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Capítulo 06
¡No! –exclamó Sakura asaltada por el pánico. Aún no estaba preparada.
–¿No? –Sasuke enarcó una ceja.
–No puedes esperar que vaya a... –ella sacudió la cabeza y empezó a balbucear.
Sus palabras fueron interrumpidas por Sasuke que la tomó por la cintura y la atrajo hacia sí, mirándola fijamente a los ojos. Ella apenas podía respirar y no entendía el porqué.
Pero cuando Sasuke deslizó las manos por su cuerpo hasta el pecho y cubrió sus labios con la boca, sí comprendió el motivo de su ahogo. Era el deseo que vibraba en su interior y se concentraba entre las piernas.
Sakura apoyó las manos sobre el torso de Sasuke. Era incapaz de concentrarse en nada que no fuera la ardiente boca sobre la suya, que se abrió por voluntad propia.
Sus lenguas se tocaron y ella se aferró a la camisa de Sasuke ante la sensación de que se caía. Fue ligeramente consciente de que una mano había abandonado su pecho para hundirse en sus cabellos y deshacerle el moño.
El beso se hizo más apasionado y Sakura solo oía el rugido de la sangre en sus oídos. Un suave gemido escapó de sus labios cuando Sasuke se apartó de ella hasta que comprendió que esos labios se estaban deslizando por su garganta.
Tuvo la sensación de que el vestido le estaba más suelto, hasta que comprendió que le había bajado la cremallera. Aprovechó una breve pausa para intentar llenar los pulmones de aire, pero fue en vano, pues en cuanto él dejó al descubierto uno de sus pechos, se quedó nuevamente sin respiración.
Encerrados en el coche, Sakura no era consciente de las calles que atravesaban ni de las luces que las iluminaban. Podrían haberse encontrado en otro planeta. Solo era consciente de su propia feminidad y de la contrapartida masculina protagonizada por Sasuke.
Él inclinó nuevamente la cabeza y ella sintió el ardiente aliento en el dolorosamente tenso pezón, antes de que la boca de Sasuke se cerrara sobre él. Hundida en el asiento, se derritió ante la deliciosa sensación que parecía estar conectada con el pulso que latía desenfrenado entre sus muslos.
Como si le hubiera leído la mente, Sasuke deslizó una mano por esos muslos para separarle las piernas y ella se sintió totalmente impotente ante las expertas manos que terminaron de bajarle el corpiño del vestido antes de someter al otro pecho a la tortura que había sufrido el primero.
Como por voluntad propia, las caderas de Sakura bascularon y una mano se hundió en los cabellos de Sasuke mientras que la otra se cerraba con fuerza a medida que la tensión, de gigantescas proporciones, se acumulaba entre las piernas.
Los finos dedos habían encontrado sus braguitas que empezaban a deslizarse por las caderas. Si no le aliviaba esa tensión, Sakura enloquecería.
Segundos después, comprendió que Sasuke había apartado los labios de su cuerpo y que la estaba mirando. Tenía los pechos húmedos y respiraba con dificultad. El vestido estaba subido casi hasta la cintura y las piernas separadas. Las braguitas colgaron de los masculinos dedos antes de que él se las guardara en el bolsillo de la chaqueta.
–¿Qué haces? –preguntó ella, repentinamente consciente de que él seguía impecablemente vestido. Torpemente, tironeó del vestido para bajarlo.
–Me aseguro de que cuando entremos no haya ninguna interrupción.
Solo entonces comprendió ella que estaban ante la puerta del edificio de Sasuke y que el portero se acercaba para abrir la puerta del coche. Él la empujó hacia delante y le subió la cremallera del vestido antes de entregarle el chal.
Para cuando salieron al fresco aire de la noche, Sakura bullía de indignación, no solo contra Sasuke sino también contra sí misma por su debilidad. Cuando él volvió a apoyar una mano en su espalda para guiarla al interior, se soltó bruscamente y corrió hacia la puerta, dirigiéndose hacia el ascensor sintiendo la oscura presencia de ese hombre a su espalda.
Una vez en el interior del ascensor, se limitó a mirar al frente y, para su horror, sintió que tenía un nudo en la garganta y que estaba peligrosamente al borde de las lágrimas.
Sasuke abrió la puerta del apartamento y, apenas la había cerrado cuando ella se volvió.
–¿Cómo te atreves?
–¿Cómo me atrevo a qué, Sakura? –él la miró con calma–. ¿A besarte? ¿Cómo no iba a besarte? ¿Aún no te has dado cuenta de la atracción fatal que ejerces sobre mí con esa altivez tan tuya?
Sakura estuvo a punto de soltar una carcajada. Jamás en su vida se había sentido menos altiva. Y en esos momentos odió a Sasuke con una pasión que la asustó.
–Te odio –exclamó en voz alta sin poder contenerse.
–Ten cuidado, Sakura –se burló él–. El amor es el polo opuesto del odio y no queremos que termines enamorándote de mí ¿verdad?
–¿Enamorarme de ti? –balbuceó ella–. Es lo menos probable que podría suceder jamás.
Sakura alzó la barbilla desafiante. Necesitaba cambiar de tema y recuperar el control.
–No pienso dejar que me humilles por sistema cuando te plazca.
Sasuke se acercó a ella con las braguitas en la mano y ella se sintió morir.
–Hacen falta dos para bailar, Sakura, y en el coche me seguiste en cada movimiento. Nunca pensé que fueras una chica de hacértelo en el asiento trasero de un coche.
Sakura alargó una mano para recuperar la prenda, pero Sasuke se la volvió a guardar en el bolsillo. Antes de que se diera cuenta, se encontró con la espalda pegada a la puerta, sujeta por las muñecas por encima de la cabeza. Sasuke se apretaba contra ella y la respuesta de su traicionero cuerpo era absoluta.
–Suéltame –gritó, desesperada por lo susceptible que era.
–Jamás –él sacudió la cabeza y sus ojos brillaron como oscuras gemas–. Serás mía hasta que yo diga basta.
Sasuke se inclinó y encontró los labios de Sakura. Ella intentó girar la cabeza, pero él la sujetó con la mano libre y la sostuvo cautiva para besarla y acariciarla con su experta lengua hasta vencer toda resistencia.
Sakura era un manojo de turbulentas emociones y sensaciones, y casi le resultó un alivio ceder ante lo inevitable. Cuando ese hombre la besaba así, no podía hacer ni pensar nada.
Cuando al fin le soltó la mano, se encontró aferrándose a los fuertes hombros antes de deslizar la mano bajo la chaqueta.
Los labios fusionados y las lenguas una maraña de lujuria, Sasuke retiró una mano para poder desembarazarse de la chaqueta mientras Sakura peleaba con la pajarita.
En algún tibio rincón de su mente, ella se dijo que deseaba verlo tan descontrolado como se sentía ella, pero lo cierto era que lo que deseaba era verlo desnudo.
Sintió de nuevo que le bajaba la cremallera del vestido y casi suspiró de alivio cuando sus pechos fueron liberados. La boca y la lengua de Sasuke eran un vivo recuerdo. Deseaba sentirlo de nuevo y tomó su cabeza entre las manos para guiarlo.
Sakura se sentía febril y le temblaban las piernas, pero no podía moverse. Sasuke se había apartado ligeramente de ella y procedía a desabrocharse la camisa. La visión del perfecto torso blanco, musculoso y sin un gramo de grasa, hizo que ella abriera los ojos desmesuradamente. Los pezones fueron una tentación demasiado fuerte.
Él gimió ante la tortura que ella le infringía. Resultaba casi inocente, sin duda una técnica que debía haber aprendido en alguna parte. Le sujetó el rostro con ambas manos para echarle la cabeza hacia atrás y contemplarla. Sakura jadeaba ligeramente y lo miraba con los ojos y la boca muy abiertos. La erección aumentó al instante y, con una mano impaciente, se soltó el cinturón y bajó la cremallera del pantalón, bajándoselo junto con los calzoncillos. Tenía que tomarla de inmediato. Ni siquiera era capaz de moverse del sitio. No se le escapó que la escena era la misma con la que había fantaseado cinco años atrás, pero no podría importarle menos.
Lo único que veía eran los rosados cabellos sueltos sobre los desnudos hombros, los pechos rotundos y húmedos. Lo único en lo que podía pensar era en el sabor de esos pezones, en el sonido de sus suaves gemidos.
Sasuke se despojó de la ropa. Estaba completamente desnudo y la mirada de Sakura le hizo desear entrar dentro de ella para liberarse. Al fin.
Mascullando un juramento, en el último instante tuvo un destello de lucidez y sacó un preservativo del bolsillo de la chaqueta.
Incapaz de controlarse más, cayó de rodillas ante Sakura y tiró del vestido que se deslizó hasta el suelo. Después la despojó de los zapatos.
–Sasuke...
Pero Sasuke la ignoró, su deseo demasiado intenso para resistirse.
Era mucho más de lo que se había atrevido a imaginarse en sus fantasías. Tenía unas largas y esbeltas piernas, y un triángulo de rosados rizos entre los muslos. Allí se dirigió, separándole las piernas.
–Quiero saborearte –suplicó con voz ronca al sentir su resistencia.
Segundos después, la lengua buscó y encontró la pura esencia de la feminidad, deleitándose en el sabor y aroma dulcemente almizclado.
Sakura hundió las manos en los oscuros cabellos y tiró tan fuerte que sin duda resultaba doloroso, pero a Sasuke no hizo más que excitarlo aún más. La erección pulsaba contra su cárcel de látex y supo que no podía esperar más. Ya la saborearía después.
Necesitaba hundirse dentro de ella hasta olvidar su propio nombre. Poniéndose de pie, agarró a Sakura, a punto de desmoronarse.
–Enrosca tus piernas alrededor de mi cintura –le ordenó con voz ronca.
Sakura le rodeó el cuello con los brazos y la cintura con las piernas mientras Sasuke la apoyaba contra la puerta.
Sujetándola con un brazo, deslizó un dedo hasta su núcleo y sintió el calor y la humedad. Separó las piernas y colocó el miembro a la entrada de los húmedos pliegues.
Haciendo acopio de toda su capacidad de control, se resistió al deseo de hundirse profundamente en su interior de una única embestida para saciarse al instante. No iba a permitir que ella le hiciera perder el control de esa manera. Se sujetó con fuerza y se introdujo en la húmeda caverna con una fuerte embestida.
Sintió el respingo de Sakura y, casi al instante, fue consciente de la resistencia que había notado a su paso. Un sudor frío cubrió su frente y, apartándose ligeramente, la miró.
–¿Qué...?
Ella estaba pálida y su mirada jade reflejaba una profunda conmoción, desprovista ya de la nebulosa de deseo que había visto instantes antes. Una segunda embestida le provocó otro respingo y los brazos se cerraron con más fuerza alrededor de su cuello. No podía ser...
–No es posible que seas... –él reflejó su espanto en voz alta.
Sakura se mordió el labio y sus ojos se llenaron de lágrimas. Sasuke decidió retirarse, pero el movimiento hizo que los jades ojos brillaran con una renovada determinación.
–No –le ordenó ella–. No te pares.
–Te voy a hacer daño –contestó él con la voz entrecortada–. Si nos movemos...
–¡No! –exclamó ella mientras las piernas se cerraban en torno a la cintura de Sasuke–. Aquí. Ahora. Tal y como te hubiera gustado hace cinco años.
El cerebro de Sasuke estaba a punto de estallar, atrapado entre el Cielo y el Infierno. El almizclado aroma de esa mujer lo envolvía y su cuerpo lo atrapaba, pero no del modo en que había esperado.
El hecho de que aún fuera virgen era demasiado para procesar en esos momentos.
–Intenta relajarte –Sasuke cedió–, así será más fácil.
Ella se concentró visiblemente y le permitió hundirse más en su interior. Sasuke casi gimió ante el exquisito placer. Tenía el miembro casi dolorosamente aprisionado.
Inclinó de nuevo la cabeza y tomó un pezón con la boca, devolviéndole la vida con la lengua. Sintió el efecto sobre Sakura que se relajó un poco más y dio una nueva embestida para hundirse más aún en su interior. Ella dio otro respingo, pero no fue de dolor.
Al mirarla de nuevo a los ojos, comprobó que ya no estaba tan pálida, sino más bien sonrojada y mordiéndose el labio. Lentamente inició una retirada antes de zambullirse de nuevo en su interior, más profundamente.
–Me siento...
–Ya lo sé. Déjame... Confía en mí.
A Sasuke le sorprendió poder hilar más de dos palabras. Su mundo había quedado reducido a ese instante, a esa mujer, a ese inexorable deslizarse dentro y fuera de ella. A cada segundo que pasaba, el movimiento se hacía más fácil, más dulce. Sakura apoyó la cabeza contra la puerta y cerró los ojos.
–Sakura, mírame –él le sujetó la barbilla y la obligó a bajar la cabeza.
Ella lo miró con unos ojos enfebrecidos. Sasuke sintió triunfalmente aproximarse el femenino orgasmo y aguantó despiadadamente su propia necesidad de liberación mientras la llevaba hasta la cima pendiente de sus bellos ojos cada vez más abiertos, las mejillas sonrojadas y los carnosos labios inflamados.
En alguna parte de su mente una vocecilla le aseguró que ella ya estaba rendida, pero eso no disminuyó el deseo de Sasuke de empujarla un poco más allá. Y cuando ella cayó fue espectacular. Los ojos se abrieron desmesurados y la respiración se detuvo. Todo el cuerpo se tensó como un arco hasta que cayó en oleadas de espasmos y él no pudo hacer otra cosa que unirse a ella.
Sasuke cerró los ojos y hundió la cabeza entre los pechos de Sakura. Las respiraciones de ambos resonaban agitadas. Ella aflojó ligeramente el abrazo, como si no aguantara más.
Al fin él sacó fuerzas de flaqueza para erguirse. Sakura evitaba todo contacto visual y dio un ligero respingo cuando él se retiró y la ayudó a ponerse de pie. Las ropas estaban esparcidas por el suelo, pero ella seguía llevando las joyas y Andreas sintió el repentino deseo de arrancárselas. Era un recordatorio de algo que no deseaba tener en esos momentos. Con un golpe sordo, la gargantilla y la pulsera cayeron al suelo.
El sonido de las joyas al caer retumbó en el interior de Sakura. Evitando mirar a Sasuke, se agachó para recoger el vestido, sujetándolo contra el cuerpo a modo de ineficaz escudo. Acababa de perder la virginidad con ese hombre, de pie y contra la puerta de su casa.
Rememoró el instante en que había estado a punto de detenerse, quizás para llevarla al dormitorio. En sus ojos había visto una expresión desgarradora y el recuerdo de aquella madrugada en París despertó de nuevo.
Sakura no había querido ceder y hacerse trasladar a un entorno más apropiado para hacer el amor por primera vez. Aquello no tenía nada que ver con un romance y se negó a recordar la sensación de debilidad que la había conmovido cuando sus cuerpos se habían unido.
–Theos, Sakura –exclamó Sasuke–. ¿Por qué no me advertiste que eras virgen?
Ella lo miró y palideció, aliviada al ver que se había puesto los pantalones. No podría hacerle frente si seguía desnudo. Desesperada por convencerle de que no había significado nada, se encogió de hombros.
–Tampoco es para tanto. Era virgen y ya no lo soy.
–De manera que era cierto que tu padre planeaba ofrecerte a algún vejestorio de sangre azul. El sacrificio de una virgen.
–Sí –susurró ella sintiendo una opresión en el pecho, pues eso era exactamente lo que había planeado–. Algo así.
–Deberías habérmelo dicho –Sasuke soltó un juramento–. De haberlo sospechado siquiera habría ido más despacio, con más cuidado.
–Estoy bien –murmuró Sakura mientras recogía los zapatos y evitaba su mirada.
El aire estaba impregnado de un olor extraño y embriagador. Sexo.
Sasuke entró en su campo de visión y, con una mano, le tomó la barbilla para alzarle la cabeza y obligarla a mirarlo.
–No me mires con esa cara de espanto porque fuera una virgen, Sasuke.
–De haberlo sabido, jamás te habría tomado así –respondió él furioso.
–¿Por qué? –le provocó ella–. A fin de cuentas, así era precisamente como querías hacerme tuya. No he querido negarte el placer que hacer realidad tu fantasía.
Sakura oyó sus propias palabras, pero se preguntó de dónde habría sacado el valor para pronunciarlas. Vio el rostro de Sasuke volverse pétreo al mismo tiempo que daba un paso atrás.
–Deberías darte un baño. Seguramente te sentirás dolorida.
La frialdad de Sasuke intimidó a Sakura mucho más que la ira que había manifestado instantes antes. Se negaba a creer que le importara tanto su virginidad como para haber deseado convertirlo en una experiencia más placentera. Y huyó de allí.
Sasuke la vio marcharse y soltó un juramento. Había esperado sentirse más saciado y en paz tras hacerle el amor por fin. Resultaba casi cómico, pues nunca se había sentido menos saciado y en paz. La deseaba de nuevo, deseaba hacer que esos ojos volvieran a abrirse desmesurados, verla llegar a la cima y sentir el cuerpo agarrotarse en torno a su masculinidad con los espasmos del orgasmo.
Impacientemente, se mesó los cabellos y recogió su ropa. Minutos después, bajo la ducha, volvió a soltar un juramento. No había sido su intención violentarla en la parte trasera del coche y no había sido hasta llegar a la puerta de su apartamento que se había dado cuenta de que tenía sus bragas en la mano y que había estado dispuesto a tomarla allí mismo.
En un lejano rincón de su mente había encontrado la excusa de que había pretendido preparar el terreno para continuar en su apartamento. Fuera del coche, ella prácticamente le había escupido, y no podía culparla por ello. Nunca se había comportado así.
Debería haber recordado aquella noche en París, haber recordado cómo ella había logrado hacerle perder la cabeza. Pero mientras bailaban en el hotel, había sentido el impulso de llevarla a una suite, luego no era de extrañar que no hubiera podido resistirse a la tentación de tocarla en el asiento trasero del coche.
Cerró la ducha con brusquedad. Sakura era virgen. El espejo le devolvió la imagen de un rostro de expresión feroz.
No se lo habría esperado ni en un millón de años. Una gran parte del resentimiento que albergaba por lo sucedido en París residía en el hecho de que la había creído una experimentada seductora.
¿Qué virgen se excitaba con un empleado de hotel? De no haber sido interrumpidos, habría descubierto su inocencia aquella misma noche.
Recordó la palidez de su rostro al tropezarse con él a la mañana siguiente. Recordó la expresión en sus ojos cuando le había confesado que la habría tomado contra la pared del vestidor. Lo había dicho porque se sentía traicionado, un imbécil, y porque la había creído experimentada, como todas esas debutantes.
Lo gracioso era que Sakura había sido sincera. ¿Cómo demonios había permanecido virgen todo ese tiempo? Sasuke sintió el impulso de golpear algo con el puño.
Oyó un débil ruido al otro lado de la puerta del baño y salió con una toalla enrollada alrededor de la cintura. Sakura lo esperaba envuelta en un enorme albornoz y con los cabellos húmedos. Y Sasuke sintió reaccionar su cuerpo al instante.
–¿Sí? –preguntó secamente.
–Solo quería que supieras que el hecho de que hayas sido el primero no ha significado nada. Y también que tienes razón, debería habértelo advertido. Pero pensé que...
Tras un instante de titubeo, ella continuó.
–Pensé que no te darías cuenta. No sabía que fuera tan evidente.
Sakura hubiera querido que se le tragase la tierra y bajó la mirada al suelo.
–Quizás para otros hombres no habría resultado tan evidente, pero yo lo supe –asintió él.
Sakura se ruborizó, imaginándose la clase de hombre que su padre habría elegido para casarla, algún viejo lascivo con mentalidad medieval.
–Sí, bueno, solo quería asegurarte que esto no cambia nada.
Ella levantó la vista, cautivada por la imagen, casi desnuda, de Sasuke. La ridícula toalla apenas ocultaba la intensa masculinidad.
Sintió tensarse los músculos al recordar cómo la había penetrado, cómo la había llevado a la cima. Y de repente comprendió el error cometido al regresar para darle una explicación y se dio media vuelta para marcharse. Pero Sasuke se interpuso entre ella y la puerta.
–¿Adónde creer que vas?
–A mi habitación –ella tragó con dificultad–. A la cama.
–Hay una cama estupenda aquí mismo –él sonrió travieso.
Sakura palideció. Dudaba mucho que fuera capaz de repetirlo. Le escocía y le dolía todo el cuerpo.
–No te preocupes –Sasuke parecía haberle leído la mente–, creo que es demasiado pronto, pero hay otros modos de obtener el mismo resultado.
Tomando a Sakura de la mano, la condujo sin resistencia alguna hasta la cama. Sentándose la colocó entre sus piernas. La toalla se abrió y la excitación de su cuerpo se hizo más que evidente.
Cuando le desató el albornoz, ella se sintió absurdamente tímida e intentó evitarlo, pero ese hombre era demasiado fuerte y la prenda cayó al suelo. Estaba desnuda ante él.
Sasuke contemplaba fijamente los pechos y Sakura los sentía inflamarse, tensarse los pezones. Se sentía exasperada. ¿Cómo podía provocarle esa reacción solo con mirarla?
Sasuke la agarró firmemente de la cintura y la atrajo hacía sí para poder deslizar la lengua por esos pechos. Sakura sentía deseos de gritar. La primera vez había pasado tan rápido que no había podido ni respirar, ahogándose en las sensaciones antes de asimilarlas.
La lenta y sensual tortura resultaba casi abrumadora. Con un ágil movimiento, él la atrapó en el instante en que las piernas empezaban a flaquearle y la tumbó sobre la cama.
–Te había entendido que...
–Calla –susurró él.
Sakura sintió una punzada de inquietud al comprender que confiaba en ese hombre. No le haría daño ni le obligaría a ir más allá de lo que se sintiera capaz. La masculina boca había cubierto sus labios y las manos masajeaban los pechos. Y Sakura abandonó todo pensamiento coherente.
Al cabo de unos instantes, la mano se deslizó entre sus muslos y buscó la fuente de humedad y calor. Sakura movía frenética las caderas. Deseaba que Sasuke la tomara de nuevo y al diablo el dolor.
Pero él jamás haría tal cosa.
Casi gritando de frustración, lo sintió deslizarse hacia abajo hasta que la boca ocupó el lugar de la mano. No era la primera vez que la tocaba de ese modo, pero en esos momentos la sensación fue mucho más íntima. Era consciente de la patética imagen que debía ofrecer con las piernas abiertas y las manos aferradas a la cabeza de Sasuke, el corazón latiendo desbocado y respirando entrecortadamente.
Sasuke encontró el sensible clítoris y jugueteó con él con la lengua mientras introducía dos dedos dentro de su cuerpo. Era precisamente lo que Sakura deseaba y necesitaba. Arqueó la espalda y las caderas casi despegaron de la cama mientras se transformaba en un ser primario, centrada únicamente en la boca y los dedos de Sasuke que aumentaban la tensión de su cuerpo hasta hacerle gritar antes de saltar de la cima.
Durante largo rato después, a Sakura le pareció flotar con saciado letargo antes de abrir los ojos y comprender que Sasuke la había tumbado en su cama y la estaba tapando con las sábanas. Sin que se diera cuenta, la había llevado en brazos hasta su habitación tras casi dejarla sin sentido.
Sakura cerró apresuradamente los ojos. No quería ver la expresión en su rostro y no se sentía cómoda con las ambiguas emociones que sentía porque la hubiera llevado a su cama. Al fin oyó pasos que abandonaban el dormitorio y la puerta que se cerraba.
Todo su cuerpo vibraba de placer. Sin embargo, Sasuke no había demandado su propio placer. Abrió los ojos y contempló la oscuridad. Jamás habría esperado de él que fuera un amante generoso.
Se sentía confusa y aturdida. Ingenuamente había esperado poder permanecer distante, inmune, ante una relación física con Sasuke. Pero lo cierto era que en esos momentos se sentía de todo menos inmune. Tenía la sensación de ser un calcetín al que le hubieran dado la vuelta y ya no estaba muy segura de quién era.
