'Hay que ser muy valiente para vivir con miedo.

Contra lo que se cree comúnmente, no es siempre el miedo asunto de cobardes.

Para vivir muerto de miedo hace falta, en efecto, muchísimo valor'.

- Ángel González

El regreso a casa tras el final del cuarto año siguió la línea de todos los eventos que se sucedieron desde que Cedric regresó del laberinto sin vida: fue muy extraño. La mansión estaba sumida en un profundo silencio, roto únicamente por sus pasos sobre el mármol, y Draco podía jurar que ni siquiera los elfos domésticos se comportaban como de costumbre. Al llegar al salón principal y ver cómo sus padres le aguardaban, supo que no tardaría en recibir respuestas. No tenían que ser precisamente buenas.

- Madre, Padre - saludó, besando a su madre. Narcissa, sin romper la compostura, agarró con más fuerza de la necesaria el antebrazo de su hijo mientras apretaba los labios, y no le soltó en ningún momento. Draco frunció el ceño y abrió la boca, pero antes de poder decir nada el bastón de Lucius resonó en toda la sala.

- Supongo que eres consciente de qué ha sucedido. Potter y Dumbledore ya se han encargado de dar la noticia por nosotros – sentenció mientras enarcaba una ceja.

Draco frunció todavía más el ceño, y encaró a su padre.

- ¿Hablas sobre Cedric? Potter insiste en que ha sido asesinado por El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado, pero nadie le cree. – bufó. Su mirada se volvió burlesca y sus labios se curvaron – No se cansa de ser el protagonista.

La sonrisa desapareció al observar como su padre continuaba observándole seriamente, sin seguirle el juego. Narcissa se acercó aún más a él y le liberó de su agarre, únicamente para pasarle el brazo por la espalda.

- Contamos con la ventaja de que nadie parece creerle, pero Potter no ha mentido. El Señor Tenebroso ha regresado, y se espera de nuestra familia la misma lealtad que le prestamos hace años – Lucius se acercó a su hijo, creciéndose sobre él, y le puso la mano en el hombro mientras le miraba profundamente. Draco tragó saliva y trató de no reflejar el miedo que comenzaba a sentir.

Sabía que era una pregunta estúpida, pero no podía quedarse con la duda.

- ¿Estabas allí? ¿Viste morir a Cedric?

- Cuando llegué, él ya estaba muerto. Pero sí, estuve allí. – su mirada se endureció, y las manos de Draco se cerraron en puños. La tensión podía cortarse con un cuchillo.

- Si Potter logró regresar, significa que volvió a vencerle. ¿Es así?

- Así es - prácticamente siseó Lucius - y el Señor Tenebroso no está contento con ello. Ese niño va a ser difícil de matar. – su paciencia estaba al límite, y jamás hubiese dicho eso en otra situación, pero la intimidad de la Mansión Malfoy le permitía hablar con una libertad que no podía permitirse ante su Señor.

Draco volvió a abrir la boca, dispuesto a hacer otra pregunta, pero Lucius estaba cansado de escucharle. Estampó el pomo de su bastón contra el pecho de su hijo para que le sirviese de advertencia, como llevaba haciendo desde que el niño regresó de su primer año siendo el segundo, por detrás de una sangresucia. Draco instintivamente cerró los ojos y apretó los labios, pensando en que no sería capaz de acostumbrarse nunca a sentir la cabeza de serpiente contra su piel, y Narcissa dio un respingo y endureció su agarre protector.

- Draco, el señor Tenebroso se ha sentido ofendido porque no le he buscado durante estos años, y nuestra familia está bajo observación. Necesitamos recuperar el lugar que ostentábamos entre sus filas, pero discretamente mientras su vuelta sea un secreto. Como mi heredero, espero de ti un comportamiento a la altura de nuestro apellido, y para ello vas a ser entrenado a partir de este verano. No quiero decepciones. ¿Me has entendido?

Draco abrió los ojos y trató de serenar su expresión. Asintió con la cabeza, y su padre retiró el bastón. Dirigió una última mirada a su hijo, cargada de decepción y rabia, y se alejó de él y su mujer. Su mirada caló hasta lo más hondo del alma del chico que, reaccionando impulsivamente, le hizo una última pregunta.

- Padre, ¿fuiste visto por Potter?

Lucius se detuvo en mitad de la estancia y miró por encima del hombro.

- Por supuesto. ¿Es que te preocupa que ya no quiera ser tu amigo? – preguntó con sorna, mientras volvía a alejarse.

Narcissa relajó su agarre y Draco se excusó rápidamente. Subió las escaleras de dos en dos, y se encerró en su habitación.

En su mente no dejaban de entrecruzarse ideas contradictorias. Sentía que debía alegrarse por el regreso de Voldemort, y por las nuevas misiones que aguardaban a su padre contra los sangresucia y que, con el tiempo, le aguardarían a él. Pero una nueva sensación de terror, distinta a todas las que hubiese podido sentir antes, arrolló con esa falsa alegría. Volvió la opresión en el pecho que había atormentado sus sueños en el último mes al recordar el funeral de Cedric, el chico que tanto había admirado secretamente. Las imágenes de Potter agarrado el cuerpo del chico, y el silencio ensordecedor del Gran Comedor durante el discurso de Dumbledore le perseguían cuando cerraba los ojos, y ahora parecía estar reviviéndolo en su habitación.

Las ideas de grandeza de Voldemort para los sangrepura siempre le parecieron más que adecuadas, y le encantaba fanfarronear sobre el puesto de confianza que ostentó su padre durante la Primera Guerra mágica con otros hijos de mortífagos. Pero acababa de presenciar una de las consecuencias más brutales de la elección de su familia de una forma que no esperaba. Sin contar que ese asesinato a sangre fría podría haber sido llevado a cabo por su padre. En el futuro, se le podría exigir lo mismo a él.

Cuando Draco agarró las sábanas de su cama, sus manos temblaban.

Y soñó con una vida que no le correspondía. Las pesadillas le dieron una tregua con la forma de la sonrisa de alguien que nunca se la había dirigido a él.