¡Hola a todos! Les presento un nuevo TsukkiYama en el que llevo tiempo trabajando y del que estoy muy orgulloso.
Esta es una historia corta cuyo objetivo es relatar un pasaje y experiencia específica. Está conformado por tres capítulos y un epílogo que iré subiendo diario.
Espero lo disfruten y, si así lo desean, dejar un review.
I. La Playa en invierno
Cualquiera que los viera pensaría que estaban locos.
Tsukishima Kei conducía por la carretera el Nissan Sentra gris que Akiteru le había prestado para el viaje. Hace un año había obtenido la licencia de conducir, pero esta era la primera vez que se atrevía a manejar por autopista, más allá de su natal Miyagi.
Definitivamente estaba nervioso; si bien no había cruceros, ni semáforos o policía de tránsito vigilando, estar sentado frente al volante durante un tramo mayormente recto era una prueba de resistencia y concentración. En las calles de la ciudad debía manejar al menos a 40 o 50 km/h si no quería ser amonestado, sin embargo, al mirar el tablero, la aguja indicadora de la velocidad apuntaba a los 90 km/h, y subía intermitentemente hacia el 100. El doble de lo que estaba acostumbrado.
—Necesitas tener mucho cuidado, maneja a la velocidad que indiquen los señalamientos. Es invierno y el camino puede estar resbaloso, ha estado lloviznando en los últimos días. Si está resbaloso, toma las curvas con cuidado. Carga suficiente gasolina, eso es lo más importante: no olvides la gasolina —su hermano lo había llenado de esos y muchos otros consejos que ya había olvidado. A veces, Akiteru se preocupaba más por él que sus padres.
El camino no estaba resbaloso, pero el asfalto sí se veía mojado. Era una suerte que no hubiera caído alguna nevada, solo lloviznas. Kei aún no pasaba ninguna curva, pero el hecho de pensar que tendría que pasar alguna lo hacía sentir más nervioso.
Llevaba una mano en el volante y otra en la palanca de velocidades (aunque hacía más de 10 minutos que no cambiaba de velocidad) y ambas manos las tenía demasiado tensas, sujetaba el volante con fuerza, la palanca igual.
Hasta que una mano morena se posó sobre la mano que tenía en la palanca.
—Estás muy tenso —sentir el tacto hizo que relajara un poco la mano, era como magia.
—No lo estoy —nunca quitó la mirada del camino.
—Te conozco bien, Tsukki —no estaba viéndole el rostro, pero podía casi adivinar que Yamaguchi tenía una ceja arqueada, incrédulo de su declaración anterior.
—De acuerdo, si lo estoy. Es la primera vez que hago esto —no podía mentirle a Yamaguchi, hacía tiempo había aprendido eso.
—Yo voy en el mismo auto que tú, ¿sabes? También tengo nervios, pero confío en mi Tsukki —intentó entrelazar sus dedos con los que sujetaban con fuerza la palanca de velocidades. Kei lo dejó hacerlo.
Si Akiteru era más padre que hermano, Tadashi a veces solía ser más porrista que novio con tantos ánimos que le daba. No era algo de lo que se quejara, dicho sea de paso.
Después de casi 20 minutos, un señalamiento que decía "Shiogama" anunciaba una desviación a menos de 500 metros. Yamaguchi ya había revisado el mapa con anterioridad, ese desvío era el más pronunciado de toda la ruta, una curva a la izquierda que se hacía muy pronunciada al inicio y luego se encausaba al camino que los llevaba a la ciudad de la costa: su destino.
Mientras más se acercaban, Kei encendió la direccional. El copiloto, aun con sus dedos entrelazados, apretó suavemente la mano como gesto de ánimo a su pareja. La desviación llegó al fin y el conductor bajó la velocidad, junto con la marcha del auto de la quinta a la primera, sosteniendo en todo momento la mano del otro y moviéndola junto con la palanca al hacer los cambios.
Tomó la curva lento y respetando en todo momento su carril. Cuando salió de ella, volvió a subir la marcha. Escuchó como el otro suspiraba de alivio, soltando el aire que estaba reteniendo.
—Te dije que podías —se acercó para darle un beso en la mejilla. Kei dio un pequeño salto de sorpresa en su asiento, el movimiento lo había tomado con la guardia baja.
—Estoy conduciendo —replicó, intentando que eso ocultara el leve sonrojo que sabía que tenía en el rostro.
Yamaguchi soltó una risita.
—¿Y por eso no puedo hacerte mimos?
—No digo que no, solo digo que me desconcentras. Cuando lleguemos podrás hacerlo. Si —Tsukishima seguía viendo fijo al camino que tenía frente suyo, en parte para evitar el contacto visual y hacer que el leve sonrojo se convirtiera en uno más notorio.
Tadashi apretó su mano una vez más.
—De acuerdo, está bien. —hubo silencio por algunos segundos hasta que volvió a hablar. —Te veías muy varonil cambiando de velocidad y tomando las curvas —sonrió, embelesado.
Después de más de una hora de camino, habían llegado a su destino.
—Busca el hotel en el mapa —le pidió al otro mientras Kei conducía por una avenida principal de la ciudad.
—A sus órdenes, capitán.
—No molestes ahora, Yamaguchi.
Mientras Tadashi se ubicaba y giraba el mapa de un lado a otro, el conductor advirtió que todas las calles estaban desiertas. Era lo normal, al fin y al cabo, estaban de vacaciones en una ciudad costera en pleno invierno.
Desde la avenida donde estaban, solo bastaba girar la cabeza para observar la bahía a la distancia, Kei lo hizo puesto que entrar a la ciudad hizo que relajara su agarre del volante y la palanca, al fin pudo recargarse con tranquilidad en el asiento de conductor.
Solo hasta ese momento empezó a caer sobre la ciudad una suave llovizna. Kei encendió el parabrisas, después volteó a ver a Yamaguchi peleando con el mapa.
—¿Aún no? —rio suavemente.
—Es la primera vez que vengo a esta ciudad, ten paciencia. —bufó por lo bajo. —¿Cómo se llama esta avenida?
Bajó la velocidad y se orilló en el camino, después de todo no había autos. —Esta es la Avenida Principal. —aprovechó que se había detenido para estirar los brazos, sentía cómo le hormigueaban por el cansancio.
Yamaguchi tardó unos momentos en encontrar el rumbo.
—Listo, ya sé dónde es.
—Bravo —el copiloto frunció el ceño en respuesta.
Volvió a poner el auto en marcha y dejó que Tadashi lo guiara por las calles de la ciudad hasta llegar al hotel que estaba justo enfrente de la costa. No era un asentamiento de cinco estrellas, pero se veía acogedor. A los lados estaba rodeado por hoteles más grandes, de más de 5 plantas.
No había problema, sólo lo querían por el estacionamiento y para dejar sus cosas un par de horas.
Estacionó el auto y por fin pudo relajar todo el cuerpo.
—¡Lo lograste! —Yamaguchi celebró desde su asiento. —Felicidades, Tsukki. —le dio una palmada en el hombro.
—¿Y-Y los mimos de hace rato? —a veces se sentía avergonzado por pedir atenciones, pero al inicio de su relación ni siquiera sabía cómo pedir afecto ajeno. Esa era una de las cosas que Tadashi le había enseñado.
El copiloto volteó a mirarlo fijamente.
—¿El señor conductor quiere mimos? —a su novio le gustaba mucho molestar. La buena noticia era que el orgullo de Kei ya no se fracturaba con tanta facilidad como antes.
Asintió, sin decir nada más. Yamaguchi volvió a reír por lo bajo.
—No puedo negarme a darle mimos al conductor más genial de todos —sonrió y se acercó, depositándole un beso suave en los labios. Kei correspondió, moviendo levemente su boca.
El copiloto sujetó con ambas manos el rostro ajeno y, con los dedos, masajeó la parte trasera de sus orejas. Tsukishima sintió un escalofrío que le recorrió todo el cuerpo y lo ayudó a destensar la espalda. Al sentir el alivio, suspiró mientras mantenía el contacto con los labios del otro. Ese era uno de sus puntos débiles.
Se separaron.
—Otra vez ese escalofrío —comentó Tadashi.
—Sabes que ese lugar es sensible —las charlas sobre sus sitios sensibles siempre lo hacían sentir avergonzado, así que decidió cambiar el tema para no perder la compostura. —Vamos a instalarnos.
Al salir del auto pudo sentir la atmósfera húmeda de la costa y el frío que caracterizaba la temporada; la mezcla de ambos era una sensación de lo más extraña.
Bajaron las mochilas que llevaban consigo y salieron del estacionamiento.
Afuera, el cielo estaba nublado, cerrado por completo en un gris tan profundo que parecía que iba a convertirse en negro en cualquier momento. Al mirar hacia abajo, el mar que se extendía frente al hotel y a lo largo de toda la costa tenía una apariencia similar, plúmbea y muerta. Diametralmente distinto a como es durante el verano. A lo lejos, se podían ver algunas islas y barcos pesqueros que estaban atracados en un muelle cercano a la costa.
Le llegó una brisa fría de frente que lo hizo temblar. También sintió la llovizna que caía sobre ellos, lenta pero continua. Tadashi entrelazó sus brazos mientras caminaban hacia el modesto hotel.
Al entrar, la persona en el mostrador se sorprendió por tener clientes en esa época del año. Kei pidió la habitación más barata que tuvieran disponible, le dieron las llaves y ambos subieron al elevador.
—Es la habitación 165, está en el cuarto piso —Tadashi presionó los botones correspondientes. Segundos después, el elevador se sacudió y se puso en movimiento.
Durante unos instantes estuvieron en silencio, hasta que Kei habló.
—¿Cuál es el itinerario de hoy?
Tadashi bostezó.
—Primero quiero dormir un poco. Estoy cansado —estiró los brazos y aprovechó para rodear la cintura de Kei por detrás, abrazándolo.
El otro se sorprendió por el contacto, pero lo dejó abrazarlo y acarició sus manos que se sujetaban sobre su estómago.
—¿Estás usando un nuevo perfume? —escuchó que preguntó desde detrás.
—Sabes que no uso perfumes, es el detergente —intentó sonar calmado, pero sentir el calor del otro detrás de si lo ponía nervioso. Aún y después de todo lo que habían pasado juntos.
—Entonces es un detergente que huele muy bien —lo escuchó reír y sintió cómo la nariz del otro se enterraba en su suéter, detrás de su cuello. De nuevo se estremeció.
—Lugar sensible.
Escuchó una risa.
—Ya sé —frotó su nariz en el mismo sitio, pero la movió a los lados, acariciando el lugar sensible de Kei.
Las puertas del elevador se abrieron frente a ellos y Kei se apresuró en salir, rompiendo el agarre de los brazos de Tadashi. Escuchó cómo el otro lo seguía de cerca.
—¿Por qué huyes de mi amor, Tsukki? —rio por lo bajo.
No respondió porque lo conocía y sabía que quería molestarlo. No le daría el placer en esa ocasión.
—Aquí es la habitación —se detuvo frente a una puerta con los números 1, 6 y 5. Sacó la llave y entró, seguido por Yamaguchi.
Era un cuarto sencillo, tenía una cama matrimonial con cabecera de madera, al frente había un peinador con dos espejos y un baño completo.
—¿No te parece lujoso? —Yamaguchi examinó el cuarto y después se sentó al pie de la cama.
—En realidad no, es bastante sencilla —se sentó a su lado, mirando el espejo que estaba frente a la cama.
—Vamos a dormir un rato, estoy cansado —sugirió Tadashi, echándose hacia atrás.
Kei lo imitó y sujetó su mano, mirando al techo.
—¿Pasa algo? —preguntó el otro.
—Nada realmente. Vamos a dormir.
—¿Cuchara grande o pequeña?
Sintió como el calor le subía al rostro.
—G-grande.
Tadashi asintió y ambos se quitaron los zapatos, acomodándose mejor en la cama. Yamaguchi se dio la vuelta, dándole la espalda a Tsukishima quién se dispuso a rodearlo con los brazos.
Pasaron unos instantes y pudo escuchar la calmada respiración de Yamaguchi y unos suaves ronquidos. Kei puso una mano en su pecho y pudo sentir los latidos pausados de su corazón, su otra mano la posó sobre el abdomen ajeno, acariciándolo suavemente.
Comenzó a sentirse adormilado mientras lo envolvía el aroma y calor de Tadashi. Esa posición para dormir era su favorita pues podía sentirlo todo de su novio y admirarlo sin que se diera cuenta.
Se quedó dormido y lo último que pensó antes de perder la conciencia fue en lo mucho que iba a extrañar estar así con Yamaguchi.
