LA PASIÓN DE SESSHOMARU

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Todos los derechos reservados a Rumiko Takahashi.

Es la continuación de una mini historieta que pueden encontrar en Facebook, Instagram o twitter, bajo mi seudónimo Tokio Cristal. No coloco el link, porque sé que acá no se pueden publicar links en las historias, pero si ponen en el buscador de cualquiera de esas plataformas mi seudónimo, seguramente me van a encontrar. Este es un oneshot lemon sobre la primera noche de Rin y Sesshomaru.

Sin nada más que agregar, les envío un cálido abrazo 3

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Sesshomaru POV

—Entonces, tanto como Rin ama a Sesshomaru Sama más allá de que sea un demonio, y tanto como Sesshomaru Sama ama a Rin más allá de que sea una humana… no lo haremos como lo hacen los demonios o los humanos, ¡lo haremos como lo hacen los enamorados!

Mi agarre sobre su muñeca se aflojó y sin pensarlo envolví mis brazos en su endeble figura, arrastrandola hasta mi posición. No dije nada. Ella sabía interpretar y escuchar mis silencios, inclusive antes de que este Sesshomaru se diera cuenta de lo que ocurría en su interior.

—Yo también te amo Sesshomaru… —susurró con su típica dicción suave, dulce y cálida.

Su confesión se repitió bajo el halo de un eco suave, hundiéndose en las peripecias de mi mente y un poco más allá, en aquel lugar de mi ser que desconozco y que encarcelo frente a todos.

Un inconsciente apriete fue mi respuesta, acercándola mucho más a mi oscura y temible figura, mientras mi voz fallecía dentro de mi garganta junto a aquellas reprimidas emociones que no comprendo del todo.

Ella vio en mi acción un te amo, ¿pero realmente era mi intención amarla?, ¿acaso no soy un depredador con sus garras sobre su inocente presa...?

Sus pequeñas manos se cernieron en mi figura, y donde ella tocaba un leve estremecimiento me perseguía. Subió tímidamente por mis caderas, viajó por mi pecho y luego deslizó sus cálidas palmas hacia mis heladas mejillas. Los reflejos azulados de la noche se impregnaron con más intensidad en sus tiernas y juveniles facciones.

Había algo ocultó dentro de sus intenciones, y este Sesshomaru podía leerlas, cautivo e interesado, atrapado en su mirada.

—Es un hombre muy atractivo… además de bueno y amable... —admitió, sin ningún tipo de picardía o prejuicio.

Inocente y dulce Rin...

¿Todavía me sigues viendo con tus ojos humanos?

O tal vez me equivoco...

Los humanos me ven como un monstruo.

Los demonios, en cambio, algunos me admiran y otros tantos me recelan.

De lo único que estoy seguro es que nunca un humano y mucho menos un demonio diría de mí que soy "amable" y "bueno." Entonces, ¿con qué ojos me miras?, ¿con qué ojos miras el mundo?

—Sesshomaru Sama, quiere… que Rin… —susurró y su voz iba perdiendo intensidad, pero mi sentido auditivo era nada comparado al suyo—, Rin… quiere… no sabe… pero….

—Rin, ve al grano.

—¿Quiere que Rin le ayude a quitarse la ropa?

Silencio.

Su interrogante me agarró de imprevisto más que cualquier ataque. La idea me entusiasmo.

—¿Deseas verme desnudo?

Sus manos cayeron sobre su falda.

—¡No! —exclamó por inercia, sin apartar su abochornada mirada de la mía—. Es decir, ¡si! Pero, pero, pero… yo no sé… Rin no sabe… cómo debe comenzar… pero sabe que nosotros tenemos que…. estar...oh… —pausó y sus manos se colocaron como puños frente a su cuerpo, tan decidida a enfrentarme—. ¡Sesshomaru Sama!

Incliné un poco mi cabeza.

—¿Umh?

—¡No me mire así! Tan solo responda… ¡respóndame! —exigió.

¿Y aquel tono autoritario? No era la primera vez que la escuchaba dirigirse así cuando yo tardaba en responder o ignoraba sus reclamos. A fin de cuentas esa confianza, al parecer más prepotente a causa de su edad, es resultado de haberla mimado y encaprichado tanto a través de los años.

La miré, un recorrido lento por toda su nerviosa figura hasta sus decididos ojos. Parecía estar lista para ir al campo de batalla o, digamos, encaminarse por senderos desconocidos como mi amante, y entre todos los oponentes que he tenido, ella era la única que se veía valiente y al mismo tiempo muy apetecible...

—Te estás tardando —finalmente respondí, con mi tono neutral de siempre.

Rin parpadeó. No reaccionó por un instante pero al siguiente ya estaba con su rostro decidido y sus temblorosas manos tocando los extremos de la apertura de mi kimono. Tiró suavemente hacia los costados y pude sentir el roce de sus nudillos contra mi pecho. Otra vez percibí aquel extraño estremecimiento, que causa acción y efecto en mi duro corazón.

Si este es el efecto de mi órgano más vital con el roce de su piel, he de concluir que, en sencillas palabras, este Sesshomaru está condenado a la muerte. ¿Este?, ¿este Sesshomaru…?, ¡maldita sea! Sí, yo moriré por culpa de una indefensa humana.

Rin continuó con su tortuosa, lenta y tímida forma de quitarme el kimono. Realmente aprecio el cuidado y la calma de mi pequeña e inexperta compañera, su entrega a mi persona, y lo encantadora que me resulta al tenerla tan cerca. Su nerviosa respiración, el roce cuidado y tranquilo de sus manos, como si yo fuera una especie de Buda y no el malvado demonio que se iba a mecer violentamente entre sus piernas…

Cuando terminó de apartar mi ropa, miró con curiosidad mi pecho, brazos, piernas y, por último, mi entrepierna. Cabe destacar que jamás miró mi rostro.

Nunca sentí pudor ante mi desnudez o la desnudez de otras personas, y tampoco es algo que haya cambiado en este momento. Sin embargo, sí es la primera vez que siento curiosidad al ver el efecto de mi desnudez en los sentidos de una persona.

Rin se notaba más caliente, y su rostro se veía ligeramente más sonrosado. Pero, de todas aquellas novedades, mi nariz era la que se hallaba más estimulada. Había un cierto aroma desprendiendo de su cuerpo que alertaba mis sentidos más primitivos y que podía hacer que mis deseos se hincharan… interna y externamente hablando.

Quería olfatearla más de cerca y buscar el origen de ese aroma, hallarlo en lo más profundo de su ser, pero Rin se apartó.

—Ahora… ahora le toca a usted… —dijo mirando directo a mis ojos, sin atreverse a observar un poco más arriba o un poco más abajo.

—¿Segura?

—Sí, segura.

—¿Puedo hacer lo que yo quiera?

—Sesshomaru Sama, es raro que usted se cuestione tanto…

Parpadee suavemente, y agregué con parsimonia:

—Rin, dentro de esta figura inmaculada hay un depredador de humanos…

—¿Acaso quiere comerme?

Sonreí de medio lado y me incliné, y una sombra oscura se proyectó. Como respuesta su cuerpo se tensó como un resorte.

—Sesshomaru Sama —murmuró con algo de sorpresa-, estoy segura de que usted jamás me comería, pero… —tartamudeó sonriendo débilmente mientras se achicaba más y más a medida que mi figura se inclinaba—, para que tenga conocimiento, aunque me vea así, yo no soy tan apetecible…

—Oh, ¿no lo eres?

Negó rápidamente con su cabeza.

—No tengo carne casi en el cuerpo, puede fijarse si quiere, soy casi piel y hueso… —respondió colocando frente a mis ojos el dorso desnudo de su muñeca.

Contemplé por un instante como se transparentaban sus deliciosas venas azules y luego miré otra vez sus ojos.

Mmm.

Sostuve su muñeca y la lamí, sintiendo el latido y flujo de su sangre contra mi lengua. Su mirada no se apartó de mi acción. Abrí mi boca, mostrando mis colmillos e hice el ademán de que iba a hincarle el diente en su pulso. Ella apartó de inmediato la mano.

—¡No! —gritó con el ceño fruncido—, ¡eso no se hace!

La miré sin emoción aparente, aunque por dentro una inmensa satisfacción me inundaba, porque no sentí olor a miedo en su cuerpo. En cambio se había intensificado más el dulce y pudoroso aroma escondido entre sus piernas.

Definitivamente necesitaba arrancarle ese kimono y buscar el origen de ese aroma.

—¿Acaso me acabas de regañar como si fuera un perro?

—No…

—Sí…

—No…

—Mmm…

—¿Está ofendido…?

No respondí y miré atento su boca, como un perro que mira a su dueño balanceando un pedazo de carne. Aunque claro, yo no soy un perro, soy un demonio, y Rin no es… bueno, Rin es Rin.

—¡Sesshomaru Sama, lo lamento tanto! De verdad, fue involuntario, no era mi int…

Niña tonta.

La besé y caímos recostados contra el suelo.

Hace algunos años atrás había dejado la niñez, aunque todavía seguía teniendo sus mejillas redondas y sus labios como un pimpollo de rosas, a los cuales en este presente adoraba atiborrarle de besos cuando me lo permitía, con roces castos y tímidos, ocultos en la intimidad de la pradera.

Pero este beso era diferente. Mi lengua se hallaba dentro de su boca y mis garras estaban rompiendo su kimono.

Me aparte cuando la oí gemir, como si aquel sonido me hubiera retornado a la realidad. A centímetros de su rostro, la analicé con ojos críticos. Lo rojo y reluciente de sus mejillas. Su respiración agitada y sus labios hinchados. Una gota de sangre se formaba sobre su labio superior. Accidentalmente la había lastimado con uno de mis colmillos.

Eran tan malditamente frágil. No supe qué decir, porque no me nacía una abochornada disculpa...

Rin se tocó suavemente los labios y luego miró con curiosidad sus dedos.

Ouch… —frunció levemente el ceño y me miró, y no sé qué vio en mis ojos, pero sonrió ampliamente y con confianza envolvió sus brazos a mi cuello y me empujó hacia ella, besándome con la misma intensidad y con una dulzura tan empalagosa que ningún otro demonio se hubiera resistido a tal encanto humano.

Pude sentir el sabor metálico de su sangre, entre las caricias y roces de sus labios, y con mi lengua le lamí, buscando por inercia apaciguar y curar esa herida que le había ocasionado.

Ella rió risueña..

—Me haces cosquillas…

Continué lamiendo hasta llegar a su quijada y luego bajé con suaves besos por su cuello. Allí se estremeció y denotó duda.

—Sesshomaru Sama… —musitó muy bajito, con sus labios contra mi frente y su cohibido y desnudo hombro contra mi mejilla.

La contemplé un segundo, en ese estado de ensoñación en el se estaba hundiendo. Nunca antes mis ojos habían contemplado el resultado de la profanación. Continué besándola, bajando por su clavícula, sintiendo la tibieza y el sabor de su piel.

Me aparté antes de llegar a sus pechos juveniles. Su kimono estaba parcialmente desecho entre sus brazos. Era delgada y pequeña. Sus caderas se veían fértiles y sus senos habían florecido acorde a su contextura. No era voluptuosa, pero aquellos rasgos de su sencillez me agradaban visualmente.

Siempre ví los rasgos de Rin como bonitos dentro de su humanidad, pero nunca la contemplé atractiva sexualmente hasta llegado este punto de intimidad. De pasar de ser un demonio impulsado por la curiosidad que le brindaban los sentimientos, a ser un demonio sexualmente excitado hay posiblemente un trecho peligroso de diferencia.

Rin al percatarse de su desnudez se quiso cubrir con sus brazos, pero rápido de movimientos no se lo permití.

—No —dije serio, sosteniendo sus antebrazos—, no te cubras. Me gusta verte así…

Rin contempló con timidez mis ojos y luego con curiosidad miró más allá. Su respiración dio un respingo de sorpresa.

—Ha cambiado de tamaño… —murmuró con la inocencia que le confería su impoluta juventud.

Si yo no fuera tan propenso a ser reservado con mis emociones, seguramente me hubiera reído burlón en su rostro.

En cambio sonreí sombríamente.

No era desconocido verme a mí mismo en este estado, pero sí era desconocido verme así por culpa de una mujer.

—¿Te da miedo?

El aroma entre sus piernas se intensificó, y rápido buscó justificar su comentario:

—¡No, por supuesto que no! Solo que antes ya se veía… —tartamudeó—, grande… y no… puedo imaginar cómo va a… ya sabes… es que… me da curiosidad… y… y… no me mires así….

Mi erección palpitó ante el pensamiento de estar en su interior y acto seguido abrí sus piernas. Me coloqué entre ellas y me incliné sobre su cuerpo, cubriendo con mis fornidas y trabajadas extremidades sus extremidades más pequeñas y quebradizas. Era diminuta a comparación de mi tamaño. Prácticamente podía matarla con el menor movimiento equivocado.

Recordé su cuidado al tocarme, y mis manos se posaron suavemente en sus pequeñas colinas, apartando siempre mis garras para no cortarla. Besé su clavícula, y bajé hasta su dulce botón izquierdo. Rin se retorció debajo y deslizó sus dedos entre mis cabellos. Suspiró y arqueó su cuerpo, mientras mis labios jugaban con uno y luego cambiaba mi atención hacia el otro.

Aunque mi lado demoníaco me pedía a gritos darla vuelta, penetrarla y eyacular dentro de ella con el menor de los tactos, estaba ese otro lado de mi ser, que era resultado del afecto que le tengo a Rin.

Yo solo quería…

¿Qué es lo que quiero con este acto?

No lo hago por necesidades reproductivas, porque podría buscar a alguien de mi especie si ese fuera mi único interés, aunque no me interesan tener hijos si no son con Rin.

El sexo dentro de mi especie se contempla solo desde el valor reproductivo y buscar dentro de otras especies, como sentía curiosidad mi progenitor, nunca fue algo que me llamara la atención, a fin de cuentas, el máximo placer, el fruto donde también me alimento, siempre lo hallé matando cruelmente vidas.

Pero Rin cambió todo y me hizo más fuerte desde otras maneras, tanto así que pude obtener mi propia espada. Ahora tan solo necesito abrazarla, besarla, tenerla más cerca, de un modo más complejo e íntimo. No es sólo deseo, se transformó en una necesidad casi vital...

Bajé por su vientre, besando sus costillas y luego su ombligo. Me deslicé hacia aquel lugar prohibido, donde hace rato quiero hundir mi nariz.

Para mi desgracia, Rin tapó con su mano aquel escondite.

La miré.

—Sesshomaru Sama, no… no es necesario… —dijo con su sonrisa.

Aparté suavemente uno de sus dedos y ella lo volvió a colocar en su lugar.

—Sesshomaru Sama, de verdad, me da mucha pena… si quiere, yo también deseo corresponderle sus atenciones, ¿puedo…?

—Hoy no.

—Pero...

—Rin, lo entenderé si no quieres que lo haga, pero necesito hacerlo —busqué ser lo más cordial y directo.

Suspiró largamente y aflojó las extremidades, apartando su mano, luego cubrió su rostro con la manga del kimono.

Agarré su mano libre y la entrelacé entre mis dedos. Me miró de reojo confundida. Por consiguiente coloqué sus piernas encima de mis hombros y mi nariz finalmente se hundió en aquel fértil y sano paraíso.

—Sesshomaru Sama, ¡de verdad es vergonzoso! —se quejó y yo lamí lo extenso de esa delicada carne bermellón.

Gimió y sus dedos se entrelazaron con fuerza entre los míos. Repetí la acción entusiasmo por su reacción, por la textura y el sabor, y acabé con mi boca explorando, lamiendo y succionando ese néctar, el flujo y evidencia de sus intenciones más perversas conmigo. Aquello era causa y efecto de mi persona, y como tal debo tomar absoluta responsabilidad.

Rin gemía con más intensidad. Tiró de lado la manga de su kimono y me miró de lleno, con ojos nuevos, llenos de deseo y fuego. Ya no había esa inocencia tan infantil en sus facciones, era el rostro de una mujer eyectada por sus anhelos más íntimos. Colocó su mano contra mis cabellos, y empujó por inercia sus caderas contra mi boca. La sentí retorcerse con más fuerza y moverse con más frenesí, envolviéndose en los devenires sexuales de este acto de completa sumisión y entrega de mi parte hacia ella. En cuestión de segundos, la humedad se intensificó y sus latidos se dispararon.

—¡Sesshomaru, Sesshomaru…! —gritó y lloriqueó alzando su cabeza hacia atrás. Presioné más mis labios y lengua sobre sus puntos más sensibles y mi Rin se retorció entre leves estremecimientos. Su agarré entre mis cabellos y mano se aflojó y suspiró largamente, derrotada y yo siendo el vencedor de esta contienda, aunque el premio mayor se lo había llevado ella. Aparté mis labios y miré hipnotizado su figura, mientras mi erección palpitaba ansiosa por desflorar ese infierno entre sus piernas.

Su piel, caliente, húmeda y brillante. Sus colinas erectas, alzándose suavemente al ritmo de su respiración, con sus pestañas ensoñadoras sobre su mirada. El halo de la noche se mezclaba mágico entre su desinhibida figura. Ella era la diosa y yo... su humilde admirador. ¿Acaso no podía mirar el cielo reflejado a través de mis ojos?

Y como si hubiera leído mis pensamientos, me susurró dentro de su ensoñación:

—Lo amo, mi señor…

Se llevó mi mano hasta sus labios, acariciando mis garras, aquellas garras con las que he tenido tanto cuidado de no dañarla. Besé su tierno vientre, subí por sus dulces pechos hasta su clavícula, y me detuve en su cuello, cubriéndola por completo con mi cuerpo. Rin reía y reía con su vocecita azucarada.

—Rin… —susurré a centímetros de su bonito e inocente rostro.

—Sesshomaru Sama…

—Este es el momento…

—¿Uh?

Salió de su estado risueño, dándose por percatada del gran demonio que soy, y miró hacía mí muy desatendido miembro, que ya apuntaba vigoroso hacia su vientre.

Sus labios temblaron y sus ojos se reflejaron sobre los míos.

—¿Te sientes preparada Rin? Porque después de esto no hay marcha atrás… —hablé con sensatez.

—Sesshomaru —quitó mi honorífico, como siempre lo hace a solas cuando busca ponerse más seria—. Yo nunca me arrepentiré de estar contigo… ¡y si usted se arrepiente lo seguiré hasta el infierno mismo…!

Sonreí suavemente, con aquella sonrisa que solo conoce ella, y acaricié suavemente sus labios contra los míos. Quien me viera en este estado, siendo dominado por completo por una humana, atendiendo a sus deseos, siendo "amable", "bueno" y "amoroso" con ella.

Sostuve mi miembro y lo apunté al paraíso entre sus piernas. La punta rozó su entrada y las raíces del estremecimiento se desplazaron por todos mis extremos. Oh, ahí estaba, mi lado demoníaco pulsando, haciendo hervir mi sangre, el instinto básico y primitivo de querer transformarme en el monstruo que realmente soy, aquel que genera repulsión y pesadillas a los humanos.

El impulso de profanar ese impoluto cuerpo y de destrozar sus entrañas se envalentonó.

No había nada romántico en mi primer sentir, pero Rin sostuvo mi mano en garra y presionó mis dedos.

—Pideme detenerme si te hago daño… —pedí por inercia, con una voz desconocida para mí, mientras volvía a deslizarme dentro de su estrechez. Repetí la acción, a medida que poco a poco iba abarcando más espacio, pero había algo que entorpecía mis deseos, ese punto intermedio entre su virginidad y mi malvada predisposición a querer subyugar su voluntad.

En sus facciones había cierta entonación de incomodidad y dolor, pero me sonrió como siempre lo hacía.

Fruncí el ceño y la penetré de golpe, como si hubiera empuñado mi espada en un hábil e inesperado movimiento.

—¡Sesshomaru! —gritó adolorida, apretando con desmedida fuerza mi mano.

Fue bastante cruel de mi parte y detesto el control que está humana tiene sobre mí, aunque…

Retiré mi miembro del mismo modo, porque mi corazón se comprimió al pensar que la había herido. Nunca fue mi intención lastimarla,

Me sentí aliviado al escuchar la tranquila risa de Rin, mientras se abrazaba por completo a mi cuerpo. Le correspondí y volví a adentrarme con mucho más delicadeza hasta lo más profundo de su apretado y resbaladizo interior.

—Duele, pero… es un dolor placentero… —murmuró entre gemidos y suspiros contra mis labios.

La abracé con más fuerza y cuando me percaté de que se sentía más cómoda, comencé un concienzudo vaivén entre su pequeño cuerpo y el mío. Lamí y acaricié su piel expuesta, con cuidado y delicadeza, como si estuviera rindiendo tributo a su feminidad.

Al fin y al cabo, acabo de romper aquel hito de fornicación dentro de mi especie, estoy yendo más allá de mi naturaleza impulsado por mis sentimientos, al unirme a una mujer humana para ser un solo ser, al anidarme en su interior para ser una sola alma. He reformulado uno por uno mis principios por efecto de una sola persona y esa persona es Rin.

Aumenté el ritmo por inercia y los segundos pasaron y Rin se desenvolvía más y más, torpemente, entre cada embestida. Esta sensación es… indescriptible, siendo que el placer no se concentra en mi miembro. Se extiende más allá de mis extremidades y también dentro de mi mente...

Su energía vital está fluyendo dentro de mi cuerpo. No puedo diferenciar entre el sonido de sus latidos y los míos. Su interior me encarcela y la escuchó gritar cuánto me ama y adora. La levanté por inercia entre mis brazos, conectados como estamos, y la dejé sentada sobre mi regazo mientras continúo con el desesperante bamboleo de mis caderas. Ella se deshace entre mis brazos y puedo sentir cada vez que un orgasmo nuevo la agolpa, porque gime, grita, ríe, suspira y su interior hierve y me aprisiona con deleite. Son mis brazos las que la mantienen cerca de mi cuerpo y la impiden caer de mi regazo.

Mi Rin es todo para mí y yo estoy extasiado de verla así, siendo tan mía, disfrutando del amor que le tengo.

Pero esto no es suficiente para mí, así que cuando tuve oportunidad salí de imprevisto de su interior y la di vuelta, recostándola de vientre contra el futón.

—Ponte en cuatro.

Rin me miró de reojo pero entendió mis intenciones. Torpemente se puso en posición, aunque con mis manos le exigí que recueste su torso hacia el frente y deje solo su trasero para mí, en completa sumisión hacia el acto.

Ella me observó con ojos inocentes y ensoñadores. Me coloque de cada lado y la penetré sin miramientos.

—No te muevas —casi gruñi, sintiendo mi sangre demoníaca presionando por salir, con mis colmillos creciendo dentro de mi boca.

Comencé a moverme violentamente y mis garras se tensaron, sosteniendo con una de ellas sus caderas y con la otra arañando desesperadamente el futón. Su energía seguía fluyendo dentro de mi cuerpo, y creo que eso era lo único que detenía mi completa transformación.

Sostuvo mi mano en garra, deteniendola de seguir rompiendo el futón y la llevó hacia su rostro, manteniéndola ahí mientras gemía y lloriqueaba suavemente. Mi corazón saltó dentro de mi pecho, y otra vez fui dominado por completo por ella...

—Mi señor… mi amado Sesshomaru… —la escuché susurrar entre su agitada respiración, antes de sentir su interior aprisionar mi miembro en otro orgasmo femenino que nunca impidió mi raudo balanceo.

—Rin —finalmente gemí, inclinándome sobre su cuerpo. Otra vez se tensó a consecuencia de otro orgasmo. Acaricié su sonrosado rostro con mi garra y susurré contra su oído—, te amo

Ella abrió sus ojos de golpe y me aparté por inercia, continuando mi violento vaivén como si nunca me hubiera movido de mi lugar.

—¿Qué… dijo...? —preguntó entre las obnubilaciones de su mente, si saber interpretar si lo que dije era real o una creación de sus deseos.

No le respondí y me miró directo a los ojos. Sostuvo con más fuerza mi mano, y gimió con más vigor. Rin ya lo sabía sin decírselo, sé que ella puede sentir que mi liberación estaba muy cerca…

Los últimos movimientos fueron feroces pero certeros con mi semilla echando raíces en el paraíso, y con ella siendo el principio del todo...

Oh, era… mi Rin es… especial e indescriptible.

Pude sentir en un instante su energía unida por completo a la mía. Ese instante resumió toda mi longeva existencia. Morí y renací, y no solo fuimos cuerpo, también fuimos alma y esa conexión era superior a todo lo que imaginaba. No busqué entender su amor, ni razonar el sentimiento que nos unía, sólo lo sentí, y supe que el amor era tan mío como suyo.

Su interior todavía se comprimía en espasmos mientras su cuerpo se aflojaba en mi agarré. Esperé un instante para volver por completo a mis cabales y cuando pude canalizar mi persona, salí y me recosté a su lado. Arrastré a Rin hasta mi pecho y luego hice que mi estola se acercará para caer protectora sobre su desnudo cuerpo.

Rin mantenía sus ojos cerrados pero no se hallaba dormida. Le acaricié por momentos su espalda mientras no pensaba en nada, tan solo concentrándome en recobrar mis sentidos y en escuchar los de mi compañera.

—Sesshomaru Sama…

—¿Um?

—Yo también pienso que eres especial e indescriptible… —susurró con picardía y la miré sorprendido. Ella rió suavemente—, ¿por qué me mira con esa cara? Si usted lo dijo, lo escuché claramente…

—Nunca lo dije…

—Sí, lo dijo…

—Nunca lo dije en voz alta…

—¿En serio?,¿entonces Rin pudo escuchar sus pensamientos…?

La miré de reojo y luego sonreí de lado.

—Al parecer sí… —susurré—, y creo que también habrás escuchado cuando planifique comerte después de terminado el acto.

Su cuerpo se crispó pero otra vez no sentí el aroma a miedo.

—Usted nunca comerá a Rin.

Ella está en lo correcto, aunque mis intentos de asustarla siempre son en vano.

—¿Y sabe por qué nunca comería a Rin?

—¿Um?

—Bueno, Rin lo ama mucho —confesó dibujando con su dedo índice círculos imaginarios sobre mi pecho—. ¿Quién le va a sonreír cómo le sonríe Rin?, ¿o lo va a abrazar cómo Rin?, ¿o lo va a besar cómo Rin?, ¿o quién le va a regalar bonitas flores o le va cantar canciones sobre todo lo que ve y sobre usted, sino es Rin? Y además, ¿quién le va a decir te amo muchas veces al día? Jaken puede intentarlo, pero, ¿con quién va a hacer el amor sino es conmigo y solo conmigo? No es por sonar pretenciosa, pero soy todo lo que usted quiere Sesshomaru Sama. Soy bonita, alegre, graciosa y sé amarlo. ¿No cree que soy perfecta para usted, mi señor?

Mi corazón se fue achicando más y más a medida que la escuchaba. La abracé y oculté mi rostro entre sus cabellos.

—Sesshomaru Sama, ¿por qué está afligido? —murmuró con seriedad y no le respondí—. ¿Acaso se siente triste por lo que dije? Sé que no viviré tanto como usted, pero le dejaré algo para que me recuerde por la eternidad. Es más, ¡búsqueme en cada nueva vida y Rin promete que lo amará tanto como lo ama en esta!

Fruncí mi ceño y la arropé más cerca contra mi cuerpo.

—Rin, no digas tonterías… —respondí con suavidad, escondiendo más mi rostro sobre sus cabellos—, solo quédate a mi lado y no te vayas nunca

Rin me miró un instante y luego sonrió, asintiendo.

No vivirás, viviremos... lo que vayas a vivir, mi Rin.

Fin.