Buenas tardes, aquí les entrego el segundo capítulo de la historia. Espero que lo disfruten y disculpen por la inexperiencia, estoy empezando a aprender a escribir.
Recomendación del día: Entre líneas de Nicolaa.
Plumas doradas
Deméter Black
Tras 4 horas
Percival se despierta y lo primero que ve son unas paredes abarrotadas de objetos de todo tipo, cree ver hasta una trompeta insertada en lo que parece un marco hecho con conchas. Después de pensar si es que ha acabado un garito muggle muy extraño es cuando recuerda que se encontró con Luna Lovegood. Alzanza a pensar que se encuentra en un sofá que no es suyo. Que ha perdido su apartamento. Que no tiene trabajo. Y que se ha quedado dormido en el salón de unos extraños. Comienza a hiperventilar cuando ve una bandeja con servicio de té posarse en la mesita que hay delante. Y aunque en otro momento se hubiese escandalizado, hiperventilado y saltado de sofá disculpándose y desapareciendo por la puerta; ahora mismo solo consigue pasarse la mano por la cara mientras suspira y hace sitio a Lovegood en el sofá. Siente que su vida e incluso él mismo está a punto de cambiar drásticamente.
- Me daba el presentimiento de que te ibas a despertar en breve. Espero que te guste el té blanco, últimamente tengo la costumbre de ir probando diferentes bolsitas de té- dice la rubia, mientras le mira con grandes ojos.
- Gracias Lovegood. Nunca lo he probado la verdad- responde mientras reprime un bostezo. Se siente extrañamente descansado físicamente.
- Eso es maravilloso, hoy probaremos juntos una nueva experiencia ¿qué bello es compartir verdad? Seguro que seremos bendecidos por ello- dice mientras sirve las copas. – Te he dejado descansar, parecías necesitarlo ¿Por qué te sientes tan perdido?
- Yo…no estuve a la altura de mi familia y ahora me siento tan fuera de lugar y perdido…y ahora Fred ha muerto- dijo sollozando- al menos pude verle una última vez.
- No puedes culparte Percival, toma este té. Verás que todo tiene múltiples soluciones-le responde mientras muerde una galletita de jengibre.
- No me gustaría ser desagradable señorita Lovegood, pero veo difícil solucionar que mi familia no me odie, conseguir un apartamento y un trabajo- le responde exasperado a la vez que da un primer sorbo, que acaba con su lengua ardiendo y con francas ganas de llorar.
- Si eres inteligente y buena persona todo se andará, la verdad es que además te podría ayudar con alguno de tus problemas, pero sólo si me prometes abrir la mente y ayudarme en la próxima búsqueda de unas criaturas que estoy estudiando recientemente. Soy muy observadora Percival Weasley y sé cómo eras antes y cómo eres ahora, confío en que sabrás encontrar tu camino, suficiente dolor ha sido provocado ya.
Percy algo incrédulo y abrumado por las palabras de la joven le sostiene la mano y deja caer un par de lágrimas, se siente angustiado, pero liberado por qué alguien parece creer en él por primera vez en mucho tiempo.
- Gracias por sus palabras. Eres muy amable- le dijo mientras se limpiaba las lágrimas.
- ¿Decías que no tenías trabajo no? Casualmente me queda una vacante libre en la revista, estoy segura de que tienes cualidades como redactor para la revista, lo único que te voy a pedir es que tienes que estar dispuesto a sorprenderte continuamente. Da la casualidad de que mi padre quiere irse de viaje para desconectar un poco, yo le seguiré más adelante, pero antes quiero trabajar en la revista, tengo a otra persona amiga que ha empezado hace una semana. Os podría acabar de enseñar a los dos y ocuparos de ella el tiempo que esté fuera. Yo dejaré un par de artículos preparados de mi interés para que los añadáis. Mañana quedamos aquí a las nueve y os conocéis.
Percy algo impactado se queda sin palabras, asiente y la escucha parlotear hasta que se va sobre unas criaturas pequeñas y azules que su padre quiere ir a buscar a sud-América, y de las que se dice que si les cantas una canción y ellas se unen la vida te concederá un grandioso regalo. Percy vuelve a preguntarle a Morgana dónde se ha metido, pero tampoco puede juzgarla como hubiese hecho anteriormente, siente algo cálido por primera vez desde que acabó la guerra. Aunque que le partiese un rayo si no estaba siendo para todo el mundo una sensación tremendamente angustiosa, agridulce a la par que sosegada.
Finalmente se dirige a la puerta y se despide de la joven con un asentimiento, un apretón de manos y una sonrisa que le llega bien profundo. Comienza a bajar la colina cuando la escucha gritar:
Y, por cierto, me suelen llamar Luna- seguidamente cierra la puerta y el sigue su camino mucho más tranquilo, con el coraje de volver a entrar a su casa, aunque no sin albergar ciertas dudas sobre qué carajo pinta él en la redacción de un periódico.
Hasta aquí este capítulo. Espero que les haya gustado. Poco a poco se van a introducir nuevos personajes y circunstancias en la trama.
Se despide,
Deméter Black
