La primera impresión que tuvo Kohaku cuando se enteró que Ishigami Senkuu tenía una novia, era que solo podía ser una broma. O que la situación solo era un medio para conseguir que le salvaran la vida.
Sí. Era eso probablemente. Senkuu no podía haber cambiado de un día a otro tras vivir una experiencia cercana a la muerte: las veces en que había estado a punto de morir parecían solo hacerlo más odioso y empecinado en seguir su arduo camino en la reconstrucción de la humanidad.
Cuando ya pudo reunirse con el científico, después de varios días sin saber mucho de él, tampoco parecía que las cosas hubiesen cambiado. Luna, su supuesta novia, era una más del equipo y su relación con él bien podría ser la misma que con Kinro. Si bien en ocasiones Kohaku vio a la chica tomarlo del brazo para llamar su atención, Senkuu no parecía interesado y tan solo la ignoraba, para luego dejarla cuidar de él cuando parecía que sus heridas le molestaban.
A la leona le daba lástima verlo así: estaba más flaco de lo normal y su rostro se veía pálido y cansado, pero trabajaba igual que siempre como si no pudiera permitirse perder más tiempo del que ya había perdido los días que siguieron a que le dispararan. El día en que volvieron a encontrarse, no pudo ni siquiera detenerse a saludarlo, muy ocupada con monitorear al cautivo doctor Xeno mientras trabajaba junto con Taiju, Tsukasa y Hyoga para la construcción de la ciudad del maíz.
Habían construido un pequeño campamento allí mismo para pasar la noche. Mientras el equipo de la fuerza descansaba del arduo trabajo con un festín de ese vegetal tan exquisito que era el maíz dorado en una fogata, Senkuu, Gen y Ukyo parecían estar explicándole a Xeno y a Luna algunas cuestiones que ella no podría entender, en un lenguaje que le parecía tan lejano pero que, sin embargo, era el mismo que hablaba su antecesora.
Durante la conversación, Kohaku pudo darse cuenta por las expresiones de los del grupo que algo extraño estaba pasando. De pronto, todos parecían estar mirando a Senkuu con una mirada incrédula, que mantuvo a la leona colgada y esperando que algo malo sucediera. Pronto, su mirada se encontró con la de Senkuu, que estaba riendo casi diabólicamente y provocando al mismo tiempo que todas las miradas se fijaran en ella. ¿Qué diablos estaba pasando?
"Kohaku." Tsukasa llamó su atención, hablando por lo bajo.
"¿Pasó algo?"
"Xeno acaba de decir que Luna es su hija. Y que, si Senkuu quiere su apoyo, tendrá que casarse con ella."
Los ojos de Kohaku se expandieron considerablemente. Era como si una lanza la hubiera atravesado, dejándola sin palabras y sin saber qué pensar. ¿Por qué se sentía así? ¿Qué tenía que ver ella con esto?
"¿Y?" la rubia se encogió de hombros, apretando los mangos de sus cuchillas que acababa de afilar.
Mierda. No sabía por qué le afectaba esto ni qué podría hacer al respecto.
"Senkuu les dijo que debe preguntarte a ti primero."
¿Qué mierda estaba planeando Senkuu? Kohaku recordó la primera noche después de que se conocieron y cómo apretaba sus cuchillas de la misma manera. Ahora, tres años después, volvió a sentir lo mismo que aquel día: miedo e inseguridad.
¿O era otra cosa? La leona sabía que Senkuu no le haría nada: confiaba en él más que en nadie y si algo tramaba solo era con propósitos dentro del ámbito de lo "lógico", como a él le gustaba decir. ¿Por qué esa mirada que le había dedicado la había dejado tan consternada? ¿Y por qué parecía como si toda la situación pasase al olvido después de unos segundos? La única persona que parecía seguir en sintonía con ella era Luna, quien la miraba fijamente como si sospechara algo, pero no tenía intenciones de moverse de su lugar.
Kohaku terminó de comer su maíz para ponerse de pie y dirigirse a su carpa personal. El esfuerzo del día la habían dejado más que agotada y adolorida. Además, la conversación la había dejado lo suficientemente confundida como para causarle un profundo dolor de cabeza. Senkuu normalmente no le consultaba a nadie personalmente al tomar decisiones, y no entendía por qué ahora y por qué ella. Si fuese a responderle con sinceridad, le diría que no se case con Luna: después de todo, él mismo había dicho que las relaciones eran solo una molestia e iban en contra de sus planes. Sin embargo, la situación aquí era muy distinta y esa alianza podía significar un avance muy grande.
Era simple, en realidad. No había más opciones. ¿Por qué tendría ella que tener la respuesta definitiva a esto?
Kohaku estaba por quedarse dormida cuando sintió a alguien acercarse a su tienda. Rápidamente, la leona saltó desde adentro con ambas cuchillas en las manos esperando lo peor, solo para encontrarse con un perplejo Senkuu mirándola incrédulo, antes de que se pusiera a reír por lo bajo.
La leona escondió sus armas en su pequeño bolso y esperó de pie a que Senkuu se calmase.
"¿Qué haces aquí, Senkuu?"
"Debiste enterarte de que quería hablar contigo, leona." El científico sonrió calmadamente.
Kohaku asintió con lentitud y se mantuvo en silencio mientras Senkuu la guiaba hacia la playa, luego de hacer señas para que lo siguiera. Una sensación de lástima surgió en ella al verlo caminar con dificultad y quejándose a ratos. No podía imaginar el dolor que podían causar esas armas tan peligrosas que algunos de los estadounidenses cargaban.
Senkuu se detuvo una vez que estuvieron lo suficientemente lejos y se sentó tras una gran roca en la arena, dejando un espacio para que Kohaku lo imitase.
El ruido de las olas era tan potente que casi acallaban por completo sus revoltosos pensamientos. No sabía qué hacía aquí, pero estar junto a él así, después de meses sin parar parecía una magnífica idea.
"¿De qué querías hablar?" Kohaku comenzó, una vez que estuvo sentada a su lado.
"¿Qué crees que debería hacer? El doctor Xeno me dijo que para generar una alianza debía casarme con Luna." Senkuu miró hacia el océano, evitando encontrarse con los ojos de la leona.
Kohaku se abrazó a sus rodillas, sintiendo el viento helado y húmedo sobre su piel. Mirándolo, se encogió de hombros antes de dar su respuesta.
"Lo más lógico sería casarte. Ya lo hiciste una vez con mi hermana."
Senkuu rio sarcásticamente, mirándola a los ojos de pronto. A pesar de la oscuridad, Kohaku podía verlos brillar sutilmente, y confundirla aún más. ¿Había algo malo con su respuesta?
"Lo sé. Pero pregunto por tu opinión al respecto."
Kohaku lo miró confundida. Había estado pensando en aquello desde hacía algunas horas, pero no esperaba que fuera tan directo.
"¿Por qué?" insistió, aún sin saber qué decir, o cómo explicar su opinión de manera que pudiera
entenderla.
"Es importante." Se explicó, sin más detalles, con seriedad.
"Bueno… no creo que sea bueno para ti a la larga. Siempre dices que las relaciones son una pérdida de tiempo."
Senkuu asintió.
"Aunque es distinto ahora… porque de esto depende revivir a toda la humanidad. ¿No hay otra manera de generar una alianza?"
Senkuu negó con la cabeza y volvió a mirar al océano, como si lo calmase.
"Luna es una chica muy obstinada y Xeno quiere darle lo que ella desee, no importa lo estúpido que sea."
"Bueno, ella no parece tan mala persona. Quizás puedas soportarla y quizás te pueda llegar a gustar de verdad."
"Imposible."
"Es un sacrificio que vale la pena tomar… y sé que lo harías bien. ¿Qué te detiene, Senkuu?"
Senkuu volteó a verla nuevamente, solo para ahora él encogerse de hombros. Pero no era algo propio de él. Sus ojos decían que sabía la respuesta y que ya había de hecho decidido qué hacer.
Unos enormes pájaros cruzaron frente a ellos y Kohaku se quedó mirándolos mientras se bañaban en una poza cercana, pero sus ojos volvieron a fijarse en los de Senkuu cuando sintió su mano sobre la de ella, que volteó para dejar ahí un pequeño objeto que le costó distinguir en un principio, muy ocupada en intentar interpretar la mirada que le estaba dando y adaptar sus ojos a la poca luz.
Por su peso y su color, era una piedra. Y una muy bonita: un poco translúcida y de un color muy agradable.
"Es un ámbar. Llevas el nombre de esta piedra." Senkuu explicó, mirando el objeto en las manos de la leona.
"Ámbar…" Repitió en un susurro, mirando la piedra con curiosidad antes de volver a él. "Es muy bella."
"Es tuya ahora."
"¿De verdad?" los ojos de la rubia se expandieron considerablemente, sin entender por completo por qué le estaba dando esto en ese momento.
Pero sin pensarlo dos veces, se acercó a él para abrazarlo como pudo, con una mano en la nuca Senkuu y la otra en su hombro, cuidando de tocar su herida.
"Gracias." Murmuró y sintió cómo el científico se estremecía.
Como las olas que los acompañaban, la realización de por qué se sentía como lo hacía llegó a Kohaku: se dio cuenta de manera repentina y estremecedora de que en realidad todo se resumía a que realmente no quería verlo casarse. Y que quizás era eso lo que él necesitaba saber.
Kohaku no quería que Senkuu se casase con Luna por la única razón de que lo quería para ella. Y siempre lo quiso así, pero había pasado tanto tiempo negándose a la idea que ya no tenía ganas de creerla y menos de esperar nada de él. Senkuu era simplemente mucho más de lo que ella merecía: después de todo, no era más que una chica 3.000 años menor y con un nulo conocimiento sobre la ciencia. Solo podía ayudar con tareas físicas sin saber mucho qué estaba haciendo exactamente, y en tres años solo había aprendido lo básico.
La leona dio un suspiro ahogado cuando sintió los labios del científico posarse suavemente sobre su cabellera.
"Soy consciente de lo complicado que puede ser tener una relación hoy en día. Una real, al menos, con alguien que quiera." Habló el científico, despacio, como si alguien pudiera escucharlo aparte de ella. "Pero tampoco puedo ignorar el hecho de que ya caí en el cliché y realmente me molesta perder la oportunidad de estar contigo, Kohaku."
La aludida sintió cómo su corazón daba brincos, mientras agarraba fuertemente la tela de la ropa de Senkuu, manteniéndolo cerca.
"No puedes estar hablando en serio." La leona rio casi histérica, antes de mirarlo a los ojos para chequear que no estuviera jugando con ella.
El hecho de que la estuviera mirando seriamente decía lo contrario. Parecía que fuera un asunto de vida o muerte.
"¿Por qué yo?" Kohaku insistió, aún incrédula y esperando no crearse ilusiones tan rápido.
"No es algo que pueda saber." Se encogió de hombros, mirando hacia el lado con incomodidad. Probablemente, Senkuu no esperaba tantas complicaciones.
Intentando ahorrársela, y realmente tentando a su suerte, Kohaku juntó sus labios con los de él rápidamente, sin darle tiempo para saber qué estaba pasando. De hecho, una vez que se separó de él, solo unos segundos después Senkuu se dio cuenta de lo que había hecho y su rostro se había ruborizado profundamente.
El científico volvió a besarla, después de un pesado silencio, tomando su rostro en ambas manos y ladeando su cabeza para que sus narices no chocaran. Esta vez, el beso fue más largo, y le dio el tiempo a Kohaku para pensar en la situación en la que se encontraba ahora. Senkuu le había otorgado la facultad de ser ella quien decidiera sobre el futuro del reino de la ciencia.
Si algo había aprendido de él, era que siempre había más opciones que esas dos, aunque parecieran mucho más difíciles o absurdas. En este caso podía ser más difícil de ver, pero por lo mismo tenían un equipo fuerte y experto en negociar.
Permitiéndose desear un poco más, Kohaku mordió el labio inferior del científico y se colgó a su cuello mientras lo guiaba más hacia ella, y gimió suavemente cuando sintió la lengua de Senkuu aventurarse dentro de su boca para buscar la de la rubia. La chica se asustó al principio con el grave gruñido que provino del científico cuando se movió, pero se calmó cuando continuó como si nada el beso que él mismo había comenzado.
Una vez que se separaron para respirar, entre tanto ruido de las olas y tanta emoción contenida, Senkuu se mantuvo quieto, mirándola como si esperase algo de ella. Pero Kohaku solo podía vivir el momento, sin reparar en las consecuencias de sus actos, por lo que volvió a besarlo una vez que se recuperó de la impresión del primer beso. Esta vez, sin embargo, él no le correspondió.
Kohaku lo miró con tristeza y resignación. Había sido su primer beso, y la hizo sentir tan bien que necesitaba más. Quizás para Senkuu no había sido lo mismo. Quizás había decidido ahora que no le gustaba.
"Dime… qué debería hacer…" Senkuu se explicó, apoyando su cabeza en el hombro de ella, restregando su rostro contra el cuello de Kohaku.
El corazón de la chica se aceleró aún más. La situación en la que estaba era tan absurda que todavía tenía dificultades para hablar; mucho menos para comprender qué quería que le dijera.
"No sé qué decir…" se sinceró Kohaku. "Sinceramente, no lo entiendo del todo."
"¿Qué no entiendes?"
"Tienes que ser más claro conmigo. Lo sabes." Le explicó la chica. "Soy un poco tonta."
"No lo eres." Senkuu sentenció, separándose de ella. "Yo no he sido lo suficientemente claro, es verdad." El científico respiró pesadamente, y parecía estar complicándose mucho.
Kohaku lo miró de cerca, admirando las atractivas facciones de Senkuu mientras pensaba.
"Creo que dejé claro que te quiero, Kohaku ¿no?"
La aludida ladeó la cabeza, confundida, antes de asentir lentamente, decidiendo que todas las acciones de Senkuu indicaban aquello.
"Entonces, me gustaría saber si tú sientes lo mismo por mí. Asumí que, si era así, me dirías que rechace la propuesta de Xeno."
"Claro que te quiero, Senkuu. Siempre lo he hecho." Le confesó Kohaku, hablando más fuerte que lo necesario, como si necesitara escucharlo claramente para convencerse a ella misma. "Pero no quiero que eso complique todo."
"Es muy tarde ya para preocuparse por eso. Ya está. Pensaré algo más, pero no dejaré ir la oportunidad." Senkuu le sonrió calmadamente.
"Aún me cuesta creer que estés poniendo lo que quieres por sobre lo que es lógico."
"A mi también, sinceramente." Senkuu llevó una mano a su nuca y rio sonoramente. Parecía estar de un muy buen humor ahora.
"Y esa piedra… ¿hace cuánto tiempo la tienes?"
"La encontré en la isla…" Senkuu se vio avergonzado, quizás por primera vez en su vida, y Kohaku solo pudo sonreír serenamente.
Pensándolo detenidamente, su relación había cambiado luego de esa aventura, donde Kohaku estuvo petrificada por semanas y solo pudo mantenerse consciente imaginando qué habría hecho Senkuu en su situación y contando incansablemente todos los números que conocía, una y otra vez. Cuando por fin salió de esa pesadilla, la guerrera tuvo la sensación de que algo había cambiado entre ellos: el científico se había vuelto más blando y su mirada guardaba algo que -en el momento- jamás pudo imaginar.
"Cásate conmigo, Senkuu." La joven soltó, de un momento para otro, al borde de reír por la consternada expresión del científico. "Te protegeré con mi vida, y aguantaré todo el trabajo que implique."
El peliverde rio nerviosamente, llevándose una mano hacia la nuca.
"Está bien. Prometo que por el favor te dejaré descansar lo suficiente."
Kohaku rio, algo embobada, antes de tomarlo de la mano y apretarla entre las suyas.
