'Quién no crea en las segundas oportunidades,
que cuente las que se ha dado a sí mismo'.
- Sara Búho
La primera clase de Pociones del año prometía ser de todo menos entretenida para Draco. Adoraba esa asignatura, y gozaba de ser el claro favorito de Snape, pero deseó haberse quedado en la cama cuando este anunció que durante ese curso, a parte de sus lecciones habituales, deberían llevar a cabo por parejas un proyecto de investigación sobre la elaboración de alguna poción que les sería asignada aleatoriamente. Draco se giró, dispuesto a decirle a Pansy que fuese su pareja para el proyecto, pero Snape acalló a toda la clase golpeando el escritorio con un libro.
- Las parejas, al igual que la poción a desarrollar, serán sorteadas, así que ya podéis dejar todos de murmurar – sentenció duramente. Acto seguido, apuntó a la pizarra con la varita y comenzaron a escribirse los nombres de todos los alumnos por orden alfabético, así como una lista de pociones en otra columna. Con un movimiento de manos de Snape, los nombres se entremezclaron entre sí.
Las conversaciones dejaron de ser susurros, y cuando Snape se apartó, la clase entera se acercó a la pizarra. No tardaron en escucharse profundas quejas y, de vez en cuando, algún que otro suspiro de alivio. Draco, junto a sus amigos, apartaron de un empujón a varios Gryffindors y se aproximaron. Cuando localizó su nombre y leyó el contiguo, junto a la poción Veritaserum, la cara de Draco pasó del blanco al rojo en cuestión de segundos.
- De entre todas las personas del mundo, ¿¡tenía que tocarme con la sabelotodo de Granger!? Profesor, tiene que haber algún error. – exclamó Draco, mirando a su padrino con la súplica escrita en el rostro.
Escuchó a Weasley insultarle y a Hermione bufar, pero no se molestó en mirarles. Seguía esperando una respuesta por parte de Snape que le librase de lo que serían horas en la biblioteca con la sangres...
'Con Granger'. - se corrigió mentalmente.
- ¡Silencio todo el mundo, y a vuestros asientos! – exclamó Snape, colocándose en mitad del aula con un dramático movimiento de su túnica. Los alumnos volvieron a sus sitios rápidamente, pero entre quejas, y Snape caminó lentamente entre las filas de asientos. – Respondiendo a su pregunta señor Malfoy, no, no hay ningún error ni posibilidad de cambio. El proyecto deberá constar de cuatro partes: Origen, Ingredientes, Metodología y Resultados. Esmérense en los detalles y no entreguen nada que no sea medianamente digno de leer. Tras las vacaciones de Navidad, cada pareja llevará a cabo su poción como examen.
Cuando nuevos murmullos amenazaban por ganar volumen, Snape los silenció con otro golpe de libro y retomó la lección.
Draco dedicó el resto de la clase a compadecerse, a tomar algunas notas, pero sobre todo a maldecir su suerte. Tenía planeado mantenerse lo más alejado posible de Potter y sus amigos, llegando incluso a prometerse a sí mismo no insultar a la comadreja, y todo por no darles razones para hablar de su padre y Voldemort con todo el colegio. Era consciente de que nadie les creía, pero eso podría cambiar en cualquier momento porque al final San Potter siempre las tenía todas consigo. Ahora, con Granger como pareja para lo que restaba de semestre, volvía a verse a sí mismo en el ojo del huracán del Trío de Oro.
También debía admitirse a sí mismo la existencia de dos razones más por las que no quería problemas con los leones. La segunda era la más infantil de todas. El entrenamiento y las broncas de su padre del verano habían reavivado la envidia y el deseo de pertenecer a su mundo que sintió en primer año como la gasolina aviva el fuego.
Resoplando, miró en dirección a donde siempre se sentaban los susodichos, observando a una Granger de expresión totalmente torcida escribir furiosamente en el pergamino, como si su pluma reflejase el cabreo que tenía. Rió ligeramente. Le iba a ser muy difícil no meterse con ella.
Dejó de reírse en cuanto su mirada acabó fijándose en Potter. Su cabello continuaba siendo un nido de rizos oscuros, pero ahora estos caían ligeramente sobre su frente, llevando la parte trasera ligeramente más corta. ¿Desde cuándo el cachorro de león se preocupaba mínimamente por su higiene personal como para intentar peinarse?
Sin salir de su asombro, sus ojos descendieron y se posaron en el rostro cabreado del niño dorado. Con el ceño fruncido, escribía lentamente mientras se mordía el labio inferior con frustración.
Eso bastó para que Draco recuperase la compostura y volviese a fijar la vista en su propio pergamino, apretando la mandíbula. Durante el verano, pensar en el niño dorado pasó de ser casual a ser algo repetitivo y constante. Al principio trató de convencerse de que era porque estaba tratando de idear planes contra él, pero progresivamente sus pensamientos se centraban en cosas más sencillas, como la forma de sus rizos, el tono de su piel, o el color de sus ojos. Draco no era estúpido, y rápidamente llegó a la conclusión de que, si no fuese su enemigo, no le importaría nada llegar a ver todo eso de cerca. Fue entonces cuando definitivamente decidió apartarse de él, añadiendo una tercera razón a la lista de motivos por los que no debía buscarle la boca al Trío Dorado este año: no necesitaba que nadie más supiese de la obsesión que comenzaba a tener por Potter.
Al finalizar la clase, contempló el patético despliegue de falso compañerismo entre algunos estudiantes que las distintas casas, que se juntaron por parejas para hablar de su proyecto en común. Aquella aula irradiaba incomodidad, claramente nadie estaba acostumbrado a trabajar codo con codo con alguien de otra casa. Mientras recogía, algo tapó su campo de visión y le obligó a levantar la vista.
- Ni tú me gustas, ni yo te gusto a ti, así que sugiero hacer esto rápido. Contamos con la ventaja de que ambos somos buenos en esta asignatura, por lo que no deberá costarnos mucho. ¿Qué te parece vernos los sábados por la mañana en la biblioteca? – Granger habló con una rapidez propia de ella, y sin dejar de mirarle con dureza. Pretendía sonar seca y distante, pero los nervios la delataban levemente. Aun así, Draco admiró la valentía que tuvo al dar el primer paso, pero esto obviamente no se lo iba a hacer saber.
Sonriendo pícaramente, Draco apoyó su peso sobre las palmas de las manos, y se inclinó levemente hacia ella usando su altura para intimidarla. Granger parecía querer salir corriendo de allí, pero se mantuvo estoica ante la serpiente, desafiándolo con la mirada. Claramente el Sombrero no se había equivocado al colocarla en la casa de los leones.
- Coincido en la necesidad de pasar el menor tiempo posible juntos, Granger, así que descuida. Nos vemos el sábado en la biblioteca. – sentenció separándose de ella. Girando sobre sus talones con elegancia, se dispuso a alcanzar a sus amigos cuando por el rabillo del ojo vio como Potter hablaba con Nott, y frunció el ceño automáticamente.
- ¿Desde cuándo Theo habla con San Potter? – escupió cuando llegó junto a Pansy, Blaise y Goyle.
- ¿No te has dado cuenta? Han caído juntos en el sorteo. Lo siento por vosotros, a mí me habrá tocado con el zoquete de Goyle pero al menos es de los nuestros – respondió Blaise, ganándose un codazo por parte del susodicho.
- A mí me ha tocado con la comadreja – dijo Pansy cruzándose de brazos. – Realmente lo tengo jodido.
- ¿Con el genio de Weasley? Date por suspensa – rio Draco, consiguiendo que los demás también riesen.
Pasó un minuto más hasta que Potter y Nott se separaron, y el grupo echó a andar en cuanto este último se reunió con ellos. Antes de salir de clase, Draco observó como el trío hablaba entre susurros, Harry poniendo su mano sobre el hombro de Hermione, como consolándola.
Aquello molestó mucho al Slytherin. Era él a quien habían juntado con una sangres... nacida de muggles cuyo único mérito era ser un ratón de biblioteca. Era él quien merecía consuelo.
