La escena en la que basé este capítulo es la del casamiento secreto de Yildiz (que usa el vestido de casamiento de su madre) y Mustafá Sami, que, buscado por los griegos, se esconde luego en la casa de Azize y cuando el coronel Stavros lo va a buscar, es enfrentado por Cevdet... Recordemos que Cevdet tampoco sabe que Yildiz ya se casó... el resto de lo que ocurre es mi versión...
Capítulo 17 "El vestido"
-… nosotros podemos cuidarnos, coronel… ya puede irse…- dijo Azize mirándolo a Cevdet con algo de culpa, negarle que Yildiz ya se había casado con Mustafá Sami no era lo que más quería hacer, pero sentía que no tenía otra opción.
-Querida…- le dijo a Yildiz, mirándola con profundo cariño- este es el vestido que usó tu madre cuando nos casamos…- dijo Cevdet y Azize sintió un leve estremecimiento- te ves muy bien con él… pero ya no puedes casarte con el doctor Mustafá Sami, querida… se le busca por un grave delito, agradezcamos que no llegó…- dijo y Yildiz miró con desesperación a su madre y a su hermana, quería hablar, contarle todo… pedirle consejo, que él la ayudara a liberarse de ese tortuoso futuro que la esperaba…
-No depende de ti, Cevdet… ni la fortuna de Yildiz, ni nuestro bienestar son asunto tuyo… ¿te vas ahora o vamos a tener la discusión de todos los días?
-Si sabes algo de Mustafá Sami quiero que me lo digas solamente a mí, me encargaré de este asunto personalmente… y si no quieres tener problemas más serios, me preguntarás a mí antes de hacer cualquier cosa… ¿entendiste bien?
-Perfectamente coronel…- dijo Azize tragándose su orgullo, quería que él se fuera de una vez…
Cevdet saludó a todas y se fue. Azize suspiró y cerró los ojos, agradecida de que no hubiera pasado nada más.
Mustafá Sami esperó un poco para irse y Yildiz se encerró en su habitación, enojada, ofendida, desilusionada porque no había logrado que su padre la salvara de toda esa situación del casamiento…
Un rato más tarde, Azize escuchó golpes en su habitación y al abrir la puerta, se encontró con el vestido que su hija había utilizado y una nota…
"Tú tienes mejores memorias para recordar que yo", leyó el mensaje escrito por su hija y sintió otro leve estremecimiento al recordar la forma en que Cevdet había mencionado su casamiento y había reconocido ese vestido.
Lo apretó contra su cuerpo y cerró los ojos, recordando ese momento que tanto atesoraba en su memoria. El instante en que, mirándola a los ojos, él había aceptado ser su esposo, su marido… el hombre de su vida… y ella se había entregado a él, imposiblemente enamorada de él, sintiendo que no había en el mundo, una persona más indicada que su Cevdet para acompañarla el resto de sus vidas…
Algunas lágrimas se le escaparon, se dio cuenta de que se sentía sola, de que él ya no estaba con ella y que ahora las cosas eran demasiado distintas…
Apretó los ojos, queriendo volver al pasado, recordar todas esas nuevas sensaciones que había aprendido al lado de él… sintió algo de lástima por su hija, porque Yildiz no se había casado con el hombre de su vida sino con uno que a ella le había resultado conveniente…
Se recostó en la cama, con el vestido entre sus manos y siguió recordando. Se quedó medio dormida y se despertó al escuchar unos ruidos, unas horas después…
Se acercó a la ventana y se sobresaltó al ver a Cevdet que escalaba para llegar hasta allí… se tapó la cara con una mano y cuando él le pidió que le abriera…
-¿Qué haces aquí, Cevdet?- le dijo y él la empujó un poco para poder entrar, hacía bastante frío y la posición no era la más cómoda.
-Vine a verte… recordar nuestro matrimonio me hizo desear estar contigo…
-Qué conveniente…- le dijo ella fingiendo enojo, pero en realidad seguía estando algo vulnerable por los recuerdos.
-Veo que hacías lo mismo…- dijo señalando el vestido sobre la cama.
-No hacía nada…- negó ella algo avergonzada.
-No mientas… tú no puedes olvidar ese día como yo tampoco… a pesar de todo lo que ocurre entre nosotros… porque ese día, además de ser un día maravilloso, nos marcó y nos comprometió para el resto de nuestras vidas…
-Ya te lo he dicho antes, Cevdet… tú no eres el mismo… y lamentablemente, yo también he cambiado…
-Azize…- dijo y la tomó entre sus brazos.
-Cevdet... por favor… nos forcemos situaciones incómodas entre nosotros…
-Quiero recordarte… recordarnos… sigo sintiendo deseo de acariciarte, de besarte, de hacer el amor…
-Cevdet… no…- dijo tratando de resistirse, pero en realidad sentía que su cuerpo iba totalmente en contra de lo que su mente le gritaba.
-Azize…- le dijo al oído y ella sintió el cuerpo cálido de él sobre el suyo, cuando cayeron sobre la cama.
Cevdet besó su cuello y ella sintió que su piel se erizaba cuando las manos de él llegaron a acariciarla por debajo de su vestido.
-Cevdet…- jadeó ella y cerró los ojos, no podía ni quería resistirse más, tenía que asumir, de una vez por todas que ella quería que todo eso ocurriera, aunque estuviese mal, aunque Cevdet no fuera el mismo, aunque luego se arrepintiera mil veces…
Lo tomó de la barba y se perdió en sus ojos. Él la miró con deseo y Azize lo buscó con sus labios, hambrienta, besándolo húmedamente, exactamente como sabía que él deseaba que ella lo besara.
Lo escuchó suspirar y luchar con su ropa para quitársela y cuando quiso acordar era ella quien lo acariciaba, sus manos casi doliéndole por la necesidad de tocarlo, de reclamarlo como suyo una vez más…
Cevdet enredó sus dedos en el cabello ya no tan largo de ella y la besó, tiempo después, cuando se reunieron y se sintió parte de ella…
La miró y la vio echar la cabeza hacia atrás, extasiada y recordó a su Azize, la que se había casado con él y había aprendido todo lo que significaba amar físicamente a alguien a su lado, tantos años antes…
Perdió su nariz en su cuello y ella suspiró y luego se estremeció, temblando en sus brazos cuando alcanzó el clímax…
Lo miró largamente mientras él intentaba llegar al suyo y entonces recordó, sabía que a él le encantaba que ella le hablara al oído y entonces lo hizo…
-Cevdet… me haces sentir increíble… eso no cambiará nunca… mi vida…- le dijo y él sonrió y buscó sus labios para besarla mientras se dejaba ir intensamente…
Cevdet le sonrió con complicidad mientras ambos se reponían, ella algo avergonzada y tapándose un poco con la sábana…
-Cevdet…- dijo y se detuvo ¿qué podía decirle ahora? ¿qué todo había sido un error?
-Mi vida… escucha… sé que esto parece una locura… que parece algo sin sentido… que solo se trata de deseo… pero quiero que sepas que no es así… yo te sigo amando como el primer día y ansío poder convencerte de que retomemos nuestra relación…
-Me encantaría decirte que sí, salir corriendo y gritar que sigo siendo tu esposa…
-Lo sigues siendo, Azize… ahora más que nunca… lo que sentimos recién no es una tontería... nos entregamos en cuerpo y alma… y necesito dormir en tus brazos, necesito que cures mis heridas…
-Y yo necesito que dejes de usar el uniforme griego… Cevdet…
-Lo sé… te entiendo… pero por ahora no es posible…
-¿Por ahora? - le preguntó ella y él se quedó mirándola, dudando de si debía sincerarse con ella, finalmente.
-Mamá…- escucharon la voz de Hilal desde el otro lado de la puerta.
-Hilal… ya me acosté… hablamos mañana…- le dijo desde el otro lado.
-Pero…
-Por favor, hija… estoy muy cansada…- le dijo en tono más bajo.
-Que tengas buenas noches…- la escucharon decir y Cevdet sonrió al verla suspirar aliviada.
-Debes irte…- le dijo mirándolo con intención.
-No hace falta que salga corriendo…- le dijo él sonriéndole provocativamente.
-No… pero yo quiero que te vayas…- le dijo y él se colocó sobre ella.
-¿Estás segura?- le dijo acariciándola lánguidamente, haciéndola desear más...
-Mmmm… casi segura…- le dijo y cerró los ojos al sentirlo ocultarse bajo las mantas para acariciar su piel…
Bueno, espero que les haya gustado! Amo escribir estas versiones más intensas y felices. Nos vemos en la próxima!
