Capítulo 13

Deseo


Siempre venías a mí mostrándome tu verdadero ser.

Fingías ante los demás tener un porte honrado y lleno de dignidad.

Pero ambos sabíamos que sólo era una fachada para ocultar cierta calamidad.

Para ocultar el deseo y lujuria dentro de tu fuero interno.

El delirio de ser amada por una necesidad impensable a los ojos de la gente.

¿Era éste tu pequeño secreto?, ¿sucumbir al pecado y luego engañarte diciendo de que no hacías nada malo?

Un gemido escapa de tus labios.

Si no te controlas a ti misma será imposible que yo también lo haga.

No escatimabas en las consecuencias de tus desvergonzadas jugarretas.

Tus depravaciones tarde o temprano abrirían una grieta.

Una en donde todos descubrirían tus actos y te juzgarían como a una perra.

Me llamas infeliz pero sabes que con gusto te arrastrarías hasta mi cama.

Sabiendo los pros y contras de estar con semejante calaña.

Siempre te sometes, gritas y luego te arrepientes.

Sólo para volver a hacerlo otra vez, encadenada a un vicio continuo.

Porque no puedes abandonar las malas mañas que se retuercen en tus entrañas.

Ese apetito voraz y las ansias de desfallecer en mis sábanas.

Te vas después de nacer la mañana, regresando a mí únicamente en la noche estrellada.

Qué curioso, eres una mujer de talante fuerte que se suaviza rápidamente con tan sólo el roce de mis manos.

Digo que sé que me quieres.

Susurro que lo confieses.

Tus labios no se mueven y dudas en hablar, como si al hacerlo la deshonra incrementara en un desliz de mayor culpa.

Yo sonrio por tu obvio pudor, así que me acerco y te beso para seguir atormentando más tus pensamientos.

Cuando los rayos del sol cubren todo a su paso, tú nuevamente te alejas sin dejar rastro.

Aquella noche que yace muerta se olvida junto a todas las flaquezas.

Ocultando las imperfecciones y tapandolas con falsas templanzas.

Siendo ahora nosotros sólo dos enemigos encubriendo un amorío.

La vileza contra el heroísmo es lo que esas personas ven.

Es asombroso cómo ellos te aman, cómo ellos te tratan.

Eres como su diosa, su salvadora.

Los ciudadanos realmente te adoran.

Ya que eres perfecta, pura y virtuosa.

Aunque por supuesto también amorosa.

Nuestras reuniones nocturnas muy bien lo demuestran, y muchas más aún siguen en espera.


Notas del autor: Gracias por sus comentarios de apoyo, hacen que escribir estas historias valgan la pena.