Disclaimer: HP y sus personajes, pertenecen a JKR.
Duerme con Draco
.
.
En retrospectiva, Draco debió saber que evitar a Potter, e irse de misión por casi tres meses, no había sido una buena idea. Debió saber que haría algo estúpido, como tomar más pociones de las recomendadas para dormir y dejarse en coma, debió...
Maldita sea, esto era culpa de Draco.
Exhausto, ocultó su cara entre sus manos y miró al hombre en la cama, en San Mungo. Cuando Potter lo había descubierto , un pánico entero se había apoderado de Draco. Un pánico que no había entendido, no había comprendido, porque desde hace mucho, Draco se había prometido no sentir nada hacia Potter. Pero estuvo ahí de pronto, otra vez, con la misma fuerza. Ese sentimiento de que ahora que Potter sabía qué había hecho por él, lo haría ser cuestionado, ser rechazado... y Draco prefirió huir, dejarlo atrás, antes de que fuese él quien fuera abandonado. Su temor pronto se volvió comprensible, porque, sin importar lo mucho que quisiera negarlo, Draco se había enamorado de él de pequeño, y había preferido negarlo a aceptarlo. Pausando ese sentimiento, sin superarlo jamás del todo porque no se permitió vivirlo, no se permitió tener un duelo por él.
Porque no volvería a ofrecer su mano, se dijo, no otra vez.
No dolería cuando Potter diera la vuelta y se fuera sin tomarla, de nuevo.
Ayudar, cuando Potter no sabía quien era, estaba bien.
Ayudar, sin verse emocionalmente involucrado también.
Ayudar y recibir la gratitud de Potter no. Draco no lo quería, no lo necesitaba. No necesitaba preguntas, no necesitaba que alguien lo hiciera pensar cosas en que no quería pensar. Draco había intentado no pensarlo mucho cada que enviaba el patronus a la torre de Gryffindor. Intentó no pensar en qué pasó con ese chico a medida que los años pasaban y ambos tomaban caminos diferentes. Intentó no preguntarse por qué Potter había vuelto a las pesadillas o si jamás se detuvieron. Solo aliviaba su malestar con eficacia cada vez, como lo haría un sanador. Como un inefable, apoyando a un auror. Con profesionalismo, se dijo, sin preguntarse que pasaba con él entre los tiempos en que no lo veía.
No había más.
Pero ahora estaba aquí, alzando su varita nuevamente, porque necesitaba, quería, deseaba que volviera a abrir los ojos. Porque apenas supo lo que había hecho, Draco se enojó consigo mismo por no ver lo muy desesperado que Harry estaba. Porque era tan estúpido que no se había dado cuenta que quizá era la última esperanza de Potter de sobrevivir a ellas. Por ser tan egoísta que prefirió que el otro perdiera su mente para que él no perdiera su corazón.
Nadie más iba a hacerlo, Potter no estaba dejando entrar a nadie. Solo a Draco, había dicho.
Pero quizá, después de la forma en que lo abandonó...
Lo peor que podía pasar era que Potter tampoco lo dejara entrar, que se consumiera a sí mismo.
Y entonces, si lo rechazaba, nadie más que Draco lo sabría.
Nadie más que Draco sabría que Draco había corrido lejos, y por qué.
Y Draco no volvería a preguntarse si Potter lo rechazaría una vez más, porque moriría en algún momento. Entonces, ese terror que lo consumía se esfumaría, porque jamás volvería a hacerse realidad.
Apretó los labios con fuerza y respiró profundamente.
-Legimens-susurró y para su sorpresa, se encontró nuevamente en la alacena, solo que esta vez Potter estaba ahí, sentado en la oscuridad, completamente mayor. Cuando apareció, y el sonido de ello al parecer asustó a Potter, este volteó hacia él, mirándolo con ojos verdes tristes y apagados, y, a la vez, esperanzados. En sus manos tenía una carta a Hogwarts. Probablemente la que recibió a los once. Jugaba con ella una y otra vez.
-Llegaste-susurró con voz quebrada, dejando caer el papel al suelo.-Estás aquí.
Draco lo vio ponerse de pie, y asintió. Potter no se veía diferente a hace meses, parecía que para él, no había pasado el tiempo. Aún tenía el traje del departamento de Aurores, aun tenía esa misma mirada con la que había mirado a Draco cuando lo relacionó con el patronus junto a él.
-Creí que jamás llegarías, yo...-su voz se quebró-simplemente no pude salir un día, y esperé, esperé que llegara el leopardo-susurró.-Esperé que aparecieras y dijeras que todo estaría bien, pero ninguno lo hizo. Y todo se volvió cada vez más oscuro y pequeño hasta que me vi aquí, con mi carta a Hogwarts. La que inició todo. La que me llevó a pelear contra él, a morir por ellos, a que ellos murieran intentando salvarme...
Draco sintió como las lágrimas lo invadían.
-Lo siento, lo siento-susurró abrazándolo.-Soy un cobarde, tenía tanto miedo cuando descubriste que era yo. Por favor, salgamos de aquí. Déjame sacarte de aquí.
-No puedo, lo intenté, lo intenté mucho... Por favor, no te vayas, no me dejes...
-Potter...
Harry lo besó repentinamente y Draco intentó retroceder.
-No puedo más, Draco. No hay nada fuera para mí. ¿Eres incluso real? ¿O un nuevo tipo de pesadilla? ¿Estás aquí para decirme que no quieres nada conmigo? ¿Para dejarme como todos o es que quieres algo de mí?
-¿De qué hablas?
-Todos quieren algo de mí, y cuando lo tienen no me necesitan más; o necesitan otra cosa, solo piden y piden. E intento, una y otra vez, no duermo en un intento de hacerlo, finjo sonrisas, finjo que todo está bien, pero no lo está. Creen que soy invencible, e imperturbable. Las cosas que veo en mi trabajo, las que creen que puedo superar porque soy un héroe, las que me dejan solo a mí porque ellos son normales, y yo no lo soy, y entonces creen que solo yo puedo ver sin perder la cabeza...-exclamó con voz amarga-como si esas cosas no revivieran viejos recuerdos, como si yo no sangrara o cayera. Dicen tantas cosas de mí, como si no quisieran que lo escuchara, pero gritándolo tan alto. No puedo más-susurró- necesito descansar y si eso es aquí... si aquí será lo único donde no recuerde...
-No. Potter, no. No puedes quedarte aquí. Vas a morir, por favor, déjame sacarte- suplicó.
Harry negó.
-Tu patronus, tu, eran lo único que calmaban mi corazón, y no lo entendí. No lo entendí, hasta que fue demasiado tarde, hasta que desapareciste. Quizá esto sea un sueño, quizá sea el final, pero estoy contento de que estés aquí.
Draco apretó los dientes y entonces lo abrazó con fuerza.
-No tienes que hacerlo, no seas un auror. No seas un héroe. Sé solo Harry. Vuelve conmigo. Me quedaré, esta vez lo haré. No te pediré nada. No esperaré nada. Por favor-empezó a llorar.
Harry también lo hizo.
-Te quiero-exclamó Draco.-Esto está mal, esto no es real-susurró-te está volviendo ciego, consume todo lo bueno en tu vida. Tienes a tus amigos, me tienes, eres fuerte, poderoso, amable, el dolor está haciendo que pierdas tu mente. Hay mucho más afuera que los aurores, que Londres, que la guerra. Ven conmigo, te lo mostraré.
Harry negó.
-No puedo condenarte a esto. No soy feliz ahí fuera, Draco.
-Pero yo... -Draco bajó los hombros y se dejó caer derrotado en el abrazo.-Entonces me quedaré.
-¿Qué?
-Me quedaré contigo. Eventualmente tu mente se apagará, y usualmente yo terminaría el hechizo para no sentirlo, pero no lo haré, no lo dejaré, si te quedas yo también. No voy a dejarte solo. Si mueres, yo también.
Harry lo miró asustado.
-No puedes hacer eso.
-Lo haré-exclamó malhumorado Draco y luego sacó su varita e invocó un patronus. El leopardo los rodeó.
-Es precioso, siempre lo ha sido-murmuró Harry.
Draco asintió y llevó a Harry hacia la cama donde ambos se sentaron.
-Es muy pequeña.
-Siempre lo fue, solía caerme.
-Potter...
-Draco tienes que irte.
-¿Si te hubiera invitado a una cita hubieras ido?
Harry tembló.
-No puedes hacerme esto. No puedes ilusionarme, intentar que salga de aquí por algo que no quieres realmente. Que solo haces para que yo pueda vivir...
-¿Crees que hubiera funcionado? ¿Qué nos casaríamos?¿Qué tendríamos dos pequeños monstruos pequeños al menos?
-Malfoy.
-Quiero vivir-exclamó Draco.
-Y deberías hacerlo.
-Contigo.
-Eso no es justo.
Draco sonrió.
-Lo sé. Solo creo que deberías saberlo, ya que no lo dije por mucho tiempo. Tal vez si lo hubiera dicho antes no estarías aquí... No estaríamos aquí.
Harry apretó sus manos.
-¿Crees que podamos vivir juntos aquí por mucho tiempo? ¿Qué podamos imaginar un mundo para nosotros, como cuando creaste el campo de quidditch?-preguntó.
El auror no respondió.
Draco empezó a tararear. Estuvo así por mucho tiempo. Para cuando terminó de cantar todas las canciones que sabía miró al moreno e infló las mejilllas.
-Esto es muy aburrido. Morir es aburrido-se quejó.-¿Quien rayos diseño este lugar? Sabías que muchas enfermedades se producen en espacios húmedos y polvorientos como estos, me sorprende que no seas Potter, el niño que murió de una pulmonía.
-Estoy empezando a arrepentirme de que estés aquí. Antes era horrible, oscuro, frío... pero silencioso, ahora me está dando jaqueca.
Draco rio.
-Especialmente porque eres un producto de mi imaginación.
-Te dije que no lo soy. Es más, creo que debí acostarme en la cama contigo, estoy seguro que golpeé mi cabeza al caer.
-¿Qué? ¿En la cama?
-Bueno, sí. Estás en San Mungo, y yo acabo de llegar de una misión.-Frunció el ceño.-Joder, de saber que iba a morir y sería sepultado con esta ropa, me hubiera dado una ducha y me hubiera cambiado el uniforme. Hubiera tomado asiento para no tener moretones. En definitiva no estaba pensando. Y es tu culpa.
-Malfoy...
-Al menos, ¿te acostarás conmigo aquí?
-Dijiste que era una cama muy pequeña.
-Eso no significa que no quiera acostarme. ¿Entonces... crees que si te lanzo un Avada te mueras?
-Malfoy...
-¿Que tal si te corto con el papel de la carta?-exclamó recogiendola-Parece filosa, ¿será filosa? ¿Será posible que sea como en esa película de los espejos, o el de la pesadilla en la calle no sé qué, donde todo lo que pasaba en sus sueños se volvía real en sus cuerpos dormidos? ¿Si te corto los sanadores verán el corte en tiempo real?
Harry bufó.
-¿En serio ves películas muggles? ¿Y no se supone que querías que viviera?
-¿Qué? Estoy aburrido.
El moreno rodó los ojos, e iba a hablar cuando Draco gritó.
-¿Qué pasa?-susurró Harry.
-Han notado la unión de nuestras mentes. Intentan separarnos.
Harry se asustó.
-Sal, sal de aquí.
-No,-se quejó Draco-no hasta que salgas.
-No voy a...
-¡Entonces yo tampoco!
-Malfoy.
-¡No!
-No sé salir.
-Entonces deja que te saque.
-¿Cómo?
-¡Duele!
-¿Qué hago?
-Abre la puerta.
-¿Qué puerta?
-La puerta, la de siempre.
Harry negó.
-No está ahí.
-¡Siempre está!
-¡No lo está!
-¡Entonces invoca un bombarda y destruye la pared, o muere para que pueda morir! ¡Pero haz algo!-gritó sujetando su cabeza.- Di algo, distráeme.
Harry miró al patronus del leopardo acostado en el suelo, moviendo la cola. Él lo miró y se puso de pie, rodeando tranquilamente a Draco. Y Harry, tomó a Draco entre sus brazos y lo besó, intentando aliviar el dolor.
-¿Cómo qué?
-Como... como seremos en el futuro. Juntos.
-Dos, serán dos hijos, se llamarán...
-No digas Dumbledore, o te mato.
-¿Emm Albus? -ignoró la ceja alzada y siguió,-y tendremos un perro, una casa, un gato y un hurón.
-Estás muerto-siseó Draco-yo voy a matarte y moriré en el proceso, pero valdrá la pena.
Harry rio.
Rio y la habitación se iluminó.
-¿Qué más?
-¿Te sientes mejor?
-No, duele-se quejó de nuevo Draco, doblándose de dolor.
Harry brincó.
-¿Qué más?-preguntó Draco de nuevo. Con voz quebrada.
-Serás inefable aún pero yo, ya no seré auror.
-¿Qué serás?
-No lo sé, ¿maestro?
-¿De defensa, vuelo?
-No lo sé.
-¡Potter! Tengo que imaginarme el bonito futuro que no tendremos.
Harry sintió que sus ojos se humedecían, abrazó a Draco con fuerza y exclamó.
-Y será una casa blanca, grande, y te habré dado un bonito anillo de matrimonio, en navidad, en un paisaje de nieve-susurró con voz ahogada.-Todos nuestros amigos ahí. Tus padres también.
-¿Cuánto tiempo desde que iniciamos a salir?
-Un año.
-¿Dónde nos casamos?
-En la madriguera.
-¿Viajamos de luna de miel?
-Bastante, a todos lados, comemos en restaurantes elegantes, nadamos en el mar... compraremos una casa de verano para ir con los niños. Vemos tontas películas muggles que ahora te gustan todas las noches. Cenamos con los amigos de vez en cuando.
-¿Tendremos palomitas?
-Por supuesto.
-¿Y tú las haces?
-Si, seguro.
-¿Y serás feliz? ¿Lucharás incluso cuando tengas pesadillas? ¿Despertarás siempre? ¿Por mí?
-Si, claro. Seré tontamente feliz. Y siempre despertaré, porque estarás cerca.
-¿Lo prometes?
-Lo prometo.
-¿Seguro?
-Si...
Le tomó un momento notar que Draco ya no temblaba, sino que sonreía.
-¿Pero qué, ya no duele?
-No-exclamó Draco-nunca dolió...
-Pero tú-exclamó traicionado y Draco rodó los ojos.
-Mira a tu alrededor.
-Estaban en la Sala de Draco. Cálido, luminoso. El televisor estaba ahí. Ambos estaban sentados en el mismo sofá de la vez pasada.
-¿Me manipulaste para que saliéramos de ahí?
Draco sonrió enormemente y asintió.
-Y te saqué una propuesta de matrimonio, también. No lo olvides.
Harry lo golpeó con un cojín.
-Eres un imbécil, me asustaste.
-Y te hice soñar con el futuro,-exclamó suavemente, Draco-te hice tener esperanza. Veni, vidi, vici. Ahora-exclamó apuntándolo con su varita-Liberae mentis.
Harry abrió los ojos. El blanco techo de San Mungo lo recibió, así como decenas de hechizos, y sanadores; quienes jadearon sorprendidos.
-¿Señor Potter?
-¡Despertó!
Harry los ignoró. A su lado, Draco estaba dormido. Los sanadores lo acomodaban cerca de él, probablemente por la unión entre ellos. También tenía hechizos a su alrededor, y a diferencia de Harry, parecía tener vendajes en su cuerpo.
Acababa de regresar de una misión, había dicho Draco.
Le dolía, le dolió todo el tiempo.
Fingió que fingía solo para sacar a Harry.
Los ojos verdes se humedecieron y lloró, mirando a su compañero, y luego, Malfoy también abrió los ojos.
Y le sonrió.
-Lo prometiste-susurró.
Harry apretó los labios, ahogando su llanto y asintió.
