La próxima vez
Sumary: Mickey está seguro de que Paperinik estaba relacionado con el incidente en el Duckmall, pero le frustraba saber que no tiene nada para detenerlo.
Cuando Mickey se presentó en el Duckmall era demasiado tarde para hacer algo. Todo lo que encontró fueron varios vidrios rotos, paredes chamuscadas y otras señales de que había ocurrido una pelea en ese lugar. Muchos de los presentes en el Duckmall aseguraban haber visto a Paperinik enfrentarse a unos sujetos vestidos de una manera bastante extraña que habían irrumpido en el lugar de manera bastante violenta, al parecer tratando de robar algo y Mickey sospechaba qué era ese algo.
De estar en lo correcto sabía que Paperinik había evitado una catástrofe a nivel mundial y que los sujetos de los que hablaban los testigos eran en realidad una un grupo de vampiros espaciales que se dedicaban a robar la energía de los seres vivos y a esclavizarlos. Grupo que en más de una ocasión había intentado conquistar la Tierra y puesto en una situación delicada a los gobiernos.
El problema era que Paperinik no debería estar allí. Ningún superhéroe debía estarlo y es que desde que se aprobaron los acuerdos de Sokovia se había determinado que solo los héroes con licencia podían intervenir y únicamente cuando se les ordenaba hacerlo. El caos que había quedado en ese lugar hacía que Mickey estuviera más convencido de la necesidad de regular a los héroes.
Se dirigió a casa de Donald, intrigado de por qué su brazalete no había reportado su salida, pero seguro de que no lo encontraría en su casa y de que en esa ocasión podría ponerlo detrás de las rejas y acabar con la oposición a los acuerdos de Sokovia de una vez y por todas. Lo que encontró fue muy diferente.
Donald se encontraba en la sala de estar con una guitarra entre sus manos. Estaba tocando lo que parecía una canción de su autoría y tardó varios minutos en notar su presencia. La expresión de su rostro lo hubiera engañado de no ser por lo mucho que lo conocía. Durante años le había hecho creer al mundo que Paperinik era su mejor amigo y nadie hubiera sospechado de él hasta el momento en que Clover Leaf reveló al mundo la identidad de todos los miembros de los Ultrahéroes, incluyendo el suyo, como muestra de apoyo a los acuerdos de Sokovia.
—¿Puedo ayudarle en algo? —preguntó con su mejor expresión de inocencia, una que no iba a permitir que lo engañara. Lo había hecho en el pasado y Mickey no estaba dispuesto a permitir que se repitiera.
—Apuesto a que sí. Solo tiene que decirme como fue que estuvo en el Duckmall y detuvo a los evronianos.
—¿De cuál vez habla? Porque esos vampiros espaciales son más insistentes de lo que imagino.
—Hablo de hoy, hace unas horas.
Donald le mostró el brazalete que se encontraba sujeto a su tobillo. La luz roja que este emitía indicaba que no había dejado de funcionar en ningún momento. Mickey se acercó a él y comenzó a verificarlo, este no presentaba señales de haber sido alterado o de funcionar de manera incorrecta.
—Durante dos años he respetado mi arresto domiciliario y ni siquiera he visto las noticias para evitar problemas —Donald continuó tocando algunos acordes en su guitarra —. ¿Quieres escuchar la canción en la que estoy trabajando?
—No gracias —por más que Mickey odiara perder debía admitir que no tenía nada con lo que trabajar. Retiró el brazalete de Donald, consciente de que ese era su último día en arresto domiciliario —. Le aseguro que estaré pendiente de usted y que la próxima vez que nos veamos será muy diferente.
—¿Cuándo será?
—¿Qué?
—La próxima vez que nos veamos —respondió Donald con tranquilidad —, dijo que nos volveríamos a ver así que asumí que se trataba de una cita.
Mickey se sonrojó al escuchar esas palabras. Él no había querido invitar a Donald a una cita, al contrario, sus palabras eran una advertencia de que estaría observándolo y esperando el momento oportuno para atraparlo haciendo de las suyas y asegurándose de que en esa ocasión no pudiera escapar del castigo que creía que merecía.
—Porque conozco un lugar donde sirven un buen shawarma, pero si prefieres podemos comer aquí. No es por presumir, pero soy bastante conocido por mi arroz frito.
—Creí que era por causar problemas, Paperinik.
—¿Qué puedo decir? Es el destino de los héroes parecer villanos para defender al indefenso o para salvar el mundo. El lunes a las seis de la noche estaré organizando una cena para celebrar mi libertad, puede venir si lo desea.
Al principio Mickey no tenía intenciones de ir a la cena de Donald. Si bien su arresto domiciliario había terminado sabía que el pato seguía en contra de los acuerdos de Sokovia y que solo era cuestión de tiempo para que hiciera algo contra estos. Paperinik siempre parecía saber cómo salir de apuros y, aunque en esa ocasión se había demorado más tiempo de lo usual e incluso perdido en la guerra civil de los héroes, no creía que fuera la excepción. No tenía forma de confirmarlo, pero Mickey estaba bastante seguro de que Paperinik continuaba trabajando en las sombras.
Al final decidió ir. Una parte de él sabía que se arrepentiría si no lo hacía. Durante todo ese tiempo no había dejado de pensar en Donald y en inventarse mil excusas de porque debía presentarse a la cena, excusas que no lograban convencerlo del todo. Una parte de él, la que se negaba a escuchar por ir en contra de lo que representaba, le decía que los acuerdos de Sokovia eran una estupidez y que, de cumplirse, causaría más problemas de los que resolvería.
Ver a los parientes de Donald no le sorprendió, pero sí el hecho de descubrirse deseando pasar algo de tiempo a solas con el pato que lo había invitado. Minutos después se sorprendió al ver a los Ultrahéroes reunidos. Ver a Goofy no debería sorprenderlo, sabía que él y Donald habían luchado en el mismo bando, pero ese no era el caso de Gladstone y de Daisy.
—Creí que Donald ya no tenía cuentas pendientes con la ley —le dijo Gladstone y podía notarse el reproche en su voz.
—Y yo creía que ustedes eran enemigos, después de todo nunca hubiéramos dado con Paperinik de no ser por cierta información que se filtró.
—He tenido tiempo para darme cuenta del error que cometí —la molestia con la que Gladstone hablaba aumentó y Mickey pudo notar en su voz un claro arrepentimiento por sus acciones pasadas.
—Si vino a molestar a Donald, puede marcharse por donde vino —en esa ocasión era Daisy la que hablaba. No lo empujó, pero poco le faltaba para hacerlo.
—No es necesario, yo lo invité —Donald intervino, en sus manos llevaba una bandeja con varios tazones del arroz frito del que le habló la última vez que hablaron.
Si Mickey tomó uno de los tazones fue para salir de la situación incómoda en la que se encontraba, no porque tuviera otro motivo, o al menos eso fue lo que se dijo. Después de probarlo se dijo que era el mejor arroz frito que había probado en su vida y que este había hecho que valiera la pena el mal momento que Daisy y Gladstone le habían hecho pasar.
—¿Puedo hablar contigo? —le preguntó Goofy y Mickey temió pues del grupo era el único que contaba con superpoderes reales —, sin poderes —agregó al notar su desconfianza.
Mickey lo acompañó hasta la cocina. Donald estaba sirviendo la comida por lo que se demoraría en regresar y ambos dudaban que alguien más entrara a dicho lugar.
—¿Sigue a favor de los acuerdos de Sokovia?
—¿Vio lo que pasó en el Duckmall? Eso pudo haberse evitado si se hubiera controlado.
—¿De verdad lo cree? Tal vez el gobierno hubiera autorizado la intervención de los héroes por los clientes, pero ambos sabemos que eso hubiera demorado mucho tiempo y los alíens habrían acabado con todos. Si hubiera pasado en otro lugar, como Shacktown la situación hubiera sido diferente.
Mickey quiso decir que no era cierto, pero no pudo hacerlo. Aunque odiara admitirlo debía aceptar que las palabras de Goofy tenían algo de verdad. Los acuerdos de Sokovia decían que una institución privada se encargaría de decidir cuando los héroes deberían intervenir y meses atrás había escuchado de un incendio en Shacktown y de la falta de interés por parte de la Asociación de héroes quienes le dieron la calificación más baja a dicha amenaza.
—Ambos sabemos que solo es una excusa para ganar dinero con la mercancía de héroes.
—Eso dices porque no sabes nada de los acuerdos de Sokovia. Nuestro único interés es proteger a los civiles y asegurarnos de que los héroes no tengan tanto poder ¿o acaso olvida por qué fue que se crearon?
—Nunca nos preguntaron nuestra opinión ¿qué puede haber de bueno en algo que es impuesto a la fuerza? —en esa ocasión era Donald quien hablaba. Ninguno de los dos había visto el momento en que el pato entró a la cocina.
Cuando Mickey vio a Donald subir a la alacena temió que resbalara. Cuando lo vio caer, no dudó en atraparlo. Era por cosas como esa que a muchos seguía costándole asociar a Paperinik con Donald Duck y que a este le fue tan fácil ocultar su identidad secreta. Ambos cayeron, pero el ratón no tuvo tiempo de pensar en el dolor, Donald estaba muy cerca de él, quizás demasiado.
Goofy le extendió la mano y Mickey se encontró deseando que aquel contacto hubiera durado más tiempo. Ese pensamiento le hizo sentirse avergonzado y es que hubo un tiempo en el que no veía a Paperinik como a un criminal, sino que su opinión sobre él era opuesta. Lo había visto ser despiadado con los criminales y gentil con los niños perdidos. Luego un grupo de héroes novatos intentó detener a una pandilla y provocó el choque de un autobús escolar. La posibilidad de que uno de los niños lastimados pudiera ser Morty o Ferdie había hecho que Mickey se aferrara a los acuerdos de Sokovia como si fueran la única solución, pero momentos como ese hacían que aferrarse a sus ideales no fuera tan sencillo.
La cena transcurrió con tranquilidad y con el paso del tiempo los parientes de Donald parecieron aceptar su presencia, aunque la incomodidad no desapareció en ningún momento y en todo momento permaneció esa sensación de mudo reproche.
Nuevamente Mickey se vio torturado por sus pensamientos y el peso de tener que tomar una decisión. Las palabras de Goofy seguían haciendo eco en su mente y el recuerdo de los momentos que pasó con Donald seguían bastante latentes. Él no parecía ser un villano, al contrario, y ni siquiera le había guardado rencor por el tiempo en que trabajó como el policía a cargo de su caso.
Días después se descubrió enviándole a Donald un sobre con la información necesaria para deshacer los acuerdos de Sokovia. Esto lo hizo de manera confidencial y sin sentir ninguna clase de remordimiento por sus acciones.
