Capítulo 15

Regalo


Había pasado de nuevo; el viejo panzón había vuelto a traerle carbón, pero ésta vez lo hizo en grandes cantidades a diferencia de los años anteriores. Al niño ya no le sorprendió en absoluto, pero ciertamente se estaba cansado de recibir la misma porquería durante cada navidad. Sus hermanos le dijeron que no le diera tantas vueltas al asunto, que cuando tuvieran oportunidad usarían los carbones para ir al polo norte y tirarselos en la cabeza a Santa Claus.

Butch no les hizo caso. Molestar al barbudo sonaba divertido, pero no lo suficientemente divertido como recibir bonitos regalos de éste. Obviamente él no le diría eso a sus hermanos; no les diría que estaba celoso de que otros niños tuviesen lo que ellos no, de ver sus sonrisas y sus obsequios cuando salían a jugar y mostrarlos a otros todas las mañanas de Navidad, de saber que jamás podrían recibir un regalo hermoso hecho por alguien que verdaderamente les tuviera cariño.

Ni siquiera su propio padre les había dado algo desde su nacimiento. Pero hoy sería diferente, esta noche Butch se daría a sí mismo lo que realmente creía merecer por derecho.

Salió de su casa a las tres de la madrugada sin que Brick o Boomer se dieran cuenta, dirigiéndose a Saltadilla y fijándose en las tiendas por las que pasaba volando. Una llamó su atención haciendo que bajara y la viera más de cerca; podía observar desde la ventana que el interior estaba lleno de adornos navideños y juguetes de toda clase.

Ninguno atraía su interés, hasta que sus orbes verdes se asombraron con alegría al ver en uno de los estantes un soldado hecho de madera y pintado de colores que lo hacían lucir elegante; al parecer ese era el único soldado que quedaba, y eso para el niño fue suficiente para elegirlo como suyo.

De un puñetazo quebró el vidrio y rápidamente entró y salió llevando en sus manos el preciado obsequio. Como no quería que sus hermanos vieran al soldadito debido a que era muy mezquino con sus cosas, tuvo que pasar el resto de la noche en la cima de un edificio. Tampoco tenía tantos problemas con el frío nocturno, gracias a que su suéter verde le abrigada lo suficiente.

Las estrellas brillaban en el cielo y una apariencia invernal adornaba el ambiente.

Butch alzó sus brazos agarrando al soldado para verlo en toda su gloria. Sin duda fue una gran elección. Él sonrió con orgullo y gritó haciéndo que sus palabras hicieran eco por toda la ciudad:

"¡Come mierda Santa Claus, tus carbones son basura al lado de mi gran soldado de madera!".

Durante el resto de las horas, el pequeño villano se la pasó jugando con su nuevo regalo, hasta que se durmió abrazado a éste y cobijado por la nieve.