'Dame la fuerza de las olas del mar,
que hacen de cada retroceso
un nuevo punto de partida'.
- Gabriela Mistral.
Harry pretendía escuchar el discurso que Dolores Umbridge estaba dando, realmente lo estaba intentando. Pero ni siquiera los pequeños chillidos que daba de vez en cuando conseguían sacarlo del trance. Volver a ver el uniforme de Hufflepuff le traía recuerdos que el verano no había conseguido espantar. Cerró las manos en puños y sus nudillos se tornaron blanquecinos.
Hermione susurró algo a su oído y, aunque no lo entendió, bastó para que levantase la mirada. Su amiga fruncía el ceño, mirándole con preocupación.
- Harry, ¿estás bien?
- Perdona Herms. Estaba pensando en que esa mujer estaba en mi vista en el Ministerio – susurró, lo suficientemente alto como para que solo le escuchasen ella y Ron. – Votó por expulsarme, al igual que Fudge.
- No me da buena espina, habla como si representase al Ministerio de Magia. – respondió Hermione.
- No pega nada como profesora de Defensa contra las Artes Oscuras – habló Ron, frunciendo el ceño – Parece un pastelito envenenado.
Harry sonrió ante el comentario de su amigo y él le devolvió la sonrisa. Volver al Gran Comedor le dolía desmesuradamente, sabía que poca gente respaldaba su versión de la historia, y estaba agotado por la falta de sueño, pero el cariño infinito que sentía por Ron y Hermione llenaba su pecho de algo cálido que le daba razones más que suficientes para aguantar allí.
Cuando las mesas se llenaron de comida, el silencio del Gran Comedor murió y el colegio recuperó el ruido que perdió el año anterior. Ron y Hermione charlaron animadamente con los compañeros que más cerca tenían, pero Harry trató de concentrarse en la comida. Sentía las miradas de incontables alumnos clavadas en su nuca, escuchaba como susurraban sobre él y le llamaban mentiroso. Ni siquiera se sentía cómodo en la mesa de Gryffindor, y perder la seguridad que siempre le había dado su casa terminó por quitarle el hambre.
Media hora después, Harry salía del Gran Comedor junto a Hermione y Ron cuando escucharon risotadas de varios chicos detrás de ellos. Reconoció las voces perfectamente, y apretó los labios.
- ¡Potter! ¡Eh, Potter! ¿Qué tal el verano? Se te ve mejor que nunca – gritó Goyle a varios metros de él.
- Potter, ¿qué se siente al ser considerado el más mentiroso de Gran Bretaña? Si querías atención podrías haber elegido otra forma, porque nadie te ha creído. – añadió Crabbe, causando un gran número de risas.
- No te equivoques, el más mentiroso es Dumbledore. Potter solo es un títere del viejo. – escupió Zabini.
Harry podía soportar que se metiesen con él, no con Dumbledore. Él fue el primero en creerle ciegamente, y no soportaba que le estuviesen arrastrando con él por ello. Giró sobre sus talones, dispuesto a responder a Zabini, pero terminó chocando de frente con alguien. Con la corbata de Slytherin a la altura de sus ojos, levantó la mirada y se la devolvieron unos ojos grises muy sorprendidos.
Se apartó rápidamente y Malfoy dio a su vez un paso hacia atrás. A su lado, Goyle animaba al resto del grupo a llegar hasta ellos.
Harry frunció el ceño, no había imaginado que él estaba tan cerca porque no le había escuchado hablar. Y que no hubiese aprovechado la ocasión para soltar veneno era aún más extraño. Mantuvo la mirada clavada en Draco, quién la rehuyó mirando al suelo.
Ron y Hermione se interpusieron entre él y el resto de Slytherins cuando éstos les alcanzaron segundos después. Zabini se abrió paso y encaró al trío con sorna.
- Encima de mentiroso, torpe – escupió, buscando la mirada de Malfoy. – Draco, acuérdate luego de mandar a lavar esa camisa. – rió. Draco levantó la vista, cambió por completo la expresión de su rostro y sonrió mordazmente mientras se acomodaba la corbata. Blaise satisfecho con la reacción de Malfoy, volvió a encarar a Harry, quien había apartado a sus amigos para mirar directamente al matón.
- Decid lo que queráis de mí, pero no metáis a Dumbledore en esto. – amenazó Harry, con la mirada cargada de odio.
- Qué miedo Potter. Ten piedad de mí – Blaise abrió los brazos, suplicante, causando más risas entre su grupo.
- Vámonos, no se puede razonar con ellos – dijo Hermione mientras agarraba a Harry del brazo y giraban en dirección a las escaleras. Ron les siguió mientras maldecía a cada uno de ellos.
Los Slytherins continuaron riéndose y gritando a sus espaldas, pero antes de perderlos de vista, Harry miró por encima del hombro, encontrándose directamente con los ojos de Malfoy. Este no participaba en el griterío de los demás, sino que le devolvía la mirada con una intensidad que le hizo volver a fruncir el ceño.
Una vez en la Sala Común, prácticamente vacía, se sentaron junto a la chimenea. Harry se desplomó sobre el sofá y se pasó la mano por el pelo. Había sido el primer día más agotador de todos los que llevaba en Hogwarts. Hermione se sentó a su derecha y Ron a sus pies, cerca del fuego.
- Amigo, son los mismos imbéciles de siempre. No se puede esperar nada mejor de ellos – susurró Ron. Harry apoyó los codos sobre las rodillas, y su barbilla sobre sus puños.
- Han colmado el vaso. Estoy cansado de escuchar murmullos de absolutamente todo el mundo excepto vosotros. – susurró Harry pesadamente. Hermione suspiró y Ron fijó la vista en el suelo. Pasaron varios minutos en silencio hasta que Ron levantó la mirada.
- ¿No os habéis fijado en que el único que no ha dicho nada ha sido Malfoy? - farfulló.
- Sí. Por eso me he chocado con él, no esperaba tenerle justo detrás – respondió Harry.
- Es cierto. ¿Estará enfermo? Espero que sí – bufó Ron, poniendo cara de asco.
- Más bien parecía no querer participar. Y podría esperármelo de cualquiera menos de él, la verdad – añadió Hermione, claramente extrañada.
- Podría estar tramando algo. No olvidéis que su padre estuvo aquella noche en el cementerio. Es más, Voldemort se dirigió a él por encima de todos los demás. – susurró Harry, inclinándose mientras relajaba su postura. Trató de detener el escalofrío que amenazaba con recorrerle la espalda.
- Según mi padre, Lucius Malfoy fue uno de los mortífagos más cercanos a Quién-tú-ya-sabes durante la guerra. Pero creyeron en su versión, y se libró de Azkaban. – Ron bajó todavía más el volumen al responder, mirando varias veces a su alrededor por si había alguien. – No me extrañaría que su querido hijito siguiese sus pasos, ya sabéis lo que se dice: 'la manzana nunca cae muy lejos del árbol'.
- Es cierto. Si antes no nos fiábamos de él, ahora debemos hacerlo aún menos. Y deberíamos mantenerle vigilado. – añadió Hermione mientras se levantaba. Tendió una mano a Ron para ayudarle a levantarse, y otra a Harry. Ambos chicos aceptaron la ayuda, se despidieron de su amiga y se dirigieron hacia los dormitorios
De sus compañeros de habitación únicamente Neville conversó con Harry, y este se sintió verdaderamente reconfortado por el interés sincero del chico por su verano. No podía decirse lo mismo de Dean, y mucho menos de Seamus, que le miraba con rabia.
Aquella noche, cuando Harry estaba más dormido que despierto, le pareció ver unos grandes ojos grises, fríos y cálidos a la vez, mirándole muy de cerca.
