Día blanco
Sumary: Ha pasado un mes del día Sorato... de San Valentin.
Yamato colocó con cuidado la pinza para el cabello sobre el papel de regalo. Hizo varios dobleces antes de deshacerlos, pues no se sentía satisfecho con el resultado. Después de varios intentos consideró que había hecho un buen trabajo y optó por el listón. Sabía que a Sora le gustaban los listones, había notado que ella solía usarlos en todos los arreglos florales que preparaba en la floristería de su madre.
—¿Qué haces? —le preguntó Gabumon y su curiosidad era auténtica.
—Un regalo para Sora ¿Crees que le guste?
—¿Es la pinza que compraste ayer?
—Sí.
Yamato había ahorrado su salario de varios días para poder comprar esa pinza y, aunque en su momento estuvo seguro de que su novia lo amaría, comenzaba a tener sus dudas. Un mes antes ella le había dado un chocolate casero, uno que había amado y él quería darle algo que estuviera a la altura de ese obsequio, no solo porque era lo que decía la tradición.
—Ella amará cualquier cosa que le des.
—Eso no ayuda mucho —comentó Yamato un tanto preocupado —. Quiero darle algo que realmente le guste y no que lo acepte solo por compromiso.
—La envoltura es linda —le dijo Gabumon —, aunque hubiera preferido usar más colores.
—La tradición dice que se debe dar un regalo caro a la persona amada un mes después de San Valentin.
—¿Qué es San Valentin?
—El día del amor y la amistad.
—¡Oh! ¡El día de Sora y Yamato! —comentó Gabumon bastante emocionado.
—No es nuestro día —respondió Yamato un tanto confundido. Recordaba que no era la primera vez que escuchaba esa frase.
—Piyomon dice que sí y yo estoy de acuerdo con ella. Ese día es tan propio de ustedes son que debería llamarse Sorato.
Yamato no preguntó. No estaba seguro de dónde había salido esa palabra, pero sí de que hacía referencia a su relación con Sora. La había escuchado de boca de muchas de sus fans y en varias entrevistas que le hicieron.
No era algo que le molestara, pero que tampoco diría en voz alta. Le gustaba la forma en que sus nombres sonaban juntos, le hacían recordar la tranquilidad que sentía al lado de Sora, la manera en que sus manos encajaban al tomarse o sus labios al besarse.
—¿En qué piensas? —le preguntó Gabumon, su mirada estaba fija en él.
—En que Sora nos espera, mejor nos damos prisa. Quiero darle un regalo en el día blanco, de preferencia este año.
