Los personajes de Twilight no son míos sino de Stephenie Meyer, yo solo me divierto un poco con ellos.


Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite fanfiction)


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Capítulo 1

Las suaves y húmedas manos tocando mi pecho me hicieron sonreír, no necesitaba girarme para saber quién era la intrusa descarada que se había colado a mi ducha.

—Pensé que llegarías tarde —murmuré quitándome el jabón del rostro.

—¿Y perderme la ducha contigo? Imposible, bebé.

Me giré para ver la cabellera castaña que iba oscureciéndose conforme el agua la mojaba, ni siquiera me detuve a pensar en por qué ella estaba más temprano de lo normal, solo sabía que estaba aquí y no iba a desperdiciar mi tiempo con ella.

Solo Dios y nosotros sabíamos el poco tiempo que teníamos para nosotros.

La besé al mismo tiempo que ella envolvía sus brazos alrededor de mi cuello, besarla era definitivamente una de mis cosas favoritas.

Hice el intento de levantarla, pero picoteó mi costilla, sacándome un gemido de dolor.

—La última vez que lo hicimos aquí, terminamos en Urgencias —se rio al mismo tiempo que me apartaba y daba un paso para que el agua de la regadera la mojara por completo, su cabello pegándose a su espalda, dejándome ver como las gotas de agua recorrían sus prominentes caderas.

Bella era una mujer de curvas, no tenía una cintura fina ni vientre plano, no tenía grandes pechos, pero sí un buen culo que a mí me encantaba.

Fue su culo lo primero que vi en la barra del bar cinco años atrás, ella estaba inclinada intentando llamar la atención del barman, su ajustado pantalón definía cada curva de su trasero, lo apretaba lo suficiente para que a mí se me hiciera agua la boca.

Recuerdo perfectamente cuando lo tomé entre mis manos, Bella se rio y me llamó pervertido, también lo hizo cuando se lo besé y volvió a repetirlo después de que encontró un chupetón en su nalga izquierda.

—Deja de mirarme el culo, pervertido —se rio girándose, dejando ver sus oscuros pezones, le encantaba llamarme pervertido cuando ella era mil veces peor que yo.

—¿Qué tanto necesitas la ducha? —pregunté tomando sus caderas y acercándola a mí, nunca tenía suficiente de ella.

—Te diría que mucho —se encogió de hombros—, pero terminaré sudada y pegajosa si me coges apenas salga del baño, así que mi ducha puede esperar.

—Con un no me bastaba, Bella.

—Sabes que te encanta escucharme hablar.

No lo negué, ambos sabíamos que era cierto, así como de ciertas eran mis ganas de entrar en ella, es por eso que cerré la llave del agua y nos saqué del baño, Bella se rio y murmuró algo de secarse y de oler a perro mojado, pero no pudo importarme menos.

La acosté en la cama sin importarme que las sábanas terminaran mojadas, no es que las fuéramos a utilizar, planeaba mantenerme despierto toda la noche junto con Bella, además era posible que termináramos durmiendo en la sala.

—¿Te he dicho que tienes un pequeño tic en el ojo izquierdo que haces cuando no decides qué quieres hacer primero?

—Me lo has dicho unas dos, tres o trecientas veintitrés, veinticuatro, si cuentas la vez en que terminamos atrapados en el tráfico, pero ¿quién cuenta?

Bella se rio haciendo que su pecho rebotara por el movimiento, verla tendida en mi cama era un verdadero espectáculo, las puntas moradas de su cabello cubriendo sus oscuros pezones, los cuales contrastaban con la blancura de su piel, una piel tersa que sabía a melocotón, yo lo sabía con certeza, había probado su piel cada fin de semana por los últimos cinco años.

—¿Ocurre algo, Edward? —preguntó acariciando mi mejilla.

—¿Alguna vez te he dicho lo guapa y sexi que eres?

—Unas cinco, veinte o diez mil ochocientas cincuenta y tres veces, pero ¿quién cuenta?

—Acabas de inventar ese número —me burlé inclinándome para besar castamente sus labios.

—No tienes manera de probarlo.

Ambos reímos antes de sumergirnos en nuestra burbuja privada de placer.

—Así que Jessica me entregó los papeles equivocados por quinta vez, no digo que sea una incompetente, pero no es exactamente teoría cuántica, es solo generar el informe y entregármelo. ¿Sabes qué?, sí es una incompetente.

Escuché a Bella hablar mientras recalentaba nuestra cena, el plan era que la comiéramos apenas nos fuera entregada, pero ya que incluso cuando el repartidor llegó con la comida ninguno había tenido suficiente del otro, nos habíamos quedado dormidos sobre el sofá, despertando a mitad de la madrugada con nuestros estómagos rugiendo.

Le ofrecí a Bella bañarse mientras calentaba nuestra comida, pero dijo que estaba lo suficientemente cansada como para importarle el sudor de su cuerpo, además la había limpiado lo suficientemente bien para que se sintiera pegajosa.

Ella era una pervertida.

Ahora estábamos hablando de nuestra semana en el trabajo, ella sentada detrás de mí, usando solamente mi camiseta, tenía el cabello recogido en un alto moño, se veía sexi.

Aunque para mí siempre se veía sexi.

Bella no era precisamente miss universo, pero a mí me gustaba, me encantaba poder tocarla, sentir cada una de sus curvas, cada centímetro de su piel sin importar la dureza o flacidez, me gustaba tomarla entre mis manos. Bella era adictiva para mí, pero no solo su cuerpo me atraía, a veces ella solo necesitaba abrir la boca para que me tuviera en sus manos, era sumamente inteligente y no me refería a la chica que resolvía problemas algebraicos o que podía entender ecuaciones que ningún otro mortal podía, Bella tenía todas estas cosas locas que sabía sin razón alguna.

¿Sabías que los gatos naturalmente no maúllan?, solo los gatos domésticos lo hacen y es para imitar a los humanos con los que viven.

Edward, ¿sabías que los escáneres del código de barras no escanean las columnas negras, en realidad son los espacios en blanco lo que escanean?

¿Sabías que las construcciones que aparecen en los billetes europeos en realidad no existen?

¿Sabías que existe un puente internacional que mide poco más de tres metros? Pues existe y separa a España y Portugal.

Bella era todo un libro de información, era muy extraño que ella no conociera sobre algún tema raro o poco común, recuerdo cuando le llegó el periodo justamente un domingo por la tarde y me dijo un montón de "datos interesantes que debía saber sí o sí", me gustaba cuando actuaba como toda una sabelotodo, incluso su tono serio y pretencioso me volvía loco, pero me gustaba aún más cuando no podía recordar el nombre de las calles ni diferenciar la izquierda de la derecha.

—Te he dicho que no necesitas a Jessica —le dije al mismo tiempo que dejaba nuestros platos sobre la mesa—, puedes hacer el trabajo tú sola, Jessica solo te retrasa y hace que te enojes.

—Puede que tengas razón, pero ser el "rostro" de la organización consume mucho mi tiempo, además sabes que muchos de nuestros clientes me piden especialmente a mí, algunos son desconfiados y lo último que quieren es que sus asuntos privados sean esparcidos, así que, si mantener a Jessica para hacer cosas monótonas me da tiempo libre, no tengo ninguna queja.

—Sigo pensando que podrías hacer el trabajo sin problemas.

—Me encanta cuando me haces ver como una superdotada —se inclinó y me besó rápidamente antes de llevarse una porción de pasta a la boca—, te adoro más cuando me alimentas bien después del sexo.

—Necesito mantener a mi superdotada con energía, aún más cuando planeo quitarte esa camisa e ir por una ronda más.

Continuamos comiendo y compartiendo nuestros estresantes días en el trabajo.

Estar con Bella era fácil, no había pretensiones, ni expectativas, tampoco enojos injustificados, ni celos absurdos, ella sabía lo importante que era mi trabajo como profesor de filosofía mientras que yo sabía cuánto le importaba su trabajo como traductora.

Habíamos tenido esta rutina por los últimos cinco años, y ambos estábamos felices, éramos amigos, amigos que se entendían y apoyaban, amigos que follaban porque ambos necesitaban ese escape y placer que solo el sexo otorgaba.

Comenzamos solo como folla-amigos, pero cinco años después aquí estábamos, con una amistad bastante sólida.

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No visitaba a mis padres muy seguido, no es que fuera un hijo desobligado, los llamaba por lo menos tres veces a la semana, me acordaba de sus cumpleaños y aniversarios y siempre recibían un buen regalo de mi parte en Navidad, pero la idea de pasar tiempo en su casa no era precisamente mi ideal de pasar un buen día.

O tan siquiera un día.

Normalmente la casa estaba siempre llena, con mi hermana Alice y sus tres hijos de diez, siete y cuatro años jugando en los rincones, los quería y ellos a mí, pero tenía un límite para soportarlos, también estaba mi hermano Emmett, quien junto con su esposa Rosalie y sus gemelos de doce años, terminaban por llenar la casa.

O si por alguna razón mis hermanos no estaban en casa, alguna de las viejas amigas de mi madre andaba merodeando.

No era que la casa de mis padres fuera pequeña, después de todo, mi padre había sido corredor de bolsa, así que el dinero nunca faltó en casa, pero sí lo suficiente para sentirme sofocado por tantas personas, por esa razón no los visitaba muy seguido, lo cual molestaba a mi madre.

Pero había prometido acompañarla a merendar ese día y, como buen hijo, estaba cumpliendo mi palabra.

Gertrudis, el ama de llaves de toda la vida, me abrió la puerta, la mujer nunca sonreía, ni en cumpleaños, ni celebraciones, incluso cuando mis padres le obsequiaron un boleto para un crucero por trabajar para ellos por veinticinco años, Gertrudis solo agradeció, pero sin ninguna sonrisa.

Mi madre estaba en la sala rosa, en donde solía tomar él te cada vez que sus amigas venían, tenía una buena iluminación, pero no era precisamente mi habitación preferida de la casa.

—Al fin mi hijo se digna a venir a visitarme —dijo apenas entré a la habitación, sus piernas cubiertas por una manta, una alarma en mi cabeza comenzó a sonar, anticipándome sobre un nuevo teatro de mi santa madre—, pensé que solo vendrías a verme el día en que estuviera en la tumba.

—Mamá… —Besé su mejilla intentando mantener la compostura, lo último que quería era discutir con ella.

—Nada de mamá, soy una mujer de la tercera edad, Edward, mis días en este mundo están contados, quiero ver a mis hijos lo más posible, disfrutar de los últimos años que me queden junto a ellos, verlos encontrar a la pareja adecuada y poder conocer a mis nietos.

—Aún no estoy listo para el matrimonio ni para el asunto de los niños, además, Alice y Emmett te han dado los nietos suficientes.

Otro punto por el que no visitaba a mis padres muy seguido: su insistencia para que encontrara una mujer, me casara y tuviera hijos, no me negaba a la idea, pero aún no estaba listo para esa etapa de mi vida.

—Tienes treinta y tres años, Edward, el tiempo no se detiene, quiero que seas feliz, así como tus hermanos lo son, no quiero irme de este mundo pensando que estarás solo, sin alguien a tu lado.

—No estaré solo, tengo amigos, a mis hermanos, a papá y a mis sobrinos, estoy rodeado de personas que quiero y me quieren.

Y tenía a Bella, esa descarada que cuando le dije que iba a ver a mis padres me mandó una foto de sus pechos, podía imaginarla en su oficina desabrochándose la blusa solo para torturarme con la imagen de sus pálidos pechos cubiertos por su sostén de encaje blanco.

—Pero tu padre también se irá en algún momento y tus amigos harán su familia, tus hermanos ya lo han hecho, con sus hijos, hijos que les dan la felicidad que quiero que tú tengas. ¿Qué clase de vida esperas tener al estar solo? ¿Quién te cuidará y acompañará en tu vejez? Necesitas formar una familia y darme nietos antes de que deje este mundo.

—Mamá, aún te queda mucho tiempo aquí.

—No tanto, me he sentido mal últimamente, quizás para el siguiente año ya no esté. —Para hacer mayor énfasis en sus palabras, acomodó la manta que tenía sobre su regazo—. ¿Vas a permitir que deje este mundo con la preocupación de saber que estás solo sin nadie quien te cuide?

Sacudí la cabeza sintiendo la acostumbrada punzada anunciando un cercano dolor de cabeza, siempre que visitaba a mi madre era lo mismo, a mí no me interesaba casarme ni tener hijos, o por lo menos aún no tenía interés sobre ese tema, aún era joven, tenía toda una vida por delante.

—No necesitas preocuparte, madre, puedo hacerme cargo de mí mismo.

Vi a mi madre suspirar, podía decir que estaba enojada por no conseguir lo que quería de mí.

—He intentado ser paciente contigo, Alice me dijo que esperara a que me contaras a mí o a tu padre, pero tienes treinta y tres años y estoy cansada de esperar, también tengo un límite.

—No entiendo, mamá.

—Quiero que me digas la verdad, Edward.

—¿Sobre qué?

—¿Eres gay?

—¿¡Qué?!

¿¡Qué?! Incluso escuché a mis bolas gritar por la sorpresa y también la risa de Bella cuando le contara lo que mi madre me estaba diciendo, ella definitivamente se iba a burlar… y yo podría cogerla muy duro para que dejara de hacerlo, ambos ganábamos.

—¿Eres gay? Sé que ahora son otros tiempos, y si tienes miedo de alguna reacción negativa de nuestra parte, no la tengas, tu padre y yo hemos hablado y ambos te apoyamos, lo único que queremos es que seas feliz, si eres feliz junto a otro... hombre, nosotros somos felices, si quieres adoptar, nosotros te apoyamos, pero solo...

—Espera, mamá —levanté ambas manos para interrumpir su monólogo—, solo espera.

Me levanté de la silla, caminé hacia la cantina de mi padre, tomé la botella de brandy y serví un poco en uno de los vasos, me lo tomé de un solo trago, necesitando el picor del alcohol para poder procesar lo que mi madre me decía.

—Edward, no necesitas ocultarlo, sé que Rosalie es un poco anticuada y estará recelosa por algún tiempo, puede que Emmett tenga que convencerla de que tus preferencias son completamente normales, pero tu padre, Alice y yo estaremos apoyándote, organizaremos una cena para que…

—¡No soy gay! —grité para que dejara de parlotear—. No soy gay, mamá, no lo soy.

—Pero, la última novia que nos presentaste fue Charlotte y solo tenías diecisiete, Alice pensó…

—Pues pensó mal, no he traído a ninguna novia porque ninguna ha sido lo suficientemente formal como para presentárselas, además he estado inmerso en mi trabajo y en la maestría, realmente no he tenido mucho tiempo para formalizar.

—¿Pero estás viendo a alguien?

Iba a gritarle que no, pero la imagen de Bella recostada en mi cama solo cubierta por las sábanas y el cabello alborotado después de una larga sesión de arrumacos, me detuvo; ella era alguien, era más que alguien, pasábamos el fin de semana juntos, salíamos a cenar algunas noches, a veces nos reuníamos a mitad de la semana para comer, en ocasiones me acompañaba a alguna cena del trabajo en donde necesitaba acompañante, y yo asistía a cada una de sus exposiciones.

Bella era mi folla-amiga, pero también era mi amiga y la chica que me gustaba.

¿La chica que me gustaba? ¿Desde cuándo?

—Hay alguien —murmuré sentándome de nuevo, sintiendo como la realidad me invadía, yo había pensado que Bella solo ocupaba mi tiempo el fin de semana, que ambos éramos el desastre que el otro necesitaba, pero ahora me daba cuenta de la verdadera cantidad de tiempo que pasaba con Bella o qué tanto mantenía contacto con ella.

¡Había estado hablando con ella mientras manejaba a casa de mis padres!

—¿Mujer?

—Que no soy gay, mamá, si lo fuera hace mucho te lo habría dicho, pero no lo soy.

—Está bien, no te alteres —tranquilizó—. ¿Cómo se llama?

—¿Quién?

—Ese alguien. ¿Hace cuánto tiempo están juntos?

—No mucho.

—¿Cuánto es no mucho?

—Cinco años.

—¿¡Eso no es mucho!? Tu padre y yo nos casamos un año después de conocernos, Emmett se casó tres años después de conocer a Rosalie y Alice solo dos años después de conocer a Jasper.

—Sí, mamá, pero tanto Alice como Rose estaban embarazadas, es por eso que se casaron de inmediato, no porque realmente lo hubieran planeado.

—Eso no importa —agitó la mano restándole importancia como siempre—, aquí lo que importa es que has estado junto a esta chica…

—Bella.

—¿Bella?

—Es Isabella, pero le gusta más Bella, a mí me gusta más Bella.

—Como sea. —Se encogió de hombros—. Llevas cinco años junto a Bella y hasta ahora me lo dices, ¿qué clase de relación tienes? ¿Acaso crees que no presentarla a tu familia es algo bueno? ¿Qué piensa la familia de ella?

—No la conozco.

Sentí el fuerte golpe de mi madre en el hombro, ya sabía yo que su interpretación de mujer moribunda no era más que una farsa.

—Yo no te he educado de esa manera, Edward, ¿acaso Bella no merece respeto?

—Claro que sí, ella tiene mi completo respeto, me rompería la cara si no la respetara —murmuré—, pero ambos hemos estado enfocados en nuestros trabajos. Ella ha estado trabajando duro por un ascenso y también está con su maestría, además tiene sus clases de francés, no he conocido a su familia ni te la he presentado porque ella tampoco tiene tiempo, solo nos vemos el fin de semana, tenemos tan poco tiempo para estar juntos que nos centramos solo en nosotros.

—¿Y tus vacaciones? ¿Y las vacaciones de ella? Me parece imposible que no hayan podido hacer un espacio para que me la presentaras, soy tu madre.

—Lo siento, mamá.

Bella definitivamente iba a matarme, quizás no me mataría, ya que diría algo sobre lo bonita e inteligente que era como para ir a prisión, tal vez solo me cortaría el pene, aunque ella disfrutaba mucho esa parte de mí, tan solo dos días atrás estaba saltando sobre él, gritando lo mucho que la llenaba y que quisiera hacerse un consolador del mismo tamaño que mi paquete para usarlo cuando no me tuviera a mí.

Quizás tenía una salvación.

O tal vez me cortaría el pene, lo disecaría y lo usaría para su placer, con mi Bella cualquier cosa… ¿Mi Bella? ¿Desde cuándo era mi Bella?

—Nada de lo siento, quiero que traigas a Bella el siguiente fin de semana, pueden quedarse aquí a pasar la noche, no renegaré de que compartan habitación, después de todo, pronto le propondrás matrimonio, cinco años de relación es suficiente para que te plantees pedirle matrimonio.

Mi madre me dejó solo en la sala, lo agradecí ya que el dolor de cabeza se estaba convirtiendo rápidamente en migraña, Bella iba a matarme, ni siquiera todo el sexo del mundo me salvaría de su enojo.

Bella llegaría en cualquier momento, era la primera vez que la veía después del encuentro con mi madre, y no estaba nada preparado para enfrentarla, se suponía que nos veríamos en su departamento, era la regla, pero insistí en vernos nuevamente en el mío alegando que tenía demasiados trabajos que calificar y no quería invadir su espacio con estúpidos portafolios de estudiantes que querían refutar cualquier cosa que leían. Amaba mi trabajo, pero prefería mil veces las investigaciones a tratar con muchachitos insolentes. Bella había aceptado entendiéndome, me sentía mal por mentirle, pero quería estar bajo mi techo cuando le contara de nuestros planes el domingo por la noche y mantenerla lejos de cualquier cosa con la que pudiera lastimarme.

Pasé el resto de la semana pensando en cómo le diría a Bella que prácticamente le había dicho a mi madre que teníamos una relación desde hacía cinco años.

Claro, éramos folla-amigos y éramos monógamos, desde la primera vez que entré en Bella no volví a tener sexo con otra, ella llenaba ese espacio, pero su lugar en mi vida no se reducía solo a sexo, me gustaba despertar junto a ella y ver su cabello enmarañado, besarla aun cuando estaba medio dormida, me agradaba pasar algunas tardes entre semana con ella, incluso las cenas de trabajo eran divertidas cuando me acompañaba.

Era bueno regresar con ella a casa.

Cuando nos quedábamos en su departamento me gustaba manejar hasta ella, sabiendo que estaba esperándome.

Me gustaba acurrucarme con ella en el sofá mientras veíamos alguna película.

Incluso veía las aburridas películas independientes que tanto le gustaban a Bella, solo porque ella era feliz viéndolas.

Y cuando ambos veíamos una película de terror, nos reíamos del otro por los gritos que dábamos.

Me gustaba escucharla hablar sobre sus datos interesantes, nunca sabía qué iba a salir de su boca, me encantaba lo inteligente que era, al igual que lo boba que a veces solía ser.

Aun cuando la molestaba por las mañanas y me echaba de la cama o cuando discutíamos y me corría de su departamento o ella se iba del mío, seguía queriéndola, por eso siempre la buscaba.

Incluso ahora, sabía que ella se molestaría, pero temía perderla, la idea de que ella no quisiera estar nunca más junto a mí…

—¡Edward!

Salté ante el grito de Bella, recobrando el sentido justo para ver como el trapo con el que había envuelto el mango de la sartén para no quemarme estaba en llamas.

Corrí al lavabo y tomé el grifo.

—¡No…!

No le hice caso a Bella y presioné el interruptor para que saliera el chorro de agua, la flama ni siquiera disminuyó, en su lugar conseguí que el aceite saltara.

—Eso no va a funcionar, idiota.

Bella tomó el trapo con las pinzas que había sacado del cajón y lo arrojó sobre el fregadero al mismo tiempo que tapaba la sartén y cerraba el gas, el fuego se extinguió de inmediato, después puso la misma tapa sobre el trapo que seguía en llamas en el fregadero.

—Tenía aceite, el fuego no se iba a extinguir con agua —explicó Bella quitándome el grifo de la mano—, necesitas cortar el suministro de oxígeno y apagar el flujo de gas, es la única manera.

Miré a Bella moverse a través de la cocina, inspeccionó los dos trozos de carne que eran nuestra cena y los cortó con un cuchillo, quizás por fuera estaban un poco quemados, pero por dentro tenían una buena consistencia.

—Nuestra cena se ha salvado —sonrió dejando la carne y girándose a verme—. Estás muy pálido, en algunas culturas recomiendan que comas un trozo de pan, de preferencia blanco, sin azúcar, nada de azúcar, algo sobre tu sangre convirtiéndose en agua, o algo así, realmente no entendí mucho de eso, pero sí entendí que el pan ayudaba para el susto. No sé qué tan verdadero sea, pero no me gusta lo pálido que estás, siéntate, creo que…

—Te amo.

Esa no era la manera en que quería decirlo, ni siquiera había pensado en esa palabra, sin embargo ahora que la había dicho, era la verdad, amaba a Bella, la amaba desde hacía tiempo, pero mi idiota cabeza apenas se daba cuenta de ese hecho.

Bella comenzó a reírse, no una risa suave sino una de burla, incluso se tomó el estómago y se sostuvo de la barra de la cocina, sus fuertes carcajadas inundando la cocina.

—Realmente te asustaste, mira que decir que me amas. —Negó con la cabeza mientras seguía riendo.

—Sí te amo —lo dije con toda la sinceridad de la que fui capaz.

Bella dejó de reír y me miró fijamente sin ninguna expresión en el rostro.

—No entiendo, Edward.

—Te amo, Bella, realmente lo hago.

—Esto no es divertido, así que basta por favor.

—No hay nada de divertido en esto, te amo.

Bella comenzó a negar con la cabeza al mismo tiempo que corría fuera de la cocina, la seguí, tomándola de la cintura cuando se inclinó a tomar su bolso.

—Suéltame.

—No…

—Edward, por favor, suéltame, quiero irme.

—No, Bella, no voy a dejarte ir, no hasta que me escuches. —Intenté que se girara para verme, pero se negó, manteniéndose firme en su lugar—. Nena, por favor.

—No me llames de ese modo, Edward, no lo hagas.

Fruncí el ceño al escuchar su voz quebrándose al final de la oración.

—¿Estás llorando, corazón?

—Déjame ir.

—No, no hasta que me escuches.

—¿¡Escuchar qué!? —gritó al mismo tiempo que se giraba y me dejaba ver las marcas de delineador recorriendo sus mejillas, era la primera vez que la veía llorar y odiaba ser el motivo de su llanto—. Teníamos un trato, Edward, solo sexo, sé que las cosas dejaron de ser solo sexo y nos volvimos amigos, buenos amigos que follan cada fin de semana, pero solo somos amigos, hemos tenido esto desde hace cinco años sin ningún problema, ¿por qué ahora lo quieres complicar todo? ¡¿Por qué?!

—No lo sé.

—Edward…

—Realmente no sé, no sé en qué momento te amé, no seré cursi y te diré que lo hice desde la primera vez que te vi, solo sé que en cuanto te vi en la cocina, lo supe. He estado toda la semana pensando en ti, en que no quiero perderte, en lo mucho que te necesito en mi vida, en como todo es mejor cuando estás junto a mí. No solo me gustas, Bella, te amo, amo que tengas todas esas cosas locas que decir, amo que seas tan seria, pero también cuando actúas como una tonta solo porque puedes hacerlo, amo los acentos con los que hablas, amo verte gruñir cuando no puedes pronunciar una palabra, amo que me tires de la cama porque estoy jalando la cobija o que saltes a mis brazos después de no vernos por unos días.

—¿Por qué? ¿Por qué ahora piensas en eso? ¿Por qué no hace un año o dos? ¿Por qué ahora?

—Porque lo jodí.

—¿Qué quieres decir? Si te acostaste con otra, no importa, Edward, nunca acordamos ser exclusivos.

Sabía que ella solo estaba hablando por hablar, pero eso no evitó que me enojara.

Protestó cuando la empujé contra la pared, pero en cuanto la besé, fue ella quien metió la lengua en mi boca, le bajé la falda ignorando el botón que se desprendió y la escuché gemir, a ella le encantaba cuando era rudo, aunque después se quejara por arruinar su ropa.

—Sabes que no ha habido nadie más ni para mí ni para ti —murmuré besando su escote, dejando que ella se hiciera cargo de desabrochar mis pantalones, sus suaves manos sabían lo que hacían, cientos de veces habían liberado mi erección, no era la primera ni sería la última vez que ocurriría.

Me atrajo de nuevo a sus labios al mismo tiempo que la levantaba de los glúteos y enrollaba sus piernas en mi cadera, Bella movió su braga a un lado dejándome lugar para que entrara a ella.

Bella siempre estaba lista y dispuesta, incluso en ese momento, cuando se suponía que estaba enojada, ella aún me quería.

Entré en ella disfrutando de su tibia cavidad, sintiendo como encajábamos.

Bella aferró sus piernas en mi cadera, comenzando a retorcerse en mis brazos, no era tímida para pedir lo que quería, como lo quería y cuando lo quería.

Cinco años juntos nos habían dado la confianza para expresarnos y comunicarnos, teníamos confianza entre nosotros, ninguno de los dos iba a juzgar al otro.

—Eres la única para mí, Bells, sabes que lo eres, cielo —murmuré besando detrás de su oreja, justo en el lugar que le gustaba.

—Eres el único… el único… el único… el único.

Entré y salí de ella escuchando cada una de sus demandas, enterrándome más profundo, deleitándome por cada uno de sus gemidos.

Se aferraba a mis hombros, se retorcía entre mis brazos, sus uñas encajándose en mi carne, sus besos siendo cada vez más demandantes, esta increíble conexión que teníamos no solo era sexo, era amor, un amor que estuvo siempre presente, pero ambos estábamos demasiado conformes como para notarlo y aceptarlo.

—Vente para mí, amor —murmuré besando su escote mientras que mi pulgar acariciaba su clítoris—, córrete para mí.

—¿Para ti, amor?

—Solo para mí, cariño. —Arremetí con más fuerza haciendo que se contorsionara y chillara más fuerte, estaba seguro de que los vecinos podían oírnos, pero no podía importarme menos.

Sentí sus paredes cerrarse a mi alrededor al mismo tiempo que mi miembro comenzaba a palpitar, Bella se corrió primero, aferrándose a mi cuello mientras el placer la invadía, unas cuantas estocadas más y yo también llegué.

Mi semilla llenándola, hacía años que no usábamos condón.

Con la poca fuerza que me quedaba nos llevé al sofá, me senté dejando que Bella quedara a horcajadas sobre mi regazo, gimió por el movimiento, pero no se apartó, mi semi erección descansando aún en su interior con nuestros fluidos combinados, olíamos a sexo y estaba seguro de que Bella me retaría por tremendo lío que teníamos en la entrepierna, se quejaría de que ella se llevaba la peor parte al momento de limpiarnos.

Podía escuchar claramente sus palabras: "¿Cuántas veces te he dicho que debemos limpiarnos inmediatamente? O por lo menos yo, puedo lidiar con la viscosidad, pero no cuando está seco y pegado en mis muslos. Me gusta que me tomes duro, pero si me dejas inconsciente lo menos que puedes hacer es limpiarme, no me importa que tú también estés agotado".

Pero en ese momento no podía separarme de ella e ir a buscar una toallita húmeda —las había comprado especialmente para ella y estaban a un lado de mi cama—, la tenía en mis brazos y no sabía si sería la última vez, aún tenía miedo de su reacción.

Nos mantuvimos en silencio, asimilando lo que acababa de pasar.

—Te odio —murmuró escondida en mi cuello.

—No lo haces.

—Tú no me dices qué puedo o no puedo hacer —protestó saliendo de su escondite—, en este momento te estoy odiando.

—¿Y por qué exactamente me odias?

Bella frunció la boca, pensando.

»Me gusta eso —dije haciendo que frunciera el ceño—, me gusta ver como haces gestos cuando estás pensando demasiado, como si todos los engranes de tu cerebro estuvieran trabajando para decir algo inteligente que te haga ver como la más inteligente de la habitación.

—Ya que solo estamos tú y yo, ambos sabemos que soy la más inteligente de los dos.

—Lo sé, me gusta que lo seas. —Tomé una de sus manos, jugando con sus delgados dedos, los mismos de los que más de una vez nos habíamos reído porque eran demasiado huesudos, parecían unos deditos de queso—. Ahora que lo pienso, no hay nada que no me guste de ti.

—Detestas que coma un sándwich con mermelada y pepinillos.

—Eso es asqueroso, Bella —protesté haciéndola reír—, pero aunque es desagradable no lo odio, es algo que hace a mi Bella, mi Bella.

—No soy tuya.

—Me esforzaré para que lo seas.

Bella suspiró y se volvió a recargar contra mi pecho.

Nos quedamos en silencio, solo disfrutando de nuestra mutua compañía, sin importar que su braga estuviera toda chueca o que mi bóxer ni siquiera estuvieran abajo por completo, Bella solo tenía un zapato, el otro debió caerse en algún momento, sus medias sostenidas por el liguero, su blusa y mi camisa estaban arrugadas, pero aún en su lugar.

Éramos un desastre, un buen desastre.

—Yo también —susurró contra mi cuello después de besarlo suavemente—, no quería hacerlo, me dije que era una estupidez, lo que teníamos era bueno, muy bueno para arruinarlo con idioteces como el amor y esas cursilerías, pero eres un maldito bastardo encantador y terminé enamorándome de ti.

—¿Hace cuánto?

—Eso no importa, no le presté atención, me gustaba estar contigo y no iba a arruinar lo nuestro solo porque me había enamorado como estúpida, ignoré las mariposas que sentía cada vez que te veía y me centré en que estaba contigo.

—Me haces sentir como un bastardo que no me di cuenta antes.

—No importa —se encogió de hombros—, no quería que lo hicieras, lo nuestro era fácil, estábamos juntos sin etiquetas, sin pretensiones, éramos solo Bella y Edward y eso me gustaba bastante, al no pensar en mis sentimientos o solo ignorarlos no me interesaban, pero si tú me amas…

—Sí te amo, no pongas en duda mis sentimientos por ti.

—Entonces, quizás sí podemos intentarlo.

—Prometo que no te decepcionaré, bebé.

—No me llames bebé —protestó frunciendo el ceño—, sigue llamándome Bella o tal vez amor, me gustó eso, pero no bebé, ni cariño, ni bombón, conejita o toda esa mierda cursi, tienes prohibido llamarme de ese modo.

Besé sus labios sintiéndome en paz, la tenía conmigo.

—Espera —rompió el beso cuando hice el intento de quitarle las bragas por completo—, aún no termino con mis preguntas.

—Tú siempre tienes preguntas, ¿qué tal si las dejamos para después? Ahora quiero hacer el amor con mi novia.

—No sería la primera vez que te hago esperar.

Bufé asintiendo, a Bella le gustaba el sexo, pero nadie la detenía cuando quería saber algo, la última vez que me dejó caliente y deseoso fue cuando acepté que me atara a la cama y de pronto tuvo curiosidad sobre cuánto tiempo podía mantenerme atado antes de que mis manos perdieran la circulación.

Me dejó esperando por diez minutos hasta que tuvo la respuesta que necesitaba.

El resultado fue que me desató, hizo los nudos de nuevo, pero sin apretarme tanto, al parecer después de treinta minutos mis manos comenzarían a hormiguear y a perder fuerza.

Ahora, al parecer, me dejaría de nuevo caliente hasta que sus dudas estuvieran resueltas.

—Pregunta, caramelito. —Bella entrecerró los ojos y me golpeó el pecho.

—Me vuelves a llamar así y pasaremos nuestra primera noche como novios contigo en el sofá y yo en la cama.

—Solo jugaba, hermosa, y no puedes quejarte porque te diga hermosa, ya te lo decía desde antes.

—De acuerdo. —Rodó los ojos—. Ahora responde, ¿qué fue lo que jodiste?

Tragué pesado, pensé que quizás me dejaría pasar unas cuantas horas siendo romántico antes de que me viera obligado a contar todo.

—Fui con mi madre el martes.

—¿Te dio dolor de cabeza?

—Migraña —me encogí de hombros—, aunque creo que esta vez me la causé yo solito.

—¿Y eso por qué?

—Ya sabes, ella estaba presionando sobre casarme y…

—Edward, solo no me digas que le dijiste que éramos pareja. —Me sonrojé sin poder negarlo y ella obviamente se enojó—. ¡Maldita sea, Edward! Te acabo de decir que te amo desde hace tiempo y tú me sales con que me amas solo porque le dijiste a tu mami que era tu novia.

—¡Yo no dije eso! —respondí enojado—. Me conoces, Bella, me conoces tan bien como te conozco a ti, sabes que mi madre no influye en mis decisiones, bien pude decirle que no había nadie, lo he hecho antes y lo pude seguir haciendo, pero esta vez no quise. Cuando ella preguntó tú apareciste en mi mente, siempre has aparecido pero esa vez fue diferente, no puedo explicarlo, solo sé que quería que supiera de ti, que supiera que estaba esta grandiosa chica con la que estoy tan feliz cuando está a mi lado.

Bella mordió su labio sin saber qué decir, esa era una mala señal.

»He pasado el resto de la semana pensando en qué iba a decirte, temiendo que me dijeras que no era correspondido, que no querías una relación seria conmigo, temiendo perderte y no me refiero al sexo, bueno sí, también temí perder el sexo, pero no fue lo que más temí, fue el ya no tenerte conmigo, la posibilidad de ya no verte más, de no contar las horas del viernes para poder ir a casa y encontrarme contigo, la idea de que no volverías a acompañarme a ninguna reunión del trabajo o que ya no cenaríamos o comeríamos juntos, odié la idea de perder eso. No te dije que te amo por mis padres, te dije te amo porque realmente te amo y quiero que nunca olvides eso.

Bella no respondió inmediatamente, solo me miró mientras analizaba mis palabras, ¿era suficiente para que me creyera? Esperaba que sí.

—¿Sabías que cuando piensas en amor y en sexo la imaginación tiende a ser más creativa? —me sonrió de nuevo y comenzó a quitarse la blusa y terminar por deshacerse la coleta—. Por lo general, uno se siente inspirado cuando está enamorado, y es una fuerte influencia la cual logra que el pensamiento sea más abstracto y creativo, además de que reúnes varios pensamientos que tienes en base a recuerdos que desencadenan un pensamiento concreto, por lo que el enamorado se centra más en los detalles momentáneos que en los planes o metas a largo plazo, por eso el sexo llega a ser explosivo.

Y ahí estaba mi chica lista, siempre teniendo algo que decir, sacándome una sonrisa por el simple hecho de presenciar esa sonrisa engreída de sabelotodo.

Mi chica lista.

Mi novia.

Mi Bella.

...

Pasamos el resto de la noche y todo el sábado siendo cariñosos, realmente nuestra rutina no cambió mucho.

El sexo siguió siendo igual de sorprendente.

Ella se paseaba por el departamento solo usando sus bragas y mis camisetas de dormir, a veces nos duchábamos juntos, comíamos en la cama y robábamos la comida del otro.

En retrospectiva, nosotros habíamos sido pareja todo este tiempo, solo que éramos demasiado tercos para darnos cuenta.

Creo que lo único que había cambiado era que nos estábamos abrazando un poco más —no es que antes no lo hiciéramos, solo que era diferente—, mientras veíamos la televisión, cuando estábamos en la cama o como en ese momento, mis brazos la rodeaban mientras nos preparaba el desayuno, solamente por el placer de tenerla entre mis brazos.

—Vas a hacer que me queme, tonto —se rio empujándome con su trasero—, ve y sírveme jugo, esto ya casi está.

—Jugo de naranja a la orden. —La besé en los labios antes de dirigirme al refrigerador.

Los besos también habían aumentado, a veces solo iba al baño o a buscar algo a otra habitación, pero yo necesitaba besar sus labios.

¿Por qué nadie me había dicho que tener una relación significaba que tendría más cariñitos?

Porque definitivamente Bella era más cariñosa, seguía siendo mi chica lista e independiente que me daría un buen golpe cuando la estaba molestando, pero ahora sabía que me daría un besito para sanar el dolor.

—¿A qué hora tenemos que estar en casa de tus padres? —preguntó dejando ambos platos con nuestro desayuno en la mesa.

—A las siete, será una cena temprana.

—¿Qué debo esperar?

—A mi madre interrogándote, posiblemente te hable de matrimonio e hijos.

—No quiero niños.

—Yo tampoco, es muy pronto, incluso para el matrimonio.

Bella asintió, pero para mi sorpresa no dijo nada.

—¿Nerviosa? —pregunté mientras caminábamos a la entrada de la casa de mis padres tomados de la mano, si mi memoria no fallaba, era la primera vez que íbamos tomados de la mano.

Claro que la abrazaba y besaba, no era un pervertido todo el tiempo, aun cuando me gustaba serlo con ella, tenía mis momentos.

A veces la besaba suavemente, otras solo la abrazaba por la cintura, y aunque admitía que era para dejar en claro que ella estaba conmigo, también lo hacía porque sabía que le gustaba cuando le susurraba al oído lo guapa que era o lo mucho que me gustaba estar con ella.

Incluso aunque no llevábamos tanto tiempo en esta relación formal, había intentado demostrarle cuánto me importaba y la quería, y aunque pasamos el día anterior juntos, estrechar su mano era un nuevo nivel de intimidad para mí.

Se sentía extrañamente bien sostener su huesuda y alargada mano entre la mía. Lo hacía más real para mí.

—¿Debería estarlo?

—Quizás, siempre tuve esta fantasía de hacerlo en mi recámara de la infancia, y ten por seguro que cumpliremos esa fantasía en cuanto te descuides.

—Que Pikachu me vea desnuda no está exactamente en mi top de fantasías. —Frunció el ceño antes de reírse.

—No pensé que recordaras ese detalle.

—Yo nunca olvido nada, ¿vamos a hacerlo en tu cama o en la de tu hermano?

—En las dos si es posible. —Le di una palmada en su nalga antes de tocar el timbre de la puerta de mis padres.

Mi madre abrió la puerta ni un segundo después, me pregunté si ella había escuchado mis planes, esperaba que no porque realmente quería hacerlo en esa habitación.

—¡Hola! Qué bueno que ya están aquí, debes ser Bella, me alegro tanto de por fin conocerte.

Bella no tuvo tiempo para responder pues se vio envuelta entre los brazos de mi madre, suprimí mi risa, ella me mataría por no advertirle, Bella no era precisamente una persona a la que le gustaran los abrazos de desconocidos.

—Un gusto, señora Cullen.

—Nada de señora, cielo, llámame mamá, así me llaman todos en casa, tú también puedes hacerlo.

Bella solo sonrió sin atreverse a decir esa palabra.

Esa era mi madre, no medía las palabras que decía.

Y tal como predije, ni siquiera me dejó tomar el brazo de Bella, fue ella quien la arrastró hasta la sala en donde mi padre, hermanos y cuñados estaban a la espera de nuestra llegada.

—¡Eres real! —chilló Alice acercándose para abrazar a Bella—. Por un momento pensé que eras solo una mentira de mi hermano, llevan cinco años juntos y nunca han venido, ¿qué clase de relación es esa?

—A ambos nos…

—Eso no importa, Alice, lo bueno es que tu hermano por fin supo comportarse y ha traído a Bella, pero siéntate, querida, conoce a la familia, después de todo, será tu familia dentro de poco, cinco años de relación solo dicen campanas de boda.

Mi madre prácticamente tiró a Bella al sofá, antes de dirigirse a la cocina, quizás para decir a Gertrudis que podía comenzar a servir la cena, Alice se sentó a un lado de ella siendo tan Alice.

—Me encantan tus zapatos, aunque son de la temporada pasada.

—¿Eh?

—No importa, cuando vayamos de compras el miércoles, te conseguiremos mejor ropa.

—¿El miércoles?

—Sí, ya hice una reservación en el salón de belleza, solo era para hacernos las uñas y eso, pero ahora creo que voy a tener que decirle a Benjamín que aparte una hora para hacerte el cabello, me gusta el morado, pero quizás…

—No.

Quise gritar de alegría, mi Bella no podía no ser ella.

—No puedes decirme no, planeé este día apenas mi madre me dijo…

—Que tú planearas no quiere decir que todos deban hacer lo que tú dices, tengo asuntos pendientes, asuntos mucho más importantes que ir de compras y a la estética.

Pos primera vez en mucho tiempo vi a Alice callada, sin poder decir palabra, normalmente nadie podía hacer que cerrara la boca, ni siquiera Rosalie y eso que ella era intimidante.

Noté el ceño fruncido de papá, claro que a él no le gustaría ver que callaran a su niñita o que no hicieran lo que fuera su santa voluntad, quería verlo intentar reprender a Bella o tratar de hacerla cambiar de parecer.

—Edward dijo que eres traductora —dijo Rosalie llamando la atención de todos—, ¿qué haces exactamente?

Claro, dejemos que Rosalie se hiciera cargo de hacer que preguntas simples parecieran más un insulto.

—Trabajo para una organización afiliada a la UNESCO, en ocasiones hago trabajos independientes como traductora de documentos oficiales, pero mayormente soy intérprete, hablo tres idiomas, ingles que es mi lengua materna, italiano mi segunda lengua y filipino la tercera, hablo un poco español, aunque aún no soy muy buena, domino el lenguaje de señas americano y estoy aprendiendo el latinoamericano, así como francés.

—¿Y tienes tiempo para divertirte? —preguntó Alice, quien se había cambiado de lugar y ahora estaba sentada junto a papá.

Milagrosamente mamá apareció para decir que la cena estaba lista, mientras que todos se ponían de pie y se dirigían a la cocina, me quedé con Bella atrás.

—Nunca me dijiste que tu hermana era…

—¿Una mocosa consentida? Créeme lo sé, solo es un año menor que yo, pero sigue comportándose como si tuviera quince y lo peor que pudiera pasarle es que su zapato se ensuciara.

Nos reímos y dirigimos al comedor en donde mi familia ya nos esperaba, por suerte nuestras dos sillas estaban juntas.

La cena fue silenciosa, Alice y Rosalie controlaban que los niños comieran su comida y no solo jugaran, Emmett y Jasper hablaban del trabajo con papá, mientras que mi madre se aseguraba de que no faltara nada en la mesa.

—Así que, Bella —habló mamá llamando la atención de todos—, Edward me dijo que podías hablar todos los idiomas del mundo.

—Yo no diría que todos —negó con la cabeza mientras reía—, Edward suele exagerar en ocasiones.

—Pero me dijo que cambias vidas.

Bella me pateó la espinilla.

—Es una manera de verlo, en ocasiones soy intérprete para inmigrantes, mayormente trabajo con mujeres y niños, muchos de ellos solo hablan su lengua materna, me he topado con mujeres mayores que llevan toda su vida aquí y no saben ni siquiera oraciones básicas, así que soy de gran ayuda en esos casos.

—¿Y solo trabajas en eso?

—No, trabajo principalmente como traductora, a veces traduzco documentos, otras veces acompaño a empresarios a cenas de trabajo con extranjeros, de esa manera ellos se sienten seguros de que no se habla nada a sus espaldas o que no están siendo estafados.

—¿Y encuentras tiempo para todo?

—A veces es cansador, pero unos cuantos dólares, horas de sueño o tiempo libre que pierda son lo de menos cuando llego a una sala de interrogatorios con una mujer y niños que intentan decir que les prometieron un matrimonio y un buen hogar y lo único que recibieron fueron abusos.

Mi familia asintió sin decir nada.

Eran buenas personas, donaban a la caridad, a veces eran voluntarios en los albergues y siempre apoyaban a la iglesia en las festividades, pero sabía con certeza que ninguno se había involucrado activamente.

Ni siquiera yo lo había hecho.

Bella no juzgaba, decía que era la vida que ella quiso tener y no esperaba que todo el mundo cambiara de parecer.

La cena continuó mayormente en silencio.

Lamentablemente no pude esconderme en la vieja habitación porque los mocosos de Emmett —quienes la ocupaban ahora— se encerraron en el lugar.

Para cuando nos marchamos estaba agradecido de no tener que ir por un largo tiempo.

Mi relación con Bella era maravillosa, ya no solo pasábamos los fines de semana juntos, también lo hacíamos entre semana, a veces nos quedábamos en su departamento, otras veces en el mío.

Salimos a muchas citas, intentando recuperar los últimos cinco años en donde ambos fuimos demasiado ciegos como para aceptar que nuestra atracción no era solo física.

Las restricciones ya no existían.

Ya teníamos llave de la casa del otro, pero era una sensación distinta saber que mi novia estaría en casa esperándome o que prepararía la cena para cuando mi novia llegara.

Ahora el domingo no nos marchábamos con la promesa de vernos el siguiente fin de semana.

Bella llegó a pasar una semana entera en mi departamento, así como yo lo hice en el suyo.

Pero, aunque nuestra relación iba de maravilla, no podíamos obviar que teníamos familia.

Bella ya le había contado a su madre de mí con anterioridad diciendo que solo éramos amigos.

—Bella, hablabas de Edward todo el tiempo, del grandioso profesor que era, de la película que fueron a ver, de la cena a la que lo acompañaste o te acompañó, siempre hablabas de él, no quise presionarte, pero sabía que estabas con Edward en una relación.

La familia de Bella era relajada, no hacía preguntas incómodas ni se entrometía en los asuntos del otro, siempre y cuando Bella se reportara semanalmente y estuviera bien, su familia la apoyaba.

O al menos eso aparentaba, ya que nunca habían venido a visitar a Bella y ni siquiera hablaron de la idea de ir a presentarme personalmente.

Bella decía que estaba alucinando.

Pero, así como la familia de Bella respetaba nuestro espacio, mi familia era entrometida.

Muchas veces estábamos poniéndonos cariñosos cuando de repente mis padres se presentaban, autoinvitándose a cenar.

Mamá se comía la pasta comprada en el súper con la salsa de tomate enlatada que se medio calentaba, sabía que no era de su agrado, pero no decía nada.

Mi hermana también se presentaba junto con Rosalie, ambas dispuestas a llevarse a Bella con ellas, nunca les funcionó, pero no por eso dejaban de intentar.

—Si tan solo llamaran primero, me haría un lugar para salir con ellas, no tendría ninguna queja ni inconveniente en ir, incluso puede que me divierta, pero esperan que deje todo solo para ir a comprar un par de zapatos. No tengo nada en contra, me gusta comprar cosas lindas como a cualquiera, pero para todo hay momentos. Tengo dos amigas que siempre están de compras y lucen increíbles, casi todo mi maquillaje lo compro con ellas, pero incluso ellas me invitan con anticipación y pasamos un buen día.

Pero a pesar de todo eso, estábamos bien.

Teníamos nuestras peleas ocasionales.

Reconciliaciones.

Escenas de celos.

Reconciliaciones.

Gritos.

Reconciliaciones.

Peleas sin sentido.

Reconciliaciones.

Me encantaban nuestras reconciliaciones.

—Me encanta hacer el amor contigo —dije mientras me recuperaba del maravilloso orgasmo después de tener una discusión sobre una rubia tetona coqueteando conmigo, ni siquiera me había fijado en sus tetas, pero Bella decía que sí y habíamos terminado discutiendo—, pero hacerlo después de una discusión simplemente es… más. No me gusta pelear, pero lo haría por el sexo.

Bella se rio a mi lado.

—Por lo que sé, después de una disputa se produce una transferencia de emociones, se pasa de un alto nivel de agitación causado por la rabia, la angustia y el miedo de perder a la pareja, a la excitación sexual, podría considerarse también una descarga de adrenalina y testosterona que provoca una respuesta similar a la sexual. Si nos vamos al punto de vista emocional, la amenaza de la pérdida por una discusión activa el sistema de apego, así que ante la posibilidad de perder a la pareja se desencadena una necesidad de sentirse cerca del otro, física y afectivamente, y nada más completo para ello que las relaciones sexuales, también se activa el mecanismo de compensación a uno mismo y a la pareja, contrarresta los momentos de malestar y enfado con otros más placenteros, por lo que lleva un mayor esfuerzo durante el sexo lo que hace que este sea alucinante.

—Te amo —fue todo lo que pude decir, pero fue tan verdadero y sincero como todo lo que ella dijo, y por la sonrisa que me dio, ella lo sabía.

El aniversario de mis padres era una de las cosas que no podía negarme a ir, pero sí podía escabullirme por la casa con Bella sin que nos interrumpieran o se entrometieran, mi hermana y Rosalie estaban muy entretenidas siendo el centro de atención mientras que mi madre estaba demasiado ocupada atendiendo a sus invitados y recibiendo felicitaciones por un largo matrimonio.

—Tu madre sí que sabe organizar una buena reunión.

—Años de práctica —me encogí de hombros—, no es realmente lo mío, aunque a Alice siempre le han gustado las reuniones, siempre busca llamar la atención, cuando Emmett se casó con Rosalie tuvo competencia y no le agradó.

—Lo imaginé, nunca pensé que se presentaría con un traje naranja.

—Esa es mi hermana.

Ambos nos reímos disfrutando simplemente de nuestra compañía, recargó su espalda contra mi pecho, era un buen momento, el lugar era íntimo, tenía este aire de tranquilidad, no estaba Alice merodeando por el lugar, solo éramos ella y yo.

Tener a Bella conmigo era lo que necesitaba para estar bien, para que pese a los cien invitados que invadían la casa, yo siguiera sintiéndome tranquilo y en privacidad y sabía que se lo debía a la grandiosa chica que tenía su mano entrelazada con la mía.

—¿Bella?

—¿Mmm?

—Sabes que te amo, ¿verdad?

—Lo sé, tonto, yo también te amo.

—¿Y has pensado que tal vez yo te amo más?

—No voy a jugar ese juego, Edward, porque sé con certeza que tú me amas más.

Le di una palmada en la nalga derecha haciéndola reír.

—Que graciosa eres, Bella.

—Lo sé, soy divertidísima.

—Pero sabes a lo que me refiero.

Bella suspiró y enderezándose se giró para verme a la cara.

—¿Estás seguro, Edward? Porque no es algo que puedas decir a la ligera.

—Nunca he estado más seguro en mi vida. —Saqué la caja que había guardado esa misma tarde en mi saco—. ¿Quieres casarte conmigo, Bella Swan? ¿Quieres soportarme todos los días de tu vida? ¿Despertar cada mañana junto a mí? ¿Cuidarme cuando esté enfermo? ¿Discutir conmigo y después tener ese magnífico sexo de reconciliación que tanto nos gusta? ¿Patearme el trasero y después besarlo porque te encanta?

—A ti te encanta más besar mi trasero.

—Y morderlo también. —Bella se rio, pero siguió atenta a mis palabras—. Sé que soy un desastre, pero juro que te daré todo de mí si tú me das todo de ti.

Bella tenía esa sonrisa traviesa, aquella que me daba cada vez que estaba a punto de tomarme el pelo.

—Has olvidado un pequeño detalle, amor.

—¿Cuál?

—Que a pesar de que tu familia me desespera más veces de las que me gustaría admitir, los soporto y los soportaré por los siguientes años, solo porque tú estarás a mi lado.

—¿Eso me suena a un sí?

—Mi respuesta siempre ha sido un sí y lo sabes.

Deslicé el anillo de la bisabuela Cullen, que había ganado justamente, en el dedo anular de Bella, le quedaba un poco grande, pero nada que un buen joyero no pudiera arreglar.

Antes de que pudiera besarla, la puerta del balcón en donde estábamos escondidos fue abierta por mi madre que saltaba feliz debido a nuestra situación, al parecer no estábamos tan solos como creía en un principio.

Mi madre se la pasó hablando de lo alegre que estaba porque por fin estuviera dispuesto a sentar cabeza, así como diciendo que esperaba muy pronto convertirse en abuela.

—El mejor regalo de aniversario que pude haber recibido.

Acaparó a Bella, apartándome de ella y no dejándome disfrutar de la compañía de mi prometida, ella se iba a casar conmigo, lo mínimo que pedía era estar el resto de la noche con ella.

Quizás, pedirle que se casara conmigo no fue la mejor idea que pude haber tenido.

Emmett me reclamó por no haberle dicho que yo me había quedado con el anillo de la bisabuela, algo sobre querer dárselo a Rosalie, le resté importancia, lo había ganado justamente. Cuando la bisabuela murió nos heredó unos cuantos dólares y sus joyas, yo me quedé con el anillo porque sabía que lo quería Emmett, pero al verlo en la mano de Bella, había valido la pena mi pequeña travesura.

A lo largo de la noche me preguntaron si Bella estaba embarazada, descubrí que Alice esparció el chisme ya que su atuendo naranja dejó de ser el centro de atención. Lo negué a todo aquel que preguntara.

Le pedí matrimonio porque quería una vida a su lado, no para procrear niños, aunque no me negaba a practicarlo.

Pensaba ponernos a practicar justamente cuando llegáramos a casa.

Conforme avanzaba la noche, noté a Bella cada vez más extraña, como si algo la atormentara, por un segundo pensé que la presión a la que la estaba sometiendo mi madre terminaría agotándola y rompería el compromiso en menos de veinticuatro horas.

—Estoy bien, Edward, a veces Esme me supera, pero estaré bien, no ha cambiado mi decisión, pero no sé si la tuya cambie.

—¿Por qué lo haría?

Se encogió de hombros antes de que mi madre volviera a secuestrarla para mostrarle el anillo que descansaba en su mano y el cual había pertenecido a la familia Cullen por varias generaciones.

Para cuando llegó la hora de marcharnos, notaba a Bella con poco color en el rostro.

Manejé a casa en silencio, con su mano entrelazada con la mía.

Podía sentir la tensión en su cuerpo, pero no me atrevía a preguntar de qué se trataba.

Al llegar a casa fue ella quien me besó, no me negué, nunca me negaba a ella.

Hicimos el amor durante toda la noche, sentí que ella lo necesitaba tanto o más que yo, era una sensación rara la que sentía.

—Te amo —susurró a punto de quedarse dormida.

—Yo también, cariño.

A la mañana siguiente desperté sin ella entre mis brazos, estaba despierta preparando el desayuno, me encantaba cada una de las comidas que preparaba Bella, su comida era la mejor que había probado en el mundo, pero rara vez cocinaba.

—¿Bella?

—Buenos días, prometido. —Bajó el fuego a la estufa y se acercó a mí, envolviendo sus brazos alrededor de mi cuello—. ¿Qué tal amaneciste? Yo estoy un poco dolorida, quizás la tercera vez no fue una buena idea.

—Te lo dije, pero estabas insaciable.

Su sonrisa me quitó cualquier temor que albergaba.

Las cosas estuvieron tranquilas el resto de la semana, mi madre se había presentado en mi trabajo para felicitarme de nuevo, su idea principal era almorzar con Bella y hablar sobre la boda, pero había estado ocupada con reuniones y no pudo acompañarla, por eso vino a mí, su segunda opción.

Acompañarla fue un grave error.

Pensé que solo sería un almuerzo entre los dos, pero terminó con Rosalie y Alice como nuestras otras acompañantes.

—Estamos tan felices de que vayas a casarte, hermanito —dijo Alice dando pequeños saltos en su asiento—. ¿Bella y tú ya pensaron en algún tema?

—¿Tema?

—Sí, el tema de Rosalie fue blanco y negro, un tradicional elegante, el mío fue una boda navideña con cristales, nieves y diamantes platinados.

—Bella y yo no hemos hablado sobre eso.

—¿Y qué han hecho estos tres días? —cuestionó Rosalie.

Coger hasta perder la conciencia.

—Estamos pensando si ella se mudará a mi departamento o yo lo haré al suyo, aún no…

—Solo será provisional, ¿cierto? —preguntó mamá dejando de beber su mimosa, a veces pensaba que mi madre tenía problemas con el alcohol, era mediodía y ella ya estaba tomando, pero nunca diría nada.

—A ambos nos gustan nuestros departamentos, el suyo queda más cerca del centro y de nuestros trabajos, pero el mío es un poco más grande, y aunque ambos edificios tienen gimnasio y elevador funcional, a Bella le gusta la pileta en el techo que tiene mi edificio.

—Deben estar bromeando —se quejó visiblemente molesta—, están comprometidos, se casarán, harán una familia, deberían comprar una casa, un edificio no es un lugar para educar niños.

—Hay niños viviendo en mi edificio, incluso en el edificio de Bella, una que otra vez Bella ha cuidado a la hija de su vecina.

—Tu departamento solo tiene dos habitaciones, ¿acaso solo piensan tener un hijo?

—Bella y yo no hemos hablado de…

—¿Y de qué han hablado? ¿Sabes lo desastroso que puede ser no planear esto con anticipación? ¿Qué clase de vida les espera? Tu trabajo en la universidad es bueno, estás trabajando en tu maestría y hablas de comenzar tu doctorado, ¿dónde deja eso espacio para dedicar a la familia? Además el trabajo que hace Bella es maravilloso, ¿pero en qué riesgos puede ponerse al estar embarazada? ¿Cuánto tiempo va a tener para educar a sus hijos? Con todas esas cosas que ella hace, ustedes dos deberán poner prioridades y…

Le aguantaba muchas cosas a mamá, pero no iba soportar que se metiera con mi trabajo y mucho menos con el de Bella.

—Se te olvida que de los tres, soy el único que ha tenido un trabajo y un lugar donde vivir, te recuerdo que Alice ni siquiera terminó la licenciatura y Emmett ha tenido que trabajar sin descanso, lo que Bella y yo hagamos y decidamos será porque nosotros creemos que es lo mejor, y si tenemos un hijo, nos aseguraremos de que vea la importancia del trabajo de su madre y del mío. —Me levanté de la mesa tomando mi saco entre mis manos—. Ni siquiera sé si quiero niños, soy demasiado feliz solo con Bella, me encanta el trabajo que hace y lo importante que es para ella, nuestro trabajo es nuestra prioridad, además, ¿quién dijo que quiero compartir a Bella? Me gusta demasiado tenerla para mí solo.

Dejé a las tres en el restaurante y regresé al trabajo, quería a Bella en ese momento, pero sabía que estaba ocupada.

Sonreí al subir a mi auto.

Tenía dos horas antes de mi siguiente clase, quizás un examen sorpresa de las últimas tres lecturas que les dejé a mis alumnos sería la manera perfecta para levantarme el ánimo.

Horas después cuando llegué al departamento de Bella con los exámenes de mis estudiantes guardados en el maletín esperando a que los calificara, me encontré a mi bonita prometida en el sofá con una botella de vino a medio tomar.

—¿Bella?

—Hola.

Dejé el maletín a un lado del sofá y me senté junto a ella tomando la copa de su mano y dándole un sorbo.

—¿Qué ocurre, nena?

—Alice fue a verme hoy, estuvo esperando dos horas a que saliera de una junta que tenía.

—¡Mierda! Lo siento, Bella, salí a almorzar hoy con ellas, me hicieron molestar y fui un grosero, no pensé que fueran a molestarte a ti también.

—Me contó lo que pasó.

—Entonces sabes el porqué me hicieron enojar.

—Sí, lo sé, y lo entiendo, pero…

—¿Pero?

—Hay algo que tengo que decirte.

—Tú siempre tienes algo que decirme.

—Bueno, sí, pero esto es un poco más… delicado.

Fruncí el ceño ante su tartamudeo, Bella no tartamudeaba, era la persona más confiada que podía conocer.

—¿Qué ocurre, hermosa? —pregunté con toda mi atención puesta en ella.

Bella jugó con sus manos, su mirada baja sin atreverse a verme a la cara, estaba nerviosa pero no sabía el porqué.

—¿Ocurrió algo en el trabajo?

—No, todo va bien con el trabajo.

—¿Entonces?

—Es sobre algo… personal.

—Entiendo.

Bella suspiró, hizo puño las manos y me miró a la cara, sus ojos brillando con determinación y temor, era una combinación rara en ella.

—¿Recuerdas que comenzamos con lo nuestro después de que ambos nos hiciéramos los exámenes para saber que estábamos limpios, te dije que no iba a haber accidentes con un embarazo no deseado, así que podíamos dejar de usar el condón entre nosotros?

—Sí, lo recuerdo, supuse que estabas usando un anticonceptivo, nunca te pregunté.

—Bueno, puedes preguntarlo ahora.

—¿Qué anticonceptivo estás usando?

—Ninguno, o por lo menos ninguno convencional.

Sentí como si el mundo por un minuto se detuviera, ¿no estaba usando anticonceptivos? Entonces siempre hubo una posibilidad de que ella… de que yo… de que ambos.

—¡¿Qué?!

—No hay ningún peligro, no hay posibilidad de que tengamos un bebé, ni antes, ni ahora, ni después.

—Pero no estás usando ningún anticonceptivo, Bella, si no los usas hay peligro.

—No cuando acabaste con la posibilidad de un embarazo.

Fruncí el ceño sin entender sus palabras.

—No comprendo.

—Sé que te lo tendría que haber dicho hace bastante, pero no es como si pudiera sacar un tema así de la nada.

—Bella, eres la mujer que me habla de cualquier tema que le pase por la cabeza, me hablaste veinte minutos sobre las extrañezas de los gatos y después me dijiste que querías uno, creo que cualquier tema es bueno para hablarlo contigo.

—Pero esto es… delicado y no muchos lo toman bien, mi familia ni siquiera me ha perdonado.

—¿Qué pudiste hacer?

Bella tomó una gran bocanada de aire.

—A los veintitrés tomé la decisión de operarme para no tener hijos.

Miles de preguntas me vinieron a la cabeza, pero no pude articular ninguna.

—¡¿Qué?!

—Sé que no es normal que alguien tan joven lo haga, pero ¿realmente has pensado en tener hijos? ¿Te has visualizado como padre? ¿Has pensado en toda la responsabilidad y preparación que conlleva tener un bebé? Yo sí lo hice, Edward, lo hice y no me gustó cómo me vi. Estoy demasiado enfocada en mis estudios, en mi trabajo, estoy estudiando francés y sabes lo difícil que me está resultando el acento, y estoy pensando en aprender español, estoy cansada de solo decir una que otra oración corta, ¿cuánto crees que me tardaré en eso? Estoy demasiado ocupada, apenas puedo hacerme cargo de mí misma, a veces estoy tan cansada que lo único que ceno es un ramen instantáneo, ¿crees que eso es bueno para un niño? Claro que no, sé que necesitan tiempo, cariño, amor, atención, a una madre que pueda hacerse cargo de ellos tanto física como económica y, principalmente, emocionalmente y yo no estoy preparada para eso, es por eso que me ligué las trompas, pare evitar tener un bebé.

Estaba sorprendido por su revelación, sin embargo era más por el hecho de que me lo había ocultado, llevábamos cinco años y cuatro meses juntos y apenas me estaba contando esto, era eso lo que realmente me molestaba, pero no el hecho de que lo hiciera.

Era su decisión después de todo.

Tenía sus razones, razones que yo entendía por completo.

—Tampoco quiero hijos.

—No necesitas decirlo solo porque te he contado lo que hice, Edward.

—No lo hago por eso —entrelacé su mano con la mía—, realmente nunca lo había pensado, es por eso que ni siquiera me pasó por la mente hacerme la vasectomía, pero si me preguntas, realmente tampoco quiero niños, ¿por qué los querría? Me gusta mi vida, me gusta estar contigo, pasar las tardes solo tú y yo, llámame egoísta, pero me gusta la idea de tenerte solo para mí, ¿tu atención solo mía? Eso definitivamente me gusta.

Bella se rio cuando besé sus manos y se carcajeó cuando la jalé para que terminara a horcajadas sobre mi regazo, el escote de su blusa quedando a la altura de mi boca.

—¿Estás de acuerdo con esto?

—Completamente, mi amor.

Y lo estaba.

La planeación de la boda iba avanzando, mi madre nos mandó una carpeta completa con cientos de recortes, volantes y folletos que en sus palabras debíamos leer, además de que hizo anotaciones sobre las recomendaciones que ella nos hacía, solo lo leímos una vez y lo dejamos guardado en el armario.

Alice también envió una carpeta con sus opciones de vestidos de novia, así como las recomendaciones y sugerencias —que más bien parecían órdenes—, Bella tan solo le dio una rápida revisada, sin detenerse realmente en las anotaciones de Alice, para después guardarlo en el armario y no volver a verlo.

Escogimos la fecha para agosto —que era el mismo mes en que el contrato de arrendamiento de Bella terminaba, ninguno quería molestas cláusulas, así que habíamos decidido esperar a que su contrato terminara para que se mudara conmigo—, no importó que mi madre hablara sobre lluvias o que en siete meses no tendríamos el tiempo suficiente para organizar una fiesta con trescientos invitados, casi le dio un infarto cuando Bella y yo le dijimos que solo pensábamos invitar a cincuenta personas.

Los amigos del trabajo de mi padre, las amigas del club de tejido de mi madre, los conocidos de mis hermanos, las amigas del club de mi hermana, la familia de Rosalie, que en mi vida había visto, o aquellos amigos de la infancia con los que había perdido contacto tantos años atrás, no estaban invitados.

Queríamos una boda sencilla, teníamos una visión de cómo queríamos que fuera y nos estábamos apegando a nuestros planes.

Alice sufrió un pequeño infarto cuando se enteró que Bella había comprado su vestido de novia junto conmigo durante un fin de semana, en donde ambos con tiempo libre salimos a recorrer tiendas, ni siquiera agendamos cita, ni nada de esas cosas que se hacen en tiendas de novia pretenciosas, solo entramos, lo vimos, nos gustó y los compramos.

—¿Qué clase de vestido puede ser si lo compraste sin que nadie te acompañara?

—Me acompañó Edward.

—Sí, pero su opinión no es importante, cuando yo escogí el vestido para mi boda tardé tres horas en escoger tan solo cinco posibilidades y tenía seis acompañantes.

—Pero no es tu boda ni tu vestido, así que no veo el problema —dijo Bella sin apartar la vista de su computadora.

No planeábamos una gran celebración, puesto que la mayor parte de nuestro presupuesto estaba destinado para un largo viaje de dos semanas a Egipto, disfrutando enormemente del sol, las pirámides y la cultura.

Nadie de mi familia pudo entrometerse en nuestra planeación, no importó cuánto mi madre intentara que viéramos lo importante del caviar para las entradas.

—El caviar está sobrevalorado, si le dices huevos de pescado nadie lo comería, solo ponle un nombre interesante y cualquiera comería sesos de vaca o algo peor.

Amaba a Bella demasiado.

Los meses pasaban y la fecha se acercaba, no sentía los nervios que muchos decían que había, tampoco sentía la presión que Emmett y Jasper me decían que las novias tenían, Bella estaba relajada, a veces se enfadaba cuando hablaba por teléfono, pero no era precisamente algo que me desquiciara.

Pero mi madre y hermana tenían que entrometerse y preparar una cena de compromiso dos meses antes de la boda con los trecientos invitados que ellas querían.

Había discutido con mi madre, incluso le advertí que no me presentaría, sin embargo al final Bella aceptó presentarse, pero llegamos tres horas tarde.

—Los invitados están desde hace horas, están hambrientos, pero no hemos podido cenar porque ustedes no habían llegado, ¿qué tienen que decir en su defensa? —cuestionó mi madre bastante enojada.

—Nosotros no pedimos esto, mamá —respondí encogiéndome de hombros—, planeaste esta cena junto con Alice y no sé quién más a nuestras espaldas. Planearon algo sin conocer nuestras agendas, sin saber si teníamos compromisos, no puedes enojarte cuando planeaste todo esto sin consultarnos ni advertirnos, las únicas culpables de que esas personas esperaran tanto son ustedes, no nosotros.

Tomé la cintura de Bella, quien mantenía una sonrisa discreta en la cara después de que repitiera las palabras que ella me dijo cuando ninguno de los dos tenía las ganas de alistarse para venir.

»Además, ni siquiera pensábamos venir, terminamos muy cansados del trabajo, así que posiblemente nos vayamos temprano.

La reunión fue agradable, nos felicitaron, nos dieron consejos, era una buena fiesta, a pesar de que ambos realmente estábamos agotados porque ninguno quería dejar pendientes importantes para cuando nos fuéramos de luna de miel. Ambos acordamos que no llevaríamos nada de trabajo, ni siquiera responderíamos llamadas.

Mientras cenábamos la sofisticada y pretenciosa comida que no se asemejaba en nada a la comida que nosotros habíamos reservado para la boda, mi padre se puso de pie, tocando con el tenedor para ensaladas su copa de champaña.

—No me digas que va a dar un discurso —gimió Bella escondiendo su rostro en mi hombro.

—Lo siento, bomboncito, ser humillado por los familiares es parte de las bodas.

—Vuelve a llamarme bomboncito y cancelo la boda hoy mismo.

Escuchamos a mi padre hablar acerca de la importancia de un buen matrimonio y de no irse a la cama enojados, tonterías así.

Podía recordar cada uno de los pleitos de mis padres y cómo muchas veces lo encontré durmiendo en el sofá… quizás el irse al sofá era la manera de no irse a la cama enojados.

—No nos vamos a la cama enojados —murmuró Bella.

—Siempre te contento con mi lengua —le dije causando su risa, la champaña me había atontado lo suficiente para perder el pudor, por eso cuando la señora Morris, la vieja amiga de mi madre, nos miró mal, no pudo importarme lo suficiente.

La siguiente en hablar fue mi madre.

—Estoy tan feliz de saber que mi niño por fin sentará cabeza —comenzó diciendo con voz llorosa, si no fuera mi madre tal vez le creería—, rogué tanto porque consiguiera una mujer que lo cuidara y lo atendiera.

—¿Acaso no puedes hacerte cargo de ti mismo? —preguntó Bella frunciendo el ceño—. Seré tu esposa, no tu madre.

—Solo ignórala, cariño.

—Estoy tan feliz de que Bella llegara a la vida de mi hijo, es una chica inteligente, hermosa y muy buena mujer, estoy segura de que será una excelente esposa y madre, espero que no tarden más de un año en hacerme abuela de unos hermosos nietos.

Sentí como Bella se tensaba.

—¿No le dijiste? —me preguntó con el ceño fruncido.

—Es mi madre, solo escucha lo que quiere escuchar, ya la conoces.

Bella asintió no muy segura.

Alice subió diciendo algo sobre tener una hermana con la que pasar tardes de compras, no veía ni por un segundo a Bella dejando su trabajo solo para complacer la hiperactividad de mi hermana.

Emmett se burló de nuestra vida sexual, él solo estaba celoso porque no podía hacerlo con Rosalie con la misma frecuencia con la que Bella y yo lo hacíamos, ellos tenían gemelos en plena adolescencia, dormían hasta tarde y podían escuchar cada ruido de la noche, lo que los dejaba sin mucha oportunidad para la intimidad.

Más familiares subieron, dándonos consejos de matrimonio, así como deseando salud para nuestros futuros hijos.

Algunos otros a manera de broma nos reclamaron por no invitarlos a la boda, no pudo importarme lo suficiente para que me replanteara mi postura de no invitarlos.

Media hora después de que los brindis terminaran, Bella me dijo que quería irse, yo también, así que nos disculpé con mi madre.

—Es muy temprano todavía —dijo mi madre—, aunque Bella se nota realmente cansada, ¿no será que me harán abuela en menos de nueve meses?

—No —declaró Bella demasiado seria—, no estoy embarazada y no lo estaré en un futuro cercano ni lejano.

—Solo espero que no me hagan esperar tantos años, después de todo, Bella, no estás tan joven.

—Tiene razón, soy lo suficientemente mayor como para tomar mis propias decisiones, y no tener un hijo es mi decisión.

—¿Y mi hijo no tiene opinión?

—Ya que es mi cuerpo, no, no la tiene.

Tomé a Bella de la cintura para intentar calmarle y mostrarle mi apoyo, lo último que necesitábamos era hacer una escena enfrente de familiares chismosos.

El camino a casa fue tenso, Bella estaba a nada de explotar.

—Vamos, dilo —le dije apenas cerré la puerta del departamento.

—¿Qué quieres que diga? Te dije hace meses sobre la ligadura de trompas, pensé que le habías dejado en claro a tu familia que no tendríamos hijos.

—Ellos no necesitan saberlo, además, puedes revertir la ligadura.

—¿Qué?

—Estuve investigando, puede revertirse, puedes desligarte las trompas y ser capaz de ser madre.

—Debes estar bromeando.

—No es broma, puedes someterte a la cirugía, quizás en un año o dos podremos estar esperando a nuestro hijo y…

—Eso no va a pasar —me cortó furiosa—, te lo dije, no quiero hijos, Edward, no me sometí a esa cirugía para que después pudiera revertirla, sabía lo que estaba haciendo, me replanteé todas las posibilidades existentes, no dejé ninguna al aire, incluso fui con la psicóloga solo para complacer a mi familia, tomé una decisión en ese momento y esa decisión no ha cambiado.

—Pero las cosas son diferentes, te vas a casar conmigo.

—¡Pero tú lo sabías! Te lo dije, Edward, no quiero tener un hijo, no lo quiero, no lo quería hace once años, no lo quería hace seis que te conocí, no lo quiero ahora y definitivamente no lo quiero en el futuro, ni me arrepentiré de mi decisión.

—No puedes estar hablando en serio, un hijo es…

—¿La mayor bendición que puedes tener? ¿No sé lo que es el amor incondicional? ¿Cómo puedo privarme de la alegría que causa un hijo? ¿Acaso no puedo amar a una persona que viene de mí? No, Edward, no puedo, ¿cómo amar algo que no existe? ¿Acaso lloras por los bebés que mueren cada vez que te masturbas? ¿O te lastima saber que tu semilla no da fruto cada vez que la menstruación llega? No, Edward, no lo haces, ¿amas a Kate y Seth?

—¿Quiénes son esos?

—Nuestros hijos... oh, espera, no existen, ¿cómo vas a amarlos si no existen? No puedes llorar por algo que no tienes y que nunca has tenido, tus hermanos aman a sus hijos, pero los aman porque están aquí, porque venían en camino, pero no aman a todos los niños que no han tenido por usar anticonceptivos, no lamentas la pérdida de un bebé que ni siquiera ha existido.

—No tiene sentido lo que estás diciendo, Bella.

—Tal vez no o tal vez sí, no lo sé, pero lo que sí tiene sentido para mí es que creas que existe una posibilidad de que yo cambie mi decisión. ¿Acaso te pusiste a pensar si no tuve alguna complicación? No tuve ninguna, ¿pero sabes qué? Yo no quería una ligadura, yo quería que las cortaran, una ligadura podía ser reversible, lo había leído y temí que eso me pasara, por eso quería que las cortaran, pero el médico no quiso, se negó a hacerlo: "Eres demasiado joven para realmente saber lo que quieres, tu marido tendrá algo que decir cuando se entere y lo último que querrás es que te deje por otra porque no puedes darle hijos, además, quizás cuando crezcas un poco más y madures, te des cuenta que realmente no sabías lo que hacías". Sabía lo que hacía, Edward, pero claro, nadie puede tolerar que una mujer no quiera ser madre, ¡estamos aquí para algo más! La maternidad no nos caracteriza, ¿sabes por qué seguía soltera cuando me conociste? Porque tuve dos relaciones antes de ti, a ambos les dije sobre mi decisión y los dos enfurecieron y me terminaron. —Negó con la cabeza mientras reía sin humor—. Pensé que eras diferente, realmente lo creí, pero veo que no.

—No te voy a dejar por algo así.

—No, tú pretendes que revierta la operación y te dé uno o dos hijos antes de que sea demasiado tarde.

Ambos nos quedamos callados, no sabía qué decir.

—¿Puedes amarme solo a mí, ser feliz solo conmigo? ¿Estás dispuesto a vivir una vida solo de dos? ¿O necesitas que cumpla con lo que tu familia cree que es necesario para tener una buena vida?

No me dejó responderle, solo se dirigió a la habitación.

Las cosas estuvieron tensas a partir de esa noche.

No ayudó que mi mamá se presentara en el departamento para hablar del problema que teníamos, Bella no estuvo nada feliz con el monólogo de mi madre sobre cómo un hijo la hacía sentir completa.

—Nunca me he sentido una mujer incompleta, ¿te sientes incompleto, Edward? Porque quizás en lugar de tener un hijo, deberías pensar en ir a un psicólogo y reevaluar tus tendencias dependientes.

Y si eso no fuera suficiente, Alice tuvo que entrometerse, encontrando el número de teléfono de los padres de Bella y planeando una intervención para que Bella recapacitara.

La familia estaba a favor de que se sometiera a la cirugía para tratar de desligar las trompas, eso solo hizo que Bella enfureciera aún más.

Nuestra tranquila vida se vio interrumpida por familiares entrometidos y bebés por montón, los brazos de Bella estuvieron llenos de bebés.

Desde los bebés de mis primas, hasta los hijos de las amigas de Alice y nietos de las amigas de mi madre.

Cuando estábamos solos en casa, no peleábamos, pero raramente hablábamos.

No sabía cuánto más duraríamos de esta manera.

Entré al departamento encontrando a Bella en el sofá con una copa de vino.

Dejé mi maletín y me senté junto a ella, sirviéndome vino en la copa sobrante, ambos nos quedamos en silencio, simplemente haciéndonos compañía.

Puede que tuviéramos problemas, pero conocía a Bella, la conocía tan bien como ella lo hacía conmigo, y era por eso que sin necesidad de palabras sabía que habíamos llegado al final.

—Teníamos algo bueno, Edward, realmente lo teníamos, pero confundimos comodidad con amor, nos llevábamos tan bien porque ninguno tenía la necesidad de tomar la seriedad de una relación.

—Pero sí te amo, Bella.

—Y yo a ti, Edward, pero ¿es suficiente?

—Me gustaría decir que sí.

—A mí también.

Hizo el intento de quitarse el anillo de compromiso que la acompañó por seis meses, pero no lo permití.

—Es el anillo de tu bisabuela.

—Lo sé, pero siento que debes…

—No me debes nada, Edward, el anillo te pertenece —se quitó el anillo y me lo tendió—, mereces dárselo a la persona perfecta para ti.

—Tú eres perfecta para mí —acaricié su mejilla, limpiando la traicionera lágrima que resbaló sin su permiso—, incluso tus imperfecciones, tus locuras, tu bocaza, cuando eres una sabelotodo o solo estás tonteando conmigo, pero entiendo lo que quieres decirme.

Tomé el anillo y jugueteé con él sin saber qué hacer.

»¿Es todo? ¿Se ha terminado?

—Creo que sí —murmuró acariciando mi mejilla.

La besé por última vez.

Desnudé, besé y atesoré su cuerpo solo una vez.

Fuimos uno por última vez.

Cuando desperté, ella ya se había ido, llevándose todas sus cosas, solo dejándome el recuerdo de algo que no pudimos tener.

~~~~~~~~~~~~~~~A~~~L~~~L~~~~~~O~~~F~~~~~~M~~~E~~~~~~~~~~~~~~~


Hola!

Esto comenzó como un OS, pero dado que se alargó bastante, Yanina y yo decidimos dividirlo para que ustedes lo disfrutan aún más.

Yanina, muchas gracias por la revisión del capítulo y por acompañarme en esta nueva historia, eres la mejor, te quiero y adoro.

Déjenme sus comentarios, opiniones, críticas, teorías o lo que quieran compartir conmigo en un review.


Se que se preguntarán por las demás historias, nunca he abandonado ninguna y ni comenzaré a hacerlo, así que despreocupense que pronto tendrán nueva nos capítulos.


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