Capítulo 22
Piano
Tétricas tonadas se comenzaban a escuchar en la distancia, contrastando con la alegre música del salón principal. Una sirvienta de cabellos tan negros como la noche, y con un semblante rasgando el estrés, atendía a los invitados de la concurrida fiesta. Al llegar a sus oídos el sonido tocado en lo que parecían ser teclas, soltó un suspiro de cansancio y dejó lo que estaba haciendo para seguir por el pasillo a aquel lamento deprimente, sabiendo con exactitud al causante de tal suceso. Se detuvo en una gran puerta de mármol y sin tocar entró sigilosa, presenciando al apuesto hombre que con sus manos dominaba absorto el piano, tocando como si el instrumento fuese otra parte de él mismo.
Sonriendo con complicidad, la mujer negó con la cabeza en desaprobación, ya acostumbrada a tales excentricidades de su jefe, quien siempre cuando se aburría en un evento social tenía la maña de escaparse para aislarse en su biblioteca privada.
"Señor Butch" Rompió con descaro la concentración del hombre, cruzándose de brazos. "¿No planea asistir a la fiesta que usted mismo organizó?".
"¿Para qué? esa gente sólo viene para comer y chismear, no hay nada de interesante en ellos. Además, no estoy de humor para verle la cara a ricachones fanfarrones" Dijo continuando con su música.
"No es por parecer grosera, pero debo recordarle que usted también es uno de esos ricachones, señor".
Al oír esto, él soltó una estruendosa risotada y cruzó miradas con su acompañante; sus ojos verdes brillaban llenos de diversión y pasión. "¡Ah!, ¡ahí te equivocas, mi querida mademoiselle, que yo no soy igual ni me comparo a esas vulgares plagas burguesas! Escucha bien, que esto es lo que soy yo en realidad".
Con un arrebato de sus manos, tocó una extraña melodía que se fundía en una espeluznante tonada nauseabunda, indicando que eso provenía desde lo más recóndito de su ser. La diabólica composición logró retumbar dentro del corazón de la sirvienta, sin embargo, no era miedo, ni ansiedad, ni tristeza lo que aquello le hacía sentir, sino una inmensa sensación de curiosidad y respeto por su jefe, tanto como músico y como amigo. Ella le pidió amablemente que lo hiciera otra vez, y él, aunque al principio algo asombrado por su reacción, asintió y continuó con picardía.
Evocando recuerdos de antaño, se hicieron compañía el uno al otro, como varias veces antes ya habían hecho. Olvidándose del tiempo y centrándose únicamente en ellos.
"Deja que los invitados se emborrachen y coman todo lo que quieran. Tú ven aquí y toca conmigo, que la noche aún es larga, tan larga como ésta sonata".
