Capítulo 5: Otro hechicero de Elmekia
Esa sensación... esa maldita sensación de que las cosas no están saliendo bien…
Pensaba que todo se había ido al carajo. Que remontar esa situación ya no sería posible.
Un pensamiento que solo vino a mí cuando me vi frente a otros seres más poderosos comenzó nuevamente a circular por mi mente. El saber que morirás y de una forma tan poco gloriosa.
Déjame ordenar un poco esta parte de mi historia, porque la tengo un poco fragmentada. No quiero que malinterpretes lo que tengo que contar…
Zera y yo estábamos desparramadas en medio del claro que había dejado mi Drag Slave. La paliza que nos había dado Thorok no había sido espectacular, pero el mazoku frente a nosotras era del nivel de Kanzel, quizás. Y sin la Espada de Luz, la Blast Sword o mis antiguos talismanes, no veía cómo derrotarle, sintiéndome molesta con la situación en la que nos estábamos viendo envueltas. Lo peor es que había desaprovechado una repentina carga de magia en el ambiente. Y el maldito bastardo había decidido dejar de jugar con nosotras al ver cómo la suerte le jugó a su favor.
No sabía cuánto más aguantaría Zera, considerando que aún la chica no reaccionaba a mis gritos. Sus ojos seguían cerrados y las lágrimas se dejaban caer sin descanso; una profunda expresión de dolor cruzaba su rostro. Al igual que yo, tenía varios cortes en su cara, cuello y brazos hechos por las veloces agujas y dagas oscuras que el mazoku nos había lanzado, además de su hombro roto y sangrante. Pero a diferencia mía, ella quedó fuera de juego en el momento en que se dio cuenta que se enfrentaba al mismo mazoku que había visto antes en Elmekia, y el terror de su experiencia la había paralizado.
"¡Muévete, mierda!", pensaba con desesperación. "¡MUÉVETE!".
Haciendo un gruñido, me arrastré hacia ella. Con cada movimiento sentía los músculos gritar y los tendones a punto de cortarse, haciendo que un simple par de metros pareciesen kilómetros por recorrer. El dolor que más me preocupaba era el de mi costado perforado anteriormente por una daga oscura. Y supongo que fue eso lo que atrajo la mirada del mazoku a mí, mientras yo esperaba que en cualquier momento volviese a atacar. Pero él me dejó avanzar.
- ¡Demonios, despierta! - insistí con voz ronca en hacer volver a Zera - ¡Maldita niña! ¡Despierta de una puta vez! ¡ZERA!
La había alcanzado. Tomé el cuello de su camisa, y la jalé hacia mí. Ella apenas posó sus ojos en los míos sin signos de reconocerme.
- ¡Despierta de una puta vez! - repetí entre dientes - ¡¿O eso es todo lo que tienes...?! ¿Acaso eso es todo lo que puede hacer una hechicera de Elmekia?
- No responderá – dijo recobrando la compostura el mazoku – Puedo sentir su terror… hacía mucho que no sentía algo así… es demasiado placentero… - su tono me dio asco – Pero ya no puedo matarla. En cambio, tú no tendrás tanta suerte. No sabes cuánto disfrutaré este momento…
Se acercó lentamente saboreando mi miedo. Intenté alejarlo con el primer hechizo que se me ocurrió para ganar algo de tiempo mientras pensaba en algo más, y rebotó (¿cómo es posible?). Pero aparte de jugarme la vida con un Ragna Blade, no podía pensar en algo lo suficientemente fuerte como para detenerlo. Y esos desconcertantes segundos de poder mágico en el ambiente, así como habían aparecido, se esfumaron ¡Como odiaba haber perdido mis talismanes en ese momento!
Pero entonces, una luz roja se materializó en el mazoku, haciendo que soltara un grito de dolor y sorpresa. Pude reconocer ese hechizo de inmediato: jamás podría olvidar lo jodidamente hermoso que es un Drag Slave bien lanzado sobre un enemigo tan bastardo como él. Aunque debo decir que no era ni la mitad de poderoso de lo que es el mío.
La explosión hizo que ambas fuésemos despedidas dando giros (¡todavía más!) por la tierra. Me pareció increíble el nuevo rumbo de los acontecimientos. Y miré a Zera para hacerle un gesto afirmativo. Sin embargo, ella definitivamente no reaccionaba. Respiraba muy agitada y en cualquier momento vomitaría, y de hecho, lo hizo.
Volví nuevamente mi rostro hacia el mazoku que buscaba inquieto y molesto a quien había disparado contra él. Quizás era motivo de la confusión de recibir dos Drag Slave, pero le estaba costando identificar a su agresor. Tampoco yo era capaz de sentir la presencia de aquel que nos había dado esos preciosos segundos para que intentara levantarme, no sin antes proferir una maldición al sentir el grito de mis piernas y el deseo de mi cuerpo de seguir tendido en la tierra. Rayos, era frustrante sentirme así, y el mazoku, presintiendo mi intención, quiso acabar conmigo rápidamente antes de que yo o quien estuviese escondido lo hiciese con él.
Y entonces, desde el cielo se escuchó la potente voz de un hombre gritando:
- ¡Déjala!
El mazoku miró hacia arriba y vio a Gourry sobre él (¿puede volar?). Reaccionando tarde, Thorok perdió su brazo derecho y quedó con la Blast Sword en un punto cercano al ombligo. Gourry sacó su espada del cuerpo del agonizante mazoku y saltó hacia mí en actitud protectora. Un simple gesto de cabeza me hizo entender que sabía lo que estaba planeando. Y con un gran esfuerzo, terminé de recitar mi hechizo. Era el momento que tanto había deseado para contraatacar, y lo haría con mi gran carta de presentación:
- ¡… Que aquellos que obstruyen nuestro camino, todos los que se han vuelto insensatos, mediante el poder que tú y yo poseemos, sean por completo aniquilados...! ¡Drag Slave!
El mazoku gritó aún más fuerte envuelto en la poderosa luz roja del hechizo y desapareció en la explosión. ¿Lo habíamos vencido?
Imprudentemente, el alivio me golpeó tan rápido, que mi cara cayó contra el duro suelo…
-o-o-o-
Al despertar, pude ver un cielo de madera cruzado por vigas, colores del otoño y haces de luz que entraban por algunas rendijas. Me sentía descansada... y con hambre.
Me moví lentamente sobre mi colchón de paja esperando ver a Gourry cerca, pero solo vi más montones de paja y un bulto verde oliva a mi izquierda.
"Pero ¿qué demonios…?".
Pestañeé un par de veces para salir de mi aturdimiento, y me incorporé. Al hacerlo, me di cuenta de que estaba dentro de un establo. Como queriendo corroborarlo, mi nariz detectó el olor a paja húmeda y algo de estiércol. Bajé la mirada a mi cuerpo y vi lo mal que estaba mi ropa. Demonios, necesitaría botas y unos pantalones nuevos. Por lo menos mis piernas se veían lisas y sentían descansadas. Estiré los dedos de mis pies con libertad y sonreí al comprobar que estaba sana, al igual que mi costado. Luego giré hacia mi izquierda y vi que el bulto era Zera, aún con los ojos cerrados y cubierta con la maltratada capa de viaje de un adulto. Su rostro estaba limpio y no presentaba marcas de lo sucedido. Su mano derecha estaba muy cerca de mí. Supuse que en algún momento ella habría intentado sujetarse de mi ropa como una forma de no sentirse a la deriva.
Sentí unos pasos y busqué mi espada, pero no la tenía a mano. Tampoco tenía mis hombreras, así que no podía contar con la daga que a veces llevo oculta en ellas.
Un hombre de ancha espalda, pelo corto y de un castaño tan oscuro que podía haber sido negro, y barba mal afeitada, apareció tras el panel de mi derecha. Usaba unas hombreras de brillo desgastado sobre su ropa color marrón. Tras su hombro izquierdo se podía ver la sobresaliente empuñadura de una espada. Debía tratarse de un mercenario de unos treinta años. Pero no parecía que fuera alguien de qué preocuparse. Aún así, recité en silencio un hechizo de viento para alejarlo en caso de que fuera hostil.
- ¿Tienes hambre? - preguntó el hombre.
Pestañeé otra vez sorprendida de lo amable que sonó su voz. Me extendió un trozo de pan y carne seca, y yo estiré mi mano para recibirlos.
- Supuse que despertarías pronto - explicó tranquilamente –, pero ella no parece que lo hará - apuntó con un gesto hacia Zera.
- ¿Tú nos salvaste? - le pregunté luego de olfatear para darle un mordisco al trozo de carne - ¿Qué pasó con el mazoku? ¿Cuánto tiempo ha pasado? - soltó un suspiro.
- Increíblemente, estoy seguro que lo venciste – dijo con un pequeño movimiento de hombros que ocultaba una risita –. Fue una buena jugada la de tu novio con la espada y tu Drag Slave – comentó con una breve sonrisa.
- Es algo que se adquiere con la experiencia – le respondí con una sonrisa más segura de la que me dio. Pero entonces reparé en la palabra "novio" -. O-oye, no te confundas, solo es mi guardián… - carraspeé. Aguanté las ganas de preguntar por Gourry. No quería dar la falsa impresión que me sentía desprotegida sin él –. Entonces, ¿cuánto tiempo ha pasado?
- Con hoy son tres días.
- Va-vaya...
El hombre se encogió de hombros y me ofreció a continuación la cantimplora que colgaba de su cinturón. De buen talante la recibí, pero al beber el amargo líquido de su interior noté algo de escozor bajando por mi garganta. Un poco asustada, escupí lo que quedaba en mi boca.
"¡Confiaste demasiado pronto!", me dije mientras intentaba limpiar mi lengua.
- Oh, no te preocupes, es un viejo tónico que aprendí cuando era un aprendiz. Sirve para potenciar un hechizo Recovery en cuerpos gravemente dañados, como si estuviera sanando una herida cualquiera. También para recuperar fuerzas. Nada raro ni peligroso - agregó al ver mi mirada -. Podrías pensarlo como un sustituto del Resurrection, pero embotellado. De lenta carga, e igual efectividad.
- Suena a algo muy complejo de hacer, y que no conocería un hechicero o un mercenario común.
- De donde vengo, es parte esencial de la formación de un hechicero-soldado. Es un deber estar prestos y frescos para el combate. O medianamente completos para seguir luchando – su última frase deslizó un matiz mordaz.
- Suena a que vienes de un país con bastantes conflictos…
- Veo que eres una mujer muy perspicaz.
- Sí, lo soy – respondí con suficiencia -. Entonces, ¿no deberías darle a ella? - pregunté.
- Lo hice mientras estabas inconsciente. Debo admitir que fue más difícil hacerte beber: Incluso dormida eres desconfiada - lo dijo con una risita.
Al devolverle la cantimplora, noté que su ojo izquierdo estaba cegado y cruzado por la sombra de una cicatriz, dándole un aspecto un poco más tosco.
- Oye, Rick, no encontré eso que me pediste…
- ¡Gourry! - exclamé alegremente.
Mi guardián apareció desde la misma dirección que el mercenario lo había hecho. Al verme despierta, saludó alegremente, como si estuviese llegando a una reunión amistosa previamente acordada. Rápidamente, se acercó y se arrodilló a mi lado revisándome la frente por si tenía fiebre. Fue tan repentino que me puso un poco nerviosa y me alejé un poco de él.
- Rayos, esto era lo último – se quejó el hombre meneando la cantimplora y comprobando que estaba vacía luego de que yo bebiese. Acto seguido, se dirigió a mí -. Tienen que llevar a esa chica a un sanatorio, o un hospital. O empeorará.
- ¿Que empeorará? Creí que estaba bien.
- Sí y no – se limitó a decir.
- Debemos llegar mañana temprano – dijo Gourry, extrañamente conectado con la conversación -. Ahora que Lina está despierta, será más fácil avanzar.
- Un momento. ¿Seguimos en Izelsn, o en territorio de la Alianza?
- Estamos en territorio de Saillune, a un día de la capital – respondió el hombre. Demonios, ¿cómo habíamos avanzado tan rápido? -. Mira, las traté a ambas, pero prioricé tu recuperación por sobre la de ella. De hecho, habrías despertado la mañana de ayer, pero tenía que asegurarme de que tus piernas estaban completamente sanas…
- Eso es mentira: fue porque no teníamos suficiente comida, y le comenté cómo eres cuando tienes hambre…
- ¡Y eso lo dices como si no tragaras tanto como yo!
- Como sea – interrumpió el hombre –, contuve la hemorragia de su hombro y sané tus piernas. Y los pocos materiales que llevaba conmigo los ocupé en ese tónico, que tuve que repartir entre los cuatro para poder llegar hasta aquí. Pero creo que ella recibió un ataque a su mente desde el Plano Astral. Si no es atendida pronto, considérala con muerte cerebral.
- ¿Muerte cerebral? ¿Cómo?
- Ya te lo dije: creo que recibió un ataque desde el Plano Astral. Pensé que eras más perspicaz – soltó enarcando una ceja.
Maldición… el hechizo que había lanzado antes, cuando intenté sacarme de encima a ese mazoku, había sido un Elmekia Lance… ¡¿Entonces es mi culpa...?!
- Y lo peor de todo, es que ese mazoku no era el único. Había otro más. O mejor dicho, llegó otro más, que desapareció cuando vencieron al primero.
¿Otro más? Y por como lo decía, no debía tratarse de un lesser demon. Eso no sonaba muy bien. Si el segundo mazoku aparece y es igual que Thorok, no creo que pueda vencerle tan fácilmente.
- ¿Y qué estamos haciendo aquí? ¡Es hora de moverse!
-o-o-o-
- Solo... solo está durmiendo – repetí con un tic en la mejilla.
- Nada de qué alarmarse. Solo está agotada y bajo una droga de sueño, pero pronto despertará… ¿usted es la hermana de la niña? - preguntó la sanadora con su mejor cara de "señorita amable". La odio, porque sé que entre sus pergaminos está la cuenta, y no será barata.
- No, solo la encontré en el camino – respondí golpeándome la cara y tentada de dejarla allí abandonada.
"Maldito Rick", pensé caminando rápidamente hacia la salida, antes de que me detuvieran. "Seguramente ese 'tónico' no es para niños… ¡Pero qué imbécil...! Más le vale que él pague esto...".
-o-o-o-
En el momento en que Zera despertó, pensé que era como volver al inicio. Se mantuvo en silencio mientras comía, solo abriendo la boca para dar las gracias. No pude evitar sentir pesar ante eso. Para su edad era bastante difícil asumir lo sucedido, incluso si se trataba de una hechicera. Me preocupaba que se volviera un poco como Zelgadiss (un anterior compañero de viajes) de taciturna y pesimista, por lo que intenté subirle el ánimo haciendo que se sintiera útil. Así que la saqué de su habitación en el hospital. A Gourry no le gustó cuando se enteró (sobre todo porque, para ahorrar tiempo, salí por la ventana), y tampoco a Rick (para que no pensaran que habíamos huido, dejé una nota con la dirección de la posada en la que quedamos, y el número de la habitación de Rick con la promesa de pago). Mientras él responsablemente se hacía cargo de arreglar el papeleo y costos del hospital, nosotros tres habíamos ido a las afueras de la ciudad de Saillune.
Para estar a la mitad del otoño, era un día bastante tibio. La zona que rodea Saillune está cubierta de árboles con follaje perenne, lo que hace que la temperatura descienda un poco más en el bosque, muy distinto a cuando dejamos Izelsn. Los guié un poco al azar entre los árboles tarareando un poco distraída una canción que recordé de Zephiria. Trataba sobre las antiguas épocas de cacería en los bosques y cómo los hombres mataron un lobo que se comía los cerdos. Justo cuando terminaba mi canción, nos detuvimos frente a una formación de rocas con una gran entrada. Lancé hacia el interior un pequeño hechizo de viento y di unos pasos hacia atrás.
- ¿Qué fue eso? - preguntó Zera al escuchar un quejido desde las rocas.
Ella dio un paso hacia adelante para intentar ver qué era lo que se quejó dentro. En cambio, yo tomé a Gourry de la muñeca y lo arrastré tras unos matorrales, obligándolo a agacharse a mi lado.
- ¡Lina! ¿Qué haces? - preguntó.
- ¿Eh? - se escuchó la voz de Zera - ¡Espera…! - acto seguido, por entre las ramas, la vi correr en dirección contraria - ¡AAAAAAH...!
Un chillido antecedió a un cerdo enorme que salió de la formación. Lo había golpeado con mi hechizo, y el animal, enojado, salió persiguiendo a la niña.
- Vaya, yo esperaba un oso – comenté decepcionada.
- ¿No crees que eso la hará sentir peor? - me preguntó Gourry con una mano en la cabeza y otra apuntando a la bestia.
- No conseguirá nada con echarse abajo - dije -. Tiene que mantenerse activa y con la mente ocupada. Es muy joven para que tire la toalla…
- ¿Pero de esa forma?
Ocultos, observamos como ella seguía corriendo en zig-zag entre los árboles e intentando alejarse del cerdo salvaje que amenazaba por embestirla. Quizás Gourry tenía razón.
- Creo que es suficiente. Iré a ayudarla. - dijo incorporándose. Lo detuve a mitad de camino.
- Es parte de su entrenamiento – dije haciendo que volviera a su sitio. Su mirada reprobadora hizo que deseara rascarme la nuca incómoda, pero me contuve.
- ¿Entrenamiento? ¿Ahora la entrenas? - preguntó con desconfianza - ¿Es hora de que tema ver salir un Drag Slave repentino? - me aclaré la garganta.
- Tiene que aprender a enfrentar el miedo – respondí con los brazos cruzados y dándome aires de entendida.
- ¿Y de paso traerte un par de chuletas…?
- Mírala – apunté a Zera con vehemencia -: ella puede con esto. Creo que logró murmurar un hechizo mientras corría – le dije triunfante - ¿Lo ves...? ¡Oh, no!
Lo que lanzó fue una Fire Ball con la suficiente fuerza para calcinar al cerdo. Adiós a mis chuletas.
- Sí que lo hizo… - fue todo lo que pudo decir tras un silbido.
Llorar por mis chuletas fue todo lo que pude hacer tras su silbido.
-o-o-o-
- Maldita… - Rick estaba bastante enojado cuando se sentó en la mesa del restaurante - ¿Tienes idea de lo que salió esa cuenta?
- Supongo que una bolsa de monedas de oro – respondí sin inmutarme. No dejaría que se arruinara mi cena.
- Es exactamente lo que tuve que entregar – la de él fue entre dientes.
- No te quejes, puedes recobrar ese dinero en algún trabajo… piénsalo como una inversión en la salud de una joven y prometedora hechicera que estará agradecida de tu donativo – me eché un par de albóndigas a la boca.
- ¡Tú me devolverás ese dinero!
- ¿Y por qué? Que recuerde, la sanadora dijo que fue producto de una droga que ella dormía… y lo único que calza con eso es tu famoso tónico… - con el énfasis, se movió un poco de su silla.
Zera levantó la cabeza de su plato y nos observó. Estaba ofendida.
- ¿Es culpa suya...? - yo asentí sin dejar de comer mis albóndigas - ¡Por tu culpa, estamos en Saillune y no en Elmekia! ¡Y también por tu culpa, esta bruja me llevó a correr de los cerdos! - exclamó apuntándome y levantándose de la mesa. Luego le apuntó a él - ¡Casi me matan porque quiso vengarse de lo que hiciste! - eso me hizo gracia - ¡Cualquiera sabe que eso no es para niños!
Dejé por un segundo otra albóndiga en el aire. Todos la miramos.
- ¿A qué te refieres? - preguntó él. Yo terminé mi plato.
- ¡Lina me lo dijo! - ¡Sí! ¡Al fin mi nombre! -. Me dijo que tú nos diste un líquido extraño que sabes hacer para recuperar fuerzas… ¡y todos en Elmekia saben que eso no se les da a los niños porque los deja dormidos! ¡No pueden digerirlo, por eso se quedan dormidos! - repitió.
- ¿De verdad? - preguntó despreocupadamente Gourry con un trozo de cordero asado en la boca.
- Je, je, je, ¿tu cuerpito no puede con eso? - me burlé tomando un trago - ¡Me imagino si te doy vino!
- Oh, cállate. Además es asqueroso – hizo una expresión para reforzar su respuesta.
- ¿En Elmekia? ¿Cómo sabes eso? - el hombre estaba sorprendido.
- Yo soy una hechicera de Elmekia – respondió apuntándose con el pulgar y sacando pecho -, y conozco muy bien el "Resurrection embotellado". Mi compañero Draco era uno de los pocos hechiceros de su edad que lo fabricaban.
Rick comenzó a reír haciendo que la seguridad con la que había hablado Zera comenzara a flaquear. Gourry dejó su vaso en la mesa y le hizo gestos a la camarera para que se acercara a la mesa, y a mí se me ocurrió una idea.
- Gourry, ¿por qué mejor no vas a la barra y pides algo para bajar la comida? No creo que la camarera te esté viendo.
- ¿Tú crees? Quizás tengas razón.
- Zera, ¿no te gustaría comer algo más? – me miró con desconfianza -. Corre por la cuenta de Gourry, así que pide lo que desees.
- Bueno, mi plato estaba frío – dijo sin hacer caso de la cara de Gourry.
- Entonces ve y acompañalo a la barra. Así te aseguras con algo.
Se encogió de hombros y tomó de la mano a Gourry, arrastrándolo e ignorando la exclamación que hizo en protesta. Cuando estuve segura que no me escucharía, alejé mi plato vacío y me acomodé para conversar con Rick.
- Muy bien, ¿y cuál es tu historia, Rick?
Él se removió un poco más en su asiento. Se rascó la cabeza y contestó:
- No sé qué decir sobre mi historia.
- No te hagas el interesante, y explícate bien – él dejó escapar un débil "je" por un costado de la boca.
- No creo que lo que diga te deje impresionada. Dudo mucho poder impresionar a la gran Lina Inverse.
- Je, eso es lo de menos – contesté con las manos apoyadas en la nuca.
Nos sostuvimos la mirada por algunos segundos. Hizo la mueca de una breve sonrisa y golpeó la mesa con un dedo.
- Eso te costara lo que perdí en el hospital.
- Oh, vamos, eso no tiene precio. Ya te dije que contribuiste a la salud de una prometedora hechicera y discípula mía. El mundo te lo agradecerá.
- ¿Discípula tuya? - enarcó una ceja - ¿Se supone que eso lo dices para que no insista en cobrar? Te recuerdo que si ambas aún están vivas, es por mí.
- Claro: pero también te recuerdo que el exabrupto del hospital fue por tu negligencia con esa cosa que llevabas en tu cantimplora. Así que considera que estamos a mano.
- Veo que es difícil negociar contigo…
- Sí, y vete acostumbrando. Ahora – y cambié el tono de mi voz a uno más serio -, dime de dónde eres.
Me aguantó la vista un poco más. Se encogió de hombros y se pasó una mano por el cabello.
- Esta bien. Te diré mi historia, solo porque creo que tendré que estar un buen tiempo con ustedes – ahora yo enarqué una ceja de forma inquisitiva. Se enderezó un poco en su asiento y dio un trago a su jarra de vino. Se limpió la boca y comenzó a hablar -. Hace quince años, me vi envuelto en un ataque mazoku. Yo era un joven aprendiz de hechicero y estaba a punto de graduarme. Mi maestro, en ese entonces, tenía una nueva discípula, una niña despistada y un poco inquieta, con curiosidad por todo lo que hacía. Tenía la edad de ella – hizo un gesto apuntando a la espalda de Zera, que agitaba sus brazos para que Gourry le comprara lo que había pedido en la barra -. Un día, sentimos una gran explosión que removió el edificio de la Asociación de Hechiceros en la que estudiaba. Y al salir al patio interior, los vi - aunque él seguía tranquilo, sentí el odio en su voz -. Dos mazoku destruyeron todo el lugar, y uno de ellos era ese que venciste – Espera, ¿está hablando de Thorok? -. Y, sin embargo, yo seguía vivo junto a mi pequeña compañera. La intenté esconder, pero entre tanta explosión y hechizos la perdí de vista. Supuse que ese demonio la había muerto… ahora no sé qué pensar… Y desde entonces, vivo aquí. Atrapado... ¿Eso es lo que querías saber? Pues, ahí lo tienes - dio otro trago.
- ¿Por qué los atacaron? - revisó un hueso de su plato y volvió a dejarlo de manera mecánica.
- Dijeron que buscaban algo. Que buscaron en cada ciudad, en cada reino, pero no lo encontraron. La última ciudad fue la mía, en Elmekia.
"¡Su historia es parecida a la de Zera!", me dije mentalmente. "Pero si fue hace quince años, tampoco escuché sobre ese ataque". Si consideraba lo que sabía de la historia de Elmekia, imperio caracterizado por sus constantes conflictos internos, una vez más, debían ser la razón por la que no se comentó en aquellos años el ataque mazoku.
- Me lanzaron aquí. Perdí todo y jamás los volví a ver. Entonces, y después de vagar por mucho tiempo por el continente, decidí quedarme en la Alianza de Estados Costeros, ofreciéndome como mercenario para subsistir.
Lo dejé estar en silencio un poco más mientras me devanaba los sesos intentando comprender qué era lo que había sucedido y por qué no había escuchado de algo así. No podía ser que los mazoku actuaran en secreto: ya tenía dos historias situadas en una Elmekia destruida y con un único sobreviviente en cada una de ellas. Pero, habían palabras que no me calzaban por la forma en que se estaba expresando: ¿que lo habían "lanzado"? ¿a qué se refería con "atrapado aquí"? ¿Cabía la posibilidad de que Zera conociera esa historia y me la contara como si fuera suya...?
Rick buscó entre los pliegues de su ropa y sacó un orbe de memoria rojo del porte de la cabeza de un bebé. ¿Cómo era posible que lo llevase consigo y no lo hubiese notado? Lo más probable es que esté usando un hechizo similar al que yo uso en mi capa para guardar mis cosas.
- ¿A que te parece lindo?
- ¡Vaya! ¡Está muy deteriorado!
- Pero aún sirve. Después de mucho tiempo, logré activarlo y ver parte de su contenido, y creo que es el causante de que los encontrara en Izelsn…
- ¿Es una profecía? - pregunté con desgano. Si se trataba de mí, no sé si lo aguantaría.
- No. Es conocimiento, pero un poco dudoso. Aún no llego a lo que realmente he querido ver.
Mientras, mi mente trabajaba a toda máquina. Algo más en sus palabras me hacía remontar a la historia de Zera. Más que parecerse, sentía que eran dos partes de una sola. Pero eso debía ser imposible, porque uno era de hace quince años, y otra de hace un mes… solo que ella había dicho… que Ameria es la Reina de Saillune y que yo estoy muerta...
"Y el dijo que suponía que la habían muerto… y que ahora no sabía qué pensar…".
- La Reina Justa debe estar durmiendo en su castillo. Me pregunto si podré visitarla…
Me miró extrañado. Más bien como si yo hubiese dicho algo muy tonto o muy desconcertante. Lo ignoré e hice como si estuviese pensando en voz alta. Entonces, y luego de balbucear algo parecido a una maldición, preguntó:
- ¿Por qué hablas de la Reina Justa en este momento? ¿Acaso no me estabas poniendo atención?
- Oh, lo siento – hice un gesto con la mano -, es solo que, ya que estamos en Saillune, pensé en dar una vuelta por el castillo y asegurarme de que, si esa chica justiciera está escribiendo alguna cosa, meter un poco la mano y dejar mi huella…
- ¿Escribir algo...? ¿Te refieres a algo como unas crónicas? - sugirió inseguro.
- Pero…¡Nah! Quizás solo esté escribiendo cuentos sobre alguna princesa Celestia de Aqua y su papi Rhomas quitándole el trono a alguna reina… ya sabes, cuentos para niños, en los que aparezco como heroína…
- ¿Celestia de Aqua? ¿Romas…? - preguntó indignado - ¿No querrás decir la princesa Aqua la Celeste y su padre, el rey Thomas de Zephiria? Pero – se corrigió de inmediato – claro que aquí no hay ninguno de ellos… ¿Por qué aún me acuerdo de esos nombres? - dijo en voz baja.
Tragué saliva y me moví lentamente hacia adelante sin dejar que viera mi sorpresa, porque, y aunque lo había hecho a propósito, no pensé que realmente diera en el clavo.
- Pero qué fácil me lo has dejado, amigo Draco – dije calmadamente e intentando aparentar triunfo, cuando en realidad estaba gritando confundida por dentro.
