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Altruista

Danny a veces se preguntaba si el carácter desinteresado de Steve era una consecuencia de su dolor profundo o si era un rasgo innato, una cualidad que se extendía en lo más hondo y se había grabado en cada fibra. No importaba, en realidad, porque el efecto era el mismo. Si veía a una persona en necesidad, Steve era incapaz de girar el rostro. Si había algún problema, era el primero en ofrecerse para ayudar. No importaba si la persona en cuestión era un extraño, la mujer que lo había traicionado una y otra vez, un ex criminal, un amigo, un colega, un familiar de un compañero... No importaba la persona que estuviese del otro lado porque la reacción siempre sería la misma. Él siempre, siempre ayudaría.

Y Danny quería responder del mismo modo, quería responderle a Steve del mismo modo, pero su mejor amigo era desinteresado y abnegado y nunca, nunca había aprendido a pedir ayuda.

Se encargaba de reparar juguetes rotos pero, ¿y sus propias heridas? ¿Y sus cicatrices?

Danny sabía que había un límite. Todos tenían uno. Incluso Steven McGarrett.

(Quizá no podría hacer mucho más, pero él estaría allí para Steve).


Adrede

—Estoy bien.

Steve debería saber que esas palabras habían perdido significado cuando él las pronunciaba.

—Nos preocupamos por ti, Steve.

No dijo «me preocupo por ti». Pero no hacía falta.

—No es necesario —Steve le lanzó una mirada férrea, feroz. Sabía que Catherine era aún un tema sensible pero Danny no podía quedarse en silencio, observando. Tenía que asegurarse—. Y te preocupas por todo. Siempre. Es un desperdicio constante de energía, ¿sabes?

Danny odiaba cuando Steve era razonable en una discusión. Pero, de nuevo, a veces a él le costaba ser razonable en una discusión y necesitaba a alguien que sí lo fuera.

—Siempre me dan razones para hacerlo. Y no me preocupo por todo.

Steve aflojó el agarre sobre el volante del auto. —Dime una cosa por la que no te preocupes. Una cosa, Danny.

Danny estuvo tentado a hacer una lista, pero estaba seguro que la mitad de las ideas que estaban cruzando por su cabeza no serían agradables para decirle a Steve. Tenía certezas en su vida, certezas que se alzaban contra la turbulencia de la incertidumbre. Así como había un sinfín de cosas que sí le preocupaban, una infinidad de inquietudes que se colaban en su cabeza cuando él no estaba prestando atención y minaban sus pensamientos con una facilidad que a Danny siempre le disgustaba, también había cosas de las que estaba completamente seguro.

—El bienestar de Grace cuando está con su tío favorito —dijo, finalmente. Con intención.

El cambio de Steve fue un puñetazo en el estómago. La línea tensa de sus hombros se suavizó y su cara perdió ese filo áspero que había estado esgrimiendo desde que habían salido de la escena del crimen. Las sombras en su gesto retrocedieron como una ola que se retiró de la costa, abandonado la playa para regresar al océano.

—¿El tío favorito de Grace?

Grace había adorado a Matty. Había adorado a Matty con todo su corazón tierno. Años atrás, cuando él todavía era una figura presente. Años atrás, cuando Matthew Williams no era una sombra en la mesa navideña. Cuando todavía había llamadas de cumpleaños y celebraciones familiares. Cuando era una presencia notable, una sonrisa eterna. Cuando... Cuando... Dios, Matty. Matty.

Grace no recordaba la relación que había tenido con su tío Matt, la complicidad viva, el entusiasmo cariñoso, más que como una vaga memoria, un espejismo. Steve había cumplido ese rol en los últimos años. No solo el tío honorario, sino el rol del tío favorito. Un cómplice contra su padre si necesitaba, desde luego. Pero más aún. Alguien en quien podía confiar siempre, alguien en quien podía creer y con quien Danny sabía que podía dejarla.

Sabía que, en cuanto tuviera oportunidad, Steve sería lo mismo para Charlie.

Y no podía estar más agradecido. No había podido... Matty no estaba allí, pero Steve sí.

—No finjas que no lo sabes —replicó, cuidando de esconder todas las demás emociones que había despertado con su comentario. Algún día, tal vez, podría vocalizar alguna de esas cosas. Posiblemente no con Grace ni con sus hermanas, la gente que conocía a Matt pero...—. Kono es su tía honoraria favorita y tú eres el favorito. Pero entre ustedes dos, estoy casi seguro que te elegiría a ti. Por poco. Porque Kono es asombrosa. Chin es el más sano de nosotros, pero es demasiado responsable.

Steve le dio una sonrisa brillante, exuberante. Una de esas sonrisas que Danny tomaba como pepitas de oro y que daban testimonio de la fortaleza que tenía Steve McGarrett.

—El otro día, cuando fuimos a verla, me habló de su nueva obsesión.

Danny arrugó la nariz. Suspiró. —¿Numerología?

La sonrisa de Steve le dijo que había sacado ese tema únicamente para provocar una reacción. La mayoría de los comentarios que había hecho en su primer año juntos en Five-0 eran seguramente para provocar una reacción. —Sí.

—¿Te dijo tu número del destino, el de la imagen o el de la esencia?

Steve hizo una pausa, dubitativo. —¿De verdad está tan interesada?

—Está interesada en evitar hablar con su madre —respondió Danny, rotundo—. Rachel tenía la esperanza que ir con Grace a ver a su madre le ayudaría, pero Grace se pasó leyendo el libro de numerología y haciendo su mejor esfuerzo en ignorarla. Si Rachel trata de hablar con ella, Grace solamente se pone a la defensiva. Ahora mi hija cree que es una experta en el asunto de la numerología y va haciendo sumas con todas las cosas que se le ocurra.

—¿Habló contigo? —dudó Steve—. Sobre quedarse en tu casa...

Danny cerró la mano y dio un par de golpes suaves contra la puerta del auto. —Sí, lo hizo. Ayer, cuando fui a buscarla a su práctica con las porristas.

—¿Entonces Gracie va a ir a tu casa?

La idea no debería hacerlo sonreír.

Grace estaba eligiendo vivir con él tiempo completo por estar enojada y dolida, porque estaba enojada por las decisiones que había tomado su mamá y porque estaba confundida con todo lo que estaba ocurriendo con su hermanito. Después del juicio de custodia que Danny había llevado adelante para evitar que Rachel se llevase a Grace a Las Vegas, su hija pasaba la mitad del tiempo en su casa y la otra mitad con Rachel y Stan. El acuerdo había funcionado muy bien. Grace estaba la misma cantidad de tiempo con sus padres.

Pero ahora estaría con Danny todo el tiempo.

Por primera vez desde que se había separado de Rachel.

—Sí, esa es la idea —replicó—. Te dije que si Grace me pedía quedarse conmigo se quedaría. Pero hicimos un trato. ¿Por qué estás tomando el camino largo para ir a HPD?

—No estoy tomando el camino largo.

—Sí, estás tomando el camino largo. Te conozco, McGarrett. Por favor. No eres tan sutil como crees que eres.

Steve esbozó una sonrisa irreverente. No dijo «me preocupo por ti». Pero no hacía falta.


Aturullado

—Es una palabra.

—Ya sé que es una palabra, Danny. Pero «aturullado», ¿en serio?

—¿Qué problema tienes con mis palabras?

—Si tú puedes usar palabras como «ergo» y «aturullado», no quiero que te quejes cuando diga «vidrio balístico laminado sobre un escudo de policarbonato resistente».

—... ¿Tienes cinco años?


Arte

Grace se mantuvo entretenida. Steve no sabía bien qué decirle. Ya le había pedido que fuera fuerte y valiente y ella, igual que su padre, estaba demostrando con creces que lo era. La valentía era siempre admirable en el borde del miedo, siempre era remarcable. ¿Qué valor tendría el coraje en alguien que no le teme a nada? Así que Gracie, valiente y brillante, y tan, tan pequeña se había sentado, en silencio sereno, después que los médicos le confirmaron que su Danno iba a estar bien Y no había hecho otra cosa que sumergirse entre sus lápices y colores.

Steve estaba aliviado cuando el médico le dijo que podían ver a Danny. No solo porque Gracie necesitaba ver a su papá —Grace siempre necesitaba ver a su papá en momentos así— pero porque Steve necesitaba borrar la imagen de Danny derrumbándose ante sus ojos. Y la expresión de su rostro.

Steve no olvidaría la expresión de su rostro en mucho, mucho tiempo. Ni sus palabras. Ni el terror que sintió extenderse por todo su cuerpo y le nubló los pensamientos.

—Mira esto —Danny estaba en la cama del hospital, pálido todavía, y arrastraba sus palabras. Pero estaba vivo. Estaba vivo—. Es una obra de arte, ¿no te parece?

Grace había dibujado dos monigotes, padre e hija, en un día de playa. Danny llevaba una corbata. Una de sus ridículas corbatas. Pero era la sonrisa en los rostros de los dos monigotes lo que se quedó con Steve. Eso era exactamente lo que quería para ellos. Que sean felices. Y que se queden exactamente en el lugar en el que estaban.


Ancla

Había estado a la deriva, en aquellos primeros momentos. Había estado a la deriva, con los ojos nublados y sin propósito. Sin Freddie, la Marina ya no se sentía igual. Le debía una promesa a su mejor amigo, sí, pero su promesa no lo ataba a ninguna parte. Sin su padre, ya nada volvería a ser igual. Porque lo que Steve había anhelado por tantos años, lo que había esperado de John, ya no estaba a su alcance. Era huérfano, finalmente.

Solo tenía su carrera. Era, posiblemente, lo único que siempre había sido enteramente suyo.

Estaba a la deriva cuando conoció a Danny. Estaba a la deriva y se aferró con todas sus fuerzas, aún cuando todos sus instintos le gritaban que corriera. No fue ni la primera ni la última vez que Danny lo hizo ir contra todo lo que conocía.


Acampar

—¿Qué clase de maestra envía a los niños a que hagan una excursión?

—¿Una a la que le gusta fomentar la curiosidad sobre el ambiente en el que viven?

—¿Y por qué tuviste que mencionar ese lugar en particular? ¿Eh? Te rompiste el brazo la última vez que fuiste y por suerte solo fue eso... Sin mencionar que encontramos un cadáver. ¿No había más sugerencias? ¿No hay más lugares en esta isla, Steven?

—No sabía que Grace tenía que hacer una excursión en ese momento, Danny —respondió, ofendido—. Y creo recordar que la estabas pasando bien…

—¿Antes de encontrar un cadáver? No había estado mal, no, pero generalmente trato de evitar ese tipo de cosas fuera del trabajo. —El tono sarcástico arañaba la distancia entre ellos—. Si llevamos a Grace y llegamos a encontrar un cadáver…

Steve respiró hondo. —Haré mi mejor esfuerzo para predecir el futuro esta vez.

Danny entornó los ojos.

—Oye, Danno. Escucha- tuviste una mala experiencia allí, lo sé pero fue solo eso. Una mala experiencia. Te puedo asegurar que no… que no es lo normal. Quiero compartir ese lugar con ustedes, lo mejor de ese lugar, lo que significa. Y no quiero que te quedes solo con la imagen de ese día… Es importante que no... para mí es importante que-

Era importante que Danny no siguiese sumando malas memorias en la isla. No en los lugares que estaban tan llenos de buenos recuerdos para él.

—No necesitas usar los ojos de cachorro —dijo Danny. Su tono se había suavizado. Toda su expresión se había suavizado—. Tienes razón, ¿está bien? Se supone que no debo dejar que mis malas experiencias influyan en Grace. Y parece que es importante para ti, así que…


Aciago

Matthew Williams no entendía lo que había hecho. Steve, al menos, nunca superó esa idea. No había sido testigo, no había visto a Matthew Williams subirse a un avión y desaparecer en la noche, no tenía detalles de la situación en la que Danny lo había encontrado más allá de los hechos concretos. Pero Matthew Williams le había dado la espalda a Danny. Y Steve había visto el rostro de Danny nublarse en el recuerdo y en las posibilidades perdidas. Lo vio cerrarse más y más hasta que ya no hubo ningún gesto en su cara ante la mención de su hermano. Hasta que ya no hubo menciones de su hermano.

Steve no sabría qué habría hecho si Mary le hubiese dado la espalda, excepto que Mary y él se habían dado la espalda mutuamente durante años. Se habían distanciado completamente, dos hermanos que apenas habían convivido. Pero Mary era su hermanita, siempre sería su hermanita, y la idea de que desapareciera en la noche era igual de desesperante que el dolor que sordo que siempre lo había acompañado cuando pensaba en ella.

Steve se dijo que trataría de ser mejor hermano. Y que no le rompería el corazón a Danny.

(Años más tarde, algunos años más tarde, el nombre de Matthew Williams haría eco en el silencio de Danny y la memoria se hundiría bajo el dolor y la pérdida).


Atento

Danny frunció el ceño y apretó los labios, escuchando con atención solícita. Era fácil imaginar que era Grace quien estaba del otro lado de la línea porque él no hizo ademán para intervenir en la conversación y el silencio calmo no era característica en las llamadas con Rachel. Lo que era un alivio, en muchas formas. Las llamadas nocturnas, especialmente si se trataban de personas con las que tenías un trato inestable, rara vez significaban cosas buenas. Steve trató de mantener sus ojos en la casa, como se suponía que debía estar haciendo durante la vigilancia, pero todo seguía a oscuras y no había señales del sospechoso. No pudo evitar desviar su atención a su compañero un par de veces.

Ver a Danny hablar con su hija, incluso si se estaba perdiendo la mitad de la conversación, era siempre entretenido.

—Bien, para empezar, ¿no te dije que Tommy era un mentiroso patológico y no tenías que hacerle caso, cariño? Porque esto solo añade otro ítem a la lista No tienes que preocuparte por tu diente todavía. —La esquina de boca de Danny se torció un poco, una sonrisa escondida—. Sí, monito, estoy completamente seguro.

Steve parpadeó.

Definitivamente no era lo que estaba esperando para una conversación.

—Sí, todavía estoy en el trabajo. Estamos vigilando a uno de los malos —le explicó Danny a Grace en voz baja y levantó una ceja al ver que Steve lo estaba mirando y le señaló la ventanilla. Steve diligentemente cambió el rumbo de su mirada. Danny sabía que le estaba prestando atención a la charla telefónica, de cualquier manera—. Si Tommy te dice que los malos no descansan, puedes estar segura que te miente en eso también y puedes decírselo. Llevamos más de tres horas esperando que se despierte.

Que era una buen resumen de lo que estaban haciendo, especialmente considerando que Grace tenía nueve años y no necesitaba saber a quién estaban vigilando ni por qué.

—Sí, es muy aburrido. Y no, no podemos entrar a su casa ahora. La idea es sorprenderlo haciendo cosas malas —dijo Danny en ese tono amable que destinaba solamente para su pequeña. Hizo una pequeña pausa mientras escuchaba—. Ajá. Como Candace trata de atrapar a Phineas y Ferb. Aunque espero que nosotros tengamos más suerte que ella.

Steve articuló la pregunta silenciosa «¿Quién?», pero eso solo logró que Danny sonriera.

—Créeme que a Steve le encantaría seguir con esa idea tuya.

—Si van a hablar de mí, quiero participar.

Danny sonrió, alejándose del teléfono por un momento. —Estas son las sesiones de queja de las que te hablé. Cuando termine podrás tener tu tiempo con Grace.

Steve no estaba seguro de por qué eso hizo que las palabras se le quedasen atoradas en la garganta.

—Sí, monito, te estoy escuchando. Ahora cuéntame cómo te rompiste ese diente en la clase de gimnasia.


Averso

Steve no podía quedarse callado. —¿Pasa algo con Rachel?

El suspiro de Danny era muy distintivo. —La llamé quince veces, pero ella no está atendiendo el teléfono. No sé si ella me está evitando, está ocupada… O algo.

Se humedeció los labios, dubitativo. En realidad estaba haciendo esto. En realidad iba a hablar con Danny sobre su relación con Rachel. Hablaría con Danny. Sobre Rachel.

—¿Por qué te estaría evitando? Creí que todo estaba bien entre ustedes.

Aún podía recordar la brillante sonrisa que Danny le había dado en el hospital, tan brillante como si se hubiese tragado al sol, cuando Steve fue a visitarlo después de su exposición al sarín. Rachel y Grace habían estado con él. Nunca había visto a Danny sonreír así hasta ese momento.

—Está bien. Está todo muy bien —La pausa de Danny fue acentuada por el gesto que hizo con su mano en el espacio entre ellos. Steve mantuvo los ojos en su expresión, tratando de dilucidar lo que estaba viendo. A menudo los gestos de su amigo decían más que sus palabras—. Es grandioso. Incluso diría que es fabuloso. Estoy muy bien.

—Bueno… Para alguien que dice estar «muy bien», te ves un poco angustiado. —Danny lo miró por un momento, todas las expresiones turbulentas debatiéndose en sus ojos y Steve sabía que estaba haciendo bien en insistir—. ¿Qué está pasando?

La respuesta no llegó de inmediato.

—Rachel está dejando a Stan.

Steve miró la calle por un momento para asegurarse que aún estaba despejada. Y para que Danny no viera su expresión. —¿De verdad?

—Hmm-mm.

Hizo un sonido de asombro.

Danny se lanzó hacia adelante, un poco a la defensiva. —Sí. Quiero decir, ellos… ellos no estaban juntos. Las cosas... Bueno, estaban mal desde hacía bastante tiempo- pero ella se está separando oficialmente. Ella dijo que hace tiempo que pensaba en ello...

—Entonces, supongo, que ustedes están volviendo a estar juntos oficialmente.

Danny titubeó.

—Sí, es grandioso, ¿cierto?

Las palabras no conjugaban bien con su expresión. Ninguna de las palabras en todo el discurso que le había dado desde que se había subido al auto conjugaba bien en su expresión.

—Sí —Steve movió la mirada entre la carretera y Danny, tratando de encontrar las palabras que se suponía que debían proseguir. Solo una tuvo el ímpetu para salir entre sus dientes—. Felicitaciones.

Danny, siempre perceptivo, entornó los ojos. —¿Qué es eso?

—¿Qué?

—¿Por qué dijiste eso de esa forma? ¿«Felicitaciones»? —reclamó, su expresión pellizcándose mientras trataba de imitar el tono de Steve—. Y tienes esa cara otra vez. Tienes la misma cara otra vez.

Sacudió la cabeza de inmediato. No tenía sentido discutir sobre ese punto en particular.

—¿No crees que Rachel y yo deberíamos estar juntos? —preguntó Danny, repentinamente.

—No es eso —respondió, puntuando cada palabra con una de sus manos. Quizá convivir tanto con Danny había hecho que empezase a enfatizar sus argumentos con gestos—. Solo… Recuerdo como eran las cosas entre ustedes cuando te conocí… y no quiero que te lastime, ¿está bien? No quiero que vuelva a lastimarte.

Danny apartó la mirada por primera vez durante toda la conversación y la mantuvo tercamente en la calle, silencioso.

—Quiero que seas feliz, Danny —admitió Steve, indefenso—. Eso es todo.