FIC PARA EL PROYECTO SORATO WEEK
DÍA: 1 Karaoke
Disclaimer: Los personajes de Digimon no me pertenecen, sino a su creador Akiyoshi Hongo.
ULTRASTAR
by: Atori
Cinco mil trescientos cuarenta y ocho puntos.
Un suspiro molesto escapaba por parte de Yamato.
Cuando Sora les había dicho a sus amigos que jugasen a ese juego de karaoke llamado "Ultrastar", él había aceptado porque sabía que ganaría. Era cantante profesional de una banda de secundaria. Era obvio que estaría muy por encima de los demás. Sobre todo, cuando sabía que Taichi, Daisuke y Jou desafinaban como una almeja.
Su puntuación en el juego era la prueba evidente. Menos de doscientos.
El único problema había sido con Mimi.
Sabía por Taichi que cantaba muy bien. Pero que le superase en la puntuación del juego… Eso le había repateado.
Ella no era cantante profesional, y siendo su personalidad como era, donde presumía de su buena voz hacia sus amigos, le hacía querer vomitar. Indirectamente, sentía que lo estaba insultando. Él que no solo tenía una banda, que incluso había estudiado canto por su cuenta, para que su voz estuviera equilibrada y pudiera transmitir los sentimientos de sus letras, la situación lo ponía verde de envidia.
Escuchó cómo Miyako alababa a Mimi de que era una prodigio y que tenía talento para la música.
—¡Incluso podrías ser la vocalista en el grupo de Yamatosan!
¡Ni de coña!
¡Antes muerto que soportar la personalidad fresita de Mimi!
Su personalidad celosa era tan visible que Taichi, al verlo, empezó a meterse con él maliciosamente.
¡Mimi te ha ganado!
¡Mimi te ha ganado!
Canturreaba.
Hasta había cogido el micrófono para que les quedara en la mollera durante un tiempo.
Hikari trataba de detener a su hermano, aunque no muy insistentemente. Los únicos que se ponían firmes ante Taichi, eran Jou y Sora.
Ya tenían dieciséis años como para andarse con esa clase de chiquilladas.
Observando como Yamato había quedado muy molesto, donde ni la presencia de Takeru parecía calmarlo, Sora intervino.
—No le hagas caso. Ya sabes cómo es Taichi con sus tonterías.
Pero Yamato no dijo nada.
No era que Taichi se mofara de él, sino los terribles celos de que Mimi cantase mejor que él.
Sintiéndose desganado, soltó una mueca y sin decir nada a nadie salió hacia el exterior para respirar un poco el aire.
Si seguía allí, acabaría por darle un puñetazo a alguien.
Estaba tan irritado que hasta sería capaz de golpear a alguna de las chicas.
Y para colmo, el calor de verano no ayudaba a calmarlo. Ni siquiera la tranquilidad de la naturaleza que le ofrecía el exterior. De hecho, lo crispaba todavía más.
Estaban en una de las casas de veraneo de la familia Tachikawa. Como había vuelto de Estados Unidos para pasar las vacaciones de verano en Japón, se le había ocurrido, para no pasarla sola, invitarles a una de sus casas de verano.
Pero en esos momentos, él deseaba marcharse de allí y regresar a su casa.
Zapateaba el pie continuamente, con su cabeza rallada en esos Cinco mil trescientos cuarenta y ocho puntos, frente a los mil trescientos cuarenta puntos que había tenido él.
La diferencia entre ambos era muy grande.
Si ella que no había estudiado canto y, por mucho que le pesara, tenía mejor voz que él, ¿qué es lo que había estado haciendo él entonces? ¿Sería que no valía para músico?
Era cierto que tenía un montón de fans, pero si lo pensaba fríamente, esas fans eran todas chicas. Y seguro que antes de pensar en su voz o cómo cantaba, mirarían su cuerpo o cómo se movía.
Quizás debía abandonar ese sueño del que muy pocos eran afortunados de vivir en el futuro, y centrarse en la realidad.
—Yamato —apareciendo Sora, que parece que no se había rendido en querer animarle. Se sentó en la escalinata a su lado, y con una sonrisa serena, le preguntó para que pudiera desahogarse— ¿Qué te pasa en realidad?
—No es nada que te incumbe —contestó frío y secamente.
Sora se sintió algo impactada por su respuesta, pero no desistió.
—Puede que tengas razón. Pero, me preocupas.
—No deberías preocuparte por alguien como yo. Vuelve adentro. ¿No se supone que te tocaba cantar a ti? —sus palabras estaban llenas de cinismo, donde ya poco o nada le importaba perder amigos.
La rabia que Yamato tenía era muy profunda. El despertar de golpe de ese sueño que creía poder realizar, le había hecho mucho daño.
—Le cedí mi turno a Miyakochan. Se veía con muchas ganas de cantar frente a Ichijoujikun.
Yamato soltó una mueca despectiva. En su rabia, murmuró para sí mismo, cómo seguramente, hasta Miyako cantaría mejor que él.
Había sido un murmullo muy bajo y que Sora apenas había alcanzado a escuchar. Sin embargo, dentro de su rabia, había también frustración y unas ganas inmensas de llorar, como si le hubieran roto alguna ilusión.
En ese momento, se le ocurrió algo para poder animarlo.
—Oye, ¿qué te parecería si en mi turno cantamos los dos juntos?
Yamato la miró como si hubiera dicho un chiste.
Ahora lo que menos quería era cantar.
—Puede que no cante como Mimichan, pero me haría mucha ilusión cantar contigo.
Yamato volvió a murmurar por lo bajo, alegando cómo ella decía eso, y que al final, podría dejarle en ridículo, como lo había hecho Mimi.
—Bueno —comentó ella con la voz un poco apagada sin haberle podido escuchar—, entiendo que no quieras cantar con una principiante como yo. Pero he escuchado muchas veces tus canciones. El sentimiento que transmites es tan vivo y lleno de alma, que me inspira cuando hago ikebana.
Yamato la miró de reojo con una ligera sorpresa, y ella con una sonrisa y un leve carmín pintado en sus mejillas confesó.
—Sé que es un poco vergonzoso, ya que somos amigos desde hace muchos años, pero me considero tu mayor fan.
Su confesión lo dejó algo sorprendido. No se esperaba que ella, que parecía tan tradicional y conservadora, escuchase su música rock.
—Por eso que propuse que jugáramos al "Ultrastar" —seguía revelando con más vergüenza—. Cómo me da algo de corte ir sola a tus conciertos, al menos quería tener la oportunidad de escucharte en directo. Pero parece que mi idea te ha puesto de muy mal humor, así que, perdóname.
Yamato seguía sin decir nada. Sora continuaba avergonzada y, una parte de ella, suponía que aquel enfado era culpa suya.
En medio de ese silencio, donde ni uno ni otro decía nada, escuchándose de fondo las risas de sus amigos, la puerta de la entrada fue abierta. Iori apareció avisando a Sora de que si quería cantar o que pasásemos el turno a otra persona.
—No. Voy ahora. ¿Vienes, Yamato?
Pero Yamato no le contestó.
Parece que ya no seguía tan molesto, pero algo de su enfado quedaba.
Eso la deprimió. Pero, para que el resto de sus amigos no se preocuparan por su mala cara, Sora fingió una sonrisa y se adentró en la casa con Iori.
Antes de que la puerta fuese cerrada, volvió a abrirse, siendo esta vez Takeru el que salía para estar al lado de su hermano.
Se sentó a su lado en la escalinata y se quedó ahí, silencioso.
—Oye, Takeru, dime la verdad, ¿crees que podría vivir de la música?
—¿A qué viene esa pregunta? —preguntó completamente sorprendido.
—Estoy empezando a tener dudas sobre mí mismo y mi capacidad.
—Pero si compones letras muy bonitas y tienes muchas fans.
—Tú también tienes fans sin destacar en nada en particular. Por lo que es normal suponer que las fans que tenemos son por nuestro aspecto físico.
Eso es cierto. Pensó Takeru.
—¿No me digas que la puntuación de Mimisan te hizo pensar eso? —preguntó, atando cabos.
—Sabes muy bien lo mucho que me he esforzado con la banda —confesándole el verdadero problema—. Que de repente ella, que no ha ido a clases de vocalización o canto, cante mejor que yo, me parece un insulto.
—No deberías tomarlo de esa manera, hermano. Además, esto es solo un juego.
—Pero sé distinguir cuando alguien canta bien y con emoción. Y ella lo hace mucho mejor que yo.
—La verdad es que yo no entiendo mucho de eso, pero yo opino que tú no lo haces nada mal como para rallarte de esa manera.
Yamato soltó una mueca.
Para alguien que no entendía, era muy fácil decir eso. Pero para un profesional como él…
De fondo pudieron escuchar a Sora cantar. El sonido estaba levemente amortiguado por la puerta, pero aún así, se escuchaba bastante claro. Yamato podía apreciar cómo Sora no había mentido al decirle que no cantaba muy bien. Pero había algo importante en su voz que lo había impactado y eso era el alma.
.
Cuando todos hubieron cantado y clasificado a Mimi como la ganadora absoluta del "Ultrastar", la chica recibió bastantes halagos y felicitaciones (sobre todo por parte de Miyako), que se sentía motivada a seguir cantando otra ronda más. A todos, menos a Yamato (que había regresado a la casa), les encantaba la idea de repetirlo.
—Qué os parece si para hacerlo más divertido, ¿lo hacemos por parejas? —propuso la instigadora en celebrar otra ronda de "Ultrastar".
Aquella propuesta volvió a emocionar a la mayoría, y se decidieron de inmediato los equipos. La más rápida fue la de Miyako con Ken. La chica enganchó del brazo a Ken, antes de que Daisuke se lo agenciara. Sin embargo, Daisuke había estado más ocupado en pedírselo a Hikari, que al final, ante su deseo de ir con Takeru, Daisuke tuvo que contentarse con las sobras.
Mimi también fue muy espabilada a la hora de escoger. Se notaba que quería volver a ganar. Por eso, Sora con toda la ilusión del mundo en querer hacer pareja con Yamato, se llevó un chasco, cuando Mimi le pidió que fueran juntos como pareja. Había observado cómo obligaba a Yamato para que formaran pareja. Y cuando Taichi le pidió que fuera con él, aceptó, porque… ¿qué sentido tendría negárselo cuando estaban casi todas las parejas formadas? Además, era obvio que Yamato jamás cantaría con ella.
.
Después de casi tres rondas cantadas en parejas, donde las tres victorias fueron para el dueto de Yamato y Mimi, los chicos decidieron descansar un poco antes de la cena.
Aunque a Sora no estaba acostumbrada a que le hicieran la comida, siendo ella muy ociosa, cuando se estaba en la casa de veraneo de Mimi, había de esperarse que contratase a personal para que les hiciera la comida, limpiasen los baños y les arreglaran las habitaciones. Muchos consideraban aquello un lujo que no dudaban en aprovechar. Con tanto tiempo disponible para disfrutar, Sora hablaba con Mimi, mientras ella se daba una ducha. A veces, tenía que levantar un poco la voz para que ella la escuchara o dejar de doblar la ropa (por hacer algo) para repetirlo por tercera vez con voz clara y concisa.
Mimi se sentía muy emocionada de haber ganado todas las partidas, e inconscientemente, se encontraba presumiendo de ello, así como a declarar que la idea de Miyako de formar parte de su banda no estaba nada mal.
—Aunque es algo complicado viviendo en América, ¿no te parece? —decía Sora, tratando de que en la voz no le notase los celos.
Haber visto a Yamato cantando junto a Mimi y ver lo bien que sus voces casaban, le habían provocado unos celos terribles.
Sora estaba enamorada de Yamato.
Un sentimiento que debía guardar para poder mantener su amistad.
A sus once años, jamás se hubiera imaginado que se acabaría enamorando de Yamato. Aquel niño rubio antisocial, que le importaba los demás un reverendo pepino.
Pero con el tiempo y la madurez, y sobre todo, el que su medio hermano Takeru se mudara a Odaiba, había ido cambiando poco a poco. Ya no era tan reservado como antes, y hablar con él era muy agradable. Con él podía hablar naturalmente, sin tener que estar corrigiéndolo como a un niño, como le ocurría con Taichi. O no entender lo que hablaban como le pasaba con Koushirou. Con Yamato era distinto.
Pero cuando había formado la banda y empezó a tener muchas admiradoras, fue cuando se dio cuenta de que lo que sentía por Yamato era algo más que amistad. La culminación y el percatarse de que era un enamoramiento muy profundo, fue cuando lo había escuchado cantar por primera vez.
Su voz, el sentimiento que transmitía al cantar, le habían golpeado el corazón.
Pero era realista.
Él solo la veía como una amiga. Y era imposible competir con su fandom femenino (y hasta masculino) donde tenía para elegir.
Callando sus sentimientos, sin confesárselo absolutamente a nadie, Sora lo apoyaba y lo ayudaba cuando podía.
Y aunque debía imaginar que tarde o temprano, Yamato saldría con una chica, ¿por qué le deprimía tanto el pensar que esa chica pudiera ser Mimi?
Eran la pareja perfecta en todos los aspectos. Y hasta cantaban bien juntos.
Mimi, aunque en ocasiones, era bastante caprichosa, encajaría muy bien con Yamato.
¿Por qué entonces le había hecho aquel comentario, desanimándola en su intención de formar banda con Yamato, en vez de apoyarla y ofrecerle opciones?
—Tienes razón —respondió Mimi—. Es un problema vivir en América si quiero formar parte de la banda de Yamato —comentaba con tono pensativo, aún bajo la ducha—. ¡Ya lo tengo! —dijo de repente, como si le hubiera venido la inspiración—. ¡Podríamos practicar a través de videoconferencia! ¿Qué te parece?
—Suena bien —respondió Sora con simpleza, apretando con fuerza la camiseta que estaba doblando.
Mimi empezó a murmurar ilusionada, donde no podía esperar a empezar. Sora por su parte, observaba su camiseta con algo de tristeza. Con un pequeño suspiro, se imaginó en que sería cuestión de tiempo que ambos acabasen como pareja. En medio del monólogo de la Tachikawa, alguien petó a la puerta de la habitación.
Sora abrió la puerta y se llevó una sorpresa al encontrarse con Yamato.
—¿Podrías venir conmigo a dar una vuelta?
—Claro —contestó ella sin pensarlo bien.
Avisando a Mimi de que saldría, cogió una chaqueta para abrigarse.
Aunque estaban en verano, no era muy prudente salir al aire libre de manga corta. Sobre todo, cuando estaban en medio de la naturaleza.
.
Sora seguía a Yamato, extrañada de que se alejaran tanto de la casa. Sin embargo, lo que más le llamaba la atención era la mochila que cargaba a sus espaldas. De hecho, no recordaba que esa mochila fuese suya. Quizás la llevase porque ahí había algo que quería enseñarle al aire libre.
Estando en medio de la naturaleza, en un silencio sepulcral, Sora lo rompió para preguntarle si se encontraba mejor.
La respuesta fue un escueto sí. Sora continuó dándole conversación de que se lo imaginaba, ya que en las tres rondas que habían jugado al "Ultrastar", Yamato no seguía tan huraño como antes.
—Incluso noté en que tu voz sonaba como más profunda —y añadiendo en un tono más bajo, tratando de ocultar su tristeza—. Se nota que Mimi y tú hacéis una buena pareja.
Sus palabras llevaban una doble intención. Pues no sólo alababa lo buena pareja de cantantes que eran Yamato y su mejor amiga, sino también a nivel romántico.
—La verdad es que recordé algo muy importante en el mundo de la música —no escuchando su última frase. Sora lo miró con cierta curiosidad—. Estaba sumergido en los celos porque mi esfuerzo por ser cantante había sido en vano, ya que Mimi había cantado mucho mejor que yo. Mientras que yo había estado luchando por mejorar mi afinación y mis dotes, ella es de esa clase de persona que no necesita esforzarse porque tiene talento. Confieso que por su culpa, me hizo dudar de mí mismo y si no estaba viviendo en una mentira como músico.
—¿Vivir en una mentira? ¿En qué sentido? —preguntó Sora sin comprender muy bien.
Yamato soltó una mueca divertida.
—No es por presumir, pero dado mi físico y como el público que me admira son todas chicas, llegué a pensar que no me admiraban por mi voz y mi música, sino por mi físico.
—¡Pero eso no es verdad! ¡A mí me gusta y no por tu físico!
Sora calló de golpe, ligeramente avergonzada. Le había dado la impresión de que se había declarado.
—Ya lo sé —parándose para mirarla con una suave sonrisa.
Sora se puso más roja que el tomate ante esa mirada.
¿Qué había querido decir con que ya lo sabía?
¿Acaso significaba…?
—Bueno… —mirando a su alrededor—. Creo que aquí estaremos bien —depositando su mochila contra el suelo con cuidado.
Sora se bajó de su burbuja, al percatarse de que lo que imaginaba no era cierto.
¿Qué se esperaba?
¿Acaso pensaba que estaba en algún manga shojo o qué donde la oportunidad se presentaba de la nada?
Cuando vio que Yamato había sacado una portátil de la mochila, arrugó las cejas y a preguntar por lo obvio.
—¿A qué te refieres con que aquí estaremos bien? ¿Y por qué has traído la portátil de Koushiroukun?
—Le pedí a Koushirou —decía mientras encendía la portátil— que me la prestara un momento y que me instalara el programa ese de "Ultrastar" —al tiempo en que la portátil se cargaba, Yamato sacó dos micrófonos y un adaptador de la mochila—. ¿No decías que querías cantar conmigo?
Sora se encontraba estática.
—Sí, pero… —pero, ¿a qué venía esa proposición de la nada?
—En ese caso —teniéndolo todo activado y enchufado, le tendió uno de los micrófonos—, adelante.
Sora cogió el micrófono aún confusa.
—Tú me ayudaste a darme cuenta de que lo importante en la música no es quién cante mejor, sino el alma y hacia quién está enfocada la canción. Y cómo me imagino la que armarían el Taichi y los demás si te pidiera, así sin más, que cantaras conmigo, fue por eso que te traje afuera y bastante alejado de la casa para poder hacerlo. Además, estaremos más cómodos y sin ningún jaleo por medio.
Sus palabras emocionaron tanto a Sora que ni sintió el frío.
—¿En serio quieres cantar conmigo? —seguía sin creérselo—. Pero si no canto muy bien. Ya viste lo mal que lo hice cuando cantaba con Taichi.
Siendo ellos los últimos en las tres rondas por parejas.
Yamato se la quedó viendo por unos momentos, y con voz seria dijo.
—Cuando cantabas con Taichi, noté que no cantabas con la misma alegría y emoción que cuando cantaste sola.
—¡¿Me escuchaste cantar?! —preguntó ella con los ojos abiertos con una mezcla de sentimientos. Le había emocionado que la escuchara cantar, pero al mismo tiempo, sentía vergüenza de que escuchara lo mal que cantaba—. Pero… Si estabas fuera con…
—Aunque estuviera fuera, se oía alto y claro.
Sora miró el piso. La hierba le hacía cosquillas en sus piernas. Ese cosquilleo que también sentía en su corazón y que no podía controlar.
—¿Y bien? ¿Qué canción quieres cantar?
En medio de su estupefacción, Sora fue al directorio de canciones del juego.
Yamato había escuchado su solo.
Había notado la diferencia en su voz, de su solo a cuando había cantado con Taichi.
Yamato se había fijado en ella.
Ese solo pensamiento, la emocionó tanto que escogió la que más le gustaría cantar junto a él. Era probable que aquella oportunidad no pudiera presentársele más en la vida. Y aún así, a pesar de la presión de tener esa única oportunidad, Sora no se sentía nerviosa.
Cuando la canción comenzó junto a sus versos, las barras azul y roja de ambos fueron idénticas durante la primera estrofa.
Yamato lo observaba impresionado, así como a Sora cantar de la misma forma que lo hacía él en el escenario. Cantando con los ojos cerrados, sintiendo la canción desde lo más profundo de su corazón y volcando sus emociones al cantar. Adentrándose en un mundo mágico, donde no escuchas ni sientes a la gente que hay a tu alrededor.
La voz de Sora había sido la misma cuando la había escuchado cantar su solo. Una notoria diferencia a cuando cantaba junto a Taichi. Su voz alegre y cálida que le provocaba más de una sonrisa.
Los crescendos y diminuendo los clavaba a la perfección. Quizás le costaba llegar a ellos, pero cuando no había letra, Sora tomaba aire para continuar.
No le importaba la puntuación que pudiera obtener. Sino el cantar con todo el alma.
Mimi por su parte, aunque cantaba muy bien, ella buscaba la interactuación con el público. Algo que no estaba mal. Todo lo contrario. Pero, Yamato, cuando cantaba, es cómo si estuviera en su propio mundo. Un mundo de fantasía, sintiendo todas esas emociones, cada letra de la canción como si fuera una declaración. El cerrar los ojos, le otorgaba ese viaje hacia ese otro mundo para vivirlo y experimentarlo. Y Sora, quizás por imitación, o porque había entendido esa clave, que experimentaba esa misma sensación.
Cuando acabó la canción. La barra de puntos azul y roja crecía tanto que Sora quedó perpleja. Los números subían y subían, sobrepasando tanto la puntuación de Mimi como la que había obtenido Yamato con Mimi.
Ocho mil, novecientos noventa y tres puntos para ambos.
Una puntuación altísima y cerca de la puntuación máxima del juego.
Sora sintió una mezcla de sorpresa y emoción, que no tenía palabras para expresarlo.
Su carmín bajo la luz de la luna era tan hermoso como su voz junto a la suya. Por primera vez en su vida, Yamato sintió que la música no era un medio del que sentir celos o presión por el que dirán. La música era un medio en el que poder transmitir tus emociones y sentimientos. Al cantar junto a Sora, sintió que en ese mundo en el que se transportaba, él estaba junto a ella.
Había disfrutado cantando junto a ella. Y tenía muchas ganas de repetirlo una y otra vez.
—Sin duda, formamos una buena pareja —indicó Yamato con doble sentido en la oración.
FIN
Notas de la autora:
Aquí está el primer oneshoot del primer día para el sorato week.
Espero que os haya gustado.
Los otros temas para el sorato week serán también hechos en fic, donde de los días dos y tres, ya los tengo hechos. Son un poco más cortitos que este. Estoy aún en proceso para el día cuatro, que quizás contenga lemon. El del día 5 tendrá lemon seguro.
Os recuerdo que el Sorato Week dura desde hoy (08/02) hasta el domingo (14/02). Para aquellos que no se hayan enterado del Sorato Week y quiera participar, encontrará los temas y todo lo necesario en el grupo de Facebook de Sorato Week. También podéis mandarme un mp por aquí para preguntarme.
Nos vemos mañana con otro oneshoot.
'Atori'
