Capítulo 8
Ira
Si por algo era bien conocida la contraparte malvada de cierta superheroína; era por ser muy impulsivo, sádico, y terriblemente fácil de hacer enojar.
Su furia era equiparable a la de una tormenta de caos y destrucción que podría durar horas y horas. Capaz de masacrar casas, edificios e incluso ciudades enteras. Su fuerza era descomunal, sus poderes eran imponentes, su mirada, aunque colmada de bellos ojos verdes, parecía la de un demonio infernal sediento de sangre y cegado en demencia.
La gente gritaría en histeria cada vez que él apareciera, ya que sabían que su ira era una potencia feroz que ni el mismísimo satán podría calmar. El villano era una bestia en combate; no había ser que se atreviese a enfrentarlo, y los que lo hacían suicidas eran llamados. Nada ni nadie podía apaciguar sus deseos enfermizos de devastación; no hasta que la última víctima fuese destrozada, no hasta que las últimas casas hayan quedado aniquiladas, no hasta que toda la ciudad fuera un completo cementerio de miseria y muerte; resultado morboso de su apasionante caos.
Ningún mortal era digno de tener el privilegio de ser su oponente y desafiar su salvaje furor. Pero su despiadada sonrisa se incrementaría con dicha, y en sus ojos anidaría la violencia pura al ver el resplandor en los cielos de la repentina, preciosa e impetuosa estela verde lima que se acercaría a velocidades anormales esperando chocar contra él en muy pocos segundos. Esperando la batalla que daría comienzo a una nueva tormenta de catástrofes monstruosas entre una lucha de bárbaros.
