Capítulo 3: Izelsn

Luego de que decidiera llevarme a Zera con nosotros, hicimos una pequeña visita a Telmord. En el camino pagó con creces la fallida recompensa por los bandidos de Lyzeille, así que ahora me acompañaba en cada ocasión que iba a buscar algo de efectivo para el viaje. El problema fue que en Telmord se perdió... ¡en una ciudad tan pequeña, y se nos perdió! ¿Cómo te pierdes en un lugar tan pequeño como Telmord…? Tuve que rescatarla de un grupo que secuestraba niños para venderlos. Y para colmo, bajo un repentino interés de Gourry por las finanzas del grupo, tuve que comprarle una capa, espada corta y unas hombreras. ¿Tienes idea de lo difícil y caro que es encontrar hombreras para una niña…? Salvo por algunos protectores de brazos o petos incompletos, nadie considera hacer hombreras para niños. ¡Y esta niña quería usar unos, como si no fuera ya suficiente gasto...!

No, no lo digo por el dinero. Bueno, sí. O sea… Agh, olvídalo. Lo único bueno de todo eso es que gané en el regateo. A Gourry no le importó mucho porque se aburre con ese tipo de cosas. No entiende que las grandes batallas no solo se libran con la espada. En cambio, Zera, no pudo disimular su asombro por mi capacidad negociante, ni su alegría por sus nuevas adquisiciones. Por unos días parecía que llevaríamos la fiesta en paz. Pero la experiencia no nos acercó tanto como creía que había ocurrido.

Estando ya bastantes avanzados en territorio de la Alianza de Estados Costeros, de pronto y sin aviso, noté que ella parecía aún más indecisa sobre mí y su carácter se ensombrecía. Aunque me acompañaba a buscar grupos de bandidos y se mostraba obediente, se veía más molesta. No me di cuenta cuando comenzó a ser ella la que arrojaba las Fire Balls furiosa contra los campamentos, y varias veces tuve que atajarla antes de que echara a perder la emboscada, lo que termino ocurriendo. No lograba entender, sobre todo porque había estado de acuerdo con nuestro viaje a Telmord y la ruta que había trazado. Yo pensaba viajar a través de la Alianza de Estados Costeros, parando en ciudades como Barkland y Tails, y cruzar la parte más angosta del territorio de Saillune hacia Elmekia. Una ruta más rápida que la que ella sugería: su propuesta y sin un argumento válido, era ir a Izelsn, lo que nos desviaba por lo menos una semana más de viaje. ¿No se suponía que estaba tan interesada en volver a Elmekia y encontrar a su amigo...? Y como si ya no fuese demasiado extraño, en ninguna parte escuché noticias de algún ataque a Elmekia ni que solicitaran hechiceros para investigar actividad reciente de los mazoku. Lo que me hacía pensar que si todo era cierto, debía existir algún secretismo por orden del propio Imperio. Con todo, solo podía suponer que era un capricho infantil, y consideré la posibilidad de deshacerme pronto de ella en algún templo que recibiera huérfanos o extraviados.

En ese tiempo, su brazo había sanado y Gourry se empeñaba en enseñarle a usar su espada. Con el campamento armado al final de cada jornada, él le explicaba algunas cosas básicas. Zera resultó una alumna un poco reacia al principio, pero deslumbrada por la presteza de Gourry, termino siendo furiosamente disciplinada, algo que distinguí de la formación militar de Elmekia. También, me percaté que compartían algunos gestos que interpreté como códigos de mercenarios. Quizá Gourry había entrenado en Elmekia, pero no me atrevía aún a tocar ese tema.

Esa cercanía entre ellos empezó a molestarme. Los escuchaba cuchichear a mis espaldas y sabía que Gourry lo hacía para intentar distraer a la chica. Gourry le hablaba de todas las cosas estúpidas que podía recordar de nuestros viajes y ella, de mala gana, de las aburridas rutinas de la vida de pueblo y las normas impuestas en su formación. Me parecía increíble que él pusiera atención a lo que ella le contaba, pero las cosas triviales se le daban a Gourry. En cierta ocasión, ella le dijo que había visto mi nombre entre los libros que había leído, donde se me nombraba como "la Furia Roja, escupida del infierno y asesina de reinos". Me detuve en el camino.

- ¿Crees que escuchó? - preguntó asustada a Gourry.

- No es eso - contestó. Luego se dirigió a mí –. Son cinco.

- Me haré cargo. Tú sigue hablando de lo mal que lo has pasado con la "Furia Roja" – le dije en un tranquilo tono asesino.

- Creo que sí te escuchó – le dijo a Zera.

Ante esas palabras, los cinco bandidos salieron de su escondites rodeándonos. Parecía que las risitas con las cuales intentaban amedrentarnos las hubiesen ensayado de mala forma. En serio. Parecía más como si intentaran escupir alguna cosa asquerosa atrapada en sus gargantas… así como cuando te da un catarro y las mucosidades se te pegan a la traquea.

El que estaba frente a mí puso unos ojos lascivos que me desagradaron.

- Ahórrate el discurso, a menos que tengas algo ingenioso que decir – le espeté al que parecía ser el líder -. Los niños – apunté a Gourry y Zera – tienen que llegar temprano a tomar su leche y dormir su siesta – Zera se sonrojó e hizo un mohín.

- Oye, muñeca ¿por qué no los dejas y te vienes con un hombre de verdad? - alcé una ceja – Tu noviecito y tu hermanita podrían seguir su camino luego de entregarnos lo que lleven encima. Mientras nosotros... nos divertimos un poco – cargó su voz con lo que intentaba ser un tono seductor. Puaj.

- ¿Novio? - repitió Gourry apuntándose.

- ¿Hermana? - Zera lo hizo con desagrado.

Ambos se miraron y se echaron a reír. El tipo los miró sorprendido de que no le tomaran en serio. Los otros cuatro aguardaban. Aunque sabía que jamás esos tipos conseguirían lo que querían, las risas de mis compañeros hicieron que comenzara a hincharme de rabia. Pero recordé que Gourry simplemente flota en este mundo, y Zera quizá no había entendido lo que el tipo quiso decir.

"Vaya par de tontos".

- Oye, amigo, no tienes idea con quién te has metido, ¿verdad? - preguntó Gourry, quitándose una lágrima de risa.

- Si creen que ella podría tener un novio, entonces no la conocen, ja, ja, ja – se rió Zera - ¡Es el mismo demonio hecho mujer! - lo dijo alzando los brazos para enfatizar sus palabras.

- Ahora que lo pienso, ¿no se supone que también "Dra-mata" y "asesina de bandidos" son algunos de sus nombres...? Digo, para agregar a tu libro... aunque esos nombres no son tan grandes como su estómago, ¿no crees…?

- ¿Dijiste "Dra-mata"…? - los tres ignoramos la pregunta.

- Tal vez si se callaran… - dije al mismo tiempo que el bandido, levantando un puño y temblando de la indignación.

- En eso estoy de acuerdo: su estómago es enorme – dijo Zera –. Pero no creo que tanto como su ego...

- Si al menos eso se tradujera en su pe… - le encajé el puño en la boca a Gourry. No era necesario que terminara su frase, pero el bandido, creyendo que podría recuperar su posición, habló por él.

- Bueno, sí le faltan crecer… Por eso, insisto: ¿por qué no vienes con nosotros? Tengo buena mano: solo déjame jugar y haré que te crezca…¡AAAAAAAAH! - con el Dill Brand que había recitado para el par de cómicos, impedí terminar su oración al sinvergüenza. Si algo odio tanto como las burlas sobre mi físico, son ese tipo de insinuaciones de viejos asquerosos.

- ¡¿Qué te has creído?! - le grité al inconsciente. Todos se paralizaron al ver volar al infeliz - ¡A mí me respetas! ¡Animal!

- ¿A-animal? ¡tú estás demente! - gritó uno, armándose de valor. Levantó su espada y se abalanzó hacia nosotros. Eso bastó para que Gourry se pusiera serio y desenvainara rápidamente su espada, dejando fuera de combate al gritón mientras yo lo hacía con quien lo secundo. Al mismo tiempo, los dos restantes prefirieron enfrentar a Zera, convencidos de que se encontraba indefensa.

- ¡Te haré picadillo! – repentinamente enojada, Zera sacó también su espada y se abalanzó contra uno de ellos. Genial, la mocosa perdiendo los estribos.

- ¿De verdad crees que puedes? - le preguntó él hombre que la doblaba en tamaño.

No fue necesario comprobarlo. Gourry ya lo había tomado por la espalda de su camisa y lanzado con una violencia inusitada contra un árbol. Sentí el ruido de su cráneo al partirse contra el tronco. Mientras, el último humeaba su desgraciada suerte.

- ¡Yo también puedo! – dijo Zera avergonzada - ¡No soy débil! – me lanzó una mirada fugaz.

- No tenías los pies bien plantados. Él te podría haber derribado solo con empujarte un poco – le corrigió Gourry paternalmente -. Mira, tienes que pararte así, ¿lo ves? - Zera miró hacia otro lado sonrojada – Es mejor que nos dejes esto a nosotros, hasta que estés mejor preparada, ¿vale? - posó su mano en el cabello de la niña a modo de disculpas.

Me reí en silencio porque Gourry ignoró olímpicamente el hecho de que tenía práctica en lo que se refería a usar hechizos contra ese tipo de bandidos. Además, sabía que ese gesto de él le molestaba porque la hacía sentir más pequeña de lo que era.

- Oye - Zera me vio reír, por lo que se quitó de un manotazo la mano de Gourry. Avanzó hacia mí y guardó su espada -. Sé que nos reímos y todo, pero quiero saber: ¿qué quiso decir ese tipo?

- ¿Con qué cosa? - le pregunté sintiéndome nerviosa. No se atrevería, ¿verdad?

- Lo que dijo – respondió sinceramente extrañada. Aún así, sabía que su curiosidad estaba al mismo nivel que sus ganas de devolverme la vergüenza que sintió. Miró a Gourry y lo señaló - ¿acaso él es así de alto porque lo hicieron jugar mucho?

Bueno, al menos la chica aún no se enteraba de nada. Quizá debería explicarle ciertas cosas para que entienda que si un tipo te habla así no es porque quisiera jugar cartas…

- Yo creo que se refería a otra cosa – dijo Gourry llevando su mano al mentón. Carraspeó un poco y continuó -. No es ningún misterio que el cuerpo pequeño de Lina sea proporcional a su pecho – ¡Aaaah! ¡Después de todo, él lo dijo! Zera parpadeó e hizo una mueca confundida -, pero tampoco entiendo la relación de eso con jugar… Lina, ¿crees que si hiciera eso te podrían cre…? - una veloz patada lo dejó sin aire.

- ¡No hables así frente a menores, cerdo! - le dije a Gourry, que intentaba recuperar el aíre. Luego me giré y mi codo chocó con la cabeza de la niña - ¡Y tú! ¡Después te explico!

-o-o-o-

El resto de los días transcurrieron sin sobresaltos. Solo el cielo cambiaba a medida que el otoño avanzaba, cubriéndose de nubes mientras el sol, lentamente, dejaba de calentar nuestro camino.

Intentando ganarme la confianza de la chica, me ofrecí a practicar con ella bajo la supervisión de nuestro espadachín. Me di cuenta que cada estocada que intentaba dar iba cargada de frustración. Recordando su declaración de no ser débil, concluí que la niña en el último tiempo había comenzado a experimentar algún tipo de conflicto interno referente a su capacidad. ¿Acaso aún se sentía mal por lo de Telmord?

No está demás decir que jamás me alcanzó, lo que hizo que creciera su molestia conmigo.

A mí me irritaba que ella siguiera desconfiando. No importaba las veces que intentara conversar, ella seguía firme en ir a Izelsn. Y eso que ya estábamos en mitad del territorio de la Alianza, dos días después de dejar Barkland.

- ¿Por qué tanto interés en ir a Izelsn? - le preguntó Gourry una noche.

Estábamos sentados junto a una fogata. Yo me golpeé la cara resignada a que él aún no se enteraba de nuestra discusión. Pero sin quererlo, Gourry había tomado desprevenida a Zera, pues se estaba quedando dormida sentada. La práctica de esa tarde había sido bastante dura. Perdí la cuenta de las veces que la chica cayó a tierra intentando asestarme un golpe con la rama que usaba por espada.

- Thorok – dijo ella con los ojos somnolientos perdidos en el fuego. Aunque cabeceaba bastante y su cuerpo tambaleaba, su voz se mantenía entera, signo de que seguía luchando por mantenerse despierta.

Era primera vez que decía ese nombre, así que puse atención.

- ¿Es un familiar tuyo? - Gourry realmente sentía curiosidad. Su ética de caballero debía estar dudando si al ir allí dejaría en buenas manos a la niña. No quise intervenir. Si Gourry lograba hacerla hablar, debía aguardar.

- No. Es un amigo de mi maestro, creo – bostezó descaradamente y pude ver que su cuerpo ya no aguantaría más. Me acerqué para sentarme a su lado -. Lo nombró en sus cartas… - cerró los párpados mientras dudaba si seguir sentada o recostarse - Creo… no sé… es un amigo… - intentó de nuevo abrir los ojos mientras bostezaba.

Esperé un poco más para ver si Gourry era capaz de guiar la conversación para que despertara. Sin embargo, él guardó silencio, acto que los párpados de la niña aprovecharon para cerrarse por completo. Zera intentó abrir los ojos una vez más, pero ya no era capaz. Su propio peso hizo que se inclinara hacia mí. Intentó incorporarse dos veces, pero el sueño ya había ganado la batalla.

La alcancé a sujetar antes de que cayera del todo y la recosté con su cabeza en mi regazo. Por una vez pude ver a la niña en vez de la mocosa, lo que me parecía increíble tomando en cuenta que ambas no perdíamos ocasión de molestar a la otra. "Bueno, sigue siendo una niña pequeña", traté de explicarme. Y con ese pensamiento, se me escapó una sonrisa que no pasó desapercibida para Gourry.

- Veo que, después de todo, ella te agrada – comentó sonriente.

- Oye, no soy tan mala como piensas – le dije levantando una ceja amenazadoramente.

- Lo sé. Solo intento decir que te preocupas por ella. Es casi como si fueras…

- ¿Como si fuera qué? - pregunté molesta.

- No lo sé. A veces pienso que intentas actuar como tu hermana actuó contigo. Aunque no sé mucho de ella – agregó pasando una de sus manos por su cabello –, creo que es tu referencia de cómo actuar con una niña a tu cargo… También pienso que aún crees que lograrás algún tipo de recompensa por ayudarla - me dijo en tono desconfiado. ¿No había dicho que no soy tan mala persona? -. Pero al verlas, no puedo evitar pensar cómo serías si en vez de "hermana mayor estricta" actuaras un poco más comprensiva con ella… - dijo con una mirada que me hizo sonrojar – ¿Sabes? - continuó - No sé qué encontraremos allá en Elmekia, pero no me gustaría que piense que se debe a un ejército, o lo que sea donde hubiese estado. Después de todo, es una niña. No me gusta que los niños se vean en este tipo de cosas. Nadie merece ver cómo destruyen lo que te hacía feliz – Hizo un silencio contemplando el fuego y vi un poco de tristeza en sus ojos -. Es muy claro que si ella actúa molesta es porque en realidad tiene miedo a que le vuelva a pasar lo mismo.

Me sorprendió su elocuencia. ¿Estaría hablando por experiencia personal? ¿Por eso hablaba con ella de cosas sin importancia, para que así recordara que es niña antes que una hechicera-soldado de Elmekia? Yo discrepaba un poco con eso. Si decidió involucrarse, debía entender que el mundo no funciona bajo nuestros deseos. Una vez que te haces hechicero, sabes que en cualquier momento puedes ser llamado para defender tu reino o tu Asociación. Zera solo intentaba cumplir con eso.

- Pero – siguió Gourry – si actuaras más amable con ella, lo más seguro es que se asustaría más… Sí señor, cualquier niño te temería.

Que no pudiera levantarme de mi sitio no me impidió lanzar una piedra a esa balde sin cerebro que llevaba por cabeza.

Esa noche no pude dormir. Miraba el techo de la tienda que había levantado para abrigarnos, y sentía la respiración de Zera durmiendo a mi lado. Sabía que Gourry dormía en la suya. "Que suerte tienen algunos", pensé soltando un suspiro. Claro, como Gourry no tenía más preocupación que lo que comería al desayuno a la mañana siguiente, podía dormir plácidamente. El caso de Zera, en cambio, era por el cansancio de la jornada. Su cuerpo, cubierto por su capa, sufría de intermitentes y pequeños espasmos, pero no eran razón para despertarse. La observé mientras dormía y ella frunció levemente el ceño. ¿Qué estaría soñando?

Me incorporé despacio pensando en la posibilidad de salir a buscar algún campamento de bandidos. Esta vez no llevaría a la niña para que pudiera descansar. Además, las palabras de Gourry hacían necesaria una incursión nocturna para ordenarlos. Con esa perspectiva, decidí levantarme sin hacer el menor ruido… y me detuve cuando Zera comenzó a quejarse.

Creyendo que se habría despertado e intentaba una maniobra para acusarme con Gourry, volteé mi cabeza hacia ella para ver que en realidad seguía dormida. Temblaba levemente y su mandíbula se veía tensa, pero no parecía que pudiese despertar, sea lo que sea que estuviese soñando. Eso no me hizo mucha gracia.

- Ugh.

Dudé si salir o quedarme para ver si despertaba. ¡Rayos! Me sentí incómoda porque sabía que si me iba, mi mente se quedaría en la tienda junto a la niña que tenía una pesadilla. Pero mi cuerpo se decidía por la tentadora promesa de un tesoro y acorralar bandidos. No hay nada mejor para el dubitativo corazón de una chica que salir por una pequeña aventura y tesoros. Quizá debería despertarla para que el de ella se calmara, aunque tampoco quería que arruinara mi emboscada. Si pensaba en el reluciente tesoro que podría conseguir esa noche…

"¡Aaaaaaaaagh!".

Pasándome furiosamente las manos por la cabeza, miré nuevamente a la niña. Su mano estaba apretada sosteniendo mi capa. No había alcanzado a amarrarla del todo a mi cuello... Podía soltarla y dejarla allí.

"¿Y si le lanzó el Sleeping…?", pensé aún con la vista en el tesoro. Levanté las manos mientras hacía un ruido ahogado en mi garganta. Solo tenía que recitarlo y podría...

Me despedí mentalmente de mi oportunidad volviendo tristemente a mi sitio junto a ella. Se lo haría pagar. Pero un recuerdo me asaltó. La primera noche que sentí que ella tenía pesadillas, comenzaron nuestras discusiones. Debía estar soñando una y otra vez con Elmekia, y su impotencia la canalizaba en mí. Al mirarla, sentí que en mi interior algo me obligaba a mantenerme cerca de ella, pero quería rechazar esa idea porque estaba queriendo cargar una responsabilidad que no me correspondía. Había accedido a ayudarla porque el asunto me daba curiosidad, nada más. Pero allí estaba ella, indefensa mientras dormía...

"Los adultos tienden a bajar la guardia con los niños…" dijo la fría voz infantil de alguien que creía ya olvidado.

Ese pensamiento hizo que mi cuerpo se volviera rígido. Hellmaster Fibrizzo, uno de los cinco confidentes de Shabranigudú, había adoptado antes la forma de un niño para engañarme. ¿Podía ser esta niña también un mazoku esperando el momento para atacar? Miré de nuevo a Zera con desconfianza mientras sentía que un viejo nudo buscaba situarse en mi pecho. ¿Cómo saberlo? Había perdido la cuenta de los días viajando con la niña. ¿Acaso atacaría mientras estuviera fuera? ¿Entonces lo que sentía era el presentimiento de algo malo avecinarse? Tenía que saber pronto qué era lo que me incomodaba. Y estaba aún la opción de salir a hurtadillas, llevándola conmigo para interrogarla en el bosque. Podría colgarla de los pies a una altura considerable y amenazarla con enterrarle mi espada en el cuello...

Hizo un bostezo que me pareció tierno.

"¿Pero qué estoy pensando?" me pregunté un poco avergonzada. Lo más probable es que si mi hermana me viera así se reiría de mí. O cualquiera que viera a la gran Lina Inverse dudando de acabar con bandidos por una cría como la que estaba allí. Sin embargo, la calidez que sentí de Zera al recostarme nuevamente me hizo sentir segura de mi decisión: era humana. Una niña humana. "Una molesta niña humana" me dije sonriendo, y que necesitaba de nosotros en ese momento.

-o-o-o-

Izelsn. Una ciudad pequeña pero bulliciosa a los pies de una montaña. Tiene su propia Asociación de Hechiceros, pero casi desconocida (por más que Zera intentó contrariarme, la verdad es que no es importante). Llegamos cerca del mediodía, por lo que nos detuvimos en una plaza a pensar nuestro siguiente movimiento.

¿Qué estaba haciendo en Izelsn? Bueno, decidí salir del camino de Barkland hacia Tails, dejando a Gourry y Zera sorprendidos por el brusco cambio de planes. Aunque ellos solo me seguían y no se dieron cuenta de la nueva ruta, Zera me recriminó por perder tiempo cuando Gourry se percató de que no íbamos en la dirección fijada. O más bien, que no estaban los platos de comida que esperaba. No pude contener mi rabia ante su hipocresía y decidí que sería buena idea ejercitar algunas llaves de lucha con ella.

Propuse primero buscar un lugar donde quedarnos, almorzar y luego partir a la Asociación de Hechiceros de Izelsn. Zera, en cambio, quería ir de inmediato. Gourry… bueno, él estaba contemplando el vacío. Lo obligué a participar de nuestra discusión para que me apoyara.

- Bueno… - dijo Gourry sosteniendo su mentón como lo hace cada vez que intenta poner en marcha su cerebro –, yo creo que lo mejor es comer. Después pueden ir a pasear a donde sea que quieren ir.

Zera lo miró sin poder creer. La chica aún no se acostumbraba a que Gourry no era tan avispado como cuando sacaba su espada.

- Maestro Gourry, no vamos a pasear. ¡Es una misión de búsqueda! ¡Tenemos que encontrar a mi maestro!

- Pensé que buscabas a alguien más – respondió despreocupado, pero eso dejó descolocada a la niña.

Nos quedamos en un pequeño hostal de la ciudad, en un sector que podríamos denominar como "medio". Zera casi ni tocó su comida, y yo le echaba el ojo esperando la oportunidad de poder abordar su plato. Para eso tenía que esperar a que Gourry se levantara al baño o algo así, ocasión que finalmente ocurrió.

- ¡Hey! - reclamó la niña cuando vio mi tenedor pinchando los trozos de carne de su plato. Intentó defender su comida, pero yo me levanté y puse una mano sobre su cara, empujándola. Sus brazos intentaban golpear los mios, pero pocas veces logró darme - ¡Eso no es justo!

- ¡En esta vida hay muchas cosas que no lo son! - respondí.

Cuando Gourry volvió, le acarició la cabeza pensando que Zera había terminado de comer, lo que hizo que ella le retirara la mano rayando ya en el enojo. ¡Qué gusto! ¡Había lograba molestar a esa chiquilla!

Gourry decidió quedarse en el hostal porque no le apetecía ir a la Asociación, así que acompañé a la pequeña malcriada. Caminamos por la calle principal en dirección al centro de la ciudad, que a esa hora estaba atestada de gente. Zera iba a mi lado con las manos empuñadas. De vez en cuando lanzaba miradas cargadas de odio hacia mí.

Al divisar el edificio de la Asociación, le hice un gesto con la cabeza para que me siguiera, cosa que hizo insegura al ver la muralla gris que podría haber pasado como parte del templo vecino.

- Este no puede ser: es muy pequeño… - Zera estaba confundida.

- Te dije que no era impresionante. Atlas sí tiene un gremio impresionante, Zephiria también. El de Saillune es aún más importante.

- Pfff, ¿tan temprano hablando tonteras? – picó Zera -. Taforasia reemplazó a Atlas en importancia gracias al Rey Pozel...

- ¿Tan temprano hablando tonteras? – le devolví usando sus palabras. Debo admitir que yo estaba confundida -. Taforasia es un reino muerto.

Nos sostuvimos la mirada por unos segundos.

-En fin, tu cabeza parece que solo vive en los cuentos de hadas. O volando sobre dragones – le tapé la boca al ver que quería replicar –. Ahora, vamos adentro y preguntemos por ese tal Thorok. Quizás él nos pueda explicar qué está pasando.

- ¿Quién te habló de él? - preguntó sorprendida, quitando mi mano para poder hablar.

- Tú – le contesté pegándole en la frente con los dedos, y entré.

Me identifiqué y presenté a Zera como mi aprendiz. Al secretario se le cayó la mandíbula al escuchar eso. Nos dejaron entrar sin mayor entusiasmo, recorriendo parte del vestíbulo en dirección al patio central. Zera se acercó a cada hechicero que vio y preguntó por Thorok y su maestro Elrod, pero ningún hechicero parecía reconocer esos nombres. Mientras, me acerqué a un viejo mago de túnica roja que leía en la sombra de un árbol.

- Disculpe – le hablé suavemente al viejo -, ¿puedo preguntarle algo? - el viejo levantó su mirada.

- Es obvio que ya lo hiciste – espetó con una risita –, pero adelante.

- ¿Es usted Elrod?

- ¿Elrod? No, niña. Mi nombre es Oswald. ¿Buscas a algún amigo?

- No, no importa…. ¿Ese libro lo tomó de alguna biblioteca o es de su propiedad?

- ¿Este? - levantó el libro y pude leer el título "Los cinco subordinados: ¿mito o realidad?" - Es de la biblioteca de la Asociación. Un texto un tanto dudoso – comentó señalando la portada –, pero interesante de analizar si tomamos en cuenta que se escribió en una época en que todo el mundo estaba en guerra – oh, genial, el hombre quería hablar más de lo necesario -. No es muy grande nuestra biblioteca, pero tiene textos interesantes, ¿no te parece?

- Eh… sí, creo que sí. Pero me interesan los textos de historia y algún mapa.

- Claro que los hay. ¿Qué clase de biblioteca sería si no los tuviera? - volvió a emitir su risilla.

- Sí, sí, tiene razón – suspiré y volví a hablar antes que él –. Cambiando de tema, ¿han recibido alguna noticia de Elmekia? ¿Algún ataque o algo extraño? - el viejo se tomó unos segundos.

- Mmmm… nada extraño, que yo sepa – respondió rascándose la cabeza –. Quizás te refieres a la montaña que explotó arrojando lava. Nadie sabía de un volcán allí… Se dice que Lina Inverse la hizo estallar de pura diversión…

- ¡Yo no he hecho tal cosa! - rugí.

- ¿Eh?

Me giré y caminé, dejando al viejo Oswald anonadado. Llegué a Zera (que seguía insistiendo en su pregunta con dos hechiceras), la tomé del cuello de su capa y la arrastré conmigo para buscar la biblioteca.

A pesar de no ser tan impresionante como la de Atlas, Zephiria o Saillune, no dejaba de ser útil. Pude consultar varios libros de historia y mapas buscando el dichosa pueblo de Zoë, hogar de Zera y que según ella estaba a los pies de las montañas de Zephiria, casi en el límite con Elmekia. Después de un rato, Zera volvió desganada, dejándose caer en una silla delante de la mesa en la que yo estaba escudriñando los libros. Levanté la vista inquisitivamente, y ella negó con la cabeza. Con un suspiró, cerré el libro que había estado revisando.

- Tampoco he encontrado algo útil – le informé -. He revisado mapas y libros, pero nada marca el pueblo que me diste. Ni el nombre de tu maestro, ni de Thorok. Si tiene un color, debería ser nombrado, pero no - Como no respondió, tomé el siguiente libro y seguí buscando.

Zera soltó un resoplido molesta. Tomó un libro al azar y comenzó a hojearlo sin ánimo.

- ¿Cómo sabes de Thorok?

- Ya te dije: tú me diste ese nombre. Quizás no te acuerdas porque te estabas quedando dormida.

- Ya veo… ¿Eso significa que por él vinimos a Izelsn?

- Eso dímelo tú.

Se quedó en silencio. Levanté la vista de mi libro.

- ¿Confiarás en mí ahora? - me miró inquieta - ¿Qué es lo que te molesta?

- Yo… he estado soñando con ese día – dijo volviendo a mirar el libro que sostenía -. Allí se aparece el señor Thorok diciendo que debía venir aquí.

- ¿Por un sueño insististe tanto en venir? - me quejé sintiendo la sangre hervir. ¡Maldición! ¡Dinero echado al tarro de la basura en un viaje absurdo!

- Estoy segura que no lo era. Parecía más algo que sucedió realmente. Pero eso no es posible, ¿verdad? - insistió en hojear su libro nerviosa, hasta que se detuvo en una página con un gesto de extrañeza. De repente se rió y alzó la vista hacia mí -. Este libro debe ser viejo: le falta el último rey de Zephiria.

Alcé una ceja mientras tronaba los nudillos.

- La Reina Eterna sí está nombrada - le dije con gesto burlesco y lista para castigarla.

- Quiero decir, sí. Pero aparece como la última. Falta el rey Thomas y su hija, futura heredera al trono: la princesa Aqua la Celeste. Créeme: Draco hizo lo posible para que memorizara esos nombres – un escalofrío recorrió su cuerpo.

- ¿Thomas? ¿Aqua la Celeste?

- ¿Y dices ser Lina Inverse de Zephiria? - dijo con un tono de victoria – Lo sabía. ¡Solo eres una mala copia! – canturreó y me mostró la lengua - Es imposible que fueras Lina Inverse. Ella murió antes de que el rey Thomas subiera al trono.

¿Ahora resulta que estoy muerta? Sentía más curiosidad que antes. Incluso bajé las manos nuevamente a la mesa.

- A ver, y según tú, ¿cómo murió Lina Inverse?

- Enfrentando a un mazoku – dijo seria -. Lo venció y salvó al reino de Saillune - Sentí un escalofrío -. Aparece en las "Crónicas de la Reina Justa: Una historia de Saillune y el Continente liberado de la Barrera Mazoku".

- Y pensar que casi me lo creo – suspiré golpeándome la cara con la palma de mi mano.

- Es el libro de historia más usado cuando se trata de investigar a Lina Inverse – respondió dándose importancia. Me mostró la primera página del libro y la fecha de publicación que era de hace unos seis años – pero creo que es posterior a este libro. Yo diría que la Reina Justa lo escribió unos... veinte, quizá treinta años después de que se publicó este – me miró divertida al ver mi expresión confusa -. Realmente eres una pésima impostora de Lina Inverse.

- Muy bien… dime… ¿qué cosas escribió la "Reina Justa" sobre Lina Inverse?

- Oh, muchas cosas – dijo entusiasmada Zera -. Es mi libro de Historia favorito. Recuerdo que escribió sobre sus viajes con la hechicera Lina Inverse, y relata la destrucción de Sairaag; también la destrucción del Reino de Zoana y la persecución de la princesa Martina intentando vengarse de Lina; ¡el dragón demonio Valgaarv y cómo casi destruye el mundo…! - comenzaba a lamentar haber dado cuerda a esa niña - El ataque de la bestia mágica Zanaffer en Saillune, la vez que se enfrentaron a Hellmaster Fibrizzo en la resucitada Sairaag y al fantasma de Shabranigudú en el Reino de Taforasia, usando un hechizo que solo Lina Inverse pudo controlar: el Giga Slave – lo dijo todo en un murmullo que no pudo ocultar su admiración -. Según la Reina Justa, ese hechizo invoca el poder de un ser superior incluso a Ruby Eye y que se creía era un mito: el poder de Lord of Nightmare. El mar del caos... Fue por esas historias que quise convertirme en hechicera.

Tragué saliva. Era verdad que había vencido a quienes Zera nombró, pero no como ella lo contaba. Además, ¿quién demonios es Valgaarv? ¿Zanaffer en Saillune? ¿Cuándo diablos destruí Zoana? ¿Taforasia? ¿Y qué era eso del "fantasma" de Shabranigudú? La última vez que enfrenté al Rey Demonio no había sido ningún fantasma. Se llevó a un buen amigo como para pensar que no fue real.

Ella me miró extrañada, luego rió.

- Te descubrí, te descubrí – volvió a canturrear con una sonrisa de suficiencia -. Vamos, no es necesario que sigas fingiendo conmigo. No le diré a nadie que no eres Lina…

Tomé uno de los mapas y se lo enseñé.

- Dime, ¿dónde deberían estar Taforasia y Zoë?

- ¿Eh?

- ¡¿Dónde debería estar Taforasia y Zöe?!

- Aquí – indicó con un su dedo apuntando una zona intermedia entre lo que fue antes el Reino de Ruvinagard (hoy República y parte de la Alianza de Estados Costeros) y Saillune –, o eso supongo. Y Zoë está a los pies de esas montañas: somos un paso hacia Elmekia.

- No he pasado por allí – comenté. Ella rodó los ojos -. ¿Sabes cuántos años tiene tu pueblo? - se cruzó de brazos intentando pensar.

- No lo sé – respondió -, pero Draco una vez dijo que se fundó para conmemorar algo. Ni idea de qué.

- ¿Alguna guerra?

- No lo sé, normalmente no presto atención a esas cosas – se disculpó -. Draco es el experto. Si lo encontráramos, él podría contarte más.

- ¿Por qué crees que nadie reconoce el nombre de Elrod o Thorok si dijiste que habían estado aquí?

- No-lo-sé – se pasó las manos por la cara, tirando un poco de sus mejillas -, supongo que el maestro Elrod no dijo todo en sus cartas – hizo un gesto con sus manos para hacer una pausa –. Bueno… - se pasó una mano por la nuca –, nadie aquí había escuchado ese nombre. Eso es raro, ¿no? Digo, todos saben quién es él. Elrod el Rojo ayudó en la conformación del Consejo de los Justos con el antiguo rey de Saillune… Draco siempre decía eso.

- Una última cosa, ¿quién es el actual rey de Saillune?

- Reina, querrás decir – corrigió -. Es la Reina Ameria Will Tesla Saillune, la Reina Justa. ¿Es que acaso no me estabas escuchando?