Capítulo 24
Ojos
Corría instintivamente sin atreverse a mirar atrás. Su corazón por desespero palpitaba a un ritmo enfermizo reflejando el miedo y la ansiedad. Sus manos se aferraron a los pliegues de su largo vestido para permitirse correr más rápido, apretando la tela con las uñas. El sudor se paseaba por su frente mezclándose con las lágrimas que caían por sus mejillas.
La calle estaba desierta; no pudo encontrar ni una sola alma que le pudiese ayudar. Estaba tan enfocada en huir por su vida que fue ciega al hecho de que se había dirigido directo a un callejón sin salida, y cuando lo notó al ver la gran pared de ladrillos que le impedía seguir adelante, sólo rogó a Dios que la bestia no supiera en dónde estaba y la atrapara. Vio la salida esperando impaciente, y la sombra que lentamente se presentaba de entre la penumbra de la noche confirmó sus peores pesadillas. Los ojos de la mujer se abrieron con terror, apegandose más a la pared en búsqueda de protección.
La forma de describir a la criatura era inexplicable, como un conjunto amorfo de diversos animales peligrosos; tan fuerte como un león, sigiloso como un tigre, tan grande como un oso y tan feroz como un lobo salvaje. Los gruñidos le provocaron pavor mientras la bestia se acercaba, garra tras garra a unos pocos pasos de su víctima. Aquella pobre desgraciada se culpó por ignorar las advertencias de los periódicos sobre la extraña serie de asesinatos en masa que sucedían a medianoche, justificando que sólo era amarillismo exagerado por parte de los medios. Se decía que el causante de semejante barbaridad sólo podía tratarse de un demonio amante del sadismo salido del mismísimo inframundo, otros murmuraban que podría tratarse de un hombre lobo o un vampiro, dejando volar la imaginación de las masas a las múltiples teorías de la identidad del infeliz. La mayoría de las víctimas eran mujeres, todas coincidían con una sola descripción: cabello negro y ojos verdes...justo como los de ella. De lo único que se arrepentiría es por haber sido imprudente y por no haberse despedido de su padre y de sus dos hermanas antes de salir de casa, sin siquiera llevar un arma consigo para defenderse.
La criatura estaba a centímetros de su cara lista para arrancarsela. Ella no cerró los ojos, pensando que si iba a dejar de existir, al menos quería hacerlo dando cara a la muerte. Gracias a ello pudo apreciar que a pesar de lucir atroz, la bestia tenía una mirada extrañamente humana dotada de iris verdosos que le daban una sensación de sufrimiento y pena. Absorta por el animal, esta fue su última visión antes de que aquel monstruo, por la rabia de ser observado con sumo descaro, terminara matandola y dejándola inerte en el suelo cubierta de chorros de sangre. Los periódicos informarían a la mañana siguiente de otro asesinato cometido por el "destripador nocturno", pero que algo inusual era especial de éste caso, pues fue la única vez en que la criatura no destripo a su víctima como era lo común, sino que simplemente le arrancó los ojos, dejando sólo dos tenebrosas cuencas vacías en su lugar.
