Los refugiados de Ponyhattan

RedHeart, Fluttershy y Marble, fueron trasladadas a la costa con el objetivo de brindar asistencia a los recién llegados heridos. el campo médico que se había montado en el puerto era monumental, triplicaba en tamaño a los que se encontraba cerca de las trincheras.

-¿Que habrán pasado estos ponis? – se preguntó Fluttershy mientras caminaban entre las tiendas médicas.

-Vivieron el infierno…- Respondió Red Heart

La desesperanza y la tristeza que emanaban aquellos ponis se sentía en el aire, voltearan donde voltearan no encontraban rayo alguno de esperanza. El llanto desconsolado de muchos resonaba a lo largo del campo, la escena más triste fue cuando encontraron la tienda donde estaban llevando a los muertos, los que llegaron muertos y los que murieron ya en el campamento la mayoría de ellos por enfermedades, algunos por infecciones en heridas no tratadas. La tienda, sin embargo, estaba completamente cerrada, no se podía observar nada desde afuera.

RedHeart, siguió caminando hasta que encontró a su superior, con la voz parcialmente quebrada, haciendo lo mejor que podía para contener sus propios sentimientos dijo:

-¿Qué podemos hacer para ayudar?

El Pegaso de pelaje purpura y crin negra, solo levantó su mirada de la pila de papeles que tenía acumulada, su bata estaba terriblemente manchada de sangre, el pegaso se veía como sí hubiera sido herido el mismo, su rostro reflejaba su cansancio y su ligero temblor mostraba el estrés que había poseído su ser al estar a cargo de tantos ponis. El medico reviso una vez más sus pálpeles después de dar un pequeño vistazo a las tres leyendo sus nombres marcados en sus uniformes y finalmente dijo:

-Sí… Miren, nos faltan ponis en el ala norte del campamento, la mayoría de refugiados ahí cargan enfermedades, sin embargo, el número de heridos no es bajo. El campamento está dividido en dos partes, la mitad esté está destinada a los heridos, la mitad oeste están aquellos que llegaron sanos, los que no tengan a donde ir se les proporcionara frazadas y comida, si pueden ayudar con eso también en el ala norte, sería de gran ayuda… y si hay alguien que no puedan salvar, hagan que su sufrimiento sea el menor posible…

RedHeart asintió con la cabeza y las tres partieron hacia el ala norte, al llegar comenzaron a trabajar de inmediato, cinco horas pasaron de continuo trabajo, no había momento alguno en el que pudieran descansar.

Más de una vez a cada una de ellas les preguntaron individualmente si no sabían de tal o cual poni, casi a nadie pudieron contestar afirmativamente. Lo peor era que muchos de los ponis por los que les preguntaban, o estuvieran muertos, o ni siquiera habían logrado zarpar para empezar.

Después de muchos pacientes, RedHeart llegó con un potrillo, de pelaje verde y crin de un verde más claro. La enfermera se sentó cerca de él y le preguntó, mientras tomaba el expediente que habían dejado otros sobre el paciente:

-¿Cómo te llamas pequeño?

-Soy Scissor Cree, - respondió el potrillo dándole una pequeña sonrisa a la cual RedHeart respondió con otra

-¿Solo te voy a dar una revisada rápida de acuerdo? – continuó dejando su expediente - ¿Están tus padres por aquí pequeño?

-Llegué con mi mama en uno de los barcos, dormimos gran parte del camino en uno de los camarotes, cuando llegamos aquí trate de despertarla, pero no despertó, luego me trajeron aquí, seguro ella ya debe haber despertado, tal vez está por aquí también.

Un dolor ya conocido para ella nació en su corazón mientras escuchaba al potrillo, su mente creando ya el peor escenario, su madre había sido una de tantos que llegaron muertos a puerto. Cuando termino de revisarlo RedHeart se despidió y fue de inmediato a buscar al lugar donde había visto estaban llevando los muertos. Fue casi trotando hasta que llegó abriéndose paso entre las dos puertas de tela…

RedHeart se congeló ahí mismo, ante la visión de tantos cuerpos recostados formados en hasta el momento siete columnas dobles, de hasta quince filas cada una. Había de todo entre los muertos, yeguas, potros, potrillos.

El cuerpo de la enfermera comenzó a temblar mientras se adentraba en el recinto de la muerte. Observando buscando cualquiera que se asemejara al potrillo, viendo los nombres de los desafortunados en las etiquetas que les marcaban, no pudiendo evitar ver la alarmante cantidad de no identificados. Finalmente RedHeart dio con ella, tumbando toda esperanza de que ese potrillo al que atendió no fuera a terminar huérfano, lo cual trajo a su mente, ¿Cuántos no habrá ya huérfanos, viudos y viudas, padres sin sus hijos…?

La enfermera se apresuró a salir de aquel terrible lugar, no deteniéndose en la puerta y siguiendo su carrera hasta salir del campamento terminando en una sección del puerto a pocos metros de distancia donde finalmente se detuvo a la vez que rompía en llanto con el corazón y el alma destrozados, dejándose caer de rodillas a escasos centímetros del borde del puerto viendo directo al mar.

La cruda realidad que la rodeaba finalmente había conseguido romperla, ¿Por cada poni que había ayudado cuantos no habían muerto? RedHeart se sentó levantando sus patas delanteras tomando su gorro para darle un vistazo a esa pequeña cruz roja tejida en el mismo. ¿Acaso aquello significaba algo en medio del conflicto?

RedHeart se sentía impotente, pensaba, que si estuviera en su poder los salvaría a todos, pero, la realidad no es tan simple. El peso de cada historia trágica que había visto en todos aquellos que había atendido finalmente habían atravesado su corazón, endurecido por la experiencia adquirida en el hospital.

Todo eso había logrado que por primera vez en mucho tiempo, se sintiera débil, indefensa e inútil. RedHeart lloró hasta que no pudo hacerlo más, hasta que las lágrimas simplemente ya no salían de sus ojos, fue entonces cuando volviéndose a poner su gorro, se levantó, observó al mar desde aquel puerto, desenfundo su pistola dándole una mirada, no pudiendo creer que ya la había tenido que disparar y se hizo una promesa a sí misma, dando una última mirada al cielo, antes de enfundar y volver al campamento.

Por otro lado, recién salidas del campamento, se encontraban Twilight, Starlight y Trixie, un poco adentradas en la pequeña ciudad costera dirigiéndose a la estación de tren. Los hoteles en su mayoría se habían llenado, muchos de los refugiados sanos que no quisieron permanecer en el campamento se fueron a los hoteles, planeando partir en días siguientes a otros pueblos y ciudades de Equestria donde tenían familiares o amigos. Twilight por su parte tenía claro su destino, Canterlot, pero, Trixie y Starlight estaban terriblemente cansadas, Twilight también lo estaba, sin embargo, ella lo negaba, ya no estaban en un peligro inminente, podían parar a descansar, pero Twilight quería llegar cuanto antes a Canterlot. Cuando Starlight notó que Twilight no tenía intención alguna de detenerse, se acercó a ella y le dijo:

-¡Twilight tenemos que descansar, no podemos seguir así no hemos dormido en casi tres días, estamos exhaustas!

-¡No! ¡Quédense ustedes si quieren, yo debo llegar a Canterlot!

Starlight entonces se adelantó poniéndose enfrente de ella, bloqueándole el camino:

-¡Apenas puedes mantener los ojos abiertos! ¡¿En serio crees que llegaras a Canterlot asi?! Paremos a descansar, solo será una noche, tomaremos el tren mañana temprano – alegó Starlight.

Mientras discutían Trixie fue a un hotel cercano donde para su suerte tenían un cuarto libre, la unicornio se asomó por la puerta del mismo y le hizo señas a Starlight:

-¡Oigan, Trixie acaba de encontrar un hotel donde todavía tienen espació, y cree que es perfecto para pasar la noche!

Después de un pequeño momento de reflexión Twilight suspiro y finalmente acepto parar a descansar, ya estaban en territorio aliado, era solo cuestión de llegar a Canterlot ahora.