El Príncipe Demonio

Capitulo II

La luz del sol no se encontraba presente en aquella sala, una sola donde los hombres más poderosos de Westeros discutían que plan de acción tomar, la única luz que ingresaba en dicha habitación pertenecía al tenue resplandor de la luna.

- Y bien, bastardo – La voz del Rey Robert Baratheon hizo eco en la habitación – Ilústranos, ¿Cuál era tu maravillo plan? Anda, te concedo el honor, habla sin pena.

El bastardo a los ojos de los hombres más poderosos de Westeros dio un paso al frente, ignorando las peligrosas miradas que caían sobre su persona.

- Muy bien, mi Rey. Me honra de corazón la oportunidad que me está dando – Hablo con seguridad – Mi plan es el siguiente…

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Días Atrás

Su plática con el Dios Rojo le hizo darse cuenta de muchas cosas, la primera de ellas es que necesitaba poder, su principal meta debía hacer todo lo posible para conseguirlo, no importaba si se ensuciaba las manos de sangre inocente, debía obtener poder.

El Dios Rojo le revelo muchos futuros alternativos, futuros donde nunca acepto su herencia Valyria y murió siendo el simple Jon Snow, aquel bastardo criado en las sombras por un hombre de poca voluntad. No, llamar a Ned Stark de esa forma estaba mal, Ned Stark poseía voluntad, solo que nunca supo en dónde ponerla.

Pero esta vez no, juro sobre la memoria de su madre y padre que no moriría siendo un tonto honorable, ¡Al diablo el honor sureño de Ned Stark! ¡Al diablo el miedo a las reprimendas! Sería un Rey justo, eso estaba claro, pero masacraría a sus enemigos de la forma más vil y ruin posible, trataría con honor a los débiles y recompensaría a los leales, pero los traidores morirían bajo su mano, no les mostraría piedad como sus otras versiones de sí mismo hicieron.

Jon Snow había muerto aquí y ahora, ya no existía esa vacía existencia cuyo nombre fue falso desde el inicio.

Su nombre es Daemon Targaryen, el hijo de Rhaegar Targaryen y Lyanna Stark-Targaryen, príncipe de Dragonstone y heredo del trono de hierro.

Daemon tenía mucho en su cabeza, lo primero era asegurarse de no crear discordias entre su hermano Robb y el, si algo sabia es que en un futuro cuando se alzara para recuperar su trono, necesitaba aliados fieles, y Robb sería su aliado, uno en el cual confiaría sin dudarlo un solo momentos.

Eso lo llevo a su situación actual.

- Espera, Jon. No entiendo lo que quieres decir – Dijo Robb, aunque a Daemon le molestara escuchar cómo se referían a él bajo el nombre de Jon, debía aceptarlo y hacer caso omiso por el momento – ¿Por qué quieres ir a la guerra?

- Robb, baja la voz, por favor – Pidió Daemon – Escucha, Robb. Como sabes soy un bastardo, nadie querrá casar a una de sus hijas conmigo, mi nombre no les dará tierra ni títulos, así que mi otra opción es volverme un caballero.

- Entiendo eso, ¿Pero porque ir a la guerra? Puedes morir.

- Exactamente por eso. Un caballero debe primero ser un escudero, y nadie querrá un escudero bastardo, Lord Stark puede pedirle a uno de sus vasallos que me acepte, pero eso causara que nadie me respete cuando me gane el título.

- Yo… creo que entiendo. ¿Vas a la guerra para hacer un poco de fama?

- Bueno, si no muero ese es el plan, aunque no lo llamaría fama, solo quiero que vean que aunque sea un bastardo, puedo ser alguien que valga la pena. Claro que no espero que un legendario caballero como Ser Barristan me adopte como su escudero, pero al menos un caballero de tercera clase, con eso me conformo y me doy por bien servido.

- ¿Por qué me cuentas esto a mí? – Pregunto Robb.

- Robb, eres mi hermano, sé que eres inteligente. Sabes lo que dicen de los bastardos, sé que algunos chicos te dicen que me ignores, pero tú no lo haces y eso me alegra, porque demuestras que crees en mí. Por eso quiero ser un caballero, convertirme en alguien que pueda ser merecedor del título de Maestro de Armas cuando tú seas Lord de Winterfell.

- Jon…

- Cuando vaya a la guerra, sé que muchas personas dirán que me fui para impresionar al Rey e intentar quitarte tu lugar como heredero, sé que dirán eso e intentaran ponerte en mi contra.

- ¡Eso es mentira! – Las palabras de Robb calentaba el corazón de Daemon, su hermano de verdad confiaba en él.

- Sé que lo sabes, y por eso vine aquí, entre tú y yo no debe hacer secretos, Robb. Cuando seamos adultos, cuando seamos hombres de verdad, yo pondré mi vida en tus manos y tú harás lo mismo con la tuya, porque sé que sin importar que pase, tú jamás me traicionaras, porque eres mi hermano hoy y siempre.

- Lo prometo, Jon. No diré nada a nadie, prometo guardar tu secreto.

- Eso es todo lo que pido, hermano.

- Cuenta conmigo, hermano.

Y así fue, Lord Stark se despidió al día siguiente de su esposa e hijos, abordo el barco que lo llevaría hacia el punto de encuentro elegido por el Rey Robert, sin saber que su sobrino iba como un polizonte en el depósito inferior del barco.

Daemon sabía que si su tío lo descubría daría media vuelta y todo su plan se iría al caño, por eso debía aguantar aquí varios días, saldría solo en las noches por comida y el resto del día lo pasaría encerrado, ya que si el barco recorría casi por completo el viaje, Lord Stark aunque le molestara no podría dar marcha atrás porque quedaría desacreditado frente a los Siete Reinos.

Los días pasaron, y cuando se percató, su alocado y poco confiable plan había funcionado, escucho como un hombre ebrio decía que mañana temprano llagarían a donde se encontraba el Rey.

Su plan había funcionado, carajo, de verdad había funcionado.

Daemon estaba anonadado, pero más que eso, estaba completamente entusiasmado, suerte para el que trajo una muda extra de ropa, se cambiaría mañana temprano para no oler mal frente a los leales a la corona.

Al día siguiente, Lord Stark junto a sus vasallos bajaron del barco que los llevo durante días a su actual destino, Ned miro con emoción las personas que habían venido a recibirlo.

- Ned, mírate, eres todo un hombre ahora, te dejaste crecer la barba – Dijo un hombre de edad avanzada, quizás de al menos 50 días de nombre – ¿Cómo te ha ido, Ned? Escuche que pronto tendrás otro hijo, felicidades.

- Jon, el gusto es mío – Dijo Ned, a su recién llegado padre adoptivo, Jon Arryn – Mírate, estas igual, no has cambiado nada.

- Bueno, ser Mano de Robert no es tan placentero como suena, pero me las arreglo – Respondió con dolor fingido – Hablando de Robert, él está…

- ¡Ned! – Exclamo una voz fuerte y gruesa – Por los siete infiernos, han pasado años desde que te vi la cara por última vez.

- Su Excelencia – Lord Stark se arrodillo ante el Rey Baratheon – Estoy aquí para servirlo.

- Levántate o te corto la cabeza, Ned – Robert prácticamente lo jalo hacia arriba y se lanzó a abrazarlo con emoción - Estas cuerdas de coños pueden besarme el culo todo el día, pero tú no, eres mi hermano en todo menos sangre, tú debes llamarme por mi nombre, no esa estupidez de Rey o Excelencia.

- Pero eres el Rey, no debo…

- Baff, tonterías, soy Robert para sí, Ned.

Lord Stark quería protestar pero las risas de un joven de alrededor de 18 días de nombre lo detuvo, dicho joven poseía las mismas características faciales de Robert Baratheon, cabello negro y ojos azules, definitivamente era un Baratheon.

- No se moleste, Lord Stark. Mi hermano el Rey no le dará la razón, tiene el temperamento de un fuerte Baratheon.

- ¿Renly? – Ned miro al recién llegado – Has crecido mucho, Renly, eres un hombre.

- Medio… – Susurro Robert en voz baja – Vamos adentro, Ned, Stannis debe estar hirviendo de la rabia porque no hemos llegado.

Lord Stark asintió, pero antes de irse en compañía del Rey, un grupo de guardias llegaron a la escena con un niño de 11 días de nombre amordazado de manos, cundo lo vio, los ojos de Ned Stark casi se salen de sus cuencas.

- Encontramos a este polisón en el barco, Lord Stark – Dijo un soldado - ¿Qué hacemos con él?

- ¿Tú? ¿Pero cómo…? – Ned no lograba articular palabra alguna - ¿Cómo lograste llegar aquí?

- ¡Ja! – Rio Robert - ¿Y ese niño, Ned? ¿Acaso es mi joven tocayo?

- No. Digo, bueno… - Ned miro a Daemon algo avergonzado – Él es mí, mí…

- Su Excelencia – Daemon se arrodillo frente al Rey Baratheon, quitándose para sorpresa de los guardias las mordazas que anteriormente sellaban sus manos – Soy Jon Snow, hijo bastardo de Lord Eddard Stark, Guardián de Winterfell, estoy profundamente honrado por al fin poder conocer al hombre que Lord Stark llama en cada oportunidad que tiene, su verdadero hermano.

Daemon miro como durante unos segundos el rostro de Robert se emocionaba ante esas palabras, que irónico, tal parece que la única opinión que a Robert le importaba era la de Ned Stark, si no fuera un reconocido mujeriego prostituto, Daemon pensaría que Robert sentía algo más que una simple amistad por su tío, pero no, aunque lo duden, Robert respetaba con el alma a su amigo y hermano jurado, Ned Stark.

Por eso usaría esas palabras, alabar al Rey directamente no serviría de nada, debía hacerse notar con falsos halagos cuyo principal encanto seria el nombre de Ned Stark en ellos.

- Su hijo bastardo, ya veo, cuando te vi hace años eras solo un bebe de pecho – Robert camino hasta el, deteniendo y mirándolo a los ojos - Te pareces a Ned, eres todo un Stark, excepto en tus ojos.

Al lado del Rey, Ned Stark sudo frio por el ultimo comentario, ¿Acaso su peor temor se estaba haciendo realidad? ¿Robert descubrió la herencia de Jon?

- Debo haberlos heredado de mi madre, Lord Stark nunca me lo ha confirmado.

- Sí. Ashara Dayne, un belleza sin fronteras, solo superada por mi amada Lyanna, Ned tuvo un buen ojo al irse con Ashara, heredaste los ojos de tu madre, pequeño bastardo – Las palabras de Robert tuvieron reacciones diferentes. En Ned causaron calma, y en Daemon emoción, tal parece que todo iba bien, Robert Baratheon resulto ser un hombre más simple de lo que había pensado - ¿A qué viniste, bastardo? Esta es la guerra, no un juego.

- Vine porque quiero ser alguien, su Excelencia – Respondió Daemon, sin vacilar al mirar los ojos del Usurpador – Soy un bastardo, pero incluso siéndolo deseo convertirme en alguien, por eso vine. Sin embargo, veo que avergoncé a mi padre al colarme de este modo, acepto el castigo que crea conveniente.

- ¿Al colarte de este modo? ¿Acaso existe otra forma? – Pregunto Robert con algo de curiosidad.

- Por supuesto. Colándome sin que nadie me hubiera descubierto – Respondió Daemon - Falle en lo último.

- ¡Jajajajaja! – Robert estallo en risas, sorprendiendo a todos los presentes, muchos de ellos pensaron que castigaría al insolente bastardo – Bien dicho, mejora a la próxima, bastardo.

- Robert, déjame enviarlo de regreso, no causara inconveniente – Ned le pidió a su amigo.

- No puedo, eso sería desperdiciar un barco y no hare eso – Negó Robert – Tranquilo, Ned. Los Calamares de mierda son eso, solo mierda, ganaremos esto en menos de lo que canta un gallo.

- Sí. Veré que hacer con Jon.

- Tráelo contigo, veré que le den algo en la tienda – Ordeno Robert.

Los presentes no opinaron nada, nadie podía hacer cambiar de opinión al Rey Robert Baratheon cuando este se le metía algo en la cabeza.

Daemon camino en silencio, detrás de Lord Stark. Estaba confundido, por una parte estaba feliz de que su plan estuviera yendo tal y como lo planeo, pero por otro lado, ¿De verdad estaba siendo tan fácil? Daemon esperaba inconveniente o evasiones de parte del Usurpador, sin embargo, este solo facilitaba sus planes sin darse cuenta.

Era un hombre tan simple y estúpido, digno de ser llamado un Rey Títere.

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Daemon lo sabía, lo veía en los ojos de todos los presentes, cada uno de los Lores que se encontraban en esta habitación lo miraban con desprecio, como un bastardo.

Bueno, es lo que era, ¿Cierto? Ned Stark se aseguró que cada hombre y mujer de Westeros lo conociera como Jon Snow, el bastardo de Winterfell, el hijo que procreo con una mujer desconocida en medio de la guerra.

La reunión de Robert con su consejo de guerra fue larga, Daemon vio cómo su tío se obtenía de dar su opinión, solo hablaba cuando pedían su palabra y evitaba contacto visual con hombres como Stannis Baratheon.

¿Por qué hacía eso?

¿Acaso Ned Stark se sentía menos que esos señores?

Robert Baratheon no los escuchaba, la única palabra que el Usurpador tomaba en cuenta era la de Ned Stark, pero no, su tío se excusaba con el pretexto de ser honorable y no hizo nada para favorecer el Norte. Prácticamente con Robert en el trono aseguraba décadas de intereses para el Norte, pero su tío no hizo nada, creyó que no habría honor en favorecerse a costilla del Rey.

Sí. No era muy honorable, pero la ayuda que Robert pudo haberles dado en el Norte y su tío desestimo, fue gastada en vino, orgias y muchas prostitutas, pero Ned Stark no era capaz de pensar en eso.

- Entonces decidido – El hermano menor del Rey, Renly Baratheon hablo en voz alta – Atacaremos al amanecer, los malditos Greyjoy no lo verán venir, esta rebelión terminara lo antes posible.

Daemon sabía que esa estrategia no iba a funcionar, lo que Renly propósito es una estrategia tan básica que si un niño pequeño leía un libro de guerra podría adivinarla. Sin embargo, también noto que nadie contradecía a Renly, ¿Es porque es un príncipe? No. Había algo más, en la guerra se obtenían las mejores recompensas y estos hombres no era la excepción, ellos querrían algo a cambios.

Entonces lo entiendo, ellos querían que Renly fracasara y luego sacar provecho de la situación, un plan básico pero efectivo, esperar que al tonto príncipe le explotara su plan en la cara y luego obtener el favor del Rey, un plan razonable, incluso era tan razonable que Daemon decidió robarlo para sí mismo.

- No funcionara – La voz de Daemon torció la confiada sonrisa de Renly – Los Greyjoy sabrán que planeamos atacarlos de ese modo, si atacamos así haremos que el Rey Robert pierda naves y hombres.

- ¿Qué sabe un bastardo de la guerra? – Rebatió Renly ofendiéndolo donde pensaba el que más le dolía – Lord Stark, calle a su bastardo y que no hable cuando no se le da la palabra.

- Por supuesto, príncipe Renl…

Pero Daemon cortó las palabras de Ned Stark al rebatirle nuevamente a Renly.

- ¿Tu orgullo hará que el Rey pierda soldados? – Daemon sabía que la forma en la que le hablaba a Renly pondría en riesgo su cabeza, pero al menos estaba seguro que el honor de Lord Stark evitaría que lo decapitaran en ese momento – La estrategia está mal, solo harás que maten a esos hombres.

- ¿Qué dijiste? – Renly camino hacia Daemon, lo jalo por el cuello de su ropa y lo miro con desprecio – No me hables como si fuéramos iguales, bastardo, una palabra más y me asegurare que su cabeza ruede entre tus pies.

Los presentes callaron, esperando obviamente el desenlace de la situación.

- Disculpemos, príncipe Renly – Ned Stark se interpuso entre ambos – Jon, discúlpate con el príncipe.

- ¿Por decir la verdad? – Pregunto Daemon, actuando en ese corto periodo de tiempo como un niño de su edad – Solo dije lo que todos piensan y temen decir. Incluso yo puedo dar un mejor consejo de guerra que ese.

- ¡Jon! ¡Discúlpate con el príncipe Renly! – Ned alzo la voz.

- ¡Suficiente! – Exclamo Robert Baratheon – Haremos lo que Renly planeo, estoy confiando en ti, Renly, no defraudes a tu Rey.

- Cuente conmigo, mi Rey – Rey se despidió de Robert.

Al cabo de unos minutos, solo quedaron Daemon y Ned en dicha habitación.

- Estoy decepcionado, Jon – Comenzó a hablar Ned – Viniste aquí sin permiso, me desobedeciste y peor aún, me avergonzaste a mí y al Norte frente a los demás señores y el Rey.

- Esa no era mi intención – Daemon decidió seguirle el juego – Solo quiero que algún caballero me tome por su escudero, pensé que al venir aquí podría lograr algo.

- El mundo no es tan fácil como piensas, Jon – Dijo Ned seriamente – Estamos en guerra, en una rebelión contra el Gobierno de nuestro Rey, debemos aplacar esta rebelión antes que inicien otras.

- ¿Quién se rebelaría? Todos son leales al Rey.

- Aún quedan partidarios de los Targaryen, si no demostramos que Robert puede con esta rebelión, esos partidarios tomaran provecho, y no queremos otra guerra por el trono.

Daemon no mentiría, la forma en la que Ned Stark hablo de los Targaryen le dio ganas de darle un golpe.

- Aceptare mi castigo después, lo prometo. Pero déjeme ayudar, al menos cargado las armas, quiero ser útil.

- Este lugar no es para ti, Jon. Puedes salir herido, y si eso pasa, yo…

- Solo soy un bastardo, no perderé nada. No tengo nada que perder, por eso vine, quiero saber que sirvo para algo, Lord Stark.

Tocar la fibra sensible de Ned Stark, Daemon sabía que muy en el fondo esas palabras hacían que Ned se sintiera mal por él, porque si algo sabia de Ned Stark es que era fácil hacerlo sentirse culpable de su condición de bastardo.

- Si sales herido jamás me lo perdonare, Jon.

Odiaba ese nombre, cada vez que lo llamaba Jon lo hacía sentirse sucio y asqueado, su nombre es Daemon y algún día haría que estos señores que hoy lo humillaron se arrodillaran en frente de él.

- No me pondré en riesgo, lo prometo, Lord Stark.

- Bien, pero si haces algo peligroso te encerrare en una habitación y no saldrás hasta que esto termine.

- Si señor, gracias por la oportunidad.

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Al día siguiente se llevó a cabo el plan de Renly.

Un plan que si bien para sorpresa de Daemon inicio bien, tanto así que casi temió haberse equivocado, término finalizando como él y cada uno de los señores presente esperaba que finalizara.

En tragedia.

Los malditos piratas esperaban que el Rey Robert usara esa estrategia y desde los riscos hundieron usando catapultas los barcos, a punta de piedra y fechas con fuego hicieron arder parte de la flota real de Robert Baratheon.

Fue casi poético a los ojos de Daemon, el fuego hundió los barcos con el estampado del ciervo que hace años daño a los Dragones, el karma término siendo una perra.

Barcos, hombres, armas y la moral del ejército se fue a pique por el terrible plan de Renly Baratheon.

- ¡No me jodas, Renly! – Rugió el Usurpador lleno de furia - ¡Tu maldito plan fue un asco! ¡Confié en ti y me decepcionaste, mocoso arrogante!

La noche cayo y con ello el día, actualmente se encontraban en la misma sala de reuniones que usaron la noche anterior.

- Pero hermano, yo…

- ¡Rey, Renly! ¡Soy tu Rey, no tu hermano! ¡Hoy murieron hombres por tu culpa e incompetencia!

Los señores miraban a Renly con burla, mordiéndose la lengua para no estallar en carcajadas, este era el momento que ellos esperaban, aunque desgraciadamente para ellos, este momento no iba a llegar.

Daemon había logrado analizar un poco a Robert Baratheon, era un hombre de carácter fuerte, eso aunque le molestara debía reconocérselo al Usurpador. Y fue gracias a eso que pudo al menos intuir como reaccionaria.

Robert amaba la guerra, sin embargo, no amaba organizarla, amaba pelear en ella, no planearla como lo harían hombres como Stannis o Tywin Lannister, Daemon daba gracias que el viejo león se había quedado protegiendo Desembarco del Rey.

Al ver como Robert humillaba públicamente a su hermano menor, un señor de los presentes quiso llevarse la gloria y llamo al Rey.

- Mi Rey, me gustaría…

- ¡Jodete, maldita sea!

La respuesta del Rey hizo que el señor miraba hacia la nada, claramente extrañado por esa reacción.

Lo que para ellos fue una sorpresa, para Daemon fue un momento de alegría, Robert era un pésimo Rey, no le importaba humillar a los señores y pagar la rabia con ellos, Daemon supo eso al instante y por eso hablo de forma tan altanera la noche anterior, los señores callaron y no hicieron nada para evitar que Renly actuara de forma tan estúpida, Daemon sabía que Robert los culpaba también, por eso hablo, por eso se hizo notar, para que incluso un bruto cabeza de toro como Robert Baratheon supiera que el si se preocupaba por su ejército y hombres, que le era leal.

- Pero mi Rey, nosotros no somos culpables – Hablo otro de los ahí presentes.

- ¡Claro que lo son! ¡Todos ustedes callaron y dejaron que este remedo de hombre mandara a la muerte a mi ejército! ¡Son mi maldito consejo de guerra! ¡¿Por qué no actuaron, maldita sea?!

Los señores ya no sonrieran, la noche anterior se burlaron de él, dejaron que Renly depocritara en su nombre, pero hoy es Daemon quien reía.

- ¡Tu, bastardo! – Robert llamo a Daemon – Ayer quisiste evitar que mi tonto hermano mandara al diablo a mis hombres, estos imbéciles no hicieron nada y aun así se hacen llamar mi honorable consejo de guerra – Robert fijo entonces su mirada en Daemon - ¿Qué harías tú?

- ¿Yo? – Daemon se señaló así mismo, fingiendo ignorancia.

- Ayer dijiste que podías darme un consejo mejor que Renly, así que dilo, es tu oportunidad – Comento Robert.

Daemon había esperado este momento. Sin embargo, aún no podía creer que era tan fácil, no podía creer que Robert Baratheon era una hombre tan fácil de manipular.

- Mi Rey, ese niño es un bastardo, un hijo del demonio, no debe hacer caso de su opinión – Hablo un señor del fondo.

- ¡Es hijo de Ned Stark! ¿Acusas a Ned Stark de ser el diablo? – La voz gruesa de Robert hizo callar al señor del fondo – Si mi hermano que nació en cuna de oro no sabe organizar a mi ejército y sacrifica a mis hombres como si nada, ¿Pierdo algo escuchando la opinión de un bastardo?

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Tiempo Actual

- Y bien, bastardo – La voz del Rey Robert Baratheon hizo eco en la habitación – Ilústranos, ¿Cuál era tu maravillo plan? Anda, te concedo el honor, habla sin pena.

El bastardo a los ojos de los hombres más poderosos de Westeros dio un paso al frente, ignorando las peligrosas miradas que caían sobre su persona.

- Muy bien, mi Rey. Me honra de corazón la oportunidad que me está dando – Hablo con seguridad, Daemon dio un paso al frente y evito total contacto visual con aquellos señores, enfocándose solo en el Rey - ¿Me permite hablar con total honestidad?

- Habla, no habrá otra oportunidad.

- El príncipe Renly fracaso al pensar que los Greyjoy son soldados entrenados como en el Sur, los Greyjoy son piratas, hombres que luchan usando todo a su alcance, incluso piedras y trozos de madera, no se puede planear un plan de ataque pensando que este enemigo son soldados de la casa Lannister o la casa Baratheon, ellos son salvajes – Daemon para sorpresa de los presente, inicio una explicación muy detallada – La fuerza bruta no funcionara con los Greyjoy, ellos son mejores que nosotros en eso. Sin embargo, podemos emplear la fuerza bruta con estrategias de desorientación. Distraerlos en pleno mar abierto es la opción lógica, hacerles pensar que atacaremos presos de la rabia y desesperación. Podemos sacrificar una docena de barcos pequeños, lanzarlos hacia el frente mientras los rodeamos desde atrás.

- ¿Lanzar barcos? – Robert solo pudo entender lo último - ¿Ese es tu gran plan?

Un coro de risas se escuchó en el fondo.

- Sí. Lanzar barcos, solo que no simples barcos – Daemon monstro una astuta sonrisa – Barcos llenos de fuego salvaje, mi Rey.

- Fuego salvaje, el fuego usado por el coño Targaryen – Tal parece que Daemon toco una fibra sensible en Robert.

- Aerys amaba el fuego salvaje, por eso fue llamado el Rey loco. Sin embargo, usted no es Aerys Targaryen, es Robert Baratheon, no debe temerle a una posible comparación – Daemon ignoro los abucheos de fondo – Los barcos llenos de fuego salvaje serán usados como sacrificio, cuando impacten en el frente abrirán un camino, con eso invadiremos desde ahí y cuando los Greyjoy intenten reagruparse, se darán cuenta que sus tropas también invadieron desde atrás. En pocas palabras, será un perfecto jaque mate, mi Rey.

- Ya veo – Robert acaricio durante unos segundos su barba negra – No suena mal, un poco fuera de lo común, pero no suena mal – Robert miro a Ned y dijo – Ned, tu muchacho no es un imbécil como el incompetente de mi hermano menor, lo criaste bien.

- Me honra, mi Rey – Ned Stark cortésmente respondió a dichas palabras.

- Muy bien, ya me decidí – Robert se puso de pie – Viendo que mi consejo de guerra está plagado de incompetentes y lame culos, aceptare el plan del bastardo de Ned Stark. Solo diré esto una vez, y lo digo en serio, jodanla otra vez y rodaran cabezas, ¡Esta jodidamente claro!

- ¡Sí, mi Rey! – Gritaron en coro.

Stannis Baratheon, hermano menor del Rey Robert, miro con curiosidad la figura de Daemon, Robert lo acababa de humillar nuevamente, acusándolo de ser incompetente cuando en el anterior consejo de guerra fue el propio Robert quien lo mando a comprobar el estado de la flota real, perdiéndose debido a eso el consejo y siendo incapaz de opinar sobre el fallido plan de Renly.

Pero Robert parecía no poder recordar eso, quizás por todo el vino que bebía durante el día, si Stannis hubiera estado presente habría rebatido el plan de Renly, pero no, su hermano mayor lo mando lejos y ahora le echaba la culpa, pagando por los errores de alguien más.

- Lord Stark – Stannis llamo a Ned - ¿Me permite hablar con usted un minuto?

- Por supuesto, ¿Qué sucede? – Ned asintió.

- Es sobre su bastardo, Jon Snow – Stannis fue directo al grano – Es un joven curioso, ¿verdad? No parece respetar la diferencia social que hay, tiene una lengua de serpiente que puede terminar costándole la vida.

- Si Jon lo ofendió me asegurare de castigarlo.

- No, para nada. Jon Snow no me ofendió. Sin embargo, le llame debido a que Jon Snow me hizo tener curiosidad, ¿Qué clase de enseñanzas dan en el Norte? El chico sugirió usar fuego salvaje, un fuego que los Siete Reinos consideran tabú, peor aún, Robert acepto usarlo, ¿Cómo educa usted ha ese chico?

- Jon le gusta leer, de seguro debido haber leído algo sobre fuego salvaje en las historias de algún libro. No le mentiré, es un muchacho inteligente, la idea que dio si bien es poco ortodoxa, tiene solo un muy pequeño margen de error.

- Sí, me doy cuenta. Disculpe si le hice perder tiempo, Lord Stark.

- Para nada, príncipe Stannis.

Stannis miro en silencio como la figura de Ned Stark se perdida en la lejanía. En su mente, Stannis llego a la conclusión que el chico conocido como Jon Snow aparentaba ser lo que no era, ocultaba de lo que verdaderamente era capaz, y eso lo hizo preocuparse, las personas así casi siempre terminaban causando mucho alboroto, un alboroto que odiaría tener que limpiar.

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Daemon estaba mirando desde lejos los barcos llenos de fuego salvaje, su plan iba tal y como lo había planeado, si bien todos los Lores intentaron hacerlo menos luego de la reunión, ni siquiera ellos eran tan estúpidos para ir en contra del Rey.

Los Greyjoy hicieron justamente lo que Daemon pensó, esperaban que la flota real atacara llena de rabia, la gran mayoría de los barcos Greyjoy esperaban ocultos detrás de las enormes rocas de la isla, cuando vieron acercarse la docena de barcos mandados por Robert, salieron de su escondite llenos de arrogancia, y eso, bueno, eso fue su peor error.

¡Boooom! ¡Boooom! ¡Boooom!

Las explosiones aun en las lejanías eran fuertes y retumbaban con mucha presión, Daemon supo entonces que su plan había sido un éxito.

- ¡A la carga! – Rugió Robert Baratheon - ¡Los quiero a todos muertos!

Daemon no participaría en esa batalla, su tamaño y poca experiencia en el campo harían de él un blanco fácil, y aun con la posibilidad de matar a algunos Greyjoys, ¿Por qué arriesgaría su vida por Robert Baratheon? No. Su papel aquí casi estaba hecho, y cuando decía casi se debía a la última parte de su plan, Daemon fijo su mirada en Renly Baratheon, Renly había tomado a escondidas un barco.

- "Tal parece el inútil príncipe si me será de utilidad…" – Pensó Daemon, mirando como Renly navegaba en el mar, solo que en una dirección diferente a la flota real.

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Tiempo Después

La vida a veces terminaba siendo curiosa, ¿Por qué lo decía? Pues porque actualmente Renly Baratheon se encontraba herido en el frio suelo, ¿Quién lo había atacado? Bueno, esa no era para nada una sorpresa.

- Tú, maldito bastardo – Gimió Renly preso del dolor.

Su brazo está sangrando debido a una flecha incrustada en medio de su antebrazo derecho.

- No exageres, hombre. La herida no es tan profunda – Daemon llego frente a Renly, tomo la flecha entre su manos y la incrusto más en el cuerpo del joven Baratheon.

- ¡Haaaaa! – Grito preso del dolor.

- Sabes, Lord Stark hablaba mucho de ustedes. ¿Cuál era su lema? ¿Nuestra en nuestra furia? No, así no iba, y no te molestes en responder, tampoco me interesa – Se burló Daemon – Renly, viene aquí con un plan, y seré honesto, estaba nervioso, si fallaba todo se iría al carajo, ¿Pero sabes a quien le debo que todo haya ido a la perfección? A ti, príncipe Renly, fuiste un bufón, mi bufón.

- No debía pasar esto, iba a capturar yo mismo al maldito Greyjoy y recuperaría mi honor, mi vasallo me paso la información, me dijo que se ocultaba aquí – Renly rebelo su plan – Esto no debería estar pasando.

- Si, tu vasallo – Daemon se rio en silencio – Fui yo, idiota. La información que recibiste fue puesta ahí por mí, para que vinieras aquí, si hubieras sido un poco inteligente jamás habrías tomado esa información en serio, pero viendo lo tonto que eres, pensé que habría una pequeña posibilidad que vinieras buscando gloria, y mira, tenía razón.

- ¿Por qué haces esto? Soy tu príncipe, pertenezco a la familia Real, me debes obediencia.

- ¿Familia Real? Ja, no me hagas reír, desciendes de Orys Baratheon, el supuesto hermano bastardo de Aegon el Conquistador, tu casa fue fundada por bastardos, Renly, y peor aún, eres hermano del Usurpador, ¿Por qué te debería respeto?

- ¿Usurpados? – Renly no entendía las palabras de Daemon - ¿Por qué llamas a mi hermano así? ¡Robert es el Rey!

- Robert Baratheon es un maldito usurpador, Renly. Traiciono a la corona hace más de una década, mato al verdadero heredero al trono de hierro, recompenso a los responsables del asesinato de los niños reales, los verdaderos príncipes.

- ¡¿Qué eres tú?! ¡¿Un maldito partidario de los Targaryen?!

- ¡Soy un Targaryen! – Exclamo Daemon – Mi nombre es Daemon Targaryen, hijo verdadero de Rhaegar Targaryen y Lyanna Stark-Targaryen, soy el legítimo heredero al trono de hierro.

- E-Eso es m-mentira, Lord Stark jamás traicionaría a Robert.

- Es verdad, no lo hizo. Me oculto mi verdadero linaje, a mí, su propia sangre, eligió a tu hermano mayor, así que no es un traidor después de todo.

- Entonces que…- Renly callo sus palabras, un profundo dolor invadió su pecho y miro el lugar donde se debería encontrar su brazo derecho - ¡HAAAAAAAA!

- ¿Te duele mucho? – Pregunto Daemon con burla – Debe doler, perder un miembro de nuestro cuerpo no debe sentirse bonito.

Así es, Daemon había cortado con su espada el brazo derecho de Renly.

- ¡Haaaaa! ¡¿Por qué?! – Renly era incapaz de comprender la situación – ¡Puedo darte oro! ¡Tengo mucho, así que no me mates!

- Mírate, eres mucho mayor que yo y estas llorando, derrotado por un muchacho que según las leyes de Westeros, no es ni siquiera un hombre adulto – Daemon lo miro con indiferencia – Pero, Renly. No importa cuánto oro tengas, lo que quiero no puedes dármelo, pero puedes ayudar a que me lo den.

- ¿C-Como…? – Pregunto preso de miedo.

- Tranquilo, Renly – Daemon lo miro fijamente – No te matare, eso no está en mis planes.

- G-Gracias…

- Yo no agradecería tan pronto, debo tomar precauciones y evitar que expongas todo lo que te he rebelado - Daemon medito durante unos segundos – Tendré que cortarte la mano izquierda y dañar permanentemente tus cuerdas bucales.

- N-No… p-por favor… lo que sea menos eso…

- Antes de eso, debo fingir que tuve una batalla – Daemon dejo momentáneamente a Renly y prosiguió a dañar su ropa – Tendré que hacerme una herida en el pecho, no profunda, solo superficial.

- Estas loco – Renly lo miro con miedo – Eres igual que Aerys, todos los Targaryen están locos.

- Cuando nace un Targaryen los dioses lanzan una moneda, esa moneda decidirá el futuro de ese niño, ¿Sera exitoso? ¿Sera un tirano? Créeme, Renly. No existe ningún dios capaz de joder mi destino, y hare lo que tenga que hacer para recuperar lo que es mío.

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Tiempo Después

- ¿Aun no encuentran a Renly? – Pregunto Robert, su hermano llevaba horas desaparecido y aun no daba señales de vida – Ned, ¿Sabes algo de tu bastardo?

- Aun no, temo lo peor, Robert – Respondió Ned, totalmente preocupado – No puedo perderlo, prometí protegerlo…

Eso último lo dijo en un simple susurro.

- ¡Rey Robert! – Un soldado llego corriendo hacia el Rey – En la costa, mi Rey. Llego un barco salvavidas, ahí estaban el príncipe Renly y el bastardo, Jon Snow.

Sin perder tiempo, se dirigieron a la costa y ahí estaban, tirados en el suelo, totalmente hechos polvo, Daemon y Renly aparentaban haber experimentado el infierno.

- ¿Qué rayos paso aquí? – Robert miro con furia el demacrado estado de su hermano menor, le hacían falta el brazo derecho y la mano izquierda, ¿Qué clase de monstruo pudo haber hecho esto?

- ¡Jon! – Ned miro preocupado a Daemon, había una clara herida en su pecho, su ropa estaba en mal estado y podía ver heridas en su rostro - ¿Qué paso, Jon?

Daemon fingió cansancio y con lentitud respondió.

- Cuando partieron, un hombre se llevó al príncipe Renly, tome un bote salvavidas y fui detrás de él, pero llegue tarde – Daemon fingió llorar lágrimas de impotencia – Cuando llegue el príncipe Renly ya se encontraba en esta condición, lo siento tanto, Rey Robert, si hubiera llegado antes podría haber protegido con mi vida al príncipe.

- ¿Dónde está ese hombre?

- Cuando llegue aproveche que ese hombre esta despistado y lo herí con una flecha, luego lo derrote con mi espada. Ese hombre dijo que alguien de aquí filtro la información, no se quien fue – Mintió Daemon – Dijo que pensaba secuestrar al príncipe y usarlo como rehén, que le enviaría partes de su cuerpo hasta que usted decidiera rendirse.

- ¡Malditos Greyjoy! – Exclamo Robert indignado - ¿Por qué tardaste tanto en regresar?

- Ese hombre me hirió también, pero tuve suerte de no perder ningún miembro de mi cuerpo. Cuando lo vencí, me di cuenta que debía curar al príncipe, así que queme sus heridas para evitar que sangrara más.

- Renly, ¿Puedes hablar? – Robert sentía pena al ver el actual estado de su hermano – Oye, Renly, soy Robert, dime algo.

- mdjjghkfj…

Renly no era capaz de pronunciar palabra alguna.

- Robert, es inútil. Al príncipe Renly le dañaron las cuerdas bucales, no les basto con cortarle el brazo derecho y la mano izquierda, Robert, lo siento mucho.

- Mi Rey, lo lamento tanto, lo único que pude hacer fue traerlo de vuelta, de verdad lo siento.

- No – Robert miro a Daemon y dijo – Protegiste a tu príncipe, aun viendo su condición no huiste y arriesgaste tu vida, levanta la cabeza, Jon Snow, hoy fuiste más leal que cualquier soldado en esta guerra.

- ¿Ganamos la guerra, mi Rey? – Pregunto Daemon - ¿Ganamos?

- Tu plan fue un éxito, Jon Snow – Respondió Robert, mirando entonces a Ned – No te preocupes, Ned. Tu muchacho será gratificado, su lealtad será recompensa, enorgullécete del hijo que criaste.

Daemon se levantó con ayuda de Lord Stark, y sin que nadie lo viera, en sus labios se formó una peligrosa sonrisa llena de satisfacción.

- "Tal y como lo planee… muy pronto caerás, maldito Baratheon"

La rebelión Greyjoy finalizo con la victoria absoluta de la corona, lo que hoy seria celebraciones para Robert Baratheon, el día de mañana marcarían el inicio de su caída.

Continuara…

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Listo, el Capítulo II ya está hecho y publicado.

Pido perdón para los que deseaban leer la rebelión Greyjoy completa, yo personalmente no deseaba hacer un Arco d Capitulo sobre esto, me parecía aburrido e innecesario, más aún porque la protagonista (Daenerys) aun no sale y me muero por escribir algo de ella.

La resumí a mi parecer bien, ¿Pudo ser mejor? Sí. Pero prometo que los demás Arcos si serán extensos, este es uno de transición que logro su propósito, ¿Cual fue? Eso lo veremos en el Capítulo III.

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Reviews:

Mel Herondale:

Aquí esta el capitulo, gracias por el apyo.

Guest:

Exacto, los Libros dejan en pañales el Season 8, ¿Viste la noticia sobre Vientos de Invierno?

:

Me tarde un poco, pero aquí está la continuación, prometo sacarle todo el jugo a la hisotira.

Trinity seven:

#TeamJonerys. Aun no entiendo porque George R.R. Martin la trajo de vuelta, ¿Cuál es su papel? Sorprenderse al saber que Jon no es un bastardo, francamente no lo entiendo.

trinity seve:

Prometo no tardar tanto de aquí en adelante, tu apoyo es importante para mi.

YAMI:

Wow, gracias por tus palabras, me inspiran a continuar, amigo mio. Que llames fenomenal a mi humilde historia me hace sentir muy contento, tu apoyo es valorado, compañero. La Season 8 fue hecha sin ganas, los Directores querían terminar la Serie para hacer Star Wars en Disney, y viendo la cagada que hicieron Disney los despidió de inmediato, el karma es una perra.

Trinity seven:

En parte por eso escribo, para apoyar al Fandom en español y que haya muchos más, y con ellos muchas historias en español.

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El Capítulo I tuvo buena recepción, 7 Reviews para una historia de GOT en español, ¡Estoy Feliz! ¡Muy Feliz! ¡Gracias por el apoyo! Por favor sigan apoyando esta historia, vamos por los 10 Reviews, jejeje.

Si llegamos a 10 Reviews publico el martes, lo juro.