Amor y amistad


Disclaimer: Digimon pertenece a Akiyoshi Hongo.


Valor


Sumary: Sora es la portadora del emblema del amor, pero este necesita de valor para brillar.


Había ocasiones en las que Sora sentía que ella no merecía ser la portadora del emblema del amor. La primera vez que se sintió de ese modo fue cuando recibió su emblema. Sintiéndose incapaz de cargar con todo lo que implicaba decidió apartarse, pero por más que lo intentó no pudo hacerse a un lado y terminó ayudando a sus amigos desde la distancia. Gracias a Piyomon pudo deshacerse de esos sentimientos y lograr hacer que su emblema brillara.

En ese momento se sentía nuevamente como la niña asustada que quería huir de todos sus problemas y que se sentía indigna de cargar con el emblema del amor. No porque se sintiera incapaz de amar, estaba más que consciente de lo que sentía, sino porque no sabía cómo convertir sus sentimientos en palabras.

Estaba enamorada de Yamato. No tenía sentido y no tenía fuerzas para negarlo. Después de varias noches en vela llegó a la conclusión de que era inútil negarlo. Lo que sentía por él era más que amistad o un enamoramiento juvenil. El futuro le parecía incierto, ni siquiera sabía que carrera deseaba estudiar o lo que sería de ella, pero en sus pensamientos siempre había una constante y era Yamato. Ella tan solo deseaba poder tenerlo a su lado.

El problema era que no sabía cómo confesar sus sentimientos o peor aún, si debería hacerlo. Su corazón dolía al pensar en lo que pasaría si sus sentimientos no eran correspondidos. Podía acostumbrarse a estar a su lado solo como una amiga, pero no a que él la alejara para siempre por considerar que su amistad se había arruinado de manera irremediable.

—Yamato nunca te odiaría —le dijo Piyomon, era la única con la que había hablado acerca de lo que sentía por Yamato.

—¿Estás segura?

—Completamente, es imposible odiarte.

—Gracias, Piyomon.

Sora acarició la cabeza de su camarada. Tenerla a su lado, en esa época tan especial, significaba mucho para ella —. ¡Le prepararé unas galletas! —agregó con una determinación que no sentía

—¿Puedo ayudarte?

—No, Piyomon. Lo siento, pero esto es algo que debo hacer sola.

—Entiendo ¡ánimo, Sora! ¡Tú puedes hacerlo!

Sora dedicó el resto de la tarde a preparar galletas. Todas las que preparó tenían un buen sabor, pero ninguna lograba convencerla. Mentalmente se dijo que era porque deseaban que fueran perfectas, pero en el fondo sabía la respuesta. Pese a su decisión seguía careciendo del valor para declararse.

Trató de no pensar en ello y enfocarse en las galletas. Logró obtener el resultado esperado y se preparó para ir al concierto de Yamato. Durante todo el camino y durante el concierto se mantuvo repitiendo que ese era el momento adecuado para hablarle de sus sentimientos y de lo mucho que se arrepentiría si no hacía nada. Funcionó, o al menos así fue hasta que se encontró frente al camerino de Yamato. Todo lo que tenía que hacer era golpear la puerta, pero no se animaba a hacerlo.

Le faltaba valor.

Piyomon intentó animarla, e incluso intentó tocar la puerta por ella, pero se detuvo cuando le pidió que se detuviera.

—Necesito unos minutos más para estar lista. No puedo solo presentarme con unas galletas y decirle que lo amo.

—¿Por qué no?

—Porque —Sora se había quedado sin palabras —, porque así no funcionan las cosas.

—Los humanos son complicados.

—Supongo que tienes razón.

Sora estaba por irse cuando vio a Taichi y a Agumon. En lo primero que pensó fue en que desearía tener su valor y que, si Taichi estuviera en su lugar sabría que hacer. Quiso ocultar el motivo por el que estaba allí, fallando en el intento. No sabía si eran sus nervios o si el amor que sentía era demasiado grande para ser ocultado, pero sí que siempre estaría agradecida con él por el apoyo que le brindó y por ser el valor que necesitaba para dar el paso que la llevaría a Yamato.