Capítulo 27

Prejuicios


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-Siempre creí que encontraría al hombre de mis sueños en un asombroso duelo que tendríamos entre nosotros con arcos y flechas, y luego de derrotarlo nos casariamos para sellar nuestro amor, pero ahora por culpa de mi padre seré casada con un estúpido rey que ni siquiera conozco- Dije irritada por las decisiones que siempre tomaban por mí sin consultarme primero.

-No puede afirmar eso si aún no lo conoce, por eso mismo su padre organizó esta visita al rey; para que se asegure de que ambos estarán contentos uno con el otro hasta el día de la boda- Dijo mi fiel doncella Bubbles. Ella era una jovencita muy dulce, refinada y delicada, era prácticamente la esposa perfecta para cualquier hombre, luego estaba yo, que era un gran contraste al lado suyo, ya que me caracterizaba por ser muy dura y grosera. Muchos hasta jurarían que no era una princesa procedente de una larga dinastía real, sino una simple bruta salvaje criada por animales...o al menos eso fue lo que me dijo mi último pretendiente antes de que le tirara un florero encima de la cabeza. Siendo honesta, nunca fui fácil de conquistar, ese rey tendrá que hacer un gran sacrificio para aguantarme, porque seré su peor pesadilla y haré que no desee verme ni un minuto más.

-Oh, te aseguro que ese hombre será igual de incompetente que mis anteriores pretendiendes, no importa si sea realeza o no- Bubbles me miró con desaprobación y yo seguí con mi cháchara para molestarla -Escuchame bien, ésta es mi predicción: ese rey será tan feo como una verruga, viejo como una tortuga, y tan gordo como un hipopótamo.

Cuando terminé de hablar, el carruaje se detuvo bruscamente y el chófer nos hizo saber que ya habíamos llegado. El castillo era tan enorme que llegaba hasta el cielo. Se notaba a poca vista que al rey le gustaba el arte gótico, porque su castillo lucía realmente imponente (y aterrador).

-¡Ve tu primero, Bubbles!- Le grité a mi doncella dándole un empujón desde atrás, a lo que ella sólo rodó los ojos, cansada de mis jugarretas.

Caminamos hasta la entrada donde los guardias nos abrieron las puertas y nos recibió uno de los sirvientes. Nos informaron que el rey se encontraba en el salón principal esperándonos, así que directamente nos dirigimos allí.

-Te apuesto todo a que tiene más de cincuenta años- Dije susurrando a mi doncella. Ella me miró haciendo un gesto para que me callara, luego de un momento se acercó a mí y me dio un golpecito en la espalda indicándome que me pusiera recta -Póngase erguida, mi señora, no querrá que el rey crea que se casa con un jorobado y no con una linda princesa.

-Ay, Bubbles, aveces pareces más una madre que una doncella de compañía, y por supuesto, mi mejor amiga- Ella me regaló una tierna sonrisa y yo le correspondí con otra.

Cuando entramos al salón noté que era realmente enorme, aún más enorme que el castillo de mi padre. Estaba tan distraída con la singularidad del lugar que simplemente ignoré todo lo demás a mi alrededor. Al final terminé chocando con Bubbles y ésta me dio un codazo para prestar más atención a dónde iba. Cuando volví mi atención hacía adelante me encontré a pocos metros de un hombre joven de ojos bellamente verdes y un cabello negro alborotado.

-Bienvenidas a mi castillo, señoritas, y sobretodo usted; princesa Buttercup. Lamento no haberlas recibido yo mismo en la entrada, pero estaba algo ocupado prácticando- Dijo señalando el arco con flechas que tenía colgando en su hombro.

Creí que estaba soñando o que ya me había vuelto completamente loca, pero luego miré a Bubbles y ésta se acercó a mí con una triunfante sonrisa y me susurró al oído:

-Erraste en todas tus predicciones, mi señora.

Bueno, tal vez el matrimonio con este rey no sea tan mala idea después de todo.

Me acostumbraré.

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Notas del autor: Estaba pensando y creo que tal vez vaya a terminar con estás historias. No tengo ánimos para escribir y menos aún cuando casi nadie lee lo que escribo, ¿para qué esforzarme si mi trabajo no va a llegar a nadie? Cómo sea, ya veré qué decido hacer.