besarlo, y lamerlo por todas partes?

Una sorpresiva risa se resopló de Astrid. "Dioses, no."

"¿Piensas que lo quieres para ti, y sólo para ti?"

Un grito victorioso del grupo de Marginados jugando ajedrez las interrumpió. Ruffnut se acostó sobre su estómago en la hamaca, recargando su mentón en sus brazos. Las hamacas vacías se ondulaban de un lado a otro, con el ritmo del mar que los rodeaba.

"No."

Ruffnut sonrió. "Cuando miras a esa persona nueva que no es Hiccup… ¿Se te aprietan las entrañas sólo con cruzar miradas con ella?… ¿Sientes que se te tuerce todo por dentro, sientes frio y calor al mismo tiempo? ¿O no te sucede que cuando quieres hablar con esa persona, tu lengua se entumece y lo querías decir sale todo al revés? ¡Oh! ¿Qué tal cuando la rozas por accidente-no-tan-accidente y sientes su cuerpo estremecer junto con el tuyo, porque sabes que él sabe que sabes, pero ambos fingimos que no sabemos? ¿Eh? ¿Te ha pasado?" Ante la intensidad de su monólogo, la boca abierta de Ruffnut se frenó en el clímax de éste. Su pecho se había inflado con la potencia de su discurso. Hasta entonces Ruffnut se percató de que su voz había elevado su tono. Resoplando por su boca para desinflarse sobre la hamaca, Ruffnut trató de modularse de vuelta a susurros. "Heh. ¿Ya has sentido TODO eso? ¿Por alguien que no se trate de Hiccup, o Camicazi?"

"Eso… creo."

"¿De casualidad, no te mata del miedo sentir todo eso? Digo, duh, es bastante intenso."

El cuerpo de Astrid se acomodó sobre su costado izquierdo, quedando con su rostro en la línea de visión de Ruffnut.

"Por Hela, vaya que sí."

Ruffnut se acomodó sobre la hamaca, ahora boca arriba, con sus brazos cruzados detrás de su nuca. "Bueeeeno. Me suena a que estás curada, Hofferson."

"Que alivio." Astrid limpió su nariz otra vez. "¿Qué sigue?"

"Oh, no tengo la menor idea." Ruffnut flexionó su brazo derecho, dejándole colgar de la hamaca. El sueño que Hiccup le había quitado con sus tontas órdenes de levantarse temprano, se hizo presente lentamente. "Sigo atascada en la parte de muerta del miedo."

"Bueno… Quizás podamos averiguarlo juntas."

Que anti-Astrid se escuchaba eso. Ruffnut cerró los ojos, felizmente lista para su siesta. "Trato hecho."


[+]+[+]


La Luna Fría de Máni colgaba en el firmamento y cumplía con su reputación. Los dientes de Gobber titiritaron del frío.

"¿Algo ansiosa, chica, eh?"

Stormfly no apartó su atención del oeste, esperando en el techo de la choza Hofferson con determinación.

Gobber sobó su mentón, pensativo. "Siento que olvido algo. Los barriles de cerveza están llenos, las costillas de borrego bien preparadas para el banquete de bienvenida. Mmm, ¿qué podrá ser?"

"¡Se aproximan, Gobber!" Slavic Turtleneck gritó desde el mirador de vigilancia del oeste. Justo donde Stormfly no quitaba la vista. "¡Puedo ver los dragones y a Cloudjumper!"

No transcurrió mucho tiempo para que alertas similares se repitieran de todas las demás torres de vigilancia.

"Ya era hora. Son pasadas la media noche. ¿Quiénes se creen que son?" Gobber sacó su cuerno para dar la señal. Cuando el cuerno dio un chillido poco efectivo, Gobber gruñó. "¡ABRAN LAS COMPUERTAS! ¡ABRAN LOS ESTABLOS!"

Su orden pronto corrió por los vikingos haciendo vigilia junto a él. "¡Abran las compuertas!"

Sobre el techo de los Hofferson, la Deadly Nadder dio un chillido entusiasmado. Estiró sus alas, preparándose para el vuelo.

Gobber cojeó hacia su propio Hotburple. "De acuerdo, de acuerdo, ya entendí. ¡Vamos, flojo, vayamos a la bahía!"

Fue inevitable no comparar la experiencia con las tantas bienvenidas que había vivido junto a Stoick después de sus largos viajes de altamar. Tantas habían sido las ocasiones donde el pequeño Hiccup los había recibido en los muelles, apenas siendo una mugre pelirroja, causando anarquía a su paso.

-No mucho ha cambiado, en ese aspecto. Gobber reflexionó. Hiccup seguía causando problemas catastróficos, sin importa su estatura.

Lo prometido era deuda, Gobber admiró, acercándose a los muelles. A la distancia la inmensidad de dragones aproximadamente equivaldría a la cantidad de dragones que ya hospedaban en Berk. "¡Por los rizos de Freya! ¿Dónde cree ese muchacho que meteremos a tanta bestia?"

La melodía del cuerno uniéndose a la manada de dragones les avisó de la adición de la nave gigante de Alvin. Grump era conocido por sus duros aterrizajes y esta noche no fue la excepción. Tras caer dormido en pleno vuelo, el mastodonte descendió en caída libre sobre los embarcaderos.

Gobber se sujetó de sus calzones de metal, agradeciendo que estuvieran acolchonados por dentro. ¡La mejor amortiguación que podía pedir!

La muchedumbre haciendo bola en los muelles, ya familiarizados con los aterrizajes de Grump, le hicieron espacio sin parpadear.

Gobber saltó de Grump con un gemido. Estiró con cuidado su columna hasta que un hueso tronara con satisfacción. "¡Mm-hhm! Ya estoy viejo para tanta adrenalina."

Cloudjumper rugió, su silueta majestuosa más visible por minuto. Gobber alzó sus puños con elación, gritando el alarido vikingo que todos los héroes merecían escuchar al regresar a casa. "¡Velkommen hjem, Jefa Valka!"

Los espectadores le hicieron eco.

Gobber carcajeó. "¡Velkommen hjem, Jinete de Dragones, Hiccup III!"

"¡Velkommen hjem, Domador de Dragones, Hiccup III!"

"¡Velkommen hjem, Dragón Alfa Toothless!"

Esta vez, el gruñido de múltiples dragones se unieron.

Las antorchas no fueron suficientes para iluminar el mar entero. Las penumbras fueron cortinas gruesas para sus pobres cataratas. Aun así, Gobber hizo su mejor esfuerzo para hacer inventario de todo dragón volando junto a Valka. Deadly Nadders, Gronckles, ¡hasta tres Scauldrons!

La noche silbó con inminencia.

Una cuchilla azul índigo partió la noche en dos, rebasando una línea directa del mar al firmamento.

Los dragones, como fue de esperarse, ascendieron junto con su Alfa.

"¡Es Hiccup!" Un vikingo tan flaquillo como el propio abadejo, apuntó al cielo. "¡Mira, mamá!"

En un hermoso espectáculo, los dragones de la manada guiada por Valka se unieron a la manada de Berk de manera progresiva, colores diversos incorporándose en un único mosaico.

Nada más peligroso que un torbellino de garras y escamas para quitarle el sueño a cualquier vikingo, en la humilde opinión de Gobber.

-Mirar nomás el poder que tiene el muchacho, Stoick. Gobber torció su cuello hasta caerse sobre su lomo, observando al Night Fury salir disparado del eje de dragones, directamente hacia Berk. "¡Uff, abran paso!"

Las torres de vigilancia temblaron con los afanosos ramalazos de viento que el ejército de dragones ocasionó al pasar. Los niños casi se hicieron pipi de la emoción.

El endemoniado muchacho lo había conseguido.

Hiccup había traído consigo un ejército de Dragones.

Toothless fue preciso en su intención. Se introdujo en el establo más grande de los cuatro, saliendo por una de las compuertas laterales momentos posteriores. Los dragones se aglomeraron en el interior, y los que quedaron de sobra fueron guiados hacia los demás establos.

Cloudjumper se dejó caer en el muelle, haciendo la madera y roca crujir. "¡Gobber, que bueno verte!"

Valka saltó del Stormcutter, destapando su rostro de su máscara. Los habitantes de Berk quisieron echársele encima con miles de peticiones en sus bocotas, pero Gobber los ahuyentó con unas cuantas explosiones de lava de Grump. "¡Chu, chu! ¡Tengo asuntos importantes que hablar con la Jefa! ¡Todos atrás!"

Valka rió ante sus tácticas. Lo abrazó en cuanto lo tuvo cerca. Gobber sólo así, sintió verdadero aliento de verlos a todos, vivitos y coleando.

Gobber chifló a lo bajo, apuntando hacia el Night Fury y sus trucos "¿De quién fue la idea de los ejercicios aéreos?"

"Hiccup creyó prudente introducir a los nuevos dragones a su nuevo hogar de la manera más amena posible."

Gobber gruñó. "Bien por ellos, pero ¿qué hay de mi presión arterial? No hay forma de que todos esos dragones vayan a caber en Berk, Valka."

Valka le sonrió. "Encontraremos una solución a la sobrepoblación, Gobber. Por ahora, los dragones recién llegados tendrán prioridad en los establos. La mayoría de ellos están lastimados por el horrible maltrato sufrido por los Romanos. Los dragones residentes pueden acampar en Raven Point con Cloudjumper."

Gobber se encogió de hombros. "Como ordene. ¡Mientras tanto, hay que apresurarnos! ¡Antes de que las costillas de enfríen!"

"Aw, Gobber, te dije en el mensaje por cuervo que no era necesario un banquete."

"Tonterías. ¡Es tradición!" Gobber ofreció su brazo para que la mujer se apoyara. La pobre debía estar cansada del viaje. "Después de una victoria ganada, los Hairy Hooligans siempre festejan con cerveza y una buena cena. Órdenes del mismísimo Stoick El Vasto."

"Bueno, si son órdenes de mi difundo esposo…" Valka comenzó la trayectoria hacia el centro de Berk junto con los demás habitantes a pie. La mujer, a pesar de todo, se tomó el tiempo adecuado para saludarlos y escuchar algunas actualizaciones breves de los proyectos que había dejado en construcción antes de partir a la Guerra. Su paciencia fue todo lo contrario a la actitud autoritaria de Stoick. A veces, a Gobber le preocupaba su blandura.

Demasiado parecida a su hijo, algunos criticaban.

"Cuéntame, Gobber. ¿Están las construcciones en la Isla Edge completas?"

Gobber hizo una mueca. "Aún no. Es difícil supervisar a mi gente en otra isla y seguir teniendo un ojo por acá."

"Oh, entiendo."

"¡PERO! No todas son malas noticias." Gobber hizo bailar sus cejas. "Los cimientos de la fortaleza ya están hechos. Con la ayuda de los dragones, tenemos suficientes barrotes de madera para comenzar con la segunda fase."

"Excelente noticias." Valka cerró sus párpados con alivio. "Necesitamos tener la fortaleza lista lo más pronto posible. El tiempo no será nuestro aliado en esta pelea. Ningún momento debe ser desperdiciado."

"Estoy seguro que con Hiccup y los demás jinetes de regreso, la construcción será más ágil, Valka. ¡No luzcas tan pálida, mujer!" Gobber esperó a estar a más distancia de la muchedumbre para susurrarle a Valka. "Los planos de Stoick siguen intactos. Aunque su plan de defensa contra Drago Bludvist nunca se materializó, tenía ingeniosas ideas de cómo proteger a su pueblo en pergamino."

Valka, reflexiva, asintió. "Mostrémosles los planos a Hiccup, en cuanto tengamos oportunidad. Mi hijo tiene una cabeza innovadora. De seguro encontrará nuevas formas de fortalecer las ideas de su padre—Sólo por sus ojos podemos saber qué clase de enemigo es el Dragón Furious." Un suspiro cortó los labios de la Jefa una vez más. "Lo cual me recuerda… Es una tarea horrible, pero no sobrevivimos estas últimas batallas sin sufrir casualidades. Necesitaremos mandar construir más drakkars para las ceremonias funerales."

Gobber apretó sus puños. "¿Alguien en particular que haya conocido muy de cerca?"

Valka conectó sus miradas. La pesadez de sus ojos verdes terminó de clavarle incertidumbre. "Alvin."

Los ojitos de Gobber se estiraron de sorpresa.

Valka bajó su mirada. "Skullcrusher."

Oh, mierda de yak sobre baba de Zippleback.

Valka le entregó una sonrisa triste, colando su mano sobre la muñequera de Gobber. "Esta noche, estoy segura que cenarán junto a Stoick. Afortunados ellos, que no tienen que lidiar con problemas como los nuestros."

Por más esplendoroso que el Valhalla fuera, conociendo a Stoick, el hombre debía estar deseando volver a la tierra de los vivos, en lugar de estar sentado con fantasmas, incapaz de pelear con su familia. "Hmm. ¿Escuché aullidos, o acaso la cera de mis orejas me está impidiendo escuchar bien otra vez? Sé que ya me toca una limpieza profunda, pero ¡bah! ¡No he tenido tiempo ni para peinarme los vellos de las axilas!"

Valka pausó a su lado. Ambos se voltearon a ver con curiosidad cuando el sonido se repitió.

En efecto.

Un aullido.

Valka inspeccionó los montes cercanos al pueblo. Las estrellas. El mar.

Ninguno le dio respuestas concretas.

"Que extraño. No hay lobos en Berk. No es su hábitat. Mucho menos con los dragones habitando la isla."

Cuando el sonido no se triplicó, Gobber menospreció su veracidad. "Bah, deben ser los niños ociosos tratando de asustarnos." Gobber batió una mano en énfasis. "Cómo decía, las catapultas todavía no me convencen… Hay algo en su diseño que se me hace pobre…"

"¡Gobber, ahí estás!" Hiccup y su Night Fury aterrizaron como si el Ragnarok estuviera pisándole los talones. "¡Necesitamos más establos!"

Gobber encumbró su mazo a los cielos, sintiendo más canas brotarle de golpe en su barbilla del estrés. "¡ES LO QUE ACABO DE DECIR, PEQUEÑO DIABLO!"


[+]+[+]


"¡Stormfly!"

Astrid fue despegada del suelo de un solo arrebate. Las garras de la Deadly Nadder fueron cuidadosas al tomarla de los hombros. Astrid extrañó escabullirse por sus piernas, deslizándose por las escamas hasta llegar a la silla de montar.

"¡Sí, sí, también te extrañé, chica!" Astrid abrazó el lomo de su amiga con ojos humedecidos, el hueco en su pecho por fin encontrando plenitud. "Prometo nunca volver a separarme de ti, 'Fly. Lo prometo."

Volando sobre Berk, Astrid distinguió a Fishlegs teniendo el mismo tipo de reunión con Meatlug y sus pequeñas crías en suelo firme. Barf y Belch incendiaron una choza de la emoción al ser reintegrados a sus antiguos jinetes. El fuego pronto fue apagado con una patada de Stormfly sobre la cubeta de agua colgando encima de la choza.

Hookfang apareció a espaldas de Stormfly, fingiendo no estar interesado por la ubicación de Snotlout. Astrid emparejó su vuelo a Hookfang para tranquilizarlo.

"No te preocupes, Hookfang. Snotlout se encuentra bien. Sigue en el barco junto con Eret."

Una serie de gorgoreos brotaron de su amiga, al escuchar el nombre. Astrid alzó una ceja con interés. Stormfly nunca cambiaba estos viejos hábitos. "De acuerdo, supongo que podemos ir a darles un aventón. ¡Dirígete a los muelles, Fly!"

Fue revitalizante volar junto a Stormfly. Astrid había extrañado cada segundo de ello. Los tumultos de su corazón carecieron dominancia al sentirse libre sobre su dragón. Era adictiva, esta sensación de no poder tocada por ningún mal. Su seguridad como jinete nadie se lo podría quitar.

En esto, era donde Astrid era excelsa.

Vivía para ser Jinete.

-Nunca podría imaginarme ser alguien más. Astrid suspiró para sí, inundada en dulce placer. Sobre Stormfly, Astrid se sentía en completa libertad de ser ella misma.

Eret fue distinguible en cubierta, supervisando a los Marginados que se harían cargo del siguiente turno de vigilancia. Snotlout lo acompañaba, luciendo completamente fastidiado a lo que fuera que Eret estuviera ordenando.

"Vamos, Stormfly." Astrid se agazapó sobre la Nadder. "¡Atrapa!"

Con un divertido pio, Stormfly hizo justamente eso.

Hurtó a Eret, hijo de Eret, de cubierta.

"¡OI! ¿De qué se trata esto?"

Al asomarse por las patas de Stormfly, Astrid se encontró con una visión muy similar.

"Es un secuestro. ¿Qué no es obvio?"

Eret le aventó una mirada asesina. "¡Pensé que habían superado este pequeño impulso! ¡Estaba ocupado! ¡Stormfly, vamos, chica, bájame! ¡No le hagas caso a la desquiciada!"

"El banquete de bienvenida ya comenzó y te lo estás perdiendo! ¡Estamos haciéndote un gran favor, a decir verdad!"

Stormfly pió con complicidad.

"No tienen remedio." Eret se dejó colgar por su pierna y brazo izquierdo, bien sujeto por la dragona. Dejó salir un gemido extremadamente dramático. "¡Bueno, aprendí mi lección la primera vez sobre llevarles la contraria!"

Astrid acarició al cuello de la Nadder. A Eret le sacó la lengua. "Buen chico."

Para su confusión, Eret aclaró su garganta, de repente evadiendo su mirada. Un par de risas nerviosas le siguieron. Astrid no entendió su incomodidad.

"¿Qué pasa?"

"¿Qué pasa de qué?" Eret fue rápido en su retórica, su atención en la tierra firme a la que quería regresar.

Astrid sacudió su cabeza. Decidió dejar ir el raro momento. "Oye, ¿te has enterado que Snotlout y Tuffnut son… tú ya sabes?"

"Los aguanté todo el camino de regreso a las Islas Bog-Burglar. Créeme, Astrid, me di cuenta."

"¡Dioses! Pero, ¿CÓMO sucedió? ¡Cuéntame todo!"

"¡No me interesó saber detalles, mujer! Recuerdo que se comportaban extraño desde que zarpamos de Berk, pero no fue hasta después de la batalla en Sinister que fue cuando por fin… Bueno, que lo hicieron oficial. Por así decirlo."

"Frejya, es sólo que…" Astrid se encogió de hombros sonriendo apenada por su fascinación. Después de la Saga FishRuffLout, había creído haberlo visto todo. "¡Es tan extraño! ¡Quiero decir, estoy feliz por ellos!"

"¡Oh, seguro! ¡Yo también!" Eret levantó su cabeza para mandarle una sonrisa. "Sólo no me interesa pasar un momento más a solas con ellos intercambiando saliva."

Al aterrizar en el Gran Salón, Stormfly tuvo la delicadeza de permitir que Eret tocara tierra primero. Una vez que Eret fue colocado a salvo, la Nadder le imitó a su lado, permitiendo que Astrid la desmontara.

"La fiesta se escucha algo domada." Eret recalcó. "Uf, Stormfly, ¿qué pasa? ¡Estoy bien, estoy bien!"

Astrid frunció su ceño. Stormfly cubrió a Eret con sus alas justo como lo hacía con sus polluelos. La conmovió, pero al mismo tiempo, le desconcertó la abierta ansiedad de su amiga por cubrir a Eret con sus feromonas. "Tranquilo. Stormfly sólo está marcándote como parte de su familia. Lo hace conmigo también."

"Que mujeres tan demandantes." Eret empujó de Stormfly, probablemente sofocado. "Lo juro, Fly, no tengo ojos para ninguna otra dragona."

Astrid alzó una ceja en desafió. "¡Ha! Todos los piratas dicen los mismo."

"No me ayudes." Eret gruñó entre dientes. "Shh, tranquila. Sólo ocupo un momento para respirar de nuevo, ¿te parece?"

"Stormfly, suficiente. Tu juguete preferido necesita aire, así como comida." Astrid le hizo cosquillas a Fly para distraerla. "Lo puedes acosar después, no te preocupes."

"Eres una influencia aberrante, Hofferson." Eret le acusó con su dedo media derecho, aprovechando la oportunidad de huida. Se dirigió directo a los portones semiabiertos del Gran Salón. "¿Qué te tiene de buen humor? Traías una cara larga y ojerosa cuando tocamos tierra."

"Mentiras. Viles mentiras." Astrid le siguió a los adentros del Salón.

Eret no la presionó. Ambos, junto a Stormfly, se abrieron camino entre los vikingos hambrientos, buscando por la mesa donde encontrarían a sus amigos.

Primero, sin embargo, Astrid encontró una silueta muy conocida entre la multitud. Aislada de las mesas más pobladas en compañía de Valkyria. Astrid conectó mirada con Camicazi a través de la distancia. Se sintió pegada al piso de piedra.

"Deberías hablar con ella." Eret murmuró, un tarro de ale siendo una buena ofrenda en su mano.

Astrid humedeció sus labios. "N-No lo sé. No estoy segura que quiera compañía."

"Sería una tonta si así fuera." Eret le sonrió. Astrid sintió calor llenar sus mejillas. "No me preocuparía si fuera tú, Astrid. Con esa cara de perro pateado, definitivamente, la Princesa Camicazi quiere tu compañía."

"Nos dijimos muchas cosas hirientes la última vez que hablamos." Astrid tomó el tarro de la mano de Eret y le dio un sobro. "No, siempre soy yo quien trata de hacer las paces entre nosotras. No puedo hacerlo otra vez, Eret."

Stormfly no se contuvo, a diferencia de su jinete. Poco en la vida la detenía de ir a saludar a su retoño, despertándola de su siesta sobre el piso para invitarla a juguetear.

Astrid, percatándose de quedar a solas con Eret, tomó otro largo trago de cerveza, los malditos nervios siendo algo foráneo para ella. Reanudaron su trayectoria a la mesa en la que podían reconocer las cabezas de sus amigos.

"No tengo ningún coraje contra ella." Astrid murmuró. "Le deseo lo mejor a Camicazi y a su tribu."

"¿Qué dices? Si no te conociera, podría decir que estás madurando, Hofferson."

Astrid sonrió, chocando su tarro con el de Eret. "¡Así es, Eret! ¡Es una nueva Astrid la que estás mirando! Cero rencores, cero berrinches, abierta a dialogar, y ya no tanto a usar mi hacha con tus partes blandas… A menos que digas algo realmente estúpido. Entonces, si tendré que golpearte."

Eret carcajeó. Levantó su tarro a los cielos con énfasis. "¡Aye, aye, por Nueva Astrid, entonces!"

Cerveza se derramó por el jubón de Astrid con el brindis. El abrigo de Eret sufrió el mismo trato. Ninguno se molestó con limpiarse, riéndose uno del otro, con los efectos del ale.

-Puedo hacerlo. Astrid se echó porras, sin quitar la mirada de la vibrante diversión en las facciones de Eret. Su rostro brilló carmesí en la cálida iluminación de las antorchas. Astrid supo que imitaba el mismo tinte en su propio rostro. –Puedo ir tras lo que verdaderamente deseo.

Astrid era libre.

Libre del amarre-y-afloje con Hiccup. Libre de las expectativas de Stoick de ser su nuera perfecta. Libre de la difícil tarea de complementar la fantasía de Camicazi con la verdadera Astrid.

Libre del malnacido Rebote.

Eret dejó de reír. Sobó su pecho de manera insistente.

Astrid se le acercó, confundida. "¿Estás bien?"

"No lo sé. Sentí…" Eret frunció su seño. Lució lejano, perdido en sus pensamientos. "Es sólo una sensación que he tenido últimamente."

"¿Una sensación de qué? ¿Fuiste herido en batalla?"

"No, estoy bien. Es difícil de explicar." Eret le empujó de la espalda para que Astrid tuviera la ventaja de ocupar el asiento vacío a lado de Fishlegs.

Snotlout entró al Gran Salón en llamas.

De forma literal.

Hookfang quemó algunas de las banderas adornando el pasillo con su entusiasmo. Gobber echó maldiciones a los Dioses por sus tapices arruinados.

Astrid pronto se distrajo con la comida. La conversación. La música. Ya saben, el desbarajuste típico de la mano de todos los demás jinetes, cuando compartían el mismo espacio.

En primera impresión, Snotlout indicó saber medir sus libertinas muestras de afecto con Spitelout rondándolos. No fue el único. Tuffnut pareció captar el mismo mensaje, con Tuffnut Senior socializando alrededor del Salón.

No fue hasta que Astrid se agachó por debajo de la mesa para recoger su tarro (tumbado por la pelea de pulseo entre Eret y Gobber), que descubrió los dedos meñiques opuestos de sus amigos entrelazados por debajo de la mesa.

Astrid nunca había imaginado el día en el que aquel par de cabezas duras le causaran algo parecido a… ternura.

"¡Estoy aburrida de verlos!" Ruffnut se quejó del lado opuesto en el comedor. "Ya cambien de jugadores. ¡Eret siempre gana!"

"Como debe ser." Eret estiró sus bíceps de manera exagerada, tras ganar su cuarta apuesta contra otro Hooligan. "Necesito un descanso. Ruff, ¿por qué no tomas mi lugar?"

"Ah, nah. Odio sudar." Ruffnut entonces se entretuvo con seguir cotilleando con su nuevo club de valkirias aficionadas que se había ganado ante su regreso a Berk. Estaba presumiendo cada una de sus cicatrices. Por sexta vez.

Una hora llegó y vino, y Astrid sintió el cansancio del viaje pesarle en cada parte de su cuerpo. Hiccup había sido el primero en retirarse junto con Valka y Toothless del banquete. Fishlegs le había seguido, queriendo acurrucarse con Meatlug en la comodidad de su propio hogar.

Todos estaban fatigados.

En algún punto, Snotlout estuvo roncando en la mesa, mientras Tuffnut jugaba cartas. Astrid bostezó tan fuerte que sus ojos se humedecieron. Fue entonces, que supo que había tenido suficiente diversión por una noche.

Al ponerse de pie, Stormfly se des-acurrucó de su punto en los pies de Astrid. "¿Lista, chica? Vayamos a casa."

Encima de Stormfly ambas dieron una última vuelta por la colina que albergaba al Gran Salón, sólo para refrescarse antes de dormir.

Al aterrizar sobre una de las torres de vigilancia, Astrid la vio.

Valkyria se camuflaba con la noche. Si Astrid no la conociera tan bien, probablemente la perdería de vista.

Camicazi fue otra historia.

Astrid reconoció su melena alborotada.

Sobre el techo de la choza de los Haddock, Bog-Burglar y Deadly Nadder crearon una imagen de cierre perfecto. Había sido Hiccup con quién Camicazi había acudido por ayuda, y ahora parecía estar despidiéndose, con su amiga de regreso y su gente a salvo de Dagur.

La distancia era considerable entre las dos.

Aun así, cuando Camicazi levantó una mano para menear un adiós, Astrid levantó la propia.

Valkyria rugió, lista para independizarte por igual. Estiró sus alas con propósito, iniciando vuelo sin más espera.

Tanto Stormfly, como Astrid permanecieron en la torre, atentas, hasta que Camicazi y Valkyria se desvanecieron en la noche.

Astrid admitió no sentir tristeza. Sólo esperanza.

"Las volveremos a ver." Astrid susurró. Acarició el lomo de la Nadder con consuelo. "De eso estoy segura."


[+]+[+]


Ruffnut estiró sus brazos detrás de su cabeza, ya afuera del Gran Salón. ¡Estaba muriéndose de sueño! ¿Y cómo no, cuando ya casi amanecía? ¡Esas valquirias sí que sabían cómo alargar la fiesta!

Bajó los escalones hacia el pueblo a ritmo lento. Era imposible detener sus bostezos todo el camino a la choza Thorston. En verdad esperaba que al tonto de Hiccup no se le ocurriera convocar otra junta por la mañana…

Heh, aunque lo intentara, estaría hablando solo por horas. Snotlout y Tuffnut estaban roncando en el Salón, y el aburrido de Eret había vuelto a la nave de los Marginados.

"Wow, que silencio." Ruffnut pareció llegar a la ciudad fantasma. "¿Dónde andan todos?" Hasta las ovejas parecían estar roncando. Ruffnut rascó su nuca, extrañada.

Berk nunca era… callado.

Siguió en la dirección de su choza.

Una cubeta fue tumbad al suelo. Ruffnut brincó del susto. Luego, se armó de valor.

"¿Alguien anda allí? ¡No traten de asustarme! ¡No caigo fácil en trucos como ésos!"

Silencio.

"Eso pensé, cobardes." Ruffnut alzó su nariz, doblada de brazos.

Algo crujió en las sombras.

Ruffnut se paralizó. "Snotlout, si eres tú, te juro que te—"

Un sonido.

Ruffnut tragó saliva. ¿Dónde estaba Barf, cuando lo necesitada? Ruffnut aceleró sus pasos, justo en la dirección opuesta de donde había provenido el sonido.

No contó con resbalarse y caer sentada sobre su propio trasero.

"Ay, ay, ay," Ruffnut se sobó su retaguardia, en cuanto pudo recuperarse de la caída. Esto apestaba a una clásica broma de su estúpido hermano… Ruffnut hizo una mueca de asco al sentir su vestido humedecido. De seguro con baba de Zippleback. "¿Con qué así quieres jugar, enano? ¡Arruinaste mi vestido!"

Parpadeó cuando inspeccionó sus dedos.

Oh. Eso no parecía baba.

Instintivamente, acercó su mano para olerla.

Reconoció sus propiedades. Su fuente. El olor había impregnado el campo de batalla en las Islas Bog-Burglars.

"Está bien, está bien. ¡Ya no es divertido, Tuffnut!"

Los sonidos volvieron.

Píos ligeros.

Ruffnut se apresuró a robarse una de las pocas antorchas de las chozas vecinas. Caminó lentamente hacia la dirección donde había caído.

La sangre permaneció en el mismo lugar, mezclada con la tierra.

Peor aún, descubrió un sendero. Un camino.

Ruffnut sintió su corazón acelerarse. Sobriedad le pegó como un costal de papas. Si en efecto, se trataba de una broma maestra de parte de Tuffnut, Ruffnut no sería intimidada tan fácil. ¡Claro que no! ¡Ruffnut era la Thorston más lista de los dos! ¡No le temía a las tácticas patéticas de su hermano!

Siguió el camino.

El rastro la llevó a atravesar las chozas de los Ironkuckles y los Backnecks, deslizándose por el patio trasero de la última mencionada. Fue extraño. La sangre aparecía y desaparecía.

Una peste en los corrales de los Backnecks la hizo taparse la nariz.

Las gallinas.

Todas estaban muertas. Sus cuerpecitos estaban regados por el patio. Muchas de ellas partidas en más de dos partes, completamente destripadas. Algunas seguían vivas, y agonizaban. De ahí el origen de los píos.

Ruffnut sintió náuseas. No podía ser obra de sus dragones, ¿o sí? ¡Los dragones conocían las reglas, nada de gallinas ni de ovejas! ¿Tal vez había sido la manada nueva que Hiccup había traído consigo? ¡Oh, Gobber se volvería loco cuando viera el desastre!

Ya no se sintió como una broma.

Dio la vuelta alrededor de la choza siguiente y recuperó el rastro.

Fue entonces, cuando reconoció la dirección hacia estaba siendo guiada.

Ruffnut tragó saliva.

Comenzó a correr.

Al ras del arrecife del este de la villa Hooligan, la choza Hofferson fue un monumento de silencio tétrico, y oscuridad. Las antorchas de la zona habían sido apagadas—o tal vez nunca encendidas en primer lugar. Jadeando, Ruffnut subió la ligera colina que la llevaría directo a la entrada de la casa.

Ruffnut no encontró la puerta. Había sido arrancada.

"¿Astrid? ¿Estás allí?"

No recibió respuesta.

"Por Odín, por Odín, por Odín…" Ruffnut se estremeció de pies a cabeza. ¿Qué hacía? ¿Gritaba por ayuda? ¿Huía a despertar a Hiccup y a los demás? Esas sonaban como las mejores opciones, ¿cierto? ¡Las más sensatas!

Un sonido ahogado se filtró por sus oídos.

Oh, no.

"¡ASTRID!" El instinto la jaló hacia el interior.

Tropezó contra el suelo. Con mucha destreza, Ruffnut no dejó caer la antorcha en su mano. La usó, en cuanto tuvo la oportunidad, para averiguar que la había tumbado.

La cola de una Deadly Nadder.

Ruffnut simplemente… perdió la voz. Un nudo se atoró en su garganta. La cola de Stormfly. Era la cola de Stormfly. Salpicada de sangre.

Ruffnut se arrastró por el recibidor Hofferson, sus manos comenzando a temblar. La antorcha mostró lo mismo, sin embargo. Sangre. Sangre.

Sangre.

Stormfly gimió, apenas con fuerzas.

Las espaldas de la rubia golpearon contra la pared, de manera inconsciente huyendo de la escena. Miles de pensamientos corrieron por la cabeza de Ruffnut. Era una pesadilla. Una indigestión. Una alucinación, causada por un mal viaje de hongos mágicos. Iba a despertar en cualquier momento… Iba a despertar…

"¡STORMFLY!"

La voz de Eret se asemejó a una tempestad marítima. Sus pasos agitados fueron truenos al pisar la entrada de la choza. Ruffnut se dejó caer sobre el piso, incapaz de abrir su propia boca.

Fuego ajeno iluminó la choza. "Storm…" La misma sorpresa que se había robado la voz de Ruffnut, indicó congelar al hombre. "Por los Dioses."

La Nadder volvió a piar con vida.

Eret se dejó caer al suelo, su antorcha iluminando la cabeza de la dragona. Iluminó muchas cosas más. Cosas que el estómago de Ruffnut no pudo contener ya.

Vomitó. Después, Ruffnut cubrió sus orejas, aventando la antorcha al piso. Ignoró los llamados de Eret, pensando con determinación Despierta, despierta, despierta, despierta

No contó con que su antorcha desvelara un misterio restante.

Reconociendo un mechón rubio, Ruffnut avanzó por el piso, sobre sus rodillas y manos.

-Voy a despertar, voy a despertar, voy a despertar.

Al contrario de Stormfly, Astrid no produjo sonido alguno al ser tocada por Ruffnut.

Ruffnut la sacudió.

"-nut! Detente—"

La piel de Hofferson estaba blanca, pero su mano estaba tibia cuando Ruffnut jaló de ella. Una enorme rasgadura había roto su jubón por completo, arrancando de la planicie de su pecho mucho más que la simple tela. Su esternón estaba desnudo al ojo, sus huesos visibles…

Sus ojos—los enormes ojos de la chica que Ruffnut siempre había comparado con los ojos de una vaca enojona—estaban abiertos.

¿Por qué no reaccionaba, entonces? ¿Por qué no abría su boca para gritarle a Ruffnut que la dejara en paz?

Despierta, despierta, vamos, Astrid… Despierta, ¡DESPIERTA!

"¡Detente!" Los brazos de Eret la inmovilizaron, apartándola del cuerpo inerte. "¡Detente, por todos los demonios del Hel!"

Astrid no despertó.

"Está muerta, Ruffnut... Astrid está muerta."


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Continuará…

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Nota final: "Astrid Hofferson skal aldri dø." -Astrid Hofferson nunca morirá (Munr Cap. 24).