'También yo he sentido la inclinación a obligarme, casi de una manera demoníaca, a ser más fuerte de lo que en realidad soy'.

Sören Kierkgaard

El tiempo parecía pasar relativamente despacio en comparación con el número de sucesos que trastocaban la vida de los estudiantes diariamente. Durante aquel mes, las medidas de Umbridge llenaban los muros del colegio como un goteo tortuoso, alentado por la actitud distante del director. La tensión parecía crecer por momentos, y crispaba los ánimos hasta de los más amables Hufflepuffs.

Pero eso eran problemas menores para Draco. Supo que comenzaba a tener un problema cuando se miró al espejo con más detenimiento que otros días y le devolvió la mirada un chico cada vez más delgado y con una palidez mortecina que nada tenía que ver con la tez de la que presumía cuando era pequeño.

Aquel sábado se prometió, únicamente por el bien de su piel, el comer al menos la mitad del plato. Y realmente lo estaba consiguiendo hasta que llegó el correo y la mirada llena de locura de su tía Bellatrix le atravesó el alma junto con una noticia que él ya esperaba. Sus padres no habían sido muy explícitos en sus cartas, pero Draco siempre había sido un muchacho inteligente.

El silencio del comedor murió a medida que más gente alcanzaba a leer la portada de los ejemplares de El Profeta. En la mesa de Gryffindor, Hermione ahogó un grito. No fue la única.

-¿¡Fuga masiva de Azkaban!? - exclamó - ¿¡Cómo es esto posible!?

- Es imposible, es la prisión más seg... - las palabras y la tostada se le atascaron a Ron cuando lo leyó por su cuenta, y rompió a toser exageradamente.

Harry se pegó al costado de Hermione para leer la noticia. Un gran número de antiguos seguidores de Voldemort habían escapado aquella noche, y se emitían ordenes de búsqueda urgentes contra todos ellos, especialmente contra los que el diario consideraba más peligrosos. Harry apretó los puños al ver el retrato de Sirius al lado del de Bellatrix Lestrange, al ser acusado por el Ministro de ser el perpetrador.

- Realmente ha regresado, ¿cierto Harry? - susurró Seamus, compungido.

- Sí. ¿Ya no te parezco un loco? - prácticamente escupió Harry. Seamus le enfrentó con la súplica escrita en los ojos.

- Lo siento mucho, de verdad. Llevo un tiempo pensando que la versión del Ministro no se sostiene, y esto lo ha confirmado. Los dementores nunca dejarían escapar a los presos salvo que alguien más los controlase - susurró. Harry se obligó a relajarse.

- Entiendo que nadie quisiera creerlo. Yo mismo desearía que no fuese verdad. - vio el alivio en la mirada de Seamus y muchos de sus compañeros al saberse disculpados, y Harry tragó y fijó la mirada en la mesa. Quería encontrar la voluntad en su corazón para perdonarles sinceramente, pero lo único que encontraba era rabia acumulada.

- Me parece increíble que en esta situación Dumbledore parezca estar desaparecido. No has sabido nada de él, ¿cierto? - se quejó Ginny con el ceño fruncido. Harry simplemente negó con la cabeza, y arrancó suspiros de preocupación.

- Tenemos que aprender a defendernos. Si no se van a impartir clases de reales de Defensa, tendremos que aprender por nuestra cuenta. - la determinación brillaba en los ojos de Hermione, que se giró rápidamente hacia Harry. - Tienes que enseñarnos.

Harry boqueó y trató de encontrar la broma. La mirada de su amiga le dijo que no había broma alguna.

- Pero qué dices Mione, ¿cómo voy a enseñarle yo nada a nadie?

- En realidad es una buenísima idea - susurró Ron - Harry, por suerte o por desgracia llevas años enfrentándote a cosas horribles, eres el que más sabe sobre Defensa contra las Artes Oscuras.

- Pero Ron, de casi todas he salido por los pelos y con ayuda, no gracias a mis habilidades.

- Precisamente, amigo- canturreó alegremente George, obligando a Ron a apartarse y sentándose al lado de Harry en el banco. Fred hizo exactamente lo mismo pero con Ginny - Necesitas suerte y ayuda.

- ¿Qué harás si nadie está a la altura para ayudarte? - continuó Fred.

- Lo de la suerte está jodido - añadió George alzando una ceja.

- Pero no lo de la ayuda - Fred guiñó un ojo y le sacó una sonrisa a Harry. La primera desde hacía semanas.

Harry reflexionó durante unos segundos, observando a sus amigos. Seamus, Dean, Ginny, Ron, George, Fred, Hermione e incluso Neville le miraban con una seriedad aplastante, rezumando decisión y valor gryffindorescos. Suspiró pesadamente.

- De acuerdo, lo haremos. No prometo clases magistrales

- Ni nosotros las esperamos - le pinchó Fred, haciendo reír al grupo.

El resto del desayuno se pasó rápidamente, tratando de llegar a la forma más discreta para entrenar, y formándose una piña muy poco disimulada a ojos de los demás.

Concretamente de Draco Malfoy, que después de cinco años ya había presenciado muchas escenitas así. Levantó la ceja y torció la boca con disgusto.

- ¿Qué estarán tramando los leoncitos ahora?

- Sea lo que sea, deberíamos enterarnos. Seguro que es divertido - contestó Pansy, con una sonrisa torcida y mirando en la misma dirección que él.

- ¿Divertido? Ya decía yo que juntarnos tanto con ellos nos iba a acabar desquiciando - rió Theo mientras se terminaba el zumo.

- Suelen meterse en líos, y siempre es divertido verlo. Como si a vosotros no os gustase. - Pansy se levantó y agarró los libros, esperando a que ambos chicos la imitasen. - Podría sacárselo a Ron, desde que queda poco para terminar el trabajo está muy hablador.

Draco hizo lo mismo pero con la ceja levantada en dirección a su amiga.

- ¿Ahora es Ron? Definitivamente te has golpeado en la ducha o algo.

Pansy señalo acusatoriamente a Theo mientras se levantaba

- El otro día llamó Harry a Potter.

La mandíbula de Draco directamente cayó mientras miraba a su amigo. El chico simplemente se encogió de hombros.

- Pasamos cinco o seis horas a la semana con ellos desde que comenzó el curso, y no es mal chico. Incluso diría que tiene más de Slytherin de lo que imaginamos.

- Me pregunto si a Granger le daría un infarto si la llamase por su nombre. Puede que le hiciese un favor, seguramente uno de sus sueños sea morir entre libros - ironizó Draco, realmente considerándolo.

Era cierto que tras el día en el que prácticamente huyó de la biblioteca (catalogado en la memoria de Draco como 'la tarde con Luna y los thestrals'), Granger se relajó increíblemente, llegando a hablar de otras asignaturas a parte de Pociones, a charlar con ella en algunas clases y a intercambiar saludos realmente cordiales con el Trío de Oro en los pasillos. Pero de ahí a llamarla por su primer nombre era excesivo.

- Vamos a por nuestros leoncitos, que quiero terminar este trabajo de mierda - exclamó Pansy.

Los tres se encaminaron hacia la mesa de Gryffindor, notando cómo la conversación moría en cuanto estuvieron suficientemente cerca.

- ¿A qué esperáis? No sé como ireis vosotros, pero Granger y yo estamos a punto de terminar y no me gustaría tener que echar un día más con esto. - comentó Draco simulando agotamiento, buscando la mirada del Trío. Fue consciente de como a Longbottom prácticamente se le desencajaba la mandíbula, y de la mirada curiosa de la comadrejilla mientras Granger se levantaba, rodeaba la mesa y tiraba de las capas de Potter y Weasley.

- Lo nuestro está prácticamente hecho, ¿no Harry? - respondió Theo, dirigiéndole una rápida mirada a Draco y Pansy. Las ya exageradas reacciones de los leones se volvieron aún más visibles, llegando a escucharse jadeos. Draco tuvo que morderse el interior de la mejilla para evitar la carcajada, pero no pudo evitar sonreír. La nueva forma de molestar a los Gryffindors era bastante eficaz.

- Así es, Theo - dijo Potter, con una sonrisa igualmente mordaz a la vez que echaba una última ojeada a sus compañeros.

Draco contuvo un jadeo, no pudiendo creer lo que acababa de ver. El niño dorado parecía haber disfrutado tanto como ellos de la confusión de los Gryffindors, y ese chispazo de ironía en sus ojos había conseguido poner boca abajo el estómago de la serpiente. Como fuese verdad eso de que Potter tenía algo de Slytherin no iba a ser de ninguna ayuda para su ya crecidita fijación.

Varias horas después, ya en la biblioteca, y tras un rato de intentar llamar la atención de la chica, Draco no tuvo otra opción que chasquear los dedos delante suya para sacarla del trance en el que parecía llevar todo el día. Granger dió un respingo y parpadeó furiosamente.

- Granger llevo un rato intentando que me hagas caso y pareces estar en la luna. Realmente quiero terminar esto, y no se por qué ... - comenzó a quejarse Draco, bajo el escrutinio constante de la morena.

- Malfoy, acércate - le cortó, al tiempo que se aproximaba a él con un libro extendido como si pretendiese que nadie los viese. Como un resorte, Draco se alejó de ella con la expresión torcida.

- Pero qué os pasa a todos hoy, por Salazar.

Granger resopló y le echó una mirada que le hizo acercarse, porque algo le decía que lo siguiente sería un hechizo.

- Escúchame atentamente - susurró, echando una última mirada por encima de sus hombros antes de prácticamente pegarse a él - Puede que mis amigos me maten por esto, pero he decidido confiar en ti.

- Mal hecho.

- Cállate y respóndeme a esto: ¿tú que piensas de Umbridge?

La pregunta dejó un poco descolocado a Draco, pero no tardó en responder.

- Una persona adorable, un día le voy a tener que pedir que me preste uno de sus outfits. - ironizó. Granger alzó una ceja - Vale, vale. Es una arpía y debería estar atada a una cama de San Mungo.

- ¿Qué piensas de las nuevas clases de Defensa?

- Que ese libro sería más útil en una chimenea encendida.

- ¿Y qué piensas de lo de la fuga de Azkaban? Sé que los ideales de tu familia no distan mucho de los de Quién-Tu-Ya-Sabes, pero te he estado observando estos últimos meses Draco Malfoy, y algo me dice que tú podrías tener otra opinión. - susurró, mirando directamente a los ojos de Draco.

La mirada de la morena funcionó a modo de jaula, y la pregunta le pilló con la guardia baja. Su cara debió reflejar el shock, porque Granger pareció tomar nota mental de todos los cambios, y se obligó a seguir respirando.

Podía ser una trampa. Tenía que serlo. ¿Qué otra razón habría?

Abrió la boca dispuesto a ensalzar los valores sangrepura que tanto le habían repetido desde su nacimiento, pero en su lugar simplemente susurró.

- Estoy asustado.

Se llevó automáticamente una mano a la boca, golpeándose mentalmente mientras veía a Granger sonreír ampliamente. ¿Qué se suponía que acababa de decir? La necesidad de huir se hizo tan latente como la última vez, y seguramente la chica lo vio venir porque le agarró fuertemente del antebrazo con su mano libre, fijándolo a la mesa. Draco sintió que se le iban a salir los ojos de las cuencas, alternando la mirada entre el agarre y la chica, que parecía más decidida que nunca.

- Malfoy, un grupo de alumnos de todas las casas vamos a reunirnos para entrenar. Harry va a enseñarnos todo lo que sabe de Defensa contra las Artes Oscuras, y tú eres uno de los mejores en esa asignatura. Te estoy ofreciendo unirte, y por supuesto también a Pansy y Theo. ¿Qué dices?

La información tardó en llegar al cerebro de Draco lo que pareció una eternidad.

La misma sensación que tuvo al enterarse del regreso de Voldemort le inundó el pecho, pero en vez de acobardarle, despertó algo más. Relajó la expresión, y miró a Granger mientras asentía.

Hermione, por su parte, suspiró con alivio, calmando los nervios que llevaba sintiendo desde que se preguntó si sería razonable invitar a los Slytherins. Soltó la manga del rubio mientras se preparaba para responder a todas las preguntas que sabía que se avecinaban. No había necesidad de retenerle. La mirada plateada cargada de decisión y coraje le decía que no se iba a mover de allí. Casi parecía que nunca hubiese estado tan vacía como lo estuvo aquellos meses.