Este capítulo se basa en la tan recordada escena del hospital en la que Cevdet llega herido y mientras Azize lo cuida, él la espía, convencido de que detrás de su enojo, se esconde su más profundo amor...
Capítulo 11 "Cuidado intensivo"
Azize sintió que su mundo se terminaba cuando escuchó decir a los soldados griegos que Cevdet había sido herido y lo llevarían para atenderlo allí… quiso disimular su estado de angustia y pánico por él, no habían dado demasiados datos de cómo se encontraba, pero se obligó a pensar que, si se hubiese tratado de algo demasiado grave, no habría llegado hasta allí aún vivo…
Recordó todo lo que había estado pensando la noche anterior, esa sensación de zozobra y de pánico causada por la posibilidad de que él, vistiera el uniforme que vistiera, pudiera enfrentarse con esa muerte que siempre andaba al acecho…
Sintió que si en un punto, aunque su raciocinio le dijera que su marido, su Cevdet, había muerto traicionando a su patria, ella se sentiría más tranquila, no podría soportar su pérdida… no había forma de hacerlo… y ella ya lo había perdido demasiadas veces…
Se acercó a unos soldados que hablaban sobre los heridos y prestó atención, pero uno de ellos la escuchó hablando, era uno de alto rango, ella lo había visto junto a Cevdet alguna vez… también era un coronel…
-Han recuperado Nasli, pero su marido está herido… ¿está feliz por eso, enfermera Azize? - le dijo el hombre y ella quiso reír a carcajadas, él no tenía absolutamente ni idea de nada…
Vio movimiento en la puerta y entonces dos hombres entraron trasladando una camilla y lo reconoció. Quiso correr hacia él, necesitaba saber si la herida era muy grave… necesitaba verlo, reconfortarlo y reconfortarse…
Una de las enfermeras la apuró para que siguieran trabajando, al verla algo inmóvil, debatiéndose entre acercarse para atender a Cevdet sin importarle nada más o seguir con su trabajo…
-Yo me encargaré de él…- dijo y la otra mujer asintió, de alguna manera comprendiendo su situación.
Se acercó mientras otra preparaba todo para atenderlo. Se veía bien, no parecía sentir dolor, estaba con los ojos cerrados, pero tenía una herida de bala en el hombro.
Azize sintió que el alma le volvía al cuerpo, seguramente si lo atendía no habría problemas en su recuperación… trató de calmarse, él estaría bien… aunque en ese momento ella se hiciera la dura, se sentía más tranquila y confiada en que podría cuidarlo y sanaría… aunque la que tuviera que sanar realmente fuera ella…
Cevdet sintió la voz de su Azize a lo lejos, diciendo que se encargaría de él, la otra enfermera, la que lo había recibido lo terminó de acomodar y Cevdet se estremeció imperceptiblemente cuando sintió las manos de Azize cuidándolo, como cuando la había conocido, tantos años atrás…
Azize se acercó a él y lo acarició en su mente, en su corazón, sabía que él no estaba del todo inconsciente y no podía darse el lujo de que la descubriera teniendo otra clase de sentimientos que no fueran de desprecio y fastidio por lo que hacía… él no podía darse cuenta de su sufrimiento, de su padecimiento por no saber si él estaba bien, si se recuperaría… él no podía estar convencido del profundo amor que ella le tenía…
Comenzó a trabajar en él, con suavidad, y se obligó a pensar que no era más suave porque lo atendía a él… sino que era dedicada como con todos sus pacientes…
Y Cevdet sintió esa suavidad y la entendió como debía, como un enorme gesto de su amor y devoción hacia él, aunque sus ojos dijeran lo contrario, y sus palabras también…
De pronto, quiso verla, saber si su cara demostraba la preocupación que había sentido en sus manos al atenderlo… abrió un ojo y la vio atareada, con el ceño fruncido, tan preocupada que quiso tomarla entre sus brazos y no soltarla más…
La observó con cuidado, acariciando sus rasgos con su mirada y supo que ella sabía que estaba despierto…
-Esta herida no me matará, ¿verdad, Azize? Conoces bien de heridas ¿no es así?- le dijo en voz baja y ella se estremeció de oírlo, por fin.
-Esta herida es diferente, Cevdet… fuiste herido como un enemigo, no como un héroe… fuiste herido por los turcos, por los patriotas…- le dijo mientras lo atendía.
-Tú me matas, no esta herida, querida…- le dijo él presionándola, sabía que ella representaba un personaje frente a él, que fingía indiferencia cuando era todo lo contrario.
-Tal vez esta herida no te matará, pero espero que te de dolor para siempre… para que no olvides que peleaste contra mi patria… tu me dijiste yo soy tu patria…
-¿Puedes estar tan tranquila cuando siento dolor? - le dijo y Azize levantó la vista y supo que él tenía razón, aunque ella no estuviese tranquila, aunque estuviese enojada, no... ella no estaba tranquila, quería demostrar que lo estaba… que nada le importaba… que no le importaba él…
-Perdí a mi patria cuando te pusiste este uniforme…- le dijo sin mirarlo, mientras seguía trabajando- entiendo que el amor por la patria está en la gente que murió por esa patria… lo entendí cuando vi a mi hija entregar a Mustafá Sami a los griegos, mientras yo trataba de mantener a nuestra familia unida.
-¿Mustafá Sami fue capturado? - se sorprendió él, ¿acaso no lo sabía?
-No, tu hija lo entregó por sí misma… y ellos lo mataron…
-¿Dónde está Yildiz? - quiso saber él, estaba preocupado por su hija.
-Encerrada en su miseria, y no podrá salir de allí fácilmente…
-Azize… créeme… pronto no sentirás este dolor. Se paciente… en poco tiempo…
-¿Cómo? ¿se irán los griegos de estas tierras? ¿no morirán nuestros soldados nunca más? ¿regresarás a nuestro hogar y te quitarás este uniforme? - le dijo ella con angustia- mi dolor no terminará porque nada de eso ocurrirá…- le dijo y lo dejó, luego de haber terminado de atenderlo.
Unas horas después, Azize no pudo evitar volver a verlo. Quería saber cuál había sido su recuperación, pero además necesitaba perderse en sus ojos, aunque tuviese que enmascarar su preocupación detrás del fastidio…
-Creí que no volverías…- le dijo él y dejó el plato de sopa que le habían llevado para comer a un lado.
-Quería saber cómo estabas…
-Tú me cuidaste… no podría estar mejor…
-Me alegra….- dijo permitiéndose sonreír un poco...
-Te lo agradezco… de alguna manera siento que todavía me quieres…- le dijo con una sonrisa y ella se perdió en sus ojos.
-Solo hago mi trabajo…
-No mientas… tu trabajo lo haces muy bien, pero tus manos, la forma en que me cuidaste… es la misma de aquella niña que conocí en Salónica, de quien me enamoré completamente y a primera vista y a la que sigo amando como el primer día…
Azize quiso contestarle, pero no le salió nada, solo lágrimas… sin embargo no se escapó. Y él tomó su brazo y acarició su mano con suavidad. La sintió estremecerse…
-Confía en mí, sé que es difícil, que parece que no sucederá… pero eventualmente todo esto pasará… y será el momento de recuperar esa felicidad que teníamos… hace tanto y hace tan poco…
Ella solo asintió, tratando de confiar en él, aunque tuviera todo en contra…
-Te amo, mi Azize…- le dijo y ella solo se acercó un poco y acarició su barba, sus ojos repitiéndole lo mismo que había oído de él… que lo amaba…
Se escapó… lo hizo porque aún en su interior, las heridas no sanaban, y no entendía como harían para sanar tampoco… pero confiaba en él, quería hacerlo…
Bueno, espero que les haya gustado! Nos vemos en el próximo, gracias por seguir leyendo!
