La emperatriz

En el palacio de cristal una Unicornio observaba desde la ventana de su alcoba, una unicornio de pelaje purpura, crin azul cian y ojos azules, su cutie mark era un caduceo dorado, ella era la única poni con la que sombra hablaba, había estado con el tirano desde la niñez de este y lo había conocido incluso antes de que se transformara en lo que hoy es. Su nombre era Radiant Hope, una unicornio nativa del imperio de cristal, la amada de Sombra.

Hope, no había desaparecido junto con la ciudad de cristal hace mil años, ella se había refugiado en la que antes fue la prisión de los umbrum, donde busco aprender más sobre sombra, para saber cómo poder ayudarle, sin embargo, cuando el imperio volvió a aparecer y sombra libero a los umbrum ella pudo reencontrarse con él. Desde entonces había estado ahí ocupando a su lado un puesto como emperatriz del imperio de cristal, sin embargo, Rabia, la madre Umbrum de sombra, tenía más poder sobre el imperio, tal vez más que el mismo sombra.

El emperador entró a la alcoba, pasando desapercibido para la unicornio hasta que habló:

-Hope, estoy de vuelta del frente, sin embargo no te encontré en el salón del trono, supuse que estarías aquí.

-mhm - asintió la unicornio sin despegar su mirada de la ventana

-¿Qué tienes? – preguntó Sombra acercándose a ella

-Me siento confundida, me siento sola, casi no estas, estas más en el campo de batalla que aquí – respondió Hope

-Es necesario, es el destino que me fue marcado al nacer, soy el instrumento para lograr el cometido de los Umbrum de mi pueblo, la venganza sobre las princesas de Equestria.

-Los Umbrum me dijeron que habían sido hechos prisioneros injustamente, pero, no sé si todo esto está justificado, esta venganza ¿Qué tal si estamos equivocados? ¿Qué tal si estamos ayudando al equivocado? Sombra, no tienes por qué servirles… no tienes por qué hacer esto.

-Fui creado para hacerlo, es mi misión, marcada desde mi nacimiento.

-¿Recuerdas el día que el corazón de cristal nos mostró nuestro futuro?

- Lo recuerdo, tú te volverías una princesa y yo me convertiría en lo que soy ahora…

-Sabes, a pesar de haber tenido la oportunidad, decidí no tomarla, preferí regresar a buscar cómo ayudarte, estuve con los umbrums aprendiendo y ahora aquí estamos, si ese que se supone era mi destino no se cumplió. ¿Por qué tú tendrías que seguir este camino?

-cabe la posibilidad de que tú creas que no se cumplió, pero en realidad lo hizo, solo que… con un título distinto, emperatriz. – respondió Sombra

-Es posible… sin embargo, mis dudas prevalecen, ¿Qué tan justa es esta causa?

-Si te consuela en algo, ya no he usado control mental como me lo pediste, los ponis serán únicamente usados en las minas o construcciones y en el ejército solo aquellos que sean partidarios al imperio.

-¿Hay partidarios?

-Sí, comenzaron a aparecer hace poco, en su mayoría ocultistas, practicantes de magia oscura, políticos y empresarios interesados en conseguir poder y dinero que ven una oportunidad en la guerra.

-¿Por qué los últimos que mencionaste se aliarían con nosotros, porque no ayudan a Equestria?

-Las dos hermanas siguen políticas demasiado pacíficas, cuando termine la guerra su gran mina de oro se ira, en cambio nosotros planeamos campañas contra Jakjakistan, Griffinstone, además de que quieren obtener poder sobre ciertas zonas en caso de los políticos, o esclavos para aumentar su producción en caso de los empresarios, en resumen, la avaricia fue lo que los condujo a nuestro lado.

-¿Los apoyas?

-Soy indiferente a ellos, Sin embargo, Rabia piensa que deberíamos aceptarlos por ventajas estratégicas, gobernantes poni en territorio Equestriano podrían ser un rostro más amigable, una forma de mantener controlada la zona mostrando rostros conocidos y o semejantes. En cuanto a los empresarios, podríamos usarlos para impulsar nuestra industria militar, entre otras claro, solo que siempre priorizando el esfuerzo de guerra.

-¿Hay alguna decisión en la que tu madre no haya dado su opinión?

-No, sin embargo, la decisión final es mía, no de Rabia, ella lo tendrá que entender tarde o temprano, le di su libertad y la de todos los umbrums y se las podría quitar de quererlo.

-Sombra… ¿cuánto tiempo te vas a quedar?

-Parto mañana nuevamente.

-Te necesito… No se cómo sentirme estando aquí sola, los ponis que tienes como sirvientes del castillo no hablan conmigo, los Umbrum están ocupados haciendo otras cosas, me siento sola, quisiera que te quedaras.

-En cuanto termine la guerra, podremos estar juntos como tanto lo deseas

-¡¿Cuánto tiempo sombra?! ¿Espere mil años para volverte a ver, solo para que la mayoría del tiempo no estés aquí?

-Hope, entiende, es un deber que debo de cumplir, es el propósito por el que fui enviado, la venganza de los umbrum. Además te necesito aquí, recuerdas lo que acabo de decir hace un momento, usaremos líderes ponis para mantener el control sobre la población poni, eres mi emperatriz, tendrás control total de la ciudad imperial y sus alrededores, serás ese rostro familiar con los ponis.

-¿De verdad funcionara eso? Soy tu emperatriz, es bastante posible que me vean tan tiránica como a ti.

-Tal vez, pero a nadie más le confiaría el corazón del imperio, nuestra ciudad natal, Ira se quedara también, sin embargo, mientras no esté recuerda el poder de decisión en la ciudad recae sobre ti y solo sobre ti.

-Hare lo mejor que pueda – asintió finalmente Hope

Sombra la observó un momento, quiso continuar conversando, sin embargo, Rabia apareció en la alcoba. Rabia era un Umbrum, una bestia equina de al menos el doble la estatura de sombra, con aspecto cadavérico y alas transparentes similares a las de un insecto.

-Emperador debemos discutir algunos planes antes de continuar.

-Estaré ahí en un momento Rabia.

-No tardes – dijo Rabia antes de retirarse.

Sombra se acercó a Hope puso su cabeza encima de su hombro, una pequeña muestra de cariño, Hope volteó a verlo y sosteniendo su casco le dijo:

-Ve, estaré bien, solo ven a verme antes de partir.

Sombra asintió y se retiró de los aposentos de Radiant Hope, la única poni que había conocido un lado sensible del tirano, la única que sabía que el Sombra no era solo oscuridad y crueldad. Sin embargo, el ahora emperador siempre se mantenía firme, cruel y severo a presencia de cualquier otro incluso entre los umbrum, que eran los únicos que podían llegar a superarlo en crueldad.

Sombra se dirigió hacia el salón del trono donde encontró a Rabia junto a otros umbrum, todos estaban esperándolo, Sombra fue di recto a su trono, se sentó y sentenció:

-¿Qué es lo que tenemos que discutir? ¡¿El plan no es suficientemente claro?!

-Claro que lo es emperador, sin embargo, los Equestrianos creen que pueden detenernos, han preparado una gran línea defensiva con este propósito, nosotros hemos hecho lo mismo de nuestro lado, sin embargo, nos preguntamos, como penetraremos sus defensas ¿Desea que tiremos sobre ellos todo el peso de nuestro ejército? ¿Toda nuestra fuerza?

-¡¿Y mostrar todas nuestras cartas?! ¡Claro que no! ¡Deseo que concentren sus ataques más fuertes en los puntos más débiles de su defensa, lancen a los draugen en ataques furtivos para desgastar a los Equestrianos, son fáciles de recuperar al fin y al cabo, los umbrums caídos tardan tiempo en regenerar su forma física.

-Así lo haremos emperador Sombra.

-Sin embargo, escuchen bien lo que les diré: Quiero esa línea defensiva destruida y la ciudad de Ponyhattan bajo nuestro control para el fin de este año, eso claro si en verdad quieren lograr su tan deseada venganza. Yo tengo asuntos que atender al este, sofocare las fuerzas de la Princesa Cadence y la traeré a la ciudad hecha piedra, que les quede claro, si me fallan habrá consecuencias.– sentenció Sombra

Mientras esto pasaba Radiant Hope, salió al balcón del castillo y observó la ciudad, pensando lo que sombra le había dicho, a pesar de las dudas que tuviera, debía hacer lo posible por cumplir su labor, por ayudarlo como fuera posible.