Los personajes de Twilight no son míos sino de Stephenie Meyer, yo solo me divierto un poco con ellos.


Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite fanfiction)


~~~~~~~~~~~~~~~A~~~L~~~L~~~~~~O~~~F~~~~~~M~~~E~~~~~~~~~~~~~~~

Capítulo 3

Era una verdadera locura lo que estaba a punto de hacer.

La invitación descansaba sobre el asiento del copiloto, no sabía quién la había mandado ni con qué fin, pero había surtido efecto, uno demoledor.

Me tuvo llorando por semanas enteras.

Está cordialmente invitado a la boda de Edward Cullen y Tanya Denali

Saber que Edward estaba a punto de casarse me rompió el corazón.

Estar consciente de que Tanya sería la siguiente señora Cullen y no yo, me mortificaba, no importaba que ni siquiera había planeado cambiarme el apellido.

No importaba que supuestamente ya había superado mi rompimiento con Edward y tenía una vida con la cual estaba completamente feliz.

Acababa de terminar mi relación de un año con Peter tan solo dos meses atrás.

Dejé a Edward en el pasado, se suponía que lo hice, no había pensado en él por algún tiempo, pero la idea de que él estaba haciendo su vida con otra mujer me lastimó.

No debería lastimarme, yo fui la que rompí el compromiso, una cosa es que ambos hubiéramos estado de acuerdo, pero al final de cuentas fui yo la que di el primer paso para deshacer lo nuestro.

Pero la pregunta que me había estado rondando la cabeza desde que dejé el departamento que compartíamos, comenzó a sonar más fuerte en mi cabeza.

¿Realmente me retiré sin luchar?

Los minutos pasaban y la novia no llegaba, supuse que Edward estaba adentro esperando a su prometida y yo aquí como una loca, dándome valor para entrar y pedirle que no se casara con ella, que se quedara conmigo.

¿Pero qué le podía ofrecer yo?

Te lo advertí, Bella, a nadie le hace gracia saber eso, pero tú no me hiciste caso cuando intenté detenerte, ahora Edward ha continuado con su vida y tú sigues estancada sintiendo pena de ti misma cuando años atrás no quisiste escuchar razones.

Podía escuchar las recriminaciones de mi madre claramente en mi mente, nuestra relación de por sí tensa se volvió insoportable después de eso.

Pero yo no podía hacer nada, lo había intentado, tan solo una semana después de dejar a Edward y que el dolor fuera insoportable, fui con mi ginecólogo para preguntar si era posible revertir la ligadura.

No me atreví a entrar, me estaba traicionando a mí misma.

Y eso dolía aún más porque siempre había sido fiel a mí misma.

Era una decisión que había tomado, una de la cual estaba completamente segura en ese momento y de la cual hasta este momento seguía estando correcta para mí, no sentía ni un gramo de arrepentimiento.

Me dolía haber terminado con Edward, pero no me arrepentía de mi decisión.

Pero en este momento, al ver la bonita capilla esperando a que llegara la novia, me hacía dudar.

¿Por qué no consideré la adopción?

Hubiera sido una buena madre, me hubiera esforzado para que ese niño fuera feliz, estaba segura que haría lo que fuera por el bien de él.

Y por eso sabía que ese niño inexistente estaba mejor sin mí.

Un niño necesitaba una madre que lo amara desde el primer momento, no una que tuviera que obligarse a quererlo.

Pero aun sabiendo eso, estaba carcomiéndome la inseguridad, si tan solo lo hubiera intentado, ahora Edward estaría a mi lado y no casándose con otra.

Pero aun cuando hubiera aceptado un niño, ¿quién me garantizaba que Edward se quedaría conmigo?

Nadie, ni siquiera ese pequeño imaginario.

Mis pensamientos eran un completo lío.

Lo mejor que podía hacer era marcharme a casa y dejar definitivamente a Edward en el pasado.

No fui precisamente feliz con Peter, estaba mucho mejor sin él en mi vida.

Pero era feliz con mi trabajo.

Sabía que podía ser perfectamente feliz solo conmigo misma.

Marcharme era lo mejor que podía hacer.

Estaba a punto de girar la llave para encender el auto, cuando vi la limusina llegar.

Tenía que irme, lo sabía, pero mi lado masoquista me obligó a quedarme.

La vi bajar de la limusina, su enorme y estúpido vestido blanco.

¿Será que Edward prefiriere ese presuntuoso vestido blanco en lugar del mío que era rosa? ¿Por qué pensé que un color rosa era buena idea?

¿Por qué acepté que Edward me acompañara a comprar el vestido? Quizás esa maldición de ver el vestido antes de la boda realmente era verdadera.

Vi a las damas arreglar el vestido y el velo mientras la novia les daba órdenes.

Tanya era muy bonita, muy diferente a mí.

No puedes decir que no le gustabas, estuvo a punto de casarse contigo, Bella, que elija a alguien completamente diferente a ti es porque calaste muy hondo en su corazón y no quiere un recordatorio de lo que perdió.

Recordaba las cursis palabras de Liana, mi vieja amiga, no es que creyera mucho en sus palabras de fantasía, ella junto con Alexa eran unas románticas, por algo siempre estaban juntas.

Bajé del auto justo cuando la novia comenzó a entrar a la iglesia.

Estaba cometiendo una estupidez, pero verlo casarse con otra definitivamente me haría librarme de su recuerdo.

Entré al lugar sintiéndome una estúpida, él se estaba casando, quería compartir su vida con ella y yo estaba aquí como si me fuera a elegir a mí en lugar de a la perfecta Tanya.

Pasé toda la ceremonia escondida en el último banco detrás de un arreglo de flores —quería decir que era horroroso, pero no era así— tratando que nadie me viera, lo último que quería era que la familia de Edward me viera y creyera que estaba ahí para impedir la boda.

Yo no haría eso.

Lo quería, pero me quería mucho más a mí y no iba a oponerme a la boda cuando Edward deseaba estar con la rubia y no conmigo.

Ni siquiera podía decirle rubia teñida, y si lo era por lo menos cuidaba que no se le notaran las raíces.

Conforme la ceremonia avanzaba me sentía triste y al mismo tiempo liberada, era como si por fin estuviera terminando con esta parte de mi vida.

Dándole un cierre.

Sí, claro, engáñate a ti misma, ambas sabemos que en cuanto lleguemos a casa vamos a llorar mientras comemos helado directamente del bote.

Cuando el pastor le repitió a Edward si aceptaba casarse con Tanya, me puse de pie sin querer escuchar.

Había tenido suficiente.

No me rebajaría aún más.

Caminé a la salida lo más rápido que pude, nadie tenía que saber que estaba aquí, de hecho, nadie lo sabría, todos estaban enfocados en la ceremonia.

—No.

Escucharlo decir esa palabra me congeló en mi lugar.

Debía estar imaginando cosas, él no pudo haber dicho que no, estaba en el jodido altar, en la condenada ceremonia, con los trecientos invitados que su familia siempre quiso.

¿Por qué decía que no?

¿Porque tal vez no la ama?

Debía estar loca, eso debía ser lo que pasaba.

Quizás estaba desmayada en la banca y estaba alucinando cosas, si ese era el caso debía despertarme y marcharme, o Esme sonrisa hipócrita Cullen me encontraría y era lo último que quería.

Me pellizqué para tratar de despertarme, pero no funcionó, lo hice otras tres veces sin dar resultado.

¿Entonces estaba despierta?

El alboroto detrás de mí validó mis palabras, esto realmente estaba pasando. Me giré para ver a Edward alejarse de Tanya, divisé a Esme haciendo su drama de siempre, a los gemelos chocando los cinco —amaba a esos niños—, a Emmett detener al que creía ser el padre de Tanya.

Debía irme, pero mis pies no se movieron, me quedé congelada presenciando la escena, viendo como Edward negaba con la cabeza y se alejaba del altar, conté los treinta y siete pasos que dio hasta que se dio cuenta que estaba ahí.

—Bella…

—Hola —hablé antes de siquiera poder procesar mis palabras, solo sabía que necesitaba que él me escuchara, que supiera que realmente estaba ahí, que era real.

Habían pasado dos años desde que hablé con él por última vez, estaba mucho más guapo de lo que podía recordar mientras que yo usaba unos simples jeans y una de sus camisas que me quedé a escondidas.

Quizás debí escuchar a Alexa y ponerme algo más sexy para reclamar a mi hombre, pero la cuestión es que nunca pensé que esto fuera a pasar.

—No puedes dejarme por ella —chilló Tanya junto a otra rubia que intentaba detenerla, quizás porque sabía que en cualquier momento seríamos golpeados por el ramo.

No podía hacernos gran daño, después de todo eran flores, aunque si tenía geranios estaría en problemas, era alérgica, aunque tenía a Edward para que me diera respiración boca a boca.

Contrólate, Isabella.

—Tanya… —dijo Edward interponiéndose entre ella y yo.

—No querías una vida con ella, tú quieres hijos, tú quieres formar una familia yo… yo puedo…

—Lo único que yo quiero es tener a Bella en mi vida —declaró al mismo tiempo que se acercaba a mí, sentía las lágrimas descender por mis mejillas, pero con una sonrisa que podría ser permanente en mi rostro. Edward realmente todavía me quería, se suponía que yo lo estaba superando, pero quizás no quería hacerlo realmente, quizás eso de que las mujeres éramos complicadas era cierto—, he estado dos años sin ella, y no puedo llamar vida a lo que he tenido.

Aww, ¿acaso no era lindo?

—Tan cursi —murmuré al darme cuenta de que mi Edward, el hombre del que me enamoré, aún podía ser completamente mío.

—Para ti siempre seré cursi, hermosa. —Acarició mi mejilla, había extrañado tanto la dureza de su mano contra mi piel, estaba sonando tan cursi, quizás lo había extrañado más de lo que realmente quise aceptar—. Perdón por tardar tanto en darme cuenta de que sin ti no soy nada.

Quería tanto besarlo, y no me quedaba la menor duda de que él también quería hacerlo, pero sería demasiado cruel para la chica del vestido blanco que nos veía con lágrimas en los ojos.

—Lo siento, Tanya, realmente siento lastimarte, pero te lastimaría más si estoy contigo cuando pienso en otra persona, no es justo para ti ni para mí.

—Puedo estar embarazada —dijo viéndome con toda la intención.

Perra.

Aunque quizás la perra aquí era yo.

Me estaba quedando con el novio de la pobre chica.

—Si lo estás, me haré cargo, pero prefiero ser un padre divorciado que está junto a la mujer que realmente ama, que ser infeliz porque no me atreví a luchar por lo que quería.

—Te odio.

—Eso no cambia mi decisión

Con nuestras manos entrelazadas, salimos de ese lugar, no sabía cómo Edward se enfrentaría a las consecuencias del después, pero sí sabía que estaría junto a él para apoyarlo en cada paso que diera.

Entramos a mi departamento, chocando con los muebles y paredes, sin poder dejar de besarnos ni tocarnos.

Esto no era lo que tenía planeado, él había estado a punto de casarse con otra.

Necesitábamos hablar, aclarar estos dos años separados.

Asegurarme que lo que hizo no fue un ataque de locura y que no me dejaría por Tanya.

Esta inseguridad no me gustaba, no era propio de mí.

Sabía que debía detenerlo, decirle que no cuando desabrochó mi pantalón.

Yo tampoco debí quitarle el saco y la camisa.

Estaba siendo impulsiva, tener relaciones no era lo más sano dada nuestras circunstancias.

Yo había terminado mi relación dos meses atrás y él acababa de dejar a su prometida en el altar.

Prometida que no amaba, pero prometida al fin y al acabo.

—Tenemos que parar —le dije entre besos, los había extrañado tanto.

—Lo sé —murmuró contra mi cuello—, necesitamos hablar.

Si los dos estábamos de acuerdo, ¿por qué ninguno paraba?

—Te ibas a casar con ella —murmuré entre besos.

—La segunda peor tontería que he hecho —dijo mientras quitaba mi sostén.

—¿Segunda?

Me tomó del muslo y lo levantó, entendí lo que quería y en menos de un segundo tenía ambas piernas enrolladas en su cadera.

—La primera fue permitir que te fueras de mi lado.

Cuando sentí la punta de su miembro rozar mi entrada ya ni siquiera hice el intento de detenernos, ambos queríamos esto, ¿por qué seguir negándonos?

Éramos adultos, lidiaríamos con las consecuencias después de satisfacer nuestras mutuas necesidades.

Pensé que iba a ser agresivo, una follada dura, ambos lo necesitábamos, pero cuando entró en mí, me quedé congelada al igual que él.

Nos miramos a los ojos siendo conscientes de que estábamos juntos.

Conectados, siendo uno, y toda esa porquería cursi que vendían las novelas rosas que secretamente leía y me encantaban.

No era una fantasía, no era cosa del pasado, realmente estábamos aquí.

—Llévame a la habitación —demandé.

—Será un placer.

Caminó hacia mi habitación conmigo entre sus brazos, me dejó sobre la cama, me acomodé en medio esperando a que él terminara de desvestirse mientras yo hacía lo mismo, luego me recosté doblando las piernas y abriéndolas para él en una clara invitación, no tenía dudas ni tampoco iba a retrasar algo que quería con todas mis fuerzas. Se colocó entre mis piernas y, tomando su miembro en su mano, entró lentamente en mí.

Entró y salió lentamente, tomándose su tiempo, permitiendo que nuestros sexos volvieran a conocerse.

Moví mis caderas al compás de sus embestidas, ambos disfrutando de la sensación de estar juntos, mantuve mis brazos alrededor de su cuello, demandando sus labios, sintiendo como sus manos sostenían y acariciaban mis caderas.

Ninguno quería que acabara esto.

No importaba nada más, solo que estábamos juntos.

Teníamos una charla pendiente, una que no podíamos dejar en el olvido.

Tampoco podíamos regresar a lo que teníamos, ambos crecimos, maduramos y obtuvimos nuevos conocimientos, éramos personas distintas, teníamos que aprender a querernos nuevamente.

Confiar en el otro.

Enamorarnos una vez más.

Él debía hablarme de su relación con Tanya y yo sobre lo mío con Peter.

Tenía que saber por qué le propuso matrimonio tan rápido y él debía saber sobre lo estúpida que había sido al dejarme influenciar por un imbécil.

Pero mientras sentía el espiral de placer aumentando y la necesidad de tener a Edward más dentro de mí, no me importó nada, solo poder saciarme de mi deseo por él.

Edward era un tonto, pero un tonto lindo.

Nos habíamos quedado dormidos después de nuestra segunda ronda, fuimos minuciosos, queriendo tocar cada centímetro del cuerpo del otro, redescubriéndonos.

Descubrí que sus nalgas estaban más firmes y sus abdominales más marcados.

Él descubrió mi pequeño aumento de pechos y dijo que le encantaba mi cabello azul eléctrico.

Esta necesidad del otro era diferente a la que en algún momento sentimos, no fuimos ni de cerca tan aventureros como éramos, no hubo posiciones extrañas ni sexo salvaje en donde nos reíamos por las marcas que el cabecero de la cama dejaba en la pared debido a nuestros movimientos, pero se sintió igual de bien, como si el que nosotros estuviéramos juntos era lo que el universo esperaba que pasara.

Quizás era cierto lo que todos decían, cuando te enamoras eres una cursi que todo lo ves perfecto.

Jamás creí que me gustaría tanto hacerlo a lo misionero.

Era como si el tiempo no hubiera pasado para nosotros, nos complementábamos de una manera que era difícil de explicar.

Pero cuando Edward entró al baño y encontró la máquina de afeitar que Peter había olvidado, y que yo no había desechado porque a veces era una persona despistada, tuvimos que aceptar que por más que quisiéramos vivir en nuestra burbuja privada, la realidad nos estaba esperando y teníamos que afrontarla si queríamos darnos una oportunidad de estar juntos.

Ordené comida china mientras Edward arreglaba asuntos con su familia que no había dejado de llamarlo, su teléfono había estado en silencio todo este tiempo, por eso no lo habíamos escuchado durante nuestro tiempo de cariñitos.

Limpié un poco el departamento, había dejado mis platos del desayuno y la cena de la noche anterior en el lavabo, los puse en el lavavajillas para perder el tiempo.

Intentaba ordenar mis pensamientos.

Me había acostado con Edward, no me arrepentía, pero quizás no fue lo más acertado de mi parte.

Ojalá esto fuera tan sencillo como en las películas, que las cosas pasaban en un parpadeo y todo era feliz y armonioso.

Pero sabía que nunca sería así, nos esperaba una larga conversación y varios obstáculos a superar, pero estaba segura que no me rendiría fácilmente.

Ya me había rendido una vez con lo nuestro y no me apetecía volver a vivir eso.

Llegó la comida china y no lo pensé, solo grité avisándole a Edward que la comida ya estaba y que se apresurara.

Después me di cuenta que quizás su madre me escuchó y que posiblemente me insultó más de lo que ya lo hacía.

Cuando Edward salió de mi habitación con el ceño fruncido, quise disculparme, pero él le restó importancia.

—Me fui contigo, Bella, ni siquiera debería estar sorprendida de que esté aquí, además debe acostumbrarse porque no te voy a dejar nuevamente.

—Yo tampoco te voy a dejar. —Me acerqué a él, me gustaba la comunicación silenciosa que teníamos, me abrazó por la cintura y se inclinó para besar mis labios castamente—. Te extrañé.

—Yo también, hermosa, no tienes idea de cuánto.

Nos sentamos en el sofá, como en los viejos tiempos, subí los pies al sofá poniéndolos debajo de mí, después de que sirviera mi comida, Edward se sentó junto a mí, protestando por lo blando de mis sofás.

—Nena, si me extrañas tanto como dices, quizás puedas cambiar estos incómodos sofás.

—Y si tú me extrañaste tanto como dices vas a soportarlo.

Ambos reímos por nuestras tonterías.

Comimos en un cómodo silencio, riéndonos de vez en cuando, robándonos besos y comida, me encantaba estar así con él.

Edward se levantó después de que se le cayera el sobre del aderezo, quizás debí advertirle, pero yo estaba tan acostumbrada que simplemente no pensé en hacerlo.

Mi celoso macho saltó sobre la espalda de Edward, asustándolo y casi tirándolo al piso.

Me reí sin poder evitarlo ante el grito de susto de Edward, no todos los días podías ver y escuchar a un hombre de uno ochenta y siete de altura gritar temiendo por su vida, asustado de una fierecilla diminuta.

Tomé a la pequeña fiera que veía con desagrado a Edward, no le agradaban las personas, mi pequeño detestaba a cualquier individuo que no fuera yo.

Y a veces incluso yo no era de su completo agrado.

Besé su diminuta cabecita al mismo tiempo que sentía su ronroneo y se restregaba contra mi mejilla.

—¿Qué carajos hice para que me saltara encima?

—Cada vez que algo cae al piso es propiedad de él, si intentas recogerlo cuando él ya apareció, considéralo perdido.

—Pero es un sobre de salsa de soya —se quejó volviéndose a agachar para recogerlo, por suerte sostuve a mi pequeño antes de que se le lanzara sobre Edward, aunque no evitó que este volviera a asustarse.

—Solo déjalo y toma otro sobre, lo levantaré cuando él esté entretenido.

—De acuerdo.

Se sentó nuevamente junto a mí, mi pequeño no le quitó la mirada de encima, como si estuviera examinándolo, analizando quién era él y por qué estaba en casa, me sorprendía que hubiera aparecido hasta ahora, normalmente él siempre estaba encima de mí cuando venía con compañía.

Su enemigo número uno era Peter, lo detestaba, había perdido la cuenta de cuántas veces lo rasguñó, orinó su ropa o saltó sobre su espalda cuando estaba encima de mí.

Él era mi bloquea pollas personal.

—Gracias —susurré acercándome a Edward y besándole la mejilla.

—¿Por qué? —preguntó intentando parecer inocente.

—Te escuché hablar en el pasillo, estaba justo detrás de la puerta preguntándome qué estabas haciendo aquí y con quién hablabas, cuando tocaste esperé unos segundos para abrir, no quería parecer una loca, esperé verte, pero en su lugar estaba él.

—Cuando lo vi pensé en ti, sabía que contigo estaría bien —me abrazó por la cintura—, el granuja me arañó apenas lo toqué.

Hizo el intento de acariciarlo, pero mi pequeño le siseó, Edward levantó las manos en señal de rendición.

—De acuerdo, de acuerdo, sin tocarte, pero no me puedes prohibir que toque a…

Al siseo se le unió la amenaza con su pata cuando Edward hizo el intento de tocarme.

—Ella no solo es tuya, sabes.

Me reí al ver la pelea de ambos.

—¿Cómo lo llamaste?

Sentí como mi cara se calentaba, le había puesto su nombre en un arranque de depresión, locura y un poco de tontería, aunque no muchos lo conocían y eso lo agradecía.

—Eddie.

—Jódeme.

—No en mucho tiempo, campeón, debes ganártelo —le dije volviendo al sofá, dejando que mi pequeño se sentara en mi regazo.

—¿Estás segura? —preguntó acercándose, pero esta vez mi pequeña fiera hizo el intento de arañarlo—. Sabes, cuando te dije que alejarse a los idiotas no me refería a mí.

—¿De qué estás hablando?

—Cuando lo encontré era una cosita malhumorada —dijo tomando asiento junto a mí, ambos lo miramos y seguía teniendo la misma mala cara—, aún más malhumorado que ahora, estaba en la calle, perdido y en lugar de agradecer que lo estaba rescatando la fierecilla me siseó y mordió.

Sonreí ante el recuerdo de mi pequeño, recordaba cómo se escondió detrás del sofá ese primer día y fue toda una odisea sacarlo de ahí.

Pasó toda la noche llorando, hasta que lo acosté en la cama conmigo, esa fue la primera vez que lo escuché ronronear.

A la mañana siguiente él estaba dormido junto a mí ocupando más espacio del que necesitaba.

Amaba a la fierecilla.

—¿Por qué lo trajiste conmigo?

—Tú querías un gato.

—También quiero una serpiente y no por eso vas a tomar una del camino y traérmela.

—Cierto, pero... —Edward suspiró y apartó la mirada.

Se había terminado el momento de simplemente pasar el rato, ambos debíamos afrontar la verdad.

—Iba a llevarlo conmigo, pero estaba prometido y sabía que no iba a funcionar, no se sentía correcto llevarlo a casa conmigo y...

—Y con Tanya —terminé por él.

—Y con Tanya, sabía que se negaría al principio, pero nos lo quedaríamos porque sería como... como estar formando una familia, ya sabes, ella, yo y en lugar de perro, un gato. Pero la simple idea me revolvía el estómago.

—Ibas a casarte con ella, Edward, la idea de casarse es formar una familia. —Realmente no lo entendía—. ¿Por qué te ibas a casar con ella si no estabas seguro?

—¿Porque tú estabas con otro?

—¿Qué?

—Te vi ese día en el restaurante, no tenía pensado pedirle matrimonio, era fácil estar con Tanya, bastante fácil, creía que estaba superándote, que estabas quedando en el pasado, pero te vi en el restaurante besándote con otro tan solo ocho meses después de terminar lo nuestro y le propuse matrimonio a Tanya como venganza.

Estaba en shock ante sus palabras.

—Espera un minuto, me estás diciendo que solo porque salí a una cita...

—No solo saliste, te besaste con él.

—Eso no importa, Edward, yo solo estaba en una cita después de ocho meses de terminar lo nuestro y tú estabas comprometiéndote con otra, eso lastima aún más que mi cita.

—Lo sé.

—¿Lo sabes?

—Me arrepentí, me arrepentí al minuto siguiente de haberlo hecho, solo fue un estúpido impulso, pero ¿cómo se supone que le iba a decir que fue un arranque de celos? Prácticamente se lo dijimos a la familia un día después, ya estaban planeando y hablando sobre banquetes y vestidos, ¿cómo me retractaba?

—Eres un idiota. —No pude contenerme en decirlo.

—Lo sé, sé que te lastimé y...

—No lo digo por nosotros, Edward, habíamos terminado, me acosté con Sam dos meses después de que lo nuestro terminó.

—¡¿Con el idiota de tu vecino?! —exclamó furioso—. Te dije que ese imbécil siempre te tuvo ganas, claro, aprovechó la oportunidad de que estabas soltera y...

—Y que solo era una noche —interrumpí su escenita de celos—. Superar un compromiso roto no es fácil, mucho menos tener una relación después de eso, muchas veces solo se trata de una relación de rebote, estás con esa persona porque aún no superas a la anterior, no se sabe cómo vivir sin una pareja a su lado, por eso es que es tan peligrosa y dañina una relación de rebote y por eso me acosté con Sam, te extrañaba, pero creía que no podíamos estar juntos, así que en lugar de tener una relación insana, simplemente me saqué del sistema las ganas con una rápida follada.

—¿Crees que mi relación con Tanya fue de rebote?

—No lo sé, pero sí sé que la tuve con Peter.

—Pero acabas de decir que te acostaste con ese perro.

—Sí, pero no por eso estuve salvada, necesitaba la follada o al menos eso creí porque quería ir a rogarte otra oportunidad, pero incluso en ese momento lo comparé contigo.

—¿Soy mejor? —preguntó engreído.

—¿Tú qué crees, amor?

Intentó acercarse para besarme, pero nuevamente la fierecilla lo alejó.

—Está bien, tú ganas esta vez, pero no estarás sobre ella todo el tiempo y ¿adivina qué? La podré besar cuando no estés presente.

Rodé los ojos ante lo infantiles que estaban siendo los dos, pero lo dejé pasar.

»Entonces... —volvió a hablar Edward— aun cuando te follaste al maní inservible…

—Yo no dije que fuera inservible.

—Inservible dije —me reí ante su terquedad—, tuviste una relación de rebote.

—Más o menos —me encogí de hombros—, pero al menos no me comprometí.

—Touché.

Al parecer molestamos a Eddie con nuestra risa pues se puso de pie, nos miró con mala cara y se alejó, Edward aprovechó el momento para acercarse a mí.

—¿Qué tan serio ibas con este Peter?

Creí que sería fácil decirlo, sería el primero en saberlo, me había guardado la verdadera razón de por qué rompí con Peter cuando aparentemente todo iba perfectamente bien.

Incluso mi madre me culpó porque aparentemente era yo la del problema por no mantener buenos hombres conmigo.

—Bueno...

—No puede ser peor que llegar al altar, hermosa.

—Vientre subrogado. —Edward se alejó de mí de inmediato, entendía perfectamente su reacción, ni siquiera yo me perdonaba lo imbécil que fui al dejarme mangonear de esa manera—. Le conté a él sobre la ligadura un mes después de estar saliendo y estuvo bien con eso, pero tú también lo estuviste y ya sabes cómo terminaron las cosas —bufé sintiéndome tonta—. Así que estuve escéptica por unos meses, hace cuatro meses él me dijo que realmente quería tener hijos, pero también quería estar conmigo y sugirió el vientre subrogado.

—¿Y aceptaste?

—Inmediatamente no, pero ya te había perdido a ti por esa razón, temía que volviera a pasar y realmente me sentía bien con Peter, era alguien seguro con quien estar, así que acepté, unas semanas después hicimos una cita para saber lo que nos esperaba y Peter estaba tan emocionado que no tuve corazón de decirle que me había arrepentido.

—¿Qué tan adelante seguiste?

—No mucho, no teníamos el dinero suficiente para cubrir con los gastos, además nuestra relación era bastante reciente, solo fuimos para conocer más del tema o por lo menos eso es lo que yo creía —bufé enojada.

—No era solo por la información, ¿verdad?

—No —negué con la cabeza, sabiendo que tenía que contarle todo desde el principio—. Era divorciado, así que la idea de un segundo matrimonio no le apetecía y después de terminar lo nuestro a un mes de la boda, también le rehuía a la idea del matrimonio, pero aun así estábamos tomando la relación con seriedad. No soy ninguna niña, sé lo que hago, por eso es que creí que él me iba a pedir que nos mudáramos juntos.

—¿Y no te lo pidió?

—Sí lo hizo, pero también me dijo que realmente quería un bebé, quería ser padre, pero también me quería a mí y yo...

—¿Y tú?

—Sabes que sigo teniendo el periodo, mi ginecólogo ha dicho que sigo ovulando aun cuando por la ligadura mis posibilidades de un embarazo son nulas, sigo siendo fértil, y él lo sabía por eso sugirió el vientre de alquiler, él creyó que cuando yo me refería a que no quería ser madre era porque no quería pasar por el embarazo, por eso sugirió tener a un bebé de ese modo.

—¿Aceptaste?

—No tanto como aceptar, solo dije que podíamos investigar, saber más de todo el proceso, no es tan sencillo como parece, deben hacerte estudios, acudir con un psicólogo para saber si estás preparado para el procedimiento, todo lleva un proceso, pero al final todo se trata de que tengas el dinero para poder cubrir los gastos de la inseminación.

—¿Y podían?

—Mis ahorros podían cubrir los gastos, pero no había manera de que yo tocara ese dinero, además Peter no sabía de él.

—¿Entonces?

—Asistimos a dos sesiones, una para informarnos sobre el procedimiento médico que se lleva a cabo y en otra ocasión para conocer todos los aspectos legales que hay detrás. Se escuchaba muy sólido todo lo que decían, también investigué por mi cuenta, pero debo admitir que lo hice para intentar encontrar algo negativo que hiciera cambiar de opinión a Peter.

—¿Lo encontraste?

—No, no lo hice. Peter estaba hablando sobre pedir un préstamo si lo necesitábamos cuando llegara el momento.

—¿Y qué pasó?

—Pensé que tardaríamos por lo menos uno o dos años en tomarlo a consideración, apenas habíamos cumplido un año de relación, pensé que en ese periodo podía hablarlo con Peter y saber si él estaba listo para ser padre... a veces me parecía que aun cuando yo le decía que no dejaría mi trabajo él pensaba que lo haría y me quedaría en casa.

—¿Tú como ama de casa? Te quiero, nena, pero yo sé que tú y la cocina no se llevan bien.

Me reí estando de acuerdo.

»¿Qué más pasó?

—El problema es que Peter no tenía el suficiente dinero, seguía dándole la pensión a su exesposa y yo no iba a poner mis ahorros, estaba pensando en hablar con él sobre que no me parecía lo mejor cuando él la encontró.

—¿Qué encontró?

—A la mujer que Peter consideró adecuada para llevar a su bebé.

Vi como Edward palidecía, él estuvo a punto de casarse con otra y yo a punto de tener un bebé con otro.

Estábamos realmente jodidos, éramos un desastre.

—Entonces...

—Nunca llegamos a concertar una cita con ella, no confiaba en esa mujer, había algo raro en ella, pero Peter creyó que solo era una excusa para no tener al bebé, solo era mi egoísmo el que hablaba.

—Ese idiota, eres la persona menos egoísta que conozco.

—Pero dolió igual, Edward —le dije sintiendo el escozor en mis ojos—, dolió porque estaba haciendo el intento, pero solo porque no confiaba en la mujer que él creía adecuada me estaba llamando egoísta y tal vez sí lo soy, lo soy porque quiero mi felicidad y sé que si traigo un niño a este mundo será miserable porque no podré entregarme a él como es debido. —Tomé aire intentando darme valor para lo siguiente que iba a decir—. Peter decía que me amaba y que quería una vida a mi lado, pero cuando no hice lo que él quería simplemente me insultó, porque aparentemente debía estar agradecida de que alguien quisiera estar a mi lado cuando no era una mujer completa.

—¿Ese bastardo se atrevió a decir que no eras una...?

—Estúpido lo sé, no necesitas repetírmelo, terminé con él después de eso.

—¿Te buscó de nuevo?

—Sí, me dijo que solo lo había dicho por decir, que realmente no lo pensaba y que si lo hablábamos vería que escoger a Lauren era la decisión correcta. —Irónicamente sonreí al recordar aquel día—. Esa noche dejaste a Eddie en mi puerta, verlo fue toda una revelación, me convencí que terminar contigo había sido porque no quería traicionarme a mí ni hacer que tú fueras infeliz a mi lado, me mentí al creer que podría con el niño que Peter quería, pero no era así, tuve que aceptar que solo estaba dándole largas a Peter y al final sería yo la culpable de terminar con el corazón roto de nuevo, además ¿había terminado contigo solo para terminar teniendo un bebé con otro? Sonaba estúpido, por eso al día siguiente cuando Peter regresó para conocer mi respuesta a su disculpa, tenía a Eddie conmigo y una decisión tomada, no iba a ser madre de nadie, ni en ese momento y tampoco en el futuro. Edward, debo dejarte claro eso. Creo que nunca dejé de quererte y el estar con Peter solo fue para cubrir mis sentimientos hacia ti, pero no puedo hacerlo de nuevo, Edward, no puedo tener otra relación que terminará en lo mismo, puedes llamarme egoísta, pero...

—Jamás te llamaría así y si no quieres tener un bebé, yo tampoco, no me imp...

—No me digas que no te importa, porque sí lo hace, si no fuera así, en este momento estaríamos casados.

Tal vez sonó a que lo estaba acusando, pero era la verdad.

Si él hubiera sido sincero conmigo, si yo le hubiera dicho sobre la ligadura en primer lugar, ninguno nos hubiéramos hecho daño... o tal vez sí.

No lo sé.

Esto de las relaciones y el amor era realmente complicado.

Pero quería ser sincera con él.

Estar con Peter había sido la mayor estupidez de mi vida, él me hacía sentir sofocada la mayor parte del tiempo, me atreví a mentirle acerca de estar segura del vientre subrogado cuando solo estaba pensando en cómo hacerlo desistir de su idea, al final terminé siendo la manipuladora que tanto odiaba.

Terminar con Peter me había dolido, pero lo superé, lo dejé en el pasado porque sabía que realmente no era con quien quería estar y solo había estado perdiendo su tiempo y el mío.

No quería que eso nos pasara a Edward y a mí, porque sabía que si lo nuestro volvía a fracasar no podría volverme a recuperar.

—Solo dime la verdad, Edward, yo lo entenderé, pero dilo ahora, porque no quiero que en unos meses volvamos al mismo problema, no soportaría volver a pasar por la misma situación, podemos ser simplemente amigos, éramos buen equipo antes de que todo esto de tener una relación complicara las cosas, podemos volver a tener una amistad si con eso estás bien.

Edward se acercó a mí, solo para ser embestido por la fierecilla enojada, pero en lugar de quejarse solo sonrió y colocó su mano en mi rodilla.

—Nosotros no podemos ser amigos, lo sabes, nena, me gustas demasiado como para fingir que solo hay una amistad entre los dos. No te voy a decir que te amo porque sé que me dirías algo como que ha pasado mucho tiempo o que ya no te conozco de la misma manera o no sé qué, no soy tan inteligente como tú.

Me reí sin poder evitarlo, él era un bobo cursi, a veces me preguntaba si era así de natural para él serlo.

»Pero aún te quiero, Bella, nunca dejaste de estar en mis pensamientos, traté de convencerme que realmente te había superado, pero aun cuando estaba en el altar no podía dejar de pensar en ti, recordaba nuestros planes, lo mucho que nos divertimos en la organización, no dejaba de comparar lo que tú y yo teníamos con lo que tenía con Tanya.

—¿Me comparaste con ella?

—A ella la comparé contigo.

—¿Hay alguna diferencia?

—Sí, Tanya era lo que mis padres esperaban y más, creí que también me gustaba eso, pero no es así. Creí estarte comparando con ella, pero no era así, en mi mente la manera en que tú hacías las cosas era mejor, me gustaba más, aun cuando decía que no era así, mi interior sabía que te prefería a ti... No sé si me estoy explicando.

—No, no lo estás haciendo, pero creo que entiendo lo que quieres decir —le dije medio sonriendo—. Entonces, ¿estás seguro de darnos otra oportunidad? No habrá una tercera, Edward, es esta o no es nada.

Edward tomó a la fierecilla a pesar de ser una amenaza y se acercó a mí para besar castamente mis labios.

—Lo quiero todo, nena, y lo vamos a tener todo.

Esperaba que tuviera razón, porque no sabía si podría recuperarme si volvíamos a rompernos nuestros corazones.

...

Mantuvimos las cosas tranquilas, nos veíamos cada tercer día, el sábado por la noche se convirtió en sábados de películas, la fierecilla todavía seguía detestándolo, pero su odio no era precisamente hacia él sino a cualquiera que entrara en su territorio.

Pasamos el tiempo reconociéndonos.

Consiguiendo la camaradería que teníamos desde un principio.

Quedábamos para comer o cenar.

Íbamos al cine, a patinar, jugar bolos o simplemente a algún partido de béisbol.

Nos besábamos de vez en cuando.

Ninguno estaba en el plan de amigos, él lo sabía y yo lo sabía, pero aún no lo hacíamos oficial, solo dejábamos que las cosas fluyeran.

El único inconveniente que había era el sexo.

No lo habíamos dicho con palabras, pero vetamos el sexo hasta que estuviéramos en una etapa más avanzada de la relación.

Nos habíamos apresurado ese primer día, pero era lo que ambos queríamos y necesitábamos en ese momento, así que no había culpas y lamentaciones, sin embargo no había vuelto a ocurrir y la verdad es que no sabía cuándo pasaría.

La tensión sexual entre ambos era palpable, a veces lo sentía duro cuando me besaba y la humedad entre mis piernas era un claro indicio de cuánto ansiaba una liberación, ningún vibrador era lo suficientemente fuerte para poder liberar toda la tensión que sentía.

La única motivación que encontrábamos para seguir con la abstinencia voluntaria era la posibilidad del increíble sexo que tendríamos después de tanta tensión.

Pero sin contar eso, lo nuestro iba bastante bien.

Me estaba volviendo a enamorar de Edward y no se comparaba al amor que antes sentí por él.

Antes tuve que frenar mis sentimientos, sin querer estropear lo que teníamos con absurdos sentimentalismos, me gustaba estar con él, era fácil, alguien que me entendía y no me juzgaba solo porque era mi follamigo, pero más que eso era mi amigo, y no quería que las cosas entre nosotros se estropearan.

Pero ahora, con nuestras intenciones claras desde el principio, era inexplicable la manera en la que me hacía sentir.

Aunque claro, no todo en la vida era perfecto, porque incluso en los cuentos de hadas siempre hay quienes quieren arruinar la felicidad.

En este caso eran nuestras familias.

Tenía una tensa relación con mis padres, ambos habían estado enojados cuando tomé la decisión de ligarme, ambos me habían recriminado acerca de querer nietos y como es que estaba terminando con la descendencia Swan y Higginbotham, ignorarlos fue bastante difícil ya que después de todo eran mis padres, pero ya que lo había hecho cuando ya no vivía con ellos y solo los veía unas cuantas veces al año, pude hacerlo con mayor facilidad.

Les tuve que comunicar que estaba con Edward, no es que yo hubiera querido hacerlo tan pronto, pero Edward y la fierecilla estaban molestándose mientras yo estaba al teléfono, le advertí a Edward que iba a terminar quejándose por los rasguños y ropa orinada, mi madre escuchó, al principio estuvo bien con que Edward regresara conmigo, sin embargo cuando le dije sobre su no-boda ella dijo algo acerca de entrometerme en relaciones y que ella no me había educado de esa manera.

Eso era su enojo, que interrumpí la boda cuando yo no lo hice, fue Edward quien la suspendió dejando a Tanya en el altar.

La familia de Edward por otro lado... me odiaba.

Esme había ido a mi trabajo, no le dieron autorización de entrar por obvias razones, como que yo no estaba en la oficina y que solo permitían entrar a personas con autorización o con cita previa, pero eso no la detuvo de esperarme en el estacionamiento y decirme lo mucho que estaba arruinando la vida de su hijo al separarlo de una buena mujer.

¿Acaso grité que yo me oponía?

No, no lo había hecho, Edward la había dejado y a mí me culpaban solo por estar en la boda, yo estaba invitada, ni siquiera era una colada y nunca me opuse, ni siquiera llegaron a esa parte porque Edward dijo que no, pero eso no le importaba a Esme, para ella yo era la culpable.

Y, por ende, Esme no apoyaba nuestra reciente relación.

Siempre estaba llamando a Edward, en todo momento, a veces estábamos haciéndonos arrumacos cuando el teléfono de Edward sonaba sin parar, Esme siempre tenía una emergencia que solo Edward podía resolver ya sea porque Carlisle o Emmett no estaban cerca o porque solo quería a Edward pues era su hijo y también lo necesitaba.

No hubiera sido tan malo sino fuera porque Tanya pasaba prácticamente todo el día en casa Cullen.

Entiendo que ella estuviera dolida y no estuviera preparada para superar a Edward, porque era imposible superarlo, lo entendía perfectamente, no la jugaba por esa razón, pero la chica debía tener amor propio, ella era una belleza, podía pasar por una modelo sin problemas, además no solo era guapísima, también era sumamente brillante, después de todo era profesora de matemáticas y por lo que Edward me había dicho estaba estudiando su segunda maestría.

Y hablando de Tanya, estuvimos esperando que ella apareciera anunciando su embarazo, Edward llegó a suponer que quizás se lo ocultara, pero lo calmé diciendo que Esme se lo haría saber acompañado de un "deberías regresar con Tanya y darle una familia al bebé que esperan".

Edward estuvo de acuerdo conmigo.

Su familia era bastante predecible.

Pero después de que se cumplieran los tres meses y Tanya le mandara un mensaje con la fotografía de una prueba de sangre que decía negativo acompañado de un par de insultos a mi persona, el embarazo de Tanya dejó de ser una preocupación para nosotros.

—Por fin va a dejar de estar en casa de mis padres —celebró Edward.

Cosa que no ocurrió, pues Tanya y Alice eran las mejores amigas, además de que sería la madrina del nuevo bebé que Alice y Jasper esperaban.

El rostro desanimado de Edward me dio a entender que no solo era Tanya estando en casa Cullen lo que le molestaba.

Me dijo que nada pasaba, que solo estaba imaginando cosas, lo cual me hizo estar más segura de que había realmente algo que Edward me estaba ocultando.

—Solo dímelo —le dije después de terminar de cenar en mi departamento—, prometimos no guardarnos secretos, tenemos que ser sinceros el uno con el otro si queremos que esto funcione, vamos, dime qué pasa.

—Es... complicado.

—Entiendo las cosas complicadas, soy una chica lista. —Edward sonrió, pero la sonrisa no le llegó a los ojos, lo que me preocupó bastante—. ¿Es algo muy malo?

—No malo en sí.

—¿Pero?

Suspiró pasándose las manos por el cabello y poniéndose de pie, se paseó por la sala, me miró un par de veces abriendo y cerrando la boca, dejé que lo hiciera aun cuando me estaba frustrando.

Después de unos diez minutos sin decir ni una palabra, por fin regresó junto a mí, la fierecilla que había estado acostado en el respaldo del sofá saltó a mi regazo.

—El contrato de arrendamiento terminó —dijo sin verme a la cara—, se supone que me mudaría a una nueva casa con Tanya, ese era el plan, pero después de que la boda no se hiciera y cancelara la hipoteca que se supone que Tanya y yo íbamos a adquirir, me quedé sin lugar donde vivir.

Eso no lo esperaba, la no-boda había sido poco más de tres meses atrás, él no podía estar sin hogar por todo ese tiempo.

—¿No pudiste volver a arrendar tu departamento?

—Lo intenté, pero el administrador ya había aceptado otro depósito y solo estaba esperando a que yo desalojara el lugar.

—¿Cuándo te fuiste?

—Dos semanas después de la fecha de la boda.

—¿¡Qué!? —grité sin poder contenerme, la fierecilla corrió lejos por el susto que le di—. ¿Dónde has estado viviendo todo este tiempo?

La idea de él en casa de sus padres con Tanya rondando me enfermó, confiaba en él y nunca fui una persona celosa, pero sabía de lo que Esme era capaz, ahora podía entender por qué siempre estábamos en mi departamento o por qué la insistencia de Esme a que...

—En un motel, un motel económico —dijo interrumpiendo mi monólogo interno.

—¿Por qué?

—No iba a irme a casa de mis padres —dijo bufando—, Esme sería capaz de tener a Tanya ahí metida las veinticuatro horas del día, incluso puede que la mudara a la habitación junto a la mía —negó con la cabeza—, tampoco se lo iba a pedir a mis hermanos, aun cuando pude habérselo pedido a Emmett, que es el que está menos molesto conmigo, no lo hice porque no quería que tuviera problemas con mamá.

—¿Y te has quedado en un motel todo este tiempo? —pregunté sin poder creerlo, hubiera preferido que se quedara en casa de sus padres aun cuando Tanya estuviera alrededor, lo prefería a que estuviera en un motel de mala muerte.

—Conseguir un departamento decente es más complicado de lo que creí, la mayoría o son una basura o el alquiler está por las nubes, un motel es relativamente más barato, estoy pagando la renta de un depósito para guardar mis muebles y algunas pertenencias, solo tengo lo básico conmigo.

Lo miré mientras procesaba sus palabras.

Cosas que antes no había notado, o que había pasado por alto, ahora eran demasiado obvias, la ropa a veces estaba un poco más arrugada de lo normal cuando normalmente Edward era un obsesivo con su cuidado personal, también estaba la cuestión de que se atiborraba de comida cuando preparaba algo para cenar en casa o cómo era reticente a irse, incluso las leves ojeras bajo sus ojos, posiblemente debido a lo poco y mal que dormía.

¿Qué clase de novia de mierda era si no me había dado cuenta de eso?

—Puedes mudarte aquí —le dije sin detenerme a pensar, ni siquiera había nada que pensar, no podía quedarse en un motel.

—No, Bella, prometimos ir despacio y...

—Y tú no tienes un lugar donde quedarte —le interrumpí—, sabes que la habitación extra la utilizo de almacén, podemos limpiarla y te puedes quedar ahí, no es muy grande, pero es funcional... A menos claro, que realmente no quieras estar aquí conmigo.

—Sabes que quiero estar a tu lado, todo el tiempo —aseguró tomando mis manos y besándolas—, pero no quiero arruinar lo nuestro.

—No lo haremos —le aseguré—, llevaremos las cosas tranquilas, podemos hacerlo, mientras establezcamos algunas reglas y ambos las cumplamos, estaremos bien.

—No lo sé…

—No tienes por qué saberlo —le interrumpí poniéndome de pie—, vas a mudarte y es mi última palabra, no puedo creer que estuvieras todo este tiempo en un motel de mala muerte y no me dijeras nada.

—No es de mala muerte, solo es barato.

—Eso no me importa, Edward, debiste decirme, soy tu novia

—Nena...

—Nada de nena. —Estaba molesta, preocupada y me sentía como una mierda, yo tenía este departamento que, si bien no era de gran lujo, era lo suficientemente decente como para dormir tranquila por la noche, mientras que él pasó las noches en un motel escuchando vaya a saber qué cosa—. ¿Qué hubieras hecho tú si yo fuera la que estuviera viviendo en un motel?

—Te llevaría conmigo —dijo de inmediato frunciendo el ceño.

—Y si tú harías eso, ¿por qué crees que yo no?

—No lo creí, Bella, pero...

—¿Pero?

Suspiró y se puso de pie acercándose a mí, lo detuve cuando intentó abrazarme.

—Es demasiado pronto, Bella, ¿qué pasa si me mudo y lo arruinamos?

—Eso no va a pasar.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque no somos como los demás, Edward, quizás a otros les parezca rápido, pero a mí no, que estés aquí es natural, tan natural como que te amo.

Lo dije.

Parecía buena razón que yo lo dijera primero, ya que la vez pasada fue Edward quien lo hizo.

Quizás me había enamorado antes que él, pero nunca fui lo suficientemente valiente como para afrontar el hecho de que lo amaba.

—Yo también te amo —respondió abrazándome esta vez—, siempre lo he hecho y siempre lo haré, pero no quería presionarte.

—No hay presión, solo eres tú mudándote conmigo, ¿por qué eso me presionaría? Aunque si hablamos de que me presiones contra la pared o la cama...

No terminé de hablar pues Edward me besó.

...

Edward se mudó al día siguiente, él intentó razonar diciendo que era mejor esperar al fin de semana, pero me negué, él no se quedaría ahí una noche más.

Mantuvimos el almacén, dejando los muebles que no podíamos meter a mi departamento, quedamos en que revisaríamos y juntos nos pondríamos de acuerdo sobre qué muebles de él quedarían en mi departamento y los cambiaríamos, pero para eso nos sobraba el tiempo.

Las reglas no eran tan complicadas, nos turnábamos para preparar la cena, mantener el departamento ordenado y hacer la colada.

—Lo haré, pero si secuestro todas tus bragas no quiero quejas.

Él siempre sería mi pervertido favorito.

Pero la regla más importante, y la cual ninguno de los dos había mencionado, era el sexo, habíamos dejado claro que no lo tendríamos hasta que la relación avanzara más, pero eso acordamos cuando no estábamos viviendo bajo el mismo techo.

Quizás seguiríamos por el mismo camino.

Ese pensamiento se fue por el caño en el minuto en que casi tropecé por culpa de la fierecilla y Edward soltó la caja para atraparme.

No sé quién hizo el primer movimiento o si los dos lo hicimos, pero cuando menos pensé, estaba sobre la cama con Edward entre mis piernas besando mi cuello.

—¿Estás segura? —murmuró mirándome a los ojos mientras acariciaba mis piernas sobre mis jeans.

—Tan segura como que eres mío —murmuré atrayéndolo a mis labios.

A veces me dejaba llevar por los estándares de los demás, se esperaba que nos abstuviéramos de mantener relaciones, aun cuando nos conocíamos desde hacía años, teníamos una nueva relación y debíamos esperar por el sexo o por lo menos eso es lo que la mayoría creía, pero Edward y yo no éramos como la mayoría.

Tenerlo dentro de mi cuerpo era simplemente perfecto, era lo que siempre debió ser.

Falta decir que la habitación extra siguió siendo un almacén y Edward y yo ocupamos una sola habitación.

¿Por qué habíamos esperado tanto?

...

Tuvimos problemas, los típicos problemas de una pareja viviendo junta, adaptándonos a las rutinas y costumbres del otro.

Fue... complicado.

¿A quién engañaba?

Fue completamente difícil hasta llegar a ser insoportable, Edward se levantaba demasiado temprano para mi gusto, incluso cuando era una mujer madrugadora, él exageraba, pero aun cuando Edward ocupaba el baño desde temprano era yo quien tenía que estarlo apresurando pues se nos estaba haciendo tarde.

Aunque la poca privacidad que teníamos me gustaba, realmente no podía quejarme cuando Edward salía del baño secándose el cabello sin estar usando absolutamente nada, con las gotitas recorriendo su abdomen, hasta perderse en la v de su cadera que llevaba a mi lugar feliz... eso jamás me desagradaría.

Él decía que era una acaparadora de cama y mantas y que mis pies estaban helados todo el tiempo, aunque no se quejaba cuando terminaba acurrucada en su costado y eso pasaba a una caricia en mi glúteo, una frotada contra su semi erección y de ahí a una actividad mucho más placentera que el dormir.

Teníamos enormes diferencias que abarcaban todos los ámbitos, desde la comida hasta los canales de televisión, muchas veces llegaba a ser desesperante la cantidad de cosas que teníamos en contra y lo poco que teníamos en común.

Pero no le veíamos lo malo a eso, sería realmente aburrido que para todo estuviéramos de acuerdo, ¿dónde quedarían las reconciliaciones calientes si no tuviéramos ninguna pelea?

Pasaron otros dos meses antes de que Edward y yo por fin encontráramos una rutina en la cual los dos estuviéramos felices, los problemas nunca iban a desaparecer, pero tampoco eran lo suficientemente fuertes para que pusieran en peligro nuestra relación.

Incluso cuando la fierecilla seguía arañando las piernas de Edward, mordiendo los dedos de sus pies cuando estaba acostado, orinando de vez en cuando sobre la ropa que dejaba tirada o alejándolo cuando estábamos en el sofá, podía decir que él quería mucho más a Edward de lo que alguna vez pudo tolerar a Peter o a cualquier otra persona que no fuera yo.

Estábamos progresando en nuestra relación y eso me llenaba de placer, aunque también de miedo sabiendo que tarde o temprano tendría que volverme a enfrentar a la familia Cullen, además de que debía hablar con mis padres y esta vez presentar a Edward de la forma correcta.

...

El cumpleaños de los gemelos era ese fin de semana y no había manera de que pudiera negarme a ir, ¿cómo hacerlo? Los niños me agradaban, además Rosalie me había llamado personalmente para invitarme junto con Edward.

Sería la primera vez que me enfrentara cara a cara a la familia de Edward después de la no-boda, estaba segura que Tanya estaría ahí.

¿Por qué no lo estaría? Esme y Alice aún no se rendían en su intento de hacer que Edward me dejara y volviera con ella.

Esa era la razón por la que Edward casi no visitaba a su madre, pues las pocas veces que había ido se topaba con Tanya y tenía que soportar a su madre y hermana hostigándolo sobre lo idiota que era por perder a tan magnífica mujer, no dudaba que lo fuera, posiblemente si la hubiera conocido en otras circunstancias hasta me agradaría y nos llevaríamos bien.

O tal vez no... no lo sé.

Entendía que la chica era guapa, inteligente y todo lo que Esme y Alice querían que fuera la siguiente señora Cullen, pero que alguien les consiguiera una vida para que no estuvieran de entrometidas.

Una parte de mí estaba segura que si decía que no quería ir, Edward no me presionaría y se quedaría conmigo, después de todo él tampoco quería enfrentarse a sus padres, pero mi parte valiente, esa parte que me recordaba que Edward estaba conmigo porque quería estarlo, porque me amaba tanto como yo lo amaba me motivaba a ir, tenía que ir y dejar en claro que Edward quería estar conmigo, solamente conmigo.

Y aunque no era una persona posesiva, podría serlo si con eso por fin cesaban con los ridículos intentos de hacer que Edward regresara con Tanya.

Habían pasado cinco meses desde la no-boda, creía que era tiempo suficiente para que incluso Tanya nos mandara a la mierda a Edward y a mí y siguiera con su vida.

Era una mujer inteligente y guapa, más de uno debería estar interesado en ella.

¿Por qué tanta obsesión con lo que era mío?

—¿Estás segura que quieres ir? —preguntó Edward abrazando mi cintura desde atrás, haciéndome saltar del susto y provocando su risa.

—No, pero tenemos que hacerlo.

—No tenemos, podemos quedarnos aquí y divertirnos en nuestra cama, ¿te he dicho cuánto me gusta decir nuestra cama?

—Una o dos veces —me reí terminando de aplicar mi labial, amaba el color rojo en mis labios, aunque raramente lo usaba, mi trabajo no me lo permitía.

—Solo di que no vamos.

—Eso quisieras.

—Sí, lo quiero y mucho, ¿te digo qué otra cosa quiero?

Grité cuando me nalgueó, él realmente estaba siendo un tonto, uno que me estaba poniendo caliente.

—Déjalo ya. —Detuve su mano cuando intentó sacar mi blusa fajada del pantalón—. Vamos a ir, le dije a Rosalie que iríamos, además me agradan los niños.

—También quiero a mis sobrinos, pero ellos están a nada de entrar en la pubertad, entenderán que quedarse en la cama con una mujer guapa es mil veces mejor que una fiesta y regalos... bueno, eso es mentira, cuando te envolviste en aquel listón y fuiste mi regalo, fue realmente el mejor obsequio que pude recibir, ¿qué te parece si lo repetimos? Podemos fingir que es mi cumpleaños o si quieres yo puedo ser tu regalo, no me molesta cuando eres tú la que manda.

Me reí sin poder evitarlo, no encontraba fallas en su lógica, pero aun así me mantuve firme. Me agradaba Rosalie, ella era amable conmigo, en ocasiones, pero por lo menos fue la menos perra de las Cullen y por lo poco que Edward me contaba sobre Esme, Alice y Tanya, Rosalie se mantenía al margen la mayor parte del tiempo, aludiendo estar ocupada.

Edward manejó hasta la dirección que Rosalie nos había dado, los regalos de los gemelos estaban en la parte de atrás del auto de Edward.

—¿Quiero cambiar mi auto?

—¿Por cuál? —pregunté mirándolo, tenía una sonrisa tonta en la cara—. ¿Qué ocurre?

—Quería cambiarlo el año pasado, tengo este auto desde hace siete años.

—Lo sé, Edward.

No necesitaba que me lo dijera, yo lo había acompañado a comprar el auto y me aventó dentro del asiento trasero cuando el vendedor no estaba viendo, su excusa fue que tenía que comprobar que podía arrastrarme al asiento trasero y no tendríamos problemas.

»¿Por qué no lo cambiaste?

—Tanya.

Si era sincera conmigo misma, me ponía verde de los celos cuando Tanya aparecía en una oración que él mencionara, no quería sentirlos porque no me sentía bien al sentirlos, pero eran involuntarios. Las tres veces que Edward fue a casa de sus padres y Tanya estaba ahí, estuve con los pelos de punta, intentando convencerme que todo estaba bien.

La verdad es que me aliviaba ver a Edward regresar despotricando, no me agradaba que estuviera enojado, pero el saberlo junto a mí era suficiente para aguantar su malhumor, aunque este no duraba mucho pues me encargaba de ponerlo feliz.

A veces me daba pavor el nivel de dependencia que tenía hacia Edward, pero me convencía que era normal un poco de celos y posesividad, así que creía que estaba bien nuestra relación.

Ojalá existiera un libro que me ayudara a entender todos estos sentimientos ocultos que tengo cuando se trata del amor.

—¿Qué tiene que ver Tanya?

Odiaba pronunciar su nombre, pero era una mujer madura y no tenía ningún sentido mi enojo.

—Ella creyó que no era práctico, ¿comprar un deportivo cuando estábamos por casarnos?

—No entien... ¡Oh!

—Sí, ¡oh!

Asentí comprendiendo, un deportivo no sería viable si estaban pensando tener bebés y no solo se reducía al hecho de lo peligroso que sería, sino que con los gastos que conllevaba pagar una hipoteca y tener un bebé, el pago de un deportivo sería excesivo.

—Puedes comprarlo ahora —le dije tomando su mano—, las bolsas de aire son peligrosas, pero en cierto punto lo son en todos los autos. La bolsa de aire puede alcanzar una velocidad cercana a los 300 km/h, aunque solo saldrían si tienes un accidente y...

—Te amo.

Lo miré, tenía una sonrisa boba en el rostro.

—Yo también te amo, Edward, pero no te voy a dar una mamada cuando estoy a punto de enfrentarme a tu madre.

Ambos nos reímos, pero mantuvimos nuestras manos entrelazadas, era realmente fácil estar con él.

Fácil y perfecto.

—Entonces... ¿me dejarías jugar contigo en mi futuro deportivo?

—Puedes apostar que sí.

Sintiéndome traviesa puse mi mano solo a centímetros de su entrepierna y le di un apretón, quizás podía darnos un momento feliz antes de enfrentarnos a su madre.

¿Y por qué no hacerlo? Ella ya me odiaba, hacer esta travesura a minutos de verla no era nada y realmente quería hacerlo.

Vi la sonrisa de Edward cuando alcancé y desprendí el botón de sus jeans.

...

Sabía que habría incomodidad, nunca ignoré ese hecho.

Había contado con que Tanya estuviera aquí, y lo estaba, acompañada de Esme y Alice quienes no dejaban de mirarme furtivamente.

Jasper y Carlisle mantenían su distancia, ambos sin atreverse a hacer enojar a sus esposas, y aunque pensé que Rosalie y Emmett también se mantendrían alejados y que solo nos habían invitado por compromiso, fueron los únicos que nos saludaron.

Era un recinto bastante grande, lo suficiente para darles privacidad a los gemelos y sus amigos en la pileta, pero también que los padres pudieran mantener un ojo en ellos, y ya que nosotros no éramos padres estábamos alejados de todos, simplemente disfrutando del día y nuestra mutua compañía.

No importaba cuántas veces Esme intentara llamar la atención de Edward para que se acercara, él no estaba cediendo y por el rostro enfadado de Alice y Tanya, no era de su agrado que Edward estuviera pegado a mí sin ninguna intención de moverse o alejarse.

—¿Se están divirtiendo? —preguntó Rosalie sentándose junto a mí.

—Es agradable —me encogí de hombros—, aunque solo vine por el pastel.

Rosalie y Edward rieron, Edward se acercó y besó mi cabeza, nunca ocultamos nuestras muestras de afecto, pero en el pasado éramos más reservados, ahora parecía que ninguno podía evitar mostrarnos cuánto nos queríamos, Edward siempre me estaba besando y abrazando y yo me dejaba querer, regresando y correspondiendo cada muestra de afecto.

—Sabía que hice lo correcto, por cierto, ¿qué hiciste con la invitación?

La miré con los ojos muy abiertos, ella se rio así que supuse que Edward tenía mí misma expresión, le había contado sobre la invitación y que no sabía quién la había enviado, sospechamos que quizás Alice lo había hecho como una venganza, algo para lastimarme.

Nunca lo supimos y lo dejamos en el olvido, pero ahora...

—¿Tú la...?

—¿Yo envié la invitación? Sí, yo lo hice.

—Pero...

No lo entendía, podía comprender si Alice la envió y por eso tanto enojo al ver que su plan falló y Edward estaba a mi lado.

—Me agrada Tanya, era buena para pertenecer a la familia Cullen, pero cualquiera que tuviera ojos se daría cuenta de que Edward no era el mismo de antes.

Miré a Edward que se veía igual de sorprendido que yo.

Habíamos hablado de nuestro tiempo separados, no fue fácil, odiaba escuchar los planes que tuvo con Tanya, así como sabía cuánto odiaba Edward cuando le hablaba de Peter, pero lo habíamos hecho.

La relación con mi familia siempre estuvo tensa, no importaba cuánto Peter me dio el sermón de la importancia de la familia o que, a pesar de todo, ellos seguían siendo mis padres y debía ser más tolerante con ellos.

Me cansé de discutir con él que compartir el vínculo sanguíneo no significaba que tenía que callarme y aceptar lo que ellos dijeran de mí, nunca me escuchaba y solo hacía que me enojara aún más.

Edward me contó sobre que se volvió más hogareño, visitaba con más regularidad a sus padres acompañado de Tanya, pasaban las tardes del domingo en casa, aunque ya que se comprometieron bastante rápido muchas veces esas reuniones eran de Tanya hablando con Esme y Alice de la boda.

—Él comenzó a pasar más tiempo en casa, pero aun cuando estaba bajo el mismo techo, se mantenía alejado, era como si solo hubiera dejado a Tanya en su lugar para que nadie lo molestara a él, y en cierto sentido funcionó, les dio a Alice y Esme lo que querían, otra mujer más a la que agregar a la familia y que mantuviera a Edward cerca, algo que nunca pudieron hacer contigo, ya que siempre tenías otros planes, ya sea sola o con Edward, pero no había manera de que ustedes pasaran el día en casa.

En eso debía coincidir con ella, Esme debía avisarnos como mínimo con una semana de anticipación para asegurarse que iríamos a cenar, de otra manera no nos presentábamos, no importaba cuánto intentara llamarnos o lo mucho que usara su voz de madre para reprendernos, nunca nos hizo hacer las cosas a su voluntad.

—No veo la razón de que nos estés diciendo esto, Rosalie —dijo Edward con el ceño fruncido.

—Mandar la invitación era un riesgo, Emmett y yo lo sabíamos, y aunque estábamos felices de que hicieras tu vida junto a Tanya, tarde o temprano ibas a amargarte, ya lo estabas haciendo —negó con la cabeza viendo hacia otro lado para suspirar y después volver a vernos—, ni siquiera te interesaba la boda, nunca lo hizo, cuando ustedes iban a casarse, ambos organizaron la boda, no permitieron que nadie se involucrara sin importar cuánto Esme lo intentó, ustedes hicieron lo que les vino en gana.

—Mi madre, Alice y Tanya organizaron la boda —dijo Edward entrelazando su mano con la mía—, yo solo me presenté, pero ni siquiera sabía en qué lugar sería la ceremonia ni la recepción.

—Lo sé, Emmett fue quien lo vio, ¿sabes? Me dijo que estabas cometiendo un error, que, si estar con Tanya era lo correcto, prefería verte hacer lo incorrecto con Bella, porque por lo menos ahí sí parecías alguien viviente y no un zombi que ni siquiera le importaba hacia donde estaba yendo.

Miré a Edward quien se encogió de hombros.

—No se comparaba a ti.

—Nos agrada Tanya, se adaptó a las costumbres Cullen, pero preferimos ver a Edward feliz contigo que solamente aguantando a Tanya para que no lo molesten. Tienen nuestro apoyo en su relación, creemos que necesitan a alguien de su lado ya que Esme y Alice no se los pondrán fácil.

—Gracias —dijimos Edward y yo al unísono, Rosalie asintió y después se marchó a seguir atendiendo a los invitados.

No pasaron ni dos minutos de estar solos cuando Esme se acercó.

—Edward, ¿puedes acompañarme? Necesito de tu ayuda.

—¿Para?

—No necesito darte explicaciones, solo acompáñame. —Dio media vuelta y comenzó a caminar alejándose de la mesa en donde estábamos.

—Diez a que Alice está aquí en cuanto me vaya —apostó poniéndose de pie.

—Hecho.

Besé sus labios castamente antes de que se alejara siguiendo a su madre.

Solo pasaron dos minutos antes de que la enana apareciera frente a mí junto a otra rubia que recordaba de la boda, una que, por cierto, estaba embarazada.

Revisé rápidamente el lugar buscando la cabellera rubia sin tener éxito, claro que intentarían juntarlos.

Quería levantarme, ir a buscar a Edward e irnos de aquí, pero me obligué a quedarme sentada, manteniéndome serena, sin demostrarle a las dos mujeres frente a mí lo insegura que me estaba sintiendo.

Sabía que Edward me amaba, creía en las palabras de Rosalie, pero la inseguridad y los celos eran unas perras que no desaparecían tan fácilmente.

—¿Puedo ayudarlas?

—Sí, qué tal si te pones de pie y te largas de una buena vez —dijo Alice cruzándose de brazos, para ser una mujer que estaba esperando un bebé y tenía tres hijos a cuestas llegaba a ser bastante inmadura—. ¿Acaso crees que te queremos aquí?

—¿Acaso crees que me importa lo que pienses? —Si ella quería tener esa estúpida actitud conmigo, bien podía responderle, ya que sentía que, si intentaba hablar de manera madura, difícilmente me escucharía.

—Alice, no creo que... —comenzó a hablar la rubia bajita junto a ella.

—Cállate, esta debería tener un poquito de vergüenza y marcharse —le gritó para después girarse a verme—. Tuviste el descaro de romper el compromiso con mi hermano sin importarte lo mucho que sufriría y como si no lo hubieras lastimado lo suficiente, te atreves a entrometerte en su nueva relación, él hubiera sido feliz con Tanya, más feliz de lo que jamás sería contigo.

—Yo no me entrometí.

—¿Ah, no? ¿Y cómo se llama a presentarte en la boda e interrumpirla?

—Yo no interrumpí nada —le sonreí lo más inocente que podía, quizás me había molestado al principio de su acusación, pero Alice solo era una mocosa malcriada a la que nunca le habían puesto límites, no podía enojarme cuando era ella la que me acusaba—, si mal no recuerdo fue Edward el que dijo que no.

—Ella tiene razón, él lo dijo —acordó la rubia.

—Cállate, Jane —volvió a chillar—, es tu hermana la que está sufriendo por esta y tú...

—No es por ella, es por ti y tu madre que no la dejan en paz. —Rodó los ojos—. Han pasado casi seis meses, mi hermana ni siquiera tendría que estar aquí, pero tú y tu madre no han dejado de hablar sobre que Edward va a recapacitar y regresar con ella.

—¡Cállate!

—Ellos están viviendo juntos —le recordó—. ¿Qué otra prueba más quieres de que Edward no la va a dejar?

—Ella es una puta que...

—Pues por muy puta que sea, está con tu hermano, fue él quien se negó en la boda, quien dejó a Tanya en el altar y después se fue con ella, todos lo vimos y si tan siquiera te importara un poco mi hermana, la mantendrías lejos de ambos y le dirías que merece a alguien mejor.

No había nadie mejor que Edward, pero él era todo mío, sin embargo no lo iba a decir, realmente me estaba divirtiendo ver a la enana ponerse roja del enojo. Me agradaba esta hermana de Tanya, aunque tampoco lo diría, lo más seguro era que ella me odiara, pero no lo suficiente para soportar que degradaran a su hermana y lo entendía, realmente lo hacía.

En mi trabajo había pasado por mucho, hablando con mujeres que seguían con sus esposos abusadores e infieles solo porque la familia estaba feliz de tenerlos juntos.

Porque la familia creía que era lo mejor y ellas no sabían cómo demostrar lo contrario.

Edward me había contado que no le fue precisamente fiel a Tanya, me había enojado con él pues una infidelidad no tiene excusas, no importaba que no me lo hubiera hecho a mí, seguía siendo algo horrible. Edward aseguró que Tanya no tenía ni idea, pero a veces llegaba a dudarlo y ahora me atrevía a confirmarlo.

Tanya estaba dejándose manipular para seguir persiguiendo a Edward aun cuando él había dejado en claro que no quería nada con ella, y solo lo hacía porque la familia de Edward la quería cerca.

Jane tenía razón en estar enojada, si tan solo le hubieran permitido a Tanya alejarse cuando todo era más reciente, ella pudo odiarnos a Edward y a mí por algún tiempo, pero superar la separación y buscar a alguien que la hiciera inmensamente feliz, tanto como Edward me hacía a mí, en su lugar estaba en este lugar, ideando planes para alejarme de Edward y dejarle el camino libre a ella.

—Mira, Alice —dije poniéndome de pie, llamando la atención de las dos—, realmente lo que me digas me importa una mierda, ¿quieres seguir con este estúpido juego? Hazlo, realmente no me importa, Edward está conmigo y ni tú, ni tu madre, ni las artimañas que las dos tramen van a hacer que Edward y yo nos separemos.

—¿Tan segura estás? —preguntó cruzándose de brazos.

—Sí, y si me permites iré a... cualquier otro lado.

Me alejé de ahí dejando a Alice y Jane peleando entre ellas.

No fui muy lejos pues un Edward furioso con su madre llamándolo caminaba directo a mí.

—Vámonos a casa —dijo tomando mi mano.

—No.

—Bella...

—Sé que te molesta, a mí también, pero si nos vamos las estamos dejando ganar, si nos quedamos les demostramos que aun cuando hagan toda su tontería, no nos van a separar.

—No estoy tan seguro.

—Pues yo sí, ahora anda, vamos a... no sé, ¿besuquearnos atrás de los baños?

Edward rio, pero tiró de mi mano.

Sí quería irme y quizás Rosalie entendería nuestras razones, pero no podíamos seguir huyendo, era nuestra vida y si queríamos vivirla juntos teníamos que dejarle en claro a los Cullen que no nos iban a lograr separar por más que lo intentaran.

Con eso en mente, decidí que al día siguiente llamaría a mis padres y les diría que estábamos viviendo juntos.

Estaba lista para enfrentarme a cualquier cosa que el destino tuviera preparada para mí pues sabía que esta vez lucharía para estar con Edward, no me dejaría intimidar ni me daría por vencida tan fácilmente.

...

Me había imaginado en muchas situaciones a lo largo de mi vida, era una persona que dejaba que su mente vagara sin control, por eso era que me interesaban cientos de cosas que la mayoría simplemente pasaba por alto.

Por eso era que conocía todos esos pequeños datos curiosos, Edward a veces me llamaba Bellapedia, ya que, en sus palabras, decía que era la única persona que sabía que existían cuatro mil tipos de ranas, y sabía que debido a que su piel es muy permeable desempeña un papel importante en el intercambio de gases respiratorios. O que también sabía que durante el periodo menstrual tiene lugar una revolución de hormonas que provoca un aumento del apetito sexual.

Edward siempre se reía diciendo que era la única que podía hablar de dos temas completamente diferentes al mismo tiempo.

Lo sabía, no era algo que solamente Edward me hubiera dicho, me habían molestado en la escuela debido a eso.

Muchas veces mi papá no me hablaba pues decía que no podía mantener una conversación tranquila conmigo porque siempre salía con alguna cosa que a él no le interesaba o le incomodaba.

Por eso aprendí a aquedarme callada y solo compartir mis cosas conmigo misma, no era un erudito, no tenía madera para dedicarme a la investigación y la ciencia, realmente quería hacer algo importante, algo que hiciera la diferencia, pero no encontraba una manera de hacerlo.

A veces sentía que hablaba en un idioma distinto que nadie podía comprender y estaba destinaba a estar sola, es por eso que me decidí por los idiomas, debía haber alguien en el mundo que pudiera entenderme.

Francés, portugués, italiano, español y el lenguaje de señas y seguía sintiéndome igual de sola.

Aprendí a estar bien con eso, me gustaba estar sola, lo disfrutaba plenamente.

Hasta que apareció Edward y cambió todo lo que pensaba hasta el momento.

Edward era... distinto, él siempre me sonreía cada vez que divagaba y decía un montón de ocurrencias, al inicio de nuestra folla-relación, él me decía que me veía extremadamente caliente cuando hablaba de mil cosas.

Nunca sé qué va a salir de tu boca, pero me gusta escucharte hablar, te excitas toda cuando hablas de lo que te apasiona y definitivamente me gustas cuando estás apasionada.

Él solamente se reía cuando de repente perdía el hilo de las conversaciones, intentaba que no fuera tan obvio, lo tenía cubierto cuando recién comenzábamos y no pasábamos casi tiempo juntos, pero conforme la relación avanzó, él se daba cuenta cada vez que mi mente se había ido a viajar.

Justo como en este momento, en donde mi cerebro estaba pensando en cientos de cosas en lugar de prestarle atención al médico.

Edward apretó más mi mano, sabía que tenía miedo, yo también lo tenía.

Una cosa era que aceptaría al bebé de Tanya si resultaba que estaba embarazada, podía ser una madrastra, eso era mil veces más sencillo, o al menos eso creía. Me estuve preparando para tener a Tanya en nuestras vidas por un larguísimo tiempo, un hijo era una responsabilidad enorme y si bien yo nunca quise tenerlos, jamás le quitaría la posibilidad a Edward.

Pero saber que su paternidad estaba en duda junto con otros tres, era algo para lo que no estaba ni remotamente preparada.

Edward me había confesado que se había acostado con Jane, la rubia que había estado discutiendo con Alice, nunca le oculté a Edward mi molestia al saber que había engañado a Tanya, pero saber que lo hizo con su hermana... no sabía qué pensar.

Edward fue un imbécil, no iba a minimizar lo que hizo, pero Jane era su hermana, los hombres que estaban terminantemente prohibidos eran los hombres de las amigas y hermanas, estaba implícito en tu lealtad. ¿Qué carajo pasaba por su cabeza?

Ahora estábamos ahí, con otros tres sujetos que posiblemente eran los padres del bebé de Jane.

Si Edward resultaba ser el padre, aun cuando quizás estaba siendo una perra por pensarlo, quería estar ahí cuando le dijera a Esme que había tenido un bebé con una Denali, pero no la Denali que ella quería.

Su cara sería inolvidable.

Aun no entendía cómo es que Jane se enfrentaría a su familia, ¿cómo le diría a Tanya si el bebé era de Edward?

La situación estaba demasiado jodida.

Jane estaba sentada con el bebé en brazos, ¿cómo es que había salido sin levantar sospechas? Quizás dijo que iría a ponerle las vacunas o algo así, era una de las cosas que realmente no quería saber.

Bueno... quizás solo un poco.

—Tengo los resultados —dijo el doctor al entrar a la consulta.

Se habían hecho las pruebas quince días atrás, había estado furiosa con Edward, pero ya que lo hizo cuando nosotros no estábamos juntos... aun así me enfadé con él y lo mandé a dormir a la sala por una semana, ya lo había perdonado solo con la advertencia de que si me llegaba a poner el cuerno le cortaría las bolas con el cuchillo de la cocina y se las haría tragar.

—Abra primero el de Cullen —dijo Jane antes de que el médico pudiera decir cualquier otra cosa.

Podía entenderla, quizás se trató de algo casual, una estupidez que la atormentaría durante años, traicionar a tu hermana debía ser de las peores cosas, y peor aun cuando de la traición se producía un bebé.

¿Qué mierda hubiera pasado si Edward se hubiera casado con Tanya? ¿Cómo explicabas algo así?

Hola, hermanita, estoy embarazada, ¿que quién es el padre? Sí, mira, pues... resulta que tus hijos y el mío no solo serán primos, sino que también hermanos.

Estaba jodido de cualquier manera a que lo vieras.

—Muy bien, señor Cullen —dijo el médico tomando el sobre con su nombre, Edward apretó aún más su agarre en mis manos.

No sabía qué pasaba por la mente de Edward.

Habíamos estado planeando tantas cosas, pensábamos ir a Bangladesh las siguientes vacaciones, hablamos sobre quizás irnos una temporada a París, Edward había comenzado a tomar clases de francés mientras que yo estaba mejorando mi léxico.

Pero si ese bebé era de Edward...

Estaba asustadísima, la verdad era que no sabía cómo lidiaría con algo así.

Claro que él no me engañó a mí, pero ¿cómo se los diría a mis padres? ¿Cómo Edward se lo diría a los Cullen? ¿Qué mierda haríamos?

Un bebé no era una cosa sencilla.

Ni siquiera era una cosa.

A veces olvidaba llenar el tazón de la fierecilla y por la tarde él estaba malhumorado y yo me sentía horrible.

Muchas veces Edward chocaba contra el recipiente de agua de la fierecilla y por las prisas solo lo rellenaba y se marchaba sin limpiar.

Recuerdo una vez en donde ambos nos pusimos calientes y dejamos nuestras copas de vino sobre la mesa, la fierecilla se las bebió y quizás era la peor dueña de un gatito del mundo, porque él estaba ebrio y yo solo podía reírme de que ni siquiera podía caminar derecho.

Claro que después lo llevamos al veterinario y me dijo que él estaría bien, solo que necesitaba poner más atención y que este accidente no volviera a ocurrir.

Pero mi fierecilla era un gatito independiente, ¿qué se suponía que haríamos con un bebé?

Edward estaba verde, como si en algún momento fuera a regresar el poco desayuno que probó antes de venir para acá.

Yo también me sentía enferma.

—Señor Cullen, las pruebas realizadas muestran que… —se quedó un segundo en silencio leyendo el informe, ¿qué tanto podía leer? Odiaba los momentos de suspenso— su compatibilidad es del cero punto cero uno por ciento.

Jane suspiró aliviada.

Yo suspiré aliviada.

Y Edward... era bueno que estuviera tan cerca para sostenerlo cuando se desmayó.

Cuando regresó en sí y en una habitación distinta, Edward balbuceaba sobre no querer saber nada de bebés en su vida y que no volvería a usar su polla en nadie más, un segundo después se retractó diciendo que solo conmigo, aunque se pondría un condón, y también comenzaría a buscar sobre la inyección anticonceptiva que vio en una revista meses atrás, quizás hasta se haría la vasectomía, ¿qué tan efectiva era mi ligadura? Verlo parlotear nervioso, asustado y aliviado todo al mismo tiempo, era demasiado divertido.

Quizás no era tan buena novia pues lo grabé para mostrárselo en el futuro.

...

Dicen que cuando eres feliz el tempo pierde sentido.

Nunca lo entendí realmente hasta este momento.

Podía recordar todo el tiempo que estuve con Peter, las peleas, el fastidio que llegaba a sentir cada vez que se enojaba porque no me apetecía salir a cenar esa noche.

Era un verdadero fastidio a veces pasar las tardes con él, cada vez que veía el reloj el maldito no avanzaba ni un segundo.

Pero con Edward parecía que el tiempo volaba.

Habían pasado diez meses desde que regresamos.

Seis meses desde que vivíamos juntos y sentía que el estar juntos fue lo que siempre estuvo destinado a ser.

Esme y Alice aún seguían insistiendo con Tanya, ella incluso hacía llamadas a Edward durante la madrugada, una vez se presentó borracha en mi puerta.

Me llamó perra e intentó entrar al departamento demandando ver a Edward.

Decidimos que quizás sería bueno mudarnos muy pronto a un edificio con mejor seguridad.

Habíamos viajado a Forks a ver a mis padres, ellos lo habían pedido y Edward había dicho que no tenía ningún problema, así que fuimos durante un fin de semana.

Fue un fin de semana larguísimo.

Lo fue mucho más cuando mi madre me bombardeó sobre posibles bebés.

¿Realmente aún no lo había entendido?

No quería tener hijos, no quería estar relacionada con nada de eso, dije que apoyaría a Edward y lo hubiera hecho, porque soy una buena persona, nunca hubiera tratado mal al hijo de Jane o Tanya, pero no por eso mágicamente mis ganas de tener un bebé aparecerían.

Mi padre tampoco fue de ayuda pues se la pasó hablando sobre días de pesca y lo mucho que Harry llevaba a sus nietos con él.

—Me he hecho la vasectomía —dijo Edward atrayendo la atención de todos—, la hice hace meses, Bella no lo ha dicho porque, bueno, no es algo que surja en una conversación casual, pero creo que aquí es necesario decirlo.

—¿Qué piensan tus padres acerca de eso?

Edward se encogió de hombros.

—No están muy felices, pero es mi vida, nuestra vida, y realmente los niños no entran en nuestros planes.

Fuimos no gratos en casa de mis padres después de eso, misteriosamente mi padre tuvo que trabajar todo el fin de semana y mamá recordó que se había ofrecido de voluntaria para ayudar con las donaciones de la iglesia.

Fue bueno que solo decidiéramos ir un fin de semana, pues cuando nos marchamos el domingo temprano, mis padres no estaban nada compungidos por nuestra partida.

Debí suponer que las cosas no se quedarían así, pues tan solo dos días después de haber regresado Esme apareció en nuestra puerta siendo todo un mar de lágrimas.

¿Cómo Edward fue capaz de cortar su hombría? ¿Acaso yo lo había manipulado para hacerlo? ¿Por qué la hacía tan desgraciada al privarla de tener un nieto?

Ella tenía cinco nietos, hijos de sus otros hijos, ni siquiera mis padres me hicieron ese drama y yo era hija única, claro que estaban molestos, pero por lo menos mi madre no lloró como magdalena.

Abandonó la casa sin dejar de llorar, diciendo lo malagradecido que era Edward por privarla de la dicha de ser abuela.

Cuando se fue no pude evitar reírme.

—Ni siquiera te has hecho la vasectomía.

—No, pero me puse la inyección y la enfermera me dijo que era bastante efectiva... efectiva y dolorosa, ¿acaso no recuerdas que no me pude sentar bien por casi un mes?

Edward también era un llorón, pero lo amaba de esa manera y lo amaba aún más cuando formábamos un frente unido para soportar a nuestras familias.

...

—¿Aún lo tienes?

Subí el cierre del protector del vestido y me giré para ver a Edward que estaba recargado en el marco de la puerta.

—No sé de lo que estás hablando —respondí cerrando el armario y yendo a la cama, cualquier lugar con tal de alejarme del armario, la fierecilla saltó a la cama y se acurrucó en mi costado, acaricié su lomo sintiendo como comenzaba a ronronear.

—Sabes muy bien de lo que hablo —dijo sentándose del otro lado de la cama—, pensé que lo habías vendido o donado, pensé que era el único cursi por guardar mi traje.

Lo miré sintiéndome tonta, claro que él lo había guardado, ¿por qué no hacerlo? Ambos éramos unos bobos enamorados que tomaron decisiones estúpidas.

Liana había apoyado que me deshiciera del vestido, quizás quemarlo y hacer un brindis por mi soltería y porque encontrara un mejor hombre que me amara tal y como era.

Alexa había secundado la moción del alcohol, pero se negó a quemar el vestido.

¿Por qué hacerlo? Era un vestido hermoso, no merecía ser quemado por despecho.

Liana estuvo de acuerdo y al final me ayudaron a guardarlo en el protector de vestidos, colocándolo hasta atrás del armario donde Peter jamás lo vería.

Había comido la semana pasada con ellas, escuchándolas hablar de sus proyectos y los idiotas de sus ex, Alexa creía estar embarazada de su ex y no sabía si decirle o no, Liana acababa de terminar con su novio porque no eran compatibles, pero como ellas dos eran las personas más sinceras y amigables que podía conocer, no les importó sus males de amores, pues se emocionaron cuando les conté lo bien que estábamos Edward y yo.

E indudablemente terminamos hablando de mis planes con Edward y si pensaba casarme algún día con él.

No lo había pensado, estaba tan feliz con nuestra relación que no había pensado en dar el siguiente paso, porque para mí nosotros ya habíamos dado muchos pasos, estábamos más allá de una simple relación.

Él vivía conmigo, aunque fue por una razón externa a nosotros, vivíamos y dormíamos juntos.

Enfrentábamos a nuestras familias continuamente, pero lo hacíamos juntos.

Habíamos aguantado las llamadas de Tanya diciendo que aun cuando lo había obligado a hacerse la vasectomía, ella lo seguiría aceptando porque lo amaba.

Vencimos a Peter cuando se presentó diciendo que no le interesaba que yo estuviera en su vida, pero que, ya que había aceptado el vientre subrogado, lo mínimo que podría hacer por él sería darle uno de mis óvulos para que tuviera al bebé que tanto quería.

Con todo lo que habíamos vivido, casarnos se veía muy pequeño.

O eso pensé hasta que terminé viendo la tela rosa del vestido.

Miré a Edward quien jugaba con la fierecilla, estos meses se habían aprendido a tolerar, la fierecilla ya no orinaba su ropa, pero los rasguños continuaban, ya no le siseaba cada vez que lo veía, aunque seguía saltándole encima cada vez que se acercaba demasiado.

Ahora Edward lo estaba molestando, gritando cuando la fierecilla lo molestaba.

—¿Y si nos casamos en un mes?

Eso fue suficiente para que Edward dejara de prestarle atención a la fierecilla y él aprovechara para morder la palma de su mano, Edward gritó y gimoteó intentando zafarse de las garras del pequeño, me reí sin poder evitarlo.

—¿Qué día? —preguntó Edward una vez estuvo a salvo de las garras de la fierecilla.

Me incliné y lo besé.

Siempre podía contar con Edward para seguirme el ritmo.

No era una chica de grandes propuestas ni largas planeaciones, no me importaba si tenía una gran recepción o solo a un grupo de cincuenta personas, lo único que quería era a Edward para mí.


Hola!

Capítulo largo debido a todo el tiempo que las he hecho esperar por el capítulo, espero que lo disfrutaran tanto como yo disfrute al escribirlo.

Tercer capítulo, el siguiente es el final.

Yanina, muchas gracias por la revisión del capítulo, eres la mejor.

Mis preciosas acosadoras, las quiero un montón

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