Capítulo 33
Boxeo
Se podía oír a la multitud gritando a lo lejos. Eufóricos y expectantes de la próxima pelea que se iba a llevar a cabo. Ante esto, el hombre sabía que ya era hora de partir. Envolvió el último vendaje que faltaba en una de sus manos y se dirigió a la puerta, la cual de inmediato fue bloqueada por el cuerpo de su acompañante, quién no perdió tiempo en impedir que el boxeador avanzara un paso más. Ella era más bajita que él, por lo que sería muy fácil apartarla del camino, pero en sus ojos se reflejaba la osadía digna de un león, contrastando mucho con su diminuta figura femenina. Aquello hizo al hombre pensar por un instante en lo que la mujer se planeaba hacer a continuación.
—Yo... —los ojos verde lima de la mujer expresaban nerviosismo producto de un sentimiento oculto que necesitaba liberar de su pecho antes de que fuera demasiado tarde. Antes de que perdiera al único amigo que había conocido desde que era una niña. Allí entre la pobreza y la suciedad forjaron una amistad que se mantuvo por años hasta este preciso momento. Claro era el recuerdo de un niño rebelde e impulsivo que siempre se metía en problemas con todos. Dotado de ojos verdes y bestiales listos para atacar a cualquiera que osara desafiarlo. Ella fue uno de sus primeros rivales. Recuerda cómo se revolcaban en la tierra lanzándose puñetazos que luego los dejaba llenos de moretones. Gracias a eso la gente los bautizó como los "perros sin dueño" pues ambos eran huérfanos y vivían de lo que la calle les ofreciera. Y aunque no tuviesen nada, seguían siendo felices con lo que poseían dentro de sus corazones infantiles.
—Yo te amo —sus labios temblaron y las lágrimas cayeron en contra de su voluntad.
Él dudó. Por un segundo y después de escuchar esa corta oración, el dudó de si realmente era ésta la vida que quería vivir, el destino que quería forjar. Sus palabras lo dejaron sorprendido, pero no lo suficiente como para que abandonara ahora mismo la meta que con tanta obsesión y empeño se propuso desde que era un crío. Ella estaba esperando una respuesta suya, y también oía que el público ya se estaba impacientando por su tardanza. Con delicadeza, el hombre le acarició la mejilla, su mano era áspera a diferencia de la suave piel de porcelana de su amiga. Ella apretó su mano con la suya, malinterpretando el acto como una respuesta positiva a sus sentimientos. Después de eso, él la tomó por los hombros y la alejó de la puerta.
Su mundo se vino abajo cuando él cruzó la delgada línea entre la vida y la muerte. Fue su decisión seguir adelante con su pasión por el boxeo; un deporte mortal que sólo los más valientes se dignaban a ejercer. Muchos ya habían fallecido en ese campo de batalla llamado ring. Los guantes manchados de sangre caían sellando el deceso de cada luchador.
Ella, de rodillas en el piso, sólo podía limitarse a ver derrotada como su primer amigo y amor se marchaba directo a su funeral. Impotente no pudo hacer nada más que observar su figura alejandose hasta desaparecer por completo. Luego una ola vitoreos y aplausos entraron en escena.
