Capítulo 26

Elección


A la corta edad de cinco años, Bellota tenía bastante claros sus objetivos en la vida: servir a la justicia y darle patadas en el trasero a los villanos. El único propósito de las Chicas Superpoderosas fue luchar contra la maldad velando por el bien de la ciudad y sus habitantes. O así creían ellas que sería por siempre, pues aveces lo que uno forja como su destino puede terminar desviándose de los planes iniciales y terminar volviéndose algo indeseable.

Fue a la edad de dieciocho años que la heroína de característicos colores verdes empezó a sentir dudas e inseguridades sobre su propio rumbo como justiciera, consecuencia de un terrible suceso que afectaría a sus hermanas y a ella de diferentes formas: el alcalde que había servido por muchos años a Saltadilla y al que ellas habían jurado proteger, acababa de fallecer debido a un inesperado ataque cardíaco. Hicieron una ceremonia en su honor y la ciudad entera se reunió para rendirle tributo entre lágrimas.

Las chicas se sintieron muy dolidas por lo ocurrido, cuestionando quién sería ahora el nuevo sucesor y si se llevarían bien con él. Bombón; la líder, se mantuvo en calma manejando la situación de manera madura. Burbuja no pudo dejar la tristeza, entrando en una pequeña depresión que su hermana mayor le ayudó a sobrellevar. Bellota, a diferencia de las otras dos, no se mostró triste ni lloró; con el tiempo había crecido convirtiéndose en una mujer de apariencia imperturbable, dura, y sin dejar de lado su terquedad. La forma en la que ella afrontó el dolor de la pérdida se centraba en mantener la mente ocupada: ya sea entrenando o simplemente ayudando a su padre con las tareas del hogar. Todos creían que la muchacha era demasiado ruda e insensible, pero en realidad ella sólo trataba de hundir el pesar y olvidarlo, no le gustaba perder el tiempo llorando y menos que las personas la vieran en un estado de debilidad.

Transcurrieron las semanas dejando el luto atrás para dar comienzo a las nuevas elecciones y cambio del personal de cargos administrativos. Las campañas políticas estuvieron reñidas, pero gracias al voto popular un candidato fue elegido rápidamente; era un hombre que hablaba de promesas sobre paz e igualdad, él atrapó a la gente fácilmente en sus discursos sobre fantasías utópicas donde no existía crimen ni maldad.

La señorita Bellum tuvo una oportunidad de seguir trabajando en la administración política del nuevo alcalde, pero eligió marcharse por un tiempo indefinido para visitar a su anciana madre quien vivía en una ciudad lejana, aprovechando también su viaje para sanar las heridas de haber perdido a un gran compañero y amigo. Antes de irse, Sara Bellum se aseguró de despedirse cordialmente de las Chicas Superpoderosas y el profesor Utonium, asegurándoles que algún día volvería.

El nuevo régimen empezó bien. Las leyes promulgadas por el alcalde funcionaron según lo previsto. Una de aquellas leyes fue abrir un centro de rehabilitación para villanos, que fue funcionando poco a poco logrando redimir a gran parte de la tasa criminal en Saltadilla. Los impuestos fueron dirigidos a causas ideológicas y partidos políticos democráticos. Para todos los ciudadanos quedaba en claro que este alcalde había hecho mucho más por la ciudad que el anterior.

Para todos menos para Bellota.

A diferencia de los demás que fueron comprados por las bonitas palabras y acciones del gobernante, la heroína testaruda seguía sin tener muchas confianzas al respecto. Sus hermanas creían que era un hombre sabio, pero Bellota sentía un mal presentimiento sobre todo esto desde el inicio.

Como el centro de rehabilitación funcionó, las calles se encontraban libres de crimen. Los bancos y tiendas nunca se habían sentido más seguros. Ante esto, el alcalde tuvo que llamar a las chicas para reorganizarse con ellas sobre el trabajo de proteger Saltadilla, ya que ahora que la ciudad estaba limpia de criminales, las chicas sólo harían únicamente patrullaje de mañana tarde y noche, según lo decidido por el gobierno. Bombón estuvo de acuerdo con el plan y se retiraron, aunque Bellota estaba visiblemente incómoda con aquello. Volaban por el cielo nocturno dirigiéndose a casa, cuando ella frunció el ceño y se dignó a hablar.

-¿Por qué diablos están tan tranquilas?- Dijo con un leve tono de irritación en su voz.

Sus hermanas la observaron confundidas, deteniéndose en medio del cielo.

-¿Qué quieres decir con eso?- Dijo Bombón.

-¿Qué quiero decir con esto?, ¿acaso no notas algo extraño en toda esta situación?- Dijo molesta- ¿No es raro que después de tantos años luchando contra el crimen llegue este señor y mágicamente arregle todo sin problema alguno?

-Es un buen alcalde que implementó las leyes correctas, eso es todo- Dijo la líder con calma.

-¿Leyes correctas?, ¿sabías que hace poco creó una ley para evitar que los criminales fueran a prisión?

-Sí, lo sé, pero lo hizo justamente para enviarlos a rehabilitación- Bombón trató de ser la voz de la razón, cosa que hizo molestar aún más a Bellota -Sé que es difícil para ti aceptar el nuevo régimen después de que sirvieramos por años al alcalde anterior, pero debes tratar de entender que así funcionan las cosas y como heroínas debemos de estar a la orden de la justicia y lo que es correcto. El alcalde actual no ha hecho nada malo para considerarlo una amenaza- Declaró Bombón, poniendo una mano en el hombro de su hermana para tranquilizarla.

Bellota la observó con dureza -Bueno, si ese es el caso...entonces tal vez ya no quiera seguir siendo una heroína- Apartó de su hombro la mano de su hermana mayor, y se largó volando a una dirección contraria a la de su casa.

-¡Bellota, espera!- Gritó Burbuja con ademán de ir tras ella, a lo que Bombón la detuvo.

-Ahora mismo está en un estado temperamental en el que no quiere escuchar a nadie, ya sabes bien cómo es ella. Esperemos a que se le enfríe la mente y vuelva a casa, entonces podremos discutirlo de forma más civilizada.

-Pero...

-Ella estará bien, no te preocupes.


Volaba sin rumbo aparente por distintas zonas de la ciudad, soltando pequeños gruñidos de enfado de vez en cuando. No era la primera vez que discutía con su líder por tener opiniones diferentes, sin embargo, fue la primera vez que sintió que no la escuchaban y la subestimaban. Si su hermana fuese más observadora, notaría que algo no estaba bien por aquí. Todo era demasiado sospechoso, demasiado pacífico.

Bellota frenó su vuelo al bajar la mirada y percatarse de que se encontraba encima de la guarida volcánica de Mojo Jojo. Se le ocurrió una idea y pensó que si no tenía la ayuda de sus hermanas superheroínas, al menos aprovecharía a tener la ayuda de un supervillano.

Quebró una de las ventanas para entrar. La habitación en la que se encontraba estaba a oscuras, así que avanzó con cautela sin bajar la guardia.

-¿No te enseñaron que es de mala educación entrar sin ser invitado a una casa ajena?- Las luces se encendieron revelando a un chimpancé bajito con pijama y gorrito de dormir.

-¿Mojo?- Lo miró de arriba a abajo sorprendida -Lamento haber interrumpido tu sueño, anciano, pero tengo preguntas que hacerte y no me iré sin tener respuestas- Dijo siendo cortante y directa.

-¡Si fue por la caja de leche que me llevé sin pagar, fue culpa de la cajera por ser tan lenta con la fila, no mía!

-¿Qué? no, no es por eso. Necesito que me hables sobre el actual alcalde.

-Oh, eso- Mojo actuó indiferente -¿y por qué crees que yo sé algo sobre él?- Dijo fingiendo ignorancia.

Ella entrecerró los ojos con sospecha -¿Por qué no lo sabrías?, eres el primate más listo de Saltadilla y quizá hasta del mundo, después de todo- Halagado, una sonrisa de filosos dientes puntiagudos adornó el rostro del villano -¿Qué quieres saber, exactamente?

-Absolutamente todo lo que él esconde a las masas.

-¿Pero qué ganaría yo a cambio?- Inquirió levantando una ceja.

-Sé que ni a ti ni a mí nos beneficia tener a este sujeto como gobernante- Dijo con una sonrisa cómplice.

-Hmm...¡Te apoyaría de no ser porque Mojo Jojo no se vende tan fácil!- Gritó con elocuencia, a lo que Bellota respondió con simpleza.

-Pagaré la leche que te robaste.

Hubo un breve silencio.

-¡Hecho!

El villano le reveló algunos secretos que ocultaba el gobierno al pueblo de Saltadilla, pero no ahondó mucho en ellos evitando divagar.

-Ellos me ofrecieron participar en su pequeño experimento de "rehabilitación social", pero yo me negué. ¡Mojo Jojo nunca es ni será la rata rastrera de nadie! Mojo Jojo tiene más clase y elegancia que eso, ¡no soy un villano mediocre, soy uno con principios y estándares!

-¿A qué te refieres con que eres uno con principios y estándares?, ¿qué es lo que en realidad están haciendo en ese centro de rehabilitación?- Inquirió atrapada por las dudas y el misterio.

El chimpancé miró por una de sus ventanas el paisaje nocturno de la ciudad, a la distancia se podía notar el edificio de la alcaldía. La mirada de Mojo se dirigió al reflejo de Bellota en el vidrio y habló sonriendo con diversión.

-¿Por qué no vas a averiguarlo tú misma?


Infiltrándose sin ser vista, entró con éxito al establecimiento. Como ya eran altas horas de la noche, el centro se encontraba incómodamente silencioso. Levito por el pasillo para que no se escucharan sus pasos y revisó la mayoría de las habitaciones del lugar; todas estaban vacías sin un rastro de haber sido utilizadas. Continuó registrando hasta llegar al segundo piso del edificio, donde se detuvo drásticamente al escuchar voces proviniendo de lo que era un aparente sótano al final del pasillo. Bellota se acercó y abrió la puerta con cuidado, teniendo vista completa del increíblemente inmenso lugar. Las voces se hicieron cada vez más cercanas, así que procedió con sumo sigilo.

Pasó volando suavemente para no alertar de su presencia, esquivando los estantes, camillas y cajas apiladas por las que pasaba, hasta llegar a una parte más iluminada al fondo del gran sótano. Ahora pudo reconocer las voces con claridad; escuchó más de veinte o treinta personas. Se escondió al lado de unas cajas grandes para observar mejor la escena. Habían varios hombres cargando cosas, muchos de ellos eran criminales conocidos. Reconoció a algunos como: la banda Cangrena, la banda Ameba, e incluso Fuzzy Lumpkins. Todos eran los pacientes que habían sido internados en este último mes. Un grupo de ellos guardaba lo que parecía ser kilos de drogas en las cajas.

Para Bellota esto no la sorprendió, sino que sólo le confirmó sus sospechas; la situación era un evidente caso de lavado de dinero y tráfico de drogas oculto bajo la fachada de un centro que ayudaba a pobres calañas de la sociedad. Ahora, lo único que faltaba era que el jefe de la operación hiciera acto de presencia.

-Muy bien, muchachos, eso sería todo por ahora. El personal del centro se hará cargo de llevar las cajas a las camionetas de entrega que estarán aquí temprano por la mañana para ir directo a Citiesville, allí un equipo de los nuestros estará esperando- Dijo el alcalde dando la orden para que levantarán las cajas poniéndolas en muchos carritos.

De repente Bellota sintió ganas de gritarle a Bombón un "¡te lo dije!" pero se contuvo, temía arruinar un momento tan delicado e importante como este.

《¿Citiesville?》- Pensó -《La última vez que visité esa ciudad, su alcalde había prohibido los superpoderes por culpa nuestra. ¿Cómo voy a poder seguir a las camionetas sin violar las leyes?》

Era complicado ser una heroína y estar atada a la directa obligación de tener que seguir las reglas de una ciudad o estado. La impotencia que se siente al ser limitada tus acciones por ordenes superiores era frustantre para Bellota. Además de que no era la primera ni la última vez en la que el narcotrafico se infiltraba en la política como un parásito. Los gobernantes y partidos corruptos siempre hallaban una forma de tener más poder entre los suyos, sean de izquierda o de derecha; todos estaban contaminados.

Recordó las palabras que le dijo a Bombón antes de irse y reflexionó si era realmente una buena elección renunciar definitivamente a su labor de ser superheroína. Por un lado ya no estaría atada a seguir las ordenes del gobierno o de élites poderosas, pero por el otro lado también terminaría convirtiéndo en enemigo del sistema al ir en contra de éste; sería considerada como una traidora.

-Toda mi vida he seguido órdenes de otros- Susurró pensativa- Ahora...es momento de que yo misma forje mis propias decisiones. Ésta es mi elección.

Sin tiempo que perder, Bellota salió de su escondite volando directo al tumulto de cajas amontonadas, destruyendolas en el proceso con numerosos orbes de energía verde que formó en sus manos. Los villanos al verla quedaron estupefactos y algunos trataron de huir. El alcalde se quedó inmóvil, analizando el suceso repentino y tratando de actuar con naturalidad.

-Veo que te subestimé, a diferencia de tus ilusas hermanas, tú fuiste más observadora de lo que creí- Dijo sonriente.

-¿Son éstas las buenas obras en las que se ha estado dedicando?- Bellota lo miró con rabia -Cuando todos se enteren de esto, lo llevarán directo a prisión.

El alcalde tenía un porte relajado, mostrándo que las palabras no le afectaban porque se creía inmune a ellas. Con una sonrisa grande en su rostro, lucía como un zorro astuto encarando a su presa.

-¿Realmente cree usted que ha ganado? tengo cámaras de seguridad ocultas por todo el edificio. Con una buena edición, podríamos crear un montaje que la haría quedar a usted como una criminal demente que asaltó propiedad privada y destruyó varios objetos caros y valiosos. Tengo todo a mi favor, señorita; usted violó las leyes de la orden constitucional- Aseguró triunfante.

Bellota apretó los puños. Se encontraba acorralada -Si hablo con los ciudadanos todos sabrán que tiene kilos de droga ocultos en el "sótano" del centro de rehabilitación. Me creerán más a mí que a usted.

-Oh, ¿acaso cree que no recogeremos todo antes de que algún policía o civil se acerque a curiosear? Por favor, no insulte a mi inteligencia, señorita- Dijo burlándose.

Por mucho que odiara admitirlo, éste hombre tenía razón. Si ella destruía el lugar, no quedaría evidencia para inculparlo, y si revelaba a otros la ubicación de la droga, no tardarían en limpiar la escena del crimen dejándola a ella en ridículo, sumando el hecho de que el alcalde tenía en su poder las cámaras de vigilancia para manipularlas y manchar su imagen de heroína...

Pero aún cabía la duda de si Bellotaseguía considerándose como tal.

El alcalde la miró con una falsa lástima en los ojos -Si te quedas callada como buena heroína, no te dañaré ni a ti ni a los tuyos, pero si hablas...

Levitando en el aire, dejó caer una sola lágrima al piso que contenía todo su dolor y pena, luego levantó la cabeza con un semblante firme en el rostro -No hablaré con nadie de esto, pero tampoco dejaré que te salgas con la tuya.

Frotando rápidamente sus manos hasta hacer que saliera humo de ellas, Bellota lanzó repetidas bolas de fuego verde a todas las cajas que llevaban droga, quemandolas al instante. Los villanos que quedaban y no huyeron trataron de detenerla, pero ella los esquivó fácilmente. El alcalde quedó atónito por la acción que tomó la mujer, así que dominado por la furia, juró que las pagaría muy caro por lo que acababa de hacer. Sacó del bolsillo de su pantalón un celular y marcó unos números que el anterior alcalde también marcaba frecuentemente cuando habían problemas que resolver, luego simplemente esperó.

Con casi todo el sótano quemándose y siendo consumido por el fuego, Bellota agarró al alcalde del cuello y salió disparada del edificio destruyendo algunas paredes en el proceso. Ya arriba en el cielo, ella sostuvo al hombre, quien observó abajo los varios metros de distancia que estaba alejado del suelo.

-¿Qué vas a hacer?, ¿matarme?- Dijo a duras penas, ya que Bellota apretaba muy fuerte su cuello.

-Ganas no me faltan, pero dejaré que el fuego haga ese trabajo por mí- Dicho esto, voló hasta estar encima del edificio que ahora estaba completamente envuelto por las enormes llamas, teniendo la oportunidad de dejar caer a su enemigo.

-iBellota! ¡No lo hagas!

Dos estelas de luz rosa y azul claro volaron hasta ella.

-¿Qué diablos hacen aquí?- Miró a sus hermanas y luego al alcalde.

-Yo las llamé- Dijo él con voz rasposa.

Bombón trató de acercarse con cuidado -Por favor Bellota, no mates a alguien inocente sin tener pruebas. Por favor detén esta locura.

-¡¿Qué?!, ¿aún sigues sin creer todo lo que te dije? ¡Acabo de confirmarlo yo misma justo ahora!

-¿Confirmar qué?- Dijo Burbuja, a lo que Bombón miró confusa a Bellota esperando una respuesta.

-Sí Bellota, ¿confirmar qué?- A pesar de tener el cuello apretujado y estar a metros de su muerte, el alcalde logró pronunciar esto dándole a entender que si hablaba, todo sería el fin para ella y sus seres queridos.

Bellota apretó aún más su cuello en respuesta y observó con dolor a sus hermanas, que la veían con temor y espectantes de lo que iba a decir.

-De verdad lo siento- Fue lo último que dijo al soltar su mano y dejar caer al alcalde al fuego. Bombón y Burbuja gritaron yendo a su rescate, y Bellota aprovechó ese mismo momento para huir a toda velocidad, dejando sólo una fina estela verde como último adiós.


Antes de desaparecer para siempre, dejó tres cartas en su casa; dos para sus hermanas y una para su padre. La soledad la acompañó por interminables meses, pero se las arregló para conseguir comida y un lugar pequeño para dormir. Citiesville no era la mejor parte del mundo para vivir, pero era algo, y ella se conformaba con eso. Recordó el gran drama y escándalo que se formó cuando los noticieros se enteraron del suceso, también cuando se sintió frustrada al enterarse que el alcalde logró sobrevivir al incendio, y que sus hermanas la estaban buscando para meterla presa por intento de asesinato. Sabía que nunca la podrían encontrar, ella se había encargado de cambiar por completo su imagen; ahora usaba capuchas negras, se habia cortado el pelo para parecer un hombre y vivía en un barrio pobre y peligroso de la ciudad. Era consciente de que no debía usar sus poderes por las leyes de Citiesville, y sobretodo ahora que era profuga de la justicia, pero aveces usaba un poco de su superfuerza para lidiar con matones que querían meterse con ella.

Un día, al extrañar tanto ver las nubes y el cielo azul cuando volaba por el aire, decidió salir a caminar cubriéndose con una capucha café para no llamar la atención. Había mucha basura por los alrededores, y sin querer piso algo extraño.

-¡Oiga señor! está pisando mi comic- Dijo un pequeño niño descalzo y sucio.

-¿Tu comic?- Bellota levantó el pie y notó a lo que se refería; un cómic viejo con páginas arrugadas estaba delante suyo, tenía el dibujo de un superheroe de capa negra llamado "Batman". Ella lo levantó, lo limpió un poco y se lo entregó al niño -Perdóname, no lo había visto- Dijo tratando de usar una voz grave para sonar más como un hombre.

-Es el único cómic que poseo, ¡usted me tendrá que comprar uno nuevo!

-¿Qué? no seas oportunista, mocoso, esas cosas no son tan caras, ¡tú mismo puedes comprartelas!

-¿Acaso luzco como alguien con dinero?- Dijo el niño rascándose la cabeza por culpa de los piojos.

Bellota deseó no haber dicho eso al ver que el niño tenía pinta de ser pobre y vagabundo. A pesar que ya llevaba meses en esta ciudad, acostumbrarse no fue tan fácil. Ella había crecido en un bonito vecindario con gente decente, jamás supo lo que era vestir de harapos o pasar hambre. Su niñez fue colmada de muchos regalos, como videojuegos, juguetes y, por supuesto, comics de acción.

-Mira, toma- Saco del bolsillo unos centavos que llevaba y se los dio -Con eso es preferible que compres un pan a que gastarlo en esas cosas, créeme.

El niño miró su cómic y frunció el ceño enojado -¡Esto no es una "cosa" cualquiera, es Batman! ¡el anti héroe más justiciero de todos!

-¿Anti héroe?

-¡Duh! esos que hacen cosas malas pero para salvar a gente buena. Esos son anti héroes, pero qué va un viejo como usted a saber de ellos.

-¿Viejo?, ¿a quién le dices viejo, mocoso malcriado?- Le gritó al niño ofendida. El pequeño salió corriendo para no recibír una reprimenda dejando sola a Bellota.

-Hmm...¿Un anti héroe, eh?- Ella no había conocido muchos anti héroes en su vida, pero sabía lo que eran: justicieros que van por su propio rumbo, ni de parte del villano ni de parte de los héroes. Ellos hacen sus propias reglas. -¡Por supuesto!- La idea le vino de repente y volvió a su casa para planear lo que debía hacer.

Pasó un mes diseñando su nuevo traje, y tres semanas para hallar los materiales necesarios con los que hacerlo. En su niñez recordó cuando ella y sus hermanas se vistieron de alter egos distintos, y ella eligió un nombre y un traje que no pensó que volvería a usar hasta el día de hoy.


Cuando la corrupción es tan fuerte, se deben tomar elecciones decisivas que aunque no queramos debemos hacer. Héroes morirán, villanos se levantarán, pero la justicia jamás morirá.

Mange; la anti héroe que se arrastra por las noches y hace temblar a criminales y héroes por igual. Cubrida solo por un traje negro y un antifaz verde jade, ella va por las ciudades en altas horas de la noche para luchar contra el crimen. No muchos la han visto, pero cuando lo hacen no sobreviven para contarlo. Su nombre es temido, su presencia deja muertes y su justicia es imparcial.

Citiesville fue la primera en ser limpiada de criminales, luego siguieron ciudades cercanas a ella y finalmente le llegó el turno a Saltadilla. Y una noche, sin previo aviso, el alcalde más benevolente que la ciudad jamás haya tenido; murió asfixiado por su fugaz destino llevado en el nombre de la que alguna vez fue Bellota; la ex heroína perteneciente al trío de las Chicas Superpoderosas.

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Notas del autor: Escribí este capítulo a principios de Enero pero recién lo estoy publicando ahora. Este es definitivamente el que más trabajo me ha costado escribir.

Espero les haya gustado. Sus comentarios son bien recibidos.