Los personajes de Twilight no son míos sino de Stephenie Meyer, yo solo me divierto un poco con ellos.


Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite fanfiction


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Capítulo 2

Fui un maldito bastardo deprimido por las siguientes semanas.

Mi vida se reducía a mi trabajo, sobreexplotaba a mis alumnos con trabajos, con fechas ridículamente mínimas, pero su enojo no me interesó, me motivaba a dejarles más trabajos.

Cuando el correo de la agencia de viajes que habíamos contratado me avisó que la devolución del pago que hice por nuestra luna de miel se llevó a cabo con éxito, les hice un examen sorpresa a mis estudiantes, el cual la mayoría reprobó.

Ni siquiera me interesaron sus gemidos de frustración o su llanto por perder su excelente promedio.

¿Qué carajos le pasa? Antes era mejor, por lo menos nos daba una segunda oportunidad, nos escuchaba, ahora parece que odia a todo el mundo.

Dicen que su prometida terminó el compromiso.

No me sorprende, ¿quién lo soportaría?

Eran normales ese tipo de comentarios, ¿acaso era tan insufrible? A Bella realmente no parecía molestarle lo que yo hacía.

Ella decía que me veía sexy como un profesor estricto, más de una vez jugamos al profesor y la alumna, sus piernas enfundadas en largas calcetas blancas con una faldita que apenas cubría su tanga.

No tenerla a mi lado me estaba lastimando.

Conforme la fecha prevista para mi matrimonio se acercaba y los depósitos de las devoluciones de los servicios que habíamos contratados eran regresados a mi cuenta, mi temperamento solo empeoraba.

Me negaba a visitar a mis padres.

Mi madre más de una vez fue al departamento, pero no le abrí, no estaba de humor para soportarla.

Ni siquiera me soportaba a mí mismo.

El temible día llegó, creí que estaría preparado para enfrentar la fecha, pero no fue así.

Me emborraché hasta perder el conocimiento una noche antes, rogando pasar en la inconciencia esa fecha, pero no fue así, con una resaca de los mil demonios, mi alarma sonó.

No mi alarma normal, Bella y yo habíamos programado en el calendario de nuestros respectivos teléfonos la alarma para despertarnos temprano y poder hacerlo como prometidos una última vez.

Yo había sido el de la idea.

Estás demente, Edward, ¿cómo puedes pensar una cosa así?

Sería divertido, piensa en las posibilidades.

¿Y esas serían?

Hacemos el amor y tenemos este explosivo orgasmo que nos deja relajados y satisfechos, además comprobamos si es cierto lo que dicen.

¿Sobre qué?

Sobre que hacer el amor como matrimonio es diferente. ¿Te imaginas que sea mejor? Posiblemente muera de placer porque no creo poder soportar tremendo orgasmo, porque si de algo estoy seguro, hermosa, es que cuando estoy enterrado en tu coñito húmedo, apretado y caliente, estoy en el jodido nirvana, solo con estar adentro estoy explotando, llenándote a rebosar.

¿Te he dicho cuánto me gusta que aunque hablas sucio sigues sonando romántico?

Bella aceptó poner la alarma, teníamos pensado hacerlo dos veces, una vez yo mandaba y la otra ella. Pero mientras mi alarma sonaba con el mensaje "Último sexo como solteros", a mi alrededor estaba yo solo, en mi jodido apartamento en donde Bella ya no residía.

—Será mejor vivir aquí, pasamos más tiempo aquí que en el mío, además, podemos ir en la madrugada a la piscina, cuando recién ha sido limpiada y podemos volverla a ensuciar.

Entre más pensaba, más odiaba el hecho de que ya no estuviéramos juntos.

Odiaba que yo ni siquiera pude cancelar una alarma.

Bella se había encargado de cancelar prácticamente todo, desde el lugar reservado, la luna de miel, el banquete, hasta el juez, incluso canceló la mesa de regalo y esperaba que también avisara a las personas.

Y por si no fuera suficiente mi miseria, el timbre sonó a las 13:46, era el repartidor con la sorpresa que había preparado para Bella.

Lo tenía todo planeado, le diría que ella abriera ya que yo estaba ocupado, me gritaría pues diría que pasó tres horas sentada en la silla dejándose hacer por la estilista para verse bonita para mí, pero aun así iría a abrir la puerta y se toparía con los arreglos de flores que había programado para que llegaran de sorpresa la mañana de la boda, ella no sabía nada, quería sorprenderla, que me amara un poquito más antes de darnos el sí. Pero ella no estaba, así que tuve que firmar el entregado y leer la bendita nota que me esforcé para escribir para ella.

Quisiera ser un hombre de versos para dedicarte la más bella poesía, o tal vez músico para componerte melodías, o quizás pintor, así inmortalizaría tu belleza para el futuro, pero no soy nada de eso, solo soy este hombre enamorado que agradece que, a partir de hoy, mi vida estará unida a la tuya.

Lástima que una vida no me es suficiente para amarte, ¿aceptas ser mía por toda la eternidad?

¿Realmente la había perdido?

¿Se acabó todo entre nosotros?

Ella canceló todos los preparativos que habíamos hecho, pero ¿por qué no lo haría? Yo no peleé por ella, no me negué a que lo nuestro terminara.

Le había dado vueltas al asunto unas cuantas veces, me quedé despierto hasta tarde pensado en las cosas, en lo que hubiera hecho diferente, pero siempre llegaba a la misma conclusión.

Ella no estaba conmigo.

Pero sí te amo, Bella.

Y yo a ti, Edward, pero ¿es suficiente?

Había repetido ese diálogo una y otra vez en mi mente, ¿era suficiente?

Recordé cada una de las veces en donde saltó sobre mí, casi dejándome sin aire, en donde después de dos fines de semana en donde no nos veíamos, estábamos en los brazos del otro, besándonos hasta que la respiración nos faltaba.

Nunca tenía suficiente de ella.

Pero sí te amo, Bella.

Y yo a ti, Edward, pero ¿es suficiente?

¿Lo era?

Sabía que la amaba, mis días eran mejores cuando los comenzaba junto a ella, a veces solo con compartir café de la misma taza era suficiente para sentir que iba a tener un buen día.

¿Ya no más?

Pasar los días en pijama o sin nada de ropa ya no iba a suceder.

Ya no tendría con quien quejarme sobre mis atolondrados estudiantes universitarios que a veces actuaban peor que unos niños. Bella ya no me diría repruébalos, solo por diversión. ¿Realmente estaba preparado para ya no tenerla a mi lado?

Ella se robaba mi comida, pero yo siempre le robaba sus postres, muchas veces ella solo llevaba helado porque sabía que yo lo amaba, a veces preparaba cheescake solo para consentirme, que me lo dejara comer sobre ella era un plus.

¿Realmente la había perdido?

Con los girasoles a mi alrededor y la nota entre mis manos, una revelación llegó a mí, fue como si todo dentro de mí se iluminara de repente.

—Sí es suficiente, hermosa, una vida a tu lado es todo lo que necesito.

Salí de mi departamento con la nota entre mis manos y una idea en mente, necesitaba llegar a Bella, decirle que la quería a ella, si ella quería todo de mí, yo quería todo de ella.

Yo la quería a ella.

El elevador se abrió dejándome estático, ahí frente a mí estaba mi familia sonriéndome.

—¡Edward! Me alegra que por fin salieras del departamento, estar tanto tiempo encerrado hará que te enfermes.

—Mamá, yo…

—¿Y qué haces vestido de esa manera? Por Dios, Edward, pareces un pordiosero.

—No parezco un pordiosero, solo es ropa, además a donde iba…

—A los únicos lugares a donde debes ir es al armario a buscar ropa decente y después acompañarnos a comer, sabemos que esta fecha no es muy buena y lo último que quieres es estar solo.

—Es que yo…

—Es que nada —me cortó al mismo tiempo que me empujaba de regreso al departamento, pensé en ignorarla y seguir mi camino, pero tenía a todos acaparando el pasillo.

Guardé la nota en el cajón de mi ropa interior.

Quizás el que mi familia apareciera justamente en ese momento para evitar que fuera hacia Bella era una señal de que no debía hacerlo.

Veinte minutos después, cuando íbamos saliendo, quise huir del lugar, volver a mi departamento y ahogarme en mi propia miseria, aún no me sentía listo para salir, sentía esta opresión en el pecho, como si estuviera traicionando a Bella.

A partir de ese día, mi familia prácticamente invadía mi departamento, llegaban sin avisar, ni siquiera se limitaban a invadir mi espacio en mi tiempo libre, a veces aparecían en mi trabajo.

No podía decir si su intromisión era buena o mala.

Supe que debía ponerle un límite cuando una mañana Alice casi me tiró de la cama.

¿Cómo consiguió las llaves de mi casa? No tenía idea, pero se las quitaría.

—No puedo creer que tengas esto —protestó tomando el camisón que Bella había olvidado y que yo encontré debajo de la cama—, con razón no dejas de actuar como un zombi.

—No te interesa, Alice.

—Claro que lo hace, ella te terminó, Edward, fue quien rompió el compromiso, no puedes seguir lamentándote por ella, no vale la pena, hay cientos de mujeres afuera, mujeres que sí te valorarán y apreciarán, quienes querrán formar una buena familia a tu lado.

—No estoy interesado en una relación.

—Nadie lo está al inicio, pero verás que cuando conozcas a Tanya…

—¿Tanya? —la interrumpí.

—Sí, Tanya, es mi amiga de clase de spinning, lleva un año soltera, es muy guapa y divertida, además no es extraña y mamá y yo la adoramos, verás que tú también lo harás.

—No estoy seguro, Alice.

—Tonterías, ve a bañarte en lo que veo qué puedes usar. —Me empujó hacia el baño mientras que ella se dirigía al armario, por suerte las otras prendas de Bella estaban perfectamente escondidas en mi cómoda, la entrometida de mi hermana no las encontraría—. La cita es hoy a las ocho en la Bella Italia.

Me detuve al instante.

—No voy a ir a ese lugar.

—Si me dices que es porque ibas con Bella, te daré un buen golpe, ella no merece que arruines los buenos lugares solo por su recuerdo.

—No es el recuerdo, Alice, la última vez que fui terminé intoxicado, Bella y yo prometimos no volver ahí, así que llama a tu amiga y dile que cambie de lugar.

—Pero es su restaurante favorito.

—Pues que vaya entonces contigo, porque yo no entro ahí.

—Bien —gruñó al mismo tiempo que sacaba su teléfono—, el bar de sushi en…

—Nada de sushi.

—Edward...

—No quiero comer pescado crudo —sentencié antes de cerrar la puerta del baño detrás de mí.

Mientras me quitaba la ropa y escuchaba a Alice hablar con su amiga, no pude evitar recordar la última vez que comí en la Bella Italia, con Bella robando de mi pasta Alfredo aun cuando ella me había dicho que no quería.

¿Sabías que la versión moderna del fetuccini a lo Alfredo se transformó después de hacerse conocidos fuera de Roma, la receta "cruzó" el Atlántico y al llegar a Norteamérica había sido transformada? ¿Por qué? Existen dos teorías, la primera es que la salsa blanca que asociamos con los tallarines a lo Alfredo puede haber sido consecuencia de la baja calidad de la mantequilla y del parmesano que se consumía en Estados Unidos en la década del 50, cuando el plato pisó tierra americana, la segunda teoría es que la crema preparada con mantequilla, harina y leche fue utilizada a modo de atajo para lograr esa salsa sedosa que Di Lelo conseguía con su cuidadoso trabajo de mezcla.

Podía recordar también el bar de sushi, ella me había retado a comerme el condenado ojo del pescado.

Seré una gallina feliz, una gallina que no se comió un ojo de pescado —fue lo que dijo cuando la reté a hacer lo mismo—. Eso fue realmente asqueroso, Edward, olvídate que te bese hasta que te laves la boca y a que pasen dos días.

A pesar de sus protestas, la besé en el estacionamiento, dentro del auto y durante toda la noche, y nunca se quejó de ello.

Quizás Alice tenía razón y debía intentar superar a Bella, después de todo, tenía dos meses sin saber nada de ella.

Tanya era una agradable compañía, era bonita, amable, carismática, risueña y siempre tenía algo que decir, podía pasar todo el día hablando con ella y nunca cansarme.

No decía cosas extrañas que me dejaba en blanco por los siguientes minutos o tal vez horas y eso en cierto punto era agradable, no tenía que estar preparado para que en cualquier momento me soltara rarezas.

Tampoco tenía la loca tendencia de pintarse las puntas del cabello de colores y después quejarse por lo maltratado que lo tenía, su cabello de un rubio rojizo era muy lindo, además siempre lo tenía en su lugar.

Sabía que mi madre y hermana habían planeado que saliéramos en primer lugar, ellas creyeron que era una buena pareja para mí ya que teníamos muchas cosas en común, demasiadas cosas en común.

Compartíamos el mismo tipo de educación, ella era profesora de matemáticas en una universidad privada.

Tenía dos hermanas, Irina y su prima Jane, quien había crecido junto a ellas después de que sus padres se divorciaran, y la consideraba como otra hermana.

A ambos nos gustaban las películas de acción, disfrutábamos de una comedia romántica y nos aburrían las películas independientes en idiomas que ninguno de los dos entendíamos. Descubrí que nuestros padres se conocían de antaño y que ahora que estábamos comenzando algo, ellos habían retomado la amistad.

Nuestras familias se agradaban, no había familiares desinteresados que no tuvieran la decencia ni de presentarse a cenas de compromiso o que no respondieran las llamadas de una mujer que solo quería entablar una sana relación.

No es que comparara.

Tanya era sincera, no había secretos ocultos intencionalmente.

Al principio, estuve renuente ante la idea de comenzar una nueva relación cuando apenas dos meses atrás me habían dejado casi en el altar, pensando que quizás era demasiado pronto para volver a salir en citas, pero conforme las semanas pasaron, realmente disfruté de la compañía de Tanya. Quizás debía agradecerle a mi hermana el haberse entrometido, pero nunca lo haría, después se le subiría a la cabeza y no tenía ganas de ver cuánto podía crecer su egocentrismo, además le daría motivos para volverse aún más molesta y entrometida.

Estar con Tanya era bueno, se sentía bien entre mis brazos, me gustaba besarla, abrazarla, acariciar cada curva de su cuerpo.

Incluso cuando peleábamos disfrutaba del fuego en su mirada, me gustaba que me dejara animarla con flores y chocolates, ver su emoción cuando le regalaba algún animal de peluche, y sabía que no iba a reírse de mí por ser cursi o a amenazarme con patearme las bolas si usaba algún apodo cariñoso.

Y el sexo era bueno.

Con cada día que pasaba me sorprendía lo diferente que era tener una relación con Tanya, una buena relación, una relación en donde ella no se creía mejor que yo, en donde sabía con certeza que estaría en casa al llegar y no se quedaría más tiempo o me cancelaría a último minuto porque había tenido que cubrir una emergencia.

Cada momento que pasaba con Tanya a mi lado me sentía cada vez más seguro y confiado de que esta relación era lo que de verdad quería.

Tanya era una buena compañera.

Mi vida con Bella hubiera sido demasiado fácil, solo seguir la corriente, viendo la vida pasar sin alteraciones, habíamos pasado seis años juntos y sentía que mi vida seguía en el mismo lugar, incluso cuando solo un año y medio de esos seis fuimos pareja, Bella no estaba pensando en mudarse a otro lugar, conseguir otro empleo, regresar con su familia, Bella dejaba que la vida pasara sin alteraciones.

Sin querer cambiar.

Mi vida con Tanya era completamente distinta, en tan solo seis meses me había replanteado muchas cosas, dejé de comportarme como un niño mimado y consentido que se quejaba de su familia y comencé a pasar más tiempo con ellos.

Cambié de auto a uno con mayor espacio y comodidad, uno en donde podría llevar a más de una persona.

Junto a Tanya veía la vida desde un ángulo diferente.

Tardé cinco años en ver a Bella como pareja y fue mi madre quien me presionó para que lo hiciera, pero con Tanya las cosas se daban de manera natural.

Ambos estábamos listos para ser el compañero que el otro necesitaba.

Tanya estaba ahí cada vez que la necesitaba, siempre estaba ahí, incluso cuando tenía trabajo, si yo la necesitaba ella vendría a mí.

Mi madre decía que quizás una boda se realizaría el siguiente año, lo dudaba un poco al principio, pero cuando vi a Bella besuqueándose con vaya a saber qué idiota en medio del restaurante, le propuse matrimonio a Tanya sin siquiera dudarlo.

—Pero solo llevamos seis meses juntos.

—Lo sé y, si te soy sincero, no tenía planeado pedirte matrimonio hoy, pero al verte a la luz de las velas, supe que eres la mujer indicada para mí. ¿Aceptas ser mi esposa, bombón?

Me sentí estúpido al decirle así, ese no era yo, yo no decía cursilerías, puede que incluso escuchara una risa bastante conocida burlándose en mi cabeza.

—Claro que sí, Edward, sí quiero, claro que quiero.

No tenía un anillo que darle, pero aun así tomé su mano y besé sus nudillos.

—Después de la cena, podemos ir a Tiffany y conseguir un anillo para tu bonita mano.

—¡¿De verdad?!

—Por supuesto.

Continuamos comiendo, casualmente miré hacia donde se suponía que estaría Bella, pero la mesa estaba vacía con los restos de la cena, ¿demasiado apurada para irse a la cama con el idiota ese?

Mi madre estuvo en el séptimo cielo cuando le dimos la noticia, disimuló muy bien su desconcierto al ver que Tanya no usaba el anillo de la bisabuela, pero no dijo nada, suponía que lo hacía más por Tanya que por mí, realmente estaba esperando su reclamo en cualquier momento.

El bonito anillo de diamantes bañado en oro blanco era un buen anillo, no se comparaba al de la bisabuela, pero no pude dárselo a ella.

No encontré razones para dárselo, la bisabuela me dijo que solo podía entregárselo a la mujer correcta y ya que tal vez me había equivocado la primera vez, no quería arruinarlo de nuevo.

Además, puede que Bella me lo regresara sin problema, pero no sabía cómo actuaría Tanya.

—¿Han pensado en una fecha?

—La verdad n…

—Sí, será exactamente en un año —dijo Tanya sin perder la sonrisa en su rostro—. Soy una romántica y quiero que sea justamente en un año, así el mismo día en que me pidió matrimonio, será el día en que nos casemos.

—Eso es tan perfecto —suspiró mi madre encantada—. Entonces tenemos mucho que planear, un año apenas es suficiente, espero que me permitas participar en los preparativos.

—Claro que sí, mamá —respondió Tanya risueña—, me encantaría que me ayudaras, ya que mi madre murió hace dos años, me gustaría tenerte junto a mí. Siempre es necesario un apoyo maternal.

—Sería un honor.

Ellas comenzaron a hablar sobre reservaciones, ideas, lugares, colores, temas y vaya a saber qué otras cosas, mientras que yo me quedé sin saber qué decir, viéndolas parlotear.

No me importó realmente, después de todo, mi madre siempre quiso participar en los preparativos de la boda, Bella no lo había permitido, así que dejar que ayudara a Tanya era lo mínimo que podía hacer por ella.

Supe que estaba cometiendo el peor error de mi vida al estar con Tanya la mañana que desperté con una pelirroja en mis brazos.

Supe que no tendría un buen matrimonio cuando después de la pelirroja, muchas más mujeres despertaron en mi cama, a veces solo era una, algunas otras eran dos.

Nunca había engañado a Bella, ni siquiera cuando solo follábamos de vez en cuando, me mantuve monógamo por seis años, pero ahora me tiraba a cualquiera que me diera oportunidad.

Con Tanya ya no teníamos la misma relación de antes, me sentía cada vez más alejado de ella, a veces pasábamos semanas completas sin vernos —realmente no me molestaba—, ella estaba ocupada con todo lo relacionado con la boda y con sus cosas, y yo estaba ocupado tanto con mi trabajo como con mantenerme alejado de bridezilla y su séquito de "gritémosle a Edward sobre el poco sentido del gusto que tiene", pero cuando por fin nos veíamos, era principalmente para que ella hablara sobre que los preparativos iban bien y que necesitaba un nuevo cheque.

Le sugerí que nuestro pastel fuera una montaña de cupcakes, ella se enojó conmigo por sugerir tremenda estupidez.

Dije que en lugar de gastar en caviar quizás pudiéramos dar fruta o mini sándwiches —me gustaban esas pequeñeces—, pero Tanya dijo que no.

Quizás cuatrocientos invitados eran demasiados, Tanya dijo que todos eran fundamentales, yo creía que la prima de la tía de la sobrina de la hermanastra de la amiga de Alice no era precisamente una invitada fundamental, pero Tanya no quiso escucharme.

Cuando le sugerí ir a Grecia por nuestra luna de miel, ella me dijo que iríamos a Hawái.

—Es práctico, es lindo y me gusta Hawái, ¿por qué no ir? Además de que no solo es nuestra luna de miel también son vacaciones, ¿por qué pasarlas en un lugar en donde solo veríamos ruinas?, es mucho mejor ir a Hawái, clima tropical, sol, arena y playa, ¿qué más puedes pedir?

Tenía mucho que decir, pero supuse que Tanya no me escucharía o simplemente desecharía mi idea sin escuchar razones.

Con el pasar de las semanas dejé de dar mi opinión, incluso cuando ella me lo pedía sabía que escogería lo que ella quería sin siquiera tomarme en cuenta, a veces sentía que mi madre tenía mucha más participación en mi boda que yo mismo.

Cariño, todo lo que tienes que hacer es ponerte el traje y presentarte puntualmente el día de la boda, nosotras nos estamos encargando de todo lo demás.

Pero no debería, no sé… ¿opinar sobre lo que se servirá de comer?

Edward, hijo, una boda es con lo que todas las mujeres soñamos, la hemos estado planeando desde que aprendemos a jugar con muñecas, Tanya está escogiendo las mejores cosas para ambos, confía en ella.

El problema era que realmente no confiaba en lo absoluto en ella.

Ni un gramo de mi ser confiaba en ella.

No estaba seguro de que eso fuera lo que se suponía que tenía que hacer, recordaba cuántas veces Bella y yo pasamos eligiendo las cosas, los dos decidimos que el pastel sería mitad chocolate, mitad naranja, porque no podíamos elegir solo uno. Ambos planeamos la luna de miel, el banquete, las flores, hasta la acompañé a comprar el jodido vestido.

Yo le dije lo hermosa que estaba y cuánto deseaba quitárselo con los dientes.

¿Puedo romperlo?

Debes hacerlo, amor, me sentiría realmente decepcionada si no me lo arrancaras del cuerpo al final de la noche, o quizás antes, he escuchado que es bastante normal que los novios desaparezcan a mitad de la velada.

Quizás que las cosas fueran diferentes con Tanya era una señal de lo mal que estaba mi relación con Bella.

Era mejor que creyera eso.

Por mi salud mental era lo mejor.

Realmente estaba cuestionándome hacia dónde iba mi vida a partir de aquí.

Las cosas se pusieron aún más jodidas cuando me permitió ver los vestidos de las damas de honor —¿para qué necesitaba siete damas?, no lo sabía y Tanya solo rodaría los ojos si le preguntaba, Bella no necesitó ninguna, ni siquiera contempló tenerlas—, me había ofrecido a verlos con ella ya que al parecer todos los demás estaban ocupados, pero tan solo di una pequeña sugerencia y Tanya se enojó.

—Solo te estoy diciendo que no me gusta el azul, ¿por qué tiene que ser azul? No puede ser, no sé, ¿amarillo?

—Nada en la decoración es amarillo, Edward, ¿por qué mierda mis damas irían de amarillo?

—No lo sé, Tanya, solo sé que no me gusta el azul, elige otro color.

—No voy a elegir otro color, el azul es perfecto, combina con la decoración y además no resaltarán más que yo.

—Créeme que, con ese color y el diseño tan feo, sí resaltarán, será de lo que hablen todos.

—¡Claro que no! Los diseños no son feos, son tradicionales, ni siquiera sé por qué acepté que vinieras, no estás ayudando, llamaré a tu madre o Alice, quizás hasta Rosalie, ellas me ayudarán mucho más que tú, tú puedes irte al departamento.

Tanya me dejó en la habitación con Jane delante de mí usando el horrible vestido.

—Yo también lo creo —dijo jugando con la falda del vestido—, le dije que es feo y no nos favorece, pero cuando se le mete algo en la cabeza, no hay poder que la haga cambiar de opinión.

—Es su boda, creo que tiene derecho a elegir vestidos feos. —Me encogí de hombros—. Por lo menos ahora sé que no debo volverme a ofrecer a ayudarla, aun cuando ella parezca necesitar mi ayuda.

—También es tu boda, Edward, mereces disfrutar.

—Sí, bueno…

No lo vi venir, pero de un momento a otro Jane se bajó el vestido dejando que sus pechos quedaran al aire.

Tanya tenía un cuerpo muy bello, su altura le daba una buena proporción, tenía una buena copa C, aceptable para mí, pero las tetas de Jane eran por lo menos un D, o quizás un doble D.

—Puedo ayudarte a disfrutar de esto. —Tomó ambos senos con sus manos y me los ofreció—. Un novio feliz tiene una novia feliz.

Sabía que tenía que negarme, era la hermana de Tanya, mi cuñada, la mujer que vería en cada reunión familiar, pero entre más veía sus pechos cremosos con los pezones grandes y duros, mi resistencia iba disminuyendo.

Solo fui consciente de que tenía la teta de Jane en mi boca cuando me susurró que fuéramos al baño o Tanya podía encontrarnos.

Ese hubiera sido mi escape perfecto, pero no lo utilicé, en su lugar me encontré en el baño con Jane sentada a horcajadas sobre mi regazo dejando que chupara sus tetas mientras se restregaba contra mi miembro, el feo vestido estaba arrugado en su cadera, necesitaba quitárselo y poder follar su sexo como era debido.

—Jane, ¿dónde está Edward? —preguntó Tanya tocando la puerta.

—Se ha marchado —respondió sosteniendo mi cabeza para que no dejara de mamar sus pechos—, dijo que te llamaría después.

—Mejor, así no nos interrumpe, no entiendo por qué vino en primer lugar… En fin, Irina, Rose y Alice llegan en media hora, no te quites el vestido, quiero que lo modeles para ellas.

—Claro.

—Y ten cuidado, no quiero que lo arrugues todo.

—Lo tendré, no te preocupes.

Tanya se fue dejándonos solos.

Ella se quitó el vestido por completo, quedando desnuda ante mí, su curvilínea figura y su depilado sexo llamándome.

—¿Ves algo que te guste?

Media hora después, Jane inventaba una excusa sobre estreñimiento mientras terminábamos de vestirnos y pensaba en cómo iba a salir de ese lugar sin que nadie me viera.

Esa misma noche tuve a Jane de nuevo en mi cama, follando sus tetas y marcándolas con mi semilla, mientras que Tanya discutía sobre los colores de manteles para las mesas con mi madre.

Jane fue mi amante de planta, por decirlo de alguna manera, pero no por eso la única, ni siquiera el hecho de que era prima/hermana de Tanya me detuvo de pasar las noches con ella, a veces éramos solo nosotros, otras veces invitaba a algunas amigas.

Cuando Tanya se fue a Nueva York para su prueba de vestido, Jane inventó que estaba enferma y follamos como conejos, me encantaba enterrarme en ella.

La noche antes de que Tanya regresara, Jane apareció frente a mí con una peluca castaña y el camisón de Bella, ¿cómo lo había encontrado? No lo sabía, pero se veía bastante apretada, Bella era mucho más delgada y con mucho menos pecho, así que el camisón en Jane parecía que explotaría en cualquier minuto.

—¿Quieres follarte a tu ex? —preguntó jugando con el escote—. Puedo fingir que soy Bella, ¿te imaginas? ¿Follártela cuando estás comprometido? ¿Cogerla tan duro que la hagas llorar? ¿Comerla hasta que te suplique piedad?

No tuvo que decírmelo dos veces.

La follé como las primeras veces con Bella, la amordacé, la comí y la hice chuparme como si se tratara de Bella, para cuando terminé, Jane era una cosita jadeante y adormilada.

—Puedo ser tu Bella cada vez que Tanya te aburra.

—¿Por qué haces esto? —pregunté besando sus pechos, verla con la peluca castaña y las lentillas oscuras era suficiente para mantenerme firme.

Yo sabía que no era Bella, mi polla sabía que ese coñito no era el de Bella, pero aun así lo disfruté.

—No lo sé, me gusta el sexo y a ti te gusta esta chica, yo tengo estos maravillosos orgasmos y tú te follas a la chica que quieres, ambos ganamos.

No encontraba fallas en su lógica, pero le pedí que nunca más usara la peluca, solo existía una Bella y aunque me excitó verla como una morena caliente, todo mi cuerpo sabía que no era la que yo quería.

Solo faltaban cuatro meses para la boda, Tanya, quien había estado siguiendo una estricta dieta durante el último año para entrar en el vestido, me sorprendió cuando tiró las anticonceptivas a la basura.

—Quiero un bebé —dijo al notar mi cara atónita.

—¿Ahora?

—No podemos ahora, acabo de dejar las anticonceptivas porque me engordan y quiero bajar los últimos cinco kilos antes de la boda, pero ya que voy a dejarlas, mi cuerpo comenzará a desintoxicarse y puede que en unos meses tengamos un bebé.

—¿En unos meses?

—Sé que no hemos hablado del tema, pero quiero hijos, siempre los he querido, ¿tú no?

—Bueno…

—Sé que terminaste tu anterior compromiso porque Isabella no quería darte hijos, tu madre me lo dijo.

¡¿Que mi madre hizo qué?! ¿Con qué jodido derecho se pone a hablar de mi relación?

—Es… complicado.

—No importa —se encogió de hombros—, no me quiero embarazar en este preciso momento, además estoy inundada en hormonas por todos los años que llevo tomando las anticonceptivas, quizás tarde meses en desintoxicarme por completo, pero cuando lo haga no quiero evitar la concepción. Quiero dos niños a lo mucho, tampoco soy la persona más maternal, pero quiero bebés y si tú no tienes ningún inconveniente, quizás para el siguiente año celebremos nuestro primer aniversario y el nacimiento de nuestro primogénito.

Asentí sin poder encontrar las palabras adecuadas.

¿Iba a ser el padre de alguien el próximo año?

—Hay otra cuestión de la que tampoco he hablado contigo.

—¿Cuál es? —pregunté temeroso.

—Si me embarazo en nuestra luna de miel y tenemos un bebé el próximo año, no quiero tener que dejarlo en la guardería, crecí con una madre de tiempo completo y eso quiero para mi bebé, ¿te molestaría que renuncie a mi trabajo después de volver de la luna de miel?

—Bueno…

—Sé que es precipitado y no lo hemos hablado, no tienes que responderme ahora, solo piénsalo, quiero tener un embarazo tranquilo, no estresarme por tener clases listas, preparar exámenes, calificar tareas y proyectos, todo eso es estrés que él bebé no necesita.

¿Realmente estábamos hablando de eso ahora? Ni siquiera sabía qué iba a hacer la siguiente semana, y se suponía que debía pensar en ser el único sostén económico en nuestro matrimonio, no era que mi sueldo fuera una miseria, pero ¿acaso sabía lo que costaba mantener a un niño? Y ella quería dos.

Había cientos de mujeres que trabajaban y eran estupendas madres.

Conocía a varias, incluso tenía alumnas que se las arreglaban para ser madres, alumnas y trabajadoras, y aun cuando sabía que estaban cansadas nunca llegaron tarde a mi clase.

Existen cientos de mujeres que son el único sostén de la familia, Edward, mujeres que pueden solventar todos los gastos de uno o más hijos, ellas saben que deben hacerlo, se sienten responsables, si esas mujeres pueden ser madres y trabajadoras, yo que no tengo la responsabilidad de un hijo no me voy a quedar sin hacer nada. Incluso si en algún momento llego a casarme no pienso dejar mi trabajo, llámalo apoyo femenino, pero si puedo aportar mi granito de arena para apoyarlas y demostrar que podemos con la carga materna y la laboral, entonces seguiré haciéndolo.

—¿Estás segura de que no quieres trabajar?

—No es que no quiera, pero quiero estar en casa con mi bebé, disfrutarlo mientras esté pequeñito, pasar junto a él sus primeras etapas, no me agrada la idea de que alguien más viva esos logros con él, algo que debería ser nuestro se lo estamos dando a un extraño.

—Bueno, si es lo que quieres...

—Eres el mejor, bebito.

Me besó, yo pensé que como acabábamos de hablar de bebés, nos pondríamos a practicar, pero eso no pasó, en su lugar Tanya terminó el beso y se acomodó en su lugar diciendo algo sobre tener que madrugar al día siguiente.

Mientras ella se iba quedando dormida, me quedé mirando al techo sin saber qué pensar.

¿Realmente iba a ser responsable de la vida de alguien el próximo año?

Tanya de nuevo se había ido a Nueva York y esta vez Jane no pudo quedarse a hacerme compañía, nos estábamos viendo menos ya que habíamos estado follando como locos y teníamos miedo de que Tanya nos descubriera.

Puede que estuviera jodido lo que hacíamos, pero no quería ser el causante de que Jane arruinara la relación con su familia, porque a pesar de todo era una buena amiga.

Me quedé hasta tarde en la oficina de la universidad, terminando de calificar exámenes, estaba de un humor relativamente bueno, así que ponía medios puntos para que aprobaran.

A veces podía ser un buen profesor.

Cuando la señora de la limpieza apareció para limpiar mi oficina, me fui para dejarla hacer su trabajo.

Caminé despacio, sin ningún interés en llegar a mi solitario departamento, quizás podría ir a algún bar y encontrar un poco de compañía, no sería tan difícil.

Estaba por subir a mi auto cuando un lastimero llanto llamó mi atención, miré a mi alrededor, pero no vi nada, antes de que decidiera ignorarlo volví a escucharlo.

Me alejé del auto intentando encontrar el lugar de donde provenía, quizás parecía un loco por estar a mitad del estacionamiento, pero no me interesaba.

Escuché el quejido proviniendo de uno de los pocos autos que aún quedaban y me acerqué lentamente para no espantar a lo que sea que estuviera llorando.

Mi primera reacción fue alejarme al ver a la bolita rosada acurrucada contra la llanta, la segunda fue huir al pensar que se trataba de una rata, pero cuando siseó y me mostró sus pequeños y puntiagudos colmillos sonreí ante el pequeño gatito calvo.

—¿Estás perdido, amigo? —Hice el intento de tomarlo, pero el canijo me siseó y me golpeó con su pata—. Tranquilo, viejo, solo estoy intentado ver si estás bien.

Sus enormes ojos me miraban sin ninguna confianza, estaba todo arrugado y malhumorado.

Su enojo me recordó a cierta morena que se enfadaba cuando la dejaba sin mantas.

—¿Quieres venir a casa conmigo? Bueno, no es que tengas de otra, si no vienes te quedarás en la calle y, ya que estabas quejándote, no creo que eso te guste.

Su maullido no fue lastimero, ahora parecía pretencioso.

Lo tomé con cuidado de no lastimarlo, era una cosita arrugada y caliente.

—No sé qué voy a hacer contigo, a Tanya ni siquiera le gustan los animales, y aunque no vivimos juntos, ella pasa tiempo en mi departamento —le dije mientras nos subía al auto—, además nos vamos a casar y a mudar juntos, tenemos cita con la agente de bienes raíces en una semana, al parecer mi departamento no es lo suficientemente bueno para las necesidades de doña mandona y de ninguna manera me mudaría a casa del padre de Tanya.

Dejé al gatito en el asiento del copiloto solo para verlo quedarse de pie mientras olía su alrededor, sus patitas huesudas sosteniendo ese rechoncho cuerpecito.

Quería quedármelo, pero podía escuchar la negativa de Tanya en mi cabeza, diciendo que los muebles que ordenó para nuestra futura casa eran demasiado elegantes para que un animal los estropeara, también podía visualizar claramente como mi hermana y madre la apoyaban, podía escucharlas diciendo algo sobre rata calva y que un gato arruinaría los muebles y pisos de nuestro nuevo hogar.

—Tendré que llevarte a algún refugio o algo así… o quizás…

Antes de arrepentirme, conduje hasta cierta dirección que conocía a la perfección.

Conocía la contraseña del estacionamiento, así como sabía cuál lugar debía usar, también el piso y el departamento; incluso cuando el conserje del edificio me vio, no dijo nada, solo inclinó ligeramente su cabeza a modo de saludo, quizás él terminaría por decirle que estuve aquí, pero no me interesaba.

—Tendrás una mejor vida con ella —le dije al gatito mientras subíamos por el elevador—, espero que no esté con algún imbécil porque no sé cómo reaccionaría si me llega abrir la puerta un hombre semidesnudo. Tú los mantendrás alejados, ¿verdad que sí?

Su respuesta fue rasguñarme cuando intenté acariciarlo, quizás desde ese momento el pequeño la estaba protegiendo de mí, no podía culparlo.

Toqué el timbre y dejé al gatito en la caja de zapatos que Jane había dejado en el maletero de mi auto cuando la acompañé a comprar zapatos y Tanya nos descubrió, mentimos sobre que llevaba a Jane para que los cambiara ya que intenté comprarlos para Tanya a modo de regalo sorpresa pero me había equivocado de talla, Jane me acompañaba para asegurarse de que lo hiciera bien.

Tanya aceptó esa excusa.

—Tienes que portarte bien, y no hacerle travesuras, ella te cuidará y querrá como nadie, su amor es… especial, cuídala mucho, amigo.

Miré al gatito una última vez antes de tocar la puerta y correr a esconderme para que Bella no me viera.

No pasó mucho tiempo antes de que la puerta se abriera, quise correr a su encuentro al ver las desnudas piernas de Bella debido al short del pijama que estaba usando, pero me contuve, me contuve a pesar de ser la primera vez en casi un año que la veía.

Ella tomó al gatito con sumo cuidado, el pequeño había estado todo malhumorado conmigo, pero su tierno maullido era para ella.

—¿Quién te dejó aquí? Pero si eres tan lindo —murmuró mientras lo acariciaba—, eres demasiado lindo para que no tengas dueño, dulzura… Bueno, no importa, ahora eres mío.

Cuando entró al departamento, recordé que quizás alguien había perdido al gatito, la verdad no me interesó mucho, él estaba en el estacionamiento asustado y ahora tenía con quien estar.

Cualquier vida que hubiera tenido no sería suficiente, una vida junto a Bella era lo que el necesitaba.

Me fui antes de que mis ganas por tocar la puerta para que ella me viera ganaran.

El tiempo era un maldito que hacía lo que quería cuando quería, podía pasar tan lento que un minuto podría parecer una hora o tan rápido que cuatro meses pasaban en un parpadeo.

Era la mañana de mi matrimonio y veía el traje que se suponía que usaría, Jane se había ofrecido a ayudarme con la corbata, pero me negué, ni siquiera una mamada suya podría quitarme la sensación de pánico que estaba sintiendo.

Ni siquiera dos días atrás durante la cena de ensayo sentí tantos nervios.

—Es normal, hermano —dijo Emmett jugando con su teléfono—, yo estuve nervioso hasta que vi a Rosalie caminar hacia el altar, después de eso los nervios desaparecen.

—¿Y no dudaste?

—Un poco, echarse la soga al cuello asusta, pero soy feliz, así que no me quejo.

Me terminé de vestir hasta parecer un pingüino, yo quería que fuera un poco más suelto, que por lo menos me dejara moverme sin parecer ridículo, pero Tanya había dado instrucciones específicas, nada de ropa holgada que saliera mal en las fotos, nada iba a arruinar las fotografías de la boda y desde luego que yo, por ser el novio, debía apoyarla.

Ni siquiera me podía sentar bien, esperaba que todo esto terminara cuanto antes.

Nos marchamos a la boda con cinco minutos de retraso, conociendo a Tanya, a mi madre, hermana, Irina y Jane, Tanya llegaría por lo menos media hora tarde.

No sé por qué llegan tarde, podría decir que se debe a que se quiere crear expectativa, intrigar al novio, o tal vez es algo más simple como esperar a que todos los invitados lleguen y no querer que un invitado con retardo interrumpa la ceremonia, no lo sé, Edward, realmente no me gusta llegar tarde, pero lo haré solo para evitar cualquier mala suerte, que si bien no creo en eso, no quiero tentar al destino.

Había estado de acuerdo con ella, pensé que tal vez quince minutos sería perfectamente aceptable, pero de Tanya podía esperar cualquier cosa.

Cuarenta y cinco minutos era demasiado tiempo para que muchas cosas ocurrieran.

Como por ejemplo que los niños comenzaran a aburrirse y a molestarles el corbatín y la niña de las flores empezara a despedazar los pétalos, puede que yo motivara a la pequeña Molly a hacerlo.

Era el tiempo en el que las flores con las que estaba adornado el lugar, y que Alice junto con Tanya pasaron semanas completas pensando en cómo estarían acomodadas a lo largo del pasillo, comenzaron a marchitarse.

Era el tiempo en el que el juez iba al baño tres veces.

Era el tiempo justo para que mi cerebro comenzara a pensar si realmente esto era lo que yo quería.

—Rose dice que están a la vuelta de la esquina —dijo Emmett mientras veía su teléfono—, al parecer hubo un accidente que las dejó atrapadas, pero por fin lo han pasado.

Asentí sin pronunciar palabra, me sentía realmente mal por estar deseando que ese accidente hubiera dejado atrapada a Tanya todo el día.

Tendríamos que aplazar la boda.

O definitivamente no casarnos.

Tenía un fuerte dolor en el estómago, no debería estar pensando en aplazar o cancelar la boda, ¡era el día de mi boda! ¿En qué estaba pensando?

Sabía lo que estaba pensando, estaba pensando en una castaña con la que disfruté planear una boda que a ambos nos gustara, una boda en donde el tema principal era complacernos a nosotros y no a todos los demás, una boda en la que nunca me puse a dudar.

Vi a todos los invitados en la ceremonia, usando sus mejores ropas, felices a pesar del retraso, cada uno de ellos asistió a una boda en la que lo único que yo hice fue darle el anillo a Tanya, pero incluso eso fue ella quien lo eligió, porque yo no fui capaz de entregarle el que mi familia esperaba.

—¿Emmett?

—¿Qué?

Mi hermano junto a mí me sonrió, era mi padrino, pero ni siquiera recordaba habérselo pedido, no se lo pedí para la boda con Bella porque ni siquiera ella tenía damas y estaba seguro de que en ese momento tampoco lo hice, posiblemente Tanya supuso que lo quería a él por ser mi hermano.

—Creo que no…

Mis palabras se vieron interrumpidas cuando los invitados se pusieron de pie y mamá me sonrió desde su lugar en primera fila, no podía decepcionarla a ella, no de nuevo.

Ella había estado tan emocionada, participando en cada cosa de la boda, cada una de sus ideas fue escuchada por Tanya, incluso leyó aquella carpeta que mi madre preparó y tomó muchas ideas de ella.

Tanya era lo que mi mamá quería para mí, una esposa que se acoplara a la familia Cullen, que se convirtiera en un miembro más y aceptara todo de esta familia sin querer cambiar nada.

Bella nunca se acopló, ni siquiera yo intenté que se acoplara porque nunca vi esa necesidad de hacerlo, me gustaba la independencia que tenía con Bella. La idea de solo ser ella y yo sin una familia cuidando cada paso que dábamos. Me gustaba la privacidad que ella me daba.

Emmett me dejó solo para correr hacia donde Tanya y las damas estaban esperando, él debía entrar con todos ellos.

Me parecía una pérdida de tiempo, pero no había nada que pudiera hacer para evitarlo.

La música comenzó a sonar, dando paso a las damas junto a los padrinos, los últimos en entrar fueron Jane y Emmett, ambos sonriendo y caminando lentamente.

Me sentía cada vez más acalorado.

¿Realmente estaba pasando esto?

La marcha nupcial interpretada por el saxofonista y violinista que Tanya contrató comenzó a sonar dando pasado a la novia junto con su padre.

¿Qué te parece un flautista tocando cuando entre? O tal vez Tomas, tu sobrino, quiera tocar el piano, sé que no lleva mucho tiempo, pero creo que sería un gesto lindo y una buena motivación para él, una forma de reconocer su esfuerzo, deberíamos preguntarle a Rosalie qué piensa.

Vi a Tomas en su asiento junto a su hermano gemelo, Tyler, ambos bastante aburridos, recordé a Tomas completamente emocionado cuando aceptó tocar el piano para Bella, pasó semanas completas practicando solo para no arruinarlo, también pude recordar su decepción cuando se enteró que no habría boda y de nuevo cuando Tanya ni siquiera lo consideró, incluso pude ver el enojo en Rosalie cuando a pesar de que ella le dio la idea y le dijo que Tomas realmente había mejorado en sus clases, Tanya no lo consideró, ni cuando yo le dije que podíamos tener a un saxofonista, violinista y pianista, ella no me hizo caso.

Regresé mi atención al pasillo cuando escuché a Emmett susurrar algo sobre que era un suertudo.

La vi caminar al altar con su amplio vestido estilo princesa, era enorme y blanco, el más blanco que pude haber visto alguna vez, recordaba otro vestido corte sirena, de color rosa pastel, un bonito y sexi vestido.

Cerré los ojos mortificado ante la idea de estar imaginándome a Bella, incluso podía escuchar su voz al explicarme por qué era perfectamente normal que usara un vestido rosa y no uno blanco.

Hasta antes de 1840 las novias usaban vestidos de colores para sus enlaces. Pero la reina Victoria, quien también era adoradora de las joyas, usó un vestido blanco en su boda con el príncipe Alberto, imponiendo una tendencia que persiste en la actualidad, y aunque me gusta la reina Victoria, no quiero seguir sus estándares de moda, así que mi vestido rosa es perfecto.

Abrí los ojos justo para ver a Tanya de pie frente a mí con una amplia sonrisa, le sonreí y tomé su mano para ayudarla a dar los últimos pasos.

El juez inició la ceremonia, hablando de vaya a saber qué cosas, no pude ponerle atención, me era imposible hacerlo.

Cada uno de los problemas que antes pasé por alto o que consideré normales se amontonaban en mi cabeza, haciendo que esta punzara y comenzara a doler.

No era normal que solo le diera la razón a Tanya porque no quería lidiar con ella.

No era correcto que estuviera comparándola todo el tiempo con Bella, que pasara tanto tiempo recordando mi vida con ella.

No estaba bien que la engañara, ni siquiera que no me sintiera culpable de estarme acostando con Jane.

¿Realmente estaba haciendo lo correcto?

Estaba tan perdido en mis pensamientos, intentando encontrar una razón para seguir con esto, para casarme y olvidar todo lo referente a cierta castaña que aún seguía rondando mi cabeza, que me sobresaltó la voz de Tanya llamándome.

—Edward.

Miré a Tanya, quien mantenía su sonrisa, aunque era esa sonrisa que me daba cada vez que la hacía enojar, pero no quería que nadie se diera cuenta. Una sonrisa para mantener la apariencia y fingir ante todos que éramos la pareja perfecta.

Me recordaba demasiado a mi madre.

»El juez te ha hecho una pregunta, Edward.

Miré al juez frente a mí que me miraba con poca paciencia. Claro, enójese conmigo por hacerlo esperar unos segundos y no con la chica que nos retrasó casi una hora.

—Disculpe, ¿decía?

—¿Aceptas a Tanya Denali como tu esposa para amarla, respetarla…?

¿La aceptaba?

¿Estaba dispuesto a pasar los siguientes años de mi vida junto a ella?

Ella ya no se iría a casa de su padre durante las noches.

La tendría que ver cada día sin ninguna excusa.

Compartiríamos una vida y, si los planes de Tanya se hacían como ella quería, posiblemente también compartiríamos un bebé.

Tendríamos que educar a un niño, ser buenos para él, responsables, darle una buena familia, un lugar estable en el que vivir, ser lo que él necesitaba.

¿Lo seríamos?

Quiero un gatito, Edward, un gatito al que cuidar y amar, son lindos, tiernos, ronronean y van al baño en una caja de arena, en algún momento tendré un gato y seré muy feliz con él.

Yo también quería uno, quizás hasta dos o tal vez tres, sabía que ella era feliz con el malhumorado gatito que le había dado.

¿Podía serlo yo también?

Debía estar realmente loco si me gustaba más la idea de volverme el hombre de los gatos en lugar del hombre con esposa e hijos.

Escuché unos apresurados pasos chocando con las baldosas del salón, quizás era Irina, la hermana de Tanya, quien intentaba detener el vómito, posiblemente terminaría con la cabeza metida en una de las macetas de la entrada, cualquier lugar alejado sería bueno siempre y cuando no arruinara el gran día de su hermana, suficiente lo había arruinado al embarazarse y dar la noticia antes de la boda.

Nadie tenía permitido arruinar el gran día, ni siquiera Jane quien cojeaba un poco después de la follada del día anterior, pero aun así estaba detrás de Tanya sonriendo como la buena dama de honor que era.

El juez me miraba esperando mi respuesta, mis padres la esperaban, los cuatrocientos invitados detrás de nosotros esperaban.

Solo era una palabrita.

Solo con esa palabra sellaría mi destino.

¿Estaba dispuesto?

¿Dispuesto a llevar una vida que se suponía que debía querer?

—No.

La sonrisa en el rostro de Tanya se congeló.

Mi plan era decir que sí, pero no pude hacerlo.

No quería una vida con Tanya y estaba cansado de engañar a los demás y principalmente engañarme a mí mismo intentando convencerme de que esto era lo que yo quería.

Es nuestra vida, Edward, nuestra, nosotros la vivimos, pasamos buenos y malos momentos, son nuestras decisiones las que nos guían, no las de nuestros padres y hermanos, ellos solo son guías, nos dan sus consejos, pero ellos ya vivieron sus vidas, nosotros tenemos que trazar nuestro camino.

Sabía que mis padres querían lo mejor para mí, así como Alice y Emmett querían lo mejor para sus hijos.

Los padres querían lo mejor para sus hijos, pero no podían vivir nuestras vidas, y aunque mi madre creía que lo mejor para mí era casarme con Tanya, yo sabía que no lo era.

Mi corazón ya le pertenecía a alguien más y aunque quería seguir los consejos de mi madre sobre que Tanya cumplía con cada uno de sus requisitos de la mujer perfecta, yo sabía que no era perfecta para mí.

—Lo siento, pero no puedo —dije mirando a Tanya, quizás le rompería el corazón, pero no podía seguir más—, no te amo, nunca lo he hecho y nunca hubiera podido hacerlo, me engañé al creer que podía estar contigo cuando mi corazón le pertenece a alguien más.

Noté como sus ojos comenzaban a cristalizarse y su labio temblaba, no sabía si era tristeza o enojo.

»Realmente lo siento.

—No puedes hacerme esto —siseó en voz baja, en cualquier momento me golpearía con el ramo que sostenía fuertemente.

—Tampoco puedo atarme a una vida que no quiero, que nunca quise.

—Pero somos felices.

—No lo somos, o por lo menos yo no lo soy.

Di media vuelta y me alejé de ella, ignorando que mi madre estaba fingiendo estar desmayada o a Alice que despotricaba o a Emmett quien detuvo al padre de Tanya para que no me golpeara.

Solo quería salir de ese lugar.

Pero me detuve a mitad del camino al notar a la chica en jeans frente a mí.

En jeans con mi camisa, aquella que creí que mi madre había tirado a la basura, ella la estaba usando y se veía hermosa.

—Bella…


Hola!

Me alegra tanto saber que les gustara el primer capítulo, realmente me encojono ver su aceptación.

Yanina, muchas gracias por la revisión del capítulo, eres la mejor.

Mis preciosas acosadoras, las quiero un montón

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