Capítulo 4 "Aclarándote mi estado civil"

-No voy a aceptarlo padre –dijo tajante Kagome mientras se pasaba las manos por su cabello completamente enojada.

-Vas a aceptar el obsequio quieras o no –sentenció –Yo no he criado a ninguna mal educada.

-No puedes obligarme –refutó segura –No quiero nada que venga de él.

-POR SUPUESTO QUE PUEDO –gritó, su altanería y arrogancia era supremamente irritante para su hija, quien sentía odiarlo en ese momento –HE DICHO QUE LO ACEPTARAS Y LO VAS A HACER.

-Pues yo ya he dicho que no –se puso de pie –Manda a botarlo, regalarlo, quemarlo o véndelo si quieres, pero yo no lo acepto –la chica salió del despachó dándose el lujo de dejar ignorado a su progenitor quien quedó echando chispas del enojo.

Kagome suspiró mientras se recostaba en la puerta del despacho, barrió la estancia con su mirada y chocó con la mirada expectante y apacible de un ojidorado, ella sonrió e inclinó su cabeza en saludo, él por su parte también inclinó levemente su cabeza, dio media vuelta y salió de la estancia, a pesar de que su rostro era serio, la sacerdotisa sintió calidez en su mudo saludo.

-Es increíble –musitó Sango después de escuchar el relato de Kagome, caminaban juntas por uno de los jardines del palacio -¿Cuáles serán sus pretensiones con ese obsequio? –preguntó esta vez muy preocupada.

-No lo sé y la verdad tampoco me interesa –respondió desganada mientras miraba el horizonte –No quiero nada de él, Sango –dijo finalmente viendo los ojos de su prima.

-Te entiendo, yo tampoco querría –hubo silencio – ¿Tú estás bien? -preguntó.

-No sé, estoy segura de no amarlo pero me inquieta pensar en su regreso –reveló –Tengo muchísimas preguntas y no me creo capaz de formular ninguna si lo vuelvo a ver –esto último fue una confesión.

No dijeron nada más y regresaron juntas al palacio, ya estaba anocheciendo.

Para relajarse un poco, la sacerdotisa preparó un baño con varias hierbas y aceites esenciales, había varias velas aromáticas encendidas alrededor de la gran tina que ocupaba como bañera.

Dejó caer su bata y se metió desnuda a la tina, suspiró y sintió su cuerpo relajarse al tacto del agua tibia y el olor de la misma, pensaba y sentía que le estaba dando mucha importancia al asunto del que había hablado su padre. Hundió un poco más su cuerpo en el agua y cerro sus ojos.

El recuerdo de la presencia que sintió el día de la fiesta la inquietó, pensó que todo había sido producto de su imaginación pero el aviso que su padre le dio, diciendo que en el puerto había un obsequio para ella por parte de Naraku le hizo confirmar que si era él.

-Así que si estabas aquí –lanzó bajito al viento –Querías verme.

El recuerdo de ella en el balcón volvió a azotar su mente, hundió su rostro en el agua mojando su cabello totalmente, su mente inquieta se despejó cuando un par de ojos dorados se hicieron presentes.

"Señor engreído Sesshomaru" –pensó mientras una sonrisa se formaba en sus labios y empezaba a recordar la escena tan graciosa que tuvo con él a la hora del té.

Flashback

-Todavía no comprendo su afán por venerar tanto el silencio, Sesshomaru-sama –Kagome estaba sentada bajo la sombra de un hermoso árbol de cerezos, justo al lado de la base, donde recostado estaba el demonio con una taza de té en sus garras.

-Es agradable –respondió.

Ella sonrió.

-Me refería al silencio, no a usted –aclaró mientras una sonrisa casi invisible se formaba en él.

La chica bufó indignada y ofendida mientras un color rojo teñía sus cachetes.

-Ya lo sabía –trató de defenderse mostrando indiferencia para ocultar su vergüenza.

-No me diga –respondió sarcástico.

-Es usted muy obvio –siguió ella.

-Y usted muy entrometida –contestó viendo de reojo a la chica que tenía una sonrisa en sus labios.

-Por lo menos logré hacerlo hablar –la chica lo miró triunfante –hasta yo me asombro de mis capacidades –finalizó de decir orgullosa.

-Ahora está de presumida –continuó el ambarino con gruesa voz.

-¿Presumida? ¿Yo? –preguntó con falsa indignación y dramáticamente presionaba su mano contra su pecho y fruncía su seño.

El demonio la miró y ella le sonrió dulcemente mientras acomodaba un mechón de su cabello detrás de su oreja. Ambos continuaron disfrutando de su mutua compañía en silencio.

Ella tranquila y él con su mente y corazón galopando sin descanso.

Para él, ese último gesto adornado de simpleza y genuinidad fue demasiado, su sonrisa era insoportablemente encantadora y ahora, no podía dejar de ver a la chica sonriendo a cada instante en su mente.

-Inaudito –fue lo único que dijo mientras observaba como la chica se alejaba contenta, la hora del té había finalizado.

Fin Flashback

La chica salió de la tina con un mejor humor, últimamente Sesshomaru estaba más que presente en sus pensamientos y permanentemente tenía la necesidad de verlo a cada instante, su presencia la reconfortaba de una manera preciosa y su voz tranquilizaba su alma. Se colocó uno de sus trajes limpios de sacerdotisa, dejó su cabello suelto para que se secará al aire y bajó a la estancia donde seguramente la estaban esperando para la cena.

-Buenas noches –saludó a todos mientras se sentaba en una de las sillas del comedor, buscó los ojos de Sesshomaru y él clavó su mirada en ella.

-Veo que estas de muy buen humor Kagome –mencionó contento Inuyasha.

Ella asintió con la cabeza e iba a hablar pero fue interrumpida por su padre.

-¿Y cómo no estarlo? Mi futuro yerno le ha enviado un obsequio –Kagome escupió el jugo que había empezado a beber mientras tocia.

-¿Futuro yerno? –preguntó con usual seriedad Kikyo.

-¿Vas a casarte querida? –preguntó Izayoi emocionada.

-¡POR SUPUESTO QUE NO! –la miko dijo esto último con desbordante desconcierto mientras apretaba sus dientes y cerraba sus manos en puño, la rabia que sentía era totalmente notable para el peliplata que la observaba con interés.

-Oh por supuesto que si –aseguró Touga –Mi hija ya estuvo comprometida con este hombre en el pasado –dijo mientras se servía un poco de licor –pero claro, Kagome aún era joven y desistió del compromiso –bebió un sorbo y siguió hablando con admiración –¡Imagínense! Este caballero la ama tanto que quiere volver a pretenderla.

-¡Qué emocionante! Esto es digno de una dulce novela romántica –mencionó Izayoi enternecida.

Todos estaban asombrados, Inuyasha miraba dudoso a su cuñada, Sesshomaru notaba la ira y vergüenza creciente que estaba azotando todo el ser de la joven sentada frente a él y Kikyo… Ella mostraba un semblante serio, no estaba contenta, al contrario parecía más molesta que su hermana.

-Deberíamos empezar con los preparativos de la boda –habló Kikyo con una sonrisa sarcástica para disfrazar el enojo que la carcomía por dentro.

Kagome se puso de pie ganándose la atención de todos los presentes.

-No habrá ninguna boda –dijo serena –No voy a casarme con nadie –dirigió la vista a su padre –Y si tanto te emociona el dichoso regalo quédatelo tu que yo no lo quiero, con permiso –finalizo mientras daba media vuelta dejando a todos sorprendidos.

El ambarino siguió con la vista a la chica, algo dentro de él se inquietó, la idea de que ella pudiese casarse o que alguien tratase de pretenderla le dejaba un muy mal sabor de boca.

La madrugada daba la bienvenida a una joven cuyo sueño al parecer se fue de vacaciones, una ola de sentimientos que no podía interpretar o entender azotaba el pecho de Kagome.

Más allá de la ira que sentía por la imprudencia y desdén de su padre estaba la inquietud sobre lo que pensaba Sesshomaru, le preocupaba grandemente que él malinterpretara la situación ¿Qué pensaba él sobre su supuesto compromiso?

-¿Y si se aleja? –se preguntó, esto último era lo que le provocaba una creciente sensación de angustia.

Dio varias vueltas alrededor de su cama antes de ponerse de pie, en la habitación se sentía presa así que decidió salir al jardín, quizá el aire y la luz de la luna le hicieran bien, quizá con suerte lograría verlo.

Recorrió descalza los oscuros y fríos pasillos del palacio hasta llegar a uno de los jardines, ese en particular era su favorito, había un pequeño estanque que podía cruzarse gracias a un puente de madera… Caminó por el puente hasta llegar en medio, suspiró y observó la luna llena y el cielo bellamente estrellado.

-Sin zapatos pareces una pordiosera –la voz de Sesshomaru la sobresaltó de inmediato, estaba tan distraída que no se dio cuenta de su presencia. Él se encontraba de pie en uno de los extremos del puente, ella lo observó pero no contestó, se limitó a apreciar la belleza del youkai quien bajo el manto de los rayos lunares lucía condenadamente atractivo.

-¿Usted tampoco puede dormir? –preguntó ella, él no respondió pero caminó hasta colocarse a su lado.

Permanecieron varios minutos sin decir nada, él sabía que la sacerdotisa quería decir algo pero la chica no se animaba, los nervios estaban jugándole una mala pasada y ninguna vocal salía de su boca.

El youkai permaneció un rato en silencio hasta que dio la vuelta para irse.

Kagome lo vio alejarse, se regañó mentalmente por su cobardía y tomando una bocanada de aire decidió aclararle de una vez por todas la situación.

-Espere –dijo aun cavilando un poco. Él detuvo su marcha y se giró para verla.

La miko camino hasta él pero los nervios que sentía la traicionaron, pisó en falso uno de los escalones que estaban al final del puente, intentó agarrarse del barandal pero al no lograrlo cerró los ojos para esperar el impacto.

Impacto que nunca llegó.

Abrió los ojos, frente a ella estaba Sesshomaru observándola fijamente con su mirada penetrante e inexpresiva, ella cayó en cuenta de la posición en la que estaba cuando sintió que el ambarino apretaba suavemente su cintura para evitar que impactara en el suelo.

-Fíjate mejor la próxima vez –sentenció mientras empezaba a soltar sus manos de la cintura de la chica.

-Es mentira –hablo ella decidida sujetando con fuerzas las manos del youkai para evitar cortar el contacto que tenían, no sabía porque pero quería dejarle claro que ella no tenía compromisos con nadie –El asunto de la boda, no me casaré, no estoy comprometida con nadie –confirmó.

Él únicamente la observó.

-No tienes que darme explicaciones –contestó indiferente.

Mentira, por supuesto que quería explicaciones, fue por explicaciones que la siguió hasta el jardín, decía que no quería explicaciones pero internamente agradecía por recibirlas.

-Aun así –continuó la miko titubeando un poco –Solo quería aclarárselo –terminó de decir mientras con delicadeza se soltaba de su agarre.

Él permaneció unos segundos en silencio.

-Regresa a tu cama –le ordenó –estas descalza, hace frio y puedes enfermarte –finalizo por decir mientras empezaba a alejarse.

Una calidez envolvió el pecho de la sacerdotisa, su corazón latió más fuerte y una increíble sensación de alegría la inundó, él, ese demonio frio e indiferente había mostrado un poco de preocupación por ella, esas líneas que para cualquiera parecerían insignificantes tenían un mensaje muy claro y oculto.

Kagome sonrió y lo alcanzó, caminó a su lado por los pasillos oscuros del palacio.

-Buenas noches –dijo cuando llegaron a sus respectivas habitaciones.

Él inclinó levemente su cabeza en forma de contestación. Ambos se dieron una última mirada antes de ingresar a sus aposentos, ambos tenían nuevos sentimientos floreciendo en su ser.