Capítulo 2.5: La aventura de Zera
Era una fría mañana cuando tres figuras entraron por la calle principal a la ciudad de Telmord. La figura más alta correspondía a un joven pasado los veinte años, larga cabellera rubia, armadura y espada en su espalda. Una joven castaña, hombreras y capa negra caminaba a su lado bostezando de forma descarada, y tras ellos, una niña de cabello oscuro, con su brazo derecho en cabestrillo y capa raída les seguía el paso con ojos somnolientos. Las personas que preparaban sus tiendas para comenzar el tradicional ajetreo del mercado local los miraron curiosos. Algunos ya estaban completamente instalados ofreciendo fruta, pan de centeno y el pescado que había llegado del día anterior a los pocos transeúntes que iban por algo para el desayuno.
Zera siguió el paso tras Lina y Gourry mirando con ansiedad las rojas manzanas de un puesto y el estómago le rugió en protesta al sentir el olor del pan recién hecho invadiendo sus pulmones. No pudo resistir acercarse al puesto de una mujer que cubría el pan con unos trapos para evitar que moscas o manos intrusas lo tocasen. La mirada ávida de la niña le causó gracia a la mujer.
- Recién los traje de mi horno. Están tibios – le dijo la señora.
Zera compró cinco con las monedas que había obtenido de la noche anterior. Obligada a pagar su deuda con quien aún no creía se tratara de la verdadera Lina Inverse, la había acompañado durante todas las noches de la última semana a asaltar bandidos, logrando un botín que dejó más que satisfecha a la fácilmente iracunda hechicera. También, comenzaba a pensar que la cacería nocturna de bandidos era un buen entrenamiento y una buena actividad a la que podría dedicarse, y que la hechicera tenía razón al decir que ayudaba a la economía local al gastar lo recaudado en los pueblo cercanos. Pero debía ser más rápida si no quería que Lina se quedara con todo el tesoro. O con pocas horas de sueño. Lina había perdido el control durante la última emboscada a los bandidos, lo que las obligó a contener el fuego de las Fire Balls antes de poder partir al campamento donde habían dejado a Gourry durmiendo.
Volvió sobre sus pasos siguiendo la pequeña figura de la hechicera que iba muy por delante en la calle. De vez en cuando le echaba una mirada para evitar perderla, aunque parecía estar más interesada en los puestos, hasta llegar a una esquina, donde se encontraba una tienda levantada con madera que le llamó la atención. Allí, y junto a un gran fogón, había un hombre de mediana edad golpeando un trozo de acero, lo más probable la hoja de una futura espada. Zera lo contempló unos segundos y decidió entrar.
- ¿Qué quieres? - espetó el hombre deteniendo su labor.
- ¡Hola! ¿usted hace espadas?
El hombre alzó las cejas, miró a su alrededor y lanzó una sonora carcajada.
- ¿Hay algo aquí que te haga pensar lo contrario?
Zera sintió como se ruborizaba. Miró de soslayo y vio un barril con algunas espadas largas mientras se reprochaba la pregunta que había hecho.
- Eh… es que busco una para mí.
Sacó de su cinto la daga que Lina le había prestado para sus atracos nocturnos y se la mostró. Quería decirle que no se sentía cómoda usando la daga, pero las palabras parecían estar más avergonzadas que ella y no quisieron salir. Esperó a que el hombre dejara de mirarla de arriba abajo como evaluando si se trataba de una broma o no. Tragó saliva sin moverse de su sitio e intentó sostenerle la mirada (con su cara cada vez más roja).
El hombre lanzó un bufido.
- Mira, las espadas no son juguetes, y menos para una niña – le dijo apuntando a la daga -, ¿por qué no vas a buscar una muñeca mejor?
A Zera le extrañaba no estar sacando humo por la nariz.
- No soy ninguna niña. Soy una hechicera… Aprendiz de hechicera – se corrigió al sentir un coscorrón mental.
- ¿Y eso qué?
- Que necesito una espada. Una espada corta. Para mí.
- Ya tienes una daga – señaló frunciendo el cejo –. Primero aprende a usar eso. Y si tanto deseas una espada, ¿por qué no se lo dices a tu maestro? Vuelve con él y cuando tengas el dinero para una. No creo que sea buena idea venderle a una niña sin supervisión. Aunque quizás tengas razón en querer cambiar esa daga: solo te servirá para cortar pan - Zera miró su daga –. Ahora, largo.
Zera apretó los labios y salió con una idea nada agradable del hombre. Pero debía reconocer que llevaba razón en que nadie le vendería una espada sin alguien que se hiciera responsable. De donde venía, los aprendices llevaban espadas cortas siempre que el maestro lo autorizara, en caso contrario, significaba que aún no tenía la confianza de su maestro. Miró nuevamente su daga. ¿Eso significaba que Lina confiaba muy poco en ella? Bueno, tampoco era de extrañar. La poca confianza era recíproca, pero al menos le permitía seguirla en los atracos y le había cedido la daga, aunque de mala gana. ¿Lina la acompañaría? ¿O era mejor pedirle a Gourry que hablara con el hombre y escogiera la espada para ella? Volvió a la calle aún pensando en lo que les diría, cuando por fin cayó en la cuenta de que no la habían seguido. Estaba sola.
Sintió como el estómago le dio una sacudida.
Giró varias veces intentando verlos entre los puestos, pero no lograba identificarlos. ¿Qué debía hacer? Lo más probable es que fueran a alguna posada cercana, ¿pero dónde podría haber alguna? No conocía la ciudad y tampoco sabía qué debía hacer. Los adultos que caminaban allí y la miraban curiosos de pronto le parecieron seres hostiles.
"Camina y no muestres miedo… ¡Camina y no muestres miedo!" se repetía cual mantra, pero no estaba funcionando. Sentía las piernas rígidas mientras avanzaba por la calle hacia el centro de la ciudadela. Su garganta estaba apretada y aunque lo deseara, creía que no podría pasar ni una gota de agua por ella. Seguía mirando hacia los lados mientras esperaba ver a Lina o Gourry por allí. De pronto, una mano le tocó el hombro por detrás haciendo que diera un salto. Se giró con la esperanza de ver a sus compañeros de viaje, pero se trataba de una mujer.
- ¿Estás perdida? - le preguntó amablemente. Zera asintió - ¿Dónde vives?
- Soy de Zephiria… digo, de Elmekia. A veces me confundo – le contestó recordando su pueblo en la frontera, imagen que cambió por la Asociación destruida por los mazoku.
- Pero eso es muy lejos - la mujer se sorprendió -. Dime, ¿viajas con alguien? ¿Tu papá? ¿Algún hermano mayor?
- Eh… no. Viajo con un espadachín y una bru..., digo, con una hechicera.
- ¡Ah! Creo que los vi pasar – dijo alegremente –. Te llevaré con ellos.
Zera sintió tal alivio que no dudó en darle su mano buena para que la guiara por las calles. Pensaba que había tenido mucha suerte de toparse con ella, pero el alivio fue mutando nuevamente en miedo al imaginar cómo reaccionaría Lina si la viera llegar tomada de la mano, cual niña pequeña, y con una extraña por haberse perdido fácilmente en aquella ciudad.
"¿Te perdiste, niñita?" se burló la voz de Lina en su mente. Con eso, dio un suave tirón para soltarse, pero la mano de la mujer no la dejó. Entonces, otra vez la voz de Lina se dejó escuchar en su mente. Pero esta vez, fue una advertencia.
- Eh… disculpe – le habló Zera a la mujer –, creo que no le dije cómo eran – la mujer le dio una mirada fugaz e hizo un gesto con la mano como restándole importancia –. Verá, el espa…
No alcanzó a terminar porque un chico había aparecido desde otra calle y chocó violentamente con ella.
- ¡Au! - exclamó al caer sentada al suelo.
- ¡Lo siento! - dijo el chico, también cayendo. Se levantó rápidamente y le ofreció la mano para ayudarla.
- ¡Tú! - exclamó de pronto la mujer señalándolo.
- ¡Vámonos de aquí! - dijo el chico sin soltar la mano de Zera, tirando de ella y comenzando a correr.
- ¡Vuelvan aquí! ¡Par de rufianes! - gritó la mujer - ¡Deténganlos! ¡Son ladrones!
- ¡¿Ladrones?! - Zera, confundida, quiso detenerse, pero el chico tiraba de ella con fuerza mientras corría.
- ¡Vieja loca! ¡Secuestra niños! - le gritó el chico al viento.
Corrió por varias calles intentando burlar a quienes quisieron detenerlos, hasta meterse en un callejón. Allí se escondieron tras unas cajas para tomar un poco de aliento.
- No entiendo. ¿Quién era esa mujer? ¡Me iba a ayudar! ¿Eres un ladrón? - lanzó Zera, por fin soltándose.
- No lo sé – dijo con lo que él suponía un aire misterioso –, prefiero el término de "hombre de aventuras".
Zera alzó una ceja. El chico debía ser de la misma de edad que ella, y aún así pensaba que sería un buen candidato a hacerlo volar. "Eso es lo que haría Lina", pensó.
- Eso estuvo cerca, ¿sabes? - le dijo el chico – Esa señora no es de confiar. La he visto llevarse niños perdidos.
- ¿Cómo sé que es cierto? - le preguntó Zera cruzándose de brazos.
- Se llevó a mi compañero – le respondió serio –. Le tendió una trampa.
- ¿Qué clase de trampa?
- Intentamos quitarle su monedero, pero ella le dijo que lo había reconocido por un cartel de "se busca"… ¡Y nosotros jamás hemos aparecido en carteles de ese tipo! - dijo indignado.
"No me parece que sea muy listo".
- En fin… estoy seguro que jamás lo entregó a las autoridades, o ya estaría conmigo de nuevo. Los soldados, si te pillan, solo te dan una paliza y te arrojan de nuevo a la calle, como si fuéramos perros - dijo con una pizca de odio en la voz. Escupió al suelo -. Bueno, trata de no cruzarte con ella. Vete a casa, o a donde sea que duermas. Yo debo irme...
- ¡Espera! ¡Mi dinero! - lo detuvo Zera adivinando la intención de irse tan rápido. Tuvieron un pequeño forcejeo en el que él salió ganando.
- Es mi paga por salvarte – rió corriendo por el callejón de vuelta a la calle.
Zera se golpeó la cara con su mano buena, indignada. Si no hubiese sido tan lenta en reaccionar, podría haber recitado un hechizo para detenerlo. Sin embargo, aceptó su derrota y consideró que estaría mejor preparada si volvían a cruzarse. El problema era que primero debía encontrar a Lina.
Preguntó por un par de posadas y llegó a ellas luego de dar muchas vueltas. En la primera no tuvo suerte, y en la segunda le dijeron que los habían visto pasar, pero que no se quedaron mucho tiempo. El estómago se le encogió al recibir la información y comenzó a sentir pánico ante la idea de que Lina decidiera seguir viaje sin buscarla, o al menos, esperarla.
Recorrió nuevamente las calles, perdiéndose cada vez más y con el pánico a punto de hacerla llorar. El mediodía dio pasó lentamente a la tarde. Se le había pasado la hora del almuerzo y no estaba segura si podría localizar algún soldado con el cual hablar para que la ayudara. Y con eso en su mente, sin quererlo, volvió al callejón donde el chico le había quitado su dinero. Al reconocerlo, no pudo aguantar más y comenzó a sollozar, avergonzada de seguir perdida.
- ¿Estás aquí? – preguntó una voz detrás suyo. Volteó, limpiándose la cara, y el chico la empujó detrás de las cajas - ¡No debiste! ¡Ella anda cerca! - le reprochó en un susurro.
- ¿Quién? ¿Lina?
- ¿Lina…? - preguntó sin entender - ¡No, idiota!
- ¿Enton…? - Le tapó la boca.
Zera vio que estaba asustado. Respiraba entrecortado y desde su escondite miraba a la entrada del callejón.
- Ya sé que estás aquí - Era la mujer de antes.
Zera se contagió del miedo y quitó la mano del chico para murmurar el primer hechizo que se le vino a la mente: el Lighting. Pensaba cegar a la mujer para poder escapar de allí, pero al salir del escondite para lanzárselo, no contó con que ella haría lo mismo.
- ¡AAAH! - se quejaron los dos niños al recibir de lleno la luz en sus ojos.
- Sleeping – fue lo último que escuchó.
-o-o-o-
Despertó dentro de lo que parecía una gran caja de madera.
A su lado estaba el chico, amordazado y con las manos atadas a la espalda, igual que ella. Le dirigió una mirada asustada y Zera comprendió lo que había sucedido: los habían capturado.
La pared del costado derecho se abrió entrando la luz de un par de antorchas y dos siluetas de torsos adultos aparecieron con ellas.
- Bájenlos – dijo una voz femenina.
Una de las figuras subió, tomó a Zera y se la echó al hombro como si fuera un saco de papas. El otro chico fue arrastrado mientras intentaba resistirse. Zera también pataleó queriendo soltarse, a lo que el sujeto respondió dejándola caer contra el suelo de tierra.
El costalazo la dejó sin aire por un momento y temiendo que su brazo empeorara. Le pareció escuchar una risa y otro que apuraba al sujeto. Volteó para poder mirar al hombre que la había soltado y pudo apreciar como hacía lo mismo con el chico-ladrón, para luego bajar de una carreta cerrada a lo que parecía un patio de un pequeño fuerte. Además de él, había un hombre sosteniendo una antorcha y frente a él, la mujer que los había atrapado sosteniendo otra. Estaba comenzando a caer la noche, por lo que la luz del fuego daba un aspecto horrible a la fría sonrisa que sostenía al ver a los chicos. Zera intentó devolverle una mirada de odio cuando ella le observó.
- Llévenlos.
El hombre junto a ella se acercó a Zera tomándola del cuello de su camisa y la arrastró junto al chico hacia el interior del edificio. Los llevó por un largo pasillo que descendía cada vez más, con lo que el frío del suelo y las paredes se volvía un poco más húmedo con cada paso.
- Muy bien, ¡adentro! - dijo al detenerse frente a una pesada puerta de madera.
Ambos chicos fueron empujados dentro de la mazmorra de piedra. Allí habían otros niños que se agolparon a la pared contraria al ver la puerta abrirse. El chico-ladrón intentó levantarse para cargar contra el hombre, pero él cerró la puerta de un golpe, por lo que solo consiguió chocar contra la dura madera.
- ¡Maldición! - exclamó cuando uno de los niños le sacó la mordaza de la boca.
Otro de los niños, el que parecía mayor, se acercó a ella para quitarle también la mordaza. Zera gesticuló para relajar su mandíbula mientras el chico le quitaba la amarra de las manos. Con su mano izquierda intentó sujetar su dolorido brazo derecho, y echó un vistazo a los chicos, contando a seis allí.
- Soy Tom – le dijo el chico que le quitó las amarras.
- Zera – le contestó con un gesto de la cabeza para saludar –, y este chico es un ladrón.
- Rick – contestó con un gesto de la cabeza más altanero que el de ella. Habían dos niños intentando quitarle las amarras de las manos –, y prefiero el término de "hombre de aventuras".
- Muy bien, "hombre de aventuras" – dijo Tom acercándose para terminar de desatar –. Bienvenido al negocio.
- ¿De qué hablas? - preguntó Zera. Se revisó el cinto y se percató que no estaba su daga.
- Verás – dijo con un gesto que abarcó la habitación –, están en el antiguo fuerte de Potros, junto a Telmord. Aquí nos traen para ser vendidos. Somos lo que queda del legado oscuro de Halcyform el Blanco.
- ¿Halcyform? - preguntó Zera.
- Eso fue bastante directo - dijo Rick sin tomar en cuenta a Zera - ¿Para qué? - Tom miró hacia otro lado.
Zera los miró esperando una respuesta, pero como parecía que no se la darían, golpeó el brazo de Rick.
- ¡Ay! ¿Qué te pasa?
- ¿Quién es Halcyform el Blanco?
- Fue un hechicero, el presidente de la Asociación de Atlas hace unos años. Antiguo dueño de este lugar… Murió en medio de una refriega con un adversario. Una verdadera carnicería - Respondió Tom -. Pero lo que es peor, se dice que lo mataron porque descubrieron que investigaba algo terrible.
- ¿Y qué tiene que ver eso con nosotros? - preguntó Rick.
- Ese es el punto – dijo Tom con un escalofrío –; creo que esos tipos nos venden a hechiceros que quieren seguir su investigación.
Zera sintió miedo, pero también sentía que algo no cuadraba.
- ¿Cómo sabes eso?
Tom volvió a mirar hacia otro lado.
-o-o-o-
- Tenemos que escapar – le dijo Zera a Rick en el oído.
- Oye, estás muy cerca – respondió levemente ruborizado.
Calculaba que debían llevar un par de horas allí dentro. Estaban sentados con la espalda apoyada contra la fría piedra. Zera miraba a Tom aún sin saber por qué desconfiaba del chico, siendo que se mostraba bastante amable con el resto de los niños. ¿Sería por su edad? Se notaba que entre todos, él debía ser el mayor y por al menos tres años.
- Tengo un plan – dijo Zera –. Haré explotar esa puerta.
Rick volteó su rostro a ella con desconcierto.
- ¿Qué?
- Eso. La haré volar. Usaré una Fire Ball – respondió estirando la mano izquierda en dirección a la puerta, como imaginando el momento en que la lanzaría.
- ¿Eres una hechicera?
- ¡Claro!
- ¡¿Y por qué no hiciste algo cuando nos atraparon?!
- ¡No me dio tiempo! - se defendió Zera sosteniendo nuevamente su brazo derecho.
Rick se rascó la cabeza pensando. Sacó la lengua en desaprobación.
- No creo que funcione.
- ¿Por qué?
- Eso los alertará. Tenemos que ser rápidos y sin hacer mucho ruido.
- Puedo lanzar otra Fire Ball para huir. O Flare Arrows… ¿Un Diem Wind? - sugirió ante la constante negativa de Rick.
- No me convences. Creo que solo mientes para darte importancia.
- ¿Lo dice el "hombre de aventuras"?
Ambos giraron la cabeza en sentido contrario al otro.
- ¿Qué tanto hablan ustedes? - Tom se acercó a ellos con una sonrisa - No creo que sea bueno que se mantengan alejados del resto. Todos necesitan apoyo el primer día aquí… - Se sentó al lado de Zera. Los miró esperando respuesta, y al ver que los chicos no se la darían, continuó: - Si se portan bien, pueden terminar en buenos lugares.
- Un momento – dijo Rick -. Creí que seríamos vendidos a hechiceros locos o algo así.
- Oh, eso también es posible – respondió Tom –. Todo depende de cómo se comporten aquí dentro.
Zera lo miró unos segundos, y luego preguntó:
- ¿Cuánto tiempo llevas aquí?
Tom rió. Rick intercambió una mirada incrédula con Zera.
- No lo sé. Creo que llevo casi un año aquí – contó con sus dedos -. Supongo que no me tienen comprador - rió de forma vacía.
Rick le hizo un gesto negativo casi imperceptible a Zera. Y ella supo que él tampoco confiaba en Tom. Le empezaba a molestar la forma liviana que usaba para hablar de la situación.
- Bueno, los dejaré – se levantó y fue hacia el rincón junto a la puerta donde uno de los niños había comenzado a golpear pidiendo que lo sacaran.
- No me gusta él – dijo Rick -. Si no estuviera tan asustado, diría que él aquí es el que mantiene a los niños controlados.
- ¿A qué te refieres?
- Fíjate – Rick apuntó a Tom que había tomado en brazos al niño y lo intentaba calmar -. Él mejor que nadie debería estar pensando en una forma de salir. Y no lo hace. Solo mantiene la calma. No me extrañaría que él empujara al resto y se quede aquí tratando de salvar su trasero lo más posible. Quizás sea hasta cercano a esos tipos.
- Pero si fuera el hijo de esa mujer, ¿por qué dejaría que se quedara aquí?
- No creo que sea hijo. Debe tener algún trato. Lo he visto: algunos bandidos de los alrededores hacen tratos con los niños de la calle para que les envíen a los turistas para asaltarlos. Los niños a cambio reciben algún dinero o algo que quieran.
- No creo que sean lo mismo.
- Sí lo es – insistió Rick -. Cuando te niegas al trato, te hacen desaparecer.
- Hay algo que no entiendo – le dijo Zera -. Si secuestran niños de Telmord, ¿por qué nadie ha hecho algo? No vi la ciudad en alerta cuando llegué.
- No creo que esos tipos estén solamente en Telmord. Deben rondar por aldeas cercanas, cuidándose de llegar a las ciudades grandes y cuidándose que los vean demasiado dando vueltas. Pueden pasar por simples viajeros. Esa señora puede tener una identidad secreta o usar un disfraz.
- Entonces, ¿crees que sean más tipos? ¿o nos dejaran en algún momento solos aquí mientras van a buscar?
- No lo sé.
Se quedaron un rato en silencio observando a los niños acomodarse cerca de Tom para dormir. A Zera se le encogió el estómago al verlo. ¿Sería un enemigo o un niño resignado el que estaba allí con ellos?
- Cómo sea – dijo de pronto Rick -, creo que tienes razón. Tenemos que salir de aquí – Zera sonrió -. Entonces, ¿harás estallar la puerta?
- ¡Sí! ¡Muy bien! - dijo en voz alta y todos los niños se voltearon a mirarla - ¡Voy a hacer estallar la puerta! - levantó los brazos lista para recitar su hechizo. Hizo una mueca al sentir una punzada en el derecho.
- ¿Estallar la puerta? - preguntó preocupado Tom levantándose un poco.
- ¡Sí! ¡Lanzaré una Fire Ball! ¡Salgan de allí!
- ¡¿Estás loca?! - gritó Tom - ¡Nos achicharraras!
- ¿Qué?
- Si la Fire Ball golpea la puerta, ¿qué te hace suponer que la explosión no envolverá por completo este lugar y nos quemará?
Comenzó una discusión buscando formas de salir de allí. Con cada hechizo que Zera sugería, venían las preguntas de Tom y Rick para saber qué hacía, y luego se descartaba. Los niños se mantenían expectantes, incluso se estaban sentando esperando el momento de salir. Observaban la discusión como si se estuvieran lanzando una pelota entre ellos, una vez miraban a Zera, otra a Tom, otra a Rick.
Zera se golpeó la cara con su mano izquierda y se preguntó: ¿qué haría Lina en esa situación…?
- Les haremos creer que huimos.
Todos miraron a Zera.
- Reventaré la pared y comenzaré a hacer un túnel. Ustedes quédense cerca de la puerta. Como me verán ocupando magia, se olvidarán de ustedes, por lo que podrán salir.
Nadie dijo nada, así que se levantó y comenzó a recitar el Dam Brass. Lo soltó en la pared contraria a la puerta y repitió la acción. El primero resultó, pero el segundo no hizo el túnel que esperaba. Lo intentó una tercera vez y se llevó una sorpresa: solo había hecho otro hoyo que amenazó con derrumbar el techo. ¡Había olvidado que para eso requería del Bephis Bring! Pero no tenía tiempo para corregir su error, porque la puerta se abrió de golpe.
- ¿Una hechicera? - dijo el hombre. Zera y él se miraron por unos segundos sin moverse - ¡Están… están huyendo!
- ¡Wind Brid! - gritó Zera, lanzándolo contra la pared del pasillo. Todos se quedaron quietos - ¿Qué esperan?
Los niños corrieron a la puerta. Zera también corrió preparada y esta vez lanzó el Flare Arrow sobre el hombre. Con un gritó intentó apagar el fuego que ya lo envolvía.
- ¡Corre! - le gritó Zera a uno de los niños que estaba retrasado. Recitó un nuevo hechizo, esta vez un Freeze Arrow para lanzar si es que aparecía alguien más por el pasillo ascendente en dirección a la salida. Pero no apareció persona alguna, así que perdió su hechizo.
Ya fuera, alcanzó a los niños que se habían detenido en el patio del fuerte.
- ¿Por qué no siguen corriendo? - preguntó. Rick le señaló la entrada. La mujer y el otro hombre estaban allí. Volvió a recitar y exclamó:- ¡Freeze Arrow!
- ¡Flare Arrow! - exclamó la mujer. Ambos hechizos se cancelaron al chocar.
- ¡Oye! - se quejó.
La mujer rió junto con el hombre.
- No esperaba haber capturado a una pequeña hechicera. Pensé que solo eras una acompañante de ese par de payasos que se paseaba en Telmord.
- ¡No le digas payaso al señor Gourry! - le gritó Zera apuntándole con el dedo - De Lina… bueno… quizás tampoco deberías. Si te oye, te hará saltar por los aires – dijo un poco insegura.
Silencio.
"Y ahora, ¿qué hago?" se preguntó mirando a la mujer. Ninguna de las dos se movía esperando el ataque de la otra, haciendo que se pusiera más tensa. Si no actuaba luego, ella tomaría la ventaja.
Se le ocurrió una idea.
- Esta bien, me rindo – le dijo con el mejor tono de resignación que pudo hacer -. No tengo idea de cómo salir de aquí.
- ¡¿Qué?! - exclamaron todos los niños a la vez.
La mujer sonrió y envió al hombre para amarrarla. Mientras se acercaba, Zera notó como la ansiedad subía de golpe por su cuerpo mientras murmuraba apenas moviendo los labios y esperando no ser descubierta en su treta. Para terminar de convencer a la pareja, levantó sus manos temblorosas con gesto resignado. El hombre al notarlo, bajó la guardia y se acercó con una sonrisa convencido de que estaba aterrada, mientras ella hacía lo posible por mantenerse concentrada.
- ¡Wind Brid! - exclamó cuando lo tuvo lo suficientemente cerca.
Para su propia sorpresa, había resultado. Quizás la mujer, después de todo, no era hechicera o simplemente no esperaba que usara el Wind Brid, pues no alcanzó a reaccionar cuando vio que el hombre fue empujado hacia ella.
- ¡Ahora! - indicó Zera y todos corrieron. Volvió a lanzar el Wind Brid para evitar que se pusieran de pie mientras pasaban por el pórtico - ¡No se separen!
- ¡Síganme! - gritó Rick - ¡Todos corran derecho!
Zera corrió tras ellos y pudo ver que el fuerte estaba ubicado a mitad de uno de los cerros cercanos a los campos que rodeaban Telmord, pudiendo divisar algunas luces a lo lejos y el bosque del otro lado de la ciudad. Eso la tranquilizó un poco mientras veía las siluetas recortadas de los niños entre los matorrales y arbustos tratando de bajar en busca de un camino.
De pronto, pisó mal y cayó al suelo de rodillas, sintiendo las piedrecillas incrustarse en ellas. Sin embargo, y con un gran esfuerzo, ahogó el grito que amenazó con salir de su garganta mientras una sensación como de agujas recorrió sus piernas. Fueron preciosos segundos que perdió tratando de controlar el dolor, porque al querer levantarse sintió que la tomaban del pelo y le tiraban la cabeza hacia atrás, quedando en el mismo lugar. El botón de su camisa hizo presión contra su cuello.
- ¡Suéltame! - las piedras en sus rodillas le estaban sacando lágrimas de los ojos.
- Contigo recuperaré algo de lo perdido – dijo la voz de la mujer en su oído. Notó la respiración entrecortada de ella -. Ve por el resto - ordenó a alguien -. Yo me llevo a esta.
Zera escuchó pasar al hombre por su lado en dirección a los niños prófugos y se obligó a reaccionar. Mirando al cielo estrellado, comenzó a recitar un hechizo, pero la mujer la golpeó con la mano empuñada en la boca. El labio inferior se le enterró en los dientes y pudo notar un poco de sangre bajar a su encía.
- ¡No caeré dos veces! - dijo golpeándola con cada palabra. Le dio en la nariz dos veces, una en el ojo derecho y otra nuevamente en la boca. Aún así intentó terminar su hechizo y levantó su mano hacia donde creía estaba su cara.
- Flare... Arrow – dijo. Apenas salió humo de la palma de su mano.
- Parece que trunqué tu hechizo – se burló la mujer con otro golpe, esta vez haciendo sangrar su nariz.
La mujer le tiró obligando a levantarse y la tironeó de vuelta al fuerte. Soltó por fin su cabeza, y Zera la llevó hacia adelante para respirar. Se desabrochó el primer botón de la camisa mientras juraba mentalmente que jamás volvería a abotonársela completa. La sangre le manchó el cuello de la camisa y dejó marcas de gotas sobre su pecho. Se apretó la nariz con fuerza para detener la sangre, escurriendo un poco por sus dedos.
Una explosión que vino de más abajo las distrajo. Ambas giraron la cabeza en dirección a la base del cerro, contemplando apenas el humo elevarse en la noche. Zera no pudo evitar un respingo de felicidad.
- ¿Qué es eso? - preguntó la mujer alzando de a poco la mirada como si estuviera siguiendo algo.
Una figura oscura surcaba el cielo con un silbido que presagiaba algo grande y Zera dio unos pasos hacia atrás. Era una muy buena oportunidad.
- ¡Elmekia Lance! - gritó con voz nasal y el hechizo dio de lleno en la espalda de la mujer, cayendo inconsciente -. Espero no haberme pasado – dijo preocupada contemplándola en el suelo.
En eso la figura la alcanzó y se posó frente a ella. Sonrió al distinguirla.
- ¡Lighting! - dijo la voz de Lina haciendo aparecer una esfera de luz en su mano – Pero mira a quién tenemos aquí – se acercó con un gesto molesto en su cara. Tenía un tic en uno de sus ojos y la sonrisa de Zera se borró -. Parece que te dieron una paliza, ¿eh...? - no parecía una pregunta, más bien una amenaza - ¿Y quién es esta? - preguntó pateando a la mujer inconsciente.
- No lo sé, pero quizá nos den alguna recompensa por ella – se apresuró a decir Zera, esperando que la palabra "recompensa" la calmara -. Secuestraba niños y los llevaba al fuerte que hay por allá – señaló el cerro.
- Sí, es lo que nos dijo el niño allá abajo – respondió Lina con otra patada a la mujer -. Y es el motivo por el que nos contrataron en la ciudad... - levantó la mirada y Zera supo enseguida que no se libraría del castigo - ¿Así que también te atrapó?
- Eh… bueno, también se podría decir que me infiltré… - intentó bromear.
- No me vengas con patrañas – dijo acercando peligrosamente su cara.
Zera sintió más terror en ese momento que cuando la capturaron y casi deseó seguir en manos de sus captores.
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- Me alegro que todo resultara bien – dijo Gourry comiendo ansioso una paila de huevos.
- Yo… yo igual – dijo con un hilo de voz Zera.
Lina le había enseñado "amablemente" unas cuantas llaves la noche anterior, aunque después le ayudó a curar su nariz para que pudiera bajar el cerro con los secuestradores amarrados. En la base las esperaba Gourry con los niños, pero faltaban Tom y Rick. Nadie los vio escabullirse del lugar. Acamparon y luego de dormir unas cuantas horas, caminaron a la ciudad para entregar los niños a sus padres y a los secuestradores a un grupo de soldados que esperaban en el ayuntamiento de la ciudad. Después de eso, fueron a una posada para desayunar.
- Bueno, nos dieron una gran recompensa, así que creo que valió la pena – aportó Lina dando un gran trago de leche tibia.
- Eso me recuerda… - le habló Gourry – aún no repartes el dinero – Lina se atragantó -. Este trabajo se podría decir que lo hicimos los tres, así que es justo que se divida el dinero…
- ¿Los tres? - preguntó Zera sobresaltada. Seguía preguntándose dónde estarían Tom y Rick.
- Claro: tú derrotaste a esa mujer, ¿no? Y el chico de anoche dijo que derrotaste a un guardia – dijo contando con sus dedos – yo luché contra el otro, y Lina lo remató, así que sí. Los tres – terminó con una sonrisa.
- Pero... – objetó Lina.
- ¡Entonces quiero una espada nueva! ¡Y una capa! ¡Y hombreras! - Zera se levantó con gesto implorante.
Lina volvió a atragantarse. Gourry y Zera la observaban casi haciendo un puchero, la táctica favorita de la niña cuando quería conseguir algo. Se llevó la mano a la cabeza.
- ¡Está bien! - exclamó Lina cediendo y golpeando la mesa – Pero eso cuenta como tu parte...
