"Prefiero morir de pasión que de aburrimiento."
—Émile Zola.
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El tintineo de las soberbias copas de champagne cargaban mucho más que hipocresía.Existía una multitud que llenaba el salón de elegancia y pulcridad en sus vestimentas, mas no en sus personalidades.
Llenaban sus bolsillos gracias al esfuerzo sobrehumano de hombres y mujeres que abandonaban sus hogares para llevar el pan de cada día; sonreían en fotografías que llegarían a las secciones económicas de los periódicos, denotando una falsa solidaridad teñida de una deshonrosa promoción de imagen.
Eran finos en su elocuencia, pero sus palabras envenenaban a cualquiera que contradijera sus ideologías.
—¿Supieron? —comenzó diciendo la afamada modelo de alta costura, la muñeca preciada de la mayoría de los empresarios textiles —Esa mujer está sujetándose del brazo del dueño de los mejores restaurantes de Sunagakure.
—Daimaru es un hombre muy rico y apuesto, aún no entiendo la razón por la cual saldría con esa mujerzuela... —expresó su mejor amiga mientras abanicaba su rostro sudado en envidia —Ino, deberías ser un poco más astuta y demostrarle que tú puedes quitarle ese privilegio —Sakura Haruno, diseñadora de ropa interior, apoyaba la competencia desleal de Ino.
—¿Y rebajarme al nivel de esa? —espetó con desagrado mientras la observaba de soslayo —No es necesario que llame la atención de ese hombre con tal descaro. Tú obsérvame y verás el encanto de una mujer con clase—exclamó mientras buscaba dentro de su pequeña y extravagante cartera de cuero negra.
Sentado en la misma mesa se encontraba Shikamaru con una aburrida expresión tallada en su rostro. Lucía un elegante traje de etiqueta fina, una camisa de seda azul marino con sus primeros dos botones abiertos; en el límite de su manga izquierda exhibía un pequeño y bonito bordado del símbolo que representaba a su familia—detalle particular para cualquier hombre de alta sociedad—, marcando la diferencia respecto a los Uchiha, que portaban sus sacos con un gran símbolo bordado en su espalda; o los Uzumaki, que no escatimaban en utilizar prendas que llevaran su sello particular.
Shikamaru Nara era un hombre elegante por excelencia, respetado y considerado un completo misterio por las mujeres que pertenecían a su misma casta social.
Sin embargo, a diferencia de los hombres y mujeres que representaban a sus acaudaladas familias, el único hijo de la familia Nara se descataba por ser un talentoso, astuto e inteligente hombre de negocios. Siempre mantuvo un perfil bajo en su vida y poco se sabía respecto de sus relaciones pasionales.
Shikamaru había asistido al evento organizado por el representante de los Sarutobi, el único hijo del gran magnate Hiruzen.
Aún se preguntaba la razón por la cual la mayoría habían llevado una pareja para ingresar, pero debido a su estrecha relación con Asuma, ese requisito fue pasado por alto.
No obstante, aborrecía la idea de tener que compartir la mesa con la arrogante Yamanaka y la envidiosa Haruno.
Sí, las conocía perfectamente. A todos, de hecho.En su juventud, la mayoría habían estudiado en la misma escuela y, por lo tanto, sus nombres y apellidos fueron ascendiendo dentro de su "estatus".
Mientras Ino retocaba su labial morado, observándose y sonriendo frente a su espejo de mano, Shikamaru las miraba por encima de su celular. Estaba incómodo y deseaba irse, pero sería una descortesía de su parte y no deseaba llamar la atención de ninguno de los presentes.
—¿Acaso quieres probar la magnificencia de mi labial, Nara? —inquirió de repente —Siempre me he preguntado a qué saben tus labios, pero tu actitud es bastante extraña y es difícil entablar una conversación contigo. Pero justamente veo tus ojos posados sobre mi rostro y supongo que quieres lo mismo...
La altivez con la que la primogénita de los Yamanaka se expresaba era repulsiva. El ascenso fue veloz y estaba acostumbrada a pisotear a cualquiera que se atreviera a acercársele.
—A lo mejor sí... —Shikamaru enarcó una ceja y esbozó una sonrisa traviesa que fue rápidamente captada por su interlocutora. Se levantó de su silla y la ubicó junto a la rubia. Una vez que volvió a sentarse, se acercó a su rostro y corrió un mechón de su cabello para poder hablarle al oído —¿Podría tomarme el atrevimiento de romper las reglas de esta fastidiosa sociedad?
Sakura desvió la mirada y observó a su alrededor. Al notar que los demás estaban al tanto de lo que estaba sucediendo, pateó sutilmente a su amiga para que continuara con su teatro.
Ino amaba que la miren y hablasen de ella.
—Por supuesto... —expresó con lascivia —No sabía que te gustaba. Tantos años juntos en la escuela y ahora trabajamos en el mismo lugar. No entiendo por qué esperaste hasta hoy para eso.
—Quizás porque es San Valentín, la ocasión perfecta... —deslizó su mano por la mejilla de Ino y acercó su rostro al oído, estremeciéndola.
—Shikamaru... —la Yamanaka estaba a punto de perder el control.
—Podría besarte... —susurró y continuó: —Lo haría si no fueras una maldita soberbia y presumida que mira al resto por encima de su hombro, aún sabiendo que su padre está en quiebra y está lamiendo las botas de mi familia para continuar con esta estúpida farsa —remató.
Ino se sorprendió ante las palabras de Shikamaru, quien se levantó inmediatamente de su lugar y bostezó antes de dar su golpe final.
—¿Sabes algo, Ino? —su sonrisa era malévola. El Nara amaba poner a los demás en su lugar —Tu rostro se ve cada día más arrugado. Deberías tomar la vida con calma y dejar a los demás en paz —palmeó su hombro y se detuvo detrás de Sakura. Ella tragó su orgullo e imaginaba que sería su siguiente víctima. Shikamaru se arrimó a la pelirrosa y añadió: —Y tú, Sakura, eres mucho más bella y talentosa que ella. Bien sabes que la belleza es efímera, mas no la inteligencia —llevó su mano a la cabeza de Sakura y sonrió ante la expresión encolerizada de la Yamanaka —. Tendrás un mejor futuro si te alejas de esa arpía.
Las personas que se encontraban a su alrededor comenzaron a murmurar inmediatamente. Ino miraba desesperadamente hacia todos lados y notó que las habladurías iban en su contra.
Llevó sus manos a las mejillas y gritó con desesperación.
¿Cómo era posible que un hombre se atreviese a romper su orgullo al empujarla de su elegante caballo del cual estuvo montada por tantos años?
Shikamaru caminaba con una amplia sonrisa dibujada en su rostro. Era extraño, pero se sentía demasiado tranquilo y feliz por darle a Ino donde más le dolía.
La parsimonia con la que recorría el pasillo que lo llevaría hasta el jardín era algo que lo caracterizaba. Su paciencia tenía un límite, pero podía extenderlo hasta cierto punto.
Al llegar al exterior, Shikamaru se dirigió hasta una pequeña laguna artificial que los Sarutobi habían instalado para ampliar su paisaje. El agua era cristalina y los pequeños peces nadaban de un lado a otro, con cierta prisa.
La brisa era fresca y la noche, pacífica. No existía mejor escenario para un hombre como Shikamaru.
De su bolsillo sacó la cajetilla de cigarrillos y notó que le quedaba el último. Resopló y se resignó a fumarlo para controlar su estrés después de haber llamado la atención en el salón principal.
Al encenderlo, visualizó cómo el papel se encendía lentamente. El humo en su interior era relajante y al exhalarlo, sentía cómo toda su impasibilidad regresaba a él.
Finalmente, lograba volver a ser el típico Nara que aborrecía la vida adulta.
—Realmente te luciste allí dentro, Nara... —la imponente voz femenina rompió con aquel estado de tranquilidad que había adoptado. Su corazón palpitaba descontroladamente y su respiración era la clara prueba de su nerviosismo —Esa mujer merecía saber que todo el mundo no gira en torno a sus pensamientos frívolos.
Shikamaru volteó a verla. Sonrió al notar su típico ceño fruncido y sus labios retorcidos del cólera cuando hablaba de alguien que no le agradaba. Estaba cruzada de brazos y con una expresión de incomodidad que podía visualizarse desde cualquier punto del salón.
—Eso se ganó por intentar besarme —respondió con ironía.
—Es un poco masoquista si de verdad deseaba hacerlo —su rostro cambió de inmediato y sus bromas volvían a ser el centro de atención —. Agradezco que la hayas puesto en su lugar, Shikamaru.
—No tienes que hacerlo. Estaba harto de oírla y fue lo primero que se me ocurrió... —ambos cruzaron sus miradas.
A diferencia de Ino, la elegancia de Temari se destacaba por su belleza natural. No llevaba ningún tipo de maquillaje, sólo sus labios estaban delicadamente pintados de un rojo vibrante que realzaba su grosor. Su vestido era ceñido, exponiendo las curvas de su armonioso cuerpo.
—¿Por qué dices que sería masoquista de su parte si ella cumplía con su cometido? —el moreno dio una nueva calada a su cigarrillo y lamentaba notar cómo su vicio estaba acabando más pronto de lo que creía.
Temari dio unos pasos más hacia él y le arrebató el cigarrillo. Dio una calada y soltó el humo hacia un lado. Suspiró y volvió a mirar a Shikamaru mientras le devolvía lo que le había quitado.
—Porque sólo una mujer suficientemente inteligente podría acercarse hasta ti y compartir ese apestoso aliento a cigarrillo que emana tu ser. Con lo quisquillosa que ha de ser Ino Yamanaka, dudo mucho que pudiera soportarlo —argumentó y enarcó una ceja, segura de que había logrado acorralar al Nara.
—Y qué me dices... —en la última calada, Shikamaru arrojó el cigarrillo y lo pisó para asegurarse de que se apagara. Respiró profundo y dirigió su mirada hacia Temari. Llevó una mano hacia su cintura y la apegó a él —¿Qué me dices de ti? ¿Serías capaz de soportarlo?
La química con la que hablaban era explosiva.
Jamás habían tenido un encuentro tan cercano, pero ambos sabían que uno estaba ligeramente interesado en el otro. Sin embargo, la rubia siempre esperó a que Shikamaru diera el primer paso.
En ese sentido, el Nara se vio influenciado por la única copa de champagne que había bebido y su cuerpo se sentía libre de ataduras mentales.
Existía la chance de ser abofeteado o la suerte de ser correspondido.
El rubor tiñó las mejillas de Temari, quien no pudo ocultar su sorpresa ante la actitud que tomó el Nara para con ella.
Lo deseó por mucho tiempo y dejó muchos indicios de lo que quería, pero por algún motivo Shikamaru nunca las captaba.
—¿Tú qué piensas de mí? No creas que cederé fácilmente por tus palabras bonitas... —la terquedad con la que se expresaba Temari era algo que aborrecía de sí misma. Tenía todo a sus pies, pero prefería correr y huir para volver el juego aún más interesante.
—Pienso que desde que nos conocemos, nuestra amistad siempre pendió de un hilo —cerró sus ojos y ordenó sus ideas. Era el momento adecuado y el día indicado.
Nada podría salir mal en "San Valentín".
—Siempre me pareciste aburrido y un payaso sin gracia —acotó con desgano —¿Qué te hace pensar que eso significa algo más que amistad?
—Tu mirada, Temari —expresó con su mejor voz seductora —. Vi cómo intentabas darme celos con Daimaru. Noté tu estúpida sonrisa cuando te miraba y cómo lo ignorabas al momento de darme la vuelta. Eres un libro abierto para mí.
¿Con qué clase de arrogancia se había topado? Shikamaru nunca solía decir todo lo que pensaba, pero el alcohol fue el detonante para liberar su mente.
—No mientas. Daimaru es un candidato ideal para mí y no se parece nada a ti —mientras intentaba soltarse de los brazos del Nara, él la acercaba aún más.
—¿No te has dado cuenta que estás comparándolo conmigo? Me extraña de ti —bromeó.
Temari odiaba ser descubierta. Si bien el juego era maravilloso, se sentía abrumada. Deseaba besarlo y acabar con su tensión.
—Al menos yo no he jugado con una mujer y haciéndola quedar en ridículo frente a toda la sociedad... —espetó y rió.
—¿Quién te entiende? Creí que era lo mejor por haberte difamado... —confesó y abrió sus ojos al percatarse de que había hablado de más.
El silencio se interpuso entre ellos. No obstante, Temari esbozó una sonrisa al escucharlo decir que todo lo que hizo fue por ella.
—¿Todo fue por mí? No sabría cómo agradecerte por eso. Ella siempre me ha tratado de difamar a donde quiera que vaya y...
—Hay una manera de acabar con esto y lo tomaré como un agradecimiento de tu parte... —la mirada altiva de Shikamaru se transformó en una delicadamente hermosa. Sus orbes brillaban bajo la luz de la luna y Temari no podía hacer caso omiso a tal maravilla.
—¿Cuál...? —en el fondo de su corazón, ella sabía que estaba a punto de cumplir uno de sus sueños más anhelados, pero su inseguridad siempre la invadía. No obstante, al notar la cercanía del rostro de Shikamaru al suyo, no pudo evitar susurrar lo que su mente siempre deseó —Bésame.
Bastó escuchar esa palabra para que Shikamaru cruzase aquella delgada línea que los separó por tantos años.Durante varias noches pensó en cómo se sentirían sus labios al fusionarse con los de ella.¿Serían dulces como su mirada o amargos como el trato hacia la mayoría de los hombres?
Definitivamente eran una dulce adicción para el Nara.Sus movimientos eran lentos al inicio, contemplando la deliciosa mezcla de placer y amor. Sus lenguas se encontraron en un punto de intersección en el cual no podían demostrar una derrota. Cada uno de ellos luchó para imperar sobre el interior del otro, avivando el fuego interno en ambos.Shikamaru sabía jugar, pero siempre dejaba un pequeño hueco para ser contraatacado.
Temari, por su parte, agradeció a sus hermanos por haberla convencido de ir a esa patética reunión con su mejor amigo Daimaru. Jamás pensó que por fin besaría al hombre que amaba.
Pese a su actitud apática las 24hs, los 365 días del año, ésta cambiaba drásticamente mientras la besaba.
Sentía cómo sus manos se deslizaban en su espalda desnuda, estremeciéndola de tal forma que no podía ocultarlo.
Se aferró a su cuello y lo llevó aún más hacia su ser. Escuchaba cómo sus besos iban transformándose en sutiles jadeos por parte de él y su cuerpo también manifestaba la necesidad de ir más allá de eso.
¿Sería correcto si su encuentro culminara en una noche apasionada?
Castigado por la presión de su entrepierna, Shikamaru se alejó de Temari y trató de regular su respiración.
Aquel vestido negro estaba volviéndolo loco. Su cuerpo lo hipnotizaba y su piel lo tentaba a pecar.
—¿Esto cuenta como agradecimiento? —espetó la Sabaku No y sonrió.
—Por supuesto —carraspeó.
—Bien, entonces ahora tú me debes algo a mí... —lo miró con lascivia y mordió su labio inferior.
—¿Cómo...? —el Nara no entendía lo que estaba sucediendo, pero al sentir una de las manos de la rubia dirigiéndose hasta su entrepierna, comprendió de inmediato —¿Qué tienes en mente, pervertida?
—Acabar con este impiadoso calor que tengo dentro de mí.
Shikamaru se vio arrastrado a la oscuridad. Ella era un súcubo con apariencia humana que no podía ocultar su verdadera naturaleza por mucho tiempo más.Era momento de terminar lo que aquel beso causó en ambos.Nada mejor que el estacionamiento para calmar el fulgor que sentían sus intimidades.
Los vidrios empañados de su automóvil denotaba el evidente calor que provocaban sus cuerpos semidesnudos, conociendo la rudeza de un fugaz encuentro que amenazaba con ser uno frecuente, capaz de volver adictos el uno del otro.Los gritos de placer, el sudor y cada movimiento fue extremadamente delicioso, capaz de despertar nuevas sensaciones internas, cosquilleos que estremecían sus almas. Cada orgasmo era un pase directo al infierno, una manifestación propia de los cuerpos a punto de desfallecer por dicho placer.
Así, con un simple beso que detonó el deseo, "San Valentín" fue la excusa perfecta para demostrar la pasión desbordante de sus interiores...
—Fin.
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Muchas gracias por llegar hasta aquí y leer este bello one shot dedicada a mi otp después de acabar "Corazón delator".
Como habrán notado, me tomaré una pausa para enfocarme en mis otros shipps y llevar adelante mi nuevo longfic del fandom de Shingeki no kyojin titulado "Scapegoat", al cual están más que invitados.
En fin, no continuaré este tedioso mensaje así que sólo queda agradecerles por su apoyo.
Muchas gracias!!
