El ambiente de baldosas blancas con ciertos detalles celestes y rojizos brindaba un ambiente de pulcritud y elegancia al baño principal de la mansión Sato, convirtiéndolo normalmente en un santuario para que la pareja se relajara tras un día pesado de luchar contra el mal o de arduo trabajo industrial. Sin embargo, durante los últimos minutos aquel templo de relax se había convertido en un ruidoso escenario con una batalla a punto de empezar.
—¡No, no y no! -una pequeña morena arrinconada pero desafiante se cruzaba de brazos mientras un pronunciado puchero y ceño fruncido adornaban su rostro.
—Pues lo siento señorita, pero es necesario. Así que deja de huir.
—¡Ya dije que no quiero!
—Y yo ya dije que no me importa, no solo es el hecho de que estás sucia de la aventura en el mundo espiritual… ¡Sino que también estás toda embarrada de salsa de espagueti!, así que te vas a bañar y fin de la discusión.
—P-pero Sami…. -La niña miró grandes y luminosos ojos aguados a su pelinegra favorita
La tierna y triste mirada de la ojiazul parecían estar dando buenos resultados, la CEO llegó a dudar… quizás no era tan malo si la dejaba estar así… ¿Verdad? Podía limpiarla con pañitos y…
Mas detuvo su tren de pensamiento, estaba cayendo de nuevo.
"Te falta odio Asami" -Se dijo a si misma al recordar que por ser débil ante esa aparentemente inocente táctica, es que estaban en esa situación.
Flashback
—Uhm… ¿Estás segura Korra?
La ojiazul la observó con tiernos ojos, grandes como platos soperos y un pucherito marcado en sus morenos y temblorosos labios.
—¿No confías en mí, Sami?
Asami tragó grueso, si creía que los pucheros de la Korra adulta eran extremadamente tiernos, los de su versión chiquita harían salir arcoíris por la boca a cualquiera por ser tan adorables.
"Con Razón Senna me dijo que de chiquita lograba convencerlos de cualquier capricho"
La ojiverde suspiró.
—Claro que confío en ti, cariño… pero…
—¡Entonces no se diga más! -interrumpió la morena con su voz infantil- es lo menos que puedo hacer por ti – mencionó, empujando las piernas de su novia fuera de la cocina, la pelinegra se dejó llevar para no hacerla sentir débil- Ahora tu ve a relajarte, date un baño y cuando salgas estará una rica cena esperándote amor- sonrió con autosuficiencia poniendo sus brazos en posición de jarra
—Está bien… pero si necesitas ayuda no dudes en llamarme. ¿De acuerdo?
—Claro, claro, ahora vete y deja que la Chef Korra se encargue -indicó tronando sus deditos
Aún con desconfianza la pelinegra partió a asearse, teniendo como última vista de la cocina a su pequeña noviecilla subiéndose a una silla para alcanzar el mesón.
No creía que eso terminara bien… pero debía darle el voto de confianza. Después de todo, pese a su reciente apariencia infantil, Korra seguía siendo una adulta… ¿No? Y como tal no dudaría en pedir ayuda a su novia si se le dificultaba algo… ¿Verdad?
Grave Error.
Una media hora después, ya más tranquila después de su discurso de autoconvencimiento y de ese revitalizante baño de agua tibia y sales. Se vistió y salió rumbo a la cocina. Mientras bajaba las escaleras le llegó un exquisito aroma. Amaba cuando su novia cocinaba, Senna le había enseñado bien y últimamente, sólo para contentarla, había ampliado su repertorio a comidas más allá de la tribu agua… como ahora que olfateaba unas deliciosas albóndigas en salsa, había hecho espagueti, de seguro, sabiendo que era su favorito. Plato sencillo, pero por demás delicioso, que su madre le preparaba cuando era pequeña.
Feliz dio un saltito al último par de escalones, Korra muchas veces le contagiaba esa infantil actitud que tanto amaba. Avanzó sonriendo pensando en cuando amaba a su consentidora novia, sin embargo, dicha alegría se borró de su rostro apenas se asomó por el umbral de la cocina.
Parecía una escena del crimen, con colores rojizos cual sangre por todos lados, solo que las víctimas de esas manos color caramelo seguramente habían sido las albóndigas y demás ingredientes para la comida.
La colorida pintura abstracta que ahora tenía por cocina estaba prácticamente redecorada priorizándose ahora el color rojizo de la salsa en el piso, paredes y ventanas. Incluso el techo tenía manchas… y una pequeña pisada que no quería saber cómo la morenita había hecho para plasmarla.
Miró con horror en todas las direcciones, agradeciendo por un lado de tener empleados que mañana temprano se encargarían de la limpieza de la casa, y por otro lamentando la mala suerte de dichas personas al tener que solucionar esa catástrofe "Salsosa". Sin duda tendría que darles un bono por su heroísmo.
Pese a todo no pudo evitar sonreír. Dándole la espalda, su pequeña acompañante de domicilio tarareaba con vocecilla infantil una canción mientras terminaba de servir los alimentos en un par de platos.
La CEO, carraspeó para que la niña no se cayera de la silla al sorprenderse por su presencia.
—¡Sami! Mira, hice tu plato favorito… ¡TA-DA! – gritó entusiasmada, mostrando su creación con ambos bracitos extendidos
La pelinegra se acercó intentando no resbalarse con la salsa del piso.
—Vaya, se ve delicioso Amor- indicó con sinceridad, pero luego, tratando de tener tacto preguntó – Korra, cariño… ¿Me dirás que ocurrió? ¿El espagueti te insultó y decidiste darle una lección?
—Oh bueno, tuve unos problemitas técnicos… -indicó la niña mientras analizaba si podría bajarse de la silla con los platos, sin embargo, previniendo una desgracia mayor (como si fuera posible), Asami se adelantó y cogió ambos llevándolos del mesón al pequeño comedor de la cocina- pero nada de lo que preocuparse, te aseguro que está muy rico el platillo. Lo hice con mucho amor y como disculpa por haberte hecho pasar por tantos inconvenientes hoy.
La ojiverde se giró y observó, por primera vez desde su llegada a la cocina, con detenimiento a la pequeña.
Si la cocina estaba sucia, su novia no se quedaba atrás. Era como si hubiera tenido una competencia con la cocina por "¿Quién se ensuciaba más?" La morena sin duda se había empeñado en ganar. Su cabello ya no era ese castaño precioso que la dejaba sin aliento, sino que era una masa rojiza con trozos de vegetales y carne revueltos entre las pocas hebras que aún poseían su color auténtico.
"Y su ropa, ¡Oh por Raava, su ropa!"- Encima que le quedaba chiquita, estaba tan sucia que de seguro esas manchas costaría sacarlas. Una vez más se repitió mentalmente que el bono a sus ayudantes domésticos debería ser muy jugoso en su siguiente sueldo.
"Hasta ese adorable ombliguito brotado parece estar lleno de salsa"-pensó evitando con todas sus fuerzas llevar con consternación una palma a su rostro, vio más allá de la desastrosa apariencia de la menor y se fijó en su actitud. Suspiró
Su novia lucía apenada, con las mejillas sonrosadas y concentrando todo el interés del mundo en como uno de sus piececillos trazaba pequeños círculos en el suelo, con tal de no toparse con la mirada de la mayor por pura vergüenza.
—Cariño, no digas eso, pese a todo ha sido un día hermoso, como cada día a tu lado… -la ojiazul, al escuchar dichas palabras, levantó el rostro sonriendo con esperanzadora dulzura- No te preocupes por la cocina, mañana seguro nos ayudarán a dejarla rechinante de limpia. Ahora vamos a comer, que después de esto a habrá que darte un buen baño ¿De acuerdo?
¿Darme un buen baño? -La niña dudó tragando grueso, pero al sentir el fuerte rugido de su estómago no le quedó otra que asentir. Ya luego vería como zafarse esa situación.
Fin del Flashback
La ojiverde cerró fuerte los ojos y sacudió la cabeza
—Oh no Korra, no volveré a caer en esa miradita de borrego degollado que te cargas. ¡A bañarse! ¡Ahora!
Sin embargo, en ese pequeño lapsus en que su novia había cerrado los ojos, la morena aprovechó y se escabulló.
—¡Qué lenta, Sato! ¡Adiós y viva la libertaaaad!... ¡Auch!
La niña en su huida no se fijó que chocó con una peluda y grande mole blanca, haciéndola caer sobre su trasero. La recién llegada cuadrúpeda la procedió a ver con suma curiosidad.
—¡Naga! Soy yo, Korra ¿Me reconoces chica? -La morenita, aún sentada acarició la gran cabeza blanca que Naga había acercado dándole caricias en el suave pelaje de la misma mientras le daba un besito en la fría nariz. Recibió a cambio una enorme, húmeda y cariñosa lamida. -Eso Naga ahora ayúdame a… ¿Naga? ¡No, Naga!
La sucia niña se revolvió como lombriz intentando zafarse del agarre de su nueva e inesperada victimaria. Naga, con su gran hocico había optado por cogerla de la parte de atrás de la ropa y cual cachorro revoltoso la cargaba. La perra oso polar, tranquila sin alterarse por los reproches y movimientos de su ahora pequeña ama, dio unos cuantos pasos dentro de la gran estancia que era aquel lujoso baño.
Asami decidió hacerse a un lado viendo con curiosidad el actuar de su ahora también mascota y se sorprendió gratamente, aguantándose la risa con un autocontrol casi sobrehumano, cuando la cuadrúpeda dejó caer a Korra directamente en la tina repleta de agua.
La morenita indignada sacó la cabeza del agua con desesperación, botando como si fuera fuente el líquido que había ingresado a su boca.
—Traidora -refunfuñó viendo como su mascota se acercaba a su novia y esta le acariciaba la barbilla dándole un beso en la enorme y negra nariz.
—Buena chica, mañana tendrás un premio especial ¿Vale? -indicó dándole palmaditas en la gran y blancuzca cabeza- Ahora no te preocupes, ve afuera que yo me encargo.
Naga ladró, le dio una lamida a Asami y salió del cuarto de baño, quedándose igual cerca por si acaso la escapista quisiera hacer de las suyas nuevamente.
—¡La decepción, la traición Naga! -gritó la niña al ver que su mascota hacía guardia fuera dejándola sin escape posible
—Imagínate cuan sucia debes lucir para que tu misma perra oso polar te mande a bañar, Korra -mencionó la CEO sentándose al borde de la tina y quitándole la blusilla a la niña, que resignada levantó los bracitos dejándose hacer. - pero a todo esto dime ¿Por qué tan reacia a bañarte? Tú eres maestra agua, nunca te ha molestado la misma.
—N-no es eso… -mencionó en voz bajita la morena mientras bajo el agua se sacaba los pantalones con interior y todo y se los entregaba a su novia que tenía la mano extendida esperando las prendas.
—¿Entonces?
—Es que Asami… esto es vergonzoso para mi… digo, mírame -alzó las manos señalándose a sí misma- mi cuerpo es diferente, no es al que siempre estás acostumbrada. No tengo curvas… es más ¡Ni pechos tengo! -dijo la frustrada niña, volviendo hacer su quincuagésimo puchero del día- Además en vez de abdominales tengo una gran pancita… ¡Y por si fuera poco hasta con ombligo brotado incluido!
Asami tenía una dicotomía entre lo tierna y graciosa que le resultaba la situación, versus la empatía que sentía poniéndose en los zapatos de Korra. Sin duda ella estaría en las mismas.
—Amor, no te centres en eso. Recuerda que esto es temporal. -mencionó cogiendo la regadera de mano y mojando el cabello de la niña para comenzar a sacar la suciedad- Además yo te amo y me pareces hermosa en toda presentación.
—Mientes, de seguro estás avergonzada de mi… -susurró alicaída
La pelinegra dejó la regadera y alzó el rostro de la morena con un agarre firme pero cuidadoso.
—No miento, yo nunca me avergonzaría de ti, Korra. -indicó con tal seguridad y fuerza en la mirada que Korra, sabiendo la engañaba, simplemente asintió.
La pelinegra le dio un beso en la frente. Y cogió el shampoo, comenzando a aplicarlo en la cabeza de la morenita. Restregando concienzudamente para que nada quedara sucio.
Después de un momento en silencio la niña preguntó
—¿Asami… por qué me estás bañando tú?- cuestionó ya más tranquila pero aún avergonzada
—¿Bromeas, linda? Con tu altura no llegarías a la tina cariño. Pero en realidad lo hago porque terminaste con el cabello tan lleno de salsa que ya estaba cuestionándome si en verdad ahora eras pelirroja. Ginger II te iba a comenzar a llamar.
La niña se rio un poco, y Asami sonrió al verla un poquito más relajada.
—Además no es como que te vaya a bañar toda -mencionó volviendo a coger la regadera y quitando el shampoo de la cabecilla nuevamente castaña- solamente el cabello para que quede limpio a fondo. Tus manitas no creo que puedan hacerlo.
La niña iba a refutar, pero alzó los brazos hacia su cabeza y confirmó que se le hubiera hecho muy difícil dejarla impecable como su novia lo había hecho.
—Listo-Asami dejó la regadera de mano y sonrió gustosa del resultado de su limpieza -Tu cabellera quedó sin rastros del "Espagueticidio"- Del resto te encargas tú, cariño.
—Sí Sami -La niña afirmó mientras la pelinegra se levantaba hacia el otro lado de la tina y sacaba el tapón de la misma para que corriera el agua. -Déjame ayudar.
La morenita hizo unos movimientos con sus manos y el agua comenzó a rodar más rápido, llevándose consigo toda la suciedad y dejando la tina vacía.
—Vaya, entonces conservas tu agua control intacta.
—Algo así, no siento que sea tan fuerte como antes, pero al menos la tengo. La tierra control y fuego control supongo que también.
—Cierto, tú me habías contado que desde pequeña podías usar los tres elementos, aunque no los manejaras a la perfección. -La niña asintió, por su parte Asami volvió a poner el tapón y abrió nuevamente la llave para llenar la tina a un nivel en el cual su novia no pudiera morir ahogada. Mejor prevenir que lamentar. Cerró la llave le alcanzó el jabón, la esponja de baño con mango largo y se levantó- Termina de asearte cariño, volveré con algo para que te vistas.
Recogió las ropas y tras darle un beso en la coronilla a la morena que ahora ya más fluida canturreaba mientras colocaba jabón en la esponja para bañarse.
—Y por favor, no inundes el baño – la miró enarcando una ceja al verla jugar con agua control con una mano mientras con la otra tallaba su espalda ayudada del utensilio.
La morena sonrió culpable dejando de jugar con el agua. Si de adulta una vez había inundado la estancia, mejor no se arriesgaría ahora que sus poderes no podía controlarlos tan bien como quisiera… tal como había sucedido en la cocina. Sin duda descartaba volver a cocinar con agua control hasta que todo volviese a la normalidad.
Asami había tenido razón y ese baño le había sentado de maravilla.
Ahora se sentía más animada, más segura de sí misma.
Sí, seguía midiendo menos de un metro de altura…
Bah, igual siempre había sido bajita con respecto a la mayoría.
Sí, seguía pareciendo una niña…
Detalles, ¿Qué mujer de Ciudad República no quería aparentar menos edad que la que tenía?
Sí, tuvo que ser ayudada por su novia para salir de la tina…
¡Pero se secó sola con la toalla que esta le dio!
Eso era un dato importante. Un punto a su favor
Y como un plus a su independencia también se vistió sola… Claro, solo era una Camiseta de industrias futuro que, aunque a su novia le quedaba bien, a ella le quedaba como batona por debajo de las rodillas… ¡Pero vale, no era hora de desanimarse!
Asami había sido clara "Me pareces hermosa en toda presentación" … entonces capaz tendría suerte esta noche.
Silbando alegremente, se estiró y tanteó por encima de una repisa cerca del lavabo, encontrando el ansiado cepillo de cabello. No podía verse en el elevado espejo y no quería todavía salir del baño al dormitorio para buscar el de cuerpo completo, no hasta estar presentable ya que Asami estaba en la cama esperándola.
"¡Oh sí, por fin el avatar tendrá algo de acción!" - pensó entusiasmada mientras terminaba, con cierta dificultad, de peinarse.
Volvió a tientas a dejar el cepillo en su lugar, se alisó su bata-blusa y se estiró girando con el mayor sigilo posible la perilla para abrir la puerta del baño.
Asomó un curioso ojito azulado viendo a su novia.
Vestía aquel pijama de seda azul con detalles de encaje celeste que le había dado en un cumplemés cuando todavía no vivían juntas para que "Cuando se la pusiera la recordara".
Se la veía estupenda, gloriosamente hermosa. De seguro esa era una señal.
"¡Gracias espíritus por tal bendición!" - mentalmente agradeció mientras entre indecorosa ensoñación y continuó moviendo la puerta hasta dejarla abierta de par en par.
"Es tu momento, Korra, lúcete." – Se autoanimó, colocándose en la posición más sensual que le fue posible
Estando de pie, arrimada al marco de la puerta y con una cara matadora con la cual pensó seguramente su novia caería en sus brazos, carraspeó para llamar su atención…
Y definitivamente lo hizo.
Asami levantó la vista del libro que cada noche leía y observó frente a si a la versión compacta de su novia en una posición… extraña.
Arqueó una ceja y no sabía si carcajearse o preocuparse y llamar al doctor.
¿Qué era eso?
¿Y esa pose tan rara?
¿Korra estaba mareada y se aferraba al marco para no caerse?
¿Y esa cara? ¿Le dio parálisis facial?
No, no era eso, le estaba levantando ambas cejas de forma sugerente…
"Oh, por Raava… no puede ser verdad"
—Korra… ¿Qué se supone que haces?
—Esperándote ansiosa, mi sexy leopardo caribú
"Por los espíritus, sí era verdad"
La voz supuestamente seductora de su noviecilla no dejaba la menor duda. Esa situación era por lo demás irrisoria y aunque su mente caviló a máxima velocidad para idear una respuesta que no afectara la moral de su morena, no encontró otra alternativa que ser directa y clara para evitar más situaciones de tamaña incomodidad.
—Pues no mi avatar, creo que no se va a poder
—¿A qué te refieres?
—A que lo que sea que está pasando por tu sucia mente, se quedará en simples pensamientos… ¡Y deja de poner los labios como pico de oso ornitorrinco, que no lograrás seducirme!
—¡P-pero Sami! -renegó dejando su pose y acercándose a la cama para subirse - ¡Dijiste que me amabas y que te parecía hermosa en toda presentación!
—Y es real cariño, no te he mentido, yo te amo. Me pareces y me parecerás siempre preciosa… -mencionó con dulzura para luego mostrar frustrada obviedad- ¡Pero no por eso me acostaré con una menor de edad que ni siquiera puede subirse a la cama sola!
La mujer de tez pálida vio los intentos infructuosos de su novia por treparse y se estiró para cargarla de las axilas y subirla al colchón. De seguro la morena estaba internamente arrepentida de haber elegido ese modelo de lecho elevado.
—¡No soy una menor de edad! ¡Desde hace mucho que soy mayor! -Refutó enojada, apretando sus puñitos y con su aguda voz infantil
—Sí, pero de apariencia no tienes más de cinco y yo tengo valores éticos y morales. ¿Acaso quieres que Lin me arreste por abuso de menores? No soy pedófila, Korra. -cuando vio que Korra iba a refutar se adelantó y continuó- No señorita, no se diga más. Hasta que usted no recupere su forma normal, de mi no obtendrá más que abrazos y besos -Vio a su morenita volver a abrir la boca y añadió- ¡Y los besos por supuesto que no serán en la boca! ¡Por amor a Raava, ten decencia Korra!
La morena solo alcanzó a mover la boca cual pescado sin emitir palabra alguna.
Su novia la conocía tan bien que había parado todas sus quejas incluso antes de que iniciaran. Estaba atrapada.
Frustrada solo atinó a sacarle la lengua y a irse a su lado de la cama, pero lo más lejos de su pareja, dándole la espalda a la misma mientras mentalmente renegaba.
Asami la miró negando con la cabeza, rodó los ojos y continuó leyendo en silencio su libro.
Los minutos pasaban y Korra pasó del reniego mental a tratar de idear un plan.
Quizás con el paso de las horas y con uno que otro toque su novia se animaría y…
—Hasta acá escucho tus pensamientos, Korra. Olvídate de cualquier treta. Si quieres dormir aquí conmigo y no con Naga tendrás que mantener esas manos de chocolate quietas.
—¿Cómo rayos?
—Eres mi novia, te conozco pequeña pervertida maquiavélica. Sé que yo suelo iniciar… sin embargo tú también a veces pareces guiada por Vaatu y no por Raava. -La pelinegra se giró levemente, abrió las sábanas y palmeó un lugar pegadito a ella- Entonces ven… pero nada de movimientos raros o me enojaré mucho… ¿Capisci?
La pequeña castaña asintió derrotada, suspiró y gateó hasta colocarse donde su pareja le había indicado, arrimándose al brazo de esta y siendo arropada. No quedaba de otra que resignarse, lo que menos quería en el mundo era una Asami furiosa.
—Si, capisco… -mencionó con un deje triste
La pelinegra le dio un beso en la frente, la abrazó con el brazo libre y la instó a que le devolviera el gesto. Algo dudosa, Korra finalmente aceptó y se abrazó con inocencia a su torso. Después de todo la líbido se la habían bajado, a las malas, al subsuelo.
—Buena niña -dijo con una leve sonrisa- verás que no es tan malo. Te leeré un poco ¿De acuerdo?
Korra asintió arrimando la cabeza al pecho de su novia, relajándose con cada palabra que escuchaba de aquella tersa voz que le encantaba, escuchando ese latir calmo de su pareja, sintiendo la pausada respiración. Soltó un bostezo, luego otro más. Se acurrucó más a su pareja sintiendo esas caricias que le daba en su cabeza, jugando con ternura con sus castaños cabellos mientras seguía leyendo. Y cuando menos lo esperaba, partió al mundo de los sueños.
Cuando Asami sintió el ritmo lento de la respiración de Korra y su relajamiento muscular, paró su lectura y la contempló con amor.
Aquella pequeña lucía como un ángel cuando descansaba, nadie diría que horas antes había destruido la cocina de la casa.
Muchas preguntas vinieron a su mente, unas más soñadoras, fantasiosas y hasta algo tontas como ella las catalogaba…
¿Así luciría si tuviera una hija con Korra?
Una bella morenita traviesa, quizás con ojos verdes y melena negra…
Sería lindo estar casadas y tener una hija con ella…
Agitó la cabeza alejando esos lindos sueños despiertos y prefirió concentrarse en preguntas más inteligentes, que demostraban su preocupación por la situación…
¿Cuánto duraría esto?
¿Tendría en verdad reverso?
¿Korra se acostumbraría?
¿Cómo la ayudaría a sobrellevar la situación y a facilitarle la vida?
¿Terminaría poniendo la morena de cabeza la mansión?
¿Cómo le haría cuando el lunes tuviera que ir a trabajar?
¿Cómo reaccionarían sus personas de confianza?
¿Cómo se lo ocultarían a la prensa?
¿Qué se pondría su novia si no tenían nada de ropa infantil?
Esa vieja camiseta la había salvado por esta noche, pero dudaba que la morenita pudiera sobrellevar los días a base de eso y su conjunto, otrora azul ahora rojo salsa, que yacía en la lavandería.
Agitó nuevamente la cabeza, no quería que por tanto pensar le doliera.
Acarició una vez más su cabello castaño, bajó sus dedos delineando su rostro y pinchando con cariño una de esas mejillas rechonchitas.
De cierta manera algo bueno había salido de esto.
Normalmente era ella la que dormía entre los brazos protectores de Korra. Ahora los papeles se habían invertido y podía retribuirle algo de ese cariño que la llenaba de seguridad. Podía abrazarla y protegerla de todo mal.
Y así lo haría sin dudar.
Dejó su libro en la mesita de noche, le dio un beso en la frente a su pareja y abrazándose más a ella, sintiendo su tierno calor, se dispuso a acompañarla en su viaje al reino de Morfeo.
Ya su mente trabajaría mañana para lograr solventar una que otra interrogante que generaba esa situación… Mientras disfrutaría de la ternura y grata compañía de su amor.
¡Hola!
Ya salí de vacaciones, pero he estado algo perezosa de escribir, pero ávida para leer.
Ah, pero claro… la inspiración, cuando se digna a aparecer, lo hace tipo 3am. Menuda ingrata.
Si bien este fanfic no tiene tan buena recepción como DWM (porque la ternura y comedia vende menos que la intriga jajaja) no lo dejaré porque escribir de Korrita bebé me suma años de vida.
Espero les haya gustado este capítulo. Recuerden, un review no cuesta nada y llena el corazoncito del escritor aficionado.
Saludos
Le chat et l'abeille.
