Capítulo 18
Tratos
Caras deformes adornaban las paredes del extenso pasillo en tinieblas, la mujer avanzaba con cautela hasta llegar a la puerta situada al final del camino; aquella estaba hecha de dientes claramente humanos. Dando un suspiro de cansancio tomó el pomo con forma de ojo y lo giró, al ingresar a la habitación ésta aparentaba ser muy común; con tan sólo un sofá, una televisión, un tocador y una mesita con una lampara. En el sofá se encontraba sentado la razón de su llegada al inframundo; el rey de la oscuridad, el innombrable, el más cruel de los crueles, al cual muchos por temor se referían simplemente por un pronombre: Él.
La mujer habló firme, sin perder el tiempo. "¿Dónde está?".
"Antes que nada, buenos días, Bellota. Recuerda, los modales ante todo. Ahora, ¿a qué se debe tu humilde visita, corazón?" Dijo con una voz aguda que resonaba por cada esquina.
"Sabes a lo que vengo, no le des más vueltas y vayamos al grano de una buena vez; tú te llevaste a alguien y quiero que me lo devuelvas".
Exhibió una sonrisa feroz revelando filosos dientes de tiburón, cruzándo con elegancia sus piernas, el demonio supo que tenía que jugar bien sus cartas si quería sacar provecho de la situación. "¿Y qué tendré yo a cambio si te lo doy? Ya sabes que por un valor muy grande como éste debes de darme algo igual de equiparable a ello. Ya que estamos hablando de mi propio hijo, al fin y al cabo, tengo más derechos sobre él que tú".
"¿Y qué tal si te doy un puñetazo que hará caer todos tus dientes?".
La grosería le divirtió sacando una carcajada estruendosa. "¡Hahahahaha! ¿y cómo crees que me vencerás a golpes si estamos en mis terrenos, corazón? Aquí tienes todas las de perder" Una de sus tenazas se alzó haciendo ademán para que la heroína la estrechara cumpliendo la ya mencionada propuesta. "Do ut des o nada. Es tu decisión, dulzura".
El ambiente se torno negro dejando sólo a Bellota y al demonio en la presencia del otro. La mujer estaba estrésada y cerró sus manos en puños con claro desdén, antes de abrir una en señal de rendición. Sin otra opción apretó la tenaza del maligno sellando el trato.
"Te daré mis superpoderes a cambio de su libertad".
Los ojos diabólicos la observaron con curiosidad. "Es impresionante ver hasta dónde pueden llegar los mortales por amor...Jamás lo comprenderé". Soltó su mano y chasqueando sus garras todo su ser se distorcionó, deformándose a sí mismo en la negrura del abismo, dejando únicamente su risa infernal como despedida con unas últimas palabras haciendo eco en el vacío.
"No te preocupes, él te estará siguiendo cuando salgas por esa puerta, sólo céntrate en no voltear, seguir hasta la luz y confiar en mis palabras, porque si no lo haces habrás fallado y volverá a mí, esta vez por la eternidad. Suerte corazón, siempre es un placer entretenerme contigo y tus hermanas".
Con eso dicho, la heroína notó la puerta que se materializó detrás suyo y salió, esforzándose para no comprobar si el demonio había cumplido con su pacto, atenta únicamente en ir hacia adelante sin detenerse ni un instante. Las paredes que antes se conformaban por horrendas caras se comenzaron a derretir dándoles una apariencia aún más tétrica, el pasillo también fue poco a poco desintegrándose, así que Bellota siguió su camino ahora corriendo a toda prisa, dominada por la adrenalina y los frecuentes latidos en su pecho exudando ansiedad, jurándose una y otra vez no mirar hacia atrás. Un resplandor que se encontraba al frente la cegó; era su salida del infierno. La luz la cubrió y se sintió adormecida por unos segundos, guiada por un plano astral que cruzaba dimensiones y la alejaba del mal, cuando abrió los ojos se encontraba nuevamente en el mundo normal, situada en un campo de flores. Sin aguardar más volteó para descubrir a su amado tumbado a su lado en la tierra; éste aún seguía inconsciente y tardaría un poco en despertar, pero la mujer esperaría lo necesario. Ella se sentó y lo acercó haciendo que descansara en su regazo, aliviada de que por fin estuviera a salvo, reconfortándolo por mientras con todo su cariño desmesurado.
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Notas del autor: Do ut des es una expresión latina que significa literalmente «doy para que des». Se usaba para referirse a la reciprocidad de cualquier trato o pacto.
