—¿Eres tú…? ¿Korra?
La CEO finalmente llegó a posicionarse a pocos pasos tras la infanta, y al escuchar su nombre esta se volteó. Unos redondos ojos azules cubiertos de lágrimas le devolvieron la mirada a los jades de la pelinegra y un gritillo ansioso retumbó por sobre los sonidos de la naturaleza.
—¡Asami!
La niña, torpemente se levantó y corrió hacia la mujer de tez blanca. En ese corto trayecto Asami pudo verla mejor.
Corría agitando sus terrosas manitas. Su rostro, igualmente sucio de barro, estaba todo mojado tanto por las gotas de lluvia que la habían alcanzado como por las lágrimas que seguían escurriendo de sus ojos sin mencionar aquellos los moquitos que escurrían de ese tierno botoncillo marrón que tenía por nariz.
Su ropita era igual de tierna. Digna representante de la tribu agua por los colores, pero parecía que le había cogido el crecimiento en la calle o que las había heredado de alguien, sin duda no eran las mismas que había portado la morena horas atrás cuando habían llegado a ese sitio. Portaba un pantaloncillo holgado y visiblemente desgastado, además de una blusilla que dejaba a plena vista una gran pancita café que le recordó al pan de dulce.
"Demasiado tierna"-pensó Asami para en el acto sentir como la niña se estrellaba en sus piernas, abrazándose a ellas como si de su vida dependiera.
Seguía estando algo aturdida por lo que veía, sin embargo, actuó por instinto; acarició la mata de húmedos cabellos marrones, la separó un poco y se acuclilló para darle la seguridad que sentía la niña necesitaba. Esta no se hizo de esperar y devolvió el gesto hundiendo su rostro entre las fragantes ropas de la ingeniera y tratando de envolverla lo más que podía con aquellos lánguidos bracillos que otrora fueran fornidos y musculosos.
¿Cuánto duraron en esa posición?
Solo los espíritus podrían saberlo.
Pero, aunque sentía las piernas adoloridas por la incómoda posición, no hizo nada por levantarse o moverse del lugar. Se dedicó a consolar con su calor y su presencia a la helada y temblorosa ternurita que tenía al frente, hecho que pareció funcionar pues los quejidos y gimoteos, con el paso de los minutos, fueron aminorando más y más.
De repente todo quedó en silencio. Los sonidos de truenos cesaron, el murmullo de la llovizna acalló e incluso podía sentir que la pesadumbre del bosque amainó.
Prosiguió dando caricias en aquella cabecita marrón hasta que sintió que los brazos que se habían aferrado con tanto ahínco a ella perdieron su vitalidad y el cuerpecillo se separó un poco del propio, quedando ambas cara a cara.
La blancuzca mujer pudo vislumbrar algo de vergüenza en la carita infantil que abría levemente los labios como intentando de argumentar algo, pero las palabras no se decidían a salir de su boca. Colocó las manos encima de los pequeños hombros y decidió ser la primera en hablar para ayudarla.
—¿Te sientes mejor, linda?
La niña bajó su vista y jugando con su piececillo en el suelo, asintió.
—Sí, gracias… -mencionó con su infantil vocecilla, que a Asami le pareció bellísima- discúlpame por mojar tu ropa… -mencionó aún más avergonzada viendo como con el abrazo había transmitido la humedad de sus prendas a la más alta
—No hay problema…
—Claro que sí, te vas a resfriar-mencionó haciendo un puchero- déjame te ayudo a secarte
La ahora decidida niña dio unos pasitos hacia atrás y se puso en una de las posiciones que le había enseñado Tenzin cuando estaba en proceso de aprender Aire control. Respiró y levantó una de sus palmas en dirección a su novia para arrojarle una suave brisa que secara el traje de esta… pero de su manita nada salió.
Asami no entendió al principio, no hasta que vio la cara de frustración de la pequeña y las lágrimas que volvían a agolparse en sus orbes azules… espabiló y se adelantó a ella para volverla a abrazar.
—Tranquila, tranquila… todo saldrá bien… -mencionó acariciando la espalda de la niña con gran ternura, sin soltarla hasta notarla nuevamente tranquila- ¿Qué tal si vamos avanzando? El ambiente aquí mejoró, pero aún no me da buena espina estar en medio de este bosque
La morenita se separó de la mayor, sorbió sonoramente los moquitos de su propia nariz mientras asentía y la comenzó a seguir por el camino de regreso.
Asami estaba aliviada de haber traído el Satocable, no se quería ni imaginar lo costoso que sería salir de aquel lugar con Korra en esas condiciones. Su ahora pequeña novia estaba con la sensibilidad a Flor de piel, y no era para menos… por ello su misión era transmitirle seguridad a nueva infanta.
Observó de reojo para atrás, Korra se estaba quedando un poco rezagada y se regañó mentalmente por ello "Claro, sus pasos, aunque constantes, son pequeños mientras que mis piernas, más largas, dan zancadas en comparación a esos piececillos de fuego"
Comenzó a bajar el ritmo, con el pretexto de hablar con ella para que no sintiera herido su orgullo.
—Sabes que necesito saber que sucedió ¿Verdad?
La castaña suspiró e hizo un puchero resignado
—Lo sé…
— Aún falta un buen tramo para la salida del bosque, así que puedes comenzar cariño, ¿Qué sucedió después de que llegaste al lago?
La niña se tensó, hecho que no le fue indiferente a la mujer, si de por sí la Korra adulta era transparente en su sentir, esta versión compacta era un libro abierto en sus actitudes.
—P-pues verás…
Korra comenzó un confuso relato, Asami sabía que la ojiazul no le estaba contando todos los detalles, que se estaba saltando partes importantes. Lo leía en su infantil rostro y en aquellos ojos que buscaban como adaptar la historia, enredándose más de una vez, pero lo dejó pasar tanto porque no quería presionarla demás como porque sí le dio detalles que supo eran reales.
—Entonces… ¿Crees que debamos buscar a ese espíritu…Marbas?
—No Sami, no creo -mencionó Korra, finalmente habían salido del bosque y ahora estaban bordeando el lago rumbo a la tetera y canasta dejadas- Él me dijo algo… algo acerca de un sabio de las praderas que podía darme la solución… -mencionó, esforzándose en recordar dicho trozo de la "maldición", pero sin querer decirle que la más lógica opción era encontrar el equilibrio en su interior. Actualmente no se sentía ni remotamente capaz de dicha acción.
—El sabio de las praderas…-mencionó la mayor, pensativa, hasta que abrió los ojos recordando algo, o mas bien a alguien- No me digas que piensas en…
—Sí Sami, creo que se refiere a Iroh -mencionó la niña, metiendo la tetera en la canasta y antes de que la intentase cargar y se frustrara por no poder, la mayor la cogió sin darle importancia al asunto, colgándosela del brazo; Korra, aunque incómoda por no ser útil, muy internamente lo agradeció- debemos ir a verlo- mencionó apretando sus puñitos en señal de determinación
La pelinegra asintió y comenzó a caminar.
No era la primera vez que visitaría aquella pequeña cabaña que era hogar de tan ilustre personaje.
Hace mucho, Korra le había contado la odisea que vivió en el mundo espiritual, por lo que sabía que no era la primera vez que se tornaba en una niña pequeña (quizás este previo conocimiento es lo que la ayudó a reconocerla); en ese tiempo, al escuchar dicha anécdota, Asami estuvo muy interesada en que la morena pudo conversar con el General, por lo que esta prometió que algún día la llevaría a conocerlo también… Promesa que cumplió en su primera expedición en conjunto por aquel mundo.
Había sido un lindo día jugando Pai-Sho, tomando té y escuchando espectaculares y sabias anécdotas del sabio anciano; y, aunque nunca más habían vuelto a aquella acogedora casita en la que vivía el mayor, en su mente había quedado plasmado como llegar.
El camino fue calmo y callado, cada una sumida en sus pensamientos. El cielo estaba más tranquilo, pero igual no tenía aquel vívido color que fulguraba cuando ellas habían llegado.
Asami sabía que Korra seguía mal, que algo la molestaba en sus adentros, pero por ahora lo único que podía hacer era acompañarla aquel lugar, rogándole a Raava porque ese hombre no haya salido para así poder encontrar una solución.
Finalmente terminaron llegando, desde la cima de una colina distinguieron como de la chimenea de la casa salía un ligero pero constante humo.
—¡Él está! -Korra salió corriendo de bajada hacia la pradera, Asami con miedo a que la niña se cayese la siguió con igual prisa. Ambas llegaron en cuestión de un minuto.
—¡Iroh! ¡Oye, Iroh! -gritó a todo lo que daban sus pulmones la niña
Mas no obtuvo respuesta inmediata, sin embargo, cuando se dispuso a gritar de nuevo, unos ruidos de pasos acercándose hasta la puerta por dentro, la detuvieron y llenaron nuevamente de felicidad.
¡Al fin volvería a la normalidad!
¡Y quizás con ello se sentiría segura de decirle a Asami todo lo que…!
Mas su carita de esperanza se tornó en decepción, cuando al moverse el pomo y abrirse la puerta sus orbes visualizaron a una pareja de sapos
—¿May… Jim?
—¡Avatar Korra! -mencionó la hembra, croando de alegría- ¡Qué gusto verte de nuevo, cada día estás más bonita… y joven…
—Ja… si… Sami, te presento a los esposos May y Jim
—Ustedes no… -mencionó la mujer extrañada al ver a dos sapos siameses siendo pareja
—¿Completamente opuestos? ¡Lo sé! -mencionó alegre la anfibia de ojos azules- pero aún así llevamos una linda vida de casados.
—Y usted jovencita… ¿Quién es? -mencionó el sapo macho, inflando su saco vocal, mientras miraba curioso a Asami
—Yo soy Asami Sato... bueno… su… ¿Novia? -mencionó algo incómoda señalando con la vista a korra, no sabiendo que era peor si decir que era novia de una niña o negar la existencia de la relación. Pero, pese a la posible vergüenza, para no herir a Korra tomó la primera opción.
Ambos sapos se miraron de reojo y croaron
—Vaya, sí que le gustan jóvenes…. -susurró el marido a su mujer, sin embargo, fue lo suficientemente audible para la ahora sonrojada CEO que solo pudo tapar su rostro con una de sus manos.
—May, Jim, esta no es mi verdadera forma ni apariencia, yo tengo la misma edad que Asami -refutó la pequeña, inflando sus mejillas - pero eso no importa… ¿Está Iroh?
—Oh, no querida, el no se encuentra, por eso estamos nosotros cuidando su hogar- mencionó la anfibia dándole palmaditas en la cabeza a la niña
—Oh… bueno… ¿A qué hora vuelve?
—Pues más o menos al anochecer… de dentro de una o dos semanas…
—A pues si es así podemos esper… ESPEREN, ¡¿QUÉ?!
La pequeña estaba usando su manita como víscera para determinar cuanto más o menos faltaba para el anochecer, cuando la frase completa del anfibio llegó a ser procesada.
—No puede ser… - Mencionó ya con visible preocupación la mayor- ¿A dónde fue?
—No lo sabemos, el suele salir de expedición sin rumbo fijo, a buscar plantas para té o artículos para su colección… hay veces en que solo se ausenta por horas o a lo mucho un día -comenzó la señora sapo
—Pero cuando nos pide quedarnos aquí para cuidar su casa es porque demorará un tiempo significativo e impreciso-completó su señor esposo.
—¿Hace cuánto salió? Quizás todavía lo alcanzamos y…
—Lo dudo Querida Avatar Korra-mencionó algo apenada la sapa- él se fue temprano en la mañana
—¡Maldición!
Korra estaba frustrada, quería llorar, quería gritar, hacer una rabieta como la niña que actualmente aparentaba ser. Quería abandonarse a esas emociones negativas que tanto la estaban embargando… pero una mano en su hombro la mantuvo anclada, aunque levemente, a la tranquilidad. Asami estaba allí, ella le había contado como había sido la última vez que había estado en esas circunstancias, así que su novia estaba dándole un silente recordatorio de que debía controlarse, no solo por ella sino por el ambiente que la rodeaba, incluyendo aquella singular pareja de esposos.
Cuando Asami vio que Korra comenzó a regularizar su respiración, se dirigió hacia los esposos
—Nos es imprescindible tener contacto con Iroh, como ven Korra no está en su apariencia natural y creemos que él puede tener la solución… ¿Podríamos quedarnos aquí con ustedes hasta que el vuelva?
—La morena vio impresionada a su pareja. Ella sabía que la pelinegra no podía hacer eso. Una cosa era tomarse libre una tarde, pero su novia tenía responsabilidades con Industrias futuro. Ausentarse sin previo aviso, sin alistar nada sería negativo para su trabajo… y sería algo egoísta por parte de Korra arrastrarla a eso.
—No Sami, no podemos quedarnos aquí, debemos volver…
—Korra… -la heredera la observó con preocupación- ¿Estás segura?
—Sí -la niña la miró con determinación- Creo que será mejor volver en unos días para saber si Iroh volvió, cariño
—Está bien
La heredera le dio una leve sonrisa, de cierta manera se sintió aliviada. No creía que su novia pudiese aguantar una semana en el mundo espiritual en el estado emocional que actualmente portaba.
—¿Podrían decirle por favor a Iroh que lo estuve buscando y que necesito su ayuda? Así seguro me esperará antes de volver a partir de excursión
—¡Podemos hacer algo mejor! -Mencionó la esposa sapo recobrando el ánimo ahora que la atmosfera había dejado de estar enrarecida- ¡Podemos mandar a avisarte con algún espíritu!
—Esa es una buena idea Korra, podría ser nuestro amiguito de las orejas de hoja… o alguno de los libeluconejos
—Efectivamente, hay muchos espíritus que estarían gustosos de hacerle algún favor a nuestro buen amigo Iroh y más aún si implica ayudar al Avatar-Agregó el marido
La niña afirmó con la cabeza un poco más animada al obtener un pequeño viso de esperanza, aunque futura, para su dilema.
Ambas chicas se despidieron de los casados, rechazando cortésmente el festín de moscarañas que habían preparado, y partieron rumbo al portal espiritual.
Ya estaban frente a la potente torre de luz que las transportaría de vuelta al mundo físico, sin embargo la duda que se reflejaba en el rostro de Korra había detenido el avance de su novia.
—¿Cómo haré esto Sami? ¡Nadie debe enterarse de que el avatar vuelve a ser una niña! ¡Menos aún que no puede controlar todos los elementos! ¿Qué dirá la pozoñosa prensa? ¿Y si aparece algún enemigo como…?
La mayor se acuclilló quedando al nivel de la pequeña que trataba todo lo posible de aguantar las lágrimas y las emociones para no oscurecer más el cielo derredor, la abrazó con infinito cariño y tras separarse le dio un beso en la frente dejándole una marca de labial en la misma.
—Debes tratar de ser positiva Korra, no estás sola. Siempre estaré a tu lado. Nos hemos enfrentado a cosas peores, ya verás que lograremos solventar cada problema que se nos presente con respecto a este "pequeño" inconveniente… y si solas no lo logramos, siempre podemos contar con el apoyo de nuestros amigos.
La pequeña avatar se llenó de paz al perderse en aquellos prados calmos que eran los ojos de su Asami. Ella tenía razón. Este no era ni por asomo la peor de sus batallas. Era una niñería, literalmente, en comparación a las cosas del pasado. Sí, de seguro volvería a caer en desesperación, pero por ahora se sentía con nueva determinación. Infló pecho y tomó la mano de su novia obligándola a seguir el corto camino que quedaba hacia el portal. La ingeniera se paró y sonriendo mientras con la otra mano sostenía la canasta se dejó llevar…
Saliendo de la luz del portal, ya en Ciudad República, vieron el Satomovil a unos metros cruzando las grandes raíces que surcaban el suelo. Todo iba bien hasta que Asami notó como Korra se caía reiteradas veces, intentando cruzar las raíces con sus piernitas.
La ingeniera meditó, no creyó que la solución anterior de ir despacio sirviera mucho en esta ocasión. El detalle estaba en el terreno en sí, no era el adecuado para que alguien tan pequeña caminase adecuadamente. Por lo que decidió tomar las riendas del asunto.
Dejó la canasta en el suelo y antes de recibir alguna reprimenda o negación tomó a Korra por la espalda, por debajo de las axilas y se la llevó a los hombros sentándola a modo de caballito sobre los mismos.
—¡A-Asami!-Mencionó totalmente avergonzada e impresionada por lo que acababa de hacer su pareja
La más alta, por su lado, recogió cuidadosamente con una mano la canasta y con la otra se afianzó una de las piernas de Korra, que sobresalían de los lados de su cuello, para que esta tuviese mejor estabilidad y no se cayera
—Cariño, sabes bien que te estabas haciendo daño, en este terreno no puedes caminar bien...
—Pero podría hacer tierra cont…
—¿En de lianas? ¡Pero si tu misma has dicho que es mejor no alterar el terreno! Además, así llegaremos más rápido
La niña refunfuñó mientras se agarraba con cuidado de los cabellos y cabeza de su pareja.
—Esto es vergonzoso… -susurró- además te puedo jalar sin querer fuerte y hacerte daño
—Cariño, ambas estamos para apoyarnos… -mencionó dándole palmaditas de respaldo en la piernita que tenía cogida- Además, peores jaladas de cabello me has dado y mira que nunca me he quejado…
—¡Asami!
La CEO rió imaginando la cara roja como tomate que debía tener la su pareja y ya con mejor ambiente llegaron en cuestión de minutos al Satomovil.
—¡Al fin!
La niña gritó feliz cuando la Ceo dejó la canasta en el Asiento trasero y comenzó a bajarla a ella de los hombros, pero su cara se tornó en un puchero cuando en vez de ser puesta en el asiento del copiloto, fue sentada al lado de dicho utensilio y le colocaron el cinturón
—¡¿Qué rayos?! ¡Asami!
—Reglas de conducción Korra
—¿Qué estúpidas reglas son esas? -mencionó con un gran puchero mientras su novia se subía al asiento del conductor y prendía el coche
—No menores de 10 años en el asiento delantero -mencionó ajustando el retrovisor y viendo a una enojada mini avatar en el proceso- así que mas bien hazme el favor de cuidar la canasta ¿Si amor?
La mujer de tez blanca comenzó a conducir rumbo a la mansión mientras fingía no escuchar los murmullos de indignación de su novia. Estaba atardeciendo y el viento al conducir daba un aire entre cálido y refrescante. Miró a su novia por el retrovisor, esta estaba tranquila, pero movía sus manos como intentando formar algo entre ellas, algo que por sus gestos no le estaba saliendo bien
—¿Aún nada? -preguntó, asumiendo de que trataba
—No, ni una brisa sale de mis manos-suspiró
—¿Quizás sea el stress?
—No- mencionó la resignada niña - Creo que es porque a esta edad mi cuerpo aún no había desbloqueado ese elemento…
Ya que la trigueña había sacado el tema, no iba a desaprovechar la oportunidad de hacer una de las tantas preguntas que cruzaban por su mente pero que por prudencia no exteriorizaba
—Korra… ¿Qué edad tienes…? -al ver que el ceño de la niña se estaba pronunciando al igual que su puchero, se apresuró a aclarar- corporalmente, digo… ¿Tu apariencia a qué edad corresponde?
—Si es como la otra vez… como unos cinco años… -susurró para luego dar un gran bostezo -
La ingeniera se quedó rumeando mentalmente lo dicho por su novia… Si le había calculado una edad parecida por su tamaño, pero igual escucharlo de ella generaba un mayor impacto. ¿Cómo harían ahora? Ya que nunca había pensado en tener hijos, su casa no estaba adaptada para una persona tan pequeña… "¿Debía comprar una silla para el auto? ¿Una para el comedor? ¿Uno de esos pequeños asientos para el inodoro? ¿Korra le tiraría una roca en la cabeza si le ponía seguro infantil a los cajones y refrigerador?"
Sin embargo, cuando iba a tantear el terreno con la morena, se fijó mediante el retrovisor que la pequeña había quedado tiernamente dormida, aún con el cinturón puesto y abrazada a la canasta
Asami suspiró y sonrió
No podría ser tan diferente a vivir con la Korra normal ¿Verdad?
Después de todo su amada era como una niña, ¡Una gran niña! Solo que ahora su apariencia reflejaba la pureza de su alma y la forma de su espíritu juvenil.
De seguro esta sería una de tantas grandes e increíbles aventuras que viviría al lado de la, por ahora, pequeña dueña de su corazón.
¡Hola!
Quise actualizar mucho antes, pero por cosas de la U no pude.
Ahora sí, habiendo salido del mundo espiritual se vienen las divertidas ideas que me hicieron crear este fic.
Espero esta y las siguientes actualizaciones sean de su agrado
Recuerden, un review no cuesta nada y motiva mucho.
Saludos.
Le chat et l'abeille.
