Bien, tarde bastante más corriguiendo este capitulo. La verdad tuve problemas con el concepto de "Song-Fic" (no vayan de soplones con FF plz u.u) y para adaptar la canción, pero creo que termine con algo más o menos bueno.

Sin más que decir, enjoy.

Disclaimer: La canción que aparece se llama "Yo no naci ayer" del compositor "Yayo Gutierrez".


Capitulo II: Retribución.

Luego de una energética noche escribiendo, Pearl se despertó con mucha energía. Se bañó, desayuno, se puso su mochila y guitarra y salió de su casa con al frente en alto y una sonrisa ganadora en su rostro.

Luego de avanzar un poco entre las calles de Ciudad Jubileo se encontró con su Maylene. La chica se encontraba ejercitando sus brazos en la rama de un árbol, pero dejo esa actividad al ver a su amigo. Aunque su expresión era de burla, la confianza que tenía el rubio la consterno.

—Wow, pareces demasiado alegre —Maylene arqueó la ceja, intrigada.

—Tengo bastante energía, si te soy honesto —admitió con una sonrisa confiada—. He escrito una canción increíble, y estoy ansioso por qué los chicos la lean.

—Oh, eso lo explica —Maylene sonrió levemente y fue por su mochila—. Déjame adivinar, es una canción referente a Platinum, ¿verdad?

—Tal vez —el chico se llevó los brazos a la cien y cerró los ojos—. Digamos que es mi replica.

Maylene no pudo evitar reír levemente, la actitud que tenía su amigo le parecía tan infantil. Sin embargo, no podía negar que ver esa seguridad en su rostro le alegraba, aun si fuera por algo tan tonto.

—Sigues siendo un niño —dijo con una sonrisa en el rostro.

—Oh, ¿lo dice la niña que quiere vencer a otra chica solo porque cree que es "más ruda" que ella? —preguntó, arqueando la ceja.

—Eso es muy diferente —aseveró con un tono agresivo.

—Si tú lo dices —el chico entre cerró los ojos, maquinando un plan—. El primero en llegar a la escuela le compra un café al otro, en tres, dos, ¡uno!

Sin perder tiempo, Pearl salió corriendo, agarrando por sorpresa a la distraída Maylene. La chica de cabello rosa no pudo evitar arrepentirse de alegrarse por ver a su amigo alegre. Al menos en un estado natural podía ganarle físicamente.

[…]

—Bueno, tengo que admitir que esta sería una buena canción, si fuéramos una banda que hace música para una porno —regañó Y a Gold, dándole la hoja con la letra de su canción.

—Por favor, al menos la mía no es tan deprimente como la tuya —reclamó Gold—. X te está influenciando.

La banda se reunía al fondo del patio de la escuela, un lugar con tres troncos que eran perfectos para sentarse. Ahí mismo es donde los tres comenzaban a discutir sobre las canciones que proponían.

—Prefiero algo reflexivo a algo tan vulgar —reclamó Y—. ¿Y tú que tienes, Pearl?

—Por fin, esperaba que me preguntaran —respondió con tono emocionado—. Tomen.

Ambos tomaron la hoja y comenzaron a leerla la canción que había compuesto. Conforme sus ojos recorrían cada párrafo del texto, sus rostros reflejaban genuina sorpresa.

—Wow, está bien —admitió Gold.

—Y bastante personal —Y miró a Pearl directamente—. ¿Te inspiraste en algo?

—Un poco —admitió de manera soberbia—. ¿Creen que podamos tocarla? Los acordes son bastante sencillos.

—Bueno, podríamos, pero —Gold miró directamente a Y, la cual le devolvió la mirada.

—¿Qué ocurre? —preguntó, confuso.

—Pearl, esta canción es muy buena, pero creo que los tres sabemos por qué la hiciste —Y se cruzó de brazos—. ¿Estás seguro que quieres intentarlo?

—Debo admitir que Y tiene razón, yo sé lo que es dedicar canciones, y se el poder que tiene.

—Oh, claro que estoy seguro de esto —el rubio miró con arrogancia a ambos—. Se lo que quiero, y si ustedes están de acuerdo, lo haremos.

Gold e Y volvieron a intercambiar miradas y asintieron. Tocarían esa canción. Era una buena canción, pero ambos no estaban seguros de que Pearl soportaría llevar aquella pequeña vendetta hasta sus últimas consecuencias. Al final solo quedaría esperar.

[…]

Día del concurso

El día que Pearl tanto había esperado finalmente había llegado. Las semifinales del concurso de bandas se celebrarían en el auditorio "Meltan", el más grande de toda la escuela.

Fue ahí donde se presentó Maylene. La chica, luego de anotar su entrada en una mesa a las afuera del auditorio, entró dentro del enorme recinto. Había bastante gente y el ruido era bastante fuerte.

Luego de unos instantes bajando unas escaleras, Maylene pudo encontrar un buen asiento; la antepenúltima fila. La chica pudo sentarse y de inmediato sacó su teléfono, revisando los mensajes de su amigo, faltaba poco para que finalmente participara.

Mientras hablaba con su amigo, una chica se acercó y se sentó a su lado. Al principio Maylene no pudo identificarla debido a la poca luz, pero finalmente descubrió de quien se trataba después de iluminar fugazmente a la chica con teléfono,

—¿Platinum? —preguntó Maylene, confusa.

—Hola, Maylene —respondió un poco fuerte, para que la chica la pudiese escuchar—. ¿Sabes si Pearl ya tocó?

—No, todavía no —sus ojos estaban completamente abiertos al ver a la heredera ahí—. ¿Por qué viniste aquí?

Platinum respondió con un rostro extrañado, moviendo la cabeza.

—¿Por qué no vendría? —preguntó de vuelta, confusa.

—Pensé que Pearl no era lo suficientemente "digno" para ti —remarcando las comillas con sus dedos.

—No entiendo a qué te refieres.

—Oh, vamos, no puedes decirme esto —un ligero toque de enojo se podía sentir en sus palabras—. No puedes humillar a mi amigo y luego venir aquí, es algo grosero.

—¿Yo cuando humille a Pearl? —preguntó Platinum, enojada.

—No te hagas la tonta —Maylene replicó, más enojada—. La nota del periódico escolar.

Platinum se quedó un minuto en silenció, intentando interpretar lo que había pasado. De manera veloz sacó su teléfono y comenzó a buscar aquel artículo que Maylene le había dicho.

Por su parte, el rostro de Maylene pasó de enojó a sorpresa al ver aquella reacción. El ver el rostro de Platinum al ir leyendo lentamente la publicación hizo que sus labios expresaran un pequeño.

—Oh no.

De pronto apareció la banda de Pearl, listos para empezar a tocar. Su entrada fue seguida de fuertes aplausos y gritos por parte de los alumnos que se encontraban presentes. Los tres se sentían bastante alegres de ver a tanta gente.

Pearl se encontraba bastante más alegre al ver el rostro de Platinum entre la audiencia. Honestamente no le esperaba en aquel lugar, pero agradecía a Arceus que ella estuviese ahí, junto a Maylene, la cual parecía querer decirle algo al mover sus manos de un lado a otro sobre su cuello.

—Muy bien chicos, ¿están listos? —preguntó Y, determinada

—Por supuesto ¿Y tu cabello de queso? —bromeó Gold.

—Claro mi querido pervertido, más listo que nunca —Pearl sonrió de manera confiada, acercándose al micrófono—. Hagamos esto.

Sujetando sus instrumentos, Pearl tomó con fuerza el micrófono y habló con un tono bastante orgulloso.

—¡Hola a todos! —gritó, causando gritos por parte del público—. Bueno, hoy les traemos para participar una canción de nuestra autoría, con una especial dedicatoria a la chica de la antepenúltima fila, Platinum Berlitz. Espero les guste.

Un ruido escandaloso y burlón salió de los labios de los alumnos, los cuales pusieron a Platinum bastante incomoda. Sin embargo, aquello no era lo último que haría sentir mal a Platinum aquella tarde.

Los instrumentos comenzaron a tocar en una armonía bastante alegre y viva. La tonaba incitaba a levantarse y comenzar a bailar, la tonada tenía bastante enganchados a todos.

Lo interesantes llegó cuando Pearl comenzó a cantar. Una letra que expresaba claramente lo que Pearl había sentido cuando leyó aquello que Platinum había dicho. Una indirecta bastante directa que todo el mundo entendió.

—"Yo sé que no naciste a ayer pero, por Arceus, ¿Qué me estas entendiendo? Yo sé que tienes clase y que todos te quieren tener, pero conmigo te estas confundiendo".

El público ovacionaba la letra, entendían la referencia y se reían y miraban con condescendencia a Platinum. Una Platinum cuyas pupilas se habían contraído y su tono de piel se volvía más blanco que de costumbre.

Maylene no pudo evitar negar con la cabeza y darse un golpe en la cabeza. La chica solo dio una risa seca y se recostó en su asiento, esperando que aquello no empeorara.

—"Aquí no hay Growlithe que te hable".

Olvídenlo, esto se podía poner peor. Los gritos comenzaron a volverse un poco más fuertes, escuchándose algunos insultos escatológicos contra la Berlitz. Aquello provocó que algunos maestros se levantaran e intentaran amonestar a los alumnos que decían aquellas cosas.

Mientras la armonía comenzaba a terminar, las lágrimas finalmente salieron del rostro de la Berlitz. Sus manos se acercaron de manera lenta a su rostro mientras sentía una gran presión en el pecho. Luego de que la canción terminara, Platinum no pudo aguantar más y huyó del lugar, provocando que Pearl esbozara una gran sonrisa burlona y Maylene se pegara en la cara con la palma de su mano.

La banda finalmente terminó de tocar y se retiraron entre aplausos y gritos por parte de los alumnos. Maylene solo le dirigió a Pearl una mirada de burla, cruzándose de brazos y negando con la cabeza.

Luego de dos presentaciones más, los jueces finalmente deliberaron y dieron su veredicto. La banda de Pearl había resultado ganadora y se presentarían en las finales la próxima semana. Estuvieron a punto de perder el concurso después de que uno de los maestros los regañara sobre la dedicatoria, pero al final se decidió no eliminarlos.

Con los resultados dichos, todos los alumnos comenzaron a retirarse. Maylene de inmediato buscó a Pearl, el cual ya había empacado su guitarra y se había despedido de sus amigos.

—Bien hecho Pearl —saludó Pearl, golpeándole ligeramente—. Ganaste a pesar de incitar al odio, tienes mucha suerte.

—No te preocupes, Y y Gold ya me regañaron por ello, malditas nenas —respondió Pearl de manera engreída.

—Y es mujer —Maylene arqueó la ceja.

—Es un decir. ¿Y a ti que te pareció?

—Bueno, más o menos, la tonada era pegadiza —admitió, meneando la cabeza—. Igual lograste tu objetivo, Platinum salió corriendo.

—Se lo merecía, después de todo ella me humilló primero —gruñó Pearl—. Por cierto, antes de empezar me hiciste un gesto, ¿qué querías decirme?

—¿Hmm? —Maylene abrió los ojos al recordarlo, luego de pensarlo un poco cerró los ojos y negó con la cabeza— Mi desagradó por estar cerca de ella, solo eso —una sonrisa burlona salió de sus labios—. Por cierto, ¿has pensado en Diamond?

La expresión orgullosa de Pearl se desvaneció de manera apresurada al pensar en aquello. Había olvidado por completo en Diamond, su mejor amigo. Un extraño sentimiento de culpa y ansiedad comenzó a apretar su pecho. Lentamente el chico negó con la cabeza.

—Diamond, entenderá la situación.

—Claro, el enamorado de Platinum entenderá tranquilamente que humillaste a la chica que él quiere —el tono de la chica era bastante burlesco—. Seguramente le parecerá gracioso.

—Deja tu sarcasmo —reclamó Pearl, enojado y nervioso—. Ella comenzó esta guerra, yo no la obligue.

—Claro, y tú seguiste el juego como el niño que eres —riendo de manera sínica—. Me gustaría ver como Diamond te increpa por ello.

—Lo dice la que quiere patear a Sapphire sin ninguna provocación —aunque bromeando, Pearl no podía disimular su preocupación—. De acuerdo, vamos a mi casa a la salida de la escuela, seguramente Diamond llamara y veras como arregló esto.

—Bueno, será divertido ver cómo te quedas sin mejores amigos. Nos veremos, tengo clase —la chica comenzó a retirarse—. Velo por el lado amable, aún podemos seguir siendo mi amigo.

—Tal vez este mejor solo —reclamó con nerviosismo.

Maylene solo hizo un gestó y se retiró del lugar, dejando a Pearl con una extraña presión en el pecho. No había pensado bien en la reacción de Diamond, incluso se sentía ligeramente arrepentido.

Sin embargo, no había vuelta atrás. Lo único que le queda era aferrarse a la esperanza de que Diamond entendiera que aquella retribución era justa. O al menos eso pensaba el rubio. Esa era la idea a la que se aferraba a creer.

[…]

Luego de las clases, Pearl y Maylene fueron a la casa del primero, esperando a que Diamond les llamase. La pelea de Maylene seria mañana, por lo que ella entrenaría con Pearl.

Para esto, el rubio sacó su laptop al pequeño patio de su casa, la puso en una mesa y subió el volumen a la aplicación de videollamada para poder escuchar el llamado mientras entrenada con Maylene.

—Vamos Mayli, tienes que patear más rápido —gritó Pearl mientras cubría una patada con su pierna.

—Cállate, maldita Perlita, te mostrare mi velocidad.

Maylene trató de golpear la parte izquierda del abdomen de Pearl, pero este reaccionó y saltó hacia atrás. Entonces trató de dar una patada, la cual Maylene repelió con su antebrazo.

—Vamos, Sapphire es mucho más rápida que eso.

—Pues Sapphire puede hacer esto —Maylene arqueó la ceja con un gesto retador.

Maylene le dio dos patadas rápidas a Pearl por el flanco derecho, las cuales repelió con algo de dificultad. Después dio otras dos patadas rápidas por la izquierda, y finalmente dar una patada giratoria que logró darle en la cara a Pearl, lo que hizo que el cayera.

—Finalmente lo lograste —celebró Pearl, mientras se sobaba la cabeza por el golpe —. Se nota que eres fuerte.

—Eso pasa cuando mencionas la palabra mágica —dijo con una voz completamente agitada—. Ya tengo esta técnica dominada, mañana destrozare a esa supuesta niña salvaje.

—Espero no le rompas el cráneo —bromeó Pearl, levantándose—. Diamond no ha llamado, me parece curioso.

—No tardara, seguramente Platinum le debe estar contado lo que pasó ahora.

El cansancio de aquel momento anuló su capacidad de sentir estrés, realmente había estado peleando por un largo periodo con ella. Luego de recuperar el aliento, el rubio caminó hacia la mesa de la laptop donde ya lo esperaba una refrescante y fría botella de soda.

—¿Enserio vas a tomar soda después de este ejercicio? —preguntó Maylene, arqueando la ceja.

—Tú eres la que quieres estar en forma, a mí me da igual —replicó, destapando la soda y bebiéndola.

—Eres un gordo sin remedio —Maylene comenzó a estirarse.

Mientras la chica se estiraba, un sonido de desgarre pudo escucharse. Los ojos de Pearl se movieron con lentitud hacia la figura de una Maylene pasmada y palpando sus espalda. Luego de eso le vino un repentino sonrojo y molestia.

—Maldita justicia poética, ¿no lo crees? —Pearl rio levemente.

—Cállate —bufó Maylene, sonrojada y enojada—. Mi camisa favorita.

Pearl rio un poco más y luego volvió a beber. Maylene entonces se dio vuelta y el rubio pudo ver como se había roto la camisa; era una gran rasgadura en la mitad de la espalda, una rajada que estaba a punto de romper la camisa y dejaba al descubierto la parte de la espalda y sostén de la entrenadora. Luego de verla por un rato, Pearl alejó la mirada con un sonrojo leve.

—Oye, ¿puedes prestarme una de tus camisas? —preguntó Maylene, moviendo sus hombros.

—¿Disculpa? —el sonrojo de Pearl aumentó.

—No te emociones. Es solo que no creo llegar a mi casa con esta camisa. Somos de la misma talla, así que podrían quedarme, aunque tu estas más gordo —Maylene sonrió de manera burlona.

—Lo dice quien rompió la camisa —Pearl rio levemente, aligerando su tensión—. Como quieras, están en mi armario.

—Vale, iré por ella, y más te vale no mirar —mencionó de manera amenazante, dirigiéndose a la casa.

—No quiero ver tablas de surf —gritó Pearl de manera burlona.

Maylene solo le devolvió una mirada asesina y entró a la casa. Mientras tanto, Pearl entró a su laptop para investigar el blog de la escuela, donde había una nueva actualización, donde salía su canción y como título "El peón que destruye a la reina".

El ver aquel titular le hizo tener sentimientos encontrados. Si lo hubiese leído en la mañana tal vez lo tomaría con una victoria, un gran logro personal. Ahora era una nota amarga que le recordaba lo que había hecho, haya sido bueno o malo.

Suspirando, el chico levanto la mirada levemente para poder observar su cuarto, en la cual reposaba la figura de una chica de cabello rosado y piel blanca, quien se había quitado su sostén y tenía su espalda al descubierto.

El sonrojo apareció una vez más, por lo que apartó la mirada rápidamente. Aunque alejo la mirada, algo dentro de él, tal vez morbo o curiosidad, le hacía querer voltear de nueva cuenta. En su mente rondaron las imágenes de la espalda de la chica, una espalda bien tonificada y dura, tanto así que le daba curiosidad saber cómo se sentiría al tacto.

En el acto de imaginarse tocando sus ojos hicieron contactó con una pequeña rasgada que tenía en su palma. Una rasgada fina que era un pacto que había sellado con ella, hace mucho tiempo. Un pacto de una amistad perpetúa.

Mientras recordaba aquella promesa, un sonido armonioso y repetitivo salió de su laptop. Sus ojos se desplazaron hasta la pantalla que mostraba el aviso de una llamada entrante; Diamond. Sin perder tiempo el chico contestó la llamada.

—Hey, Dia… quiero decir, Diamond, ¿Qué tal? —preguntó de manera energética.

No hubo un respuesta, solo silenció. El silenció era complementado con una expresión seria por parte de Diamond. Pero no era seriedad fría, los ojos de Diamond reflejaban algo de tristeza, tal vez incluso culpa.

—Platinum ya me lo contó.

—Oh, eso es lo que te ponía tan serio —Pearl rió de manera nerviosa—. Oye, fue una gran canción.

—¿Y era necesario que la humillaras? Ella no te ha hecho nada.

—Como rayos que no, acaso no leíste el artículo de la escuela, donde ella me humilló a mi primero —reclamó Pearl, molestándose un poco.

—¿Te refieres a la entrevista? —preguntó, arqueando la ceja.

—¿Ves? No te hagas el que no sabes. Ella empezó esta guerra, no puede quejarse —Pearl comenzó a alzar la voz—. Además, tu eres mi mejor amigo, deberías apoyarme, no a ella, yo ni siquiera la ataque a esa niña engreída y…

—Coal editó ese artículo —Diamond interrumpió a Pearl.

Aunque estaba en medio de su defensa, escuchar aquel nombre le hizo detenerse por completó. Su rostro cambió a una expresión de sorpresa.

—¿Coal? ¿Hablas enserio? —Pearl estaba con genuina sorpresa—. Ese sujeto ha creado las mayores difamaciones de la escuela.

—Así que fue él, eso lo explica todo —Maylene se acercó a Pearl, portando una camiseta a rallas—. Hola, Diamond, ¿ya dejaste de ser amigo de este sujeto?

—¿Lo explica todo? —preguntó Pearl, confundido.

—Luego te lo explico —Maylene sonrió levemente—. ¿Platinum enserio aceptó una entrevista con él?

—No, otra persona la entrevistó, fue Coal el que editó todo para generar más interés.

Pearl no pudo evitar sentir como la piel se le erizo y se enfrió. Había cometido un error, un terrible error. Su boca comenzó a balbucear en negación mientras las imágenes de la Berlitz llorando aparecían en su mente.

—Oh Pearl, te acabas de meter en un lio —Maylene golpeó la espalda de Pearl—. Aunque no te culpó, yo tampoco me di cuenta a la primera de eso.

—Por Arceus —Pearl se llevó las manos a la cabeza, recargándose en la mesa—. ¿Cómo esta ella?

—Mal, sigue llorando —Diamond suspiró—. Ahora entiendo que es lo que pasó. Sin embargo, si te pasaste con ella.

—En definitiva lo hizo —Maylene suspiró—. Oye, ¿crees que acepte un perdón por parte de él?

—No lo sé, no está muy bien.

—Y aunque lo hiciera, el daño ya está hecho —Pearl se pasó las manos por el rostro—. Diamond, lo siento, yo no sabía.

—No eres conmigo con quien debes disculparte, Pearl —respondió Diamond—. Intentare calmar a Platinum. Creo que es lo mejor que puedo hacer por ahora. Nos vemos.

Diamond finalizó la llamada. Dejando a Pearl completamente frustrado. Se sentía enojado, se sentía estúpido, el hombre más miserable del planeta. Con una gran presión en el pecho.

Maylene entonces le puso una mano en el hombro, intentando consolar un poco al chico.

—Ella genuinamente fue ver y mi concierto y yo la humille —dijo en voz baja, para después alzar la mirada hacia Maylene—. La señal que me hiciste era para que no lo hiciera, ¿verdad?

—Sí, así fue —admitió Maylene.

—¿Y por qué me dijiste que fue por otra cosa?

—Querías que cometieras el error, pensé que sería divertido ver la expresión en tu rostro al darte cuenta que la habías cagado. De igual forma, no creo que eso importe ahora.

A pesar de que creía que sería divertido, la cara de Maylene no expresaba risa alguna. Era extraño, ver a Pearl de esa forma, lejos de darle risa, le inspiraba tristeza.

—Debó hablar con Coal, necesito una explicación —Pearl se calmó un poco.

—¿Quieres que te acompañe? No eres demasiado amenazante para conseguir respuestas.

—De acuerdo —respondió, con una cara reflexiva—. Sí no te importa, me gustaría estar solo, necesito meditar lo que pasó.

—Claro, nos vemos mañana a la entrada —Maylene esbozó una tímida sonrisa y golpeó el hombro de Pearl—. Gracias por la camisa, te la doy mañana, Perlita.

Aunque Maylene intentó aligerar el ambiente, Pearl no reaccionó a la broma. Se quedó de piedra, mirando a la nada y sujetando su cabeza. Maylene se alejó, realmente no comprendía como aquella situación no le causaba la gracia que esperaba. Ver a Pearl de esa forma le hacía sentirse mal. Demasiado mal.

[…]

El día siguiente llegó y, luego de dos clases donde no se dirigieron palabra alguna, Pearl y Maylene caminaron hacia el salón de la prensa. Al llegar a la enorme puerta de madera, Pearl la golpeó con fuerza.

—¡¿Dónde está Coal?! —gritó Pearl.

Luego de unos segundos una chica de pelo rubio abrió la puerta con un poco de miedo.

—Lo siento, Coal no está aquí —respondió con timidez.

—A nosotros no nos mientas, sabemos que el idiota de Coal está aquí —respondió Maylene, agresivamente.

—¡Coal, no te escondas maldito cobarde! —vocifero el rubio.

Pearl entró por la fuerza, apartando a la chica rubia, obligándola a retroceder. La expresión de miedo de la chica contrastaba con la mirada de furia de los dos alumnos.

—Vaya, el señor Pearl viene hacernos una grata visita, ¿Qué te trae por aquí? —dijo una voz.

Dentro de la pequeña habitación se levantó un chico alto, de anteojos, ojos cafés y cabello negro cortó. El chico se alejó de su escritorio y se acercó con una mirada retadora.

—¿Quiero que me digas la verdad sobre la entrevista a Platinum?

—¿La entrevista a Platinum? Pero si toda la verdad está en el blog, ¿acaso no lo leíste para sacar tu canción? —preguntó, arqueando la ceja de manera retadora.

—No te vengas con tonterías, sé que modificaste la entrevista.

—¿Yo? ¿Un periodista de mi clase? Por supuesto que no.

—Yo me encargo —mencionó Maylene calmada.

A pesar de la diferencia de alturas, Maylene no se dejó intimidar y derribó a Coal de una patada. Cuando el hombre cayó al suelo, Maylene tomó un libró, lo arrojó sobre su entrepierna y puso su pie encima, comenzando a poner más pesó sobre su pie.

—Escúchame muy bien, pedazo de infeliz, ahora mismo te levantaras y le darás la entrevista real a mi amigo y responderás todas sus preguntas, a menos que quieras que tu generación deje de existir —dijo con una voz calmada pero bastante intimidante.

—¡Esta bien, está bien, pero déjame en paz! —gritó Coal adolorido.

—Muy bien —Maylene quitó su pie.

Coal inmediatamente se puso en posición fetal, para después decirle a la otra chica rubia que saliera del lugar. Luego de que salió, el chico se levantó con dificultad y caminó hacia su computadora y conectó una memoria.

—De acuerdo, aquí tienen —el chico reprodujo el video de la entrevista y se los mostró.

En la entrevista original, las respuestas de Platinum eran menos exageradas, destacando que en realidad era una chica que no le gustaba que todos pensaban que era muy egocéntrica.

Maylene y Pearl no parecían demasiado interesados en las preguntas. Fue hasta que llegó al punto que buscaban que ambos prestaron mucha más atención.

"—Platinum, como ya sabrá, muchos chicos están interesados en usted, pero recientemente mis fuentes confirman de buena mano que el guitarrista Pearl, de la banda "The Blazes" está interesado en usted ¿Qué opina al respecto? —preguntó la misma chica tímida que se había retirado.

Pearl, es uno de los mejores amigo de Diamond, quien siempre quiso que me hablara con él para conocernos, sin embargo, nuestras personalidades siempre chocaban, por eso nunca nos llevamos bien. Sin embargo debo admitir que es un buen tipo, las canciones de su banda me han encantado, y siempre los he apoyado. Pero, honestamente él no me gusta, yo estoy interesa en un único chico, además la vida de un músico debe ser muy agitada para pensar en cosas del amor"

Esa parte del audio solo dejo a Pearl con un sentimiento de culpa mil veces mayor. La expresión de incredulidad y arrepentimiento que tenía hizo que Maylene se molestara.

—Coal, este audio es muy diferente a lo que escribiste, ¿Por qué lo modificaste? —preguntó Maylene.

—¿No era obvio? Ese audio era muy soso, sin drama, no tendría un verdadero impacto para el lector, por lo que decidí cambiar algunas cosas para que la gente estuviera alegre con el resultado.

—Lo único que hiciste fue satanizar a Platinum para dejarla ver como una chica aún más egoísta y presumida —gruñó Pearl enojado.

—¿Qué más podía hacer? —Coal se levantó y fue a ver el patio por medio de una ventana— La gente quiere ver a una Platinum mala y perversa, y eso fue lo que les di, si desafiara su visión del mundo jamás leerían el blog. A la gente hay que darle la basura que necesita, después de todo, así es como el periodismo vende.

—Tenemos que mostrar este audio ahora —interrumpió Pearl sacando la memoria de la computadora.

—No hagas nada estúpido —Coal se enojó, caminado hacia Pearl—. Si haces eso, puede que mi carrera periodística se vaya a la basura.

—Eso debiste pensarlo antes de publicar tus tonterías —respondió Maylene, cortándole el pasó.

—Te recuerdo que si ese audio sale a la luz, tú también quedaras manchado, serás visto como el peor tipo de la escuela —grito, mientras Pearl solo se quedó pensativo.

—Supongo que no queda otra opción —admitió Pearl, con una sonrisa—. Estoy dispuesto a pagar ese precio.

Coal intentó quitarse a Maylene de su camino, pero ella respondió dándole un golpe en la entrepierna. Luego de eso, ambos salieron de la oficina, dejando a Coal en el suelo.

—Espero no te amonesten por haberlo golpeado —dijo Pearl, algo preocupado.

—Es un precio que estoy dispuesto a pagar —Maylene sonrió con determinación—. Pero no hagas que mi sacrificio sea en vano, distribuye esa cosa.

—Sí, la publicare en YouTube y las distribuiré en todas partes —Pearl sonrió de vuelta—. Muchas gracias por esto, enserio.

—No me agradezcas, solo has lo que debes hacer —Maylene le dio una palmada en el hombro—. Solo espero que estés listo para los insultos de la escuela

—No será muy diferente a estar contigo en tu casa —bromeó Pearl.

Con esa pequeña broma ambos fueron a su siguiente clase. Maylene esta vez no se enojó con Pearl, el ver a su amigo con una cara más tranquila le hizo sentirse aliviada.

[…]

Las horas pasaron y el gran momento de Maylene había llegado. La pelea de la semi-final se celebraría en el salón de gimnasia de la escuela, justo a la salida de la última clase de Pearl.

El chico salió de su salón con una sonrisa en el rostro. El tener la memoria en su poder provocó que su tensión se fuera y una extraña alegría lo contagiara al pensar en Maylene. No quería perderse aquel acontecimiento.

Sin embargo, mientras avanzaba entre los pasillos repletos de alumnos, unas risas llamaron su atención. Deteniéndose en una intersección, el chico giró la cabeza y pudo ver a una multitud en medio del pasillo.

"¡Ha! la humillaron", "Pase por aquí su majestad", "Tonta pretenciosa" fueron algunos de los calificativos que podían escucharse entre todas las risas de la multitud. El rubio comenzó a caminar hacia ellos con una expresión de coraje.

—Vamos, niñita, ¿Qué vas harás ahora? ¿Vas a golpearnos con billetes? —dijo un chico con voz sarcástica

—Por favor, déjenme tranquila —dijo Platinum con una voz tímida, aferrada a sus libros, intentaba no hacer contacto visual.

—Uy perdón, su majestad —respondió el mismo agresor.

—¡Ups! —una chica de pelo negro pasó por detrás de la Berlitz y "tiró" su bebida en su cabeza.

Aunque Platinum quería mantener la frente en alto, estar en medio de aquel grupo la paralizaba. El sentir como la bebida mojaba su ropa y sus útiles escolares le hizo querer correr y salir de aquella aglomeración lo más rápido posible. Aunque lo intentó, un chico alto le impidió el paso.

—¿No eres de la realeza? Entonces pide las cosas con elegancia —dijo con una voz cínica.

—¿Por qué no la dejas tranquila?

Toda la multitud dirigió su mirada hacia la persona que hablaba; Pearl. El chico se había abierto camino entre la gente y se había puesto a pocos metros de un Platinum que se negaba a voltear.

—¿Y qué si no quiero? —preguntó, arqueando la ceja— Además, ¿Por qué te metes? Tú mismo dijiste que ella empezó.

—Oye, yo digo muchas cosas estúpidas, como todos aquí —replicó, avanzando—. Solo déjala pasar, no te hizo nada.

—No lo creo, podemos divertirnos otro rato —el chico se acercó a la Berlitz—. Oh no, queri…

La frase no pudo ser concluida, pues el chico recibió un golpe directo en la cara por parte de Pearl. El golpe dejó a todos sorprendidos, lograron que se apartaran un poco.

—Ser amigo de Maylene tiene sus ventajas —admitió—. Dejen a Platinum tranquila, no se comporten como animales.

—Oye, pero tú mismo fuiste el que la atacó —reclamó el chico en el suelo, levantándose e intentando golpear a Pearl.

El golpe iba directo al estómago, pero Pearl logró esquivarlo y devolvió el golpe de una patada, provocando que el chico volviera a caer. Aquello provocó que la gente se alejara un poco más, empezando a dispersarse.

Sin perder el tiempo, Platinum comenzó a correr hacia otra dirección. Pearl entonces corrió hacia donde ella y la detuvo poniéndose justo delante de ella.

—¿Te encuentras bien? —preguntó, preocupado.

—No es algo que te incumba —respondió, enojada—. Déjame sola.

—Oye, ya que hice mal, pero quiero disculparme y…

—Ya te dije que me dejes en paz —reclamó con más enojo.

Estaba vez Platinum volteó a ver a Pearl directamente a los ojos. El rostro de Platinum estaba empapado en lágrimas, con su maquillaje corrido y manchas de jugo en varias partes de su cara. Sus ojos mostraban una fuerte desesperación y tristeza, tristeza que provocó que a Pearl se le hiciera un hueco en el estómago y un nudo en la garganta.

Sin saber que más responder, la chica le dio la vuelta y volvió a correr hacia los salones, dejando a Pearl completamente desolado. Sus ojos miraban al vacío, la expresión en el rostro de Platinum le había hecho sentirse miserable, demasiado miserable.

Fue entonces que volteó y miró como Platinum se refugiaba en el primer salón vació que encontró. Aquello era su culpa, que aquella chica que no le había hecho daño a nadie ahora se refugiaba para no hacer contacto con nadie. Tenía la memoria en su poder, pero esta vez tenía que hacer algo más. Con determinación, el chico cruzó el pasillo hacia aquel salón. Nada le impediría hacer lo correcto esta vez, nada.