Capítulo 2: La niña de Elmekia

¡¿Cómo llegó allí?!

En el cráter que dejó el rayo había una niña inconsciente. Su pelo oscuro hasta mitad de espalda estaba embarrado, igual que su ropa y cara. También tenía cortes abiertos en los que aún podía ver un poco de sangre fresca en su cara, manos y brazos. Su capa estaba rota y quemada en el borde inferior. Todo indicaba que se vio involucrada en una gran pelea. Sin embargo, no vi señales de alguna herida que pusiera en riesgo su vida, salvo por su brazo derecho roto. Pensarías que el rayo debió golpearla directo y, sin embargo, nada en ella lo aseveraba. Quizás ella cayó al cráter sorprendida luego de que lo hiciera el rayo. Era la única forma de explicarme que siguiera viva, pero debo reconocer que tampoco era muy convincente.

Con cuidado tomé su brazo y recité el Recovery. Sabía que no podría curarle completamente, pero al menos le daría un poco de estabilidad para entablillar con ayuda de la vaina de mi espada y los jirones que hice con su capa. Con la lluvia cayendo sobre nosotras, no podía hacer nada más hasta llevarla a algún lugar donde poder sanarla y dejarla descansando. Y debía actuar rápido.

Tomé a la niña en brazos y recité el Levitation para bajar suavemente. La cargué sobre mi espalda y deshice el camino desde la sierra hacia el pueblo. Si tenía suerte, al día siguiente podría volver por los bandidos para cobrar mi recompensa. Y si lo pensaba mejor, quizás también obtuviera una por la niña. Sonreí al imaginarme con el dinero que me darían por ambas acciones.

-o-o-o-

- Entonces, déjame ver si lo entiendo: ¿dices que esta niña apareció en la sierra luego de caer un rayo? - preguntó Gourry rascándose la nuca – Que yo sepa, los niños no aparecen por tormentas. Digo, sé cómo vienen al mundo… - se ruborizó levemente – Es decir, ¿segura que no viste si la perseguían o algún rastro de dónde podría venir? - se apresuró a preguntar, y negué con la cabeza.

Estábamos en mi habitación, en la posada. La lluvia se había calmado y la madrugada estaba bastante tranquila considerando los sucesos hasta ese momento.

Gourry había despertado porque también sintió algo extraño al escuchar un trueno, y al ir a golpear la puerta de mi habitación, se dio cuenta que había salido dejando la ventana abierta. Pensando que podría estar luchando y en peligro, salió a buscarme y nos encontramos cuando había recorrido unos metros alejándome de la sierra.

- Lina, ¿qué harás con ella? - preguntó preocupado Gourry.

Suspiré mirando a la chica inconsciente en mi cama. Tuve que vestirle con mi pijama luego de atender los cortes y limpiarle la cara. Había decidido hacer más jirones con su ropa para hacerle un cabestrillo que pudiese usar una vez despierta. No me apetecía seguir usando el Recovery porque ya lo había hecho con algunos de los cortes más problemáticos, así que las formas tradicionales de primeros auxilios bastarían para mantenerla estable. Hechizos como el Resurrection son más de sacerdotisas y usuarios de magia blanca, como Ameria o Sylphiel. Ambas son expertas sanadoras y probadas en momentos de peligro, pero se encontraban a muchos kilómetros de nosotros, en Saillune. Una vez Sylphiel logró sanar una hemorragia que pudo haberme costado la vida; te lo digo para que te hagas una idea de qué tan buenas son. En cambio, yo ocupo el Recovery, un hechizo de curación más simple y que utiliza el poder de la propia persona herida (al contrario del Resurrection, que ocupa la energía cercana). Por esa razón, si es que había logrado soldar el hueso de su brazo, aún corría el riesgo de seguir frágil en la zona dañada. La buena noticia es que demoraría menos en sanar completamente, máximo unas dos semanas.

- Creo… creo que la llevaré a Telmord con nosotros y allí pondré un aviso de que la encontramos.

- ¿Crees que sea de allí?

- No, pero es la ciudad más cercana que tenemos. Allí podemos esperar a que aparezca su familia mientras conseguimos algún trabajo, y cobrar la recompensa.

- Entonces la tendrás de rehén, ¿verdad? - enarcó una ceja.

- ¡Claro que no! ¡Solo estará con nosotros hasta que lleguen mami y papi, y nos entreguen un poco de oro en agradecimiento por salvar a su hija!

- Como una rehén... - dijo tras un suspiro.

"¡Cielos! ¡Que mal concepto tiene de mí!".

- Bueno, si tanto te preocupa, la puedo llevar con los soldados y que ellos se encarguen…

- Claro que no, de ninguna manera – respondió repentinamente serio.

Me encogí de hombros.

- Entonces está decidido. Se viene con nosotros.

-o-o-o-

Desperté cerca del mediodía y en el suelo de la habitación cubierta con una cobija. No recordaba cuándo había caído dormida, por lo que Gourry debió taparme en algún momento de la mañana. Él también se había quedado a dormir: como buen mercenario que era, durmió apoyado contra una de las paredes y aferrado a su espada, mientras que yo estaba desparramada y calentita con mi cobija en el suelo de madera. Al notar que ya estaba despierta, me saludó alegremente y decidimos bajar a desayunar o almorzar. Lo que estuviera en el menú en ese momento.

Luego de comer, Gourry se quedó a pedir más comida para luego subirla, mientras que yo me adelanté. En lo que recorría los escasos metros del pasillo hacia las habitaciones, bostecé un par de veces y estiré los brazos al cielo. Había decidido dormir un poco más en la habitación de Gourry para recuperar un poco del sueño perdido por la búsqueda de los bandidos y las atenciones a las heridas de la chica. Y para colmo, no había podido disfrutar de una cama como lo había planeado el día anterior, y no pensaba marcharme sin hacerlo. Pero un repentino ruido me detuvo frente a la puerta de mi habitación.

Acerqué la oreja a la puerta para comprobar que no fuese mi imaginación. Pude sentir una presencia al otro lado. "¿Un ladrón?", pensé.

Tomé el picaporte y prácticamente arrojé la puerta con las palabras de poder en mis labios. Sin embargo, detuve mi acción, perpleja.

Junto al marco de la ventana y sujetándose con su mano izquierda al alfeizar estaba la chica. Llevaba puesto el pijama y el cabestrillo.

- Oh, oh…

- Pero… ¡¿qué demonios?! - en respuesta recibí mis hombreras en la cara. No debí dejarlas en la mesa que había junto a la ventana.

Sin embargo su acción hizo que le doliera el brazo, recogiéndose levemente. Avancé con tres grandes zancadas y la sujeté fuertemente del cuello del pijama.

- ¿A dónde crees que vas? - pregunté con un siseo y sintiendo la cara caliente luego del golpe - ¡¿y por qué me arrojaste eso?!

- ¡Suéltame! ¡Bruja! ¡Demonio! - por toda respuesta no encontró nada mejor que insultarme - ¡Quítame las manos de encima, vieja! ¡Bruja! ¡Bruja malvada! ¡Sé que eres un demonio y que finges ser una mujer! ¡Y muy fea! - me mostró la lengua mientras cerraba sus ojos.

- ¿Este es el pago por salvarte la vida?

- ¡No mientas! ¡Suéltame para que te dé una paliza! - la vena de mi sien comenzó a palpitar. ¡Vaya arrogancia para una niña! - ¡Que me sueltes, enana!

¿Una niña mucho más baja que yo llamándome enana? qué osadía. Le di un coscorrón para que se callara y se enterara de una vez de lo que pretendía decirle. Las lágrimas le brotaron de los ojos mientras se pasaba su mano izquierda por la cabeza. La solté y me crucé de brazos.

- Está bien. Quizás no debí hacerlo, pero tú tuviste la culpa arrojándome las hombreras a la cara – la niña me miró con desconfianza entrecerrando sus ojos -. Aunque es normal que despiertes asustada, no lo es que ataques a quien te ayuda – frunció aún más el ceño -. No es bueno que hagas enemigos sin conocerlos, sobre todo si te salvaron la vida.

Hice un silencio esperando que mis palabras calaran en ella. Aunque la niña fuese desconfiada, recalcar que ella estaba en un error sería suficiente para que se avergonzara y decidiera escucharme.

- No te forzaré a explicarme lo que te sucedió. Pero si necesitas volver a casa, puedo ayudarte. Puedo escoltarte de regreso, pero claro, solo si confías en mí – la niña empezó a sollozar. Abrió y cerró la boca un par de veces sin decir palabra. Entonces, le di un empujón más -. Quizá tu mamá o tu papá estén preocupados…

- No tengo padres… - susurró. Pero algo me decía que ese no era motivo de su llanto.

- ¿Algún familiar? ¿Viajabas con alguien?

- ¿Dónde está Draco? ¿Qué pasó con él? - preguntó llorando.

- Si lloras, me es difícil entenderte. ¿Dijiste Draco? ¿Traes un dragón? - pregunté incrédula.

- ¿Qué? ¡No! Draco es un chico; es mi compañero – sorbeteó su nariz -. Él y yo estábamos… - se llevó la mano a la cabeza como si quisiera enterrarse los dedos en el cerebro mientras hacía un ruido con su garganta.

- ¡Lina! ¿qué sucede? - Volteé mi cabeza y vi a Gourry llevando en perfecto equilibrio unos platos de comida. Los dejó en el suelo, junto a la pared y se acercó - ¿Está bien? - me miró desconfiado – No me digas que ya te ensañaste con ella.

- ¿Qué? ¡No! - respondí indignada - ¡Estaba tratando de obtener información! ¡Y lo acabas de echar a perder!

Parece que la niña se asustó, porque de nuevo la vi moverse hacia la ventana.

- Oh, no. No te mueves de aquí hasta que me digas qué pasó. Y si alguien está esperando por ti en algún lugar.

- ¡Dijiste que si no quería, no hablaría!

- ¿Ves? ¡Lo arruinaste! – le espeté a Gourry.

- No parece que ella confíe en ti – apuntó él de forma simple.

- ¡Ni siquiera sé quiénes son! - explotó la chica - ¡Tú pareces un payaso! - le gritó a Gourry y yo me reí - ¡Y tú una enana amargada!

Mi brazo se movió veloz aterrizando en su cabeza.

- ¡Agh! ¡Para de gritar! - grité.

- ¡Deja de golpearme! - contestó roja.

- Creo que lo mejor es que ambas se calmen – intercedió Gourry separándome con cuidado de ella -, y que nos presentemos correctamente. Mi nombre es Gourry Gabriev. No soy un payaso: soy un espadachín – le dijo amistosamente -. Y ella es Lina, una hechicera, aunque no te equivocas en lo de enana – ahora el coscorrón le tocaba a Gourry.

- Mi nombre es Lina Inverse – me presenté recobrando la compostura -. Ambos viajamos juntos. Podemos ayudarte y llevar donde necesites…

"Y siempre que alguien esté allí para pagar", pensé. Definitivamente, quien estuviera esperándola debía saber pagar una recompensa. No pensaba tener la molestia de manera gratuita.

Pero la chica me quedó mirando en una mezcla de sorpresa y extrañeza. Sentía, también, que me estaba evaluando, lo que no me parecía raro. Mi nombre es muy famoso en muchas partes, y así como se hablan grandes cosas, también las había muy malas. Quizás la niña estaba buscando en su memoria lo que sabía de mí. Supongo que para ella es como si le hubiesen dicho que acababa de conocer a un personaje de cuentos de hadas que creía no existir, algo así como estar de pie frente a cierto viejo regordete que entrega regalos. Sonreí con suficiencia ante esa idea, sonrisa que se intensificó cuando su gesto cambió por decididamente sorprendida. Pero luego volvió a la confusión. Levantó su mano izquierda y comenzó a contar.

- Pero… ¿no deberías ser más vieja?

Gourry fue más rápido en esta ocasión, sujetándome la mano.

- ¡Lina! ¡Que es una niña!

- ¡Pero es que no ves que solo me quiere joder!

- ¡No! ¡En serio! - respondió levantando su mano como si quisiera hacer una pared invisible entre nosotros y ella - ¡Pensé que serías mayor! ¡De hecho, pensé que estabas muerta! ¡No esperaba que fueras…! ¡Ya sé! ¡Usas alguna magia para mantenerte joven! ¿cierto? - dijo como si acabase de descubrir algo grandioso.

- ¡Que nooooooo! - respondí indignada intentando pasar por sobre Gourry - ¡Tengo veinte, maldita mocosa! ¡VEINTE!

- ¡Pero eso es imposible! - contestó otra vez sacando cuentas - ¡Tú no eres Lina Inverse! - me acusó enojada - ¡Además, todos saben que a la "Furia Roja" le decían así por su cabello! ¡Y tú eres castaña! ¡Eres una impostora!

"Oh, vaya, un nuevo nombre que no conocía".

- Sé que es mediodía – intervino una voz masculina -, pero por amor a los Dioses ¡Se pueden callar! - gritó el posadero desde la puerta.

-o-o-o-

Cuando nos calmamos, ella nos contó su historia. Su nombre era Zera. Fue criada por una mujer dueña de un bar en un pueblito llamado Zoë que quedaba en la frontera de Zephiria con Elmekia, junto a las montañas. Como Zera jamás recibió un apellido, había adoptado el gentilicio de su pueblo.

Realmente, debía ser un pueblo muy pequeño, porque jamás he escuchado ese nombre.

Hacía un año, un hechicero llamado Elrod el Rojo con un joven discípulo llamado Draco pasaron por allí, y se la llevaron a Elmekia a estudiar magia. Pero el hechicero viajaba constantemente, por lo que quedó a cargo de la Asociación de Hechiceros que estaba fusionada con un recinto militar. Allí, Draco y ella siguieron estudiando y recibían carta una vez al mes del maestro errante. La ultima carta indicaba que regresaría pronto a la Asociación, pero decía cosas como que volvería con "el pan bajo el brazo" y "la grandeza volverá gracias a los jóvenes". Cosas que no le hallaba sentido alguno.

- Draco me dijo que en realidad la carta quería decir otra cosa, que tenía que saber leer entre líneas. Que lo que quería decir era que había encontrado algo importante. Y que quizá nos entrenaban para alguna guerra de expansión, sino interna – dijo sentada cabizbaja en la cama -. Al día siguiente, nos atacaron.

- ¿Elmekia en guerra? Eso no es ninguna novedad – le dije a Gourry, pero él esquivó mis ojos incómodo. Tomé nota de eso.

- Todo fue muy rápido. Todo el lugar fue destruido por dos mazoku… Jamás había visto uno. Tuve miedo – dijo ocultando su rostro tras su mano. Pude ver las lágrimas caer a su regazo -. Draco intentó enfrentarse a ellos y me dejó escondida, pero uno de ellos me encontró y… - apretó tanto los dientes que los podía oír rechinar. Sus dedos se crisparon e intentaron enterrarse en la carne. Le quité la mano de un golpe y vi su rostro, pálido y aterrado, marcado por las uñas.

- Esta bien. No es necesario que sigas – le dijo Gourry.

Ambos nos miramos sabiendo qué había pasado a continuación.

Los mazoku se alimentan de las emociones negativas. El miedo, dolor y la desesperación son parte de ellas, y teniendo a merced a dos niños debió ser muy tentador para ellos. Imagino que sería como un gran banquete con los platos más exclusivos. Eso explicaba por qué estaba tan herida pero viva cuando la encontré. Habían decidido jugar un rato con ella torturándola antes de matarla. Sentí asco y un agujero en el estómago.

Sin embargo, no explicaba cómo había llegado desde Elmekia hasta el lugar en el que nos encontrábamos. Eran cientos de kilómetros: le habría tomado semanas llegar hasta aquí en ese estado. ¿Cómo nadie la ayudó? ¿Acaso la apatía por Elmekia era tan grande que a nadie le pareció relevante la noticia? ¿Ni siquiera por la aparición de un par de mazoku?

Además, otras preguntas rondaban por mi cabeza. ¿Qué buscaban? ¿Había relación entre la carta recibida con el ataque? ¿Pudo ser que el mismo maestro de Zera los traicionara aliándose con los demonios? Incluso debía descartar la posibilidad de que su compañero estuviera vivo, pero debía asegurarme.

- ¿Sabes cuánto tiempo a pasado desde entonces? - le pregunté.

- Pero si fue ayer. Pensé que habían visto el incendio – respondió desconfiando de mí.

- Niña: estamos en Ralteague. Si no tienes idea, entonces alguien debió traerte hasta aquí. Pero dudo que fuera tu amigo.

Abrió mucho los ojos y le tembló la boca. La palabra "imposible" estaba escrita en cada facción de su rostro. Luego intentó reírse.

- No me jodas. Todo pasó ayer. No puedo haber estado tanto tiempo durmiendo – elevó la voz.

- Te encontramos anoche. O nos estás mintiendo, o estuviste un mes inconsciente. Alguien más debió sacarte de allí, y quién haya sido, fue atacado. Tus heridas estaban muy frescas.

- Entonces, tiene que ser Draco. Él debió sacarme. Tiene que estar por allí... ¡tenemos que buscarlo!

- Wow, espera un momento – la atajé -: ¿Cómo un chico cruzó todo este camino cargando contigo y sin ayuda? Dijiste que el intentó pelear. Si es así, olvídate que está vivo.

- Pero no entiendo… todo fue ayer… ¡tú mientes! ¡Estás con ellos!

- Yo tampoco lo entiendo, pero – ambas miramos a Gourry – ¿no será que Draco es nombre de dragón? Como ese tipo Mel-no-sé-cuánto.

Lo miré un par de segundos sorprendida. Zera también lo estaba, pero no por la misma razón que yo. Hasta podía ver la nube de su imaginación con el dragón volando por los cielos.

- ¡Claro! ¡tiene sentido! - claramente, la imaginación infantil era fuerte en ella.

- ¿Hablas de Milgazia? - hice un pequeño silencio –. Aunque eso explicaría cómo recorrió tantos kilómetros en poco tiempo, no hemos tenido noticias de Dragones Dorados. Y jamás se habrían involucrado tan abiertamente en un lugar como una Asociación de Hechiceros, y mucho menos si fue militarizada.

- Entonces, ¿qué sugieres? - preguntó Gourry como si preguntara el estado del tiempo.

- No lo sé – dije tras un suspiro -. Lo más probable es que alguien la dejó allí tirada y arrancó de la tormenta, o de la lucha con… con… - me quedé en silencio mientras sentía como si el estómago se me iba a los pies. ¡Había olvidado a los bandidos! ¡Y lo peor de todo era que había olvidado cobrar la recompensa! - ¡Aaaaaagh! - me agarré la cabeza con ambas manos y sin decir una palabra más, salí corriendo de la habitación.

¡Cómo había olvidado algo tan importante! Y mientras en mi cabeza seguía pateándome por mi torpeza, apresuraba mi hechizo de vuelo para llegar al lugar donde los había dejado amarrados. Al menos tenía la certeza de guardar la bolsa de oro que encontré, pero no sería nada si no sumaba la recompensa por la que había trabajado. Pero, ¡maldición! ¡habían logrado soltarse y huir! Tan molestaba como estaba, arrojé sin pensarlo una sarta de Fire Balls contra la gran pared de la sierra. Me di cuenta de mi error al ver las rocas que se despegaron cayendo sobre mí. Debí correr y saltar para esquivarlas.

"¡Todo por esa mocosa! Si no hubiese aparecido, ¡ya tendría mi dinero!". Golpeé el tronco de un árbol y me dispuse a volver.

Contemplé como la luz cambiaba y bajaba con el atardecer en lo que yo avanzaba de vuelta por un camino del bosque. No podía quitarme de la cabeza la idea de todo un día perdido en ese pueblo, pero me animaba la promesa de encontrar nuevos grupos de forajidos en lo que restaba de camino a Telmord. Si hay algo que crece como la mala hierba, son ellos. Y eso significaba una fuente de recursos a la que siempre podría echar mano en caso de emergencia.

Me reí sola como si quisiera convencerme a mí misma de la idea. Sin embargo, me detuve. Algo avanzaba por el bosque sin cuidarse del ruido de sus pasos. Podía haberse tratado de un animal pequeño huyendo, aunque las pisadas se dirigían hacia mi dirección.

Se sorprendió tanto al verme de pie esperándola que trastabilló al punto de casi caer.

- ¿Entonces…? - pregunté con las manos en las caderas e inclinándome un poco hacia adelante.

- N-nada… - respondió Zera agitada.

Seguía con mi pijama. Pude notar por primera vez lo grande que se le veía.

- ¿Y dónde está Gourry? - pregunté sin poder contener un sonrisa maliciosa.

- No lo sé. Creo que salió a buscarte…

- Oh – di un paso hacia ella -, entonces estás sola. ¿Qué pasó? - otro paso - ¿Te preocupaste por mí y pensaste que podría estar lejos? - una gota de sudor corrió por su mejilla.

- A-algo así – tragó saliva y miró hacia los lados evaluando sus rutas.

- Dime, ¿acaso estás planeando huir? ¿Crees que puedes llegar a Elmekia así? - ahora me había puesto seria. Era demasiado fácil leer sus acciones con lo poco que había visto de ella.

- No estoy huyendo – respondió sonrojándose y lanzándome una mirada desafiante. Qué rápido le cambió el carácter al escuchar la palabra "huir".

- Pues, a mí me parece que sí. ¿Acaso robaste alguna cosa de la posada…? - sugerí sin dejar de avanzar - O si toda tu historia es cierta, ¿cómo esperas llegar a Elmekia? ¿Al menos sabes dónde diablos estás parada? ¿Y qué harás cuando llegues? ¿Tomar un té con los mazoku para que te expliquen que hacían allí?

- ¡No he robado ni estoy huyendo! - repitió molesta – Pero no… no sé… - su voz se volvió dubitativa - ¡Pelearé! - intentó terminar segura, sin éxito.

- ¿Ya olvidaste lo que nos contaste? No estás en condiciones – le señalé apuntando su brazo derecho y a sus piernas temblorosas.

- ¡¿Y qué me dices tú?! ¡Usas un nombre falso! ¿Acaso crees que me voy a tragar todo eso que eres Lina Inverse? ¡Si estás aquí es porque eres una de ellos y quieres evitar que busque a mi amigo! - intentó cambiar de tema.

- Pero, ¡¿por qué otra vez eso?! ¡¿Y qué tiene que ver con lo que te estoy preguntando, idiota?! - estaba casi encima y ella intentó retroceder asustada moviendo la boca - ¿Ves? ¡estás tan asustada que no haces nada más que lanzar palabras al aire! ¡Y yo aún no entiendo nada de todo esto! No tengo tanta paciencia como para estar jugando a los misterios…

- ¡Wind Brid!

No había notado que toda su gesticulación mientras le lanzaba mi perorata era en realidad un hechizo recitado. Caí un par de metros empujada por el viento que lanzó. Lo bueno es que no me dejó inconsciente, quizás por el apuro en quitarme de encima o por falta de experiencia. Sea como sea, intentó seguir su carrera por el bosque.

- ¡Oye! ¡Espera un momento!

- ¿Acaso crees que estoy loca? - gritó unos metros por delante - ¡Piérdete, bruja enana!

La seguí y respondí de la misma forma enviándole el Wind Brid. Cayó de bruces y pude escuchar su quejido al caer sobre su brazo. La alcancé y la alcé tomándola del cuello del pijama. Sus pies se agitaron en el aire y pudo haber sido gracioso si no fuera porque estaba molesta.

- ¿Y bien? - pregunté.

Me miró asustada con un ojo entrecerrado y queriendo forzar una sonrisa de disculpa.

- Creo que no fue buena idea… - dijo con un tic nervioso en la mejilla.

Aspire todo el aire que pude y lo solté lentamente. Estaba muy tentada de seguir gritando aprovechando que estaba sola con ella, pero debía contenerme. En mi interior, algo me decía que su relato era real, como también sus ganas de ir a Elmekia. Y aunque no entendía del todo lo que pasaba, si ella había aparecido en ese estado tan herida era porque algo grande había pasado. Además, sentía curiosidad por el asunto.

Sabiendo que terminaría metida en problemas y lamentando mi decisión, dije suavemente:

- Creo que no tienes más remedio que venir con nosotros para descubrir qué diablos está ocurriendo – me miró confundida -. Pero me pagarás la recompensa que perdí – le advertí.

Después de unos segundos en los que sopesó si intentaba engañarla o no con mis palabras, asintió.