Capítulo 2 "La nobleza del Youkai"

Una semana había pasado desde el pequeño enfrentamiento que la sacerdotisa y el Youkai tuvieron, Kagome estaba cavando un pequeño orificio en la tierra para trasplantar un jazmín mal ubicado en su jardín, llevaba puesto un kimono sencillo similar al de las aldeanas y encima un delantal para evitar ensuciarse el traje, en su cabeza había amarrado un pañuelo, evitando de esa forma que su cabello cayera de manera inoportuna en su cara.

Sonreía de manera casi involuntaria al recordar la reacción del ambarino ante aquella frase grosera e imprudente dicha por ella: "No me agradan los perros", volvió a sonreír y esta vez lo hizo sonoramente, juraría que ese bribón estaba furioso, no, lo afirmaba puesto que ese día él no dijo nada más y rompió de inmediato el recorrido, así que no pudo mostrarle todo el palacio.

"Ja, vaya engreído" –pensó.

-Buenos días Kagome –Sango corría a su dirección agitando su mano en forma de saludo, al llegar junto a ella puso sus manos en sus rodillas para intentar calmar su agitada respiración, tomo una bocanada de aire y habló -¿Ya terminaste? Quedamos de ayudar al señor Tachibana con sus hortalizas ¿recuerdas?

-Buenos días Sango, ya casi, solo hace falta rociarle un poco de agua y listo –afirmó palmeando sus manos sacudiendo la tierra que había en ellas.

Luego de terminar de realizar sus deberes de jardinería se dirigió con Sango al pueblo, faltaba un poco para llegar a la cabaña del señor Tachibana cuando ambas detuvieron su recorrido.

-¿Sientes eso? –Preguntó la miko a su prima –Viene del bosque –afirmó.

-Es una energía espiritual increíble, es como si muchas personas elevaran su poder para fusionarlo –contestó con asombro.

-Aguarda aquí, iré a echar un vistazo –se montaba rápidamente a un caballo, llevaba un arco y un par de flechas –Sango, quédate por si algo se sale de control, alguien necesita proteger la aldea y por favor no hagas nada hasta que no veas que las cosas empeoran.

Cabalgaba a gran velocidad, conocía ese tipo de energía espiritual y sabía que cualquier demonio por muy poderoso que fuese correría peligro. En breves segundos ya se encontraba en medio del bosque a pocos metros de su objetivo, detuvo el caballo al sentir el elevado Youki de cierto ambarino engreído, posiblemente el grupo de personas dueñas de semejante poder deseaban eliminarlo.

"Ja, Hierba mala nunca muere" –pensó mientras se bajaba del pura sangre y lo ataba a un árbol.

Caminó hasta llegar al punto y observó a un grupo conformado por diez monjes que hacían lo imposible por intentar purificar a Sesshomaru, al parecer se les estaba dificultando pues, a pesar de todo ese poder ni siquiera habían conseguido hacerle ni un pequeño rasguño. Suspiró al ver esa escena tan patética, seguramente esos pobres hombres terminarían muertos.

Se sorprendió al notar que al Youkai parecía afectarle un poco ya que sus ojos se alargaron y agrandaron mientras se bañaban en color sangre, sus marcas se profundizaron más y su boca poco a poco empezó a convertirse en un hocico

"Está bien, esto tiene que parar" –Pensó mientras tensaba su arco con una flecha.

Los monjes empezaron a correr alrededor del Youkai mientras desprendían energía, al parecer estaban acumulando en ese espacio todo el poder para luego hacerlo explotar, se detuvieron y el líder elevó su báculo y justo cuando el resto haría lo mismo, una flecha sagrada rompió el ritual al instante y robó la energía de los susodichos dejándolos perplejos.

Sesshomaru que hasta el momento no había hecho nada más que empezar a transformarse, giró su rostro para ver a la dueña de ese poder, se sorprendió pero no lo demostró al ver como la flecha había robado toda la energía clavándose en un árbol causando una fuerte explosión al instante.

-¿Qué pasa aquí, monje? –Preguntó la azabache acercándose al líder del grupo y posicionándose al lado del peli plata.

-Obviamente intentábamos exterminar a ese demonio que defendiste, ¿Por qué te metes donde no te incumbe niña? Él es un Youkai y merece la muerte –contestó.

-¡Señor! –Exclamó al instante uno de los subordinados del monje a cargo –La sacerdotisa es Higurashi Kagome –afirmó mientras daba un paso adelante.

-¡Oh, Miroku! –Mencionó con alegría la pelinegra -¡Qué gusto verte monje pervertido! –sonrió al verlo rascarse la cabeza con vergüenza.

-Eh… eh… ¿eres acaso la pupila predilecta de Mikato-sama? –Preguntó con nerviosismo evidente el encargado del grupo, a lo que ella asintió con la cabeza -¡Por favor perdone mi altanería Kagome-sama! –suplicó avergonzado mientras su cabeza casi tocaba el suelo debido a la reverencia exagerada que hacía.

-Tranquilo –negaba con su cabeza –ahora, por favor sigan su camino –fijó su vista en el monje más joven –Miroku-sama, espero que me visite pronto –sonrió y giró su rostro para indicarle al ambarino que podían irse. Una gota de sudor estilo anime bajo en su cabeza al notar que el ya no se encontraba, suspiró resignada, no le sorprendía en lo más mínimo que él se hubiese marchado.

Caminó hacia su caballo y lo montó.

-…Aish! –se dijo para sí misma mientras seguía el rastro de la presencia demoniaca –Que tipo tan raro…

-¿No te han enseñado que hablar de una persona a sus espaldas es de mala educación? –cuestionó el albino a la azabache, esta retrocedió avergonzada y un poco asustada, pues no se dio cuenta en que momento llegó hasta su objetivo.

-Así que si puedes formar oraciones largas –intentó burlarse para zafarse de la pillada que le habían dado mientras hablaba mal de su persona -¿Estas herido? –preguntó un poco más relajada, dando por zanjado el tema.

-Hmp –fue lo único que el Youkai contestó, era patético pensar que el saliera lastimado por unos simples humanos.

-Está bien, gracias por contestarme, nos vemos en la cena –dijo rodando los ojos al sentirse ignorada por él, suspiró de nuevo, montó en su caballo y retomó su marcha a la aldea.

La noche llego de manera rápida, en la cena solo se podían escuchar las risas del padre de la azabache seguidas por las de Inu Taisho, no paraban de hablar de cosas triviales.

-Joven Sesshomaru –habló el padre de Kagome -¿Qué tal le ha parecido nuestra casa?, tengo entendido que Kagome lo llevó a conocer parte de nuestra propiedad.

-Es una casa decente –fue lo único que contestó.

Kagome casi se atora con la comida al escucharlo, lejos de molestarse, su comentario le causo mucha gracia. Luego de una charla aburrida, cada uno se despidió y se dirigió a sus respectivos aposentos.

La luz del día había llegado rápido, habían pasado varios días desde que Kagome evito que aquellos monjes fueran asesinados; últimamente la monotonía y la rutina estaban desesperando a la pequeña sacerdotisa, recorrió el jardín aproximadamente dos veces en menos de dos horas, se sentó bajo un árbol de Sakura y esperó pacientemente a una de las empleadas del palacio encargada de llevarle el té, se sentía extraña, no era aburrimiento si no un mal presentimiento el que se asomaba en sus pensamientos.

-Muchas gracias, Osaki –dijo mientras tomaba la bandeja con el té, la empleada hizo una reverencia y dio media vuelta para marcharse.

-Osaki –llamó Kagome nuevamente, a lo que la empleada volteó para mirarla - ¿Has visto a la pequeña Rin y al pequeño Shippo? –preguntó.

-Bajaron a la aldea después de desayunar, señorita Kagome. –La chica asintió y dio gracias por la información, se levantó y se fue del lugar con dirección a la salida del palacio.

Desde la punta de un árbol Sesshomaru observaba los movimientos de la joven sacerdotisa, ya tenía varios días de tener una vigilancia constante hacia ella, sentía mucha curiosidad por la miko desde la vez que lanzó la flecha contra el conjuro de aquellos monjes. Después de ver como la chica salía del palacio se dedicó a seguirla discretamente con cautela y elegancia sin ser descubierto por ella.

Luego de unos minutos Kagome se encontraba en la entrada de la aldea, buscaba con un toque de desesperación a sus pequeños protegidos, sentía que algo malo ocurriría, una sensación extraña estrujaba su pecho causándole nauseas.

Preguntó a casi todos los aldeanos si sabían sobre el paradero de los niños pero nadie le daba respuesta, fue hasta que una infante se acercó un poco temerosa y le explico que ambos chicos habían entrado al bosque para cazar demonios. El corazón de Kagome se aceleró pues a pesar de que el bosque estaba cerca de una aldea de exterminadores no era seguro.

POV KAGOME (Narra Kagome)

Sentía un poco de miedo, no sabía si Rin y Shippo estaban a salvo, sin pensarlo dos veces tome mi arco y unas cuantas flechas, me monte a mi caballo y salí rumbo a la espesura del bosque.

Estaba desorientada, no sentía el youki de Shippo y tampoco la presencia de Rin. Frene el caballo e intente hacer silencio para agudizar mis sentidos, lo hice durante unos minutos y solo sentí el youki de Sesshomaru, ¿Qué hacia ese engreído en el bosque?.

El grito de Shippo pidiendo ayuda fue el que me saco de mis pensamientos, cabalgue a gran velocidad hasta que llegue a la orilla de un manantial. Un demonio oso era entretenido por los trucos de magia del kitsune, él evitaba que la bestia le hiciera más daño a la pequeña Rin que yacía tendida en medio de unas grandes rocas.

Tense con fuerza mi arco y dispare una flecha con dirección a su cabeza, la luz envolvió al demonio para desintegrarlo en pequeñas partículas que cayeron al agua. Baje del caballo rápidamente y corrí para auxiliar a Rin.

La tome del rostro, note que había perdido mucha sangre, su cara era pálida y tenía contusiones en gran parte del cuerpo. Con miedo, acerque mi oído al pecho de la niña y el terror se apoderó de mi ser, su corazón no latía, intente darle reanimación cardio pulmonar pero no funcionaba, ella no reaccionaba.

La frialdad del cuerpo de la pequeña me hizo reaccionar, estaba muerta y no había podido protegerla. Escuchaba el llanto de Shippo y yo no podía controlar mis lágrimas. Abrace el cuerpo inerte de la niña y lloré dolorosamente, no podía creer lo que sucedía.

Escuché unos pasos acercarse, mi mente estaba nublada y por tanto no pude reconocer la presencia, levante la viste y fue entonces cuando lo vi, Sesshomaru caminaba hacia mí con paso lento. Al llegar, permaneció en silencio mientras yo seguía llorando.

FIN POV KAGOME

El demonio miraba con frialdad la escena que acontecía frente a sus ojos, lo había visto todo, vio como la chica mato al demonio sin dudarlo para proteger a esos humanos. Por curiosidad se acercó a la sacerdotisa, no se podía explicar lo débiles que eran los humanos con respecto a los sentimientos.

Sesshomaru pensó que ya había sido suficiente y decidió abandonar el lugar; grande fue su sorpresa cuando al dar media vuelta para marcharse, su espada, colmillo sagrado, empezó a palpitar fuertemente. Confundido, el youkai volvió los ojos al cadáver de la niña, logró ver los esbirros del más allá encima de la pequeña.

¿Acaso colmillo sagrado quería que él salvara una vida humana? –pensó Sesshomaru.

Nunca había utilizado la espada, esta sería la primera vez. Ante la latente insistencia de Tenseiga, regreso unos pasos atrás quedando frente al cuerpo de Rin, desenfundo su espada ante los ojos expectantes de Kagome y de una sola vez corto en dos a los esbirros.

La niña empezó a moverse poco a poco, la espada había hecho bien su trabajo, la niña despertó de la muerte.

Kagome miró agradecida a Sesshomaru quien ya se había marchado y abrazó fuertemente a su protegida. Sentía alivio y mucha alegría, desde ese momento estaba en deuda con el demonio engreído, lo buscaría para agradecerle y pagarle con creces ese acto. Al parecer el youkai no era tan déspota, le había mostrado un lado muy noble y ella debía recompensarlo.