Disclaimer: The Legend of Korra no me pertenece, sus excelentes personajes y grandes aventuras son propiedad de Michael Dante DiMartino y Bryan Konietzko… Y de Nickelodeon.


—¿Cesta con comida?

—Lista

—¿Mantel?

—Listo

—¿Ramillete de lirios de fuego?

—Listo

—¿Collar de compromiso?

—List… no, espera… No lo encuentro… ¡NO ENCUENTRO EL COLLAR DE COMPROMISO! ¡OH POR RAAVA! ¡OH POR RAAVA!¡ABORTEN LA MISIÓN! ¡ABORTEN LA…!

Sin embargo, una risilla a sus espaldas la sacó de su crisis temporal. Tras ella, Opal le muestra el collar colgando entre sus dedos. Korra con un puchero y ceño fruncido se acercó a su amiga arrebatándole con cuidado el preciado objeto

—Tenías razón Bolín, la mini crisis que tuvo fue muy graciosa

La pareja comenzó a reír mientras el avatar refunfuñaba casi arrepintiéndose de pedirles ayuda con el inventario de las cosas que llevaría al mundo espiritual en esa corta, pero muy significativa visita que haría con Asami ese día.

Sí, eran pocas cosas las que llevaba en realidad, pero estaba muy nerviosa y no era para menos… ¡Ese era el gran día! ¡El gran día de ambas! ¡El día en que le pediría comprometerse en matrimonio! No conocía suficientes palabras para describir lo ansiosa que estaba… pero no porque dudara de sus sentimientos, ella estaba plenamente segura de querer pasar el resto de su vida al lado de aquella pelinegra ojijade que la traía suspirando día y noche, y que sólo con solo una mirada y unos cuantos pestañeos la tenía a su merced. No. Lo que en verdad la tenía ansiosa era la idea de ser rechazada.

—Oigan chicos… -la morena paró de renegar y les habló con tono apagado, ante estos sus amigos adoptaron una mayor seriedad- Ustedes creen que… que ella si acepte…

—¡Vamos Korra, no vuelvas con eso! – Espetó Opal colocando sus manos en sus caderas

—Sí Korra, Asami te ama, además ¡Eres fantástica! ¿Quién no quisiera casarse contigo?

—Es verdad, ¡Si me lo propusieras hasta yo aceptaría! -espetó con obviedad la maestra aire

—¡Sí…! Espera… ¡Opal! -El ojiverde miró a su novia con un puchero y lágrimas queriendo salir de sus ojos- ¡¿Me dejarías por Korra?! -Preguntó en tono melodramático

—Oh, claro que no terroncito… -La chica fue a abrazar a su novio y mientras lo consolaba, a sus espaldas le guiñó un ojo a Korra mientras le hacía una seña de "Llámame"

La morena rió, Opal siempre que la veía bajoneada intentaba animarla así, haciéndola reír y subiéndole un poco el ego que después de tantos golpes la vida se había encargado de disminuir. Sin duda lo lograba, y le agradecía por ello. A ambos, tenía los mejores amigos.

Cogió aire y la determinación invadió su ser nuevamente, Guardó el collar en sus pantalones, agarró la canasta con todo lo que necesitaría y con renovado ánimo declaró

—Muy bien ¡Aquí voy!


El viento golpeaba su rostro, agitando su melena, mientras veía a las gaviotas revolotear en el cielo azul. El ferry se había retrasado, pero por fin estaba llegando y en él esperaba viniera su amada.

La castaña la había citado, y no quería decepcionarla, por lo que pospuso su trabajo del día hasta que pasara el fin de semana. Después de todo se imaginaba a qué venían los planes del Avatar…. El día de hoy cumplían meses… ¡Seis para ser exactas!

—Seis maravillosos meses a su lado… -suspiró cual adolescente enamorada

Y es que no todo había sido sencillo, habían tenido diferencias y el trabajo más de una vez había impedido que se vieran… pero siempre arreglaban las cosas de la mejor manera. Respetándose, comprendiéndose, empatizando e incluso cediendo de ser necesario…

Siempre queriendo ser mejores personas…

Siempre queriendo crecer como pareja, apoyándose, ante todo.

No podía negarlo, estaba inmensamente feliz con su relación, se sentía plena; más aún en el último mes que llevaban viviendo juntas en la mansión.

Si alguna vez, antes de pedirle mudarse con ella, había pensado que quizás tendrían algún inconveniente al congeniar en el diario vivir… había estado equivocada. De hecho, era increíble como su convivencia era tan natural, como si llevaran años viviendo juntas, como si para ello hubieran estado destinadas.

Korra, el avatar, SU avatar, era perfecta interprete de los elementos en su relación…

Dura y firme como la roca, para apoyarla en las buenas y en las malas

Fresca y ligera como la brisa, que amenizaba cada uno de sus días

Suelta y fluida como el agua, para adaptarse y comprenderse mutuamente en sus rutinas

Y, por sobre todo, cálida y ardiente como el fuego…

que la quemaba con lujuria en cada una de sus noches hasta caer rendidas.

Se sonrojó ya que sus pensamientos desembocaron en pleno hacia el lecho donde amanecían, sin embargo, un fuerte y animoso grito la volvió a la realidad.

—¡Sami! ¡Hey Sami! ¡Aquí estoy!

Sí, sin duda esa era su tierna novia, gritando feliz cual niña ansiosa desde el transporte, que aún no llegaba completamente a puerto. Siendo vista con curiosidad por los otros tripulantes de la nave.

Sonrió, adoraba ese espíritu infantil que portaba su querida novia. Y mientras pensaba en cuanto quería comérsela a besos, la observó desembarcar ansiosa, esquivando gente para ir a su lado. Abrió los brazos recibiendo la embestida cariñosa de su cuerpo plasmada en un fuerte abrazo; como si no se hubieran visto en mucho tiempo, cuando apenas en la mañana se habían separado. Sintiéndose completa con su otra mitad a su lado solo alcanzó a pensar…

—Algo en mí dice que el día será inolvidable… lo puedo asegurar.


Un bello lugar…

Unas preciosas flores recibidas…

Un beso algo subido de tono como agradecimiento…

Una deliciosa comida…

¿Qué más podría pedir?

Ah… sí. Que Korra se comportara nuevamente de forma normal.

No entendía lo que le pasaba, todo había estado bien.

Llegaron al Mundo espiritual, a ella le había parecido preciosa la idea de su novia sobre un picnic en aquel mundo de ensueño.

Fue tratada como una princesa, el avatar se encargó de colocar todo, no la dejó hacer nada… Es más… ¡La muy atrevida juguetona hasta la había cargado para sentarla encima de la manta!

Inconcebiblemente gracioso. Habían pasado una excelente tarde comiendo y conversando. Pero Asami había notado como, con forme se acababa la comida Korra se ponía nerviosa.

Jugaba con sus dedos ansiosa, le respondía a la conversación de forma extraña y sin mirarla… ¿Era su impresión o estaba sonrojada? Y parecía estar sudando… Extraño.

A su mente vino el momento en que aquella morena se le había declarado y pedido ser su novia… ¡Parecía que le fuera a dar un ataque por los nervios!

Pero por más que le dijeran genio, tal CI no le ayudaba a comprender el motivo de que ahora su novia se estuviera comiendo, inconscientemente, las uñas de una mano.

Finalmente, ya que contrario a mejorar la veía empeorar, decidió preguntar.

—Korra, cariño -la CEO colocó una mano sobre la rodilla de su pareja y comenzó a acariciarla con ternura- ¿Qué te sucede, linda? Te noto muy nerviosa… ¿Hay algo que quieras decirme?

—¡¿D-decirte yo?! Bueno, yo…

Era ahora o nunca, "VAMOS KORRA, NO SEAS UNA GALLINA", pensó automotivándose. Alzó la mirada, respirando más fuerte de lo normal. Su corazón prácticamente latía en su garganta, pero cogió valor y levantó la mirada sosteniéndola en aquellos ojos verdes que la miraban con ternura y tintes de preocupación.

—Por Raava… que hermosa que eres…

—G-gracias… -mencionó la ojijade, sonrojada, desviando la mirada por las palabras y la intensa mirada.

"Okey eso no era lo que quería decirle… es verdad, sí, ¡Pero no era eso!" se reprochó el avatar al haberse dejado embelesar por la carita de su amada. "Vamos, una vez más…"

—Asami – la pelinegra volvió a observar aquellos orbes como el mar, y ante el contacto la piel de chocolate se comenzó a derretir- Yo... yo… ¡Agua! ¡Sí! ¡Eso! ¡Korra necesitar agua!

En modo robot la morena se levantó cogiendo la tetera de la canasta y con pasos rígidos pero veloces se alejó del sitio.


—¡Aghhh! ¡Tonta, tonta tonta! Sí eres una gallina, Korra, es más no mereces ni hablar contigo misma… ¡Deberías cacarearte!...

En todo el solitario camino hacia el lago, la ojiazul continuó refunfuñando por su absurdo comportamiento. Avanzaba pateando piedrecillas sin notar que el cielo comenzaba a oscurecerse encima… Y es que su sentir y pensar pasó de la vergüenza y nerviosismo al miedo… un terror absoluto.

—¿A quién engaño? -se dijo, finalmente llegando al lago y acuclillándose para llenar la jarra de vidrio- Ella es una mujer tan decidida y madura… aunque me envalentonara a decírselo… ella no aceptaría…

Los alegres y resplandecientes colores del cielo fueron cubiertos, poco a poco, por nubarrones que se acumulaban alrededor del lago, avanzando a un punto exacto donde cierta morena observaba su triste reflejo en el agua.

Llena de apatía dejó la tetera y comenzó a marchar en modo automático y sin rumbo fijo bordeando el lago mientras por lo su lastimero soliloquio era su único compañero. Las nubes comenzaron a seguirla, oscureciéndose más a cada paso.

—Y es que… ¿Por qué lo haría? Digo, ¡Ella es Asami Sato! -espetó haciendo un gesto de obviedad con las manos- ¡Podría tener a cualquier hombre o mujer que quisiera! Y de seguro serían mejores partidos que yo… -su tono volvió a bajar y cabizbaja no notó que comenzó a introducirse a un tupido bosque- cualquiera le convendría más como pareja porque aún cuando Raava me concediera un milagro y ella aceptara, el ser El Avatar me obliga a estar en riesgo constante y ella puede quedar viuda… Yo no quiero tristezas para Asami…

La morena suspiró y miró a su alrededor extrañada del lugar donde estaba, pero antes de que su lógica le obligara a buscar la salida, sus inseguridades atacaron desde otra esquina del cuadrilátero.

—Ja -bufó amargamente- y sin mencionar que ella es tan inteligente… no es solo su belleza, sino también su inteligencia… y yo soy tan… tan Korra… Una boba musculosa que ha cometido más errores que aciertos en lo que lleva de vida… que la tuvo sufriendo por tres años… que fue la culpable del encierro de su padre y quizás, aunque indirectamente, hasta de su muerte… la peor avatar de seguro sería la peor prometida…

Retomó la marcha, nuevamente sus pies actuaban por su cuenta.

—¿Y qué le daría? ¡No tengo nada! Ella es rica, no tengo que ofrecerle… ¿Un triste iglú en el Polo Sur? No seas Idiota, Korra, ella merece mucho más… merece amor, comodidades… merece a alguien tan listo o lista como ella, tan elegante… ¡Yo ni modales tengo! ¡Soy prácticamente una maldita campesina que ama a una princesa!

Las lágrimas de tristeza y frustración se agolpaban en sus azules orbes. Detuvo su marcha colocando las manos sobre su rostro intentando controlar el inminente llanto que amenazaba con derrumbarla

—Ella es tan grande y perfecta… lo merece todo… mientras yo… yo soy tan ínfima, tan poca cosa, tan minúscula… tan…

—Pequeña…

Korra abrió los ojos de golpe, no sabía en que momento la había rodeado la completa oscuridad. Se encontraba en un claro de bosque, ennegrecido por un aura pesada. No sabía de donde venía el tenue y lúgubre resplandor que levemente lo iluminaba puesto que, de lo porco que podía ver de entre las copas de los árboles el cielo estaba ennegrecido y retumbante como si la peor tormenta fuera a caer de repente.

Su mente rápidamente pensó "Asami" pero el temor de que estuviera bien la dueña de sus alegrías y angustias se vio mermado ante una presencia.

De entre los árboles frente a ella, una sombra emergía. Era grande y musculosa, una voluminosa masa cuadrúpeda con larga melena plateada.

—Un león…

—Mi nombre es Marbas, Avatar… y tú me has invocado

—¿Yo? - cuestiono la morena, fijándose en los cuatro delgados pero imponentes cuernos que sobresalían de la cabeza del felino- Disculpe espíritu, pero yo no conocía de su existencia hasta ahora- mencionó con respeto, el aura que emanaba este ser era diferente a todos los demás espíritus que solían rondarla en sus visitas al mundo espiritual.

—Tu podrás no conocerme, pero tu energía ha sabido como contactarme- mencionó el felino, mirando al cielo y provocando que la morena se diera cuenta de la tormenta que sus pensamientos negativos habían provocado.

El animal comenzó a avanzar rodeándola y dejándola en medio de un amplio círculo. Korra se permitió apreciarlo.

Su tamaño era imponente, un poco más grande que Naga. Su pelaje era negro con destellos plateados en las patas y en aquella deslumbrante y salvaje melena de la cual emergían cuadro cuernos negros como la noche, dos verticales y dos en plano horizontal curvados hacia la parte superior. La energía que sentía fluir de él era enorme y si bien no era para nada positiva, tampoco la podía describir como totalmente negativa… era sin duda una presencia extraña, majestuosa y que causaba pavor. Decidió no arriesgarse, no era bueno hacer enojar a los espíritus, menos aún en su territorio.

—Discúlpeme por incomodarlo noble espíritu -hizo una reverencia- si me permite partir me llevaré toda esta energía negativa que lo ha molestado, conmigo.

—¿Y quien dijo que me has incomodado? De hecho, has llamado mi atención -mencionó el león con su portentosa voz, el animal no movía los labios, por lo que la misma era transmitida directamente a su mente. El timbre no era amenazante ni fuerte, pero si grave y demandaba no confiarse- ¿Cómo la portadora de la luz de Raava, el más grande y poderoso humano entre humanos, puede sentirse tan pequeña? Es ilógico…

—Debe recordar noble espíritu, que pese a tener a Raava en mi interior, sigo siendo humana- respondió con voz pausada después de una larga reflexión- y los humanos somos ilógicos.

—Eso no puedo refutar Avatar Korra. -el animal paró su hipnótico caminar quedando sentado en sus cuartos traseros frente a la morena- Me has invocado y tienes derecho a una pregunta, lo que desees puedes consultar… quizás así soluciones esa duda que te atormenta y te pone tan insegura.

La morena se petrificó y con la mirada baja reflexionó. Esa era la oportunidad para saber si Asami correspondería a su petición… Así sabría si arriesgarse o no. Era ideal… ¿No? Entonces ¿Por qué sentía que no era una buena opción? Algo en ella lo gritaba, un instinto de avatar, no debía acceder a esa proposición. Además, si era sincera… quería hacer eso por si misma, arriesgarse por Asami, solo que costaba quitarse ese negativismo, dejarse de niñerías y tener valor.

—Discúlpeme loable espíritu, sin embargo, me veo en obligación de rechazar su oferta -comenzó su explicación captando la atención del animal- no le mentiré, mi instinto de avatar me grita que sería algo muy peligroso… pero muy aparte de eso, lo que suceda con respecto a esa duda que tengo… quiero averiguarlo por mi misma, solo debo dejar de sentirme tan…

—Pequeña… -mencionó por segunda vez el espíritu

El mítico animal estaba internamente impresionado. Ante la perturbación de sentimientos que había sentido de parte del Avatar pensó que sería fácil tentarla, sin embargo, esta se había negado. Sabia decisión pues el felino no le había mencionado que el precio por su pregunta sería obtener su alma a cambio.

Después de todo, quisiera o no, hacer ese tipo de negocios era parte de su esencia, parte del trato. Pero internamente se alegró y decidió que, ante tal sabia, aunque inconsciente decisión, muy a su manera le brindaría la ayuda para sobrepasar su situación.

—Has hecho bien en rechazar mi don, se nota que la luz de Raava late fuerte en tu interior. Sin embargo, tu tribulación obnubila tu juicio y si sigues con esa espiral descendiente no lograrás tu cometido.

El portentoso animal se levantó y comenzó a avanzar lentamente hacia la morena. No lucía agresivo pero su imponencia la hizo retroceder instintivamente hasta que su espalda chocó contra el tronco de un árbol. El animal, mientras avanzaba, continuaba transmitiendo sus pensamientos con un profundo tono que a Korra petrificó

"Escucha atentamente, hija de Raava,

Te has ganado mi agrado por tu elección y respeto sin falla.

Por ello te haré manifiesta de un don que considerarás maldición.

Solo debes ser consciente de que no hay mal que por bien no venga

y que las bendiciones vienen en diferente presentación.

La cura puedes encontrarla de dos maneras…

si estás de suerte te la facilitará el sabio de las praderas…

o bien vendrá de ti cuando tu equilibrio interno recuperes

Y aquellas palabras que tanto temes, liberes.

Mientras, tendrás que aprender a vivir con el fruto de mi juicio,

mi castigo, mi bendición y maldición…

¿Tan ínfimo se siente tu espíritu?

¿Tan minúscula es tu determinación?

Entonces es tiempo de que tu apariencia vaya con el sentir de tu corazón.

No tuvo tiempo de reaccionar, huir o activar su estado avatar.

Un tercer ojo apareció en medio de la frente de aquel animal, iluminando todo hasta enceguecerla con un plateado resplandor.

No hubo dolor. Después de eso, simplemente, todo negro se volvió.


—¡Korra! ¡¿Dónde estás?! ¡Korra!... ¡Demonios!

—Asami bufó furiosa, llevaba quien sabe cuanto tiempo buscando a su novia.

Primero pensó que volvería pronto, pero al pasar los minutos se rindió se colgó su bolso y recogió el mantel, lo guardó junto con las bellas flores en la canasta del picnic dirigiéndose con canasta en mano al único lago cercano (que en realidad no era tan cercano) que recordaba de su travesía por ese fantástico mundo; todo con la esperanza de encontrar a Korra allí, seguramente ya más con una actitud más normal, jugueteando con los espíritus. Estaba incluso preparada para reclamarle por dejarla esperando. Pero no la halló.

En su lugar encontró la tetera mal colocada al borde de un lago oscurecido, reflejo del cielo tormentoso que había visto ennegrecerse conforme avanzaba hacia el sitio.

—Korra… -pensó con temor, dejando la canasta en el suelo.

Vio unas borrosas pisadas, dejó la canasta y comenzó a seguir aquellas huellas.

Estaba algo difícil seguir el leve rastro por el terreno que pisaba, pero se apoyó como segunda guía en aquellos nubarrones que se iban acumulando encima de un bosque que antes no había visto.

Llegó al límite de aquel espacio lleno de vegetación y dudó… Ella no era una experta en esas tierras, siempre era Korra quien la guiaba. Pero no podía esta vez ayudarla, algo en su interior le decía que esta vez la morena era quien necesitaba ayuda.

Su primera experiencia en aquel mundo le había enseñado que siempre debían ir preparadas. De su bolso sacó un Satocable enrollable, flexible pero fuerte, que ella misma había inventado para alguna próxima aventura con su novia, nunca había pensado en una misión de rescate, ¿Pero qué mejor forma de probar una invención?

Una vez enrollado un extremo al cable a un árbol para saber por donde volver y no perderse, siguió su camino.

El tiempo en ese mundo era algo abstracto, y en ese bosque se hacía aún más extraño.

No sabía cuanto tiempo ya llevaba caminando, pero mientras mentalmente agradecía haber traído otro rollo de Satocable pues ese no duraría mucho más, un sonido de sus pensamientos la sacó.

—Un… ¿llanto?

La pelinegra detuvo su marcha, cerró los ojos y se concentró en escuchar su alrededor.

Identificó el sonido de las hojas de los árboles siendo movidas por aquel viento de tormenta, incluso el retumbar de uno que otro trueno tempestuoso; el sonido de una reciente llovizna también distinguía por sobre aquellas copas que le servían por el momento como paragüas… y si se concentraba lo suficiente… un lloriqueo…

—A la derecha -se dijo a si misma, avanzando y deteniéndose cada cierto tiempo para orientarse mejor con el sonido

Su instinto le decía que debía ir allí, algo la llamaba a ese sonido lastimero que era tan familiar pero a la vez desconocido.

Conforme se fue acercando distinguió más los matices de aquella voz

"Es una mujer… no, más exacta, es una niña…" - pensó la ingeniera- "Y por lo visto es pequeña… ¿Qué hace una niñita en medio de un bosque en el mundo espiritual?

Debía seguir buscando a Korra, pero esto era prioridad… ¿O tal vez estaba relacionado? No lo sabía, no sabía nada, solo que debía encontrar el origen de aquella voz… Y al final la vio.

Sentada en medio de un claro de bosque, siendo empapada por la lluvia que poco a poco iba aumentando en su fuerza, yacía una pequeña.

La chiquilla estaba de espaldas, pero por los movimientos espasmódicos de su cuerpecito y ligeros sonidos sabía que estaba sollozando.

Nuevamente un llanto retumbó proveniente de los fuertes pulmones de aquella figurilla vestida de tonos celestes tan conocidos…

Ante la autorevelación abrió los ojos de par en par.

"Blusilla celeste y pantaloncillo azul…" -enumeró mentalmente mientras con cautela iba acercándose a la infante "Piel canela y cabellos castaños… solo falta… No puede ser…"

—¿Eres tú…? ¿Korra?


¡Hola!

Una nueva idea se ha instaurado en mi mente.

Aunque el inicio no lo denote mucho, este será un escrito más bien tierno y jocoso que espero les guste.

Si es de su agrado, espero sus review.

Saludos,

Le chat et l'abeille.